ctxt.es http://ctxt.es CTXT / Revista Contexto, contexto político, económico y cultural es Copyrightt 2021, ctxt.es Newscoop http://ctxt.es/themes/publication_1/theme_1/img/logo.png ctxt.es http://ctxt.es 144 19 Las culpables son las víctimas http://www.ctxt.es/es/20210401/Firmas/35724/eric-fassin-francia-racismo-politica-le-pen.htm En el pasado, en lo que respecta al racismo, las cosas parecían sencillas: había en Francia, digamos desde la década de 1960, con la descolonización y el descenso de la extrema derecha, un aparente consenso para rechazar el racismo. Efectivamente, en 1983, se celebraba por una parte la Marcha por la Igualdad y Contra el Racismo y por otra, se daban los primeros éxitos del Frente Nacional. Sin embargo, también fue el momento en el que la figura de la República universalista volvió con fuerza al debate público. Por lo tanto, la excepción racista todavía parecía confirmar la norma antirracista.

En esa época, tanto el racismo como el antirracismo se definieron como ideologías. Por consiguiente, bastaba repudiar el racismo para quedar exento; pero, para ser acusado de racista, era necesario reivindicarlo. Baste decir que el racismo era cosa del otro. Además, para mantenerlo bien alejado, se atribuyó gustosamente a las clases populares: las élites ilustradas se creían exentas. Creían que el racismo tan solo era un residuo ideológico de la ignorancia. Las luces de la razón deberían poder disipar esta oscuridad. 

Racismo sistémico

Desde la década de 1990, cada vez se ha hecho más difícil conformarse con esta concepción. De hecho, no hay nada residual en el racismo. Al contrario, pesa cada vez más sobre las minorías. No es solo el insulto o la agresión; son también, y quizás sobre todo, los insidiosos mecanismos de la discriminación racial, particularmente en el acceso al empleo o la vivienda, así como en las relaciones con la policía. Esta toma de conciencia ha llevado a un nuevo enfoque del racismo, menos ideológico que sociológico. No se trata únicamente de individuos racistas, sino de mecanismos sociales estructurales: de ahí que se hable de “racismo sistémico”.

La cuestión no es tanto juzgar las intenciones como los resultados, lo que es racismo efectivo. Hay que señalar, por ejemplo, que los sectores profesionales que reclaman alto y claro el antirracismo (académicos, periodistas, políticos, etc.) apenas dan cabida a las minorías raciales. Así, esta redefinición coincide con un cambio real de paradigma. No cabe preguntarse más: ¿quién es racista?, sino: ¿quién sufre el racismo? Se trata, por tanto, de revertir el punto de vista, abandonar la ideología para centrarse en la experiencia de discriminación que acumulan estas personas que ahora se denominan racializadas.

Las ideas de la extrema derecha han ganado terreno incluso en la izquierda: la continuidad de las políticas migratorias y la creciente obsesión por el islam son los signos más visibles de esto

Sin embargo, al mismo tiempo, el voto de la extrema derecha no ha dejado de crecer, hasta el punto de que hoy la victoria de la Agrupación Nacional en las elecciones presidenciales ya no parece impensable. Sin duda se dirá que la estrategia de desdemonización de Marine Le Pen tiene mucho que ver con eso. Cabe señalar también, por otro lado, que las ideas de la extrema derecha han ganado terreno en la derecha, e incluso en la izquierda: la continuidad de las políticas migratorias, de un presidente a otro, y la creciente obsesión por el islam, de derecha a izquierda, son los signos más visibles de esto. Hoy por hoy, el racismo se expresa abiertamente. Lejos de cerrar la puerta de los medios, la condena por incitación al odio racial la abre de par en par. Por tanto, es como si el predominio de la discriminación racial acabara autorizando el discurso racista. A fuerza de tolerar el racismo sistémico, hemos visto el retorno, abiertamente, de la ideología racista: así es como el “Gran Reemplazo”, el discurso de odio, se presenta como una “teoría”. De este modo, la banalización de los efectos discriminatorios ha legitimado el regreso del racismo intencional.

Racismo y antirracismo políticos

Ya no son simplemente discursos ideológicos, ni únicamente mecanismos estructurales; el racismo está cada vez más arraigado en la política. Se ha visto contra los gitanos, convertidos en objetivo desde la cúpula del Estado, de Nicolas Sarkozy a Manuel Valls; contra los musulmanes, y especialmente las mujeres musulmanas, como lo demuestran las reiteradas leyes contra el velo; y contra las minorías visibles, con los controles faciales que, pese a estar condenado por ello, el Estado justificó ante los tribunales en 2016 ya solo se  dirigen a “la población que podía parecer extranjera".

La progresión de este racismo político explica a su vez el aumento del antirracismo político, defendido en particular por los principales afectados. Por tanto, no es casualidad que el tema de la violencia policial juegue un papel central: articula la experiencia compartida del racismo sistémico con el cuestionamiento de la responsabilidad política del Estado. 

El ministro de Educación nacional no se equivocó: el 21 de noviembre de 2017 anunció que iba a presentar una denuncia contra el sindicato Sud-Éducation 93, acusado de organizar talleres no mixtos y sobre todo culpable de atreverse a hablar de “racismo de Estado”. Al reclamar “la unanimidad de la representación nacional”, Jean-Michel Blanquer fue recibido ese día en la Asamblea nacional con una ovación general, comenzando por la de Marine Le Pen. En oposición al antirracismo político, se formó entonces un nuevo frente republicano no contra la Agrupación Nacional, sino junto a esta; no contra el racismo, sino contra un nuevo antirracismo redefinido desde el punto de vista de los directamente afectados. Además, los ataques recientes a las reuniones no mixtas de otro sindicato, la UNEF, permiten a la líder de extrema derecha volver a dar lecciones sobre antirracismo. Y entre aquellos y aquellas que están indignadas por una esta reapropiación, muchos todavía culpan al antirracismo político...

Una ofensiva política

No es casualidad que en junio de 2020 el presidente de la República, al denunciar a los académicos a los que juzga “culpables” de “partir la República en dos”, lanzara una ofensiva contra el “separatismo”. Lo hizo justo cuando el comité de Adama Traoré lograba movilizar en gran medida a la juventud; en ese momento también el defensor del pueblo, Jacques Toubon, destacó al dejar el cargo que “las instituciones participan de la producción de discriminaciones sistémicas en Francia”. Esta institución de la República ya había demostrado a principios de 2017, en una encuesta sobre las relaciones con la policía, que los jóvenes árabes o negros están veinte veces más controlados que el resto de la población. Y era de nuevo esta quien denunciaba en mayo de 2020, “la existencia de una dimensión sistémica de discriminación por motivos de origen racial contra todo un grupo” en la policía.

Sin embargo, sin siquiera hablar de luchar contra ella, Emmanuel Macron se negó a nombrar la “violencia policial”: para él, “estas palabras son inaceptables en un Estado de derecho”. Y su ministro del Interior, Gérald Darmanin, llega a declarar con cruel ironía: “Cuando escucho las palabras 'violencia policial', personalmente me asfixio”. ¡A quién le importa el defensor del pueblo! El presidente ataca a las palabras más que a las cosas: en efecto, ¿no será más bien que en un Estado policial está prohibido hablar de violencia policial? La contradicción es obvia: la retórica republicana ya no logra enmascarar prácticas contrarias a los principios de la República. Además, ¿por qué habría que repetir esta palabra en cada frase, si no hubiera perdido gran parte de su sustancia a fuerza de ser instrumentalizada para justificar derivas antidemocráticas?

La retórica reaccionaria está originando un segundo giro que anula el primero: el antirracismo político es el que es acusado de racismo. ¿No habla de la raza?

Lo que está en juego en la negativa del presidente de la República lo explicitaría él mismo en una entrevista en Brut el 4 de diciembre de 2020. “Hay policías violentos”. ¿Por qué rechazar ahora la expresión que sin embargo utilizó en 2017 durante su campaña? “Puedo decirle ‘hay violencia policial’ si desea que lo diga”. Pero ahora se habría convertido en un término “politizado” para aquellos que quieren “la disolución del Estado”. Por este motivo “no me gusta darle crédito a un concepto”; así pues “lo deconstruyó diciendo: hay violencia de policías”. Si prefiere reconocer los errores de meros individuos es para desestimar su carácter sistémico. Efectivamente, la “violencia policial”, para Emmanuel Macron, “se ha convertido en un eslogan”, lo que equivale a afirmar “que hay una violencia consustancial a la policía, del mismo modo que otros dicen: ‘hay un racismo consustancial a la policía’”. Sin duda es una negación del racismo institucional. Así lo demuestran las acusaciones contra Assa Traoré por haber mencionado a los gendarmes en cuyas manos murió su hermano, mientras que estos llevan sin ser imputados desde 2016. Por eso era y sigue siendo legítimo hablar de una cuestión de Estado.

Del “nuevo antisemitismo” al “racismo anti-blanco” 

Sin embargo, esta negación es cada vez menos defendible. Además, actualmente, la retórica reaccionaria está originando un segundo giro que anula el primero: el antirracismo político es el que es acusado de racismo. ¿No habla de la raza? La ofensiva contra el “islamo-izquierdismo”, que para nuestros gobernantes incluye el postcolonialismo y la interseccionalidad, es la última muestra de esto: “En biología, hace mucho tiempo que sabemos que la raza no existe”, protestaba en febrero de 2021 la ministra de Educación Superior e Investigación, Frédérique Vidal, que anunció una investigación a los académicos. Y nuestras políticas de condenar todo un campo léxico: “Se habla de ‘no mestizaje’, ‘blanquitud’, ‘racializado'’”, se indignaba Jean-Michel Blanquer ya  en 2017: “Las palabras más espantosas del vocabulario político se utilizan en nombre de un supuesto antirracismo cuando, obviamente, transmiten racismo”.

No hace falta entender este vocabulario para denunciarlo: el ministro de Educación nacional no dudó, además, al hablar de “estos talleres calificados, abro comillas, de ‘no racializados’... y de ‘racializados’ también, cierro comillas” (sic). En cuanto al presidente de la República, mencionó “discursos racializados” (sic). ¿Y qué más da si la raza (en singular), un concepto antirracista, no tiene nada que ver con las razas (en plural), categorías empíricas para los racistas? Rechazar este vocablo sería condición necesaria, pero también suficiente, para evitar la acusación de racismo. El antirracismo dominante en la década de 1980 estaba dirigido a una ideología racista; en la década de 2010, se detiene en la palabra raza. Desde esta perspectiva, el nuevo antirracismo sería un nuevo racismo.

Sin embargo, esta inversión se redobla en sí misma: los verdaderos racistas serían (sobre todo) las personas racializadas. En Francia, los árabes y los negros serían menos víctimas que culpables del racismo. Un cambio como este no ocurrió de repente. Podemos identificar tres etapas. La primera es la invención del “nuevo antisemitismo”, que Pierre-André Taguieff califica más precisamente como “nueva judeofobia”: a diferencia de la antigua, de la que tomaría el relevo, estaría anclada en la izquierda; además, es en los “barrios periféricos”, es decir, en las clases populares de origen inmigrante, donde lo encontraríamos principalmente. En estos dos puntos es el precursor del islamo-izquierdismo, noción que también le debemos a Pierre-André Taguieff. Sin embargo, las encuestas empíricas de la Comission Nationale Consultative des Droits de l’Homme “matizan” al menos esta hipótesis: según el informe anual de 2016, hoy como ayer, “el rechazo hacia los judíos va de la mano del rechazo hacia los musulmanes, los extranjeros, los inmigrantes”. El antiguo antisemitismo no ha sido reemplazado por el nuevo.

Segunda etapa, la legitimación de la noción de “racismo anti-blanco”. Si bien la extrema derecha ha tenido durante mucho tiempo el monopolio, en este tema como en otros, la derecha se ha acabado sumando, y con ella una parte de la izquierda. En 2005, a raíz de un artículo en Le Monde que mencionaba la violencia ‘contra los blancos’ (entre comillas), se hizo un llamamiento contra las batidas contra los blancos (sin comillas). Este manifiesto fue denunciado entonces por organizaciones antirracistas como SOS-Racisme, el Mouvement contre le racisme et pour l'amitié entre les peuples y  la Ligue française de défense des droits de l’Homme. Pero en 2014, otra asociación, la Ligue internationale contre le racisme et l’antisémitisme (LICRA), intervendrá como parte civil en una demanda y ganará el caso: por primera vez, la justicia tiene en cuenta el “racismo contra los blancos” como agravante de una agresión. 

Y eso no es todo. Las personas racializadas ya no están simplemente expuestas a las acusaciones de antisemitismo y racismo contra los blancos. La tercera etapa, que se está desarrollando en estos momentos, es considerar que una persona negra (o árabe) que insulta a uno de los suyos por serlo demuestra un racismo intracomunitario. El ensayista Raphaël Enthoven describe este programa político-judicial en un tuit del 8 de junio de 2020: “¿Por qué los despectivos ‘el árabe de turno’, “moro colaborador”, ‘negro doméstico’ o ‘bounty’ no son considerados insultos racistas por ley, ni castigados como tales? ¿Cuál es la diferencia entre “negro de mierda” y “negro doméstico”? ¿Por qué solo es reprobable el primer insulto?”.

“El árabe de turno”

No debemos dejarnos engañar por este falso sentido común: no es lo mismo. La expresión “negro de mierda” pretende ser redundante: se refiere a todas las personas negras. En cambio, “negro doméstico” apunta solo a ciertos negros acusados ​​de hacerle el juego a la dominación racial. La primera formulación se refiere a una naturaleza esencial; entonces es un insulto racista. El segundo significa, por el contrario, una propiedad accidental (para emplear una distinción filosófica clásica), ya sea un rasgo particular o una posición singular. Por tanto, es un insulto; sin embargo, es político y no racial.

Ahora esta batalla pasa de las redes sociales a los tribunales: la sindicalista policial Linda Kebbab acababa de presentar una denuncia contra el periodista Taha Bouhafs por insulto público de carácter racista. El 3 de junio de 2020, esta representante de la Unité SGP FO juzgó que, al relacionar la muerte de George Floyd con la de su hermano, Assa Traoré “tomó un caso estadounidense que no tenía absolutamente nada que ver”. Fue el día siguiente de la primera de las dos protestas organizadas por el Comité Adama Traoré, la que provocó una reacción de Emmanuel Macron unos días después. El periodista respondió con un tuit: “A.D.S. : el árabe de turno”.

Evidentemente, no se refería a todos los árabes, sino todo lo contrario. Pero la batalla se centra en la forma de definir el racismo. En contra de las movilizaciones antirracistas, Linda Kebbab declaró: “En Francia, hay una cosa importante que lamentablemente estamos ignorando, es la no racialización de los debates que algunos quieren importar”. Además, la LICRA vuelve a emprender acciones civiles. Y el asunto atañe, una vez más, a la policía. En otras palabras, lo que está en juego es político: con la definición de racismo lo relevante es el papel del Estado.

Invertir el significado del racismo

Desde la década de los noventa y especialmente en el 2000, en Francia, a la vez que las ciencias sociales, las movilizaciones antirracistas han redefinido el racismo partiendo de la experiencia de las personas racializadas, es decir, de quienes lo sufren, más que desde el punto de vista de quienes son acusados ​​de ello. Es en este sentido en el que lo entienden las nuevas generaciones. Y de esta manera, pasar de la ideología al resultado, o incluso de la intención a los efectos, ha revelado, más allá de los casos individuales, una lógica estructural.

Si bien la extrema derecha ha tenido durante mucho tiempo el monopolio de la noción de 'racismo anti-blanco', la derecha se ha sumado, y con ella parte de la izquierda

Al negarse a nombrar este racismo sistémico, y por tanto denunciarlo como tal, los políticos, paradójicamente, han confirmado que su responsabilidad estaba comprometida: no combatirlo es ser cómplice de él. Sin duda, se puede confiar en el Estado para luchar contra el racismo: su condena por los controles faciales es prueba de ello. Sin embargo, ha señalado el defensor del pueblo las instituciones, al mismo tiempo, desempeñan un papel en la generación de discriminación sistémica.

Como reacción, se lanzó una contraofensiva cuya retórica invierte el significado del racismo. En lugar de aceptar que el racismo estructural requiere nuestra responsabilidad colectiva, postula que los verdaderos racistas son las personas racializadas. Es el mundo al revés. Desde 2016, el escándalo repetido provocado por las reuniones no mixtas se inscribe en esta historia; incluso se podría decir que la recapitula. Presentar estas reuniones como “prohibidas a los blancos”, porque se dirigen a quienes experimentan el racismo, es levantar sospechas de racismo contra los blancos. Y justo compartir estas experiencias es el motivo de este tipo de reuniones.

Contra lo que se apunta no es únicamente contra el léxico racial; es contra el cambio de paradigma, el definir el racismo desde el punto de vista de las personas llamadas racializadas. “Sin justicia, nunca tendréis paz”, coreó el comité Adama Traoré en la Place de la République. “El antirracismo es racismo”, le replica hoy, en el espacio político-mediático e incluso ante los tribunales, una sonora retórica orwelliana, antes de concluir: “las culpables son las víctimas”.

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Traducción de Paloma Farré.

Este artículo se publicó originalmente en Le Nouvel Observateur.

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Firmas Éric Fassin Mon, 19 Apr 2021 19:39:29 +0100 /es/20210401/Firmas/35724/eric-fassin-francia-racismo-politica-le-pen.htm?tpl=87
4M: el censo http://www.ctxt.es/es/20210401/Firmas/35729/Ayuso-pobreza-hambre-4M-elecciones-Madrid-PP-ultraderecha.htm  

La Ayuso más Ayuso ha arrancado este fin de semana su campaña electoral y lo ha hecho con dos intervenciones para enmarcar. En la primera de ellas, la presidenta ha llamado “subvencionados mantenidos” a quienes, golpeados por la crisis, hacen cola para recibir alimentos. Se trata de una novedad absoluta en la política española. Tradicionalmente al pobre español se le daba tratamiento de toro: maltrato en la plaza, pero respeto máximo al hablar de él. Noble, bravo, buena figura… Díaz Ayuso ha acabado con esto. La diestra madrileña, montera en mano, ha decidido que, por qué no, insultar al animal moribundo y escupirle en la cara era una forma de celebrar la libertad como otra cualquiera. 

La segunda aparición estelar de Díaz Ayuso ha consistido en un sesudo análisis sobre el drama del acceso a la vivienda. Quedará para la historia: los precios en Madrid son altos, pero es una ciudad apasionante porque puedes irte de cervecitas por la tarde. Tras lanzar hace unas semanas su lema de campaña –comunismo o libertad– el cómico Ignatius Farray, al que por algún motivo seguimos tomándonos a broma, se hacía la siguiente pregunta: ¿Por qué lo llaman libertad cuando quieren decir dos cañas y unas bravas? En este tiempo no he visto a ningún tertuliano político de renombre hacer un análisis de situación tan preciso.

El 4M no se vota gestión, sino identidad. Otro éxito de la ultraderecha ante el que ya no vale gritar que la ultraderecha viene porque, con Ayuso, ya está aquí

Con el insulto directo al pobre o la banalización de problemas sociales, la presidenta Ayuso abre en España terrenos nunca antes transitados desde la responsabilidad del alto cargo. Sin embargo, la hoja de ruta no es nueva. Trump, padre intelectual y faro que guía la evolución de la presidenta madrileña –si hay sorpresa el 4M que nadie descarte la toma de la Asamblea de Madrid en nombre de la libertad– ya pasó antes por el mismo sitio. Superadas las pantallas del ataque al inmigrante o la criminalización del ciudadano negro disparado por la policía, el presidente americano cargó contra lo que, hasta ese momento, era una vaca sagrada en Estados Unidos: los veteranos de guerra, perdedores y pringados que reciben una paguita por invalidez. Muchos, incluso en el entorno cercano del presidente, se llevaron las manos a la cabeza pensando que Trump había perdido la suya al traspasar ese límite. Se equivocaban. Siempre habrá alguien que odie la paga por invalidez, aunque quien la reciba sea llamado héroe. Trump sabía bien lo que hacía: subir la misma apuesta con la que la nueva ultraderecha juega todas sus manos en esta partida. Una apuesta que un analista político norteamericano explicó a la perfección tras perder los nervios. “¿Pero este tipo qué pretende? ¿Convertir las elecciones en un censo para saber si en Estados Unidos hay más bastardos o personas decentes?”. La carrera política de Trump acabó como acabó, pero su método, mezcla de odio al diferente, irresponsabilidad en la gestión y ruptura de la convivencia, se demostró eficaz políticamente hablando.

Volvamos a Madrid. Señalados ya con el dedo los candidatos negros a las elecciones madrileñas, banalizado el problema de la vivienda e insultados hasta quienes hacen cola por comida, ¿qué creen que pasaría si mañana Díaz Ayuso anunciase que el Hospital 12 de Octubre cierra para convertirse en una plaza de toros? ¿Creen que cambiarían las proyecciones electorales? ¿Creen que el votante de derechas dejaría de apoyarla? Creo que conocemos la respuesta.

Lo dice la teoría política, pero es falso: el próximo 4M Ayuso no se examinará por su capacidad, ni por su tarea al frente de la Comunidad de Madrid durante estos dos años. Si así fuera, con datos sanitarios que colocan a Madrid a la cabeza del caos europeo en mortalidad, hospitalizaciones e irresponsabilidad; con datos económicos que, a pesar de haber antepuesto economía a salud, no mejoran a Madrid respecto de la media nacional, Ayuso nunca sería candidata. El 4M no se vota gestión, sino identidad. Otro éxito de la ultraderecha ante el que ya no vale gritar que viene la ultraderecha porque, con Ayuso, la ultraderecha ya está aquí. ¿Qué puede hacer la izquierda? Probablemente nada. Cuando la ultraderecha toca poder el problema ya no es de ideología, ni de partidos, ni de candidatos, es un problema social. Pregunten en la América post Trump o en el actual Brasil de Bolsonaro. O, denle a Ayuso la oportunidad de demostrarlo y pregunten en unos años en Madrid.

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Firmas Gerardo Tecé Mon, 19 Apr 2021 19:01:29 +0100 /es/20210401/Firmas/35729/Ayuso-pobreza-hambre-4M-elecciones-Madrid-PP-ultraderecha.htm?tpl=87
Experimentación con animales: por qué el sistema actual es injusto y qué hacer al respecto http://www.ctxt.es/es/20210401/Firmas/35726/vivotecnia-experimentos-animales-sufrimiento-legislacion.htm La experimentación biomédica con animales vuelve a ser objeto de debate. Hace unos días la organización Cruelty Free International hizo pública una investigación encubierta en los laboratorios de Vivotecnia en Madrid. En ella documentaba prácticas rutinarias sumamente crueles hacia los animales no humanos sometidos a experimentación. Prácticas que, más allá del juicio moral que nos merezcan, son muy probablemente contrarias a la legislación europea y española en materia de bienestar animal. Centenares de activistas se movilizaron, exigiendo el cierre del laboratorio, una investigación oficial y que los animales sean acogidos por quienes puedan darles una vida feliz libre de sufrimientos hasta el fin de sus días. Exigiendo, en fin, nada más que el cumplimiento de la ley.

Sin embargo, la mayoría de quienes se concentraron frente a los laboratorios de Vivotecnia no cree que cumplir con la ley sea suficiente para justificar el actual sistema de experimentación biomédica con animales. Esto es porque dicho sistema no toma en serio los intereses en no morir, no sufrir y disfrutar de sus vidas de los animales no humanos que están sujetos a experimentación. No se trata de poner en duda que quienes llevan a cabo esos experimentos tengan una preocupación genuina por esos animales. No es necesario dudarlo. Se trata de denunciar que, pese a esa preocupación, se considera injustificadamente que el bienestar animal importa mucho menos que el humano. Se trata de denunciar la situación de dominación política, jurídica y social que sufren los animales, hallándose por entero a nuestra merced.

Tengo la convicción de que la preocupación ética por los animales se sigue necesariamente de una posición ilustrada

Quiero explicar por qué creo que, dada la situación actual, la experimentación con animales con fines biomédicos no está éticamente justificada, incluso admitiendo que a día de hoy es técnicamente imposible prescindir de modelos animales. También me gustaría hacer una propuesta política para el corto plazo. Qué hacer ahora, más allá de atender a las víctimas de Vivotecnia, y mientras no es posible alcanzar el objetivo de una sociedad donde todos, humanos y no humanos, seamos ciudadanos libres e iguales.

Tengo la convicción de que la preocupación ética por los animales se sigue necesariamente de una posición ilustrada. La misma visión del mundo de la que se sigue la defensa de la ciencia. Confianza en la capacidad de la razón para descubrir el funcionamiento de la naturaleza. Compasión universal, el compromiso de usar nuestros conocimientos para procurar la felicidad de todos los individuos, superando los prejuicios que la humanidad arrastra de épocas más oscuras.

1. Los intereses de los animales no humanos importan

Se estima que hay alrededor de 192 millones de animales sometidos a experimentación biomédica. Ello sin contar invertebrados. Es cierto que tanto su número como los daños que sufren palidecen en comparación con los billones de animales bajo explotación en la industria alimentaria (contando, aquí sí, animales marinos e invertebrados). Ciento noventa y dos millones no deja de ser, sin embargo, un número considerable. El problema ético fundamental al que debemos enfrentarnos es: ¿importan sus intereses?

Hay dos respuestas tradicionales a esta pregunta. “No, en absoluto” y “Sí, pero mucho menos que intereses humanos similares”. Estas dos respuestas asumen que la discriminación por razón de especie, el llamado “especismo”, está justificado. Esto es, que es éticamente correcto desfavorecer a un individuo por el mero hecho de no pertenecer a la especie humana. Es un hecho que tenemos actitudes especistas. Lo que debemos hacer, sin embargo, es preguntarnos si dichas actitudes están justificadas o si, por el contrario, el especismo no es más que discriminación arbitraria más, como el sexismo, el racismo, la homofobia o la transfobia.

Un argumento usual para defender el especismo es el siguiente. Los seres humanos poseen supuestamente ciertas capacidades psicológicas complejas, como la racionalidad, el lenguaje, o la autonomía, mientras que los animales no. Ello justificaría no tener en cuenta sus intereses o darles un peso menor.

Puede verse enseguida por qué este argumento no funciona. Pensemos. Algunos seres humanos tampoco poseen tales capacidades complejas. Esto es un hecho. Sin embargo, no creemos que ello les haga merecedores de menor consideración moral o política. Bien al contrario, creemos que merecen un cuidado especial y criticamos a quienes los discriminan. De hecho tenemos un término para condenar la discriminación basada en carecer de ciertas capacidades físicas o psicológicas: capacitismo. Ahora bien, entonces, so pena de contradecirnos, no podemos usar este fundamento para sostener que los animales importan menos que los humanos, o nada en absoluto.

El consenso científico es que todos los vertebrados, y algunos invertebrados, son sintientes, es decir, tienen la capacidad para tener experiencias positivas (de disfrute) y negativas (de sufrimiento)

Hay otra manera de mostrar cómo este argumento no funciona. Deliberar de forma ética quiere decir, al menos, decidir de forma razonada según el impacto positivo o negativo de nuestras acciones en los demás. Ello sugiere que desde un punto de vista ético debemos tener en cuenta a todos aquellos que puedan ser afectados de forma positiva o negativa por nuestras decisiones. Asumir un criterio más restrictivo supondría aseverar que existen individuos que no merecen ser tenidos en cuenta, aunque nuestras decisiones individuales o colectivas puedan causarles un daño o un beneficio.

Suele llamarse sintiencia a la capacidad para tener experiencias positivas (de disfrute) y negativas (de sufrimiento). Poseer sintiencia –ser un individuo sintiente– es, por lo tanto, suficiente para poder ser afectado para bien o para mal por lo que nos ocurre. Si un individuo es sintiente, importa desde un punto de vista ético. El consenso científico es que todos los vertebrados, y algunos invertebrados, son sintientes. Ello incluye a los 192 millones de animales sujetos anualmente a experimentación. No tener en cuenta sus intereses básicos, sin discriminación alguna, carece de toda justificación.

2. El actual sistema de experimentación animal es injusto

Supongamos que rechazamos el especismo y sostenemos que los intereses de los animales no humanos importan tanto como intereses humanos similares. A partir de aquí hay dos alternativas.

La primera parte de la convicción ética de que no está justificado dañar a individuos sin su consentimiento, por muy buenas que sean las consecuencias esperables en términos de progreso de la biomedicina. Así, sólo está justificado experimentar con voluntarios humanos. Nunca con seres humanos que no hayan accedido a someterse a experimentos de manera voluntaria. Nunca con animales no humanos, pues carecen de la capacidad para comprender la situación a la que deberían consentir y, por lo tanto, para prestar válidamente su consentimiento a ella. Según esta posición el actual sistema es injusto y deberíamos dejar de experimentar con animales inmediatamente.

La segunda posición admite que, dadas ciertas condiciones, algunas instancias de experimentación con individuos que no pueden prestar su consentimiento, como los animales, están justificadas. Ahora bien, se trata de un conjunto de requisitos muy exigentes que, avanzo, no se cumplen.

El primer requisito consiste en que los beneficios que se espera obtener de la experimentación compensen el sufrimiento y la muerte que se causará a los individuos sometidos no voluntariamente a esos experimentos. Ello ya descarta toda experimentación con fines triviales. Ahora bien, sería ridículo negar que muchos de los fines perseguidos en la investigación biomédica no son triviales, sino de la mayor importancia. Se trata, al fin y al cabo, de lograr que nuestras vidas sean más largas y de mayor calidad. Para determinar si estos experimentos son o no justos debe ponderarse el fin biomédico específico perseguido con los intereses no humanos en juego, a los que debe darse el mismo peso que a intereses humanos similares.

Ni siquiera admitiendo que hay condiciones en las que es permisible experimentar en individuos incapaces de prestar su consentimiento puede justificarse el sistema actual de experimentación con animales

Tratándose de animales no humanos, sin embargo, debemos cuidarnos mucho de impedir que nuestros prejuicios sesguen nuestra reflexión. Así, para comprobar si se cumple este requisito, deberíamos formularnos la siguiente pregunta. Si no fuera posible experimentar con animales para alcanzar los objetivos pretendidos y fuera técnicamente necesario hacerlo con seres humanos con capacidades cognitivas similares, ¿creeríamos que está justificado causarles esos daños contra su voluntad? Si nuestra respuesta es negativa, entonces es muy probable que no sea posible justificar éticamente los daños que los animales recibirían en caso de que los sometiéramos a experimentación.

Supongamos que ciertos experimentos con fines biomédicos cumplen con esta condición. Aún debería darse un segundo requisito para que estuvieran justificados. Estos experimentos deben existir en el marco de una práctica de experimentación biomédica que esté, a su vez, justificada. Para ello es necesario, en primer lugar, que se trate de una práctica diseñada para que, en general, los animales no humanos sean considerados beneficiarios potenciales de las investigaciones en pie de igualdad con los seres humanos. Un sistema de experimentación biomédica orientado a beneficiar exclusiva o mayoritariamente a los seres humanos es injusto. En segundo lugar, es necesario que haya una inversión adecuada en el desarrollo de métodos de experimentación alternativos. Ello es porque, incluso cuando está justificado, experimentar con un individuo sintiente es profundamente indeseable. Si es esperable que la necesidad técnica de hacerlo se reduzca o desaparezca en caso de que invirtamos recursos en investigar tales métodos alternativos, entonces es prioritario hacerlo.

Ahora bien, es un hecho que tales condiciones no se cumplen actualmente. Nuestra práctica de experimentación con animales está diseñada para favorecer principalmente a los seres humanos. Asimismo, no existen inversiones suficientes en métodos alternativos. Ni siquiera admitiendo que hay condiciones en las que es permisible experimentar en individuos incapaces de prestar su consentimiento puede justificarse el sistema actual de experimentación con animales. 

3. Qué hacer al respecto

Creo que es obligación ética de todos, incluidos los profesionales de la investigación biomédica, trabajar por la superación del actual sistema de experimentación con animales. No es razonable sostener que el avance científico deba estar libre de restricciones éticas. Sabemos demasiado sobre las limitaciones de los seres humanos, y sobre los fracasos del pasado siglo, como para ser tan ingenuos. Por supuesto, como sociedad estamos en desacuerdo sobre cuál es el modelo ideal que perseguir. Los que yo he propuesto aquí son aquellos compatibles con la convicción de que debemos extender nuestra consideración ética a todos los individuos capaces de sufrir y disfrutar de sus vidas, con independencia de su especie.

Quienes compartimos esa convicción, ¿qué podemos hacer al respecto? Hay dos peligros. Uno es que la movilización de los activistas se reduzca a lograr el cierre de Vivotecnia y el rescate de los animales usados en ese laboratorio. La injusticia es general, no específica de ese centro; y no el resultado de malas prácticas, sino del diseño del sistema. Otro es marcarse como objetivo último la sustitución de dicho sistema, pero renunciar mientras tanto a ganar posiciones dentro del mismo que permitan fortalecer la capacidad del movimiento por los derechos de los animales para cambiar nuestras instituciones.

Mientras el objetivo último no sea alcanzable es necesario identificar demandas políticas concretas actualmente realizables y en torno a las cuales sea posible organizarse. Como decía, debe tratarse de demandas que permitan avanzar posiciones: en la capacidad de fiscalización del sistema de experimentación con animales; en la reducción de los daños que se les infligen; y en la promoción de métodos alternativos de experimentación.

Quiero acabar precisamente con una propuesta tal de reclamo político concreto. La presión de los activistas ha logrado que el Ministerio de Consumo esté preparando una nueva regulación que obliga a la instalación de sistemas de videovigilancia en los mataderos. Organicémonos ahora para lograr una reforma legislativa que obligue a la instalación de un sistema similar en los laboratorios donde se experimenta con animales. Una normativa que –y ello es crucial– permita la revisión de las grabaciones por parte de las organizaciones que defienden los derechos de los animales. Logremos que las investigaciones encubiertas sean cosa del pasado y que sea la ley misma la que introduzca nuestros ojos en cada laboratorio.

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Firmas Eze Paez Mon, 19 Apr 2021 18:02:58 +0100 /es/20210401/Firmas/35726/vivotecnia-experimentos-animales-sufrimiento-legislacion.htm?tpl=87
Madrid, campo de minas http://www.ctxt.es/es/20210401/Multimedia/35728/La-boca-del-logo-elecciones-Madrid-4M-Ayuso.htm ]]> Multimedia La boca del logo Mon, 19 Apr 2021 17:38:34 +0100 /es/20210401/Multimedia/35728/La-boca-del-logo-elecciones-Madrid-4M-Ayuso.htm?tpl=87 Cuba, el congreso del Partido y más continuidad http://www.ctxt.es/es/20210401/Firmas/35708/Leonardo-Padura-Nueva-Sociedad-Cuba-Partido-Comunista-Raul-Castro-Congreso.htm La gente en La Habana habla. Habla de todo. Habla mucho, por ejemplo, del rebrote del covid 19, que en los últimos dos meses ha alcanzado cifras que rondan el millar de contagios diarios, cuando nos habíamos habituados a contar menos de cien. Habla del anuncio de supuestas medidas adicionales de restricción por la pandemia, más cierres, más controles. Habla del vecino que ha dado positivo y está ingresado, el pobre. Habla, claro que habla, de los diversos candidatos vacunales cubanos, apuesta por ellos y los espera como la tabla de salvación.

También habla, ahora mismo, de que el gobierno cubano, luego de casi seis décadas de prohibición, autorizará a los ganaderos del país a sacrificar reses para comerciar la carne y les dará facilidades para vender la leche. Y eso no es cualquier cosa: en Cuba por sacrificar una vaca recibías una condena peor que las de la India. Podías ir veinte años a la cárcel, mucho más tiempo que por ciertos homicidios. Claro, se podrá vender carne y leche pero… con controles. En Cuba todo se regula, se controla, aunque luego se recontrarregula y se descontrola, como la transmisión de la epidemia. El problema es que en Cuba, que llegó a ser un país exportador de carne, no quedan muchas vacas.

En Cuba todo se regula, se controla, aunque luego se recontrarregula y se descontrola, como la transmisión de la epidemia

La decisión de “liberar” las reses llega envuelta en un paquete de sesenta y tres medidas de las que, se asegura en medios oficiales, “treinta son consideradas de prioridad y otras de carácter inmediato, para estimular la producción de alimentos en la nación”, algo que, como lo habla la gente, es un problema cada vez mayor. Entre esas medidas se incluyó además la reducción de la tarifa eléctrica a los productores de alimentos, luego del aumento de precios decidido por el gobierno.

Se habla, y mucho, de que el dinero no alcanza. Al fin se realizó la tanto tiempo esperada y mil veces anunciada unificación monetaria que sacó del juego a los llamados pesos convertibles (CUC) que tenían una cierta equivalencia con el dólar (USD), pero que se cambiaban a veinticuatro pesos cubanos (CUP) por CUC… pero también a doce, o uno a uno, según la instancia comercial o administrativa que realizara el canje, dando como lógico resultado que nunca se sabía a ciencia cierta cuánto costaba o valía algo. Así funcionaba (o pretendía funcionar) la economía nacional.

Ahora se ha fijado el cambio oficial de un dólar en veinticuatro CUP, para no devaluar demasiado la moneda cubana. Y se han quintuplicado o más los salarios estatales y las pensiones en CUP, mientras se han septuplicado o mucho más los precios de los productos en las tiendas del Estado. Sin embargo, como esas tiendas del Estado están desabastecidas y frente a ellas se producen largas colas que pueden llevarle al pretendido comprador cinco, seis horas, a sol y lluvia y sin baño donde hacer sus necesidades (de eso también se habla, muchísimo), el mercado negro del cambio de divisas le ha dado a dólar y al euro valores más reales: unos cuarenta y ocho pesos por dólar y cincuenta y seis pesos por euro. Y subiendo.

Si hubiera más información quizás la gente hablaría mucho más. Pero el secretismo es parte del sistema político cubano

Se habla, por supuesto, de que el presidente Joe Biden ni nos ha mirado. Se esperaban algunos cambios en las medidas muy restrictivas que aplicó la administración anterior, que recrudeció las leyes del embargo, prohibió prácticamente el envío de remesas desde Estados Unidos a Cuba, cerró el consulado de La Habana y complicó la posibilidad de viajar a los cubanos con familias al otro lado del Estrecho de La Florida. Hoy en día para aspirar a un visado el ciudadano cubano debe ir a un tercer país. Guyana, por ejemplo. Y cuando habla del tema, la gente se pregunta: ¿Biden en más de lo mismo? Hasta ahora, para los cubanos, parece que sí.

Pero se habla, sobre todo, de que la “cosa” está mala. De que la economía está en crisis con la paralización del turismo y la ineficiencia tradicional, del incremento de las actividades de la disidencia, de que la vida es cada vez más cara y la gente no sabe como arreglárselas. Hasta el propio presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, lo dice cuando reclama soluciones inmediatas, pues hay urgencia, no hay tiempo para los plazos largos.

Y aunque también se habla del VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba, creo que se le dedican menos palabras, comentarios, pensamientos de los que por lógica debería provocar. Incluso en los medios oficiales, regidos por el Partido, estoy casi seguro de que se ha hablado mucho menos que otras veces. Apenas se sabe que se discutirá en el Congreso de “la actualización de la Conceptualización del Modelo Económico Cubano de Desarrollo Socialista y de la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución”. O sea, se volverá a hablar de lo que ya se habla.

Se dice, además, que el Congreso traerá cambios. Pero solo sabemos con certeza de que habrá uno, y lo conocemos desde hace varios años: el general Raúl Castro dejará su puesto como Secretario General y lo entregará al actual presidente de la República.

¿Qué implicará ese cambio? La gente no lo sabe y apenas especula sobre el tema. Ya se sabe, porque se ha dicho, que el Congreso será un ejercicio de continuidad, de reafirmación de la irreversibilidad del socialismo en Cuba, o sea, que en esencia se dirá que se mantendrán las mismas formas de gobierno, política y de organización social existentes en estos momentos.

Si hubiera más información sobre qué podría traer la reunión del máximo órgano de decisión del país, quizás la gente hablaría mucho más. Pero el secretismo es parte del sistema político cubano. No obstante, se supone que el relevo de generaciones históricas no implicará un relevo esencial de prácticas políticas, aunque ya a nivel económico, como he relatado antes, se han ido introduciendo transformaciones, pues el país atraviesa una de sus peores crisis financieras, de producción y de suministros, no tan profunda como la de los años 90, pero bastante cercanas.

El Congreso marcará un cambio histórico en la isla, cuando por primera vez en seis décadas no sean ya Fidel y Raúl Castro los líderes al mando

Con menos expectativas en el ambiente de lo que tal vez debería generar la reunión del partido único y gobernante en Cuba, sería deseable que el Congreso en marcha (entre el 16 y el 19 de abril) diera muchos más temas de los que hablar, especular, resultados que esperar. Que como resultado del cónclave se sacudieran más y mejor unas estructuras económicas que han demostrado estar plagadas de mecanismos y leyes disfuncionales (como las que provocaron el empobrecimiento de la masa ganadera del país) o la tan demorada unificación monetaria, que llegó cuando no podía esperarse más y fue en el peor momento económico de la nación (por solo citar un par de ejemplos a partir de lo antes mencionado), cambios que traigan más esperanzas a una población que vive una etapa de infinitas dificultades, agravadas por la presencia de la pandemia que ha alterado el equilibro económico del mundo, no solo de la isla.

En el plano simbólico, el Congreso marcará un cambio histórico en la isla, cuando por primera vez en seis décadas no sean ya Fidel y Raúl Castro los líderes al mando. En los últimos años, y más en los meses recientes, la presencia pública del general Raúl Castro se hizo muy esporádica, mientras la del presidente Díaz-Canel alcanzó niveles de visibilidad que ni siquiera sostuvo Fidel (según recuerdo). Por lo tanto, habrá que ver si en lo real el traspaso de poderes es completo y qué significaría de cara a las nuevas realidades del país y del mundo. Aunque, repito, se habla de continuidad, solo continuidad.

Una gran campaña de vacunación contra el covid 19, con vacunas creadas en Cuba, puede ser un gran legado del VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba, en este mes de abril de 2021. La salida del panorama político activo de Raúl Castro, lógicamente que entraña un vuelco histórico más o menos visible en lo inmediato. Pero la gente necesita más. No solo para hablar, sino para vivir mejor. Creo que después de tantos sacrificios, los cubanos nos lo merecemos.

Y con urgencia, no con soluciones a largo plazo que a veces ni siquiera han llegado, perdidas en el tiempo, en el espacio, en la ineficiencia y en el olvido. 

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Este artículo fue publicado originalmente en Nueva Sociedad.

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Firmas Leonardo Padura (Nueva Sociedad) Mon, 19 Apr 2021 12:21:27 +0100 /es/20210401/Firmas/35708/Leonardo-Padura-Nueva-Sociedad-Cuba-Partido-Comunista-Raul-Castro-Congreso.htm?tpl=87
Cómo no hablar de Ayuso http://www.ctxt.es/es/20210401/Firmas/35673/comunicacion-elecciones-Madrid-Ayuso-reputacion-exito-polarizacion-Manuel-Almagro-Neftali-Villanueva.htm En 2017, durante una visita a la pagoda de Shwedagon, uno de los centros budistas más sagrados en Myanmar, objeto de disputa durante el período colonial, Boris Johnson, entonces ministro de Asuntos Exteriores, que acababa de tocar la campana que sustituyó a la campana original, robada y perdida en el s. XVII por mercenarios portugueses, empezó a recitar los primeros versos del poema de Rudyard Kipling Mandalay. En el poema, popularizado como una canción con el título Road to Mandalay, el viento y las campanas dan voz a la nostalgia de una chica por la marcha de su amado y cantan: “Vuelve, soldado británico, vuelve a Mandalay”. El embajador británico, visiblemente incómodo, intenta reconducir la situación y se produce el siguiente intercambio: 

Embajador: tiene el micrófono puesto

Boris Johnson: desde luego

Embajador: quizás no es una buena idea…

Boris Johnson: ¿el qué? ¿Road to Mandalay?

Embajador: No, no es apropiado

Boris Johnson: … es estupendo

Boris Johnson, el mismo que placó en 2015 a un niño de 10 años durante un partido de rugby en Tokio, dijo que votar a los conservadores haría que a tu mujer le creciera el pecho, o que las mujeres que vestían el niqab parecían buzones o atracadores de banco, fue retratado como un bufón por la prensa progresista después del episodio de Shwedagon. No era la primera vez. Resúmenes de sus “hazañas” se publicaron con regularidad en la prensa británica e internacional, siempre en tono de mofa. 

Boris Johnson no es desde luego el único político de éxito que ha hecho gala de una actitud poco cuidadosa hacia los datos o los hechos más básicos. Según el Washington Post, Donald Trump realizó 30.573 afirmaciones falsas durante su presidencia, más de la mitad de ellas durante el último año de la misma y fue acusado sistemáticamente de “hacer el ridículo” con sus declaraciones, especialmente durante la campaña de 2016, en la que consiguió ser presidente.  Puigdemont es otro de los políticos que reciben con frecuencia estas descalificaciones / justas acusaciones, incluso antes de su salida de España. El destino político de ninguno de los tres se ha visto particularmente afectado por la merma que ha sufrido su reputación. Son personas que, de hecho, parecen haber convertido su falta de reputación en una palanca con la que empujar su agenda política. 

 

El personaje político de la actualidad española que mejor replica esta dupla aparentemente paradójica –falta de reputación, éxito político– es la candidata del Partido Popular a la presidencia de la comunidad de Madrid. Boris Johnson fue noticia por decir que África era un país, Ayuso por afirmar que la “d” de “covid” correspondía a “diciembre”, en lugar de a “disease”. La reputación de Ayuso es sistemáticamente cuestionada, y algunos de sus opositores han llegado incluso a intervenir en sede parlamentaria asumiendo que la mera mención de una serie de declaraciones de ella era suficiente para desacreditarla como contendiente. Todo esto mientras Ayuso se acerca al 40% de expectativa de voto en las elecciones de mayo, doblando los resultados obtenidos en las últimas elecciones. 

Hay al menos dos formas de entender la situación: o bien estas figuras de la política triunfan a pesar de su reputación, o bien triunfan gracias a su reputación. Es decir, o bien poseen cualidades extraordinarias capaces de compensar el daño que su reputación sufre de manera sistemática, o bien han encontrado una forma de convertir la merma de su reputación en un arma con la que obtener beneficios electorales. La hipótesis que nos parece más interesante, a la vez que preocupante, es la segunda: si hubiera una forma de convertir en rédito electoral la mofa y los ataques sistemáticos contra el carácter extravagante de sus declaraciones, tanto sus oponentes como la prensa afín a las mismas estarían errando gravemente su estrategia. La insistencia en la incompetencia de Ayuso sería tan reconfortante para quienes la señalan como contraproducente para las opciones de estos de ganar las elecciones. 

Explicar esta posible estrategia de comunicación requiere introducir tres nociones diferentes: injusticia testimonial, polarización asimétrica y desacuerdos cruzados. El término “injusticia testimonial” fue acuñado por la filósofa Miranda Fricker para dar nombre a una injusticia particular, la de recibir un déficit de credibilidad al hacer una afirmación. Sin embargo, otorgar baja credibilidad a las palabras de alguien no es suficiente para que tal situación cuente como una de injusticia testimonial. Es crucial que esta falta de credibilidad esté motivada por los estereotipos asociados con el grupo social al que pertenece quien hace la afirmación. Más concretamente, el déficit de credibilidad debe cumplir tres condiciones para ser una injusticia testimonial. Primero, la persona que recibe una baja credibilidad debe pertenecer a una determinada identidad social que merma su capacidad para compartir conocimiento. Segundo, el déficit de credibilidad debe afectar a diferentes dimensiones de la vida de quien lo sufre (educativa, religiosa, sexual, política, jurídica, profesional, económica, etc.). Tercero, el daño causado debe ser éticamente reprochable, es decir, debe constituir una violación de algún principio moral.

La segunda de estas nociones es la de polarización asimétrica. La polarización política puede entenderse de muchas maneras. Por ejemplo, la polarización puede concebirse en términos de la distancia entre las opiniones políticas de al menos dos grupos ideológicos, en términos del número de cuestiones sobre las que dos grupos tienen propuestas diferentes, o en términos del nivel de impermeabilidad hacia los argumentos de “los otros”. Independientemente de la noción de polarización que se adopte, la polarización puede ocurrir de manera simétrica o asimétrica. Cuando la polarización entre dos grupos ideológicos aumenta porque solo uno de ellos ha experimentado un cambio hablamos de polarización asimétrica. Si solo un grupo ha aumentado la confianza en las creencias centrales de su identidad política y como consecuencia se ha vuelto más impermeable hacia los argumentos de la otra parte, entonces el incremento de polarización resultante es asimétrico. La evidencia muestra que las personas conservadoras, aquellas que típicamente se identifican con la derecha y con el centro ideológico, tienden a polarizarse mucho más que las progresistas (ver 1, 2, 3, 4, 5, 6).  

La evidencia muestra que quienes típicamente se identifican con la derecha y con el centro ideológico tienden a polarizarse mucho más que las progresistas

La tercera de las nociones centrales para describir esta estrategia es la de desacuerdo cruzado. Cuando dos personas están en desacuerdo sobre alguna cuestión, la naturaleza de la disputa puede ser muy variada. Por ejemplo, dos personas pueden estar en desacuerdo no solo acerca de si Ayuso dijo que la “d” de “covid” correspondía a “diciembre”; también podrían disentir con respecto a si tal afirmación fue un buen movimiento político o no. Desacuerdos del primer tipo parecen poder resolverse fácilmente: basta con buscar la entrevista a Ayuso en Onda Cero para zanjar la cuestión. Los desacuerdos del segundo tipo, sin embargo, no siempre se resuelven apelando a hechos. Dos personas podrían estar de acuerdo sobre todos los hechos relevantes para la discusión y sin embargo continuar en desacuerdo acerca de si la afirmación de Ayuso fue un buen movimiento político. Cada uno de estos tipos de desacuerdo exhibe rasgos diferentes y su resolución requiere de distintas estrategias. Cuando dos personas están en desacuerdo sobre una cuestión particular y, sin embargo, cada parte da muestras claras de concebir el desacuerdo como siendo de una naturaleza diferente, entonces tal situación cuenta como una de desacuerdo cruzado. No es que cada parte esté hablando de una cosa distinta; ambas partes discuten sobre lo mismo, pero una parte cree que, por ejemplo, la cuestión se zanja apelando a hechos, mientras que la otra parte piensa que se trata de una cuestión de preferencias y no de cómo son las cosas. Cuando esto ocurre, la posibilidad de acuerdo y coordinación se ve profundamente mermada, en parte porque los argumentos de cada parte no consiguen afectar a la parte contraria y, en consecuencia, los adeptos de cada parte están expuestos de forma repetida a argumentos que corroboran su posición inicial.

La imagen pública de descrédito que construyen agentes políticos como Johnson, Trump, Puigdemont y Ayuso es entendida por quienes simpatizan con tales agentes como una que cumple las condiciones de la noción de injusticia testimonial. Al fin y al cabo estas personas pertenecen al grupo social de quienes dicen lo que piensan sin pelos en la lengua, y se sienten y son percibidas por sus adeptos como víctimas de una especie de “corrección política” y “cultura de la cancelación” que les impide expresarse libremente en cualquier ámbito público de su vida política. Así, el descrédito que estas personas reciben de manera sistemática es percibido como una injusticia para sus votantes y simpatizantes y refuerza su vínculo con ellos.

Ayuso, junto con el resto de actores políticos mencionados, sacan provecho de esta situación para embarrar las discusiones públicas en las que participan haciendo que el desacuerdo se convierta en uno cruzado. Emplean su reputación, crucialmente percibida como una que de manera injusta causa un déficit de credibilidad en sus intervenciones, como arma para obtener beneficio político. Han conseguido que se les considere “capaces de cualquier cosa” y al mismo tiempo conservan el apoyo de los suyos. Con frecuencia muestran una actitud inapropiada en las discusiones públicas que no se le aceptaría a otra persona: interrumpen, hacen comentarios completamente inapropiados, hacen afirmaciones surrealistas o claramente falsas, entre otras aportaciones inadecuadas, que consiguen generar una situación de desacuerdo cruzado y así fomentar polarización, al aumentar los argumentos que sustentan su posición mientras debaten de manera aparentemente constructiva con sus interlocutores. Consiguen así escapar de situaciones potencialmente problemáticas: preguntas incisivas de periodistas, debates públicos con personas más formadas o con más experiencia, etc. Y no es que simplemente sean personas excéntricas; hay muchos personajes públicos excéntricos cuyas salidas de tono nadie escucha. Estos agentes políticos consiguen hacerse escuchar, y obtener rédito político de ello, esencialmente porque su reputación les permite presentarse como víctimas de una injusticia ante su electorado, que se siente identificado con tal injusticia.

Si nuestra descripción es correcta, estas figuras públicas no triunfan a pesar del descrédito que sufren sino gracias, al menos parcialmente, a dicha merma en su reputación y a la división que les permite fomentar. Por tanto la estrategia de insistir en la incompetencia de estas figuras para contrarrestar su avance político es errada. Quienes se enfrentan a esta estrategia están en una posición complicada. Si ridiculizan a estas personas, fomentan la adhesión de su grupo y les permiten además salirse con la suya del modo antes descrito. Si aceptan el envite y deciden confiar en que la polarización de su propio grupo les permitirá ganar las elecciones, están haciendo una apuesta que se enfrenta a la evidencia empírica mencionada más arriba, la que afirma que las personas con tendencias conservadoras se polarizan más que las personas con tendencias progresistas. Jugar a fomentar la polarización no es bueno para el funcionamiento de las instituciones democráticas a medio plazo, pero también puede ser devastador a corto plazo para los resultados electorales de determinadas opciones políticas. “Comunismo o libertad” no puede ser contrarrestado ni con un aluvión de cifras ni con mofa. Las menciones a la literatura especializada, a la legislación europea o a la historia son tan inútiles, políticamente, como los memes que solo ven tus amigos. Quienes deseen mermar las opciones de Ayuso deben mirar más allá de las apariencias, dejar los tópicos de lado y encontrar una forma de reconstruir el debate público. Si no lo hacen estarán, como afirma Ta-Nehisi Coates en su libro We were eight years in power, olvidando “que había quienes amaban ese viejo país tal como era, que no lamentaban las divisiones sino que sacaban provecho de ellas”.

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Manuel Almagro y Neftalí Villanueva. Departamento de Filosofía de la Universidad de Granada.

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Firmas Manuel Almagro / Neftalí Villanueva Mon, 19 Apr 2021 11:21:01 +0100 /es/20210401/Firmas/35673/comunicacion-elecciones-Madrid-Ayuso-reputacion-exito-polarizacion-Manuel-Almagro-Neftali-Villanueva.htm?tpl=87
Efectos secundarios http://www.ctxt.es/es/20210401/Deportes/35723/atletico-de-madrid-eibar-5-goles-liga-angel-correa.htm Creo que fue Jean de La Fontaine el que dijo que ningún camino de flores conduce a la gloria, así que no descarto que el francés fuese aficionado al Atlético de Madrid unos cuantos siglos antes, eso sí. El conjunto colchonero es uno de los más laureados de España, pero es raro recordar uno solo de esos trofeos que no viniese precedido por un sendero de espinas, sustos y recovecos. Si nos circunscribimos a la Liga, de las diez veces que los rojiblancos han alzado el trofeo, en nueve de ellas ha tenido que hacerlo en una agónica última jornada. Personalmente no conozco otra versión.

Es decir, paciencia porque es lo que hay. Y es cierto que a veces uno se cuestiona los inconvenientes tan evidentes que tiene esto de pelear por la gloria y si no sería más fácil chapotear en esa cómoda posición contemplativa que tienen los que no se definen, no luchan, no se exponen y no se juegan nada, pero no. Claro que no. Siempre nos han dicho que ser del Atleti es tener que sufrir, pero es mentira. Ser del Atleti es definirse, luchar, exponerse y jugar a ganar. Lo de sufrir es simplemente uno de los efectos secundarios.

El Atleti, como colectivo, más que como equipo, necesitaba un partido como el disputado frente a la Sociedad Deportiva Eibar

El Atleti, como colectivo, más que como equipo, necesitaba un partido como el disputado frente a la Sociedad Deportiva Eibar. Lo necesitaba porque hacía meses que ni jugadores, ni aficionados, podían vivir un partido de fútbol sin tener que sujetarse el corazón. Y ha llegado. El contundente 5-0 que refleja el marcador deja pocas dudas respecto a quién merecía llevarse los tres puntos, pero además servirá como bálsamo frente a la ansiedad y como relajante muscular de cara a las semanas que se avecinan.

Si usted no ha visto el partido, pretende hacerlo en diferido y solamente dispone de quince o veinte minutos, le recomiendo que los reparta entre el final de la primera parte y el inicio de la segunda. Ahí está todo. El Ave Fénix que resucita, el despertar de la primavera, la explosión de sonrisas y el final del partido. Hasta ese momento, situémoslo en el minuto 42 para que todos lo tengamos claro, el equipo de Simeone era una versión somera, floja e insípida de sí mismo. Y no es que hubiese salido mal al campo, porque había salido bien, o que estuviese sufriendo, porque apenas había sufrido; el problema era que parecía un equipo sin alma. Falto de confianza y, por lo tanto, frágil. Es cierto que enfrente tenía al último clasificado de la Liga, pero también es cierto que enfrente había un equipo con la personalidad de su entrenador, un Mendilibar al que ojalá podamos seguir viendo en primera división. El Atleti sabía lo que tenía que hacer: controlar la presión alta de su rival, evitar su juego vertical, e intentar hacer daño por las bandas. Lo sabía bien, pero su ejecución era lenta, sin intensidad y sin corazón. Sin alegría. Con demasiada ansiedad en la cabeza.

Hasta que apareció Correa. Sí, el demonio de hace sietes días. El receptor de todos esos chorros de furia que lanzaron los mismos que hoy estarán aplaudiendo. El argentino entró primero al segundo palo para rubricar un balón prolongado tras un saque a balón parado y desatascar un partido que olía a cerrado. Después, apenas un par de minutos más tarde, ejecutó un giró imposible (y marca de la casa) para, en dos toques, quedarse solo en el área pequeña y hacer el segundo gol. Fue uno de esos días en los que Correa se defiende solito. Y no es el primero. Aunque suene reiterativo, Correa es un jugador que siempre da la cara. En las buenas y en las malas. Siempre. Que después le salga o no, es otra cuestión.

Y podemos estar cien millones de horas analizando los entresijos del fútbol, las tácticas o la calidad técnica de sus protagonistas, pero el fútbol son los goles. Punto y final. Tan simple y tan cruel como eso. Los goles hacen que todo cambie en un segundo. La cabeza, el corazón y los pies. Por eso el Atleti de la segunda parte fue otro equipo, igual que la SD Eibar también lo fue. El primero tenía de repente el aspecto del líder de la Liga. El segundo, desgraciadamente, se mostraba como el colista de la misma clasificación.

Desde que Carrasco hizo el tercer gol, un buen pase vertical de Saúl que el belga aprovechó para regatear al portero y marcar a puerta vacía, hasta el final del partido, lo que vimos fue un doblete de Llorente, un desfile de sonrisas y la resurrección de un montón de jugadores que van a tener que seguir subidos al carro. En ese sentido, destaco sobre todo a dos. El buen partido de Lodi, entrando mucho en juego y estando activo durante los minutos más críticos, y también al mejicano Herrera, que asea mucho la salida de balón, equilibra el centro del campo, y que, aunque sufre en los partidos con alta intensidad, es probablemente el mejor futbolista que el equipo tiene en esa posición.

Quedan siete partidos y las cartas están sobre la mesa. No hay más. Vendrán días buenos y días malos, pero es absurdo anticipar nada en un sentido o en el otro. Por eso me voy quedar otra vez con La Fontaine, ese colchonero inesperado, cuando decía que a menudo encontramos nuestro destino precisamente por los caminos que tomamos para evitarlo.

 

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Deportes Ennio Sotanaz Mon, 19 Apr 2021 09:46:10 +0100 /es/20210401/Deportes/35723/atletico-de-madrid-eibar-5-goles-liga-angel-correa.htm?tpl=87
Honradez http://www.ctxt.es/es/20210401/Multimedia/35722/honradez-robar-corrupcion-malagon.htm

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Multimedia Malagón   Mon, 19 Apr 2021 09:16:32 +0100 /es/20210401/Multimedia/35722/honradez-robar-corrupcion-malagon.htm?tpl=87
El confort en la tristeza http://www.ctxt.es/es/20210401/Culturas/35705/discos-depresivos-deprimentes-Leonard-Cohen-Rosalia-Joy-Division-Portishead.htm Este artículo nace, como en otras ocasiones, de una conversación en Twitter. Influidos quizá por un tono general que hace pensar en una sociedad al borde de la depresión, la pregunta que nos hicimos esta vez fue: ¿cuáles son los discos más desoladores, más deprimentes, más cortavenas de la historia? Aquí comenzó un acalorado debate que nos llevó a hacer esta selección de 25 títulos. No fue fácil. No bastaba con que un disco tuviera un trasfondo triste (como, por ejemplo, Carrie & Lowell de Sufjan Stevens) o que contara una historia triste (como Berlin de Lou Reed). Tenían que ser discos desoladores desde la primera canción hasta la última. Hemos querido representar todas las vertientes de ese confort en la tristeza (parafraseando a Kurt Cobain, célebre suicida, en Frances Farmer Will Have Her Revenge On Seattle), ese indisimulado regodeo en la miseria y la melancolía. Vidas al límite, personajes siniestros –e incluso execrables–, letras desesperadas, sonidos que ponen música a momentos aterradores o a experiencias personales turbadoras, discos malditos o rodeados de leyendas negras, discos en los que los autores se despiden de un ser querido recientemente fallecido o donde se despiden, poco antes de poner fin a sus propias vidas. Un ecléctico recorrido por lo más oscuro del alma a través de la música, que esperemos tenga un efecto catártico.

1º Joy Division, Closer (1980)

En 1980, abrir un disco con un guiño a J. G. Ballard ya era toda una declaración de principios. En Atrocity Exhibition, el veinteañero Ian Curtis nos avisaba del mundo que se avecinaba. La desgracia de los otros servida en bandeja al ojo obsceno de la sociedad del espectáculo debordiana. El sufrimiento se convierte en la única vía de acceso a lo real –“este es el camino, pase adentro”–. El sonido oscuro del after-punk de la banda –expresión de rabia y resignación de la juventud obrera mancuniana en la dura era del thatcherismo– envuelve el lamento de Curtis, al que la crisis económica y la falta de futuro habían empujado (¿quién puede sorprenderse?) al nihilismo y las simpatías filofascistas. Sin embargo, lo que desprende este disco no es hostilidad hacia el otro, sino tristeza, soledad y confusión. “Me avergüenzo de las cosas por las que he pasado. Me avergüenzo de la persona que soy. Aislamiento, aislamiento, aislamiento”, dice en Isolation, lo más parecido a un hit del disco. En The Eternal, la paternidad se le hace insoportable y en Passover evoca las tierras baldías de T.S. Eliot como alegoría de su alma arrasada. El final de la historia ya lo conocemos. Asediado por todos los frentes, aquejado de una epilepsia que le hacía acabar los conciertos con espasmos tónico-clónicos y mortificado por una relación fuera del matrimonio, Ian Curtis se ahorcaría en su casa a los 24 años. Con ese final, la monumental Decades, con su frase “aquí están los jóvenes, con el peso sobre los hombros”, suena como un rito funerario. Seis minutos de procesión que harán de sus sintetizadores plañideros la pretérita mortaja de ese cuerpo que, meses después, estaría girando en la cocina, al final de una cuerda atada a una viga. | M.G.M.

2º Mount Eerie, A Crow Looked at Me (2017)

Lo mejor del pasado es que se acabó. El inicio del poema “Palacio nocturno” de Joanne Kyger, que ilustra la portada de A Crow Looked at Me, condensa en cierta forma el flujo de pensamientos y emociones que pueden extraerse de seguramente el disco más difícil de digerir que jamás haya escuchado. Geneviève Castrée, la esposa de Phil Elverum, fue diagnosticada de cáncer de páncreas con 34 años durante su primer embarazo. Murió al año siguiente, y Elverum compuso este A Crow Looked at Me en los meses sucesivos. Puesto ya el contexto, uno no puede llevarse a engaño: nada hay aquí de romántico, ni siquiera de melancólico. Se trata de un disco profundamente prosaico (que empiece con la frase “la muerte es real, alguien está ahí y entonces ya no” ya da pistas de cómo va a ir la cosa), que a veces parece más un curso clínico de la Unidad de Cuidados Paliativos que una obra de arte. Duro, casi inaguantable, interiormente enrabietado, ultraconsciente tanto de la pérdida como del dolor que nos mira desde lejos aguardando pacientemente su turno, A Crow Looked at Me debería ser el disco de cabecera de la humanidad si la humanidad quisiera asumir de una vez por todas cuán frágil es todo esto de vivir. | D.M.H.

3º Nick Cave, Skeleton Tree (2016)

“With my voice, I am calling you”

Skeleton Tree era un disco y, tras el terremoto que asola a Nick Cave (el músico pierde a su hijo de 15 años en un accidente), solo escombros. Tras él, lo que antes era queda como imposible de recomponer, con el dolor más absoluto alojado ya para siempre, y se retoma convirtiéndose en algo diferente, más solemne, más triste, y probablemente más inspirado y más bello. De que sintamos esa terrible catarsis se encarga desde el primer segundo (Jesus Alone abre el álbum con estas palabras: “Caíste desde cielo, te estrellaste en un campo, al lado del río Adur”). Para qué –aunque en realidad no es posible saber cuánto se transformó el concepto inicial de Skeleton Tree tras la terrible noticia– saber si este hubiese tenido otro pulso sin que la desgracia partiese a Cave durante su grabación. Sí, seamos conscientes de que todo lo que está en él lo está porque el músico ha entendido que sigue siendo procedente. Y comprendamos que el resultado final rezuma todo ese amor y dolor infinito que solo se puede tener por un hijo y su inasumible ausencia. Creo que es el dolor más intenso que te puede deparar la vida.

“With my voice, I am calling you”. 

M.D.

4º Purple Mountains, Purple Mountains (2019)

El último disco de David Berman –músico conocido por su etapa previa como Silver Jews– es prácticamente una nota de suicidio. Ni más ni menos. Separado de su mujer –aunque aún convivía con ella en su casa de Nashville– y asediado por las deudas y las adicciones, en cada canción parece, literalmente, explicar las razones de su marcha. El primer single que sacaba en 10 años no podía tener un título más explícito: All My Happiness Is Gone. Pero no fue el único aviso. El disco empieza diciendo “bueno, no me gusta hablar conmigo mismo, pero alguien tiene que decirlo (...): esta vez creo que la jodí de verdad”; y en la canción que cierra, prácticamente acepta que nadie volverá a quererle (algo que también refleja en el deprimente videoclip de Darkness and Cold, donde vemos escenas cotidianas, en las que él canta y su mujer le ignora). La broma macabra terminaría con el hallazgo de su cadáver pocos meses después de sacar el disco. | M.G.M.

5º Los Hermanos Cubero, Quique dibuja la tristeza (2018)

El dolor uno lo maneja siempre como puede, a veces como sabe, casi nunca como quiere. En este caso, Enrique Cubero pagó su deuda con el dolor causado por la muerte de su esposa escribiendo un disco precioso y a veces difícilmente soportable por su propia naturaleza. Quique dibuja la tristeza es una especie de réquiem confesional, una misa de difuntos entre mandolinas, cantado cara a cara frente a la persona que falta, hablándole directamente a ella. Ante esto, el oyente solo puede sentirse abrumado e inhibido siendo un testigo tan cercano de tanta intimidad. Momentos dedicados al recuerdo como Un suspiro y un beso alternan con entradas de diario musicadas tales como la inaugural El tiempo pasó o No veo donde reposar, al tiempo que una cierta mirada al futuro se dibuja en el cierre con Me quedo con lo bueno, un futuro en el que la resignación, tras todo el dolor exorcizado previamente, se disfraza de optimismo porque, miradlo de esta forma, qué nos queda sino esto. | D.M.H.

6º Smog, The Doctor Came at Dawn (1996)

La fotografía de la portada es un barco solitario en un mar en calma. Un retrato que podría ser bucólico pero solo genera inquietud. Yo, el día que escuché por primera vez este disco, era un niño perdido de sus padres, desorientado en una plaza abarrotada de personas que paseaban ajenas a mi drama. Y bajé la persiana de mi ventana para sentirme más seguro, me agarré a sus canciones y lloré justo cuando llegó All Your Women Things, con la guitarra arrastrándose junto a la voz de Bill Callahan. La quité antes de que acabara y nunca más pude volver a ella. Sin embargo, su melodía aún sigue sonando en mi cabeza desde entonces como un tinnitus autodestructivo, porque la esencia de la música de Callahan (ya sea firmando como Smog o con su verdadero nombre) es ser más que la banda sonora incidental de una película dramática. Es acompañarte el resto de tu vida como si la redescubrieras a cada nueva escucha y te afectara con la misma intensidad que la primera. | M.D.

7º Gillian Welch, Time (The Revelator) (2001)

Hay muchos géneros musicales que pueden considerarse de naturaleza triste. Pero quizás ninguno tenga la miseria en sus raíces de forma tan marcada como el country & western. Y aunque hay bastantes grandes discos tristísimos de country, pocos escuecen de la forma en que lo hace este visionario Time (The Revelator) de Gillian Welch. Lamentos confesionales desde su misma apertura (“¿Quién puede saber si soy una traidora? El tiempo es el revelador”) van dibujando una especie de diario apócrifo compuesto por pequeños relatos reflexivos sobre la tristeza circundante que tienen su cima en la doble April the 14th / Ruination Day. Ahí se hilan una serie de efemérides trágicas (el asesinato de Lincoln, el hundimiento del Titanic y la tormenta de polvo Black Sunday que asoló EE.UU.) para especular sobre una cierta fatalidad predeterminada. Un disco que, incluso en sus momentos de solo aparente respiro (My First Lover), es capaz de tejer una mirada amarga sobre el sueño americano y las heridas que este deja a su paso obviamente merecía un hueco en esta lista. | D.M.H.

8º Billie Holiday, Lady Sings the Blues (1956)

En Lady Sings the Blues observamos el desvanecimiento de una estrella. Cuando Holiday se enfrenta a él, es consciente de que sus aptitudes vocales están ya muy mermadas por una vida de excesos y sufrimientos. Desde su durísima adolescencia (criada por una tía que le destrozó la infancia y violada a los 10 años) y su posterior descenso a los infiernos (maltratos de sus dos maridos y adicción a la heroína), su cuerpo y privilegiada voz fueron debilitándose hasta llegar al límite cuando grabó este y el álbum final Lady in Satin. Al escucharlo nos enfrentamos a una colección de canciones desesperanzadas que hablan de desamor, reivindicación racial o soledad, pero que llegan envueltas en una delicadeza absoluta gracias a la interpretación quebrada y casi agónica de una de las voces más elegantes de la historia del jazz. Un par de regalos finales, poco antes de su fallecimiento a los 44 años. | M.D.

9º Red House Painters, Red House Painters (Rollercoaster) (1993)

Una montaña rusa vacía a plena luz del día en Coney Island. Probablemente la imagen más triste en la que uno puede pensar sirve de introducción –porque eso eran entonces las portadas de los discos: un prefacio– a un muestrario de canciones desoladoras y desoladoramente hermosas. Red House Painters se abre con los reproches de quien se sabe incapaz de arreglar nada por sí mismo (“¿Por qué eres así? ¿Eres igual con todo el mundo?”) de Grace Cathedral Park, y su tristeza intrínseca es capaz de negar cualquier atisbo de luminosidad posterior, como el arpegio de la por otra parte amarga New Jersey. Con Katy Song –un lamento de ocho minutos que apela al dolor por la carencia de quien ya ni dolor puede sentir (“No puedo acompañar a mi corazón cuando no puedo sentir qué hay en él”)– como pieza cenital, el segundo disco de la banda del hoy justamente denostado Mark Kozelek quizá fuera la primera señal de un alma en estado de derrumbamiento moral. Este disco de la montaña rusa, más que un disco, es un grito de auxilio. | D.M.H.

10º Antonio Agujetas, Por nuestro bien (2017)

En esta lista hay dos discos de flamenco. Uno, Los Ángeles, ejercicio teórico sobre la muerte. Otro, este, una inmersión real en todo lo que en aquel solo se escenifica. Antonio Agujetas, toxicómano, ha sobrevivido a multitud de situaciones límites que le han llevado desde pasar doce años en la cárcel hasta un ingreso en estado grave después de tres días desplomado en su casa tras un desvanecimiento debido a su delicadísimo estado de salud. Y con todas esas cicatrices, su voz es la representación de quien regala sus últimas fuerzas al cante. Una lucha por la supervivencia que se retrata en este disco. Todo un duelo, grabado en diciembre de 2015, cuatro días después de la muerte de su padre Manuel Agujetas, referente de la historia del flamenco. Escucharlo es sufrir junto a él. Y acompañarle arrancándose en un martinete con ese “por Dios no pegarme ya más palos, sino acabadme ya de matar” es sentirse a solo cien metros para el cementerio. | M.D.

11º Big Star, Third/Sister Lovers (1978)

Con la banda original descompuesta, hastiado de buscar el éxito sin apoyo de su discográfica (el mítico sello Soul Stax) y desesperado por una grabación tan ambiciosa como caótica, Alex Chilton canta roto desde el principio del disco. En la engañosamente ligera Kizza Me dice “sueños y deseos, estrellas fugaces”, y en Big Black Car advierte de que no puede sentir nada. La versión de Femme Fatale de la Velvet Underground no puede ser más melancólica y una canción llamada Holocaust, que marcará el tono del álbum –“Tus ojos están casi muertos, no puedo salir de la cama”, confiesa en ella Chiltonno anticipa nada bueno. Sister Lovers (también lanzado simplemente como Third) representa el clásico disco maldito, posteriormente considerado de culto. Lanzado más tarde, en distintas ediciones, cambiando la portada y el orden de las canciones… todos los lanzamientos fueron un fracaso. Chilton había alcanzado el éxito de forma fulgurante y breve cuando aún era solo un crío (con The Letter, junto a The Box Tops). Este disco representa, sin embargo, la gran depresión del rock de los 70. | M.G.M.

12º Slint, Spiderland (1991)

Disco icónico del llamado slowcore (una vertiente del hardcore oscura y enlentecida, como si estuviera afectada de una depresión inhibida). La portada (una foto tomada en Louisville, Kentucky, por otro músico que sale en esta lista, Will Oldham) ya es todo un aviso: cuatro hombres con el agua al cuello. Y la música y las letras no se quedan atrás: acordes rotos y ritmos descuartizados que proponen todo un baño de lágrimas (explícitamente, en Washer). Relatos crudos de aislamiento, dolor y cuentos de terror. Good Morning, Captain alcanzó cierta popularidad como parte de la banda sonora de la perturbadora Kids (Larry Clark, 1996) y nos heló la sangre con su grito desesperado: “I’m sorry, I miss you!”. Dicen que Brian McMahan necesitó un ingreso psiquiátrico al terminar el disco, pero antes vislumbró el futuro de la música triste de finales de los 90: desde el post-rock melancólico de Mogwai al emocore lacrimoso de Sunny Day Real Estate.| M.G.M.

13º Palace Brothers, There Is No-One What Will Take Care of You (1993)

A nadie debería pillar por sorpresa que un disco titulado “No habrá nadie que cuide de ti” sea un paseo por la desolación y el pesimismo. El disco de debut de Will Oldham, firmado entonces como Palace Brothers, pese a que no había ningún hermano –todos sus proyectos han girado siempre entorno a él–, supera en amargura al crepuscular I See a Darkness, que firmó como Bonnie “Prince” Billy y que, aunque terriblemente triste, alberga algún hálito de optimismo. No hay tregua, sin embargo, en este disco seminal del alt-country –parco en recursos, pleno en expresividad torcida– plagado de funerales, borracheras, familias disfuncionales, rezos y lamentos, que Oldham dota de credibilidad gracias a su quebrada voz hillbilly, que acaba resultando inolvidable. | M.G.M.

14º Arca, Arca (2017)

Arca como ejercicio de expiación. Un antes y un después en la carrera de Alejandra Ghersi, que, atendiendo al consejo que le dió Björk cuando fue colaboradora y productora de su disco Vulnicura, incluye por primera vez la voz en su música para impregnar la melancolía de las tonadas populares de Simón Díaz –la venezolana se apropia del éxito Caballo Viejo en Reverie, y de su esencia en el resto de canciones– de amor, sexo, dolor y remordimientos. Resulta así un disco oscuro e incómodo, que no deja buen sabor de boca y se cuela en el inconsciente hasta hacer aflorar todo aquello que tienes escondido como autodefensa. Adentrarse en él no es sano, no es placentero, pero me atrevería a decir que es casi necesario. Es descubrirse a uno mismo, sacar a flote tus miedos y enfrentarte a tus propias contradicciones. Y comprobar cómo cambia tu cuerpo a partir de ello. | M.D.

15º Songs: Ohia, Didn’t It Rain (2002)

Jason Molina murió por lo que se conoce médicamente como fallo multiorgánico derivado del alcoholismo. El mismo que le apartó durante cuatro años, no solo de la creación musical, sino prácticamente de todo contacto social. Las canciones de Didn’t it rain, publicado de hecho siete años antes de su retiro, pueden leerse de forma retrospectiva como una especie de testamento anticipado de quien intuye su final porque asume que no puede negar su condición de autodestructivo. Así, los aullidos de la, a su modo, tristemente visionaria Cross the Road, Molina solo pueden causar ya estremecimiento. Y ese inicio en Didn’t It Rain, con la frase a priori esperanzada de “no importa cuán oscura se ponga la tormenta sobre nosotros, dicen que alguien está observando desde la calma en la orilla”, adquiere reveladoramente un tinte oscuro y devastador. Canciones que aturden de puro dolor. La auténtica muerte digna. | D.M.H.

16º Nacho Vegas, Cajas de música difíciles de parar (2003)

Nacho Vegas se escandalizó cuando una vez le dijeron que había hecho un disco entero dedicado a la heroína. Parecía querer negar ese dudoso honor. Y tenía razón, sus cajas de música no solo hablaban de la heroína, también del alcoholismo y de la culpa, de empalamientos y asesinatos, de rupturas y soledad. Abre el disco con la imagen de una noche ártica “del negro más puro”, para después, en N.V. por la paz mundial, decir: “No hay guerra mundial, no hay droga capaz de matar todo este dolor”. Y eso es solo el principio de este paseo por las atrocidades, donde hay espacio para lo confesional pero también para la fábula sórdida (Por culpa de la humedad, Maldición o Historia de un perdedor, por ejemplo). Las adicciones, sin embargo, tienen una importancia capital. En el canto ebrio del single La sed mortal (en la que nos recuerda que hasta los perros se ponen tristes después de eyacular), Vegas afirma que no hay un ser más culpable que él sobre la tierra, poniendo voz a un alcohólico inmerso en un delirio melancólico. También dedicará las dos canciones de la duermevela –estas sí– a su pasión opiácea, pero no será en esa, sino en Mark Spitz donde diga la frase definitiva: “Fumando sobre plata, qué miedo da vivir”. | M.G.M.

17º Tindersticks, Tindersticks (1995)

El segundo disco de Tindersticks parece creado para dar sentido a una lista como esta. Más de setenta minutos en dieciséis canciones que dan forma a una experiencia hasta cierto punto claustrofóbica y aun así llena de belleza, donde solo Carla Torgerson de The Walkabouts dando la réplica a Stuart Staples en la maravillosa Travelling Light –un diálogo a cara de perro entre dos personas que se quisieron y en las que la culpa y el daño infrigido impiden borrar cicatrices del pasado– parece intentar insuflar algo de luminosidad. El esfuerzo se agradece, pero si tras ella llega ese himno a la demolición sentimental que es Cherry Blossoms, el esfuerzo es efectivamente en vano. ¿El resto? La voz de barítono de Staples susurrando historias de catástrofes vitales y/o emocionales llevadas hasta el paroxismo acompañada por orquestaciones llenas de romanticismo (Tiny Tears), sedosas y mortecinas (No More Affairs) o frías como la tundra (El Diablo en el Ojo). De algún modo, así es este disco: una quemadura por congelamiento. | D.M.H.

18º Codeine, Frigid Stars (1990)

La rabia del hardcore ralentizada hasta la desolación. Sin permitir un halo de esperanza. Tan doloroso que una escucha sin prevención te puede sumir en una tristeza absoluta. Cuando la crítica musical se encontró en Frigid Stars con esta nueva forma de interpretar, con una esencia rock pero tan formalmente comatosa, no le encontró precedente y tuvo que recurrir a una nueva etiqueta. Nació así el slowcore (un nombre que ya hemos visto antes en esta lista). Porque en este sorprendente debut todo está estirado hasta la extenuación. Cada canción parece nacer con el objetivo de que tus pulsaciones se paralicen y, así, cuando tus defensas hayan desaparecido, asestarte el golpe final con Pea, la canción que cierra el disco y que solo con voz y guitarra es capaz de hacer que el día más soleado se torne en minutos en la más terrible borrasca. De esas que calan más por dentro que por fuera. | M.D.

19º William Basinski, Disintegration Loops II (2002)

Basinski recupera unas cintas con loops que guardaba desde hace décadas para registrarlas en un formato más duradero. Mientras las va digitalizando, el soporte magnético se deteriora, perdiendo el hierro donde se registraba el sonido y generando uno nuevo, más aleatorio, más imperfecto, que al final de la reproducción ya se hace casi inaudible, destruido por el paso de la cinta por los cabezales del reproductor y convertido ahora en polvo. Es 11 de septiembre de 2001 en su ático de Nueva York y, en algún momento de la mañana, sube a la azotea desde donde observa horrorizado la imagen que ahora podemos ver en la portada del álbum, las Torres Gémelas y el polvo. Así, Basinski, con la ayuda del azar y su posterior trabajo como uno de los artistas referentes del ambient del siglo XXI, consigue registrar en una colección de cinco volúmenes (del que nos quedamos con el segundo, el más oscuro del lote) el retrato más certero de aquel suceso, poniendo banda sonora a la destrucción. | M.D.

20º Leonard Cohen, Songs of Leonard Cohen (1967)

Hay una leyenda que dice que los tres primeros discos de Leonard Cohen desataron una epidemia de suicidios. No se puede decir que el retrato de portada del primero ellos, con su severo hieratismo, no advirtiera a sus víctimas de lo que se les venía encima. Su disco de debut oscila entre la melancolía flotante de Suzanne –que relata el deseo y, a la vez, la imposibilidad, de alcanzar a una mujer ausente por culpa de la locura– y la densa oscuridad de The Stranger Song o Teacher. Si hay un leitmotiv, este es el profundo desgarro de un hombre que trata de aferrarse a las mujeres como tabla de salvación, pero no puede. Su canción más vibrante, So Long, Marianne, no es sino la despedida de su compañera durante sus años en Grecia (“Nos olvidamos de rezar por los ángeles y entonces los ángeles se olvidaron de rezar por nosotros”). Y al cerrar con One of Us Cannot Be Wrong, hace una elegía final al vacío de un amor perdido cuya añoranza ahoga. | M.G.M.

21º Suicide, Suicide (1977)

Cuando Alan Vega y Martin Rev entraron en el estudio para la grabación de su disco de debut ya habían ‘dulcificado’ su radical propuesta en directo. Unos conciertos tan extremos que les habían llevado desde autolesionarse (Vega incluso aparecía en el escenario con una cadena con la que se golpeaba mientras cantaba) hasta a recibir las agresiones verbales y físicas de un público que no entendía lo que tenía delante. Sin embargo, en Suicide (el álbum), el ruido es relevado por la melodía, pero la esencia pervive. Te la encuentras en el ritmo monocorde del sintetizador, que funciona como taladro en el cerebro, y en unas letras creadas para mostrar el desmoronamiento de la sociedad americana, alcanzando su cénit en los diez minutos de Frankie Teardrop y su terrorífico relato de un padre de familia, explotado diariamente en el trabajo, que termina decidiendo asesinar a su mujer e hijo ante la desesperación de un no-futuro que acechaba desde la miseria más devoradora del capital. | M.D.

22º American Music Club, Mercury (1993)

Quizás nadie mejor que Mark Eitzel ha representado la porosidad en la frontera entre masculinidad y patetismo en los últimos cuarenta años. Quizás solo Louis C.K. se le acerca, pero en lo que el cómico exorcizaba mediante un discurso self-deprecating lleno de cinismo, Eitzel pone su miseria con canciones tristes y preciosas (y demasiadas copas de vino tinto). La imagen del líder de American Music Club, esa mezcla de tipo aparentemente afable de mirada melancólica y de alcohólico incipiente a punto de marcarse su particular Leaving Las Vegas, solo sirve para realzar el componente trágico de las desventuras que se cuentan en Mercury. “Lázaro no estaba agradecido por su segunda oportunidad”, la frase que abre la desgarradora I’ve Been a Mess, es bastante reveladora de la idiosincrasia con la que Eitzel afronta la existencia o, al menos –y esto es de hecho más importante–, su forma de contarla. Mercury suena como un trozo de vida apagándose, cuando no apagada, en el que sus pequeños brotes de esperanza son espejismos que dejan más hundido que tocado. | D.M.H.

23º Rosalía, Los Ángeles (2017)

¿Un disco de Rosalía en una lista cortavenas? Pues sí, porque Los Ángeles es un homenaje al flamenco y, específicamente, a la relación que este ha tenido siempre con la muerte. Un atrevimiento de una joven catalana de 23 años que solo podía salir bien desde el más absoluto respeto, como el que se le presupone a un funeral. Manuel Vallejo, Antonio Molina, Morente, Chacón o La Niña de los Peines, interpretados por la cantante/cantaora, desfilan por este velatorio que, para terminar de unir lazos entre dos mundos (no tan) antagónicos, se cierra con la versión de I See a Darkness del sospechoso habitual Will Oldham, otro músico cargado de soníos negros, pero que llegan desde el otro lado del océano, mostrando que el flamenco puede ser tan bastardo como el resto de géneros, y tan oscuro como el country, el folk o el blues. | M.D.

24º Portishead, Third (2008)

Uno piensa en Geoff Barrow y en Beth Gibbons y probablemente no los sitúa en el mismo nivel de jodidumbre vital que otros artistas incluidos en esta compilación, como Jason Molina, Billie Holiday o Antonio Agujetas. Y sin embargo Portishead permanecen en la memoria colectiva como creadores de algunas de las canciones más tristes jamás escritas. Algunas de ellas están incluidas en Dummy, que bien hubiera podido quedar señalado aquí en vez de este Third. Pero el tercero de los de Bristol carece de alguna forma de los momentos de respiro que aquel por otro lado maravilloso debut dejaba entrever. Third es otra cosa. Más angustioso que triste, más desesperado que desesperanzado, Third es la hora de espera previa a conocer el resultado de una biopsia cuando ya te han avanzado que la cosa pinta regular. Jodido de verdad. | D.M.H.

25º Rafael Berrio, Diarios (2013)

En su anterior disco, Rafael Berrio, aun con su característico tono sarcástico y lúgubre, concedía espacio al milagro del amor. No es así en estos diarios, en los que prácticamente no habla de otra cosa que de su desapego al oficio de vivir. Así abre el disco, de hecho: “A estas alturas (...), cómo puede sorprenderte a ti que vayas perdiendo, cuesta abajo como vas, la alegría de vivir”. Los pianos dramáticos y los sutiles arreglos van meciendo la lírica alambicada y nihilista de Berrio, que cuando no anticipa su despedida de este mundo, dedica sus canciones a la vida perra de los yonkis o al funeral de una prostituta. Ahí es donde acaban estos diarios: en el velatorio de quien –dice– le espera del otro lado, aquella cuya historia era “la historia más triste de todas las historias”. En las letras de este disco, Berrio parece intuir su propia muerte, que sucedería unos años después. Como a Jacques Brel, el cáncer de pulmón se lo llevaría antes de lo que hubiésemos querido. Él parecía estar preparado. Solo nos queda decir: que sea leve, que sea nada. | M.G.M. 

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Culturas Manuel González Molinier / Manolo Domínguez / David Martínez de la Haza Sun, 18 Apr 2021 17:57:45 +0100 /es/20210401/Culturas/35705/discos-depresivos-deprimentes-Leonard-Cohen-Rosalia-Joy-Division-Portishead.htm?tpl=87
Nos vamos a votar http://www.ctxt.es/es/20210401/Firmas/35721/elecciones-4M-Madrid-voto-sanidad-educacion-Elisa-Mora.htm Arranca definitivamente la campaña electoral. El próximo 4 de mayo todos los madrileños y madrileñas tenemos una cita. Hay que votar.

La presidenta Isabel Díaz Ayuso, después de criticar que las elecciones catalanas se convocaron en medio de la pandemia, decidió hacer lo mismo para salvarse de una posible moción de censura.

A diferencia de Cataluña, Madrid no ha anunciado ninguna medida de seguridad sanitaria para acudir a las urnas. No hay horarios de edad, no hay EPIS para los ciudadanos que estarán en las mesas ni para los apoderados. No se ha declarado festivo, por lo que muchas ciudadanas y ciudadanos tendrán que ir a trabajar, cuidar de sus hijos y miles de responsabilidades más. Probablemente haya mucha gente que, por alguna de estas cuestiones, no podrá ir a votar (si eres uno de ellos, solicita el voto por correo, puedes hacerlo hasta el 24 de abril).

Llevamos ya semanas de precampaña, vimos el anuncio no se sabe si de Nike o de Ayuso, en el que la candidata corre por una ciudad que nada tiene que ver con Madrid, ni con la capital que ella defiende. En el vídeo no vimos ni un coche, cuando, según Ayuso, el tráfico es una seña identitaria de la capital. Las terrazas estaban semivacías: está claro que nuestra presidenta no sabe cuál es la realidad madrileña. Si quieren la ciudad que aparece en ese anuncio, no voten a Ayuso.

El candidato de Ciudadanos sorprendió a todos con su lema “madrileños por Edmundo”, en un intento desesperado de salvar al moribundo partido. Todavía tiene las agallas de animar a “votar al centro” después de gobernar y permitir la masacre de las residencias del Partido Popular.

Por su lado, Rocío Monasterio parece estar preocupada solamente por los menores no acompañados, que según ella han invadido nuestras calles y ponen en riesgo permanente a nuestras hijas.

Los candidatos de la izquierda madrileña van cada uno por su lado, Gabilondo presentándose como un líder formal, soso y responsable que de momento no quiere tocar la fiscalidad madrileña pero que sí está preocupado por los jóvenes y sus condiciones.

Mónica García ha aprovechado su profesión de médica y, favorecida por el buen trato de los medios, se presenta como una candidata que reforzará los servicios públicos y devolverá a Madrid un sólido Estado de bienestar. Ha recuperado el rastro de Carmena, visitando los barrios periféricos de Madrid y haciéndoles saber que ahí estará ella.

Finalmente, Pablo Iglesias, que nos dio la sorpresa de abandonar la Vicepresidencia para presentarse como candidato, lucha a contracorriente contra el veto mediático y la campaña de desprestigio. Intenta recuperar la esencia de su partido, la nostalgia del 15M y de la mayoría que se expresa. Esa mayoría de madrileños que nada tiene que ver con la que nos presenta Ayuso.

El próximo 21 de abril todos ellos se enfrentarán en el primer debate electoral. Hay que reconocer que en los últimos años los debates electorales españoles han sido dignos de recordar, para bien o para mal.

Hemos visto una producción de memes a gran escala, adoquines, intercambios de libros, merchandising de diverso tipo, carritos andantes de todo a 100 y, sobre todo, un nivel intelectual bastante vergonzoso.

¿Qué ocurrirá en este? ¿Sacará Rocío Monasterio el cuchillo jamonero con el que pretendía defenderse de los okupas? ¿ Ofrecerá Ayuso fotos firmadas por Florentino Pérez?

Piensen en lo que ganan, en lo que pagan de alquiler, en si sus centros de salud les han respondido al teléfono, en si han recibido alguna ayuda del Gobierno

Pido a los lectores que vean el debate intentando olvidar todo lo que piensan por un momento. Escuchen a los candidatos, reflexionen sobre sus propuestas y consideren qué les interesa más. Sean egoístas, piensen en sí mismos, no recuerden el ruido de los medios ni todo lo pasado hasta ahora. Como si fuese un nuevo capítulo.

Piensen en lo que ingresan, en lo que pagan de alquiler, en si sus centros de salud les han respondido al teléfono en los últimos meses, en si han recibido alguna ayuda del gobierno central, en si han tenido que pagar una terapia para ustedes o para sus hijos.

Luego, hagan cálculos, pregúntense si necesitan más colegios públicos cerca de sus casas, una mejor atención sanitaria gratuita, una bajada del alquiler, una ciudad libre de contaminación, una Comunidad en la que sus hijos puedan encontrar un trabajo digno de su preparación e independizarse por fin y ustedes puedan conseguir una pensión decente después de tantos años de trabajo.  Piensen si es justo que Amancio Ortega, que en el último año ha ganado 22.000 millones, pague prácticamente los mismos impuestos que ustedes mientras ustedes están intentando apañárselas para llegar a fin de mes.

Piensen en si tiene sentido que a sus hijos les obliguen a comer pizza todos los días, si es justo sacrificar a nuestros mayores y dejarles morir sin intentar salvarlos, si quieren una Comunidad en la que los médicos tienen que salir a la calle todos los días para reclamar un sueldo justo y unas condiciones decentes.

Si deciden que no quieren seguir viviendo en una Comunidad en la que la libertad consiste en tomarse una cerveza después del trabajo, voten para echar por fin al partido salpicado por innumerables tramas de corrupción, por no dejar que una lista que contiene cinco nombres que aparecen en el sumario de la Gürtel y la Púnica acabe robándoles sus impuestos. Voten para no permitir que la extrema derecha controle nuestra cultura y nuestra educación. Voten para tener la Comunidad que merecen.

El 4 de mayo, salgan a votar en persona, por correo. Ejerzan su derecho al voto.

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Firmas Elisa Mora Andrade Sun, 18 Apr 2021 17:06:50 +0100 /es/20210401/Firmas/35721/elecciones-4M-Madrid-voto-sanidad-educacion-Elisa-Mora.htm?tpl=87
Poéticas fantásticas y aves del paraíso http://www.ctxt.es/es/20210401/Culturas/35703/poesia-juan-andres-garcia-roman-poesia-fantastica-rosa-berbel.htm Según cuenta la leyenda, el ave del paraíso había surgido de una flor para vengar la muerte de un enamorado, envenenado por otro pretendiente de su amada. Cuando se hacía de noche, la flor se transformaba en pájaro y golpeaba la ventana del asesino, quien torturado por los celos, la culpa y el terror, acabó por volverse loco. Durante el día, el pájaro seguía siendo una flor, de colores brillantes y pétalos extraños: un prodigioso fruto de la naturaleza que, a causa de su ambigüedad, contenía en sí toda la belleza, la pasión y el sufrimiento del paisaje. A lo largo de los siglos, el ave del paraíso obsesionó a los ornitólogos y a los botánicos. Los sabios europeos del siglo XVI se quedaban boquiabiertos ante el hecho de que pudieran existir, en lejanos países aún por explorar, exuberantes pájaros sin patas, seres del movimiento, cuyo vuelo debiera de ser constante. No sabían de qué se alimentaba, cuál era su misterio, por qué desafiaba los límites de la historia natural. ¿Podía ser una flor y un pájaro a la vez? ¿Qué clase de planta o qué clase de ave terrorífica asombraba a las taxonomías, entreveraba magia y saberes empíricos, producía paradojas en el lenguaje?

En el primer poema de Poesía fantástica (Pre-Textos, 2020), García Román escribe: “Este pájaro. De dónde llega”; y poco después: “Este pájaro llega del paraíso”. Intuyo que el conocimiento sobre todas las aves pasadas, presentes y futuras del paraíso es un conocimiento poético, esto es, propio de un saber que no solo reconoce las contradicciones lingüísticas o materiales, sino que las alienta y las construye. Lo que más me interesa de este relato, del que he omitido a propósito todas las implicaciones coloniales, es precisamente la forma en la que el ave persistió en el imaginario como un híbrido maravilloso por causa de su carácter enigmático, monstruoso, fronterizo. La existencia en los márgenes desestabiliza nuestras precarias epistemologías. Y la imaginación poética conquista lugares que no son ni siquiera territorios pensables por la razón instrumental. La escritura de Juan Andrés se afirma en el elogio de esta naturaleza irracional, paradójica, excesiva, y en su camino plantea direcciones fascinantes para la poesía por venir.

Su trayectoria es sorprendente y, con frecuencia, vierte sobre el lector las mismas dificultades críticas que las del pájaro del paraíso: ¿dónde ubicar sus libros en el mapa de la poesía española? Y más allá, ¿dónde ubicar cada uno de sus libros con respecto al conjunto de su obra? En otra curiosa referencia aviar, García Román publica en 2017 Fruta para el pajarillo de la superstición (Pre-Textos), un libro que crea una línea de fuga más en su particular universo neorromántico. Antes de eso, dos obras deslumbrantes enmarcan su recorrido, removiendo los pilares de la tradición peninsular: El fósforo astillado (DVD Ediciones, 2008) y La adoración (DVD Ediciones, 2011). Su producción poética abarca también poemarios como Perdida latitud (Hiperión, 2004), Soledad que da al mar (Diputación de Granada, 2004) o Launa (Biblioteca Nueva, 2006), menos reseñados pero igualmente reveladores.

En todos estos poemarios, García Román transita caminos poco frecuentes, se sitúa ante encrucijadas casi zoológicas. Su breve colección de poemas sefardíes nos obliga a resignificar toda una tensa relación con lo popular y la oralidad y a aceptar que incluso en lo familiar (el afecto, la naturaleza, la comunicación más primaria) está incorporada la conciencia de la extranjería; que es, por otra parte, condición de posibilidad de la escritura poética. Cierta comprensión del extrañamiento atraviesa también su obsesión por el apunte y por la escenificación como formas superiores de elaboración literaria: la creación en los márgenes, el elogio de lo inacabado, todo aquello que, en su exuberancia, desborda los límites de la página. También, en La Adoración, García Román expande las fronteras físicas del poema generando una bellísima narración en prosa en la que converge la descripción naturalista, la construcción de personajes, el monólogo dramático y ese tono constante en todas sus obras que constituye algo así como un esoterismo amoroso, el punto en el que confluye la emoción y la magia. La mística del amor es una mística del poema. Y la mística del poema es una revolución de las formas.

En Fruta para el pajarillo de la superstición, recursos como la repetición, el diálogo o la lógica rota del aforismo contribuyen a liquidar las expectativas sobre el género, los cánones o las posibilidades temáticas. Para quienes escribimos poesía o la leemos con atención siempre es difícil obviar el imperativo temático, la tentación permanente de reconducir el impulso creativo hacia los temas. No es infrecuente descubrir, en el diálogo con los poetas, que la primera fase de gestación de su obra tuvo que ver con la elección de los temas, como una identificación previa del marco de sentido al que habrá de amoldarse lo demás. Buena parte de las entrevistas e incluso de las reseñas desatienden todo aquello que queda fuera de las ideas temáticas, generando una estéril retroalimentación crítica. Quizá por esta razón, admiro a quienes crean desconfiando de sus motivos y evidenciando, antes que nada, una preocupación genuina por otros centros: los tonos, los ritmos, la sintaxis, las formas en conflicto. En el caso de García Román, esta circunstancia representa otro desafío crítico: ¿cómo leer su poesía sin tratar desesperadamente de localizar puntos de referencia temáticos? Hay, desde luego, cierta predilección por lo que podríamos considerar recurrencias neorrománticas: sentimentalidades en plural, naturalezas fértiles, nuevas formas de espiritualidad... Su imaginario es, a este respecto, bien reconocible en lo visual y, hasta cierto punto, común en el paisaje poético reciente. Pero, a estas alturas, ¿constituyen estos elementos todavía expresiones de un tema particular o son más bien estrategias discursivas orientadas a poner de manifiesto una determinada relación con la historia, con el entorno, la política o los afectos?

Leyendo estos poemas, uno llega a la conclusión de que elegir un tema es infinitamente menos interesante que repensar la posición que como subjetividad creadora ocupas en el mundo. O que, por continuar un poco más con la analogía, no es necesario saber si el pájaro es un pájaro o una flor, sino mirar cómo su incertidumbre nos recoloca frente al mundo, lo hace más amplio. Esta circunstancia, la que reordena los lugares y los asombra, es particularmente apabullante cuando accedemos a una visión de conjunto de su obra, como la que nos brinda el reciente resumen Poesía fantástica. Una de las virtudes de la antología es, a mi juicio, su resistencia a hacer coincidir sus epígrafes con los títulos originales de los libros de Juan Andrés: los poemas sefardíes son extraídos de su contexto original (en buena medida, inédito) y se reordenan con el nombre de “Incipit”; la selección de poemas de El fósforo astillado lleva por título “Cuaderno del apuntador”; y algo similar ocurre con los poemas de “Neorromanticismo”, que provienen no solo de Fruta para el pajarillo de la superstición, sino también de otros proyectos no publicados, simultáneos a este. La decisión puede perturbar a ese lector de antologías forjado en la expectativa de la evolución lineal, la coherencia estética y la alegre fijación de la palabra en la escritura. Si la nominación es un gesto precario, parece decirnos, aún más lo es en el caso de la creación poética, donde la relación entre verdad y lenguaje se nos muestra más inestable que nunca. Los nombres que atribuimos a nuestras obras son herramientas provisionales, caminos estratégicos para pensar en otras cosas, que generalmente tienen que ver con la posibilidad de la publicación. A pesar de esto, cada libro contiene dentro de sí una lista larguísima de nombres improbables, que quizá se acerquen más a su centro. Y más allá, cada libro contiene dentro de sí numerosísimas variaciones, también improbables, de su estructura: poemas que podrían estar en otro libro, poemas de otro libro que dejan un vacío en el presente, borradores de libros aún no escritos, poemas correctivos de libros del pasado, etc. Supongo que, cuando estas quiebras quedan al descubierto, las elecciones circunstanciales se convierten en un milagro.

Las posibilidades del poema son también las posibilidades ilimitadas de la imaginación para transformar el mundo

¿Cómo leer, entonces, los poemas inéditos? ¿Como un anticipo o como una rectificación? Quizá afanándose en esta paradoja, y bajo el título igualmente paradójico de “Máquina del tiempo”, los inéditos de Juan Román constituyen algo así como una piedra de toque en su trayectoria. Los inéditos son una puerta de acceso: leídos en el momento oportuno, son capaces de proporcionar las mejores claves interpretativas sobre la obra pasada y de arrojar luz, de forma casi premonitoria, sobre la obra futura. Desde luego, funciona así en este caso, y diría que preludia algunas direcciones que van a constituir lugares fundamentales para la creación en el futuro cercano: una veta neoespiritual, descreída y sublime al mismo tiempo, una suerte de nueva cosmología religiosa; una veta neoamorosa; y una última veta decididamente antisolemne, cuya experimentación no pasa por acumular caóticamente nombres, por saturar el poema de imágenes, sino por restarle prestigio e intensidad a la sintaxis. Ojalá puedan darse todas juntas, desdiciéndose y problematizándose. 

Me enfrento a la obra de Juan Andrés con las mismas incertidumbres críticas que los botánicos del siglo XVI: ante algunas cosas solo es posible tener ciertas intuiciones. Sé, sin embargo, que las posibilidades del poema son también las posibilidades ilimitadas de la imaginación para transformar el mundo. O la oportunidad de conceder un margen algo más amplio a la belleza. A ello contribuyen los misterios, las existencias híbridas, la ambigüedad semántica, aquello que se resiste al peso fantasmal de las categorías, y, en última instancia, a la hermenéutica. Pienso en ese verso tan enigmático de Auden según el cual solo los pájaros melodiosos, guerreros inarticulados, necesitan un plumaje llamativo.

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Culturas Rosa Berbel Sun, 18 Apr 2021 11:05:07 +0100 /es/20210401/Culturas/35703/poesia-juan-andres-garcia-roman-poesia-fantastica-rosa-berbel.htm?tpl=87
El derecho al drama http://www.ctxt.es/es/20210401/Firmas/35718/Xandru-Fernandez-redes-sociales-drama-extremo-centro-fascistas.htm En un mundo perfecto, todo usuario de Twitter, Instagram y TikTok dispondría de un Estado propio con su propia Constitución y su propio ejército. Solo así la realidad estaría a la altura de las ilusiones y fantasías de la mitad de esos usuarios. La mitad por decir algo: podrían ser incluso más. En tanto no esté disponible esa versión digital de la Paz de Westfalia, tendremos que conformarnos con monitorizar esos conflictos que estallan todos los días y a todas horas entre personajes que no parecen tener vida propia más allá de su foto de perfil pero que actúan como si el universo entero estuviera pendiente de sus victorias y derrotas virtuales.

Como muchos de esos personajes viven, en efecto, de los likes que cosechan, o de las visitas que reciben sus artículos en la prensa digital, se comprende que no dejen pasar ni una sola ocasión de sacar rédito del conflicto o, al menos, de intentarlo. Y, como algunos de ellos no son estúpidos y todos o casi todos saben copiar estrategias exitosas, se comprende también que tiendan a dramatizar cualquier incidente, por nimio que sea, pues es bien sabido que el drama vende. Yo diría que vende desde siempre, o al menos desde que por primera vez un ser humano intentó venderle algo a otro, yo qué sé, un bifaz de sílex, contándole que no podía cambiarlo por menos de dos vueltas de collar de madreperla porque ese bifaz y no  otro había pertenecido a un abuelo chamán. El aura de los objetos, ese que según Benjamin individualiza a las obras de arte, “aparición irrepetible de una lejanía”, es convocado (y yo diría que también creado, llámenme prosaico) por el relato en cuya trama ese objeto encuentra un sentido y un valor de cambio. ¿Qué tengo yo de irrepetible, qué vuelve única mi aparición fugaz en la cercanía de esta o aquella red social? Es mi anécdota, mi pasado, mi trayectoria: soy lo que puedo contarte de mí y, si encima soy capaz de anudar mi biografía con la del cosmos, lo que te cuente de mí será interesante porque será como hablarte de ti y de todos.

Solo que no es fácil hacerse oír con tanta gente contándote su vida. Ya no se trata de la supervivencia del más apto, sino de la primacía del que más ruido haga, toda vez que nadie escuchará lo que tengas que decir a no ser que se lo grites. Pero ¿cuál es la versión digital del grito? No es escribir en mayúsculas, ni siquiera insultar. La versión digital del grito es la interpelación, la cita, el etiquetado, cualquier estrategia que permita que tu voz tenga eco en la voz de otros. En realidad el insulto funciona justo al revés, pues nadie quiere repetir ni mucho menos amplificar el haber sido objeto de censura o de burla. Mejor lo contrario, la adulación. O hacerte pasar por víctima de una persecución real o fingida, lo que te convertirá automáticamente en acreedor de loas, desagravios y sinceras muestras de solidaridad. O las dos cosas: adular al jefe de opinión del diario que quieres que te entreviste mientras denuncias con lágrimas en los ojos que un tuitero con doce seguidores te ha llamado imbécil. Qué sabrán en Yemen lo que es sufrir.

Cuanto más intenso el drama, mayor probabilidad de éxito. Cualquier anécdota puede servir de prólogo al apocalipsis. ¿Que en una universidad de la Cochinchina un profesor de Introducción al Cultivo del Berro estornudó sin pañuelo y alguien hizo un meme en lengua camboyana llamando guarro al profesor? De ahí sale, si no una tesis doctoral, al menos un artículo de seiscientas palabras con un título de esos tan largos que tanto lucen en Facebook. ¿Una monja de clausura resbala y se parte la cadera y nadie ha señalado como posible autor intelectual del suceso al repartidor del pan, magrebí, musulmán y diplomado en osteopatía, por ese orden? Intolerable: ¿qué sería de la civilización occidental si no hubiera centinelas dispuestos a hacerse eco de esa y otras añagazas del islamismo queer?

No deja de ser sorprendente que la reivindicación del derecho a dramatizar provenga de personajes muy poco inclinados a reconocer las subjetividades ajenas, las vivencias que en materia de derechos ponen en cuestión los prejuicios heredados. Las posiciones de poder. Sin querer meterme en berenjenales estadísticos, diría que, cuanto mayor la tendencia al melodrama, mayor la propensión a adjetivar la experiencia ajena, un exceso retórico muy propio de quien tiene poco que decir de sí mismo, muy pocos verbos que conjugar en primera persona. Retórica de portería, estética de barbería y casino.

Aparte del autor, ¿a quién beneficia esa amplificación de lo banal hasta extremos grotescos? Por regla general, muchas de las anécdotas comentadas terminan siendo lugares comunes en discusiones sobre corrección política, cancelaciones y otras señales del fin de los días, o del fin de los años setenta, que parece que a veces los confundimos. Así, habida cuenta de que el mundo está lleno de gente y de instituciones culturales, el cazador de dramas lo tiene fácil para localizar en qué televisión local de Connecticut han suspendido la emisión de Lo que el viento se llevó, ataque sin precedentes a la cultura cinematográfica de los más jóvenes, pero no es frecuente que ponga el mismo celo en investigar en cuántos institutos españoles se explica la Prisión General de Gitanos de 1749, y no porque nuestro héroe sea un racista de tomo y lomo, sino porque sabe, o cree saber, que lo que mueve el mundo es el resentimiento, no el hambre y la sed de justicia.

Es cierto, tengo una tendencia innata a interesarme por las cuitas de los niños de papá, solo que se me pasa enseguida. Sin embargo, hasta que se me pasa, me emociono de veras. Así, he visto por ahí que el ultimísimo gañido de uno de esos Jeremías de todo a un euro viene envuelto en un aura de nostalgia por lo bien que en España nos reíamos de los maricas antes de que los cenizos de lo políticamente correcto lo arruinaran todo. Con Arévalo vivíamos mejor: ¿a que no se esperaban este giro de los acontecimientos?

Lo peor es que ya ni me sorprende. Pero en las últimas semanas se ha disparado hasta tal punto la presencia de fascistas en las calles, son tan frecuentes las noticias de agresiones xenófobas y homófobas y suben tanto de tono las declaraciones de soberbia revanchista en el discurso político de las derechas, que las tonterías de esos aprendices de Umbral ya ni me conmueven ni me interesan. Este artículo que está usted acabando de leer es al mismo tiempo un exorcismo y un manifiesto: en lo sucesivo, dejaré de comentar los éxtasis tragicómicos de nuestros héroes del extremo centro, dejaré de leerlos, dejaré de fingir interés. Tienen todo el derecho del mundo a seguir viviendo el drama de que, por culpa de las feministas, nadie quiera leer sus tediosos libros sobre los tabúes, las cancelaciones, las diversidades y el interiorismo pop. Pero el mismo derecho tengo yo a ignorar sus aspavientos y sus senectudes mentales. También yo me hago mayor y pierdo la paciencia. Creo, honestamente, que se desintegrarían si dejáramos de prestarles atención y creo, también, que merece la pena hacer la prueba.

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Firmas Xandru Fernández Sun, 18 Apr 2021 10:50:47 +0100 /es/20210401/Firmas/35718/Xandru-Fernandez-redes-sociales-drama-extremo-centro-fascistas.htm?tpl=87
La campaña de Madrid http://www.ctxt.es/es/20210401/Multimedia/35719/JRMora-elecciones-4M-Madrid-Ayuso-Gabilondo-Garcia-Iglesias.htm

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Multimedia J. R. Mora Sun, 18 Apr 2021 09:50:09 +0100 /es/20210401/Multimedia/35719/JRMora-elecciones-4M-Madrid-Ayuso-Gabilondo-Garcia-Iglesias.htm?tpl=87
“Los poemas son lo que la vida nos deja en las manos, lo que nos queda de ella” http://www.ctxt.es/es/20210401/Culturas/35699/olvido-garcia-poeta-entrevista-caza-nocturna-bertolo.htm Entre los 55 libros de la literatura española del siglo XX seleccionados por Constantino en ¿Quiénes somos? (Periférica, 2021) se cuenta Caza nocturna (1997), de Olvido García Valdés. Para discurrir sobre él, Bértolo optó por conversar con la poeta al hilo de algunos de los poemas del libro. Damos a continuación, completo, el contenido de esa conversación, que en ¿Quiénes somos? hubo de recortarse severamente para ajustarse a la extensión prevista.

cabeza de insecto ojo

de insecto la interior

lectura la lectura

interior de quien lee en voz alta

y lee metido en sí

y entonces lee para otro

la barbilla metida

andante corazón.

Parecería que la poesía ha renunciado a hablar en voz alta. ¿En voz baja no es hablar solo para cómplices?

Quizá no se pueda generalizar, pero mi percepción es esa, sí, que en la lírica contemporánea el poema ha bajado el tono. Me cuesta pensar el poema no ya como himno, sino incluso como canto; lo siento más bien como algo apegado al mundo y la desdicha. O tal vez se trata de otro modo de cantar, aminorado, como un ensimismado arroparse en palabras compartidas. De todas formas, este poema nos sitúa en la lectura, no en la escritura. He vivido esa experiencia muchas veces: alguien lee un texto como quien se tira a un pozo –sin ápice de énfasis, sin un ápice de yo–; la persona que lee parece desaparecer y el texto, en cambio, establece un contacto oscuro y directo, intenso, con quien escucha. Nunca sentí ese momento como de complicidad –conozco bien la complicidad, y la ofrezco o la agradezco en lo que vale–; no, era entrar en un lugar que sin ser mío se había hecho de pronto mío, y de todos, las palabras mismas, llenas de sentido, todo lo que nos daban, lo que nos dejaban. 

La muerte es una forma

en algunas pinturas del XV,

una curva que el cuerpo figura

entre quien lo sostiene y su propio

peso. Una curva también

la forma del amor, plegarse

dúctilmente. O de otro modo,

recto, peso muerto sobre paño

verde, mariposas aéreas, amarillas,

o sombra pálida, bullentes.

Tú tenías anillos, dedos en las manos.

En poesía, ¿la curva es la distancia más corta entre dos palabras?

En este poema, la curva parece acercar en paralelo dos palabras clave: muerte, amor. Pero mi intuición, si elegimos formas para el poema, se inclinaría más bien por la quiebra, la quebrada, los saltos imprevistos y en zigzag: “Tú tenías anillos, dedos en las manos”. 

Es raro que seamos tantos en el mundo,

tantos en esta ciudad

y que no haya nadie,

casi nadie a quien no mentir.

En los animales, que no tienen lengua aunque sí lenguaje, ni el engaño ni la incomunicación parecen posibles ¿Crees que nuestro lenguaje tiene algo de maldición?

En mi último libro, Lo solo del animal (2012), estaba la percepción de que el animal es el que viene como es (y quizá la añoranza de aquel dicho: los animales viven en el mundo como el agua en el agua). Pero también la precariedad, la extrema vulnerabilidad y algo como una radical soledad última que compartimos con ellos. Y, en efecto, distintas culturas han sentido el lenguaje, las lenguas, como una maldición, y así lo relatan los mitos; por otra parte, la lengua social –todos tenemos la experiencia– es atroz como manifestación de una imposible comunicación verdadera. Sin embargo, en muchos momentos tenemos también la experiencia contraria, la calidez de una palabra que nos acompaña, o el fogonazo de algo que leemos y que nos alimenta por mucho tiempo…

Girasol, negro párpado, multiplicada

curva para el deslumbramiento. Somos

sólo cautivos,

presencias dentro de otros

que nos llevan. Allá, muy lejos,

el taxista le dijo: discúlpeme,

la ciudad es muy grande, sólo

manejo por las orillas. 

La tiranía de la subjetividad no es la que nos convertiría en esos “solo cautivos/ presencias dentro de otros / que nos llevan”.

Es extraño, sí. En el poema conviven el ámbito de la subjetividad como clausura, y la objetividad de un trabajo y de un marco para el trabajo de dimensiones y condiciones poco humanas, un afuera de coerción alienante. Quizá es esa extrañeza, la yuxtaposición de los dos momentos, la que obtura el ojo: “Girasol, negro párpado”. Por otra parte, lo que llamamos subjetividad, y que se construye lingüísticamente, es algo que va variando a través del tiempo en una obra, según un crecimiento –o no– de quien escribe, en las formas críticas de la percepción y el conocimiento. Y todo ello, en poesía, resulta a menudo difícil de valorar y discernir. Pienso, por ejemplo, en la obra poética del boliviano Jaime Saenz, una obra de una subjetividad que en cierto modo puede parecer sofocante, y que solo con la relectura y la frecuentación entrega su riqueza en el plano de una reflexión no solo estética sino política y moral. Es su nivel de exigencia la que nos pide que depongamos las herramientas con que habitualmente leemos, y entremos en su densidad, su extraordinaria energía y su complejidad.

escribir el miedo es escribir

despacio, con letra

pequeña y líneas separadas,

describir lo próximo, los humores,

la próxima inocencia

de lo vivo, las familiares

dependencias carnosas, la piel

sonrosada, sanguínea, las venas,

venillas, capilares

¿Este poema definiría tu poética? 

Especialmente el primer verso, ¿verdad?, “escribir el miedo es escribir”. Y luego en ese deslizarse hasta lo mínimo –“venas, / venillas, capilares”– por la raíz corporal de la escritura. Que no es obra del espíritu, sino del cuerpo. Un poema de uno de mis primeros libros, “La caída de Ícaro”, lo decía así: “El alma muere con el cuerpo. / El alma es el cuerpo. O tres fotografías / quedan, si alguien muere”.

Hay un verso en un poema que dice: La insensata materia / que el alma es, ¿un poema sería una manifestación insensata de la materia? 

No sé… Quizá un poema es una extraña mezcla: una manifestación insensata de la materia, sí, y un impulso conformador que la conduce hacia el sentido.

era exigente, también encantador,

creo en verdad que no quería

ser feliz, lo encontraba burgués,

vulgar, una persona

difícil, maravillosa, sin embargo;

no sé de qué murió, al final

fue engordando, me escribió

su mujer hace poco, sigue

tan enamorada

Parece un poema donde las palabras no están tensas. Tiene la calmada fuerza de un haiku largo, lo que no deja de ser una contradicción. ¿Valdría de ejemplo de cómo “la atención no es algo de la voluntad –como a veces pensamos–, sino todo lo contrario, es producto de cierta pasividad en la que la cosa, lo que está ahí –como ha explicado la fenomenología–, crece”?

Sí, en cierto modo responde a la atención así entendida. Una escucha. El poema se forma con palabras oídas, exentas de contexto; casi lo único que hace quien lo escribe es disponer esas palabras en los versos. Tiene, en efecto, la distensión de lo que llega desde la oralidad, y al mismo tiempo, la energía calmada, y misteriosa, de lo que ha sido una vida, o mejor, de lo que ha sido el paso de la vida. Siempre he pensado que los poemas son lo que la vida nos deja en las manos, lo que nos queda de ella. En este caso, alguien está enunciando –muy naturalmente– lo enigmático de la vida de un ser (que quien escribe no conoció). Esas palabras de pronto se quedan en la cabeza, exentas, ocupándola, y en otro momento se siente el impulso de anotarlas; eso –esa atención, sí– será el poema.

Es verdad lo que digo, cada

palabra, dice del poema la lógica

del poema. Condición

de real al margen de lo real.

Lo real dice yo siempre en el poema,

miente nunca, así la lógica. 

¿El yo del poeta es un yo ficcional? ¿Un artificio? ¿Una posición moral?

Es un asunto complejo… Ya sabes, todas esas respuestas se han dado, y responden a distintos modos de entender la relación con la escritura del poema. En mi escritura veo bastante claro que el yo es fundamentalmente un lugar lingüístico. Un pronombre –yo, tú, ella…– es una caja vacía. En esa caja caben múltiples y muy diferentes cosas. En concreto, en este poema, yo es “la lógica del poema”: “la lógica del poema dice: es verdad lo que digo”. Parece un trabalenguas, pero no lo es; son unas frases casi literales de Käte Hamburger, de su obra ya clásica La lógica de la literatura, que leí a mediados de los años 90 y que me resultó iluminadora para la comprensión del funcionamiento de la poesía lírica, al menos tal como a mí me interesa. Tiene aspectos discutibles, pero resumidamente la cosa sería así: ella clasifica la producción literaria en dos bloques: narrativa y dramática, de un lado, y lírica, de otro. Define las dos primeras como constructoras de ficción y la tercera como género en el que se cumple una enunciación de realidad. El concepto clave no es el de realidad, sino el de “enunciación de realidad”. Hay enunciación de realidad, por ejemplo, en la descripción de un paisaje incluida en una carta, y ello no porque el paisaje sea real (podría no serlo), es decir, no porque sea real el objeto de la enunciación, sino porque lo es el sujeto enunciativo. Es este quien posibilita una enunciación de realidad, y lo que le caracteriza como real es que podemos preguntar por su posición en el tiempo, que recibimos lo enunciado como campo de vivencia del sujeto que lo enuncia.

A diferencia de lo que ocurre en la narrativa (donde no habría, según ella, un yo de origen real, un sujeto enunciativo, como elemento estructural del mundo ficticio: ni el autor ni el narrador lo son, pues es precisamente el hecho de narrar lo que origina ficción, es decir apariencia o ilusión de realidad), a diferencia de lo que ocurre en la narrativa, en el poema lírico hay siempre enunciación de realidad. La vivencia que tenemos de él es semejante a la que tenemos ante un mensaje oral o por carta: alguien nos dice algo a nosotros, personalmente. Lo enunciado por el poema lírico no nos llega como ficción o ilusión; nuestra forma de captarlo implica en gran medida revivirlo, hacernos preguntas. Desde luego –explica Hamburger– no es de una realidad objetiva de lo que nos habla un poema, sino de un sentido. Hay un sujeto enunciativo y una referencia de objeto –lo que se dice–, pero esa estructura lírica de sujeto-objeto en nada se asemeja a la comunicativa: en el poema los enunciados se retiran por así decir de su objeto, se ordenan unos respecto a otros y ganan contenidos que no refieren al objeto; en cierto modo, los enunciados basculan de la esfera del objeto a la del sujeto, estableciendo no un contexto de comunicación sino de sentido. Por otra parte, no es posible distinguir si esa referencia de sentido resulta de la forma y ordenación de los enunciados o, a la inversa, la dirige, pues sentido y forma son idénticos en él.

En un poema lírico, a diferencia de la narrativa, aun cuando la vivencia sea ficticia, el sujeto vivencial y, por tanto, el enunciativo, el yo lírico, sólo puede aparecer como sujeto real, nunca como sujeto ficticio. Sin embargo, –y esto es decisivo– el yo lírico que fundamenta la poesía no es identificable con un yo psicológico, con un emisor coherentemente constituido. No es posible afirmar –ni negar, pues sería lo mismo– la identidad yo lírico / autor-autora. No hay ningún criterio, sostiene Käte Hamburger, que nos aclare si se puede o no realizar tal identificación. Hay solo una identidad lógica, en el sentido de que todo sujeto enunciativo es siempre idéntico al que enuncia, habla o redacta un documento de realidad. Que la vivencia que se capta en el poema sea real o imaginaria no es relevante ni para la estructura ni para la interpretación del poema, pero sí lo es que se presente con la densidad de lo real, con la verdad de lo que nos apela y nos concierne. No obstante, se trata de una verdad que no puede ser verificada, pues el sujeto enunciativo que se propone como yo lírico solo nos permite ocuparnos de la realidad que nos hace conocer como suya, subjetiva, existencial, no contrastable con ninguna otra objetiva. En el poema, incluso la realidad objetiva se convierte en realidad vivencial subjetiva. 

Y en cuanto al otro polo, el objeto, en casi toda la poesía anterior a las vanguardias de las primeras décadas del siglo pasado estaba claro cuál era la referencia del objeto, el proceso de lectura permitía avanzar sin excesivas dificultades desde esa referencia de objeto hasta la captación del sentido del poema. La situación es muy distinta en gran parte de la poesía posterior, con la que se debe proceder a la inversa: desde las palabras o los enunciados aislados y a través de las relaciones que entre ellos se establecen –y a menudo estas solo como posibles, nunca como seguras–, ir llegando al sentido y a un posible objeto del poema. 

El análisis de Hamburger del funcionamiento del yo lírico y esa categoría de verdad perceptible en el poema, pero ajena a cualquier verificación de su correspondencia con una realidad exterior, permiten entender mejor un fenómeno que conocemos bien como lectores, ya estemos leyendo a Apollinaire, a Emily Dickinson o a Jaime Saenz. La verdad, así, no aparece tanto en relación a lo enunciado como a un modo de enunciar, a una actitud; y eso que se percibe en la lectura y que le corresponde se podría llamar tono

Volviendo al comienzo y saltando del yo que aparece en esos versos al yo enunciativo del poema, estaríamos ante la convicción o, mejor, ante la necesidad de un modo de verdad en la lírica (“la lógica del poema dice: es verdad lo que digo”, “lo real dice yo siempre en el poema”). ¿Cuál es el procedimiento por el que eso nos llega¿ ¿Es más fácil hablar como lectores- cuando leemos a César Vallejo, por ejemplo? Evidentemente es un asunto lingüístico; si me apuras un poco, casi te diría de sintaxis. ¿Está en la sintaxis –en el modo en que la lengua trabaja– ese complejo existencial, político, moral, estético que llamamos Trilce, que llamamos Vallejo? Sin duda. Y es la vida Vallejo la que nos llega con toda nitidez (y con toda la sombra).

 

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Culturas Constantino Bértolo Sat, 17 Apr 2021 19:05:25 +0100 /es/20210401/Culturas/35699/olvido-garcia-poeta-entrevista-caza-nocturna-bertolo.htm?tpl=87
España, tercer país de la UE con mayor impacto en la deforestación tropical http://www.ctxt.es/es/20210401/Firmas/35717/observatorio-deforestacion-comercio-internacional-UE-soja-carne-palma-America-Latina-Medioambiente.htm

Espacio realizado con la colaboración del

El Observatorio Social de la Fundación “la Caixa”.

El comercio internacional de materias primas como la soja, el aceite de palma o la carne está provocando la deforestación masiva de bosques y otros ecosistemas situados,  en la mayoría de ocasiones, a miles de kilómetros de donde se terminan consumiendo esos productos. Esto es lo que denuncia un informe publicado hace pocos días por la organización ecologista WWF. En él se denuncia que España es el tercer país de la UE que mayor impacto genera en los bosques tropicales, solo por detrás de Alemania e Italia.

El estudio advierte que las importaciones españolas de materias primas agrícolas, donde también se incluyen el cacao o el café, son responsables de la destrucción de cerca de 33.000 hectáreas de bosques cada año. En el periodo que va de 2005 a 2017, esta cifra se traduce en la desaparición de 400.000 hectáreas tropicales en tan solo 12 años, “una superficie que equivale a la mitad de la Comunidad de Madrid”.

Si se atiende a la situación internacional, la posición España como uno de los países europeos más implicados en la destrucción de bosques queda lejos de ser anecdótica: según datos de 2017 –últimos disponibles– los países comunitarios son responsables de un 16% de la deforestación que provoca el comercio internacional, la segunda cifra más alta solo después de la de China.

Además de España, Alemania e Italia, otros cinco países acaparan el 80% de la deforestación asociada provocada por la Unión Europea en los doce años que abarcan las cifras del informe: Francia, Países Bajos, Polonia, Bélgica y Reino Unido, que en 2017 todavía pertenecía al espacio común. 

Y aunque el impacto medioambiental de la importación de commodities a la UE se ha reducido un 40% entre 2005 y 2017, los hábitos de consumo comunitarios siguen suponiendo cada año la desaparición de cerca de 203.000 hectáreas de bosques tropicales en países como Brasil, Indonesia, Argentina o Paraguay. 

En este sentido, el estudio destaca que, más allá de los efectos evidentes sobre la biodiversidad, el cambio en el uso de la tierra para la extracción de estas materias primas también está generando un aumento exponencial de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Solo en 2017, la deforestación global provocó la emisión de 740 millones de toneladas de CO2, de los que 116 millones de toneladas son atribuibles a las commodities que llegaron ese año a la Unión Europea. 

Junto a esto,  el estudio de WWF señala que “la demanda europea de materias primas está causando también la destrucción de ecosistemas no forestales como los pastizales y los humedales”, una huella ecológica que es especialmente evidente en las zonas del Cerrado en Brasil y el Chaco en Argentina y Paraguay.

Frente a estas alarmantes cifras, la Comisión Europea se ha comprometido a aprobar, durante este año, nuevas medidas y normas que frenen la importación de productos estrechamente relacionados con la deforestación y la degradación medioambiental. Aunque WWF considera positivo que el debate sobre la acción de la UE para abordar la deforestación esté en pleno apogeo, también exige que esta nueva legislación incluya puntos más ambiciosos y que produzcan un cambio real.

Entre ellos, que las importaciones se sometan a criterios de sostenibilidad y no solo de legalidad en origen, que las empresas garanticen la trazabilidad de los productos, que la producción no esté vinculada con violaciones de derechos humanos o que, precisamente, se incluyan todos los ecosistemas amenazados, y no solo los bosques.

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Firmas ctxt Sat, 17 Apr 2021 18:13:15 +0100 /es/20210401/Firmas/35717/observatorio-deforestacion-comercio-internacional-UE-soja-carne-palma-America-Latina-Medioambiente.htm?tpl=87
I want you to kill your people http://www.ctxt.es/es/20210401/Multimedia/35711/JRMora-tiroteos-Estados-Unidos-violencia-armas.htm

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Multimedia J. R. Mora Sat, 17 Apr 2021 13:56:47 +0100 /es/20210401/Multimedia/35711/JRMora-tiroteos-Estados-Unidos-violencia-armas.htm?tpl=87
Ayuso se gana al Grupo Planeta con una universidad privada y un contrato a dedo de 14,5 millones http://www.ctxt.es/es/20210401/Politica/35712/Ayuso-Grupo-Planeta-universidad-privada-Atresmedia-Jose-Creuheras-Mauricio-Casals.htm Mientras el neofranquismo avanza y un 30% de la población sigue en riesgo de exclusión, las cloacas mediáticas, judiciales, empresariales y políticas no descansan, y siguen trabajando a destajo “para limpiar la mierda”, según declaró el excomisario José Villarejo el día de su puesta en libertad, pocas horas después de que la fiscal general del Estado, Dolores Delgado, fuera cazada almorzando en su domicilio privado con dos emisarios del policía jubilado.

La sucesión de escándalos fiscales del rey emérito copaba hasta fechas recientes el goteo por entregas de Villarejo a sus medios afines; son los últimos coletazos de la inconfesable operación Salvar al Soldado Felipe VI: matar al padre a cambio de blindar la libertad del policía y empresario para garantizar su silencio sobre todo(s) lo demás.

Mientras en los juzgados esperan destino las más de 30 piezas separadas que forman el maxiproceso a Villarejo, todavía en activo como director de comunicación de las cloacas, este reportaje conjunto de Público y CTXT pone el foco en una historia en apariencia menor, de cuyas motivaciones y trasfondo real se ha hablado poco, aunque la prensa ha publicado en los últimos años numerosas noticias escandalosas sobre el asunto. 

Hablamos de la corrupción universitaria en Madrid, judicializada bajo el eufemismo Caso Máster, y que en la memoria colectiva remite al bochornoso episodio de los títulos de posgrado supuestamente tuneados y regalados por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) de Madrid a algunos políticos prominentes. 

El relato va de delante hacia atrás, y arranca en el mes de noviembre de 2020. Han pasado justo cuatro años desde que, según reveló el sumario del caso Lezo, José Creuheras, sucesor de José Manuel Lara como máximo dirigente del Grupo Planeta, visitó en el otoño de 2016 a Cristina Cifuentes en su despacho de la Puerta del Sol. En ese tiempo, Cifuentes tuvo que dimitir, y Ángel Garrido, su número dos y luego sustituto en funciones, dejó finalmente paso a Isabel Díaz Ayuso, una desconocida periodista de pasado falangista, discípula de Esperanza Aguirre.

Ayuso llega en agosto de 2019 a la presidencia de la Comunidad de Madrid. De los 48 diputados que sacó Cristina Cifuentes en 2015, el PP ha pasado a 30, pero los votos de Ciudadanos y Vox, escisión ultra del PP, dejan al PSOE, que había ganado las elecciones autonómicas después de mucho tiempo, en la oposición.

En febrero de 2020 estalla la pandemia y todo se para. Madrid lidera con Bérgamo las cifras de muertos de Europa en la primera ola. Ayuso da órdenes a las residencias de mayores para que no envíen ancianos a los hospitales colapsados. Más de 20.000 ancianas y ancianos mueren sin atención, solos, sin ver a sus familias. Florentino Pérez, a quien muchos ven como el verdadero poder de la Comunidad en la sombra, recibe contratos sin cesar, hasta 35 en unos meses, tanto de servicios como de construcciones. Y se permite incluso exigir el lucro cesante por las muertes que se producen en las 61 residencias de su empresa, Clece. 

El Gobierno progresista confina el país durante cuatro meses, y Ayuso echa la culpa de todo a Sánchez, pero apenas hace nada. No concede ayudas directas, no gestiona los rastreos, no medicaliza las residencias, abandona la atención primaria a su suerte, cierra los colegios, ordena alimentar con pizzas a los niños con menos recursos, se instala en un hotel de lujo de su amigo Kike Sarasola, convierte Ifema en un hospital de guerra sin quirófanos y lo clausura con un festín repartiendo bocatas de calamares. 

Asesorada por MAR (Miguel Ángel Rodríguez), el spin doctor de Aznar, Ayuso crece como principal ariete del PP contra el Gobierno “socialcomunista”. Pero no aprueba una sola ley.  

Hasta que, un año después de llegar al poder, en julio de 2020, algo se mueve por fin: la presidenta pide al Consejo de Gobierno que ponga en marcha un proyecto de ley para conceder una licencia de universidad privada a la Escuela de Administración de Empresas. La EAE es una empresa del Grupo Planeta que presta formación universitaria en instalaciones propias desde 2015 bajo el manto de la Universidad Rey Juan Carlos: era un centro adscrito, lo que significa que carece de licencia para funcionar como universidad independiente, por lo que no puede emitir títulos con su nombre y debe ceder un porcentaje de sus matrículas a la universidad que la cobija. 

Las escuchas del ‘caso Lezo’ confirman que los escándalos de la URJC y la caída de Cifuentes coincidieron con los intentos de Planeta por tener un centro universitario independiente

En octubre de 2020, Ayuso ha aprobado su primera ley, la ley del suelo, reedición a pequeña escala de la que Aznar lanzó en 2000 para iniciar el milagro económico de Rodrigo Rato. La oposición recurre el acto ante el Tribunal Constitucional porque la Mesa de la Asamblea de Madrid, presidida por el diputado de Ciudadanos Juan Trinidad, exempleado de OHL y Villar Mir, ha encerrado a los parlamentarios en el Hemiciclo para garantizar el quórum. “Todavía no entendemos la prisa que tenían. Podían haber esperado dos semanas y hubiera habido quórum sin problema; pero es que no tenían prisa, tenían urgencia”, recuerda el diputado autonómico de Unidas Podemos Jacinto Morano.

La segunda y última ley de la legislatura de Ayuso es la que concede al Grupo Planeta una licencia de universidad privada: se vota por el procedimiento de urgencia el 12 de noviembre de 2020. “El método se llama lectura única”, explica Clara Ramas, exdiputada de la Asamblea por Más Madrid. “Consiste en debatir en el pleno y a toda pastilla un informe de mil páginas –el expediente presentado por EAE demostrando la supuesta excelencia de su proyecto– sin pasar por comisiones ni aceptar enmiendas o ponencias”. 

La concesión exprés de la universidad privada a EAE, la enseña de formación universitaria del Grupo Planeta, se consuma con los votos a favor de PP, Cs y Vox. 

14,5 millones a dedo y presiones de Marhuenda 

Las relaciones del Grupo Planeta con la Comunidad de Madrid eran en ese momento las mejores en mucho tiempo. En octubre de 2020, Ayuso ha concedido a dedo un contrato de emergencia de 14,5 millones de euros al holding educativo de Planeta y a Informática El Corte Inglés para dotar de materiales digitales a las clases desde 5º Primaria a segundo de Bachillerato a través de Educamadrid, la plataforma de servicios educativos de la comunidad madrileña. 

La patronal del sector, Anele, denunció ante los tribunales y los organismos de control económico y presupuestario la declaración de emergencia del contrato. “Es un despropósito”, dijo en El País el presidente de Anele, José Moyano, que se sumaba así a las quejas y a las críticas de los directores de instituto, sindicatos y oposición, que ya tildaron el contrato de “escandaloso”.

Desde Más Madrid recuerdan bien aquellos días. “Dos semanas antes de que se votara la ley de la universidad privada en la Asamblea, Francisco Marhuenda me llamó y estuvo un buen rato contándome las bondades de EAE”, cuenta el diputado Eduardo Rubiño. “No es infrecuente que cuando una ley se acerca a la Asamblea las empresas interesadas hagan lobby. Pero Marhuenda insistió más de lo habitual en que aquello era una maravilla que no podíamos dejar de apoyar”. 

La presión de Marhuenda, que compagina su tarea de tertuliano 24/7 con su cargo de profesor titular en la URJC y la dirección de La Razón, no hizo mella en la oposición. “El proyecto nos pareció inconsistente, un chiringuito diseñado para cobrar dinerales por grados y másteres que solo beneficia a empresas privadas y a fondos buitre”, cuenta Rubiño, “y que además no cumplía ninguno de los requisitos exigidos a las universidades privadas”. 

“A nosotros no nos llamó Marhuenda”, recuerda por su parte Jacinto Morano, de UP, “seguramente porque sabía que en esa piscina no había agua”. 

Morano hizo una rotunda intervención ante el pleno: 

“Ha dicho el señor Sicilia [Eduardo Sicilia, consejero de Universidades, cuota Ciudadanos] que este proyecto de ley que estamos hoy votando va a ayudar al progreso social y educativo de la Comunidad de Madrid. Recuerdo un dicho latino: Cui prodest?, ¿esto a quién beneficia? El progreso social y educativo, ¿para quién? Vamos a ver lo que estamos hoy votando. Estamos votando una cierta manera de privatización de una institución universitaria, porque pasamos de un centro adscrito, el EAE, a un centro absolutamente privado”.

Y proseguía: “Esta universidad tiene planteados planes de grado con un coste de 8.000 euros por alumno, y posgrados, algunos habilitantes, por un precio de 13.500 euros. Por cierto, cuando eran centros adscritos, los precios en esta entidad, el EAE, de la que va a ser sucesora la Universidad Internacional de la Empresa, eran más bajos. Se ha aprovechado esta conversión de la naturaleza jurídica de la institución para subir 300 euros los costes de los posgrados. Y oferta un posgrado de Alta Dirección de 26.700 euros de coste. El coste de este posgrado es mayor que la renta per cápita de Madrid. Entonces, ¿a quién está beneficiando este proyecto de ley que estamos planteando? ¿Cuántos madrileños, en la situación social y económica en la que estamos, van a poder acceder a estos programas?”.

Tras el apresurado intercambio de opiniones, votan en contra PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos. Pero la universidad privada de Planeta en Madrid es oficial gracias al trifachito. Ayuso necesita los votos de Vox, y los obtiene. 

En plena pandemia, con la mitad de los diputados en sus casas, y sin un debate digno de ese nombre, el soñado negocio universitario de Planeta, por el que sus directivos llevan trabajando y presionando desde 2015 en los más altos despachos de la Comunidad, se hace por fin realidad. 

La concesión genera una pequeña controversia, que se entierra enseguida. Los organismos consultivos que debían pronunciarse sobre la idoneidad del nuevo centro eran contrarios a conceder la licencia a Planeta. Según Público, el Consejo Universitario de la Comunidad de Madrid, la Fundación para el Conocimiento Madridmasd y los sindicatos habían detectado deficiencias en las instalaciones (algunas de ellas alquiladas y con contratos cercanos a expirar), en la ratio profesores-alumnos y en el nivel de investigación que planteaba EAE. El acta de la reunión del Consejo certifica 9 votos en contra del proyecto, ninguno a favor y siete abstenciones. 

 

“La propia memoria de impacto normativo reconocía que el proyecto no cumplía los requisitos académicos, docentes ni de infraestructuras”, recuerda la exdiputada Clara Ramas; “pero los promotores afirmaban que ya los cumplirían cuando se les diera la licencia. Fue una claudicación en toda regla a los intereses corporativos de Planeta”.

Curas y bancos

Comisiones Obreras denunció por su parte que se trataba de la cuarta universidad privada que autorizaba la Comunidad de Madrid en solo quince meses. El 7 marzo de 2019, la Asamblea aprobó convertir en universidades privadas a la Escuela Superior de Gestión Comercial y Marketing (ESIC), el Colegio Universitario de Estudios Financieros (CUNEF) y la Universidad Internacional Villanueva. 

“Aquel dislate se aprobó en el último pleno de la anterior legislatura, y por supuesto el entonces presidente en funciones, Ángel Garrido, también recurrió al método de la lectura única, hurtando el debate parlamentario”, recuerda Morano.

Las tres agraciadas tenían padrinos tan poderosos o más que la del Grupo Planeta. ESIC (Congregación de Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús) y Villanueva (Opus Dei) están vinculadas a organizaciones religiosas, y CUNEF se gestiona desde la Fundación de la Asociación Española de Banca –AEB–. Villanueva y CUNEF rompieron lazos como centros adscritos de la Complutense, y ESIC se desligó de la Rey Juan Carlos, como haría EAE 15 meses después.

La decisión de Garrido fue un golpe duro para Planeta. En noviembre de 2018, la prensa había contado que se había desbloqueado el asunto de la EAE y que la concesión de la universidad privada estaría lista en 2019. Pero la vía libre quedó pospuesta ante el empuje, la experiencia y los contactos de la Iglesia y la banca: desde el ‘Tamayazo’, las concesiones de licencias de universidad privada en Madrid habían ido favoreciendo de forma mayoritaria a organizaciones religiosas y fondos buitre. Los jesuitas (Comillas), los Legionarios de Cristo del pederasta Marcial Maciel (Francisco de Vitoria) y la Asociación Católica de Propagandistas (CEU) ya tenían la suya. 

En aquel momento, la Comunidad de Madrid sumaba ya once universidades privadas, además de 38 centros privados de estudios superiores, mientras el número de universidades públicas se había mantenido en seis desde que se fundó la Rey Juan Carlos 25 años atrás. Por fin, en noviembre de 2020, Díaz Ayuso cumplió el deseo de Planeta y logró la hazaña de convertir a Madrid en la región con más universidades privadas del país: 12, frente a seis públicas. 

Unos meses después de la concesión de la licencia a EAE, hace un par de semanas, Ayuso impuso a Cristina Cifuentes la medalla de oro de la Comunidad. Era el símbolo de que un círculo se había cerrado. Ayuso rehabilitaba a la expresidenta de la Comunidad de Madrid, la principal perjudicada del Caso Máster, que, como veremos enseguida, venía sufriendo feroces ataques y presiones de los directivos y medios del Grupo Planeta y de otros afines a este al menos desde 2016.

Ayuso y Cifuentes, en una imagen subida al Instagram de la presidenta madrileña. 

La triste historia de la URJC

2018 fue el año que dañó para una larga temporada el prestigio de la Universidad Rey Juan Carlos, fundada en 1996, cuando era presidente de la Comunidad de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón. Con el tiempo, la URJC se convirtió en la gran universidad pública del PP (sector María Dolores de Cospedal) y, en menor medida, también de la vieja Izquierda Unida. Los dos partidos, que compartían consejo y tarjetas black en Caja Madrid con los socialistas, se repartían por cuotas en la URJC profesores, departamentos, cátedras patrocinadas y honoris causa, haciendo crecer así sus escuderías académicas y sus negocios educativos: la idea era que la Rey Juan Carlos compitiera en volumen de estudiantes, rentabilidad y presencia, ya que nunca lo consiguió en prestigio, con la gran universidad ‘socialista’ de la región, la Carlos III. 

Pero de repente algo se torció en ese pujante camino neoliberal de la URJC. En la primavera de 2016, Cuartopoder publicó que el rector de la institución, el catedrático de Historia Fernando Suárez Bilbao, había cometido múltiples plagios en distintas obras. Poco después, Suárez dimitía; dos años más tarde, sería procesado en relación a las convalidaciones irregulares de diversas asignaturas del máster en Derecho Autonómico que dirigía el catedrático Enrique Álvarez, el mismo que cursaron, al menos en teoría y en etapas distintas, Pablo Casado y Cifuentes

Esas corruptelas tenían un mismo lugar de origen: el Instituto de Derecho Público (IDP) de la URJC, de alto interés económico para su núcleo duro, muy vinculado a Cospedal. En plena guerra interna del PP tras la disputada sucesión de Mariano Rajoy, El País reveló en agosto de 2018 que el flamante líder popular, Pablo Casado, había aprobado diez años antes un sospechoso máster exprés de Derecho Autonómico en el IDP. Fuego amigo a discreción. 

La Fiscalía del Supremo decidió no procesar a Casado, aun reconociendo que había indicios de trato de favor, porque el asunto estaba prescrito. Luego, gracias a los votos del PSOE, el nuevo presidente del PP fue eximido de comparecer ante la comisión parlamentaria, como Cifuentes, aunque esta sí sería procesada. 

En aquellos días de 2018 también se supo que la URJC expedía títulos de posgrado a licenciados en Derecho de universidades italianas con un imaginativo paquete a la carta organizado por agentes de viajes desde Madrid. El cursillo daba acceso a la colegiación española, lo que permitía a los alumnos italianos ejercer en la UE ahorrándose 18.000 euros de un máster obligatorio en su país. Para amenizar la estancia, el pack ofrecía incluso la asistencia a partidos en el Bernabéu, un imbatible todo incluido. 

Cifuentes y Montón

Desde que se conoció el plagio del rector hasta finales de 2018, el huracán de la URJC dejó un largo rosario de titulares escandalosos. Quizá el único positivo, sobre todo para su protagonista, fue que Francisco Marhuenda, director de La Razón, el medio escrito del Grupo Planeta, pasó de ser profesor interino a titular el 12 de octubre de aquel año.

Por lo demás, el aluvión se llevó por delante las carreras de una presidenta de la Comunidad de Madrid (Cristina Cifuentes, PP) y de una ministra del primer Gobierno de Pedro Sánchez (Carmen Montón, PSOE, artífice de la desprivatización de la sanidad valenciana mientras fue consejera de Sanidad de la Generalitat y declarada enemiga de Farmaindustria). 

Cifuentes se vio obligada a dimitir en abril de 2018 tras la difusión de un vídeo en el que se adivinaba que había intentado llevarse de un supermercado unas cremas sin pagar. La presidenta se había mantenido en el cargo contra viento y marea después de que se publicara que le habían aprobado el máster del IDP manipulando notas y documentos públicos sin que la lideresa hubiera tenido que ir a clase ni presentarse a defender el Trabajo Final de Máster (TFM). 

Por su parte, la ministra socialista de Sanidad, Carmen Montón, fue acusada de beneficiarse de un trato de favor durante su curso de posgrado y, además, de haber plagiado o recogido textos sin citar en 19 páginas de las 52 que ocupaba su TFM. Montón dimitió el 11 de septiembre de 2018. La médica valenciana, que solo fue ministra durante cuatro meses, es hoy embajadora permanente de España ante la Organización de Estados Americanos (OEA). 

Cifuentes fue juzgada y absuelta (aunque el juicio deberá repetirse) y en los últimos tiempos se ha dedicado a participar en tertulias televisivas de Mediaset. Montón fue investigada, pero la jueza archivó la causa. 

Las primeras informaciones sobre las exalumnas de la URJC se publicaron en eldiario.es, el digital que dirige Ignacio Escolar. Sin embargo, las filtraciones no consiguieron desalojar de sus cargos a las dirigentes del PP y del PSOE. El último empujón a Montón se lo dio La Sexta, que se hizo cargo de la demostración del plagio. Y de la puntilla a Cifuentes se encargó el tabloide de Eduardo Inda, que publicó aquel vídeo borroso y antiguo de Cifuentes, con inequívoco hedor a los pendrives de Villarejo. 

Puertas giratorias policiales

En este punto es preciso recordar que el jefe de Seguridad de Planeta, Antonio López López, recientemente llamado por la Audiencia Nacional en calidad de investigado por la pieza nº 12 de la macrocausa Tándem o caso Villarejo, colaboró en las maniobras del Ministerio del Interior contra diversos políticos catalanes, según le aseguró el exministro Jorge Fernández Díaz al ex director de la Oficina Antifraude, Daniel de Alfonso, en el audio de cinco horas que se grabó subrepticiamente y se envió a Público de forma anónima. 

Estamos ante una de las grandes especialidades de las Cloacas S.A.: las puertas giratorias policiales. Un buen número de altos mandos, procedentes de las órbitas de Agustín Linares, Pepe Villarejo y Eugenio Pino, dieron un lucrativo salto al sector privado al colocarse como jefes de seguridad de grandes empresas, muchas de ellas del IBEX, tras haber ocupado puestos públicos de relieve, incluyendo a los jefes superiores de Madrid o Barcelona. Aquella investigación de Público ha tomado nuevo vuelo esta semana con la imputación de dos altos directivos de La Caixa por haber contratado, supuestamente, a Villarejo y sus muchachos para espiar al expresidente de Sacyr, Luis del Rivero. 

Bankia, Telefónica, El Corte Inglés, La Caixa, Iberdrola, Prosegur, Santander y Planeta son algunas de las empresas que contaban o cuentan con policías leales a Villarejo en sus departamentos de seguridad, con acceso a datos e información de toda índole. 

Jacinto Morano, diputado de Unidas Podemos en la Asamblea de Madrid, recuerda que oyó hablar del vídeo de las cremas de Cifuentes “bastante antes” de que Inda lo publicara. “En la Asamblea se decía desde el principio de aquella legislatura que el dueño de otro digital de ultraderecha se lo había enseñado a Cifuentes en un intento de obtener más publicidad institucional. Pero todo el mundo pareció olvidarse de aquello cuando fue Inda el que publicó el vídeo”. 

La Sexta y sus medios amigos

Cruzando los hechos sucedidos en aquellos meses con las agendas de los protagonistas visibles e invisibles, parece obvio que la banda de Villarejo jugó su papel en aquellas sonadas decapitaciones políticas y en el golpe a la reputación de la URJC. Pero antes de zambullirnos en lo oculto, veamos lo tangible.

Las noticias que acabaron con las carreras de Cifuentes y Montón se publicaron, coincidiendo en el marco temporal y con enorme repercusión en redes sociales, en un digital progresista (eldiario.es); en el tabloide de extrema derecha de Inda, y en la cadena dirigida por Antonio García Ferreras, La Sexta, propiedad de AtresMedia (Planeta).

Mano derecha de Florentino Pérez y buen amigo de José Luis Rodríguez Zapatero, Ferreras cobija bajo el mantra “más periodismo” una pasión a prueba de bombas por el Real Madrid y por el bipartidismo borbónico del 78. Alrededor de su mesa se sientan de manera habitual Inda, Escolar, Jesús Maraña (Infolibre) y Angélica Rubio (El Plural) –digital que, por cierto, comparte accionista de referencia con OkDiario, ElDorado Media Holding SL, cuyos últimos socios se parapetan tras un bufete de abogados de Barcelona–.

Escolar e Inda son habituales desde hace años en Al Rojo Vivo, lo cual no implica que Planeta tenga algún tipo de participación empresarial en esos medios: en las fuentes mercantiles oficiales no consta que Planeta o sus directivos participen con su razón social y/o su nombre en dichos accionariados, tampoco bajo la moderna modalidad mercantil del ‘media for equity’ (exposición mediática a cambio de acciones o participación en beneficios).

En el caso del imputado Inda, Ferreras fue el trampolín que convirtió a su tabloide en uno de los digitales que más aparece en las tertulias de radio y televisión, multiplicando hasta el infinito el don de la ubicuidad del exdirector de Marca y de Villarejo. Escolar, por su parte, se prodiga mucho menos en otros platós. Según ha contado él mismo a distintos colegas, su contrato exclusivo con La Sexta le impide acudir a la competencia. 

EAE, centro adscrito y ‘Púnica’

Volvamos a la universidad privada. Además de su oligopolio editorial y mediático, el grupo Planeta da cada vez más importancia a su división de Educación, que está considerada como estratégica por el holding fundado por el editor José Manuel Lara Hernández en 1949 y convertido en el primer grupo de comunicación español por su hijo, José Manuel Lara Bosch.*

Desde que la crisis de 2008 precipitó la caída del negocio del libro en su modalidad de ediciones generales, Planeta intenta compensar su cuenta de resultados con los libros de texto físicos o digitales y su departamento educativo. En 2019, el grupo anunció el cierre de Círculo de Lectores, tras registrar unas pérdidas de 12,1 millones. A día de hoy, el principal sostén del conglomerado es Planeta de Agostini, la joint venture participada al 50% con la italiana De Agostini, que en 2019 prácticamente duplicó sus ganancias desde los 26 millones hasta los 51,1 millones de euros. 

El buque insignia es EAE, una escuela de negocios fundada en los años cincuenta que Planeta adquirió en 2006. Desde hace una década funciona como centro adscrito de la Universidad Politécnica de Barcelona, y en 2015 se convirtió en centro adscrito a la Rey Juan Carlos de Madrid. Fue reconocida como apta para dicha condición por el Gobierno del antecesor de Cifuentes, Ignacio González, y obtuvo el visto bueno final para el inicio de operaciones el 5 de octubre de 2016, siendo ya presidenta Cifuentes.

La orden que otorgó a EAE la condición de “apto” para ser uno de los siete centros adscritos de la URJC, facultándole para impartir (y cobrar en función de ello) formación universitaria oficial, la había firmado la consejera de Educación Lucía Figar, que se vio obligada a dimitir en junio de 2015, al ser imputada en el Caso Púnica por sus relaciones con Francisco Granados y, sobre todo, con Alejandro de Pedro, un conseguidor cuyo negocio principal era cuidar de la reputación digital de políticos como Esperanza Aguirre, y de clubes como el Real Madrid, manipulando información por varias vías (diarios zombies, bots, redes sociales, posicionamiento en Google, páginas de Wikipedia…).

Así llegamos a 2016. La armada mediática de Planeta ataca duramente a Cifuentes. Según publican distintos medios, Planeta intenta que la presidenta no colabore con la Justicia en el caso del desfalco del Canal de Isabel II, porque la Fiscalía estaba investigando en el llamado Caso Lezo al socio y consejero de La Razón Edmundo Rodríguez Sobrino, que a la sazón era presidente de Inassa, la filial del Canal en Latinoamérica. Pero, al mismo tiempo, como veremos enseguida, las escuchas de Lezo muestran que los directivos de Planeta perseguían otro objetivo: obtener una universidad privada. 

El meollo de la cuestión es que, en aquellos tiempos, no era fácil obtener esas licencias. Desde que llegó al poder de la Comunidad de Madrid en 1996, el PP ‘sólo’ había autorizado ocho nuevas universidades privadas, y la última databa de 2011. Ni Ignacio González ni Cifuentes concedieron ninguna. Pero, a partir de ahí, la veda se abrió. Como vimos antes, el sucesor de Cifuentes, Ángel Garrido, que acabó en Ciudadanos y hoy está recién retirado de la vida política, aprobó tres licencias de golpe en el último pleno de la legislatura, el 7 de marzo de 2019. Planeta llevaba dos años esperando, pues presentó la solicitud en 2017. Pero su expediente era un rosario de chapuzas e incumplimientos, y solo logró su objetivo en noviembre de 2020.

Expediente del proyecto de Universidad Privada de Planeta. / Fuente: Enrique García @FiQuiPedia

La sombra de Villarejo

Cruzando las escuchas de Lezo con las anotaciones manuscritas de Villarejo, se observa que el comisario estuvo muy cerca de los dirigentes de Planeta durante los meses en que estos realizaron aquella delicada “gestión de crisis” contra Cifuentes. El policía y empresario apunta en su agenda el 17 de mayo de 2016 que ha almorzado con su admirado Adrián de la Joya y con varios directivos de Planeta. Por orden de jerarquía: José Creuheras, el presidente del holding; Mauricio Casals, presidente de La Razón y asesor del Grupo Planeta, y el ya citado Antonio García Ferreras. La comida se repite un mes después, el 14 de junio, esta vez sin el máximo directivo de Planeta, según anota el amanuense Villarejo. 

Fuente: apuntes de la agenda de Villarejo. Elaboración propia.

La importancia que Planeta otorgaba a la obtención de una universidad privada en Madrid queda probada en las escuchas del sumario de Lezo. Un informe de la Unidad Central Operativa de la Policía Judicial de la Guardia Civil (UCO), que había pinchado los teléfonos de la cúpula de Planeta por el caso del Canal de Isabel II registró en aquellos meses que varios directivos del grupo editorial mantuvieron al menos tres reuniones (entre agosto y noviembre) con Cifuentes. Al menos a una de ellas asistió también el entonces número dos de esta, Ángel Garrido. 

A pesar de que Rodríguez Sobrino pedía a sus jefes que presionaran a Cifuentes por su asunto personal, la temática de la primera reunión (celebrada el 10 de agosto de 2016 entre Marhuenda y la presidenta que presumía de no veranear) trató sobre la formación universitaria y la URJC, según declaró la propia Cifuentes a la Comisión Judicial el 19 de abril de 2017: “Mantuve una reunión con el señor Marhuenda el 10 de agosto de 2016, sobre distintas cuestiones relacionadas con la universidad Rey Juan Carlos, donde es profesor el señor Marhuenda”. 

Transcripción del Sumario Lezo.

En efecto, Marhuenda era en aquel momento, además de director de La Razón a distancia y tertuliano, profesor interino de Historia del Derecho y de las Instituciones en la URJC, y responsable de la cátedra patrocinada Historia de las Instituciones. Antes de la segunda reunión, Rodríguez Sobrino llama a Mauricio Casals para contarle que Marhuenda se va reunir de nuevo con Cifuentes y Garrido a partir del 20 de agosto, y Casals le comunica que él también asistirá y que tiene interés en que Cifuentes (a la que en otros fragmentos se refieren como “la puta esa”) sepa que el tema que van a tratar “no solo afecta a La Razón, sino también a Onda Cero y a La Sexta”. 

 

 

Transcripción del Sumario Lezo.

Las privadas, “un negocio de puta pena”

Otras conversaciones pinchadas durante aquellos meses de 2016 a Rodríguez Sobrino confirman que el gran objetivo de las reuniones de los dirigentes de Planeta con Cifuentes era lograr la licencia de universidad que colocara a EAE más allá de la condición subalterna de centro adscrito. El 26 de octubre de 2016, Rodríguez Sobrino comenta con un amigo, Carlos A., las gestiones emprendidas por el grupo para lograr una licencia. Según había anunciado Creuheras en un reciente consejo de administración, dice Sobrino, “había que tratar bien a la señora porque van a dar dos universidades” (…), “y ellos quieren aspirar a una y para ellos es muy importante la operación”. 

 

Transcripción del Sumario Lezo.

En el siguiente fragmento, Sobrino comenta que “no estaría de más que se sepa por ahí que Planeta puede verse favorecida con una universidad privada”, aunque añade: “Macho, ya les han dado bastantes cosas”. Su interlocutor comenta de paso que “el sándwich al PSOE con La Sexta funciona de cine”, y remata: “Queda como independiente eldiario.es, que ese es incontrolable porque es el órgano…”. 

--Universidad quieren, la Iglesia querrá una, dice Sobrino. 

--Sí, replica Carlos A.

--Y se la van a dar, porque hay dos...

 

A continuación, Rodríguez Sobrino recibe una llamada de Joaquín P., y le confirma que la prioridad de Planeta es el tema universitario, aunque él piensa que las privadas son “un negocio de puta pena”. 

Transcripción del Sumario Lezo.

Luego, Sobrino comenta que sus jefes le “están tocando las pelotas a la señora” (Cifuentes), se refiere a “dos peticiones” que le habrían hecho “Mauricio” (Casals) y “Paco” (Marhuenda), habla del odio que la gente de Planeta tiene a Ignacio González (“IG”), y concluye que “ella (Cifuentes) puede estar más alejada de las posibilidades de la ira” (de los medios de Planeta, se infiere), pero que al consejero (de Educación) “se le puede dar hasta en el carnet de identidad”. 

Transcripción del Sumario Lezo.

Aquellas conversaciones poco edificantes dieron lugar a una apertura de diligencias a Marhuenda y Casals por coacciones contra Cifuentes. El juez les imputó a los dos. Luego las archivó al declarar Cifuentes que nunca se había sentido presionada, por lo que no podía haber coacción. 

Mauricio Casals, presidente de La Razón. 

Un año después, en el otoño de 2017, con la tensión disparada en Cataluña, Planeta decidió trasladar su sede social desde la Avenida Diagonal de Barcelona a Madrid. Ese mismo año, en julio, ha solicitado la licencia de Universidad Privada a la Comunidad de Madrid. En 2018, el grupo y sus medios afines redoblan sus ataques contra Cifuentes, hasta que consiguen que dimita. El expediente EAE transita por los dos años de gobierno en funciones de Garrido pero no cuaja. En 2019 gana las elecciones Ayuso. A principios de 2020, fuentes de Planeta aseguran que los esfuerzos del grupo se concentran en la división de educación. El negocio de la EAE Business School –unido al colegio de dirección en turismo Ostelea– reportó 3,6 millones de beneficios en 2019, cuando todavía era centro adscrito a la Rey Juan Carlos. A finales de 2020, Ayuso concede la categoría de universidad privada a EAE; y un mes antes regala al grupo el polémico contrato millonario de 14,5 millones de euros. Tarea terminada. 

El diputado de Podemos Jacinto Morano ríe al otro lado del teléfono: “¿Que si tengo confirmado que La Sexta distribuyó entre periodistas amigos lo del máster y las cremas de Cifuentes? No, no lo tengo confirmado. ¿Me sorprendería que lo hubiera hecho? No, no me sorprendería en absoluto”. 

Dobletes y tripletes

Los autores de este reportaje han intentado contactar, sin éxito, con Cristina Cifuentes para aclarar algunos puntos grises de la historia. Una ex colaboradora suya, que exige el anonimato, se limita a comentar que la expresidenta salió “muy dolida” de aquel proceso y confirma que, en efecto, las reuniones de aquellos meses de 2016 con los directivos de Planeta “iban en dos direcciones, por un lado la universidad privada y por otro lo relativo al Canal de Isabel II”. 

El análisis de lo sucedido durante los últimos cinco años en Madrid no puede obviar que Cifuentes se ganó múltiples enemigos, no solo dentro del PP sino también fuera. Es un hecho, además, que al descontrol de la URJC y a su salida forzada le siguieron la concesión por la vía de urgencia de cuatro nuevas licencias privadas de universidad en solo 15 meses, lo que generó beneficios a distintas personas y organismos, seguramente igual de rentables que los que obtuvo Planeta. Y es un hecho también que las dos únicas leyes que ha aprobado Ayuso durante su año y medio de mandato son la ley del suelo y la de la universidad privada de Planeta. 

Ninguna motivación de las cloacas y sus múltiples meandros suele tener que ver con nada personal. Simplemente, la caída de Cifuentes se hizo necesaria para que un grupo de amigos poderosos y con intereses diversos, actuando de forma coordinada, aumentaran su influencia y mejoraran su reputación y sus negocios. ¿Fueron los mismos que ayudaron a falsear el máster de Cifuentes quienes luego la forzaron a dimitir? Esta pieza de Público sugiere que es posible que así fuera. ¿Son los oligopolios mediáticos y empresariales, y las cloacas adyacentes, organismos capaces de quitar y poner presidentes? Tristemente, se diría que es así. 

Así es, en todo caso, como suelen actuar Villarejo y sus clientes y jefes: en la operación en la que no hacen doblete, hacen triplete. Su especialidad es hacer amigos con los enemigos de otros, y luego facturar a unos y a otros, bien en metálico o como favores futuros. 

Florentino Pérez, presidente de ACS, Isabel Díaz Ayuso, candidata del PP a la Comunidad de Madrid, y Nicolás Martín-Sanz, directivo del Real Madrid. | El Español

La historia completa de las Cloacas S.A. y de los 25 años de obsesión privatizadora del PP madrileño, un partido capaz de contabilizar en B hasta las muertes de ancianos y de traficar con el futuro de los alumnos y la reputación de una universidad pública, está todavía por escribir. Aunque algunos periodistas, sobre todo Javier Ayuso y Patricia López, han contado buena parte de lo que ocurrió, las ramificaciones son infinitas, y los beneficiados (y perjudicados) se cuentan por centenares en todos los sectores, incluidos por supuesto los medios de comunicación. 

En este caso concreto, las acusaciones periodísticas contra notorios personajes de la política madrileña y nacional y contra la propia URJC funcionaron en un doble o triple sentido: como exigencia de honestidad y rendición de cuentas a dos líderes políticos, como muestra del poder del llamado Cuarto Poder, y como espita para el desprestigio y posterior desguace y privatización a trozos de la universidad pública. Al fin y al cabo, siempre que las empresas quieren hacerse con un servicio público, lo primero que hacen es presionar a los políticos al mando para que deterioren o descapitalicen ese servicio. Es un modus operandi inventado hace décadas por el capitalismo depredador. 

Con el escándalo de la URJC, muchos títulos universitarios públicos pasaron a ser expedidos y cobrados por instituciones privadas, con un trasvase automático de dinero público a manos particulares. Y muchos profesores honrados y miles de alumnos sin acceso a tratos de favor quedaron expuestos a una mancha indeleble. Lo dramático es que la exposición pública de aquellos atropellos, esas presiones, esas corrupciones, no sirvió siquiera para que el PP de Madrid perdiera el Gobierno de la Comunidad madrileña. Tras dos años de gobierno en funciones, el partido presentó a una desconocida llamada Isabel Díaz Ayuso, y gracias a los votos de los “regeneradores” de Cs y de los neofranquistas de Vox, acabó siendo la séptima presidenta popular consecutiva de la Comunidad de Madrid. 

Otra posible enseñanza de esta historia poco ejemplar es que, si Ayuso sigue gobernando tras las próximas elecciones del 4 de mayo, los medios y la ciudadanía tendremos que estar muy atentos a los movimientos del PP madrileño y de sus medios y empresarios afines en la sanidad (pública y privada), las residencias (ídem), la universidad (ídem), la formación continua para magisterio y auxiliares sanitarios, la formación profesional dual, los permisos de residencia para estudiantes extranjeros, y por supuesto el fútbol y la construcción.

Bienvenidos, en fin, al Madrid de Florentino Pérez, Ayuso, Villarejo, Planeta y cía, ese lugar donde todo se decide en las bambalinas y donde nadie dice la verdad. En unas semanas, seis millones de madrileñas y madrileños tendrán que responder en las urnas a algunas disyuntivas: comunismo o libertad, socialismo o terrazas, Vox o Vallekas, privado o público, cloacas o periodismo ético. 

Y una duda final: ¿a quién apoyará AtresMedia en la batalla de Madrid? 

Coda: un máster para Vanesa Jiménez

Silvio Berlusconi solía decir, con su cinismo y su sentido del humor habitual, que él no tenía enemigos, que él solo tenía futuros socios. Planeta al parecer funciona igual, aunque por supuesto lo que van a leer aquí debajo puede responder a una casualidad del todo inocente.

Durante la elaboración de este reportaje, una directiva de marketing de EAE, que se identificó como Carlota sin dar el apellido, llamó a la redacción de CTXT preguntando por nuestra directora adjunta, Vanesa Jiménez. Le dijimos que nos diera su número de teléfono para pasárselo a Vanesa, o si no que le escribiera un mail. Carlota respondió que no nos daba su teléfono porque siempre estaba comunicando, y que los mails “los escriben desde otro departamento”. 

Un par de días después, una trabajadora de una consultoría educativa con sede en Barcelona escribió un email a Jiménez ofreciéndole participar en una selección de candidatos para cursar un MBA en “una de las mejores escuelas de negocios de España”, con “ayudas extraordinarias”. El precio de esos másteres de alta dirección puede alcanzar, ya saben, unos 26.700 euros. 

Tras una breve reunión de la dirección de CTXT, decidimos declinar el gentil ofrecimiento y publicar esta pieza, en la que llevábamos trabajando algún tiempo. Si les ha resultado útil o instructiva, les animamos a suscribirse a la Revista Contexto o a nuestro medio amigo, Público. Solo podremos seguir escribiendo informaciones como esta y haciendo másteres por cuenta propia si ustedes, queridas y queridos lectores, nos apoyan. 

 

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Derecho de Réplica

El señor Ignacio Escolar nos hace llegar las siguientes líneas de réplica: 

“Me hubiera gustado que se me hubiera contactado para recoger mi versión de los hechos antes de publicar este artículo, y no varias horas después. Es radicalmente falso que Villarejo, La Sexta o Planeta tuvieran la más mínima relación con la fuente que permitió la investigación del caso Máster por parte de elDiario.es, como se insinúa en varios párrafos. También es completamente falso que Atresmedia o Planeta tengan relación accionarial con elDiario.es. La investigación del caso Máster que realizó nuestra compañera Raquel Ejerique no fue una filtración interesada –como también se insinúa sin prueba alguna– sino un trabajo periodístico ejemplar que nada tuvo que ver con esa universidad de Grupo Planeta”.

Fes de errores:

En la primera versión de este artículo se decía que el fundador del grupo fue Lara Bosch, pero fue su padre, Lara Hernández.  

 

 

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Política Miguel Mora / Pilar L. González de Lara Sat, 17 Apr 2021 13:25:47 +0100 /es/20210401/Politica/35712/Ayuso-Grupo-Planeta-universidad-privada-Atresmedia-Jose-Creuheras-Mauricio-Casals.htm?tpl=87
La dictadura democrática de Florentino http://www.ctxt.es/es/20210401/Deportes/35692/florentino-perez-real-madrid-elecciones-requisitos.htm El 2 de julio de 2006 se ha convertido en una fecha a recordar en el Real Madrid. Fue el último día que hubo votaciones a la presidencia del club blanco. Desde entonces, y coincidiendo con la vuelta al club en 2009 de Florentino Pérez y las posteriores reformas de los estatutos que endurecían los requisitos para presentarse, ha habido cuatro procesos electorales en los que siempre se dio la misma circunstancia: no hubo otro candidato que él. De esa forma acaba de ser nuevamente reelegido por cuatro años más por lo que, como mínimo, hasta 2025 no habrá elecciones en el club blanco. Habrán pasado entonces 19 años sin que los socios hayan podido elegir en las urnas al máximo dirigente de la entidad, un derecho que solo ellos y los de Barcelona, Athletic y Osasuna, los únicos de la Liga Profesional que no son sociedades anónimas en España, pueden disfrutar y que el resto de aficiones mira con envidia. Es la dictadura democrática de Florentino.

En apenas 12 días, los que van desde el 2 de abril, en plena Semana Santa, cuando se anunció la convocatoria de elecciones, hasta el martes 13, cuando se hizo la proclamación oficial del nuevo mandato de Pérez, el Real Madrid ha completado un proceso exprés de elección de presidente. Ni siquiera se nombra ya una junta gestora, como pasaba antaño en estas situaciones, al ser eliminada también esa fórmula de los estatutos, por lo que el dirigente merengue no ha tenido que dejar su cargo en estas dos semanas. La única novedad en esta convocatoria respecto a las anteriores ha sido el adelanto sobre la fecha prevista, que era en junio, cuando cumplía el anterior mandato. En el club justifican la decisión por la celebración en ese mes de la Eurocopa y por la necesidad de tomar decisiones respecto a las obras del estadio y la planificación de la plantilla. Lo cierto es que el anuncio se realizó una semana después de que el empresario Enrique Riquelme comunicara su intención de presentarse este año a las elecciones. Un deseo abortado por ese anticipo en el calendario que Riquelme ha tachado de “inexplicable” e “injustificado”.

Y es que cualquier candidato habría tenido apenas seis días laborables para cumplir con los requisitos necesarios para formalizar su candidatura, que no son pocos ni fáciles de conseguir. De hecho, son más duros que los que exige la Ley del Deporte de 1990. Desde que una asamblea de socios en septiembre de 2012 aprobase los cambios en los estatutos, es necesario que la persona que desee ser presidente tenga nacionalidad española y sume 20 años como socio, que es el doble de lo que se pedía hasta ese momento, mientras que el vicepresidente debe acumular 15 y los directivos 10. Además, y aquí viene lo más importante, cualquier precandidato debe presentar un aval, que en esta ocasión alcanzaba casi los 124 millones, que corresponde al 15% del presupuesto del club.

Para optar a ser presidente del Real Madrid es obligatorio tener un patrimonio millonario que posibilite hacer frente al aval, ser socio del club y tener 20 años de antigüedad

Es cierto que la Ley del Deporte de 1990 incluye esa exigencia pero la asamblea madridista (compuesta por socios compromisarios afines a la directiva) permitió que Florentino la endureciera con varios requisitos añadidos: el primero es que la ley solo reclama el aval al candidato que haya ganado las elecciones, mientras que en el club blanco lo hacen extensible a todos los precandidatos; el segundo es que la ley permite que haya una tercera persona que avale al candidato, mientras que los estatutos merengues exigen que se avale con patrimonio personal; y el tercero es que el aval tenga que ser concedido por una entidad registrada en el Banco de España, algo que tampoco pide la normativa estatal. De esta manera nos encontramos con que para optar a ser presidente del Real Madrid es obligatorio tener un patrimonio millonario que posibilite hacer frente al aval, ser socio del club y tener 20 años de antigüedad. ¿Cuántas personas hay en España que reúnan esas condiciones? Muy pocas. Ese es el motivo de que no haya habido más que un candidato a la presidencia blanca en los cuatro últimos procesos.

Por si esto fuera poco, la actual junta directiva cuenta con la ventaja de no tener que presentar un nuevo aval cada vez que se presenta a unas elecciones, ya que la ley le posibilita no hacerlo siempre y cuando el beneficio de las temporadas de su mandato sea al menos del mismo importe. Florentino presentó ese aval en 2009 (que entonces era de 75 millones), cuando comenzó su segunda etapa en el club, y desde que las cuentas le permitieron retirarlo cuatro años después, nunca más ha tenido que formalizarlo. Hay quien entiende que el espíritu de la ley concede esa prerrogativa a las directivas, pero no a los candidatos. Y que Florentino debería cumplir con ese requisito cada vez que se vuelva a presentar, pero lo cierto es que la Liga de Fútbol Profesional ha certificado que no está obligado a ello. De la misma manera, los cambios en los estatutos fueron llevados en su día ante la justicia por un grupo de socios y fueron avalados por una sentencia del juzgado de primera instancia en 2016, y ratificados por la Audiencia Provincial y el Tribunal Supremo en 2018. Todos los fallos se justificaron por la prevalencia del derecho de autoorganización de una entidad privada.

Sí se aprecian diferencias sustanciales entre los requisitos que exige el Real Madrid en este asunto y los que incluyen en sus estatutos los otros tres equipos que comparten el hecho de ser clubes deportivos. Por ejemplo, el club blanco es el único que obliga a preavalar a los candidatos y que además lo hagan con su patrimonio personal. De hecho, Laporta recurrió hace unas semanas a varios avalistas para poder completar la cantidad que se le requería para ser proclamado presidente del Barcelona. Es decir, que el resto se ciñe a lo que pide la Ley del Deporte (aval a la junta que sale ganadora de las elecciones y posibilidad de que avalen terceras personas) sin añadir otras exigencias. Athletic, Osasuna y la propia entidad blaugrana tampoco obligan a que los candidatos tengan que tener cumplidos 20 años como socio para presentarse. Vascos y navarros tan sólo piden uno.

Hay quien piensa que Florentino no necesitaba tomar estas medidas para dificultar el camino a sus hipotéticos contrincantes porque, aun en el caso de haberse celebrado elecciones, pocos dudan de que el actual mandatario madridista habría sido la opción ganadora. Pero eso no quita para que haya socios merengues que lamentan las trabas puestas desde el club, que están favoreciendo una situación inusual, la de que no haya elecciones durante más de tres lustros, perdiendo así la principal cualidad que les diferencia de las sociedades anónimas deportivas, donde sus abonados no tienen capacidad para elegir a los responsables de la entidad.

¿Qué hará Florentino dentro de cuatro años? En 2025 habrá visto cumplido su gran sueño, la remodelación del Santiago Bernabéu, una faraónica obra que, si se cumplen las previsiones, estará terminada en 2022 y en la cual se van a invertir, incluyendo los intereses, 796,5 millones de euros, conseguidos a través de un crédito que hipotecará al club desde 2023 durante 26 años a razón de 29,5 millones anuales. Se supone que habrá remodelado la plantilla con nuevas estrellas, e incluso es posible que ya esté en marcha la Superliga, el proyecto que él mismo abandera para multiplicar los ingresos económicos. Para entonces habrá cumplido los 78 años. A lo mejor le motiva seguir un nuevo mandato si aún no ha logrado superar los títulos de Santiago Bernabéu, del que está a cinco ahora mismo en la sección de fútbol. O quizá piense que es el momento de dar un paso al lado y dejar que otros puedan ocupar su puesto. Entonces es posible que los socios puedan volver a confrontar programas, escuchar propuestas y hacer uso del derecho que llevan tanto tiempo sin utilizar: votar al candidato que mejor les parezca. Siempre que haya al menos dos que cumplan los requisitos, claro.

 

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Deportes Ricardo Uribarri Sat, 17 Apr 2021 13:18:30 +0100 /es/20210401/Deportes/35692/florentino-perez-real-madrid-elecciones-requisitos.htm?tpl=87
La galaxia educativa de Planeta http://www.ctxt.es/es/20210401/Politica/35713/negocio-educacion-grupo-Planeta-EAE-business-school-URJC.htm La rama Planeta Formación supone más del 5% de la cifra total de ingresos del grupo (3.220 millones de facturación agregada en 2016) y es una de sus apuestas de crecimiento estratégico y con vocación internacional.

El universo del negocio educativo de Planeta está formado por escuelas de negocios (adscritas y no adscritas a universidades), escuelas especializadas, escuelas de idiomas, centros de formación profesional y “continua” y universidades privadas. Está comandado por un buque insignia, el Centro Superior de Estudios EAE (Escuela de Administración de Empresas) adquirido en 2006, que se ha ido completando con crecimiento orgánico (centros creados por Planeta) e inorgánico (centros adquiridos) en España y en el extranjero:

  • Escuelas de Negocios con la Universidad de Barcelona: Online Business School (OBS) en 2007 y UNIBA, online pero internacional en 2014.
  • Universidad privada: Universidad Internacional de Valencia (VIU), adquirida cuando se privatiza, en 2013.
  • Escuelas especializadas: 
    • Escuela de turismo Ostelea (¿fundada? en 2015 con la Universidad de Lleida). 
    • Escuela de diseño online ESdesign, creada en 2016.
    • Three Points The Digital Business School, sobre negocios digitales, fundada con Dídac y Simón Lee ¿cuándo?. Online con dos estancias presenciales en Barcelona.
    • Sports Management School especializada en deporte y fundada en 2010. 
  • Escuelas de idiomas Home English (adquirida en 2002) y English Today.
  • Cuatro escuelas asociadas a la URJC dedicadas a Certificados de Profesionalidad (que subvencionan las comunidades autónomas) y cursos meritables para oposiciones: 
    • CEAC (adquirida en 2002). 
    • Deusto Formación (con inicio en 2005). 
    • Deusto Salud (con inicio en 2009). IPF-Innovación en Formación Profesional (con inicio en 2015).

Extranjero: En Francia está con EDC Paris Business School y el grupo ESCLA desde 2016 (ESLSCA Business School, École de Guerre Économique, Institut Franco-Américain de Management, y dos escuelas en Marruecos abiertas en 2017 (una extensión de Ostelea y otra de la que tiene en Francia, Eslsca Business School París). 

El ritmo de crecimiento da fe de la importancia estratégica que la división de formación tiene para Planeta, dada la necesidad de compensar la caída de la facturación de los sellos de ediciones generales (libros). Los libros son sustituidos por temarios impresos o digitales para su comercialización a los alumnos matriculados.  

Escuela de Administración de Empresas EAE. 

La compañía de bandera, Escuela de Administración de Empresas (EAE), fue adquirida a Fundación EAE en 2006. Curiosamente el primer ejecutivo de esta fundación y también de EAE crea en 2014 CEDEU, que obtiene ese mismo año la condición de centro adscrito de la URJC y el permiso para iniciar operaciones. Es en CEDEU donde recala la ministra del PP Ana Mato tras ser cesada en noviembre de 2014.

Tras adquirirla con una facturación de 5 millones de euros, el crecimiento es meteórico y en 2016 ya alcanza una cifra de negocio de 53 millones de euros  bajo dos sociedades distintas: EAE Institución Superior de Formación Universitaria, S.L. y Ontreo Plus S.L.U. (que es la que promovió la universidad privada de Madrid), a lo que hay que añadir los 44 millones de euros facturados en la línea de temarios bajo EAE EDP Ediformacion S.L.

En su crecimiento tiene mucho que ver el mercado internacional de habla hispana. De los 40.000 alumnos anuales de EAE, el 45% viene de América Latina. A la captación de alumnos del otro lado del charco contribuye la condición de universitarios de los títulos, ya que en varios países latinoamericanos existen líneas de financiación pública para estudios si éstos cumplen determinados requisitos.

EAE venía funcionando como centro adscrito a dos universidades: la Universitat Politècnica de Catalunya desde el año académico 1998-1999 y la Universidad Rey Juan Carlos, desde 2016. La EAE tiene cinco sedes en su Campus de Madrid. La más emblemática es un edificio de 5.000 metros cuadrados, reformado hace un par de años, que preside la plaza de Cataluña, norte de la capital, barrio de Chamartín. 

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Política CTXT / Público Sat, 17 Apr 2021 13:09:39 +0100 /es/20210401/Politica/35713/negocio-educacion-grupo-Planeta-EAE-business-school-URJC.htm?tpl=87
Deconstruyendo a Villarejo (III). La ‘modernidad’ http://www.ctxt.es/es/20210401/Firmas/35702/franquismo-brigada-politico-social-policia-Villarejo-Barrionuevo-Vera-Felipe-Gonzalez-Audiencia-Nacional-Gloria-Elizo.htm “Se fundieron en un solo cuerpo, como en el monstruo de las dos espaldas,
el rostro atroz de la tiranía y la cara dura de la ambición clandestina.
A ese monstruo se le llamó consenso.”
A. García Trevijano

Me encantan los personajes –¿a quién no?–, los nombres, las biografías, las conjeturas pseudoanalíticas del bien y del mal, las fotografías –aquí con éste, éste con el otro–, los garbanzos más gordos del cocido, nuestros genios del mal, antihéroes cañí de nuestra intrahistoria, culpables y triunfadores, chorizos ilustrados, filósofos de barrio, poderosos desclasados con el síndrome del impostor acechando solo unos metros por detrás de su papel de verdugos prepotentes, víctimas vociferantes del sistema que encarnan, protagonistas de la historia, ellos, los que saben demasiado y por eso perviven, los que saben demasiado y por eso caen...  de golpe.

Y sin embargo lo sabemos: ni la corrupción, ni tan siquiera la criminalidad, es nunca una cuestión de garbanzos. Así que habrá que dedicar un episodio, uno al menos, para hablar del cocido... 

Empecemos por el final. Octubre de 2020, el Tribunal Supremo confirma la sentencia: Cohecho activo y pasivo, falsedad en documento mercantil, malversación de caudales públicos, prevaricación, asociación ilícita, fraude a la administración pública, blanqueo de capitales, delitos contra la Hacienda pública, tráfico de influencias, apropiación indebida, exacciones ilegales... Es solo una sentencia, una más, como tantas anteriores que no se han dictado y muchas más que no se dictarán. 

Sólo una frase llama la atención en el páramo descorazonador en que se ha convertido la continua moviola de la jugada idéntica de la corrupción –con su medido retardo de diez, veinte, treinta años...–, idénticos partidos –“nosotros, los de entonces”–remedando a Neruda–“ya no somos los mismos”. Solo una frase... la que pronuncia otro tesorero en su declaración, mientras pide perdón por el daño causado “fruto de una España en la que todo valía”. 

La trastienda de esa España en la que todo valía... Donde todo pasó y nada puede contarse... Esa trastienda que guarda celosa la consabida Ley de Secretos Oficiales franquista, esa ley a la que, al mejor estilo de la España de siempre, vendrá cualquier Gobierno a “modernizar” un día, es decir, a cambiarle el nombre –solo el nombre– para que siga sirviendo ni siquiera para ocultar la verdad, sino, sobre todo, para evitar lo único que en realidad podría salvarnos como país, como sociedad: contarla. Contarnos la verdad. 

Contar la verdad que no salió en los periódicos, esos susurros que no lograron traspasar el quicio de la puerta de los despachos de los jefes de redacción, la perfecta frontera trazada por los directores de seguridad de las grandes empresas, por las discretas “oficinas de negocios” de las embajadas, por la cada vez más líquida legislación penal que admite las denuncias que quedan en nada –o no– pero quitan el sueño, cierran las bocas y secan la tinta. Y nos impiden dibujar, poseer y expiar esa España a la que solo conocemos por el olor.   

Me fascinan los personajes –¿a quién no?– pero especialmente cuando pasan de verdugos a víctimas, parada la imagen en el preciso instante en el que la realidad les agarra del tobillo y mantienen aún el gesto de intentar correr, cada vez más solos, pillados en las trampas que han ido construyendo, atrapados por el invierno, niñatos desafiantes descubiertos moviéndose en el escondite inglés de la política, daños colaterales que caen de pronto en la cuenta de que no eran los reyes del mambo, sino piezas centrales –pero piezas– de un sistema corrupto que, escandalizado, sólo les reconocerá el derecho de ser protagonistas de su desgracia. 

Me fascinan, sobre todo, porque es justo cuando ya no importa, justo cuando su credibilidad está bajo cero, cuando se ponen como locos a gritar la verdad... 

“.... fruto de una España en la que todo valía”. Adjudicaciones a cambio de dinero negro para los partidos, zanahorias envenenadas que se pagan con la nómina de los ciudadanos, en las facturas de las familias, jóvenes herederos del Estado que se inician en brillantes carreras políticas, grises funcionarios que devienen presidentes de empresas y de clubes de futbol, grandes empresarios de empresas sin trabajadores, todos los clichés costumbristas de la España “modernizada”, barajados y repartidos aleatoriamente en la fiesta de las biografías engrasadas con el fraude a la hacienda pública, la malversación, la apropiación indebida, las exacciones ilegales... Cuatro décadas de corrupción dirigiendo los destinos de un país en el que todo vale.

La trastienda de esa España en la que todo valía... Donde todo pasó y nada puede contarse... Esa trastienda que guarda celosa la consabida Ley de Secretos Oficiales franquista

Y luego el palo. Porque donde hay una zanahoria hay siempre un palo. Siempre. Esos policías que llevan a cabo las adecuadas pesquisas para que esos jueces con algo que callar puedan llevar a cabo las actuaciones pertinentes que ya antes se han filtrado en los dosieres para esos periodistas... Nadie es inocente. Nadie. Pero ahora, además, algunos van a tener el “privilegio” de ser culpables, víctimas propiciatorias que han sido verdugos, voladuras controladas –muy controladas– donde las estructuras paralelas llevan a cabo actuaciones quirúrgicas para poner en marcha la rueda habitual del que sabe cómo van las reglas: la prisión provisional te saca de la circulación, el juicio mediático te destruye, la dura sentencia te sienta a negociar, los permisos penitenciarios te abren el camino para pedir el indulto parcial que te trae de vuelta a casa y al silencio espeso. Porque hay una cosa fundamental para entender las cloacas, el espeso frutal de esa España en la que todo valía: los culpables siempre son culpables. Siempre sin excepción. Y de varios delitos. Pero, claro, no solo ellos...

Es lo que tienen las partidas de póker entre tramposos, que si no vienes con las cartas marcadas no puedes ni sentarte a la mesa. No, en la España de los trileros no queda sitio para la honestidad. No se trata de no hacer trampas. Se trata de asumir el juego de ser el que más sabe de los demás, el que más comodines maneja –periodistas, jueces, fiscales, policías...–, el que manda callar... El tipo al que no pillan.

Y aquí viene el cocido de hoy, con una pregunta casi infantil, casi un poco grotesca, pero que de alguna manera todos debiéramos hacernos. ¿Dónde estaba la Justicia? La de verdad, todos estos años.... ¿Dónde estaban los periodistas? Los de verdad, todos estos años. Y, quizá la más interesante, al menos en el caso que nos ocupa: en esta España en la que todo valía ¿dónde estaba la Policía?

La Policía... ya ves tú. ¡Qué cosas! Si hiciéramos un repaso histórico del papel fundamental de la Policía en estos últimos años seguramente llegáramos a una conclusión sarcástica. Porque atendiendo a las noticias de los periódicos y a los programas políticos de sus responsables la respuesta a la pregunta de dónde estaba la Policía solo puede ser una: estaba “modernizándose”.   

La Policía lleva modernizándose desde que José Sainz González –el primer jefe de Villarejo, el de verdad, el que al llegar a Euskadi le enseñó lo que en la Academia de Policía no le habían enseñado– dijera aquello de que “no es posible acabar con el terrorismo sólo con medidas policiales”. Claro, eran otros tiempos. José Sainz había sido llamado por los servicios de inteligencia de Carrero Blanco para luchar contra el incipiente terrorismo independentista en Euskadi. Estados de excepción, humillación a la población civil, infiltración, tortura... La profesionalización del terror contra el terror, con las ideas claras de con quién trabajas, cómo trabajas y, sobre todo, para qué trabajas... en una creciente estrategia de tensión en la que construir al enemigo es tan importante como vencerlo. 

En España de otra cosa no sabremos, pero de “modernizarse” sabemos un rato. Nos modernizamos en 1977 cuando el Tribunal de Orden Público pasó a llamarse Audiencia Nacional

“Modernizarse”. En España de otra cosa no sabremos, pero de “modernizarse” sabemos un rato. Nos modernizamos la mañana de 1977 en la que el Tribunal de Orden Público pasó a llamarse Audiencia Nacional, casi tanto como el día en el que su principal “proveedor” –la Brigada de Investigación Social, también conocida como “Brigada político-social”– pasó a llamarse Brigada Central de Información.... Y salvo los “resentidos”  –¡ay!– y los muertos, toda España tuvo la oportunidad de alegrarse de tan enorme modernización... pero los que más se alegraron fueron sus integrantes que, alegremente y sin excepción, siguieron en su puesto.

Lo que voy a intentar contar ahora –una vez y sin que sirva de precedente– es el increíble milagro español por el cual la policía política del franquismo, la sección de la policía señalada por sus crímenes, infiltrada y asesorada por los terroristas en excedencia de Gladio –fascistas italianos del terrorismo nero, exlegionarios franceses de la Organisation de l'Armée Secrète, los restos insepultos del nazismo derrotado en Europa que recibieron una segunda oportunidad en España a través de la red Stay Behind–, esa brigada policial dirigida por esa parte de los servicios secretos españoles empeñados en hacer fracasar la transición, la que apenas puede evitar salir –de refilón– en el juicio del 23F, la encargada de mantener –a la vez que combatir– la tensión en el País Vasco, en Madrid, en Barcelona, en Ferrol, en Valencia, en cualquier lugar en el que hubiera un foco de rebeldía, un conflicto laboral o una organización política que no hubiera sido oficialmente autorizada para participar en la “modernización” de este país... Contar, en suma, cómo los jefes de la policía política del franquismo –la citada Brigada “político-social”– lograron hacerse con la dirección y el poder real dentro de la Policía española durante más de cuarenta años de democracia hasta hoy, en un proceso en el que solo la biología intentaba poner fin –con premioso éxito– a la sólida estructura de control privado de lo público, causa y efecto de la corrupción.

Y me van a perdonar el galimatías siguiente, pero no es mi culpa, como tampoco es casual. Son cosas de la “modernización”: el denominado Cuerpo General de Policía del franquismo se componía de dos patas: la Brigada de Investigación Criminal y la Brigada de Investigación Social (la conocida como “brigada político-social”). Aunque esta última era la joya de la corona franquista –había sido fundada por la Gestapo y la dirigía uno de sus antiguos miembros, el comisario Roberto Conesa–, ambos grupos prestaban su servicio sin necesidad de uniforme y compartían dos herramientas fundamentales para su trabajo: la ausencia total de garantías para los investigados y la ausencia total de responsabilidades para los investigadores, es decir, no había nada que no pudieran hacer y no había nada que les pudiera pasar: la impunidad total. 

Luego, al margen de este Cuerpo General de Policía, pero con parecida impunidad, estaba la Policía Armada –los grises–, un cuerpo militar uniformado, dedicado al mantenimiento “del orden público”, que tenía prohibido reunirse en grupos de más de cuatro y pedía permiso a los mandos para casarse.  Tanto el Cuerpo General de Policía –en sus dos ramas– como la Policía Armada dependían orgánicamente del Ministerio de la Gobernación y, en la práctica, de la siniestra Dirección General de Seguridad. 

Los jefes de la policía política del franquismo lograron hacerse con la dirección y el poder real dentro de la Policía durante más de cuarenta años de democracia hasta hoy

Como había que “modernizarse” –y aprovechar de paso para desconcertar al personal– durante la transición, la Dirección General de Seguridad pasó a llamarse Dirección General de la Policía y, como hemos dicho, la “Brigada político-social” se llamará primero Brigada Central de Información y hoy la conocemos como Comisaría General de Información. La Policía Armada pasó a llamarse Policía Nacional, modernizando su atuendo al marrón y, posteriormente, al azul actual –que es mucho más moderno–, y el Cuerpo General de Policía cambió su nombre por el de Cuerpo Superior de Policía hasta que, cuando en 1986 se produjo la unificación en un único cuerpo civil, este quedó integrado en la parte superior de la estructura jerárquica del unificado Cuerpo Nacional de Policía. 

¿Se han perdido? Pues sus integrantes no. A la muerte del Caudillo en (La) Paz la práctica totalidad de las jefaturas de Policía provinciales estaban ocupadas por miembros de la “político-social”. Después de la “modernización”, la mayoría de los Jefes Superiores de la Policía pertenecerán a la Brigada de Información. En resumen: que, en términos de personal, para la “modernización” se utilizará el enorme ejemplo del Generalísimo: los cambios, pocos y por extinción. 

Y la pregunta es: ¿cómo aceptó la oposición democrática que los torturadores se hicieran con las riendas de la Policía de la democracia? La respuesta larga tiene que ver con la naturaleza, selección y comportamiento de la “oposición democrática”, pero como esta respuesta larga sería muy larga, nos vamos a conformar con la corta, es decir, la que tiene que ver con los torturadores. Con el hecho indiscutido de que los miembros de esa Brigada “político-social”, los que había protagonizado la represión en los últimos años del franquismo y los primeros de la transición, no estaban de ninguna manera dispuestos a pagar el pato de la democracia, es decir, a responder ni un poquito por los crímenes de la dictadura, a perder –en suma– el privilegio de la impunidad... 

¡Y vaya si tenían herramientas para conseguirlo! Manejaban la estrategia de tensión, el miedo y la seguridad, y estaban dispuestos a demostrar no solo su fuerza para desobedecer sino su utilidad para los que quisieran gobernar. Plata o plomo. Motines y servicios especiales. Orden y desorden público... Y la democracia, convertida en un hermoso desfile de selectos figurantes abrazados camino del futuro y la modernidad, se desentendieron –todos– de lo que le pasara al público –entre los que curiosamente siempre se encontraba un grupitos de ultras “descontrolados”–, de lo que le pasara a los que no aplaudían, de extender un clima de desastre y terror –e impunidad– en todo lo que estuviera más allá de su impecable pasarela televisada. Y de eso se encargó la policía política del franquismo –y sus amigos de la ultraderecha–, y para eso se escogieron, uno tras otro, a los ministros adecuados, los que a su vez escogieron a los comisarios adecuados...  Y ninguno, probablemente ninguno, de los errores que haya podido cometer nuestra joven democracia ha sido más grave que ese: la continuidad de la policía política del Régimen a cargo del castizo negocio de la impunidad.

En términos de personal, para la “modernización” se utilizará el enorme ejemplo del Generalísimo: los cambios, pocos y por extinción

El resto de la historia es tan conocida como olvidada. Nada más llegar a La Moncloa, Adolfo Suárez nombra al falangista Rodolfo Martín Villa –gobernador franquista de Barcelona, conocido represor y amigo de sus amigos– para “modernizar” la policía. Y la “fiesta de la democracia” no solo guardará un estricto derecho de admisión, sino que lo hará en el momento de mayor movilización social manteniendo el preciso esquema de los infames interrogatorios en los sótanos de la Dirección General de Seguridad. El periodista Alfredo Grimaldos lo cuenta aún mejor: “La Transición se convierte en la metáfora de un interrogatorio policial. Eso que los funcionarios de la Brigada Político-Social sabían hacer a la perfección. Los reformistas ejercen de ‘policías buenos’, piden constantemente sumisa colaboración a los opositores ‘sensatos’. Con un claro aviso añadido: en caso contrario, pueden intervenir los incontrolados ‘policías malos’. Y será peor para todos”. 

Será de hecho Martín Villa quien –entre quema y quema de los archivos del Movimiento– tranquilice uno por uno a los torturadores del franquismo –algunos, asustados, han pedido la excedencia o el traslado a destinos alejados de Madrid y del País Vasco– para que vuelvan a sus puestos de responsabilidad. Al propio José Sainz le reserva la flamante subdirección general de Seguridad, que éste acepta con una condición: quiere un “sindicato de policías” encargado de impedir cualquier democratización policial dentro del cuerpo, un sindicato que, sobre todo, garantice la impunidad de “su gente” frente a cualquier intromisión política o judicial. Quiere, fundamentalmente, que sean los jefes de la Brigada de Investigación Social quienes lleven a cabo su propia “modernización” en particular y la de toda la Policía en general. 

Hay un problemilla: estamos en 1976. Es decir, los sindicatos –también los de verdad– están prohibidos, como lo siguen estando los partidos políticos... Así que “el sindicato” de la “político social” tendrá que conformarse con una clandestinidad activa. La demostrarán en Barcelona, en octubre, en el juicio a cuatro de sus integrantes por las torturas a varios miembros de asociaciones vecinales, golpeando a la puerta del juzgado impunemente a denunciantes, abogados y público en general; o unas semanas después, reclamando democracia ante el ministerio en Madrid. Control y descontrol. Estrategia de tensión. No solo no están dispuestos a que se les juzgue, sino que, además, ha llegado el momento de acusar a los políticos de no defender “a la policía”. Ellos también saben “comunicar”.   

Así que, guste o no, la Asociación Profesional de la Policía echará a andar el otoño siguiente de acuerdo a los requisitos establecidos: no será una asociación, será una hermandad juramentada sobre la terrible hoja de servicios de la policía política del franquismo en Euskadi. Rafael del Río, jefe en Vitoria; Manuel Ballesteros, jefe en Guipúzcoa; el propio José Sainz, jefe en Vizcaya... Esos son los importantes, los que tienen contactos con los servicios de inteligencia, con el SECED (Servicio Central de Documentación), con los militares, con los americanos, con los que dirigen la “modernización”… Pero hay muchos “incontrolados” detrás… Y no faltarán, por supuesto, las siniestras glorias de la “político-social” en el panorama nacional, el “supercomisario” Conesa –de quien Martín Villa será admirador confeso y gran valedor– y su “equipo” de “especialistas” en Madrid: Billy el Niño, Pepe el Putas, Benjamín el Galleta, Genuino el Muñecas’… Al que hay que añadir algún amigo y compañero de promoción importante, como José Luis Fernández Dopico, o como Agustín Linares Molina que, aunque no ha estado en el Norte, es de toda “confianza”.

José Sainz quiere un “sindicato de policías” encargado de impedir cualquier democratización policial dentro del cuerpo, un sindicato que, sobre todo, garantice la impunidad de “su gente”

Por supuesto, para legalizar la flamante Asociación, se tirará de los jóvenes, de esos “incontrolados” de probada confianza, gente sin quemar y apenas conocida, empezando por ese muchacho tan dispuesto que fue secretario de José Sainz en Bilbao, un tal Pepe Villarejo… Porque se trata de crear una Asociación “que represente a todos”, que por un lado impida la presencia en el Cuerpo de sindicatos “marxistas” y por otro canalice “la interlocución” con los políticos de turno, porque a todos les interesa una policía “moderna”. El tal Villarejo no sólo será vicepresidente, sino que tendrá encomendadas las importantes funciones de “comunicación”, y para ello se encargará de crear y dirigir la revista Tribuna Policial, órgano de expresión de la nueva Asociación. 

Llegan los años 80 y la Asociación es ya el Sindicato Profesional del recientemente modernizado Cuerpo Superior de Policía, es decir, ya es el sindicato de los mandos policiales, y el tal José Manuel Pérez Villarejo es ya su secretario general. Corren tiempos convulsos. En marzo de 1979, Adolfo Suárez ha ganado sus segundas elecciones, desoyendo el claro mandato de perderlas que han dictado todos los poderes, los mismos que le pusieron en la presidencia… los americanos, la Zarzuela, los banqueros... Felipe González, el candidato perdedor, no es el menos indignado con la legalización del PCE y su presencia en los Pactos de la Moncloa: ahora tiene un competidor por la izquierda, lo que le obliga a modular su discurso, a hacer complejos equilibrios y, lo que es peor, a incumplir sus compromisos internacionales con respecto a la OTAN –de entrada NO– al mismo tiempo que abomina del marxismo... Una locura “este Suárez y los conejos de su chistera”. El Partido Comunista nunca debió ser legalizado... Todos –todos– están de acuerdo en que hace falta “un buen golpe de timón”.

Suárez hace tiempo que es consciente de su soledad, sabe de sobra que todos los poderes quieren acabar con él, que lo harán por cualquier medio. Desconfiando de su propia sombra, durmiendo en La Moncloa con una pistola bajo la almohada, nombrará al viejo general Ibáñez Freire ministro del Interior. Ibáñez Freire es de la “vieja escuela”, gobernador civil y jefe provincial de Falange, primero en Vizcaya y luego en Barcelona, de los de los tiempos de la Gestapo, condecorado con la Cruz de Hierro del Tercer Reich. Suárez sabe que necesita ganar tiempo, sabe todo lo que hay que saber sobre la estrategia de tensión, y necesita la fiesta en paz. 

Poco tardará el nuevo ministro en poner a José Sainz directamente al frente de la “modernizada” Dirección General de la Policía –la antigua Dirección General de Seguridad–. Y, a partir de ese momento, lo que era un sindicato de la policía política del franquismo se convertirá en un poder del Estado: el Cuerpo ha caído en manos de la Brigada “político-social”. Y la consigna sigue siendo la misma: impunidad. 

En marzo de 1979, Suárez gana sus segundas elecciones, desoyendo el claro mandato de perderlas que han dictado todos los poderes... los americanos, la Zarzuela, los banqueros...

Desde tan alta atalaya los rumores no se escuchan, se silencian: “Lo de la democracia se va a parar”, Suárez ha ido “demasiado lejos”… Los servicios de inteligencia preparan el “golpe de timón”, “el rey está convencido”, “los empresarios y grandes financieros del país los bendicen”… La Iglesia, la CIA, los grandes medios de comunicación… La noche del 23-F el Sindicato Profesional del Cuerpo Superior de Policía guardará también un espeso silencio, por más que el ínclito Manuel Ballesteros no pueda evitar pasarse a saludar… Y al día siguiente se hará cuentas, como todos, de que la “transición” ha terminado, que el futuro le corresponde a Felipe González y a los americanos, que todas las cuentas han caducado, que el pasado está a salvo y que todo lo que viene está por ganar. 

El resto, más de lo mismo. La ruleta gatopardiana de nombres y cargos para perderle el hilo a la bolita, una bolita que siempre es la misma y que, sólo años más tarde, devuelve el cuerpo de sus ahogados para explicarle a los iniciados lo que le ocurre a los que se salen del juego. Para explicarle al mismísimo Tierno Galván que al frente de la concejalía de Seguridad de Madrid “merecen estar” dos jóvenes falangistas –que ahora se han “modernizado”– muy bien relacionados, llamados José Barrionuevo y Rafael Vera, los mismos que le explicaron que dos inspectores de policía habían sido reclutados para acabar con la vida del futuro alcalde de Madrid poniendo una bomba en un restaurante con motivo de un homenaje a su ilustre persona... Seguridad e inseguridad, la estrategia de tensión… Y total, ¿a quién le importa una concejalía de Seguridad? 

Un tal José Manuel Pérez Villarejo se entrevistará con González para explicarle en persona las ventajas de mantener en sus puestos a los mandos de la cúpula policial

No mucho después le explicarán al flamante presidente in pectore, Felipe González, que su representante en la comisión de Interior del Congreso, Carlos Sanjuán de la Rocha, no puede ser nombrado ministro del Interior, y menos ahora, que ha ganado por fin las elecciones... que hay un candidato mejor, con más consenso, con menos problemas... En este caso será personalmente el flamante secretario general del Sindicato Profesional de la Policía –el nombre se ha vuelto a “modernizar”–, un tal José Manuel Pérez Villarejo, quien se entrevistará con González para explicarle en persona las ventajas de mantener en sus puestos a los mandos de la cúpula policial. 

Y, pese a sus largos años de relación con la CIA, con el SECED, más aún ahora con el CESID, seguramente González no puede evitar sentir un pellizco de inquietud recordando cómo hace apenas un mes, al inicio del primer acto de la campaña del PSOE en San Sebastián –la misma campaña que le ha conducido a La Moncloa– algunos policías trajeron la noticia de un inminente atentado y la recomendación de no salir al escenario de Anoeta... Menos mal que ahí estaban algunos miembros de la Brigada de Información quienes, oportunamente, se apresuraron a asegurarle que la información era falsa, le garantizaron su seguridad… Tensión, miedo… Y al final seguridad.

Será sin embargo Juan José Rosón, el ministro del Interior saliente, quien le hará llegar a González el mensaje definitivo: los elegidos “para tener el cambio en paz” han de ser un tal José Barrionuevo y su segundo, Rafael Vera, que han desarrollado “un magnífico trabajo” en el Ayuntamiento de Madrid y cuentan con el aval de la Policía. El aval será mutuo, claro: Rafael del Río, ese destacado miembro de la Brigada político-social franquista, franquista comisario de Eibar, Jefe de la Policía franquista de Vitoria y amigo de sus amigos, se convertirá en el sucesor de José Sainz al frente de la Dirección General de la Policía en el nuevo Gobierno socialista. 

Será Juan José Rosón, el ministro del Interior saliente, quien le hará llegar a González el mensaje: los elegidos “para tener el cambio en paz” han de ser un tal Barrionuevo y su segundo, Vera

Entre ambos quedará –para la historia olvidada– la dimisión de su compañero José Manuel Blanco Benítez, en respuesta al intolerable hecho de haberse permitido a un juzgado de Madrid abrir una investigación por la muerte del terrorista Joseba Arregui, tras las torturas sufridas en dependencia policiales. Con él dimitirá su compañero, su secretario de la Dirección General de la Policía, José Luis Fernández Dopico –quien, pese a su dimisión, no tendrá inconveniente en sucederle en la Dirección General de la Policía– y el ya citado comisario general de Información, Manuel Ballesteros, al que todavía recordaban de sus tiempos de jefe de Policía en San Sebastián y que sucedió al propio José Sainz en Bilbao antes de ser nombrado por Barrionuevo jefe de Operaciones Especiales de la Policía. La hermandad de “la político-social” había vuelto a ganar: la Policía seguía siendo suya. Y suya la impunidad. 

Pero no. Eso no era nada. En esta España en la que todo valía faltaba lo más importante: hacerse rico. Es lo que tiene el management de la impunidad. Pero eso tendrá que esperar al próximo capítulo: el asalto del IBEX, las “alcantarillas giratorias” –no se lo pierdan–, la España “del pelotazo”, de los campeones nacionales de las finanzas y las commodities, donde no habrá corrupto que no sepa lo que es una stock option ni información que no se pueda titulizar. 

Y lo más importante, son los locos 90: ¡Ni una gran empresa sin su Jefe de Seguridad!

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Post scriptum (y un poco de spoiler). 

En esta primera ronda, el joven “sindicalista” Villarejo no tendrá tanta suerte. O sí. O vaya usted a saber. Lo cierto es que pese a su publicitada autobiografía –en la que trata de presentarse como un oscuro agente encubierto de la seguridad del Estado en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico– parece que fue “un desliz” con los dineros de Tribuna Policial –la revista del Sindicato de la que era a la vez comercial y gerente– lo que le costó una sanción de empleo y sueldo de seis meses, sanción que, tras ser recurrida por tierra mar y aire, le convenció de que había llegado el momento de pedir la excedencia en la Policía y montar su propia agencia de investigación

Mientras José Barrionuevo, Rafael Vera, Rafael del Río y su cúpula policial iniciaban la década de los 80 tratando de adaptar la “estrategia antiterrorista” de la CIA en Euskadi, en una alocada carrera de impunidad policial, delincuencia política y terrorismo de Estado –generosamente engrasada, eso sí, con interminables fondos reservados–, el pobre Villarejo intentará montar la versión castiza de su propia Agencia Kroll con lo único que tenía: un larga agenda de altos cargos en la dirección de la Policía, muy pocos escrúpulos y muchas, muchas, ganas de hacer dinero. Los inicios no serán fáciles, su nueva revista Policía del Estado ha terminado también entre acusaciones de apropiación indebida, un trabajillo de vez en cuando en la policía que le permitirá recibir su primer DNI falso, algún encargo turbio de algún despacho de abogados –para cargarle un muerto a un competidor de la Iglesia de Cienciología– que casi le lleva a la cárcel, un vacile en Marbella entre los traficantes de armas que buscan contactos... Ni tan bien, ni tan mal... 

Cuando, años después, los vaivenes políticos agiten los nubarrones de la guerra sucia y el terrorismo de Estado, desatando la retardada moviola de los procedimientos judiciales, con todo el establishment español más escandalizado que el Capitán Renault en Casablanca y con los cargos policiales en acelerada “modernización”, Felipe González, sobrepasado por el desastre y la misma “traición” de quienes le auparon, nombrará ministro a un tal “Corcu” –amigo también de sus amigos–, para que busque alfombras bajo las que esconder el desastre. Y Corcu, tan expeditivo con las puertas de los domicilios como con los cajones de los fondos reservados, apuntará en su agenda el nombre que le pasa su nuevo Director General Operativo, el conocido Agustín Linares, al que Rafael del Río ha dejado al cargo y se ha marchado “a la privada”: se trata de un tal Pepe Villarejo, un policía “de los de verdad”, de “los de Información”, que ahora va por libre, pero que tiene varios chiringuitos de confianza, que sabe de “comunicación” y es de ayudar... a fabricar dosieres, a borrar huellas, a crear confusión... 

No lo llame impunidad, llámelo “modernización”. Unos que estaban dentro ahora están fuera y otros que estaban fuera ahora están dentro... Pero, por supuesto, siguen siendo los mismos. Villarejo se hará el rey del cotarro con mucha cara y una grabadora que, por supuesto, ha pagado con fondos reservados. Y a partir de entonces será él quién haga los favores a la gente que los necesita, los importantes, los que se sientan en la mesa a jugar con las cartas marcadas. “Lo que haga falta”. Pero todos los favores cobrados y –más importante aún– todos los favores grabados... Su fuerza y su perdición.... Mientras se reanuda la partida y la noria de España vuelve otra vez a girar...      

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Bonus track de Spoiler para el siguiente capítulo.

Diez años después de su salida del Ministerio del Interior, José Barrionuevo será condenado por el Tribunal Supremo a diez años de prisión y doce de inhabilitación absoluta por un delito de secuestro y otro de malversación. Un indulto parcial del nuevo presidente y una modalidad especial de tercer grado penitenciario –siguiendo la expresa recomendación del Tribunal Supremo– disminuirán su estancia en prisión hasta poco más de tres meses. La misma condena obtendrá Rafael Vera y el mismo periodo de cumplimiento en prisión. Seis años más tarde, Vera recibirá una nueva condena por reincidir como malversador –intentando pagar con más y más fondos reservados su impunidad– ya como director de la Seguridad del Estado. 

En 1986, Rafael del Río –prácticamente un desconocido para la opinión pública– abandonará la Dirección General de la Policía dejando a Agustín Linares, paisano y amigo de Villarejo, al mando del cotarro. Él se marcha a la Dirección de Seguridad de una importante empresa española... estirando los días para formar parte también del Consejo de Administración de la Casa de la Moneda, del Consejo Superior de Deportes, del Comité Nacional de Seguridad Aeroportuaria... En 2005, se hará cargo también de la presidencia de Cáritas España, presidencia que tendrá que compatibilizar con la de la importante Fundación de la Policía y con el nombramiento por parte de Su Santidad el Papa Benedicto XVI como miembro del Dicasterio Vaticano Cor Unum, que coordina la acción social de la Iglesia... 

In te, Dómine, sperávi non confúndar in ætérnum: in justítia tua líbera me” o, como suele concluir mi tía las historias: “... y santas pascuas”. 

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Firmas Gloria Elizo Sat, 17 Apr 2021 11:02:59 +0100 /es/20210401/Firmas/35702/franquismo-brigada-politico-social-policia-Villarejo-Barrionuevo-Vera-Felipe-Gonzalez-Audiencia-Nacional-Gloria-Elizo.htm?tpl=87
El gran adiós, cuando Paramount fue salvado por un ‘playboy’ http://www.ctxt.es/es/20210401/Culturas/35694/hollywood-historia-polanski-chinatown-towne-guion-ivan-reguera.htm Se ha escrito bastante sobre el Nuevo Hollywood, esa salvaje pandilla de talentosos cineastas que rodaron sus películas con una libertad que jamás se vio en la meca del cine y jamás se volvió a ver. Peter Biskind ya los retrató en su canónico libro Moteros tranquilos, toros salvajes y ahora llega a España un libro fascinante que se centra en la escritura, producción y rodaje del clásico Chinatown. Se llama El gran adiós (Es Pop Ediciones) y su autor es Sam Gasson, escritor especializado en libros de no ficción, como los dedicados al rodaje de Desayuno con diamantes y a la vida de Bob Fosse, una monumental biografía llevada a la televisión en la miniserie de HBO Fosse / Verdon.

En declaraciones a CTXT, Óscar Palmer, editor de Es Pop, da una buena noticia a los cinéfilos: quieren publicar más de Sam Wasson. En concreto, Quinta Avenida, 5:00 a.m. Desayuno con diamantes y el nacimiento de la heroína moderna.

Sobre El gran adiós, Palmer reconoce que lo han publicado por tener “el grado de profundidad y relevancia que buscamos en nuestros ensayos, pero sin dejar de ser satisfactorio a un nivel puramente ‘fan’. Es decir: por una parte cumple su función más aparente (descubrirte todos los intríngulis de la creación de Chinatown), pero a su vez funciona como una historia cultural más amplia, sumergiéndote de lleno en la época para pintar un retrato histórico y social del momento”. 

Y es cierto que Wasson lo logra con creces. El documentadísimo El gran adiós, una auténtica delicatessen para cinéfilos, tiene cuatro protagonistas principales: su productor (Rober Evans), su guionista (Robert Towne), su actor (Jack Nicholson) y un protagonista que no es humano: el estudio Paramount.

Se vende estudio de Hollywood

A finales de los años sesenta, California se llenaba de marihuana, ácido, pacifismo y amor libre mientras Hollywood no se enteraba de nada, aunque intentaba reflejar la moda hippie de manera torpe y acartonada.

Dentro de los grandes estudios de cine, eso sí, Paramount era el que más mimaba a los cineastas. De hecho, fue conocido como “el estudio de los directores”, una empresa que se preocupó por fichar a los mejores: Ernst Lubitsch, Josef von Sternberg, Rouben Mamoulian, Billy Wilder... Nada que ver con las asfixiantes injerencias de los productores y ejecutivos de la Metro-Goldwyn-Mayer.

El único estreno exitoso de 1968 para Paramount fue La extraña pareja, comedia teatral protagonizada por dos actores que no eran precisamente jóvenes promesas

Pero los estudios de Hollywood estaban arruinados y cundía el pánico. Y no solo estaban arruinados, también estaban desfasados, habían perdido al público más joven y sus directores ya eran demasiado viejos o demasiado conservadores. La costosísima La leyenda de la ciudad sin nombre había nacido vieja, al igual que Vuelve a mi lado o Skidoo. El único estreno realmente exitoso de 1968 para Paramount fue La extraña pareja, comedia teatral protagonizada por dos actores, Jack Lemmon y Walter Matthau, que no eran precisamente jóvenes promesas.

Ante tan ventajosa situación, un grupo de inversores vio que podían ir a la yugular de tan desamparada presa. Así, el conglomerado Gulf + Western Industries, comandado por un hombre muy rudo en las formas llamado Karl Georg Blühdorn (Charlie Bluhdorn para Hollywood), compró Paramount y fichó a Robert Evans (engominado, bronceado, exactor de cuarta y playboy) tras verlo en un reportaje en el que aparecía negociando, teléfono en mano, en el hotel Beverly Hills. Con solo 36 años, Evans se convirtió en el director de la oficina de Paramount en Londres y en muy poco tiempo en el hombre más poderoso del estudio. Un enchufe como se recuerdan pocos, pero un enchufe muy bien aprovechado. Por algo Evans tenía un lema: “La suerte es la confluencia entre la oportunidad y la preparación”. De ahí que no hiciese lo que se esperaba de él, sino más y mejor. Evans hizo posible una obra maestra como El padrino, la gran joya de catálogo Paramount.

Carambolas de la vida y el arte, una fría y calculada estrategia empresarial de Bluhdorn creó parte del gran cine norteamericano de los gloriosos años setenta. Y lo hizo despidiendo a 150 empleados que creía no necesitar, alquilando platós para la televisión y vendiendo la mitad de los terrenos e instalaciones de Paramount, lo que hizo que los equipos de cine tuvieran que rodar fuera de los estudios y en la calle, creando un cine mucho más realista y auténtico que el que hasta entonces habían rodado. Un cine nuevo con talentos nuevos, algunos extranjeros, como el director, guionista y actor polaco del que todo el mundo hablaba tras ganar, con Repulsión, el premio FIPRESCI en el Festival de Berlín.

Roman Polanski, experto en el mal absoluto

En El gran adiós Sam Gasson no pasa de largo la matanza en casa de Sharon Tate y Roman Polanski y la devastación que supuso para el director el brutal asesinato de su mujer y su hijo no nato. La irrupción del mal absoluto en su vida no era nueva. Su madre, también embarazada, había sido gaseada y quemada en uno de los hornos de Auschwitz. Lo que todo el mundo le recomendaba, hasta Stanley Kubrick, es que intentase trabajar, centrarse en rodar, algo que le ayudaría a no recordar. También le ayudó Robert Evans, que ya lo había elegido para rodar La semilla del diablo, en cuyo desenlace el mal absoluto acaba saliéndose con la suya. Igual que en Chinatown. Casi todas las películas de Polanski tienen esa marca al final, esa desazón, esa total falta de esperanza. Veneno para los productores y para la taquilla. Por eso apostar por Polanski para dirigir Chinatown fue un nuevo desafío para Evans. Y nunca fue fácil. De hecho, Polanski no quería volver a Hollywood.

– El guion es un puto desastre, Roman, te necesito aquí ayer.

– Tengo que ir a Polonia, Bob, a pasar la Pascua.

– A tomar por culo la Pascua, si no vienes no pondremos esto en marcha nunca. Celebraremos la Pascua en mi casa. 

Polanski volvió a decirle que no y Evans le mandó el guion a Roma. Y enseguida comprobó que el guion era larguísimo y estaba lleno de diálogos interminables y subtramas innecesarias. Aquello no se podía rodar. Su firmante era otro cineasta con suerte, como Evans. Otro niño pijo con una flor en el culo: el guionista Robert Towne. 

El guionista que se aprovechó del talento ajeno y acabó siendo el único en llevarse el Oscar

El peor parado de El gran adiós es Robert Towne. Gasson sugiere que fue un hombre sin talento, pero con una suerte inexplicable, sencillamente cayó en gracia a Evans. Towne no venía de abajo, era hijo de un promotor inmobiliario forrado que además estaba obsesionado por que sus hijos hiciesen carrera en Hollywood. Lou, así se llamaba el padre, nunca hablaba de literatura o de guiones en casa, en la que no había ni libros. Lo que Lou quería era éxito, fama y reconocimiento para los Towne. Siempre llevaba la cartera llena de billetes para sobornar, para llegar a un buen contacto para sus hijos. El patriarca era un poco como el turbio Noah Cross (John Huston) de Chinatown.   

En Paramount sabían que Polanski había aportado al guion el talento y el ingenio necesarios para convertirlo en un gran guion

Pero para turbio su hijo. Gasson recuerda lo lento y disperso que era Towne y lo que se aprovechó de dos personas, en concreto, a la hora de escribir Chinatown: Edward Taylor y Roman Polanski. Taylor era un amigo íntimo, experto en novela negra y escritor de talento que le ayudó a escribir el guion. La hijastra de Taylor, Katherine Andrusco, da por hecho que Towne se aprovechó de él. Taylor, que veneraba a Towne, no solo no fue acreditado, sino que fue mal pagado si pensamos que Towne recibió 210.000 dólares por escribir Chinatown. Y antes de haber escrito una sola página.

La otra víctima de Towne fue el propio Polanski, con el que nunca se llevó bien. Y no es que Gasson revele demasiado en este caso. En Paramount sabían que Polanski había aportado al guion el talento y el ingenio necesarios para convertirlo en un gran guion. Según la mujer de Towne, el primer borrador fue de su marido, pero el segundo y definitivo fue de Roman, que no quiso entrar en la lucha de la coautoría, algo que reconoció el propio director: “Podría haber solicitado un arbitraje, por supuesto que sí, pero no quise enfangarme en esa pelea con Bob Towne y el Sindicato de Directores. No es mi estilo”.

Jake Gittes es Jack Nicholson, “el tejedor”

Tampoco quiso meterse en el lío el último de los protagonistas de esta historia. Jack Nicholson era íntimo de Evans, Towne y Polanski y quería mantener al equipo creativo contento y sin tensiones, que sí las tuvo con la caprichosa Faye Dunaway y en ocasiones con el perfeccionista y cabezón Polanski. A Jack lo llamaban “el tejedor” porque le gustaba tejer una red de amigos a los que admiraba y quería. Todos podían pasarse por su casa en Mulholland Drive, ponerse un tiro de coca y disfrutar de la piscina o de sus discos. Él y Roman, que lo rechazó para hacer del marido en La semilla del diablo por tener un porte excesivamente mefistofélico, se hicieron íntimos. Igual ocurrió con Evans: cuando estaba pasándolas canutas, el productor le prestó a Jack 12.500 dólares sin preguntar nada. Años después, cuando Evans iba a perder su mansión por su abuso con la coca y otros desastres personales, Jack la compró y se la regaló. No fue tan firme y duradera su amistad con Towne, al que conoció dando clases de interpretación. En la producción de la secuela de Chinatown (Los dos Jakes) casi terminan a hostias.

En el rodaje de Chinatown todos recordaban a Nicholson como un tipo que, a diferencia de la insufrible Faye Dunaway, a la que todo el equipo odiaba, no se retiraba a su caravana al acabar sus planos. Le gustaba sentirse en un equipo, a veces observando y otras simplemente leyendo la prensa y fumando un cigarrillo. Por culpa de su personaje en Chinatown había recuperado el vicio del tabaco y ya no lo volvió a dejar. Y no todo fue un camino de rosas para Nicholson, también hubo broncas con Polanski, en una casi llegan a las manos por culpa de una final de baloncesto que Jack no quería perderse. “Enano cabrón” es lo más bonito que le dijo aquella tarde.

Ya no hay nadie como Robert Evans en el cine norteamericano. Ni como Roman Polanski, Jack Nicholson, John A. Alonzo, Jerry Goldsmith o John Huston

El rodaje de Chinatown fue muy intenso, agotador para muchos. Polanski mimaba a los actores, pero también les exigía técnicamente lo que otros no exigían. Sobre su forma de trabajar con ellos y el equipo de cámara, dijo que decidirse por una imagen antes de llegar al rodaje era tan absurdo como encargarle un traje de primera al mejor sastre de París para luego encontrar una persona a la que le siente bien. Él dejaba a los actores que ensayasen mientras él observaba cómo iban encontrando, de manera instintiva, el lenguaje corporal. Y solo entonces pensaba en la cámara. En el resto de disciplinas era igual, nunca paraba quieto, controlaba cada detalle: cámara, luz, arte, vestuario, maquillaje... Y, para colmo, tuvo que despedir al director de fotografía (el veterano Stanley Cortez se veía mayor para el ritmo de Polanski) y sufrió amenazas de despido por culpa del agente de Dunaway, afortunadamente sofocadas por Evans. Ella no lo soportaba y pidió su despido. Y nadie se lo perdonó. 

Chinatown, que logró once nominaciones a los Oscar y solo lo ganó Towne por “su” guion, supuso una forma de hacer cine como ya no se hace, un cine exquisito para un público adulto, con una clase inmensa, con mucho estilo en la dirección, la música, la fotografía, los decorados, el vestuario, el reparto... Ya no hay nadie como Robert Evans en el cine norteamericano. Ni como Roman Polanski, Jack Nicholson, John A. Alonzo, Jerry Goldsmith o John Huston. Ya no queda nada de una época dorada que se refleja perfectamente en esta frase de Robert Towne: “Tengo la creciente sensación de que la historia de la vida en la tierra no sigue un proceso evolutivo, sino involutivo. Con cada nueva generación nos volvemos más pequeños. Los titanes siempre pertenecen al pasado”.

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Culturas Iván Reguera Pascual Fri, 16 Apr 2021 19:57:29 +0100 /es/20210401/Culturas/35694/hollywood-historia-polanski-chinatown-towne-guion-ivan-reguera.htm?tpl=87
“Decidir con quién dialogar es una decisión no solo estética, sino también ética y política” http://www.ctxt.es/es/20210401/Culturas/35701/constantino-bertolo-quienes-somos-historia-siglo-xx-echevarria-gonzalo-torne.htm Constantino Bértolo (Navia de Suarna, Lugo, 1946) recibió de Julián Rodríguez el encargo de seleccionar y comentar brevemente 55 libros en castellano del siglo XX. Cincuenta y cinco, ni más ni menos. No con el objetivo de establecer ningún canon sino de “contar” la realidad española desde ese “correlato” de la Historia de un país que es su literatura. El resultado es ¿Quiénes somos? (Periférica), destilado de la larga y muy singular trayectoria de Bértolo como crítico y editor. Su selección, a contrapelo de la historiografía más obvia y consensuada, constituye, según sus propias palabras, “una propuesta política”, que, lejos de proponer una lectura neutral ni de la historia ni de la literatura, muestra que “para la memoria cultural colectiva hay otros recorridos literarios posibles que acaso hablan de otras metas e intereses”. Conversamos con él a dos bandas para sondear su criterio.

Echevarría. Dieciséis de los 55 libros seleccionados en ¿Quiénes somos? no los he leído. De siete de ellos, no conozco a los autores, ni siquiera de oídas. La estadística me parece significativa, por no decir alarmante. Aun admitiendo, cómo no, carencias personales, me da la impresión de que “la lista Bértolo” se quiere voluntariamente alternativa, vamos a decirlo así. ¿Hasta qué punto el ánimo provocativo o polémico ha influido en ella?

Lo que el libro pueda tener de provocativo o polémico, más que por una voluntad deliberada, viene dado por las propias condiciones con que Julián Rodríguez me lo encargó. Un número fijo de títulos: 55, y una extensión limitada (dos folios de media) para los comentarios. Acepté estas condiciones con gusto, precisamente por lo que suponían de reto. El número fijado conllevaba un rechazo de lo obvio: esos cien o doscientos libros que un repaso somero por la historiografía literaria hoy hegemónica (Mainer & alts) permitiría elaborar sin demasiadas dudas o interrogantes. El 55 era en ese sentido una imposición estratégica: acarreaba apartarse de la mera recopilación y obligaba a buscar un sitio, una posición propia, desde la que pensar y repensar, leer y releer. Sé por experiencia que al abordar cualquier tarea lo primero que hay que evitar es que alguien escriba o piense por uno. Ese alguien que llamamos pensamiento dominante o hegemónico. Pero tampoco se trataba de huir de él, pues eso supondría obedecer a su mandato, en definitiva. La única salida posible para escapar del dilema era decidir el criterio de selección, y esa tarea previa fue la que más tiempo me ocupó. En ningún caso rehuyo lo que la selección pueda tener de polémica, pero no fue ese mi objetivo o propósito.

Torné. En las páginas culturales, aprecio un desplazamiento de la palabra canon a la palabra lista. Total, para seguir haciendo lo mismo: es decir, el crítico se sigue dando el gusto de elegir sin cargar con las responsabilidades de los descartes, o diluyéndolas tanto como pueda. Me ha llamado la atención que ¿Quiénes somos? que sí es una lista propiamente dicha, en el sentido que no incluye solo libros que te “gusten” o que consideres literariamente valiosos; una lista articulada, no un canon “de lo mejor”.

No comparto la idea de que el libro sea una lista, ni soy de los que pienso que una lista y un canon sean dos formas de hacer lo mismo. Creo que hay diferencias de orden temporal (“Los cincuenta mejores libros del año”) o temática (“Los sesenta y nueve mejores libros de amor”) entre ambos términos, mientras que la pretensión del canon está más allá de una u otra limitación y la única frontera que se autoimpone, cuando se la impone, es de carácter territorial: “Los mejores libros de la literatura europea” o “Los mejores libros de la literatura universal”, donde el concepto de “lo mejor”, al no aclarar su condición –¿lo mejor para qué?– circula de manera autárquica, cuando no autista: los mejores libros de la literatura desde el punto de vista de los valores propios de la literatura, es decir, como expresión autorreferencial de ella misma. Dicho de otro modo: hay una diferencia de ambición entre ambos conceptos. Entiendo que en mi propuesta no hay –en todo caso no pretendí que la hubiera– ni una ni otra ambición. Una vez fijado el criterio me limité a dar reconocimiento público a aquellos 55 libros que, como conjunto, configuran un relato o relación –en el doble sentido de ‘enumeración’ y de ‘lazo’– de esa historia del siglo XX que de manera mayoritaria funciona, en mi opinión, en nuestra sociedad. Me atrevería incluso a dar una síntesis de ese relato con el que no sé si estaríais de acuerdo: la imposibilidad de homologarnos como nación europea en todo su alcance: democracia, tolerancia, laicismo, justicia social. El siglo XX español como la historia de una imposibilidad. De eso es de lo que el libro quiere dar cuenta y razón, o al menos eso fue lo que pretendí contar al elaborarlo. Al fin y al cabo, como tú mismo Gonzalo decías hablando de la literatura y los hechos reales, una de sus funciones ha sido “dotar de un orden humano (por tentativo y precario que sea) a espacios oscuros de la moral y desordenados de la historia”.

No comparto la idea de que el libro sea una lista, ni soy de los que pienso que una lista y un canon sean dos formas de hacer lo mismo

Echevarría. La síntesis que propones de tu “relato” me sorprende. Me temo que no estoy muy de acuerdo. Entre otras cosas, porque no reconozco en esa presunta imposibilidad una marca específica del siglo XX español. Se me antoja que algo parecido cabría decir de Italia o de Portugal. Tiendo más a pensar que cualquier “mapa de la literatura española del siglo XX”, incluido el que tú propones, está condenado a cartografiar la Guerra Civil en su acepción más extensa, aquella que incluye en su marco, cuando menos, los años duros de la posguerra. Desde este punto de vista, tu selección me parece elocuente: pese a que has eludido algunas de las lecturas más conspicuas de la Guerra Civil, estimo que cerca de cuarenta de los títulos escogidos –¿y cómo podría ser de otro modo?– remiten a ella de forma más o menos indirecta.

Bueno, estaría de acuerdo en que el vector de sentido de nuestro relato histórico valdría acaso para países como Italia o Portugal pero, por lo que se me alcanza, no creo que su literatura tenga tan incorporado ese “Me duele España” o ese “Una de las dos Españas ha de helarte el corazón” que marcan nuestro relato literario y que, como bien dices, aunque por otra vía, tiene su confirmación en la Guerra Civil como centro de gravedad de nuestra narración global. Guerra que no solo fue guerra civil sino también guerra revolucionaria, por más que algunas obras incluidas en mi selección (Los muertos, Herrumbrosas lanzas) parezcan discrepar u obviar este segundo rasgo o carácter.

Torné. Ana Fernández-Cebrián, que es profesora en Columbia, y que lleva un interesantísimo proyecto de lecturas colectivas en @_LecturaComun_, se preguntaba después de leer tu libro (del que es una entusiasta) si, considerando lo importantes que son los arranques, meditaste mucho empezar por el 98 y Azorín. O si el libro hubiese cambiado de haber empezado por Pérez-Galdós, un referente, a favor o en contra, de buena parte de los incluidos.

Le di muchas vueltas a la cuestión del por dónde empezar. Estuve tentado de romper la baraja de la españolidad  o el calendario y concederle a Azul (1988) de Rubén Darío el papel de obra pionera, en atención a que es el libro que desde mi punto de vista entierra la literatura española del XIX y anuncia la del XX. Una vez abandonada esa tentación pensé en abrir la selección con la Electra (1901) de Galdós, en cuya defensa y apoyo Azorín y Baroja alzan la voz y salen a la palestra literaria. Llegué incluso a redactar el comentario correspondiente, pero finalmente lo rechacé porque, a pesar de su claro anticlericalismo tan siglo XX, entendí que la pieza no conseguía desprenderse de los aires decimonónicos que transportaba.

Echevarría. Quisiera indagar también hasta qué punto la propuesta que haces asume una perspectiva, digamos, “generacional”.

Quizá pueda enfocarse desde ese ángulo. Dado que el criterio viene determinado por la capacidad de cada uno de esos libros de entrar en diálogo con el relato histórico, sin duda la situación generacional de cada lectora o lector interviene en la distinta forma de abordar vivencialmente –e ideológicamente, incluso– ese relato histórico. Por otro lado, también cabe pensar que las diferencias de edad dan lugar a distintas formas de entrar en contacto con la literatura, con lo que esto pueda suponer a la hora de interpretar o valorar. Nadie lee desde la soledad. Cada cual lee dentro de una tradición o generación, y cabe pensar que eso algún efecto podrá tener sobre la lectura. Sin olvidar que acaso lo mismo podría pensarse en relación con la posición sociocultural desde la que se llega a la literatura y se convive con ella. Pero bueno, todo esto son “condiciones de lectura” que están inevitablemente implícitos en nuestros comentarios y juicios.

Estuve tentado de romper la baraja de la españolidad  o el calendario y concederle a Azul (1988) de Rubén Darío el papel de obra pionera

Torné. Hago de abogado del diablo con esto de lo generacional. A propósito de Los muertos, de José Luis Hidalgo, comentas que el libro expone una serie de cuestiones sobre las dudas de la existencia y bondad de Dios cuyo tratamiento podemos admirar pero difícilmente compartir los ciudadanos de una sociedad que ya no suele creer en dioses ni en vidas de ultratumba. Me pregunto si no estaría empezando a pasar lo mismo con según qué tratamientos literarios de la Guerra Civil y los juicios que despiertan. Lo digo pensando en cómo las categorías del 36 confunden, en la actualidad, más que aclaran conflictos como, por ejemplo, el proceso catalán.

Entre las secuencias temáticas que me planteé a la hora de trazar el territorio de la selección me parecía fundamental la presencia del sentimiento de lo católico como vector que atravesó la vida española durante el siglo y de manera especial durante el nacional-catolicismo de la posguerra. El franquismo de los confesionarios, las procesiones y el rosario al caer la tarde en las iglesias de lo urbano y en las parroquias de lo rural. Obras como AMDG, de Pérez de Ayala, o El jardín de los frailes, de Azaña, parecían reclamar un lugar, pero acabé asumiendo que donde mejor encontraba representación ese catolicismo gutierriezsolanesco no era en el mundo de las sotanas sino en el desgarro de la duda y la pérdida que plasma bien, creo, el libro de Hidalgo. Sobre lo que observas a propósito de la Guerra Civil y la constelación literaria que la acompañan, participo en buena parte de tu idea de que las categorías con que ha sido tratada habrían ido perdiendo presencia, relevancia y peso en nuestro tejido social y cultural a lo largo de las décadas finales del siglo. Con libros como Un día volveré, de Juan Marsé, o Lo peor de todo, de Ray Loriga traté de dar cuenta de esa pérdida de peso de la Guerra Civil. Lo curioso es que hoy, casi un año después de haber terminado la redacción del libro, me han entrado dudas al respecto, pues creo que han reaparecido gestos, lenguajes, bravatas y arrogancias que remiten a ese fondo siniestro y mezquino de la España nacional-católica de siempre y que la derecha exhibe de nuevo. Esto me lleva a pensar que quizá falte en la selección algún libro que hubiera dar cuenta de esa oculta corriente guerracivilista subterránea.

Echevarría. Me pregunto cómo te has relacionado, a la hora de confeccionar tu selección, con la literatura de baja o ínfima calidad que sin embargo debido a su éxito, podría contribuir, desde cierta perspectiva, a armar el relato que te propones. Te planteo la cuestión porque me consta tu interés por esos márgenes de la historiografía literaria, por los “malos buenos libros”. Lo que vengo a plantearte, un poco provocativamente, es si a la hora de dar cuenta de los libros que nos ayudan a explicarnos ¿Quiénes somos? no deberíamos dar cabida a libros como –pongo por caso– Los cipreses creen en Dios, de José María Gironella. Es decir, a cierta literatura comercial, de calidad si quieres discutible, pero cuyo éxito mismo la señala como catalizadora de estados de opinión, de cierta autopercepción que una comunidad tiene de sí misma.

Es cierto que al abordar el campo de los márgenes en las historiografías literarias siempre me ha gustado jugar a situar, en la búsqueda de contradicciones y culs de sac, el espacio literario sobre ese filo de la calidad como frontera que los dueños del mapa y el cuchillo vienen utilizando a su gusto desde los tiempos en que más que la Literatura lo que existía eran las Bellas Letras. Como sabemos, es la entrada en escena del público no letrado, lo que Lope llama “el vulgo” y Corneille “las honestas gentes”, lo que va a dar origen a las tensiones políticas que se generan alrededor de la cuestión de quién o quiénes tienen la propiedad del “buen gusto” literario. Sabemos también que la estética nace como especie de aduana o censura que la burguesía emergente construye contra las pretensiones del poder político y religioso a la hora de intervenir sobre el proceso de valoración literario. Sabemos –Eagletton y Williams aclararon bien la cuestión– que ese es el momento en que nace la crítica literaria como mecanismo o herramienta de homologación y legitimación de lo literario en cuanto una forma de expresión de la alta condición del “espíritu” humano, en su versión humanista o como “nivel alcanzado” que diría, creo, Musil. Y digo todo esto porque entiendo que la calidad, al igual que la detección de la mayor o menor especificidad literaria de una obra concreta, es un concepto que se pretende de orden formal o técnico pero que no deja de estar atravesado de ideología, entendida ésta como escala de valores desde la que se observa a uno mismo y al mundo. A ese respecto en este libro he querido apartarme de ese vector o concepto y he rehuido hablar ya de buenos o malos libros, ya de buenos libros malos o malos libros buenos. Dicho en otros términos: Los cipreses creen en Dios no tiene lugar en la selección porque no ofrece la necesaria honestidad narrativa para dar cuenta de la naturaleza del enfrentamiento civil que toma como objeto de su mirada, y no es por tanto un interlocutor válido para mantener el diálogo con el relato histórico que elegí como criterio. Honestidad narrativa, digo, y no moral o ideológica. ¿Quiero decir con esto que la honestidad narrativa es un requisito de esa calidad de la que se habla desde un entendimiento autorreferencial de la literatura? Permitid que me salga por las ramas y que diga aquello del ni si ni no sino todo lo contrario, porque simplemente ese árbol de la ciencia literaria, al menos a la hora del plantear la propuesta, no era lo que me interesaba: ni su tronco, ni sus ramas ni sus frutos aunque sí las sombras con que se brotan los claroscuros en uno y otro espacio. Por otra parte, y para que no se entienda que me escapo por los cerros de Úbeda, no me importaría sostener, aun aceptando la engañosa frontera que se establece entre forma y contenido, y asumiendo incluso los valores formales que “la academia” prioriza, que todos y cada uno de los libros seleccionados reúnen características propias de las llamadas buenas literaturas. Más imposible me resulta imaginar que esas mismas academias fueran capaces de poner entre paréntesis sus propios prejuicios ideológicos al respecto. Por otro lado, no creo haber seleccionado ningún libro por su condición de “favoritos”. Indudablemente, habrán tenido alguna ventaja aquellos libros de los que por una causa u otra haya tenido mayor conocimiento. A ese respecto no oculto la presencia de títulos en cuya publicación o reedición colaboré como editor en su momento.

Torné. En cualquier caso, tu “lista” se articula con libros “importantes” (como los de Unamuno, Ortega, Benet o Mendoza), pero también con libros que no parecen tener más interés que dar claves literarias sobre los orígenes de retóricas que vuelven o no se han ido (como Leoncio Pancorbo, de José María Alfaro). Quería preguntarte por estas energías o inspiraciones “negativas”.

Con esta propuesta he procurado ofrecer un relato en el que la presencia de cada libro viene dada no por su particular importancia sino sobre su capacidad para articularse dentro de ese conjunto con el que he intentado una lectura a la vez doble pero única, dialéctica, al modo de una conversación entre dos relatos que tratan de responder al enigma del ¿quiénes somos? que el título subraya. El interés de cada título responde por tanto a esa posición relativa. Y digo “responde” asumiendo también el sentido de “dar respuesta”, de que da respuesta a dicho enigma. En realidad –y esto lo pienso ahora, al releer el libro en mi cabeza–, una característica común de todos los títulos seleccionados es que, rompiendo con el tópico humanista y socialdemócrata de que los libros sólo deben plantear preguntas, ellos ofrecen respuestas. Evidentemente –de manera inevitable pero también querida–, esas respuestas son leídas e interpretadas unas veces de manera positiva y otras negativa, en razón de esa lectura de nuestra historia que antes he buscado explicitar. Pero las respuestas “negativas” siguen siendo partes significativas de ese relato global y “desordenado” en el que respiramos semánticamente.

Echevarría. Te has adelantado a destacar algo sobre lo que quería incidir: la presencia, en tu selección, de títulos en cuya publicación o reedición colaboraste como editor en su momento. Así, a ojo, detecto cerca de diez. Me parece que eso aporta un valor añadido, muy singular, a tu propuesta: la de que, hasta cierto punto, su autor sea juez y parte, por así decirlo. En este sentido, entiendo este libro como una prolongación de tu trayectoria editorial. No deja de resultar significativo a este respecto que el libro mismo sea el encargo de un editor. Y de un editor, además, que antes de serlo ha sido autor tuyo. Te pediría una reflexión sobre esta presunta continuidad entre el editor, el prescriptor y el historiógrafo o narrador del relato colectivo.

Pues no había “caído en la cuenta”, pero sí, la proporción no deja de ser un tanto ególatra. Bueno, yo llego al mundo de la edición desde el ejercicio de la crítica durante más de veinte años, y un tanto ingenuamente, pensando que un editor es algo así como un crítico con poder ejecutivo. Cierto que la práctica pronto me dice que en la lectura editorial aparece un vector económico que en principio no está presente en la crítica. Pero tengo también que reconocer que por circunstancias del momento (el apoyo que me prestan Ángel Lucía en los años de Debate o Claudio López en los de Caballo de Troya) se me permite mantener unos criterios literarios no demasiado distorsionados por la cuenta de resultados. Por otro lado, todavía en aquellos años finales del siglo pasado, en el campo literario, pervivía con bastante peso lo que llamaría un entendimiento de la literatura como espacio que se mueve y orbita, por supuesto, en el mercado pero todavía no para el mercado; una tendencia que progresivamente se irá apoderando de toda la actividad cultural relacionada con la edición literaria. En esas circunstancias diría que el crítico sobrevive dentro del editor, y puedo plantearme una propuesta de catálogo en la que prime una literatura con ambición crítica que cuestione las poéticas más o menos comerciales que, desde la aparición y éxito de la llamada Nueva Narrativa, se ha venido instalando de manera hegemónica en esos ámbitos. Creo que la publicación de autores como Magrinyà, Ray Loriga, Colectivo Todoazen, Ferres o Julián Rodríguez responde a criterios literarios cercanos a los que darán lugar a la propuesta de ¿Quiénes somos? No en vano este libro se abre con una cita de Juan Carlos Rodríguez, cuya Norma literaria, reeditada también por entonces, sobrevuela sobre toda la selección.

Todos y cada uno de los libros seleccionados reúnen características propias de las llamadas buenas literaturas

Torné. Ha salido antes a colación eso del escritor que no da respuestas, sino que se “hace preguntas". Creo que es una formulación de Cercas, un poco tramposa, de manera que su negación nos mete en una dicotomía a mi juicio un tanto equívoca. Parecería que hay un grupo de escritores “sociales e ideológicos” que escriben novelas para dar respuestas y otros “existenciales o estetas” que pretenden mostrar la complejidad del mundo. Pero en las novelas de Cercas se dan respuestas, sólo que la respuesta a un asunto político se escamotea por una respuesta de orden emocional o emotivo. Hay una reducción del espacio histórico en conflicto al teatrillo de la sentimentalidad personal; de manera parecida a como apuntas que sucede en unos cuantos escritores más. Pero eso es una “respuesta”" como una casa. Y, por otro lado, hay obras de carácter político donde a la “respuesta” se llega por vías muy complejas, que no siempre llegan a conclusiones inequívocas, y que dejan mucho espacio al lector. Yo distinguiría entre novelas que ayudan a clarificar lo que está en juego (que responden de manera política a cuestiones políticas) y novelas “liantas”, que, sin dejar de dar una opinión muy a priori, diluyen lo político en lo familiar, lo entrañable, lo nostálgico o lo cursi... Lo extenso en extenso porque es un asunto al que suelo dar vueltas, y porque en tu selección incluyes libros donde no sólo el camino hacia la respuesta es complejo, sino cuyo valor parece estar en dejarle la “respuesta” al lector. Lo dices de manera explícita en el caso de Baroja, también a propósito de Campesinos, pero creo que esto mismo puede aplicarse a La conquista del aire de Belén Gopegui.

Estoy de acuerdo con eso de que en nuestro campo literario (fracción crítico-académica) la complejidad es expresada  como uno de los valores clave de la “literatura superior”, y que bajo tal supuesto se bendicen determinados textos, se perdonan otros y se condenan muchos. El problema, como suele suceder, es que, a la hora de concretar en qué reside y cómo se constata tal complejidad, raro es encontrarse con argumentaciones que no caigan en lo abstracto y que vayan más allá de la cretina autodefinición de la complejidad como algo muy complejo, pues su nivel de concreción no suele avanzar más de lo que en un diccionario se alcanza: aquello que resulta difícil de comprender o de resolver por estar compuesto de muchos aspectos que se interrelacionan. Unas definiciones que encuentran en la dificultad la propia incapacidad para abarcarla, en oposición a lo simple o sencillo, cuyo entendimiento sería inmediato. Lo curioso es que la fórmula, como bien dices, funciona con aprovechamiento ideológico por parte de los dueños del diccionario y sus aplicaciones: la simpleza en los textos “sociales e ideológicos" y la complejidad para las obras “existenciales o estetas”. En semejantes coordenadas se establecen los distingos entre las novelas de tesis y las, digamos, novelas de hipótesis, y se diferenció, en su momento, entre el realismo crítico –redimido o salvado– y el condenado realismo social. Ni que decir tiene que detrás de esta escala de valores que asimila la complejidad a la dificultad de comprensión o conocimiento subyace la vieja y orteguiana distinción entre los que entienden y los que no entienden, que, traducida al campo emocional, hablaría de quienes tienen o no tienen sensibilidad o gusto estético suficiente. Pues bien, en todos y cada uno de los libros seleccionados cabría señalar sin mayor esfuerzo esa interrelación entre las partes, la diversidad de ópticas y ángulos, y la presencia de una amplia red de múltiples relaciones intra y extratextuales que se construyen alrededor del centro generador de significados que el texto desempeña. Aunque la ambigüedad de la definición siga presente, sí aprovecharía ese entendimiento general de que lo complejo exige matizar, discriminar, reflexionar y cuestionar para, ya puestos, añadir como cualidad pertinente el efecto mas específico que, en mi opinión, la complejidad provoca en quien a ella se acerca: el extravío, la sabiduría del no saber, la humildad frente a algo, un texto, que como generador de esa red innumerable –y por tanto inabarcable, indecible– exige de manera inevitable, al menos para quien no quiera quedarse en la inopia, decidir qué relaciones y transversalidades analiza y cuáles descarta. Ese entendimiento de la complejidad como asiento de lo inabarcable no conllevaría sin embargo la imposibilidad de plantear juicios o dar respuestas, pues a la incertidumbre le cabe ser resuelta en términos dialógicos. Una decisión que no sería puramente estética sino también ética y política. Decidir, en definitiva, con quién dialogar. Porque leer es entrar en diálogo, salvo que se reivindique también, y se hace con bastante frecuencia, la perplejidad como estado perfecto.

Echevarría. Cada vez me gusta más destripar los libros estadísticamente, por así decirlo. Sustituir el juicio o el análisis por los datos objetivos que arroja el libro mismo. De 55 títulos seleccionados para responder a la pregunta ¿Quiénes somos?, diez son obra de mujeres. Una proporción escasa y sin embargo presumo que esforzada, a contrapelo de las cuentas que arroja los cánones más conspicuos. Por otro lado, frente a una previsible mayoría de libros narrativos, tenemos 9 poemarios, 3 piezas de teatro, 4 ensayos (o tratados), un libro de viajes, un libro de memorias, unos diarios, un número de revista y artefacto o collage rigurosamente inclasificable. Supongo que estas cuentas han surgido impremeditadamente, sin cálculo, pero me pregunto cómo te relacionas con ellas a posteriori.

Parece claro que bajo la pretensión de ofrecer una propuesta de clara vocación narrativa que contempla la literatura, en su conjunto, como espejo del “transcurrir”, lo narrativo parece llamado a ocupar una presencia relevante, de ahí sin duda su mayor peso. Pero no fui construyendo las distintas presencias en función de géneros o cuotas sino, como se indica en la introducción, siguiendo pautas temáticas: la transformación de lo rural a lo urbano, la presencia del conflicto social, la guerra civil como núcleo como centro de gravedad, el lento crecimiento de la emancipación femenina, la larga posguerra, etc. Junto a esas pautas me pareció absolutamente necesario dar cuenta también de los cambios que tienen lugar en el instrumento literario y sus lenguajes y de esa voluntad se desprende, creo, la selección de los ensayos, de esos otros textos de extraña condición que avisas o la relevancia concedida a la poesía por cuanto entiendo que los lenguajes poéticos resultan tremendamente significativos como síntomas de cambio en las subjetividades colectivas y en lo que podríamos llamar autoconciencia o autorreflexión de la literatura sobre si misma que me llevó, por ejemplo, a abordar el diálogo con Olvido García Valdes como adecuado recurso.

Torné. Me parece que el libro adopta tonos distintos cuando hablas de poesía que cuando hablas de prosa (novela y ensayo), que hay una permisividad o una atención superior al “estilo” y a la “belleza” (sic) que no sé si siempre le permites a la prosa; como si el crítico estuviese aquí más vigilante a que el estilo no se despeñe por la ñoñería o la imprecisión. ¿Le pides cosas distintas a la prosa que a la poesía?

No creo, pero entiendo que esa apariencia es posible. Al fin y al cabo la poesía es una construcción inmediata cuya lectura no requiere tantas mediaciones, sean sociales, culturales o históricas como a mi entender pide la lectura del ensayo, la novela o el mismo teatro. En la poesía la lectura es instante; el lenguaje dicta, impone. No es que le pida cosas distintas, es que la poesía te pide cosas distintas: otra actitud, otra urgencia, otro oído. En la narrativa o el ensayo “oyes” al que habla y lo que habla y desde ahí juzgas; en la poesía lo enunciado y el enunciar son el mismo acto; la intención y el hecho lingüístico viajan a la misma velocidad. Apenas hay distancia para la meditación; no vigilas, aceptas o no. La exactitud lo es todo. Diría incluso que en la poesía no hay estilo ni belleza, solo inteligencia o falta de ella. Es más un código que un mensaje. Sí, quizá mi nivel de exigencia sea mayor hacia la poesía.

Leer es entrar en diálogo, salvo que se reivindique también, y se hace con bastante frecuencia, la perplejidad como estado perfecto

Echevarría. Vuelvo a la Guerra Civil como “centro de gravedad de nuestra narración global”, que necesariamente domina cualquier relato que pretenda hacerse del siglo XX español. Me interesa la puntualización que te ocupaste de hacer antes: que no solo fue guerra civil sino también guerra revolucionaria. Entiendo que la mayor singularidad de tu propuesta  narrativa consiste en subrayar esto, en abierta discrepancia con la ingente masa de lecturas que tienden a obviarlo. En este sentido, la guerra civil y el franquismo han esclerotizado no sólo el debate político sino también la memoria histórica, y esa lucha entre buenos y malos se ha polarizado entre fachas y demócratas, olvidándose en el camino la lucha de clases. Todavía hoy, como he observado alguna vez desde estas mismas páginas, el ogro del franquismo cataliza el relato social, y la batalla parece plantearse entre el fundamentalismo demócrata y los resabios dictatoriales que nos recortan las libertades. La traca final de tu selección (con La conquista del aire, de Gopegui; Memoria de un hombre perdido, de Ferres; y El año que tampoco hicimos la revolución, del Colectivo Todoazén) ¿apunta a corregir esta tendencia?

No deja de ser relevante y algo sorprendente que donde más claramente se ve ese centro de gravedad de la Guerra Civil sea en la literatura anterior a la propia guerra civil, seguramente porque en esos libros la lucha de clases se hace explícita o implícitamente más evidente. Y sí, la desaparición de la lucha de clases en aras del enfrentamiento entre fascistas y demócratas es algo que funciona como espejismo o distorsión estratégica que no deja ver el núcleo duro del combate, en toda Europa, desde la asunción por parte de los partidos comunistas del planteamiento de los Frentes Populares. El uso inmoderado e impreciso hoy de términos como fascista, ultraderecha o trumpismo responden a ese mismo movimiento que reviste de enfrentamiento lo que no deja de ser la resignada aceptación del capitalismo como violencia. Y en efecto, en los libros citados pero también en Días de llamas, Las pistolas o 19 figuras de mi historia civil se rasga ese velo detrás del cual se esconde el terrorismo cotidiano del Capital. A ese respecto me parece deslumbrante las escenas que encontramos en El tintero de Carlos Muñiz, donde se evidencia el terror que subyace en las relaciones laborales.

Echevarría. Me pregunto a qué linaje tanto hermenéutico como historiográfico pertenecería tu libro, si es que cabe atribuirle alguno. Se me ocurre recordar aquí la Historia social de la literatura española, de Carlos Blanco Aguinaga, Julio Rodríguez Puértolas e Iris Zavala, uno de los pocos intentos conocidos –y repudiados– de contar las cosas desde otro ángulo.

Sí, sin duda es hijo, aunque bastardo, de aquella Historia Social. No en vano me reconozco como discípulo de Carlos Blanco que fue quien primero me hizo preguntarme el por qué un libro me gustaba y el por qué otro me disgustaba. Pero más que de linaje hablaría de constelación crítica donde creo que ocupan lugar relevante obras  como La literatura del pobre, de Juan Carlos Rodríguez; La novela española, de Ignacio Soldevilla, Musa del 68, de Prieto de Paula; o La escena constituyente, de César de Vicente. Una constelación en la que no faltaría la presencia de títulos como Cultura y sociedad, de Raymond Williams; La crítica del gusto, de Della Volpe; o acaso un tanto fuera de órbita, los ensayos de Musil. Y aprovechando que el Guadalquivir pasa por Valladolid, quisiera señalar que mi única reserva a la hora de asumir el encargo de Julián Rodríguez vino dado por el hecho de ser contraria a las visiones estrechamente nacionales/nacionalistas presentes en las historiografías literarias por ejemplo. Más que de la Literatura de España creo que habría que hablar de la Literatura en España y no solo porque se deja fuera a las literaturas de las otras lenguas del Estado y las latinoamericanas sino porque a mi entender los libros traducidos también forman parte de esa narración que nos narra. Espero que algún día podamos contar con una historia literaria que asuma esa dimensión. Darío forma parte de ese relato pero también Shakespeare, Balzac, Tomas Mann o Pasolini.

A continuación se da la lista de títulos seleccionados por Constantino Bértolo en ¿Quiénes somos? Libros de la literatura española del siglo XX, Madrid, Periférica, 2021.

LIBRO

AUTOR

 

La voluntad

Azorín

Aurora roja

Pío Baroja

Campos de Castilla

Antonio Machado

El metal de los muertos

Concha Espina

Segunda antolojía poética (1898-1918)

Juan Ramón Jménez

Cara de Plata

Ramón de Valle-Inclán

La malcasada

Carmen de Burgos “Colombine”

La deshumanización del arte

José Ortega y Gasset

El nuevo romanticismo

José Díaz Fernández

Poeta en Nueva York

Federico García Lorca

Campesinos

Joaquín Arderius

San Manuel Bueno mártir

Miguel de Unamuno

Tensor

Ramón J. Sender

Tea Rooms. Mujeres obreras

Luisa Carnés

Eugenio o proclamación de la primavera

Rafael García Serrano

Filosofía y poesía

María Zambrano

Leoncio Pancorbo

José María Alfaro

Nada

Carmen Laforet

Los muertos

José Luis Hidalgo

Viaje a la Alcarria

Camilo José Cela

El tintero

Carlos Muñiz

Historia de una escalera

Antonio Buero Vallejo

Nosotros, los Rivero

Dolores Medio

El grito inútil

Ángela Figuera Aymerich

El Jarama

Rafael Sánchez Ferlosio

La mina

Armando López Salinas

Nuevas amistades

Juan García Hortelano

La sinrazón

Rosa Chacel

19 figuras de mi historia civil

Carlos Barral

Los enanos

Concha Alós

Tiempo de silencio

Luis Martín-Santos

La gallina ciega

Max Aub

Reivindicación del Conde don Julián

Juan Goytisolo

Así se fundó Carnaby Street

Leopoldo María Panero

Recuento

Luis Goytisolo

La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas

Carmen Martín Gaite

La verdad sobre el caso Savolta

Eduardo Mendoza

Días de llamas

Juan Iturralde

Largo noviembre de Madrid

Juan Eduardo Zúñiga

De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall

Blanca Andreu

Los santos inocentes

Miguel Delibes

Un día volveré

Juan Marsé

Herrumbrosas lanzas

Juan Benet

Las pistolas

Félix Rotaeta

Letra muerta

Juan José Millás

Évame

Carlos Oroza

Edad (Poesía 1947-1986)

Antonio Gamoneda

La buena letra

Rafael Chirbes

Lo peor de todo

Ray Loriga

 Belinda y el monstruo

 Luis Magrinyà

Caza nocturna

Olvido García Valdés

La conquista del aire

Belén Gopegui

Memoria de un hombre perdido

Antonio Ferres

El año que tampoco hicimos la revolución

Colectivo Todoazen

Cultivos

Julián Rodríguez

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Culturas Ignacio Echevarría / Fri, 16 Apr 2021 19:27:55 +0100 /es/20210401/Culturas/35701/constantino-bertolo-quienes-somos-historia-siglo-xx-echevarria-gonzalo-torne.htm?tpl=87
Liberteando con Elsa Ruiz http://www.ctxt.es/es/20210401/Multimedia/35700/Elsa-Ruiz-cuestionario-elecciones-Madrid-actualidad-politica-4M-Marina-Lobo.htm  

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Multimedia Marina Lobo Fri, 16 Apr 2021 17:42:29 +0100 /es/20210401/Multimedia/35700/Elsa-Ruiz-cuestionario-elecciones-Madrid-actualidad-politica-4M-Marina-Lobo.htm?tpl=87
“No nos pueden quitar el Convenio de Estambul” http://www.ctxt.es/es/20210401/Politica/35654/convenio-Estambul-violencia-machista-Erdogan-Turquia-feminismo-Azra-Ceylan.htm “En este momento, necesitamos que las mujeres en todo el país salgan a las calles y le digan al presidente que revierta esta decisión”, le dijó a Duvar English Fidan Ataselim, vocera de la plataforma Detendremos los feminicidios, el pasado 20 de marzo mientras se dirigía a una protesta en el barrio de Kadıköy en Estambul.

Ese día el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan había emitido a medianoche un decreto con el que retiraba a Turquía del Convenio de Estambul. Esto provocó que  miles de mujeres en todo el país tomaran las calles.

El Convenio de Estambul, un tratado internacional que obliga a todos los firmantes a crear leyes para proteger a las mujeres, ha sido campo de batalla entre Ankara y el movimiento feminista turco desde hace casi un año, con rumores constantes de una retirada del convenio que ha causado controversia tanto en la oposición como en las filas del partido en el poder, la Alianza Popular.

Los colectivos de la oposición y las organizaciones no gubernamentales han llevado a cabo campañas de concientización sobre este tratado desde el verano de 2020, para combatir los ataques sufridos por parte del gobierno y lxs líderes de opinión conservadorxs.

El decreto finalmente emitido por Erdoğan fue ampliamente interpretado como un intento de fortalecer sus vínculos con círculos religiosos antes de las elecciones, programadas para 2023, pero siempre abiertas a ser reprogramadas en el inestable panorama político del país.

Lxs críticxs se oponen al convenio por proteger los derechos de “todos los géneros”, un término que creen que fomenta las orientaciones no heterosexuales y, por lo tanto, amenaza la institución fundamental de la familia.

“Este convenio no fue creado de la nada. Fue construido sobre las vidas de cientos de mujeres que fueron asesinadas”, dice Ataselim. “No pueden simplemente quitárnoslo”.

Como resultado de los esfuerzos, realizados a altas horas de la noche, y a nivel nacional por la Plataforma Detendremos Los Feminicidios y por las Asambleas de Mujeres, se organizaron dos horarios para las protestas en Estambul, a las 15:00 y a las 17:00. 

Tras la primera protesta, las agrupaciones decidieron unir sus multitudes en lugar de dividir estrictamente sus convocatorias y llevaron a cabo una concentración que comenzó poco después de las 15:00 y terminó después de las 18:00.

“Estamos uniendo nuestras concentraciones, y estamos uniendo nuestras voces” dijeron las representes a través de un megáfono por encima de la multitud, mientras las manifestantes silbaban, aplaudían y lanzaban consignas.

Las Asambleas de Mujeres de Turquía también organizaron una protesta casera para la noche del 21 de marzo, animando a las participantes a que hicieran ruido en sus ventanas a las 21:00, una tradición que viene de las protestas en el Parque Gezi en 2013 y que ha sido resucitada en medio de las restricciones y toques de queda por la covid-19.

La urgencia del decreto de retirada del Convenio de Estambul une a las mujeres

La repentina retirada por parte del presidente Erdoğan del Convenio de Estambul conmocionó al movimiento feminista en Turquía y obligó a las mujeres a trabajar juntas para producir soluciones rápidas a problemas inesperados, le dijo la autodenominada activista feminista musulmana Rümeysa Çamdereli de la Asociacion de Mujeres de Havle a Duvar English al día siguiente de la primera concentración.

“El debate del Convenio de Estambul ha obligado a las mujeres a unirse para crear respuestas rápidas ante una variedad de temas, lo que es un problema en sí mismo: despertarse y enfrentarse un problema que no teníamos cuando nos fuimos a dormir”, dijo Çamdereli.

Esta decisión de Erdoğan tiene la intención de hacer feliz a un grupo de hombres, señaló Çamdereli, quien añadió que espera que las opiniones de las mujeres conservadoras sobre el Convenio de Estambul cambien cuando vean cuáles son los grupos que se alegran de la retirada.

“Siempre decimos: si tienes un problema con el Convenio de Estambul, seguramente quieres golpear a tu mujer, porque no plantea ninguna otra restricción. Así que espero que las mujeres de diferentes círculos se den cuenta de que esto refuerza las manos de los hombres y que necesitamos tener una resistencia unida”.

El movimiento feminista en Turquía ha ampliado su diversidad en los últimos años, incluyendo la presencia de Çamdereli en las protestas, dice la activista feminista musulmana que añade que el movimiento de mujeres ha colaborado de maneras más estructuradas con el movimiento LGBTI+ como resultado del desafío al Convenio de Estambul.

“A pesar del clima y de la pandemia, las mujeres estaban afuera después de las 18:00. Creo que muchas personas, incluyendome, sentimos la necesidad de salir a las calles y ver una a multitud de mujeres porque la noticia (del decreto) es totalmente incomprensible”, dijo Çamdereli sobre las protestas de Kadıköy.

Estoy aquí por lxs niñxs: manifestante primeriza

Gödze E., de 67 años, asistió a la protesta con su hijo y dijo que está protestando porque cree en el ideal de la libertad, y quiere defenderlo, aunque sea infeliz viviendo en su propio país. “No me siento nada segura aquí. Ni siquiera me dejan sentirme mujer. Nos pueden matar en cualquier momento, en cualquier lugar, nos pueden violar. No importa si eres hombre o mujer”, dijo esta mujer que asistía a una protesta feminista por primera vez a sus 67 años.

“Estoy aquí por lxs niñxs y por las amistades. Todos el mundo debería poder vivir como quiera en un país como Turquía”, dijo esta manifestante primeriza que deseó mantener su apellido en secreto, ya que teme que el gobierno le quite su pensión de jubilación si se enteran de su recién descubierto activismo.

La repentina decisión de Erdoğan de retirarse del convenio fue ampliamente interpretada como una descarada omisión de la plaga de feminicidios del país, pero también como un rechazo categórico de las identidades de las minorías, particularmente las personas no binarias y queer.

“Estamos aquí porque queremos que estas políticas de violencia, no solo hacia las mujeres, sino hacia cualquier persona trans, que no es un ‘hombre’, se terminen”, comentó Deniz, hijo de Gödze E. y activista LGBTI+, quien quiso ocultar su nombre completo por razones de seguridad.

Acompañando a la madre y al hijo, estaba la pareja de Deniz, Oktay, quien se identifica como un hombre kurdo feminista, añadiendo que uno no necesita pertenecer a la causa para apoyarla y que “existen hombres feministas”.

“El cambio y la revolución en este país llegarán cuando las personas apoyen a quienes son diferentes y alcen la voz por sus derechos”, dijo Oktay, ocultando su apellido para proteger su cargo en una institución pública.

Para Oktay, la comunidad kurda en Turquía debería estar en la primera línea del movimiento de las mujeres, ya que es un grupo que, comenta, ha sido sistemáticamente brutalizado e ignorado por el gobierno.

Gödze E., Deniz y Oktay, posiblemente un trío poco probable de participantes, son parte de la diversificacion del movimiento feminista en Turquía que Çamdereli señalaba.

Marchando por los caminos estrechos y serpenteantes de Kadıköy en un sábado lluvioso, un mosaico de mujeres y hombres de diferentes edades, procedencias y afiliaciones acudieron y unieron sus voces de una manera única para decir que no tolerarán el decreto del presidente y que, en cambio, se aferrarán al fruto de años de trabajo del movimiento de las mujeres en Turquía.

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Azra Ceylan es editora de podcasts en Duvar English.

Este artículo se publicó originalmente en Internacional Progresista.

Traducción de Héctor Herrera y Francisco Domínguez.


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Política Azra Ceylan (Duvar English) Fri, 16 Apr 2021 14:02:13 +0100 /es/20210401/Politica/35654/convenio-Estambul-violencia-machista-Erdogan-Turquia-feminismo-Azra-Ceylan.htm?tpl=87
“Hay que evitar que surjan ‘mecas’ de peregrinación neofascista” http://www.ctxt.es/es/20210401/Politica/35683/Xose-M-Nunez-Seixas-dictadores-guaridas-Franco-Meiras-Mussolini-Stalin-memoriales-Steven-Forti.htm ¿Cómo se ha enfrentado la Europa contemporánea a su pasado dictatorial? ¿Qué se hizo en Alemania con los lugares del nazismo en el espacio público? ¿Y en Italia con los del fascismo? ¿Se intentó olvidarse de ellos? ¿Se “turistificaron”? ¿Se convirtieron en ‘mecas’ de peregrinación neofascista? ¿Se resignificaron? Y si es así, ¿cómo? ¿En los países de la Europa oriental qué memoria se ha construido del pasado comunista? ¿Hay patrones comunes? ¿Hay experiencias virtuosas a las que mirar? 

A todo esto intenta contestar Guaridas del lobo. Memorias de la Europa autoritaria, 1945-2020, recién publicado por Crítica, un volúmen que ofrece un estudio comparado de casos muy diversos, desde Alemania e Italia hasta Rusia, Rumanía, Francia, Austria, Albania, Eslovaquia, pasando por Portugal y, evidentemente, España. Conversamos con su autor, el historiador Xosé M. Núñez Seixas (Ourense, 1966), catedrático en la Universidade de Santiago de Compostela. Núñez Seixas presidió también la comisión de expertos que se encargó de estudiar las vías legales para que el Pazo de Meirás fuese de dominio público. En la actualidad es presidente de la comisión de expertos para elaborar el plan de usos del mismo Pazo de Meirás. 

En su libro propone un innovador estudio a nivel europeo sobre los “lugares de dictador”. ¿De qué estamos hablando? 

De una categoría específica de lugares de memoria o espacios memoriales referidos a las dictaduras de todo signo, y que se asocian de manera íntima y personal a la figura del dictador. En ellas se produce una superposición de carisma público y dimensión privada, que a menudo conlleva el riesgo de humanización de los dictadores y, por extensión, del carácter de sus dictaduras. Se trataría sobre todo de casas natales, lugares donde el dictador pasó su infancia, palacios o residencias oficiales, y tumbas o mausoleos. Su naturaleza es variada, y a menudo ubicaciones secundarias –una casa donde vivió un dictador un período de su vida, la tumba de sus padres o lugartenientes– devienen en objetos de culto o lugares de memoria específicos. Al estudiar las políticas de la memoria posdictatorial de varios países europeos, constaté que la gestión de esos lugares de memoria específicos se transforma a menudo en una digestión trabajosa o una indigestión permanente. Como si el fantasma del dictador, y por extensión del pasado incómodo, persistiese en esos lugares más que en ninguna otra parte. Y eso sucede incluso en países casi paradigmáticos en sus políticas de la memoria, como la República Federal Alemana (RFA) o Portugal.

Cuando decimos dictadores en la Europa del siglo XX, pensamos inmediatamente en Hitler y Mussolini. ¿Cómo han gestionado Alemania e Italia los lugares de sus dictadores? 

De maneras muy distintas. Alemania condenó al olvido durante más de tres décadas esos lugares, tanto los vinculados a la biografía privada de Hitler (domicilios en Múnich, la residencia alpina de Obersalzberg que incluye el Nido del Águila) como los espacios de su poder (recinto de congresos de Núremberg, los restos del complejo de Königsplatz en Múnich…), y sólo desde los años ochenta acometió con decisión su resignificación, convirtiéndolos en espacios memoriales, museos, etcétera. Tras 1990, al asumir el espacio berlinés donde se ubicaban los restos del búnker de la Cancillería –una suerte de ataúd sin cuerpo del dictador pues los restos de Hitler y Eva Braun habían sido escondidos por los soviéticos, y después dispersados en un río– fueron cegados y encima se construyó un parque (siguiendo lo ya hecho por la República Democrática Alemana), dotado de unos paneles explicativos. La gran obsesión siempre ha sido evitar que los lugares de dictador, a veces putativos (como la tumba de Rudolf Heß o la del “mártir” de las SA Horts Wessel) deviniesen en mecas de peregrinación de nostálgicos, y la legislación se ha modificado de forma permanente. Algo parecido ocurre en Austria, que convive con el fantasma de Hitler. Pero aplica una vara de medir distinta a la hora de gestionar el recuerdo del canciller Engelbert Dollfuß, católico autoritario que fue asesinado por los nazis en 1934 y pasó a la posteridad como un presidente mártir.

Aunque se tomaron algunas medidas legislativas para evitar la exhibición de símbolos fascistas, la ciudadanía de Predappio tuvo que soportar la presencia de peregrinos neofascistas

En Italia, en cambio, persistió también un silencio incómodo, tras la ejecución de Mussolini y su amante, y su exhibición en la plaza Loreto de Milán. El cadáver del Duce fue secuestrado por un grupo neofascista del cementerio milanés en que se hallaba. El Estado italiano lo recuperó y lo escondió durante años en un convento, y en 1957 permitió que los restos fuesen inhumados en la cripta familiar ubicada en Predappio, lugar natal de Mussolini, como parte de una operación diseñada por el gobierno democristiano para conseguir los votos neofascistas en el Parlamento de Roma. Menospreció la capacidad de convocatoria de los nostálgicos, y Predappio, ciudad que había sido remodelada durante el ventenio fascista para convertirse en una meca de peregrinaje, se convirtió en eso, al menos en fechas señaladas. Aunque se tomaron algunas medidas legislativas para evitar la exhibición de símbolos fascistas, camisas negras, etc., y la izquierda también se movilizó, lo cierto es que la ciudadanía de Predappio, ciudad que hasta 2019 contó siempre con alcaldes de izquierda, tuvo que soportar la presencia de peregrinos neofascistas, y la existencia de tiendas de recuerdos mussolinianos. El Duce desapareció de calles y placas, pero quedaron bastantes monumentos de época fascista, desde el EUR de Roma hasta el monumento funerario al jerarca fascista Michele Bianchi en Belmonte Calabro. Desde hace algún tiempo, además, el antifascismo como matriz legitimadora de la República es objeto de numerosos ataques revisionistas por parte de la derecha, algo que en Alemania, incluso Alternativa para Alemania, se cuida de hacer abiertamente.

En su libro aborda también los casos de los dictadores comunistas: Stalin, obviamente, pero también Tito, Ceausescu y Hoxa. En la manera de gestionar ese pasado incómodo, ¿hay patrones similares con los países de la Europa occidental?

Habría que diferenciar por países. En Rusia ha habido una suerte de retorno de la popularidad de Stalin desde principios de esta década, coincidiendo con la era Putin. Pero de él se recuerda su faceta de vencedor de la “Gran Guerra Patria” contra el invasor alemán, de liberador de Europa, y de gran estadista, así como de modernizador de la Unión Soviética: un sucesor de los grandes zares clásicos. Y se eluden sus víctimas, los millones de deportados o las políticas de colectivización forzosa. Incluso en Georgia, cuya política de la memoria aspira desde hace tres décadas a “des-sovietizar” el pasado nacional, la figura de Stalin goza de notable popularidad como connacional ilustre que rigió los destinos del mundo. Desde finales de la década de 1990, resultado de los costes sociales de la transición a la economía de mercado, hay una añoranza de los viejos tiempos comunistas que también se da en otros países de Europa centro-oriental, como Rumanía o Yugoslavia. Eso convive con una política oficial por parte de esos Estados poscomunistas que presenta los años 1945-1990 como una “ocupación” soviética, que ha eliminado monumentos y referencias públicas del pasado comunista, ha intentado imponer versiones canónicas en la interpretación histórica, y que, en algunos casos, también ha procedido a resignificar positivamente o presentar de modo benigno, bajo gobiernos de derecha radical, como Hungría o Polonia, a los regímenes autoritarios, parafascistas o colaboracionistas del período de entreguerras. El almirante Horthy (Hungría), el prelado Josef Tiso (Eslovaquia), el recuerdo de Ante Pavelic (Croacia) o los presidencialismos autoritarios de Ulmanis (Letonia) y Päts (Estonia) son vistos como precedentes de soberanía y épocas doradas. Dicho esto, sorprende en algunos casos el grado casi místico de veneración por algunos dictadores del pasado; y, en otros, el tono acrítico y descaradamente comercial, con vistas a la explotación turística, que rige la gestión de algunos lugares de dictador, como las dachas de Stalin o el cuartel de Targoviste, donde fueron ejecutados Ceaucescu y su esposa.

¿El riesgo no es convertirlos en lugares de desmemoria, en punto de encuentro para nostálgicos o en unas especies de Disneylandia que trivializan el pasado autoritario?

Así ha sucedido en varios lugares de Europa oriental. E incluso de Europa occidental: el municipio de Belmonte Calabro busca atraer visitantes para conocer el monumento a Michele Bianchi. La tentación de explotar de modo turístico la herencia “no deseada” también se manifestó en Braunau am Inn (Hitler), en Predappio o en Santa Comba Dâo (Salazar), curiosamente alimentada a veces por alcaldes de izquierda. A ellos se opusieron a menudo activistas locales partidarios de resignificar los lugares de dictador y dar ejemplo; y quienes preferían olvidar el tema. La globalización y la expansión del turismo negro ha añadido complejidad. El alcalde de Predappio, Giorgio Frassineti, adalid del proyecto de un museo sobre el fascismo, lo expuso en una ocasión: esos turistas y nostálgicos ya vienen, en internet encuentran todo. Si no hacemos nada, se harán autorretratos con el brazo en alto ante la casa de su ídolo. Por ello hay que resignificar, contextualizar y convertir esos lugares en centros de educación en valores democráticos. Eso es más evidente en Alemania que en otros lugares, en parte porque la política de la memoria de la RFA ha asumido que el nazismo cometió crímenes en toda Europa. En otros lugares, esa conciencia es menos global. Y más de un alcalde o empresario local ha insinuado que la narrativa de museos y exposiciones permanentes ha de ser “neutra”, factual… Por suerte, eso es algo que en España no ocurre, al menos por ahora.

Pasemos justamente a España. El debate sobre el Valle de los Caídos lleva años ocupando páginas de periódicos. Muchas veces se repite que “esto en Alemania o Italia no pasaría”. ¿Es cierto? ¿Hasta qué punto España es una excepción?

En Rusia ha habido una suerte de retorno de la popularidad de Stalin desde principios de esta década, coincidiendo con la era Putin

España es diferente, pero no tanto si se conoce bien lo que ocurre en otros países. En algunos apartados, sin duda, el contraste es notorio. Que todavía haya lugares con calles dedicadas a Franco o a sus generales, a “mártires” de la guerra civil del bando vencedor, o que las estatuas de Franco no desapareciesen definitivamente hasta febrero de 2021. Y que la derecha democrática siga sin adoptar una posición inequívoca, semejante a la que hoy –no así hace cuarenta años– asume la CDU/CSU en Alemania, en parte por temor a que algunos de los fundamentos de la Constitución de 1978, como la monarquía, sean puestos en duda por tener raíces en el franquismo. Las desigualdades entre gobiernos autonómicos y municipales son también evidentes. Sin embargo, recordemos que también a los democristianos austríacos les ha costado desprenderse, y aún no del todo, de la sombra de Dollfuß. Y véanse las posiciones de la Lega y otros núcleos en Italia con respecto al paradigma antifascista fundacional de la República. Si contemplamos el panorama en Italia o Alemania cuarenta años después de la caída de sus dictaduras, gracias a una derrota militar –no se olvide–, las distancias con España se reducen. Por otro lado, es obvio que en España el dictador murió en la cama, que la transición fue como fue, así como los silencios que la acompañaron. Y a eso se añadía el cadáver de la guerra civil, no sólo del franquismo. No se podía externalizar la culpa, como se hizo en otros países que también vivieron guerras civiles en los cuarenta entre colaboracionistas y partisanos antifascistas, y subsumir todo en una narrativa de refundación nacional sobre un mito antifascista, como se hizo en casi todos los países de Europa occidental.

¿Qué hacer pues con el Valle de los Caídos? ¿Resignificarlo? ¿Cómo? ¿Vamos por el buen camino tras la exhumación de los restos de Franco? 

El camino es bueno. La exhumación de Franco se podía haber hecho antes y sin tanta televisión, y se puede cuestionar que siga enterrado en un panteón sufragado con fondos públicos. Soy de la opinión de que hay que resignificar el Valle de los Caídos. Pero es un reto descomunal. No hay nada similar en otros países. No es exactamente un mausoleo. Es una necrópolis que al mismo tiempo sirve de monumento a los valores de la victoria de Franco en 1939, de la Cruzada como fundamento de legitimidad, pese al galimatías de la reconciliación que el régimen esgrimió. Hay cuerpos de víctimas del bando vencedor, además de caídos republicanos. Y la reconciliación no puede estar presidida por la simbología mastodóntica del vencedor. Además, hay que tener en cuenta los derechos de los familiares de los sepultados a identificar y retirar los restos, algo complejo por su estado de conservación. ¿Qué hacer pues? Se han formulado propuestas diversas. Yo apostaría por la desacralización del recinto y su conversión en un lugar de memoria cívica. Y explicar claramente al visitante qué significan la gran cruz y parte de la iconografía que preside el lugar.

¿Por qué en el caso del Pazo de Meirás hay un mayor consenso entre actores institucionales, sociales y políticos y sobre cuáles son las perspectivas de su resignificación?

Tal vez Galicia is different. Aunque no siempre fuera se entienda. El Partido Popular de Galicia apostó en su momento –por oportunismo político, pero en parte también por convencimiento– por secundar una reivindicación que varios colectivos y asociaciones vinculadas al movimiento memorialista y al nacionalismo de izquierda llevaban propugnando desde hacía lustros, e hizo gala en eso de criterio propio frente a la calle Génova. La concordancia de objetivos entre instituciones y colectivos sociales dio buenos frutos, que esperamos que se consoliden. Que el Pazo de Meirás tenga una historia anterior a Franco, y vinculada a la escritora Emilia Pardo Bazán, ayudó en esa coincidencia. Y aunque no todos compartan las mismas sensibilidades para determinar qué se debe recordar en la resignificación de Meirás, hay buenas perspectivas para que Meirás sea un espacio memorial de encuentro en valores democráticos y cívicos, combinando diversos usos y respondiendo a las distintas etapas en la vida del recinto. 

En cuanto a las políticas de memoria, ¿hay ejemplos virtuosos en otros países a los cuales poder mirar? 

Yo no diría que hay ejemplos virtuosos. Hay experiencias de las que aprender, errores que evitar, lecciones sobre las que reflexionar. Que otros Estados, en Europa o en Sudamérica, hayan experimentado fórmulas distintas también da margen a prevenir riesgos inesperados. Por ejemplo, que después del Valle de los Caídos y Meirás surjan “mecas” de peregrinación neofascista en lugares insospechados, por ejemplo, la casa natal de Franco en Ferrol. Pero cada sociedad sigue su propio camino. 

Al final de su libro, aboga por una europeización de la memoria de las dictaduras. ¿Es realmente posible? ¿Cómo?

Todo es posible si hay voluntad política. En el fondo, crear una cartografía de lugares de memoria “negativa” transnacional asociados a las dictaduras permitiría descubrir puntos en común y reafirmar la legitimidad del proyecto europeo sobre valores democráticos. La comunidad de historiadores/as profesionales hace tiempo que ha avanzado en este aspecto, y existen plataformas reutilizables, aunque la narrativa de instituciones como la Casa de la Historia Europea de Bruselas es todavía muy básica y demasiado genérica como para servir de punto de encuentro. Otra cosa es que, en la situación actual, sea posible y factible. A medio plazo no lo veo.

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Política Steven Forti Fri, 16 Apr 2021 12:05:11 +0100 /es/20210401/Politica/35683/Xose-M-Nunez-Seixas-dictadores-guaridas-Franco-Meiras-Mussolini-Stalin-memoriales-Steven-Forti.htm?tpl=87
Madrid, la región con mayor PIB y la que menos parte destina a Educación http://www.ctxt.es/es/20210401/Politica/35386/privado-publico-concertada-educacion-Madrid-inversion.htm 1. Madrid es la comunidad autónoma que menos porcentaje de su PIB dedica a la Educación.

Según los datos del Ministerio de Hacienda sobre gasto público en Educación, Madrid se sitúa como la comunidad autónoma que menos porcentaje de su PIB dedica a la enseñanza: un 2%. Ocho décimas menos que Cataluña (2,8%), la siguiente que menos invierte. Y 3,3 puntos menos que Extremadura, la región que más parte de su PIB destina a Educación con un 5,3%. Actualmente, el gasto medio de los países de la UE en Educación se sitúa en el 4,7% del PIB, un 135% más que en la Comunidad de Madrid.

2. Tan solo gasta 4.496 euros por estudiante, la que menos del Estado.

Según el informe sobre diferencias educativas regionales de la Fundación BBVA, la Comunidad de Madrid fue la autonomía que menos gastó por alumno en España entre 2016-2017, con 4.496 euros por estudiante. Una cifra que está 839 euros por debajo de la media española. Son 459 euros menos que Castilla La Mancha, la siguiente comunidad que menos invierte en sus estudiantes, y 2.824 euros menos que el País Vasco, la que más dinero dedica a sus alumnos.

3. Las familias de la Comunidad de Madrid gastan 1.640 euros por estudiante, las que más del Estado. 

Al contrario que la Comunidad, las familias madrileñas fueron las que más gastaron por estudiante del Estado, con 1.640 euros. 240 euros más que los vecinos del País Vasco, la segunda región en la que las familias gastan más en enseñanza, casi 600 euros por encima de la media española y mil más que en Castilla La Mancha, comunidad en la que menos gastan las familias por alumno.

4. Madrid supera en casi 15 puntos a la media española de alumnos no universitarios matriculados en centros privados y concertados.

Fuente: Ministerio de Educación y Formación Profesional

De las 17 autonomías y dos ciudades autónomas de las que se compone el Estado, únicamente el País Vasco y Madrid tienen más del 45% de su alumnado no universitario matriculado en centros de enseñanza privada o concertada. En 2019, Madrid tuvo 1.209.734 estudiantes matriculados, según datos del Ministerio de Educación y Formación Profesional. De ellos, 651.126 alumnos se inscribieron en centros públicos (el 53,8%), 364.168 en concertados (30,1%) y 194.440 en privados (16,1%). A pesar de que junto al País Vasco son los únicos territorios con un porcentaje de estudiantes en centros públicos por debajo del 55%, la distribución entre centros privados y concertados es muy distinta en estas regiones. Mientras que Euskadi aglutina únicamente a un 0,9% de sus estudiantes en centros privados Madrid la supera en más de 15 puntos. Hablamos de cifras que superan holgadamente al resto de autonomías, duplicando a la Comunidad Valenciana (8,1%), segundo territorio con mayor porcentaje de estudiantes en la enseñanza privada, y a la media de España (7,3%).

5. La mayor parte de los centros educativos privados se concentran en la educación infantil, y se olvidan de la educación especial. 

Con 1.180 centros, la educación privada no universitaria se ha concentrado en las escuelas de Educación Infantil, con 842 centros –el 72% de las entidades privados–, y se ha olvidado de la Educación Especial, con únicamente dos centros en toda la Comunidad de Madrid. Sin embargo, en el sistema de educación pública podemos ver como a todos los niveles los centros se encuentran repartidos dentro de los 1.677 dirigidos al régimen general. Situación que se acentúa en el caso del régimen especial (escuelas deportivas, de arte e idiomas) y centros educativos para adultos, donde la enseñanza pública aglutina al 72% –159 escuelas– y 91% –76 institutos dedicados a la educación de persona adultas– del total de estos centros. 

6. El número de centros privados duplica al de concertados, a pesar de tener casi la mitad de alumnos.

 

El sistema educativo público madrileño aglutina a la mitad de los estudiantes no universitarios –664.851 alumnos, el 54% del total– en la mitad de los centros destinado a la enseñanza –1.912 centros, el 52%–. Mientras que el número de alumnos matriculados en centros concertados –365.093 estudiantes– supera en más de 150.000 casos a los de los centro privados –198.547 alumnos–, a pesar de que con 1.180 centros la enseñanza privada duplica a los 564 guarderías, colegios e institutos de titularidad concertada. 

7. El 61% de los estudiantes universitarios madrileños se concentran en universidades públicas. 

En las únicas seis universidades públicas que se encuentran en la Comunidad de Madrid se concentra el 61% –196.823 alumnos– de los 322.748 estudiantes matriculados. Mientras que las 12 universidades privadas concentran a 76.091 alumnos, el 23%. 

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Política ctxt Fri, 16 Apr 2021 10:31:42 +0100 /es/20210401/Politica/35386/privado-publico-concertada-educacion-Madrid-inversion.htm?tpl=87
Antisistema. http://www.ctxt.es/es/20210401/Multimedia/35697/La-boca-del-logo-Antisistema-policia-disturbios-abuso-policial-piedra-fascismo-ultraderecha.htm ]]> Multimedia La boca del logo Fri, 16 Apr 2021 00:48:59 +0100 /es/20210401/Multimedia/35697/La-boca-del-logo-Antisistema-policia-disturbios-abuso-policial-piedra-fascismo-ultraderecha.htm?tpl=87 “Desde la Ilustración, hemos creído que siempre más es mejor, que todo está en la razón” http://www.ctxt.es/es/20210401/Politica/35626/Ferran-Puig-Vilar-entrevista-tipping-points-cambio-climatico-permafrost-biodiversidad-Juan-Bordera.htm La gota que desborda el vaso. La última vez que el hacha golpea el árbol antes de caer. El último barril rentable de extraer en un pozo de petróleo. Hay tantos ejemplos de Tipping points (TP) como se quieran buscar. Son puntos de vuelco, de no retorno, y están de moda. Aunque menos de lo que debieran.

Múltiples informes llevan tiempo indicando que había que prestar atención a los que afectan a subsistemas climáticos como el Amazonas, el hielo de Groenlandia o el permafrost. Hace ya más de 20 años empezaron a provocar debates. Desde entonces, se han escrito miles de páginas describiendo sus interrelaciones, alertando del desastre venidero. Como en este paper en Nature de figuras clave en la ciencia climática, o este artículo de National Geographic. Sin embargo, y pese a la gravedad del asunto, el silencio mediático sigue siendo atronador. Incluso aún se oyen algunos berridos negacionistas en prime time.

En nuestro país, creo que no ha habido un trabajo de divulgación más valiente, desinteresado y completo, que el que lleva haciendo durante más de una década –por amor al arte y sobre todo al Ártico– el ingeniero y periodista Ferran Puig Vilar, que ahora está publicando información sobre el estado de esos puntos clave en su prestigioso blog, que fue reconocido con un premio entregado por la actual ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. 

¿Qué es un tipping point climático? 

Es un punto de vuelco, de inflexión en el equilibrio de un elemento o subsistema significativo (permafrost, Amazonas, corriente termohalina, Groenlandia) cuyo rebasamiento lo desestabiliza y genera un cambio de fase, llevando al sistema a un nuevo estado que puede –o no– ser de equilibrio. Hay 15 especificados y 9 de ellos están en fase de degradación o ya sobrepasados. Entre ellos se interrelacionan provocando cascadas de efectos.

¿Cuál es el estado de esos TP y cómo se relacionan?

Groenlandia está asumido que se va a fundir por completo. Ya no nieva tanto como se está deshelando. La Antártida occidental, con toda probabilidad, también. Entre esos dos, el nivel del mar ya subiría 10 metros. Pero, claro, si sólo fuera eso. Resulta que al verter el deshielo grandes cantidades de agua dulce  –por ejemplo en las costas de Groenlandia– esto afecta a las corrientes por factores de salinidad, densidad y temperatura. La corriente termohalina, ya ralentizándose mucho, incluso podría llegar a detenerse, acentuando los inviernos fríos en el norte. Además, como todo está conectado, la corriente termohalina influye también en el Pacífico, en los fenómenos de El Niño-Super Niño amplificándolos y haciéndolos más frecuentes. Estos eventos tienen asociados sequías –y por tanto megaincendios– en el Amazonas. Eso aumenta la deforestación acercando al propio Amazonas a su punto de no retorno, en el que se irá convirtiendo en sabana. Todo ello aumenta las emisiones de carbono, con lo cual el ciclo de realimentaciones se autorrefuerza. 

Y aún nos quedaría hablar, entre otros, del enorme problema del permafrost –esa bomba de relojería–. Hasta ahora se decía que sus emisiones no eran netas por el efecto limitado de fertilización del carbono –tan cacareado por la industria de los combustibles–. Eso ya ha cambiado. Hay un modelo reciente, desarrollado por gente de mucho prestigio como Jørgen Randers –uno de los firmantes del crucial informe a los límites del crecimiento de 1972 que tanto acertó–. Su modelo muestra que el permafrost se fundiría aunque mañana cesaran las emisiones. Es decir, muy probablemente, tipping point superado.   

¿Podríamos decir que son como los órganos de un cuerpo, es decir, si falla el hígado, el riñón, el resto de órganos, obviamente van a sufrir? 

Está bien visto, efectivamente. Se influyen mutuamente y dependen unos de otros. Y siguiendo con esa metáfora, ahora tenemos que dejar de ser los patógenos que degradan esos subsistemas u órganos de la Tierra y ser más bien glóbulos blancos, el sistema inmunitario. Regenerarlos, en la medida de lo posible. Dejar de degradar y comenzar a reparar. Y esperar que no sea demasiado tarde para evitar la cascada sistémica que supondría haber rebasado el punto de no retorno global, que nos llevaría a la Tierra Invernadero anticipada por algunos de los mejores científicos vivos que tenemos.

¿Hay relación directa entre la degradación de los TP y el aumento de los fenómenos extremos tipo Filomenas, DANAs, etc.? 

Si vas buscando la causa encuentras obviamente el aumento del CO2 y el aumento de la temperatura en todos esos fenómenos, es una causa indirecta. Las Filomenas se dan con más frecuencia por una debilidad de la corriente en chorro o Jet Stream que pierde su adherencia al polo norte y esto provoca que se desestabilice el patrón de temperaturas y fenómenos habituales también más al sur. 

Peor de lo esperado. Así ha definido una tendencia: que las previsiones científicas suelen pecar de conservadoras y son revisadas habitualmente a peor. Como ha ocurrido en el caso de los TP, que se pensaba que no se verían comprometidos hasta llegar a los 5º, luego a los 3º, a los 1’5º… ¿Por qué ocurre esto?

Están los factores inevitables, la ciencia no solo es un método, es un proceso, y a veces hay tanto debate, que se obvia el problema hasta que no haya una conclusión más consensuada. Por eso las opiniones más extremas no suelen considerarse. Empujar el conocimiento científico hacia adelante tiene riesgos; por ejemplo, si la ciencia fuese más atrevida, el negacionismo organizado aprovecharía para seguir retrasando el avance. Todo esto ayuda a que se den otros factores de autocensura que podrían ser más evitables. Y que ocurren también porque a según qué posiciones, muy contrarias a la “lógica” del sistema, no les renovarían los fondos de investigación si dicen cosas demasiado catastrofistas o revolucionarias. Es complicado, ellos mismos se preguntan si están fallándonos comunicativamente al resto.
El sexto informe del IPCC es en 2021. Con semejante panorama ¿qué esperas?

De momento tenían que sacarlo en abril y lo han alargado hasta junio. Tienen un marrón. Los sucesivos informes han ido empeorando las previsiones gradualmente, pero ahora los cambios son muy sustantivos. La diferencia será más grande y más difícil de justificar. Hasta ahora los Acuerdos de París y demás se han basado en el informe de 2013, así que la actualización es importante.

Entremos en el tema de la biodiversidad y su relación con las pandemias, ¿esto evidencia que no es un problema simplemente de “emisiones” sino de un sistema que presiona excesivamente a los ecosistemas que lo sostienen? 

Sí, hablar de “biodiversidad” es el eufemismo para hablar del extraordinario ritmo de extinción de especies. La invasión del espacio natural por parte de la especie humana no puede tener otra consecuencia que la invasión de algunos aspectos no deseados –patógenos, pandemias, mosquitos transmisores, especies invasoras– del mundo natural en los hábitats de la especie humana.  

Hay valores que cuando uno los observa se estremece: En los últimos 50 años según el “Living Planet Report” de 2020 hemos liquidado nada menos que el 68% de todos los individuos vertebrados del mundo: mamíferos, pájaros, peces, anfibios y reptiles. Una masacre gigantesca en solo en 50 años. Y esta heroicidad del progreso mal entendido sí se podría detener mañana. Tenemos que reaprender nuestra relación con la Tierra, salir del dualismo y el mecanicismo.

Y esto evidencia que ni la geoingeniería ni los proyectos de secuestro y captura de carbono (BEECS) son soluciones. Acaso, quizá, ojalá, para una parte del problema, pero el problema es más amplio y cultural.

Sí, y no hemos hablado de los océanos, que también tienen su tipping point. Cada vez más acidificados, llenos de microplásticos que acaban en nuestros estómagos. Hay que ir entendiendo que la tecnología, y la producción tal y como las entendemos, lejos de ser la solución, son el problema. Desde la Ilustración, nos hemos ido creyendo que siempre más es mejor, que todo está en la razón. Y eso no es cierto. Quizá habría que recuperar lo que el romanticismo reabrió y cerró a la vez, un romanticismo 2.0 cuya óptica no sea sólo la del hombre occidental. Se me ocurren por ejemplo, las ideas de la filósofa Marina Garcés

La geoingeniería espero que se evite, sería el último estertor, la última arrogancia: creer que se puede dominar el conjunto del planeta. Es una ilusión de control. La cantidad de peligros, efectos no deseados que tienen es tal –estoy pensando en los sistemas de gestión de la radiación solar–, que mejor ni intentarlo. No estoy en contra de que se estudie, pero las soluciones no van por ahí.

En cuanto al secuestro de carbono, habría que retirar tanto –volver a entre 300 y 350 partes por millón de CO2– para estabilizar el clima, que de momento es una quimera absoluta, pretender enterrar mágicamente nuestros residuos es nuestra forma de esconder el problema debajo de la alfombra. Y de momento, los acuerdos de París y demás, se basan en esto. No tiene sentido. 

Y además está el problema energético. Wil Steffen, uno de los científicos más eminentes que tenemos, firmó y promovió un manifiesto que dice que el colapso es ahora mismo el resultado más probable para nuestra civilización.

Sí, algunos consideramos que estamos en esa fase –puede ya que de primeras etapas de colapso– en la cual los problemas no se pueden solucionar como se han solucionado hasta ahora, añadiendo complejidad. Si la energía neta no crece, la complejidad existente irá disminuyendo, queramos o no. Las organizaciones internacionales, que se supone saben de todo esto, están tan atadas al sistema actual, que tienen el “desarrollo” en su ADN. Entienden el “desarrollo” como crecimiento. Cambiar este chip es imprescindible, pero complicado.

¿Y qué propondría? 

Pues mi opción es ir generando comunidades adaptadas, resilientes, en los intersticios del sistema, al problema que se avecina. Al mismo tiempo que no se niega la posibilidad de la transformación política y sistémica –que no parece fácil– ni tampoco seguir dando la batalla cultural –que ya no llega a tiempo-. Todas las vías suman. 

Lo que debería hacer el poder político es asegurar la supervivencia de todos, no la riqueza de algunos. Aunque, eso sí, el miedo tiene mucho peligro. Hay que estar atento al uso del miedo como herramienta de control.

Teresa Ribera, la actual ministra de Transición ecológica, fue la que le entregó el premio a la labor divulgativa de su blog ¿Qué le pediría? ¿Activar ya la Asamblea climática para tratar de acelerar el lento proceso del cambio político?

Yo no querría estar en su piel. Todo esto que hemos hablado, ella lo sabe. Es importante tener en el gobierno a alguien que, al menos, lo sepa. Tengo aprecio por ella. Le diría que, pese a que hace lo que puede, y que enfrente tiene verdaderos mastodontes –organizaciones, multinacionales, lobbies– y que su margen de actuación es limitado, apriete y dé juego. 

Las asambleas, no sólo la climática, también una energética, debidamente asesorada por expertos valientes, como por ejemplo, Antonio Turiel, nos ayudarían a prepararnos mejor para lo que ha de venir.

Dilema: si asustamos demasiado mucha gente se bloquea, y si no asustamos lo suficiente la gente no se entera de hasta qué punto estamos mal. Un estudio reciente apunta a que la emoción que más activa es la rabia, la ira.

Bueno, hasta ahora no ha habido apenas acción, precisamente, quizá, por un exceso de tibieza, de moderación. Lo que sabemos es que no infundir miedo no funciona. Mira por ejemplo la ley de cambio climático, no son más que patadas hacia los lados en el espacio, externalizando el problema hacia otros países, y patadas hacia adelante en el tiempo, cargando adicionalmente sobre los años venideros. Parece que se hace algo pero no resuelven climáticamente nada significativo. Lo que debería hacer el poder político es asegurar la supervivencia de todos, no la riqueza de algunos. Aunque, eso sí, el miedo tiene mucho peligro. Hay que estar atento al uso del miedo como herramienta de control.   

Pese a todo lo antes descrito, Timothy Lenton, uno de los grandes divulgadores de esta materia, está hablando ahora de TP positivos, refiriéndose a los parámetros sociales de difusión y avances tecnológicos que pueden ayudar a acelerar la reacción a tiempo al menos de salvar lo máximo que podamos. ¿Qué opina? 

Que es como cuando un editor le dice al que escribe, “oye, tienes que acabar bien”. El libro no puede acabar mal, un punto de esperanza. Todo el mundo es libre de opinar. Puede producirse, entre las asambleas climáticas, quién sabe. Ahora la gente cada vez es más consciente. Antes te tomaban por loco. Ya no se niega que el clima va a mucho peor, si acaso se aparta, para poder seguir con la inercia, pero podría darse un punto de vuelco positivo. Concienciarse sobre estos temas genera muchos momentos dolorosos, pero también genera mucha felicidad, es profundamente transformador saber que estás activo, y en el lado correcto de la historia.

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Política Juan Bordera Thu, 15 Apr 2021 18:28:49 +0100 /es/20210401/Politica/35626/Ferran-Puig-Vilar-entrevista-tipping-points-cambio-climatico-permafrost-biodiversidad-Juan-Bordera.htm?tpl=87
La pandemia y las fronteras nacionales de la imaginación http://www.ctxt.es/es/20210401/Firmas/35674/pandemia-fronteras-coronavirus-estadisticas-juan-meneses.htm Un año después de que la covid-19 se declarara como pandemia, los científicos y facultativos tienen una imagen más clara del virus. Sin embargo, uno de los mayores desafíos que esta crisis nos ha planteado a muchos es, sin duda, la dificultad de darle sentido. Desde el origen poco claro del virus hasta la variedad de síntomas que presenta y su “invisibilidad”, a la mayoría de nosotros, la covid-19 nos ha sumido en la oscuridad.

Para comprender el modo en que una pandemia afecta a una comunidad global, como Benedict Anderson podría haber dicho, en primer lugar muchos hemos tenido que imaginar esa comunidad. Esto no quiere decir, por supuesto, que uno deba creer en una mentira o en algo que es manifiestamente falso. En su lugar, es posible reemplazar el contacto directo y la experiencia de primera mano por la interacción con imágenes a las que les atribuimos significado y veracidad, de la misma manera que nadie conoce a todos sus compatriotas y, sin embargo, tiene los mecanismos imaginativos para reconocer su existencia.

Si bien la pandemia se está concibiendo como un suceso internacional, el lenguaje en los medios y las respuestas gubernamentales sugieren que pensamos en ella desde una perspectiva nacional

Hacer un seguimiento de las estadísticas y las cifras ha permitido a los usuarios de tecnología lidiar con la pandemia. Día tras día, mes tras mes, hemos podido conocer –con distintos niveles de incredulidad, obsesión, y miedo– el número de casos positivos diarios, las tendencias de mortalidad, las previsiones, y el índice de infecciones para imaginar lo que de otro modo es un ataque invisible contra los cuerpos humanos. Hemos dado sentido a la pandemia en casa estableciendo paralelismos entre ciudades, áreas, y Estados, mientras identificábamos regiones del mundo con los mejores y peores índices, comparando las respuestas y las políticas de otras naciones con las de nuestros propios países.

Junto con los números, la avalancha de representaciones visuales ha jugado un papel crucial en nuestra imaginación respecto a la propagación del virus. Las cifras se pueden traducir fácilmente en gráficos, y los mapas de la covid nos han permitido ubicar el virus y los cuerpos que ha colonizado en el espacio a distintas escalas simultáneamente. Esto nos ha permitido comparar casos a lo largo del tiempo y sentir tanto el avance como el retroceso del virus, a la vez que vigilábamos las puertas en busca de signos de invasión. Mientras nos bebíamos el café por la mañana, mirábamos los mapas de riesgos, estudiábamos las cartografías de transmisión, y trazábamos el desplazamiento de una presencia mortal tratando de visualizar los lugares, aquí y allá, en los que el virus ya ha penetrado.

Sin embargo, el complejo panorama global que presenta esta combinación de datos y mapas esconde algo importante sobre el modo en que rastreamos e interpretamos el virus. Si bien la pandemia se está concibiendo como un suceso histórico internacional, el lenguaje en la cobertura de noticias y las respuestas gubernamentales sugieren que muchos de nosotros todavía pensamos en ella desde una perspectiva nacional. Por supuesto, es importante que conceptualicemos la covid-19 de este modo. Las restricciones de viaje entre fronteras nacionales, por ejemplo, han ayudado a acotar el avance del virus. Los protocolos de salud y seguridad pública no serán efectivos a menos que se coordinen a escala nacional. Y los esfuerzos nacionales para realizar test y vacunar a la población siguen siendo fundamentales para combatir la enfermedad. Sin embargo, asumidas sin reflexión, algunas de estas decisiones, reacciones, y actitudes aparentemente desconectadas pueden ser muy perjudiciales.

Una contención imposible

La etimología del término “pandemia” se remonta a la conjunción de estas dos formas de imaginación viral: el número de personas y los espacios globales visualizados en los que ha penetrado el virus. El prefijo “pan-” denota una vasta expansión geográfica y una dimensión planetaria totalizadora. De hecho, la presencia del virus ahora está “en todo el mundo o en un zona muy amplia, cruzando fronteras internacionales y, por lo general, afectando a un gran número de personas”. La segunda mitad de la palabra, “(en)demia”, designa el impacto del virus en “un pueblo” (del griego demos). Sin embargo, qué es “un pueblo” no es una idea tan clara, especialmente cuando se contempla a través del prisma de la nación.

Los países occidentales han experimentado un impulso populista de vincular el nuevo coronavirus con China

El problema más obvio es la combinación de la nacionalidad de los infectados y muertos por la covid-19 con el país donde han sido registrados, como si los casos positivos y los fallecimientos en Francia o India fueran automáticamente los de ciudadanos franceses e indios respectivamente. Esto pasa por alto las realidades de la inmigración. Y más importante aún, hace invisibles las dificultades a las que se enfrentan los inmigrantes indocumentados, dos tercios de los cuales tienen lo que se considera trabajos “esenciales” en Estados Unidos, al tratar de acceder a la atención sanitaria.

Otra preocupación es que el virus no ha afectado del mismo modo a todas las personas dentro de las fronteras de una nación. En EE.UU., los índices de infección y mortalidad en las comunidades nativas americanas, negras, y latinas son desproporcionadamente más elevados, al tiempo que se han solicitado estudios demográficos relativos a la raza y la etnia en zonas históricamente reacias a recopilar datos desglosados

Los marcos nacionales también han fomentado el aumento de los sentimientos nativistas. Desde el principio, el virus se ha asociado negativamente a países concretos por varias razones. Los países occidentales han experimentado un impulso populista de vincular el nuevo coronavirus con China ya que, aunque todavía hay mucho que aprender sobre sus orígenes, el primer brote se localizó en la ciudad de Wuhan. Esto ha tenido repercusiones devastadoras, incluida la violencia xenófoba y racista contra las personas de Asia del Este en Estados Unidos y en el resto del mundo.

 

También se han etiquetado de manera informal nuevas variantes según los países donde se detectaron por primera vez, replicando una antigua y errada práctica de denominación (como cuando la pandemia de 1918 se atribuyó a lo que comúnmente se conoce como “la gripe española”). Referirse a ellas como la “cepa nigeriana” (B.1.1.207) o la “variante brasileña” (P.1) posiblemente reforzará las asociaciones negativas entre esos países e ideas de infección, impureza, y muerte. A medida que estas denominaciones se consoliden, indudablemente plantearán desafíos adicionales para las regiones que ya luchan contra las ideas preconcebidas y los prejuicios, como el hemisferio sur, en el mundo post-covid.

Asimismo, las políticas de muchos países han generado situaciones problemáticas con respecto al desplazamiento a través de las fronteras del “capital humano”. Un ejemplo importante es el hecho de que, como se ha informado ampliamente, los estudiantes universitarios internacionales se han enfrentado a restricciones y retrasos en sus visados, un asunto con graves repercusiones, y no solo para los propios estudiantes. Estas políticas han privado a un grupo entero de enriquecer sus vidas estudiando en el extranjero. Para muchos, una temporada en el extranjero es el resultado del duro trabajo y mucho sacrificio. Visto desde la perspectiva de las instituciones de acogida, la presencia de estudiantes internacionales en el aula es esencial para cultivar una visión del mundo tolerante y de mente abierta, incluso cuando la formación se lleva a cabo por internet. Además, reducir el número de matrículas de estudiantes internacionales perjudica a nuestras sociedades, que ganan tanto cuando los estudiantes dejan una huella positiva en sus nuevas patrias al comenzar de nuevo o regresan a sus países de origen.

El futuro no es una nación

Ahora que la fase de vacunación está totalmente en marcha en países como Estados Unidos e Israel, cada vez queda más patente que la pandemia se sigue pensando principalmente a escala nacional. El desarrollo, la venta, y la distribución de vacunas han estado muy ligadas a los países donde se producen. De hecho, el carácter nacional distintivo –la nacionalidad, incluso– de cada una de ellas ya es visible, con la vacuna Oxford-AstraZeneca asociada al Reino Unido, Sputnik V a Rusia, BBIBP-CorV a China, BBV152 a India, y Moderna a EE.UU. Sin embargo, la inoculación contra el virus revela una dinámica en la que los recursos están sujetos a las fronteras y soberanías nacionales en formas que favorecen a ciertos países y exacerban las desigualdades existentes. Puesto que la pandemia solo será vencida con un esfuerzo concertado a escala mundial, es probable que el rencor y la rivalidad nacionales constituyan un grave obstáculo para vacunar a toda la población mundial. E incluso cuando unas naciones ofrezcan a otras sus recursos de vacunación, las alianzas internacionales que dan pie al tratamiento preferencial o la exclusión solo lograrán que el virus sea más difícil de erradicar.

También ha comenzado una carrera entre las naciones del mundo para acceder a los suministros de vacunas. La lógica competitiva del mercado, que recompensa a los estados-nación por utilizar la innovación científica, el poder adquisitivo, y las tácticas de negociación para ejercer presión, obstaculiza el hecho de que hay que hacer frente al virus como un ataque de alcance global a la vida humana. Además, puesto que algunas vacunas son el resultado de investigaciones subvencionadas por el estado, mientras que otras son producto de la empresa privada, los problemas relacionados con la financiación enturbian aún más la cuestión del acceso a la vacuna. Por supuesto, la organización de los recursos y las infraestructuras varía de una nación a otra, pero hay algo seguro: fenómenos como el “nacionalismo de vacunas” permitirán que el virus continúe propagándose, mutando, y marcando el ritmo de vida en el planeta.

Las alianzas internacionales que dan pie al tratamiento preferencial o la exclusión solo lograrán que el virus sea más difícil de erradicar

Otro motivo de preocupación guarda relación con los peligros de la desinformación pública. Las teorías de conspiración y las campañas de desinformación (incluidas las impulsadas por los gobiernos) han proliferado, acusando a  actores internacionales (ya sea un estado o algún otro representante con suficiente influencia mundial) de trabajar para desestabilizar los esfuerzos para combatir el virus. Otras conspiraciones afirman que los “enemigos internos”, los actores extranjeros, o los conciliábulos internacionales están conspirando mediante una serie de pretensiones, falsedades, y ficciones para ejecutar proyecto corruptos. Esto pone al descubierto un tipo de autodefensa nacionalista que puede tener consecuencias nocivas, a la vez que las narrativas conspiratorias utilizan el virus como vehículo para articular antagonismos nacionales y el miedo al otro.

Por su parte, las agencias y medios de comunicación atienden los intereses de sus consumidores en la producción y difusión de la (des)información. Del mismo modo que la información sobre sucesos funestos en el extranjero, como accidentes aéreos, a menudo identifica y separa a los ciudadanos del país del resto de víctimas, gran parte de la cobertura sobre la pandemia en todo el mundo se ha centrado en los efectos de fronteras adentro. Al mismo tiempo, los proveedores de contenidos en línea utilizan la personalización y la geolocalización para dirigirse a los usuarios, lo que a menudo determina cómo conceptualizan la pandemia y el papel que desempeñan.

Pensar en la covid-19 a través de dicho prisma nacional no es accidental. Los gobiernos tienen el mandato de promulgar políticas que conciernen a los territorios dentro de sus fronteras. Como ya he señalado, se trata de un paso bastante lógico teniendo en cuenta el carácter urgente de la pandemia, al menos en lo que respecta a la gestión inmediata de la emergencia. Sin embargo, no debemos pasar por alto el hecho de que las respuestas nacionalistas al virus por parte de los gobiernos probablemente tendrán una influencia tangible en el desarrollo de conflictos nacionales e internacionales.

Una humanidad compartida

Estas y otras formas de enmarcar la covid-19 a escala nacional establecen en nuestra imaginación una separación artificial entre países que choca con el hecho de que el virus “no sabe de fronteras”. Al reflexionar sobre este fenómeno, es posible replantear la crisis actual a pesar de las disparidades existentes entre las naciones respecto a su capacidad para combatir el virus. En un sentido más amplio, la covid-19 nos ha obligado a repensar qué significa el ser humano al presentarlo como una forma de vida mucho más vulnerable de lo que se imaginaba anteriormente. Únicamente si se ocupan de la población mundial –en lugar de porciones específicas demarcadas por diferencias nacionales– los gobiernos y las instituciones podrán superar el reto de volver a cualquier versión de normalidad que permita una pandemia controlada.

No hay que olvidar que el coronavirus es una fuerza absolutamente determinante que, paradójicamente, nos une y separa a todos, como demuestran muchas de las entradas del nuevo léxico de la covid-19. La “propagación comunitaria”, la controvertida “inmunidad colectiva”, y el “distanciamiento social”, por nombrar algunas expresiones, presentan un panorama comunitario de contagio y aislamiento, proximidad y separación, dolor compartido y supervivencia individual. Estos términos ilustran las formas en que el virus juega cruelmente con los cuerpos individuales y colectivos, obligándonos a enfrentarnos a nuestra propia humanidad y a la de los demás.

A pesar de la aparente distancia que podría existir entre un resultado positivo de una prueba PCR y uno negativo, estamos inevitablemente vinculados los unos a los otros, dado que el virus ya ha alcanzado dimensiones planetarias a través de sus huéspedes humanos mientras amenaza con infiltrarse en más territorios. Las fronteras nacionales desempeñan un papel fundamental en la batalla por superar la pandemia, pero no pueden determinar la forma en que entendemos la covid-19, especialmente cuando somos testigos de cómo, día tras día, los seres humanos son los vehículos biológicos de un virus que, hasta donde sabemos, está aquí para quedarse.


Imagen de portada: Estación de tren del aeropuerto de Copenhague durante la COVID-19. Foto de Sigfrid Lundberg, 2020.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en Edgeeffects.net. Es el segundo de la serie 2020 Visions: Imagining (Post-) COVID Worlds, cuyo objetivo es reflexionar sobre las dispares repercusiones del “año de la pandemia” y plantear los nuevos futuros que se podrían propiciar a partir de este. Editores de la serie: Weishun Lu, Juniper Lewis, Richelle Wilson y Addie Hopes.

Juan Meneses es profesor  de literaturas globales, teoría crítica y estudios visuales  en la Universidad de Carolina del Norte, Charlotte, y traductor.  Su trabajo se centra en el rol de la cultura en cuestiones relacionadas, entre otras cosas, con la erosión de lo político, la globalización, el potscolonialismo, y el medio ambiente. Es autor de Resisting Dialogue: Modern Fiction and the Future of Dissent.

Traducción de Paloma Farré.

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Firmas Juan Meneses Thu, 15 Apr 2021 17:49:48 +0100 /es/20210401/Firmas/35674/pandemia-fronteras-coronavirus-estadisticas-juan-meneses.htm?tpl=87
Ayuso cuela las vacunas en campaña aunque los mayores de Madrid están entre los menos inmunizados http://www.ctxt.es/es/20210401/Politica/35695/elecciones-Madrid-vacunas-astrazeneca-mayores-propaganda-Ayuso.htm La candidata del PP a las elecciones del 4M ha llevado esta semana las vacunas a la precampaña electoral. Isabel Díaz Ayuso presume de éxitos en su estrategia de vacunación y, una vez más, ataca la gestión del Gobierno central. Su último ariete, la defensa cerrada de que los menores de 60 puedan elegir voluntariamente vacunarse con AstraZeneca. La libertad de Ayuso, la de la economía, llega así a las vacunas. Pero ni Europa ni los datos de vacunación de la Comunidad, que la colocan a la cola de España entre los más mayores, avalan la propaganda de vacunas para todos. 

“Nosotros vamos a seguir defendiendo que AstraZeneca se pueda suministrar de manera voluntaria en menores de 60, pero estamos estudiando escribir también a la UE ante la inacción del gobierno para pedirle que de manera voluntaria también los ciudadanos se puedan vacunar con Jansen y las demás vacunas (...)  hace falta que sigamos con un ritmo de vacunación absoluta”, declaró Ayuso este miércoles 14 de abril en el magazine informativo 120 minutos de TeleMadrid.

Un “ritmo de vacunación absoluta” que los hechos, sin embargo, niegan. Según los últimos datos publicados por el Ministerio de Sanidad sobre el avance de la campaña de vacunación, la Comunidad de Madrid está a la cola de la tabla en la administración de la primera dosis de la vacuna contra la covid a los mayores de 80, la población más vulnerable. El territorio, con un 93,5% de personas en esta franja de edad con un único pinchazo, solo tiene por detrás a Galicia (un 93,2%) y Canarias (88,3%).  Las ciudades autónomas de Melilla y Ceuta completan la tabla con 71,5% y un 85,3%, respectivamente. 

Coberturas de grupos etarios – Personas con al menos una dosis. Ministerio de Sanidad

Las dos comunidades más pobladas de España, Andalucía –casi 8,5 millones de habitantes– y Cataluña –casi 7,8– han puesto la primera dosis de la vacuna al 100% y 95,4% de sus residentes mayores de 80 años.  La Comunidad Valenciana, con una población de 5 millones de personas, también ha completado la primera dosis a los más mayores. 

La vacunación de las personas que se encuentran entre los 70 y los 79 años, mucho más retrasada en todas las regiones, sigue un patrón similar. Andalucía, Cataluña y la Comunidad Valenciana han vacunado con una dosis al 37,7%, el 23,7% y el 25,3% de esta franja de edad respectivamente. Madrid se queda en el 18,2% de vacunados. 

Entre las personas que están en la horquilla de los 60 y 69 años, la cosa cambia, y la Comunidad ocupa los lugares más altos de la tabla, con un 34,8% de vacunados con la primera dosis. Por delante solo están Cataluña (41,4%), Extremadura (37,3%), Baleares (36,5%) y La Rioja (36%).  

El pasado 30 de marzo, la Consejería de Sanidad madrileña anunció que tenía previsto administrar “durante esa semana, incluyendo los días festivos de Semana Santa”, más de 140.000 dosis, a los mayores de 80 años y grandes dependientes, en los centros de salud; y entre la población de 60 a 65 años y mutualistas de 78 y 79 años. Para estos dos grupos,  había habilitado “un operativo especial con la apertura de puntos de vacunación en el Hospital Enfermera Isabel Zendal y el Wanda Metropolitano”. Gracias a la propaganda en medios y redes vimos las enormes colas en ambos lugares. Los ambulatorios, sin embargo, permanecieron cerrados durante cuatro días.

En la entrevista en TeleMadrid, Ayuso insistía en una propuesta que ya había avanzado días antes el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, cuando en una visita al Wizink Center –un espacio multiusos en el que habitualmente se celebran conciertos como el de Raphael las pasadas navidades–, habilitado desde el pasado 9 de abril como centro de vacunación, anunció que la Comunidad había solicitado de manera formal al Ministerio de Sanidad, a través de la comisión de salud pública, que los menores de 60 años pudieran vacunarse de forma voluntaria con AstraZeneca.

“Todas las vacunas son seguras, no hay ninguna vacuna que en su ficha técnica incluya criterios de edad para la vacunación”, afirmó Ruiz Escudero. “El Ministerio sigue estableciendo límites de edad sin basarse en criterios científicos. Ni el Ministerio de Sanidad ni el presidente del Gobierno deben meter la vacunación en campaña”, añadió.

La respuesta de la ministra de Sanidad, Carolina Darias, cuando los periodistas le preguntaron por estas palabras del consejero madrileño, fue que esperaba que plantease esta demanda el 14 de abril en el Consejo Interterritorial de Salud, que reúne a las comunidades con el Ministerio de Sanidad y el de Política Territorial y Función Pública, y donde estaba previsto abordar la cuestión de qué criterios aplicar en la vacunación con AstraZeneca, entre otros asuntos.

El órdago de Isabel Díaz Ayuso en TeleMadrid de que recurrirían incluso a la UE para garantizar la libertad vacunatoria se producía justo horas antes de que se celebrase dicho consejo. A las 17:04, una hora después de la hora prevista para el inicio de dicha reunión, la Comunidad de Madrid publicó en su cuenta de Twitter una carta del consejero de Sanidad, fechada a 14 de abril, en la que se anunciaba que habían solicitado al Ministerio que los menores de 60 años pudieran vacunarse voluntariamente con AstraZeneca y Janssen y que se ampliase el uso del vial de la farmacéutica británica a mayores de 69 años.

En la misiva, Escudero insiste en la falta de “evidencia científica” que respalde la decisión de limitar la administración de la vacuna de AstraZeneca al rango de edad de 60 a 69 años. 

Esta afirmación categórica entra una vez más en contradicción con los hechos. En este caso, con la decisión tomada por la Unión Europea, y anunciada el mismo día que Ruiz Escudero hacía pública su carta, de apostar por la vacunas de Pfizer para poder llevar a cabo su estrategia de vacunación. La Comisión Europea ha informado de la llegada de una remesa extra de 50 millones de dosis de este laboratorio hasta junio, lo que aumenta las entregas previstas entre abril y ese mes a 250 millones de dosis. Asimismo ha comunicado que está negociando un nuevo contrato para poder recibir 1.800 millones de sus dosis entre 2021 y 2023. Margina así a Janssen y AstraZeneca. “Tenemos que centrarnos en las tecnologías que han demostrado su eficacia”, afirmó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen en la rueda de prensa . 

En una línea similar, Dinamarca ha anunciado que suspende definitivamente la vacunación con AstraZeneca y  Alemania que administrará Pfizer o Moderna a los menores de 60 que hayan recibido la primera dosis de la vacuna británica.

Consentimiento por escrito

La carta de la Comunidad de Madrid destaca otro elemento: la inclusión de un consentimiento por escrito para aquellos menores de 60 años que elijan recibir la vacuna de AstraZeneca. Sobre la cuestión del consentimiento informado, en la ley básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, que entró en vigor en 2002,  se establece que: 

1. Toda actuación en el ámbito de la salud de un paciente necesita el consentimiento libre y voluntario del afectado, una vez que, recibida la información prevista en el artículo 4, haya valorado las opciones propias del caso.

2. El consentimiento será verbal por regla general.

Sin embargo, se prestará por escrito en los casos siguientes: intervención quirúrgica, procedimientos diagnósticos y terapéuticos invasores y, en general, aplicación de procedimientos que suponen riesgos o inconvenientes de notoria y previsible repercusión negativa sobre la salud del paciente.

Si el consentimiento por escrito solo se exige en situaciones de riesgo, ¿por qué se incluye entonces en este caso?

Finalmente, en el Consejo interterritorial las comunidades y el Gobierno central acordaron que la vacuna de AstraZeneca solo se administrará a los mayores de 60 años, independientemente de lo que dictamine el informe definitivo de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) el próximo 22 de abril acerca del riesgo-beneficio por grupos de edad. La EMA ya indicó la semana pasada que había hallado un posible vínculo entre las decenas de casos de trombos detectados en la UE y la administración masiva del vial de la farmacéutica británica. No estableció, sin embargo, ninguna recomendación en cuanto a la limitación por edad. 

En la reunión entre Darias y los consejeros autonómicos no se tomó, sin embargo, ninguna decisión respecto a qué hacer con los menores de 60 años a los que ya se les ha suministrado una dosis de AstraZeneca. Esta cuestión se determinará en pocos días, según ha anunciado Sanidad que está recopilando pruebas para ello.

Desde que se iniciara la pandemia hace trece meses, la gestión del PP en la Comunidad de Madrid ha estado basada en la propaganda. Ese es su éxito. Llevan meses repitiendo un mantra, Ayuso ha salvado la economía. Una idea que repetirán una y otra vez en esta campaña, pese a que las previsiones económicas de Funcas, el think tank de las antiguas cajas de ahorros, el Banco de España y la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal concluyen que el PIB de la región será de los más castigados del 2020. 

Otro de los mensajes que se repetirán de aquí al 4M será el éxito de la estrategia de vacunación de la Comunidad. Veremos una y otra vez las largas colas ante los “macrocentros de vacunación”, mientras  los ambulatorios continúan padeciendo la falta de personal y medios, y oiremos hasta la extenuación que el Gobierno central es culpable de que no haya vacunas suficientes. La realidad es, sin embargo, tozuda: Madrid es una de las regiones que va más retrasada en la inyección de dosis y sus mayores siguen estando expuestos a la enfermedad y a la muerte.

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Política Amanda Andrades Thu, 15 Apr 2021 14:14:38 +0100 /es/20210401/Politica/35695/elecciones-Madrid-vacunas-astrazeneca-mayores-propaganda-Ayuso.htm?tpl=87