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CRÓNICA CULTURAL

Flamenco, un universo en expansión

La Suma Flamenca 2023 ha ofrecido una mayoría de espectáculos con una enorme calidad

Pedro Calvo 9/11/2023

<p>Eva Yerbabuena bailando en su espectáculo <em>Yerbagüena</em>. / <strong>Ana Palma (Suma Flamenca)</strong></p>

Eva Yerbabuena bailando en su espectáculo Yerbagüena. / Ana Palma (Suma Flamenca)

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Al flamenco le agradezco que me enseña a pensar. La frase parece sacada de una serie de televisión rebuscada. A veces las cosas son lo que parecen. Si quitamos la palabra flamenco y ponemos el vocablo jazz, efectivamente, esa es la frase que se escucha en la serie estadounidense Lessons in Chemistry, una producción magnífica con salutífero reconcentrado feminista. Sea jazz, flamenco o cualquier otra cultura musical con altura artística, la música creativa ensancha el mundo real y nos desafía a aprender a pensar lo que acabamos de descubrir en conmovedores sonidos nuevos.

En la Suma Flamenca que se acaba de celebrar en Madrid hemos atesorado muchos momentos de felicidad y pensamiento. El espectáculo de Javier Colina, Antonio Serrano y Josemi Carmona se llama “Chalabeando”, del caló chalabear (mover, menear, agitar). Las direcciones en que se mueve la música de estos tres fenómenos pasan por los territorios del flamenco que compone Josemi junto con la inventiva de sus compañeros. Pararon en estaciones de autoría diversa: Chopín, Ray Heredía. songbook estadounidense de los años treinta, Chick Corea, Chico Buarque, María Grever… En esos lugares pasaron cosas extraordinarias, melancólicas o arrebatadas. Antonio Serrano –atómico siempre– puede ser a la vez él mismo y estar poseído por Astor Piazolla o Toots Thielemans. Su armónica cruza el espejo y vuelve sin despeinarse. El contrabajo de Colina –hipnótico en medio del swing flamenco– se escapa por el cubaneo o por las dunas y rituales gnawa. Josemi Carmona hace sin parar cosas virtuosas con su guitarra flamenca. Su madre Amparo y su padre Pepe Habichuela –autoridades flamencas sentadas en la primera fila– disfrutaban de esta caleidoscópica alegría de vivir.

Sandra Carrasco hace un alto en el camino y se mete en la piel de Pepe Marchena, genio del flamenco

Del tránsito por el flamenco, la bossa, el Caribe, el jazz y ser la voz cantante por todo el mundo en el grupo de la radiante diva del sitar Anoushka Shankar, Sandra Carrasco hace un alto en el camino y se mete en la piel de Pepe Marchena, genio del flamenco con tantos rendidos admiradores como detractores. La vida es muy chistosa en esto de reconocer a los dioses del Olimpo flamenco. Yo soy de los que se ponen de rodillas ante la obra y el cante de Marchena. Sandra se ajusta la gorra del inventor de la colombiana y se calza un repertorio marchenero que me hace caer en arrodillamientos mellizos. La voz de Sandra se encuentra espectacularmente a gusto dentro del cante de Pepe Marchena, genuino y sofisticado, tan difícil, complejo y sutil como desmesurado y triunfal. Acompañan a Sandra el soberbio guitarrista David de Arahal, el emocionantísimo y risueño violonchelo de José Luis López y los ardientes coros y palmas de los Mellis. Más de una docena de gloriosos cantes de Marchena, ejecutados con maestría y una intensidad sin mácula, que provocan arrebato sin remedio: seguiriyas, fandangos, malagueñas, tarantos, alegrías, tangos, la soleá grande del “Perenguende y el Dengue”, las bulerías de los “Cuatro Padres Franciscos” y el polo de Tobalo:

No soy el diablo

Romera 

ay que, ay que

que soy tu mujer

que te viene a castigar

ay ay ay ay ay

Cantó Sandra Carrasco, en su recorrido antológico por Marchena, lo que no está escrito de bien. Insuperable. Apoteosis caribeña con la guajira “Cuba linda te venero” y la mítica colombiana del genio de la voz de oro:

Quisiera, cariño mío,

que tú nunca me olvidaras,

que tus labios con los míos

en un beso se juntaran

y que no hubiera en el mundo

nadie que nos separara.

Vestida de Marchena, Sandra Carrasco se agiganta hasta lo indecible. Pero ella dijo algo importante: “Ojalá que las personas que nos dedicamos al arte pudiéramos tirar bombas de amor”. Luego sacó a su niña chica, la sentó en un taburete y juntas cantaron. “A mí me llaman Marchena porque en Marchena nací. Tan solo tengo una pena…”. La niña, el papá y la mamá acabaron con el cuadro.

No tuvieron su noche Estrella Morente y Rafael Riqueni. Hubo más desencuentros que encuentros en esta velada en la que sobre el programa Estrella y Rafael –una enormidad de artistas– debían revivir el cante de la Niña de los Peines, el Niño Marchena y la Niña de la Puebla con el legendario toque de Niño Ricardo. Pusieron un empeño enorme en que las cosas salieran bien, pero la mejor descripción de lo que estaba pasando la encontramos en la interpretación del garrotín que decía:

Pregúntale a mi sombrero

mi sombrero te dirá

la mala noche que paso

al relente que me da.

Estrella Morente, con el guitarrista Rafael Riqueni. / Paco Manzano / Antonio Novillo (Suma Flamenca)

Dijo Estrella que estaba como un flan por cantar con la guitarra de Riqueni, que era el tocaor preferido de su padre Enrique. Confesó la cantaora que llevaban siete horas ensayando en el teatro… Miraba la lista de los temas, ojeaba los papeles con las letras y cambiaba lo que llevaban previsto por otra elección. Rafael pidió permiso para decir que Estrella era la mejor cantaora que había en España, pero aquello estaba raro. No fue hasta llegar a la seguiriya que el cante y la guitarra se centraron:

A la sierra de Armenia

yo me quiero ir,

donde no hubiera moros ni cristianos

que hablen de mí.

A Riqueni se le escuchaba desdibujado y el cante no encontraba alojamiento con comodidad. Pasaron otras cosas raras. Estrella se fue a cantar a pelo al oscuro borde del escenario, donde ni se la veía ni se la oía con la guitarra tan amplificada. Le echó coraje, mucho coraje, que tenía su punto emocionante y su punto desconcertante. Se arrancó por “María de la O” y ahí se la vio encontrarse consigo misma. Acabaron con “Amargura”, esa marcha procesional de Font de Anta con la que Riqueni toca el cielo. Esta noche todo quedó en tierra. Manuel Font de Anta compuso “Amargura” en 1919, parece que en memoria de padre. Estrella la cantó en memoria de su abuela fallecida. El telón, sorprendentemente, cayó en mitad de esta interpretación y volvió a subir. Y ahí quedó la noche.

Estrella se fue a cantar a pelo al oscuro borde del escenario, donde ni se la veía ni se la oía con la guitarra tan amplificada

Una cuestión muy extraña, privativa no solo del flamenco, es lo mucho que se aplauden los espectáculos tanto si están bien como si salen regular. Y cuando no hay equilibrio entre la calidad y su refrendo, se queda uno pensando, desubicado y perplejo. Pero lo cierto es que esta Suma Flamenca ha ofrecido una mayoría de espectáculos con una calidad enormísima.

Al principio de esta Suma lo afirmó con satisfacción la elegante bailaora Patricia Guerrero en el Ateneo: “Ahora los hombres bailan con mantón y bata de cola”. Manuel Liñán llevó esa afirmación hasta sus últimas consecuencias con su brillante, vivaz, rompedor y arremolinador espectáculo “Viva”. El programa decía que la propuesta era “explorar y bucear en este universo fascinante del travestismo”. Lo hicieron a conciencia Manuel Liñán y sus compañeros bailaores/bailarines: Manuel Betanzos, Jonatan Miró, Miguel Heredia, Yoel Ferrer y Daniel Ramos. Una bienaventurada troupe de travestidos se apodera de las tablas. Muchos jóvenes –presumiblemente profesionales o estudiantes del baile flamenco y la danza contemporánea– abarrotaban la sala Roja del Canal. Manuel Liñán, con la lógica de un musical, compone cuadros de temática unitaria: hombres vestidos de flamenca bailando al borde la imaginación. Esta vuelta de tuerca a los géneros carece del patetismo de Lindsay Kemp, aunque hay tantos puntos de contacto con el gran teatro de Kemp que Lindsay habría llorado de felicidad viendo “Viva”. Observando lo de Liñán, mis ojos se sorprendían como con el kabuki japonés. En mitad del furor travelo sonó la toná con versos de José Luis Ortiz Nuevo:

La vida que conocemos

la vida que tanto amamos

con sus horitas de dulce

y sus finales amargos

Manuel Liñán, con su equipo de baile. / Marcos G. Punto (Suma Flamenca)

El juego con la indumentaria flamenca femenina y la forma atlética de Liñán y sus compañeros se desenvuelve con un encantamiento, un descaro y una libertad maravillosas en el confuso mundo de los géneros. Me recordaba mucho este espectáculo tan originalísimo a la magia desplegada en los años ochenta por el mayúsculo transformismo de los suecos After Dark. Pero Linán no se dirige al glamour y apunta muy acertadamente a lo más visceral de la cultura popular, bailando incluso en faja de señora modelo reductor. La bomba del buen humor... En el cierre, nobleza obliga, un homenaje a Bambino muy adecuado al momento: “Quiero vivir en paz, en paz. No me des guerra, guerra, guerra…”.

Buenas intenciones y buen baile en el espectáculo de María Moreno en torno a la soleá. Pero el resultado tenía unos tramos largos de discurso pretencioso. Muy al contrario, fantásticas todas las ocurrencias de Olga Pericet en “La Leona”, inspirado por la guitarra inventada en el siglo XIX por el gran luthier almeriense Antonio de Torres, modelo para todas la guitarras clásica y flamenca que se han fabricado después. Empezó bailando Olga cosas vanguardistas con fondo electrónico y el pecho al desnudo. Los músicos vestían ropajes de expresionismo abstracto y hacían música a compás con solo un par de tijeras. Luego la Pericet, vestida de hombre con traje de terciopelo negro, bailó cosas embriagadoras y sexys de samba brasileña.

Olga Pericet estaba divina con su Famous Yellow Raincoat en este número de la lluvia seca

De regreso al flamenco, la música era rabiosamente buena y Olga bailaba con un poderío de imaginación desatada. Que el musical se ha infiltrado para bien en el flamenco se hizo patente en el número del decorado con papel de envolver simulando lluvia. Supersónico aquí el bajista estrella Juanfe Pérez. Si Leonard Cohen hizo célebre su Famous Blue Raincoat, Olga Pericet estaba divina con su Famous Yellow Raincoat en este número de la lluvia seca. Siguieron un montón de prodigios, como “La Milonga del Solitario” de Atahualpa Yupanqui. La revolución que está viviendo el vestuario flamenco es innegable: estampas de crisálida con Olga Pericet. Apoteosis con el número final del cisne negro. El público enloquecido de placer.

La bailaora Olga Pericet. / Paco Villalba (Suma Flamenca)

Andrés Marín, que tiene puntos de conexión con Israel Galván, salió empuñando unos platillos mientras el magistral baterista Dani Suárez se metía en el corazón del trueno. “Jardín impuro” se llama un espectáculo que era puro frenesí si descontamos los minutos de recreo. Sonaron maestras la guitarra flamenca de Salvador Gutiérrez y la eléctrica de Raúl Cantizano, con incursiones admirables en el rock progresivo andaluz o la pulsión morentiana de Omega. Bailó mucho y bien Marín, entre desplante y desplante, tirando cosas al suelo. Acabó descalzándose y bailando con una bota puesta en un hombro y la otra encima de la cabeza. Absolutamente formidable, dadaista, pero escuchamos a un señor, desconcertado por tanta novedad, que salía diciendo: “No entiendo por qué anuncian una cosa y luego hacen otra”.

La explosión de poderío llegó en la jornada final con Eva la Yerbabuena. Su catártico espectáculo, bautizado “Yerbagüena”, tiene la dirección musical compartida con el tocaor Paco Jarana. Turboflamenco sin un instante en el que la Yerbabuena no baile al límite de su arte colosalísimo. En modo Siete Magníficos llevaba a los potentes cantaores: Miguel Ortega, Alfredo Tejada, Segundo Falcón y el Turry. Insaciable de cante con grandeza, Eva abrió un hueco para que sonara la milonga marchenera “Cayó una perla en un lirio” con fondo electrónico a cargo de Dani Suárez, un percusionista descomunal que repetía sabiduría en esta Suma. La percusión de altura y políglota se ha incrustado en el baile flamenco sin vuelta atrás. Con total control del oremus, la Yerbabuena utiliza trágicos y elaborados recursos escénicos. No los revelo por respeto al suspense. Una proeza artística se cuajaba con otra, haciendo música todo el rato con los pies, con todo el cuerpo y el espíritu. El poderío de Eva la Yerbabuena parece de otra galaxia. El flamenco es un universo en expansión. Nada puede parar este fenómeno cósmico.

Al flamenco le agradezco que me enseña a pensar. La frase parece sacada de una serie de televisión rebuscada. A veces las cosas son lo que parecen. Si quitamos la palabra flamenco y ponemos el vocablo jazz, efectivamente, esa es la frase que se escucha en la serie estadounidense Lessons in Chemistry, una...

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Autor >

Pedro Calvo

Periodista chusquero. Nací en Cuatro Caminos (Madrid), en 1954. Vengo de los felices tiempos del estajanovismo plumilla. Me dio por escribir de músicas y de la tele. Tengo el humor ahí. Una manía. En RNE me dejan ponerme fino delante del micro.

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