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Paco Bezerra / Dramaturgo

“Sigue habiendo fuerzas opresoras que intentan limitar nuestro conocimiento”

Paco Cano 30/09/2023

<p>Paco Bezerra.<strong> / Francisco Úbeda Llorente</strong></p>

Paco Bezerra. / Francisco Úbeda Llorente

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De sobra conocida es la polémica que gira en torno a la obra teatral Muero porque no muero, de Paco Bezerra (Almería, 1978), tras ser desprogramada de los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid y tras la mediática intervención del autor ante una comisión en la Asamblea de Madrid. Allí denunció la injerencia política, la sumisión de la directora de los teatros, Blanca Li, y puso en evidencia a un interviniente de Vox que calificó la obra como “daño a la cultura española” y pidió más obras que ensalzaran el imperio español. 

De la obra en sí, de las consecuencias de la polémica, del estado de la producción teatral en España, de las cobardías y silencios, de los ataques en medios y redes y de los fascismos cotidianos hablamos con Paco Bezerra tras la lectura dramatizada de la obra en una azotea de Barcelona, promovida por Coincidencies.org a través de su proyecto @terratsencultura.

Empecemos conociendo el texto un poco más. Aunque la segunda parte –en la que aparece Teresa de Jesús como prostituta y yonqui– es la que más ha dado que hablar, me parece que el monólogo que vertebra la obra es uno de la primera parte referente a la necesidad de desarrollar un pensamiento crítico y autónomo. 

Sí, esa parte se llama Teresa contra la Inquisición y es en la que ella se defiende ante la Santa Inquisición porque se le acusaba de escribir un libro peligroso y de ser una alumbrada. Teresa hace una defensa de la cultura y de la importancia de cultivarse y dice que rezar no es repetir la oración, sino pensar en lo que estás diciendo y hacerse preguntas. 

Esto no debería sorprender hoy, pero sigue vigente 500 años después, porque sigue habiendo fuerzas opresoras que intentan limitar nuestro conocimiento. Algo que siempre ha existido, pero no de una manera tan descarada como ahora. Así pasó en mi caso, cuando los políticos de la Comunidad de Madrid dijeron que eran ellos quienes decidían qué entraba en la programación de los teatros del Canal y qué no. Según ellos, la directora artística, al contrario de lo que pone en su contrato, no decide la programación y solo puede hacer propuestas. Entonces ¿para qué la contratan y le pagan casi medio millón de euros por cuatro años? ¿Para que haga una simple propuesta que tiene que pasar por las manos de ellos? En toda la historia de la democracia, aunque haya ocurrido, ningún político lo había dicho públicamente. 

Paradójicamente, la obra denuncia algo que le ha ocurrido a la propia obra. Es como un juego de espejos en el que otro tribunal de políticos neoinquisidores me ha sentado a mí en una especie de banquillo y me han perseguido, igual que a Teresa, por haber escrito una obra. No sé si ellos se han dado cuenta de esto, pero le han dado la razón a la obra pretendiendo lo contrario.

Las drogas y la cultura son las dos cosas más perseguidas por los poderes totalitarios

En esa defensa del pensamiento crítico, también se ataca a ciertos medios que anestesian a la ciudadanía con problemas ajenos bajo el falso halo del entretenimiento.

Bueno, de lo que hablo es de que la Santa Inquisición te abría un expediente si alguien te denunciaba, sin más. Aquí hay programas de televisión en los que un grupo de periodistas u opinadores con ínfulas de jueces se sientan frente a una persona y la acribillan a preguntas y acusaciones. Es como un auto de fe, pero a través de la televisión. En la obra, cuando Teresa de Jesús regresa a la vida cinco siglos más tarde ve un reflejo entre esos programas y lo que pasaba en su tiempo. Entonces, la gente iba a las plazas de los pueblos a ver cómo juzgaban a una persona y sabían que ese juicio se estaba celebrando porque ellos habían denunciado a esa persona anónimamente y sin tener que probar nada, la propia acusación ya era válida. Esto ocurre ahora en la televisión, si usted tiene algún chismorreo de algún famoso, llame a tal número. Eso me impresiona muchísimo. En este país, el cotilleo y la acusación funcionan porque la Inquisición ha llegado hasta nuestros días.

Las actrices Ana Belén, Gloria Muñoz, Nathalie Poza, Aitana Sánchez-Gijón y Julieta Serrano, el director Matías Umpierrez y Paco Bezerra, durante la lectura dramatizada en la Sala Berlanga (Madrid), noviembre de 2022. / Fotografía cedida por el entrevistado

La coartada de estos programas sería entender el entretenimiento como una droga que enajena. En el texto se hace una defensa de otras drogas que, por el contrario, derriban muros de consciencia, como el LSD.

Sí, bajo mi punto de vista, ciertas drogas y un libro es lo mismo. Las drogas y la cultura son las dos cosas más perseguidas por los poderes totalitarios. Algunas drogas, al igual que un libro, te abren la percepción a otro tipo de realidades. Ese es el temor de quienes intentan impedir que veamos esos otros mundos posibles y proponen una vida mucho más plana, con gente pegada a la superrealidad. La educación también se configura así, nos dicen que estudiemos algo que dé dinero, algo que alimente el bolsillo, ¿qué es eso de alimentar el espíritu? Las ideas cada vez importan menos.

El cuerpo debe ser un instrumento de liberación, no una cárcel

Yo planteo un símil entre la cultura y esas drogas. Los gobiernos totalitarios las prohíben, de la misma manera que la Inquisición publicó el Índice de Libros prohibidos, donde se incluían lecturas que ensancharon el espíritu de Teresa en su juventud. Cuando Teresa llega a nuestros días descubre que ese índice de libros prohibidos ha recorrido 400 años y siguió vigente hasta hace unos 50 años.

Otro de los temas que aborda es el cuerpo como objeto político, como instrumento de combate social y, a la vez, como metáfora de desarrollo individual.

Me pareció buena idea que, al tener su cuerpo repartido, Teresa se reconstruyera, buscándose reliquia a reliquia. De alguna manera era una búsqueda exterior de sí misma y, a la vez, una batalla interior. Esto entronca muy bien con la puesta en escena que han hecho en Barcelona, con una actriz trans. Una persona trans es alguien que se reconstruye a sí misma y se reformula físicamente en otra cosa que no es exactamente el cuerpo con el que ha nacido. ¿Es eso un cuerpo político? Sí, porque es un cuerpo disidente, un cuerpo marginal que hace que los demás al verlo se hagan preguntas como ¿el cuerpo es algo que ha de mantenerse acorde al género con el que hemos nacido o puede mutar? El cuerpo debe ser un instrumento de liberación, no una cárcel. 

Muero porque no muero se alinea con quienes sobreviven en la periferia, fuera del centro de lo normativo y plantea cuestiones como la de las personas migrantes, ya sean porque vienen de otros lugares o de otros tiempos, como es el caso de Santa Teresa rediviva. 

Mi idea era pensarlas desde otras circunstancias. Alguien que puede estar en un sitio privilegiado –como fue Santa Teresa de Jesús en su día– en otro tiempo o lugar puede estar completamente excluida y, al contrario, alguien que es hoy un indigente, en otro tiempo podría haber sido premio Nobel. Personas que hoy consideramos genios, en otro tiempo hubiesen acabado en la hoguera. La marginalidad es una contingencia histórica. Me interesa esa idea de lo circunstancial. Hay que ser prudentes al juzgar a quienes están excluidos.

De ahí la reinterpretación de la vida y obra de Santa Teresa

Es curioso que a Santa Teresa la nombren santa de la raza española, cuando ella proviene de judíos, o que sea la patrona de la Sección Femenina, cuando ella dijo “antes muerta que casada con un hombre”. Así que este texto también quiere situar a Santa Teresa en el lugar que pienso que le pertenece. Se trata de una cuestión de justicia poética, de rescatarla de las garras fascistas en las que lleva encarcelada durante siglos; con paradojas como la de su voto de pobreza mientras su mano, después de haber comido con ella el pan más duro del convento, ha acabado envuelta en diamantes. 

Me dicen, sí, estoy contigo y te apoyo, pero dependo de esa gente que te ha censurado

El texto, tras toda la polémica, soporta una alta carga simbólica que condiciona su interpretación. Más allá de debatir sobre la autonomía de la obra de arte, me gustaría saber si para usted también se ha convertido en un texto diferente y si lo siente como una pieza fundamental en su carrera.

Fíjate que no. Fíjate que lo que escribí es lo que sigo leyendo a día de hoy. Sí veo que la gente lo lee desde otra parte porque conocen lo que ha ocurrido. Hay otra obra de teatro fuera de la obra, que es la historia de lo que le ha pasado a esta obra. 

Lo que sí me condiciona es cómo ha influido en mi entorno personal. Amigos que me piden que no asista a sus cumpleaños o a reuniones porque irá alguien del PP y como estos amigos están esperando un ascenso pues no les interesa que les vean conmigo. Gente que me quiere, pero que se encuentra con un dilema moral. Me dicen, sí, estoy contigo y te apoyo, pero dependo de esa gente que te ha censurado. Alguno podría decir, pues que le den por culo a esa gente, Paco, te elijo a ti. Pero también entiendo que las circunstancias de cada uno son las que son y parece que si apoyas públicamente posiciones incómodas puede ir en detrimento de tus intereses económicos.

Así lo que estamos haciendo es cederle terreno a un fascismo cotidiano que va calando en las relaciones interpersonales y que se va normalizando.

Sí, es grave. Para mí está siendo complicado. Es duro ver cómo me atraviesa desde lo profesional hasta lo personal. Entiendo que haya gente que no quiera hacer una obra mía porque le tiene que pedir dinero a la Comunidad de Madrid, que viene de censurarme. Eso lo entiendo, pero en lo personal piensas, arriésgate un poco, ¿no? Si también me apartan en lo personal, empieza a afectarme. Ahora, cuando voy a algún encuentro ya no sé si soy bienvenido o no.

Su valentía al enfrentarse a los censores ha provocado que ninguna productora quiera hacerse cargo de sus montajes. Esto pone en evidencia la hiperdependencia de lo institucional que padece la creación artística en España. 

Esto me lo contó el propio Domenech de Bitò, que iban a producir la obra, pero se retiraron. Me dijo: Paco, es que nosotros tenemos una productora con un CIF de Madrid y así le sacamos dos ayudas a la Generalitat y otras dos cada año a la Comunidad de Madrid. O sea que tienen una estrecha relación con el PP de Madrid –aunque luego ellos sean independentistas– que les da dinero y no quieren arriesgarse.

Insultar a alguien de izquierdas es pertinente, pero si insultas a la derecha, te expulsan

Eso implica que ellos asumen que el PP tiene listas negras y que si los ven trabajar con usted les puede vetar.

Claro, de hecho, Jesús Cimarro les llamó para decirles que si seguían poniendo los 40.000 euros que iban a poner en los Teatros del Canal, él ponía el Teatro de la Latina y contestaron que no, que abandonaban. Por eso, luego, les premia el propio Partido Popular, como han hecho con Mariano de Paco que fue otro responsable de la cancelación de mi obra; era el gerente que obligó a Blanca Li a la cancelación y ahora le premian como nuevo consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid.

Lectura dramatizada que se hizo en Polonia, dirigida por Paulina Eryka Masa, en julio de 2023. / Fotografía de Ewa Skibinska y Tobiasz Sebastian Berg

Todo esto son síntomas de la falta de libertad con la que se crea en España ¿no?

Bueno, pero alguien puede, en algún momento, romper la cuerda. Le pasó a Blanca Li. En su mano estaba decir hasta aquí, me están obligando en contra de mi voluntad a quitar esto de la programación y no lo voy a consentir. Yo siempre tengo la esperanza de que va a suceder algo, pero no sucede. Y lo que yo no puedo hacer es ir puerta por puerta para decirle a la gente cómo debe actuar. A mucha gente le importa más su carrera profesional que su dignidad personal. ¿Tú crees que Blanca tiene una amiga que vende pescado en un mercado? Ese tipo de gente no tiene amigos ya, porque solo se relacionan con quien les puede dar algo. Yo lo veo en mi círculo más cercano, la gente cada vez tiene menos afectos reales y se preocupa menos por los cuidados. Les importa más tener que ser.

Me echaron de Twitter el día que comenté que la primera señal de exterminio era aquella lona del odio de Vox, la de la papelera

Por otro lado, usted está sufriendo ataques en esos territorios de odio en que se han convertido las redes sociales. Creo que tiene bloqueada su cuenta de Twitter, pero sí pueden acceder quienes entran para insultarle y amenazarle.

En Twitter llevo casi tres meses expulsado, pero cualquiera puede entrar en mi perfil a insultarme. Me echaron el día que comenté que la primera señal de exterminio era aquella lona del odio de Vox, la de la papelera. Me expulsaron porque había puesto exterminio y acusaba a Vox de ser un partido nazi. Sin embargo, permiten a todos los fachas con banderas anticonstitucionales que me dicen rojo de mierda. Insultar a alguien de izquierdas es pertinente, pero si insultas a la derecha, te expulsan. No hay nada más Santa Inquisición que Twitter. Entras y es como estar en la plaza del pueblo viendo un auto de fe donde masacran a una persona desde cuentas falsas. Eso a la gente le mola. Ojo, yo no soy de quienes creen estar en el lado bueno. A veces, me encanta entrar en Twitter o ver Sálvame. Soy español y tengo la herencia que tenemos todos. Lo que sí soy es capaz de discernir y saber qué puede ser peligroso, pero también soy hijo de mi tiempo y soy hijo de mi cultura, no reniego de ella, simplemente soy crítico, que es una de las funciones que tiene que tener el arte.

Claro, cuando se habla del fascismo de baja intensidad que estamos asumiendo, no es porque el monstruo ande por ahí, es que el monstruo somos nosotros.

Eso es. Lo que hace la cultura es encender una llama de alerta para decir, mucha atención con esto que nos pasa a todos. Yo estoy metido en toda la mierda de lo que supone ser español y la herencia de la Santa Inquisición la llevo en las venas, pero intento advertirla para que no mine la salud democrática de este país que, en estos últimos años, ha recibido un tremendo zarpazo por parte de una extrema derecha que creíamos extinguida y que ha aparecido desvergonzada y sacando pecho.

A la cancelación en el Teatro del Canal, de Madrid, le siguió el episodio del Festival Eñe.

Si alguien tenía dudas de que había sido un caso de censura, de repente sucedió que también me echaron de Eñe. Me decían que no me echaban del festival, sino de esa sede, una biblioteca que pertenecía a la Comunidad. Me dicen, puedes hacer tu ponencia, pero en otro sitio que no sea de la Comunidad de Madrid. Y les pregunto, ¿estoy vetado por la Comunidad de Madrid? No, no. Entonces ¿por qué razón me sacáis de ahí? Porque pensamos que vas a estar mejor en otro sitio. Ya, pero es que yo no me he quejado, si yo estoy fenomenal. Aparte, ¿por qué de los diez que hay me sacáis solo a mí? Bueno, hemos pensado en ti. Ya, como a mi obra, que a alguna le tenía que tocar y le tocó a la mía. Sorprende que siempre me toque a mí.

Hay dramaturgos que en sus obras señalan a políticos que persiguen a los poetas, y a su vez ellos mismos están puestos a dedo por el PP en esos cargos

Hay un asunto cómplice con estos fascismos instalados en nuestras vidas diarias, que es la inacción. Permítame que reseñe, en este punto, a Sergio C. Fanjul, quien renunció a un evento dentro del Festival Eñe, cuyos gestores orillaron su presencia en el mismo tras el escándalo de los Teatros del Canal. ¿Alguien más reaccionó?

Sí, hubo seis editoriales que renunciaron. Sergio era el presentador que iba a conducir ese evento. Él colabora en El País y había firmado varias noticias sobre la censura. De alguna manera estaba involucrado y quiso ser coherente con aquello que firmaba. Pero cuando hablo con otros amigos, compruebo que es complicado que la gente dé la cara, porque hay dramaturgos que están dirigiendo teatro y festivales importantes y aunque en sus obras señalan a políticos que persiguen a los poetas, a su vez ellos mismos están puestos a dedo por el PP en esos cargos. Por eso no denuncian. Se apoyan en sus obras para salvaguardar su dignidad, pero resulta que luego en la vida, cuando pasa algo parecido a lo que escriben, actúan de otra manera.

¿Se articuló alguna acción común con los otros autores censurados? ¿Con Alberto Conejero, por ejemplo?

Pues te contesto porque me lo preguntas. Conejero nunca me ha dicho nada. Ni cuando me censuraron ni cuando le censuraron y le puse un mensaje de apoyo en mi Instagram. Lo puedo entender porque Alberto está puesto a dedo como director del Festival de Otoño por Marta Rivera de la Cruz, que es quien se cargó mi obra. Su caso es complicado porque resulta que su texto ha sido censurado por el mismo partido político que le tiene contratado: el PP.

La neutralidad siempre conlleva ponerse de parte del agresor. ¿Hubo reacción del sector cultural? Porque casos como el suyo deberían servir como detonante para animar al mundo de la cultura a denunciar todos los vicios estructurales de un sector que produce tanta precariedad. 

Yo lo he intentado. No voy a decir nombres, pero he llamado a los directores más importantes de todos los teatros y me han dicho que no, que están conmigo, pero que no van a decir nada públicamente. De hecho, algún productor me ha dicho, está muy mal lo que has hecho, esto le viene muy mal al tejido. Y le digo: “Al tejido, no, a ti, porque mi reclamación evidencia tu silencio” Me he ganado enemistades de gente de mi misma cuerda, gente de izquierda y de la cultura, porque saben que deberían estar haciendo algo que no hacen. Me dijeron que había más casos como el mío en el Canal. Yo no me lo creía, pero parece que es verdad. Esto que me ha pasado a mí, lleva mucho tiempo pasando. La diferencia es que nadie decía nada. ¿Por qué? Por el miedo a las represalias. ¿Qué pasa si protestas? Pues mira lo que me ocurrió en el Festival Eñe y si desde 2011 estrenaba una obra cada año, ahora llevo un año sin estrenar y el año que viene tampoco, porque no estoy en ninguna programación.

De sobra conocida es la polémica que gira en torno a la obra teatral Muero porque no muero, de Paco Bezerra (Almería, 1978), tras ser desprogramada de los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid y tras la mediática intervención...

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Autor >

Paco Cano

Mis ciudades: Cádiz, Madrid, NY, Washington DC y, ahora, Barcelona. Mis territorios: las políticas culturales, la articulación ciudadana, los cuidados y el común.

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1 comentario(s)

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  1. juan-ab

    Gracias, por tan magnífica entrevista y por tan reveladoras respuestas. Pero sobre todo, gracias a Paco Becerra por su empeño y compromiso con el arte dramático y con la libertad. Mi solidaridad te abrace.

    Hace 4 meses 23 días

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