1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

  307. Número 307 · Abril 2024

  308. Número 308 · Mayo 2024

  309. Número 309 · Junio 2024

  310. Número 310 · Julio 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Tribuna

La Ley de Vivienda y el tamborilero del Bruc

Ni farsa ni revolución: la nueva norma, con sus contradicciones, es un producto de la lucha del movimiento por la vivienda en los últimos seis años

Jaime Palomera (Sinpermiso) 5/06/2023

<p>El Sindicat de Llogaters celebra la regulación de los precios del alquiler en Catalunya.</p>

El Sindicat de Llogaters celebra la regulación de los precios del alquiler en Catalunya.

Pablo Castellano (CC BY-SA 4.0)

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

En las últimas semanas se han hecho lecturas antagónicas de la Ley de Vivienda. En un extremo, hay quien asegura que la ley supone una revolución, un cambio de paradigma que rompe con el modelo de la vivienda como mercancía. En el otro polo, se asegura que la ley es una farsa, que no cambia nada. Estas hipérboles se repiten también en el análisis sobre el movimiento por la vivienda: desde quien dice que la ley responde a lo que reclamaba la calle, hasta quienes la ven como el fracaso de la apuesta de organizaciones como el Sindicato de Inquilinos, que se habrían convertido en lobbies sin capacidad transformadora, instrumentalizados por la “socialdemocracia” institucional. ¿Nos ayudan estos relatos a entender lo que ha pasado en Madrid y el escenario que se abre? Me temo que no mucho.

Empezaré negando las dos premisas. Esta no es la ley que habría redactado el movimiento, eso está claro. Pero quien crea que es la ley que querría la patronal inmobiliaria, o el producto de una negociación entre partidos, se equivoca. Lo que ha aprobado el Congreso de los Diputados es inseparable de la lucha que los sectores populares y las clases rentistas han protagonizado en los últimos seis años, con Barcelona y Cataluña como epicentro. En este tiempo, se ha conseguido algo que hasta hace dos días la inmensa mayoría creía imposible: disputar la función social de la propiedad y empezar a hacer efectivo un programa con medidas que no se habían visto en mucho tiempo, como intervenir el mercado en favor de los sectores populares con bajadas de precios y alquileres sociales obligatorios. ¿Cómo se explica esto?

Hace diez años, lo que hasta entonces había sido una gran crisis hipotecaria se trasladó al alquiler

Rebobinemos un poco. Hace diez años, lo que hasta entonces había sido una gran crisis hipotecaria se trasladó al alquiler, con una escalada histórica de los precios. El problema de la vivienda ya no solo afectaba a los más desposeídos, sino también a amplias capas sociales. Una auténtica brecha. Las subidas y las expulsiones se vivían como desgracias inevitables. “No hay suficiente oferta para tanta demanda”, se decía. “No todo el mundo puede vivir en la ciudad”. La primera victoria del Sindicato de Inquilinos, en 2017, consistió en elaborar un diagnóstico –procedente de la investigación y de la experiencia práctica– que desmontaba estos dogmas neoliberales e invitaba a no resignarse.

La burbuja del alquiler no era un fenómeno meteorológico, sino que había sido cocinada políticamente entre el 2012 y el 2013 con una batería de leyes que ponía la alfombra roja a la inversión especulativa internacional. Resumidamente: privilegios fiscales para fondos buitre y rentistas; reducción de la duración de los alquileres y facilidades para expulsar; mecanismos para desviar pisos al mercado turístico de forma permanente y también para mantenerlos vacíos; uso especulativo de las 250.000 viviendas rescatadas (en manos de la Sareb) y visados de oro para extranjeros a cambio de comprar pisos para sostener los precios artificialmente altos. Los mercados ya estaban intervenidos por el Estado, pero lo estaban para favorecer a una minoría privilegiada. Lo que hacía falta era intervenir en la dirección contraria.

Los mercados ya estaban intervenidos por el Estado, pero lo estaban para favorecer a una minoría privilegiada

Este discurso, que cuestionaba el sentido común hegemónico y a la vez generaba esperanza, ha ido del brazo de una estrategia sindical capaz de convertir el malestar individual de muchos en una fuerza colectiva y transformadora. A veces se dice que el movimiento por la vivienda no es un movimiento de masas. Es cierto: a diferencia del feminista o del independentista, no saca multitudes enormes en la calle. Sin embargo, tiene una gran capacidad de crear comunidades de lucha y de conseguir victorias tangibles muy a menudo. Creo que una metáfora para entender la lucha por la vivienda es la guerra de guerrillas, donde el único arma es la desobediencia civil no-violenta. Hablamos de un amplio repertorio de acciones a pequeña escala, impulsadas por redes de militantes con un enorme grado de solidaridad y de compromiso ético, que les han permitido hacer frente a un enemigo mucho más grande, en una guerra de desgaste auténtica.

En los últimos años, el movimiento ha sido capaz de obstaculizar una media de dos desahucios al día y de organizar una oleada de huelgas de alquiler parciales. Se trata de personas que, ante la exigencia de una subida de precio o una expulsión sin motivo, deciden no marcharse de casa con el rabo entre las piernas pero siguen pagando el mismo alquiler. Muchas de estas formas de resistencia han ido acompañadas de conflictos abiertos con rentistas, la Administración y los cuerpos policiales. A menudo han adquirido un alto voltaje, abriendo telediarios, y terminando en victorias.

A pesar de esto, hay quién asegura que artefactos como el Sindicato de Inquilinos no son “organizaciones de clase”, sino una especie de ONG compuesta por “activistas” que ayudan a personas “afectadas”. Se equivocan. Estamos ante instituciones populares lideradas por aquellos sectores que hace 20 años se habrían integrado en la clase media y ahora viven una proletarización. Personas sin propiedades y sin otra opción que la jungla del alquiler, que se ven sometidas a una violencia cotidiana, en forma de asfixia financiera, desposesión e inseguridad vital. Familias hartas, que deciden pasar a la ofensiva, confrontando el poder inmobiliario y asumiendo todas las consecuencias personales: brigadas puerta a puerta para organizar edificios enteros, acciones en inmobiliarias, recuperaciones de viviendas vacías, boicots, cortes de calle, litigios estratégicos, y un largo etcétera. Además, como en las guerras de guerrillas, los sindicatos suscitan el apoyo de la mayoría social no movilizada. Lo demuestran las cifras de afiliación crecientes y unas encuestas siempre favorables a los postulados del movimiento, como regular el precio del alquiler y prohibir los desahucios.

Así, del mismo modo que el tamborilero del Bruc abrió una grieta en la imagen de imbatibilidad del ejército napoleónico, los sindicatos han hecho tambalear el mito que no hay nada a hacer ante el mercado y que las ciudades son para los ricos. Lo han conseguido convirtiendo en una trinchera todos los espacios que el capital inmobiliario siempre había colonizado sin oposición: la casa, el barrio, la ciudad y, está claro, las administraciones. Los pasillos de los ayuntamientos, de los gobiernos y de los parlamentos, que siempre habían sido suyos, también se han convertido en un campo de disputa.

Los sindicatos han hecho tambalear el mito que no hay nada a hacer ante el mercado y que las ciudades son para los ricos

Frente a ello, los sectores más poderosos de la clase rentista y del Estado también han movido ficha. Primero, con la creación de una contraparte al Sindicato de Inquilinos (ASVAL, asociación impulsada por la rama catalana de Blackstone para agrupar los propietarios de viviendas de alquiler), la unificación de todas las patronales bajo un mando único (FIABCI) y la elección del exalcalde y exministro socialista Joan Clos como máximo portavoz y lobista. Segundo, con una campaña mediática brutal contra las okupaciones y las acciones de desobediencia, con el objetivo de demonizar a la clase trabajadora. Finalmente, con un aumento de la represión a todos los niveles. Una violencia policial (en los desahucios, con centenares de multas sin justificación, infiltraciones y espionaje) y judicial (querellas y procesos penales) que hemos sufrido en primera persona.

Esto ha llevado a que algunos crean que el Estado, en su conjunto, no es más que un brazo más del capital inmobiliario, un bloque monolítico, impenetrable. Pero esta mirada de trazo grueso impide apreciar los verdaderos choques de trenes que se han dado en el interior de las instituciones públicas. La particularidad de este ciclo es que el conflicto de clase que veíamos en la calle se ha reproducido en el seno del Estado, y esto tiene que ver con el ímpetu del movimiento, pero también con la competición entre varias fuerzas permeables a su discurso. Sin las tensiones productivas que se han dado en varios momentos, entre el adentro y el afuera, siempre como resultado del liderazgo de la calle, no se entendería nada de lo que ha pasado.

Primero, en la Generalitat, con leyes impulsadas desde abajo para parar desahucios y bajar los precios, y después, en el Consejo de Ministros, con una lista larga de episodios: desde el decreto del 2019 que hacía revertir la reforma del PP y extendía la duración de los contratos, pasando por las diversas moratorias durante la pandemia, hasta la propia ley de vivienda. Las batallas han sido constantes. Por un lado, con los ministerios del PSOE (Economía y Agenda Urbana) haciendo de baluarte de los intereses de los grandes y medianos rentistas respectivamente, apostando por políticas de caridad, y a menudo también con discrepancias entre ellos. En el otro lado, el ministerio de Unidas Podemos (Derechos Sociales) en alianza con los Comunes, ERC, Bildu, la CUP y el resto de la izquierda parlamentaria, que han hecho suyas buena parte de las demandas de las clases populares. De hecho, la fragmentación del arco parlamentario ha sido funcional en las negociaciones.

La ley catalana no solo demuestra que se pueden limitar y bajar los precios, sino que lo hace de manera inmediata

En el año 2020 esta correlación de fuerzas parlamentarias desigual había tomado forma de callejón sin salida y la inmensa mayoría de gente creía que no había nada que hacer. En Cataluña, se decía que Junts nunca apoyaría una regulación de precios. En el Estado, se afirmaba lo mismo sobre el PSOE. ¿Qué es lo que permite superar el bloqueo? De nuevo, el tamborilero del Bruc y su audacia para impulsar una regulación en Cataluña. Una bandera que casi nadie creía que se pudiera plantar, solo los sectores más optimistas del Sindicato de Inquilinos y dos personas (dos, no más) en el Gobierno y en el Parlamento. La aprobación de la ley catalana es, contra todo pronóstico, lo que desbarata todo, lo que lo cambia todo. Una norma que no solo demuestra que se pueden limitar y bajar los precios, sino que lo hace de manera inmediata en casi todo el país, teniendo un impacto real en la vida de miles de personas.

Si la Moncloa decide llevar la ley al Tribunal Constitucional (TC) en junio del 2021, a pesar de que el PP ya había presentado un recurso, es porque la ley va mucho más allá de Cataluña: es la posibilidad que se extienda y haga inevitable aquello que el sector del PSOE del Estado quiere impedir. De hecho, la intención de los ministros socialistas era utilizar la potestad del Gobierno para suspender la ley de forma inmediata, pero la presión del Sindicato y la movilización popular, con protestas en las sedes del partido, lo evitaron, cosa que permitió que la norma estuviera vigente durante tres trimestres más. Como reconocen todas las partes involucradas, la ley catalana fue un auténtico golpe en la mesa que decantó la negociación entre ministerios. En octubre del 2021, el Gobierno del Estado cambia el rumbo y acepta un anteproyecto de ley que por primera vez incluye una regulación de precios del alquiler. A pesar de que el anteproyecto que se aprueba en febrero del 2022 tiene muchos agujeros, se inspira básicamente en la ley del Sindicato. Ecos del Bruc.

¿Y ahora, qué? La Ley de Vivienda que se ha aprobado, después de un nuevo año de guerrillas, incorpora mejoras claras. Las más importantes responden a los dos objetivos que se marcaron en la V Asamblea de Afiliadas del Sindicato de Inquilinos (en Sabadell, 23 de octubre de 2021) y que solo se han conseguido gracias a una hoja de ruta basada en la organización de base y la lucha a todos los niveles. Primero, prohibir la estafa inmobiliaria de cobrar al inquilino por un servicio que se da al dueño de la vivienda; un mecanismo que opera como incentivo perverso para subir los precios, porque los honorarios de la inmobiliaria se calculan a partir del precio del alquiler. También una maniobra que les permite captar casi toda la oferta, y convierte a los inquilinos en un mercado cautivo. Haciendo una estimación conservadora, y considerando solo Cataluña para el año 2021, estamos hablando de desarticular un negocio de 140 millones de euros.

El segundo objetivo del Sindicato era volver a regular los precios de los alquileres. Sabemos que la norma no es lo suficientemente rigurosa, que por sí sola no impedirá que sigan subiendo los precios y que solo en algunos casos permitirá bajarlos (si el dueño del piso tiene más de cinco viviendas ubicadas en la zona regulada). Además, estoy convencido de que se habría podido conseguir una mejor regulación si la negociación se hubiera alargado y hubiera coincidido con la campaña de las elecciones municipales. Ahora bien, es evidente que se ha aprobado un tope que hasta hace dos días parecía imposible, que tendrá efectos en la vida de la gente y que el Tribunal Constitucional lo tendrá mucho más complicado para tumbarlo.

Ni farsa ni revolución: la Ley de Vivienda es un texto contradictorio, producto de la lucha de los últimos seis años. Regula los alquileres residenciales y pone palos en las ruedas de los fondos, pero deja intactos los alquileres de temporada, que son su nueva apuesta. Prohíbe la estafa de las inmobiliarias, pero no toca las viviendas de la Sareb, más allá de los anuncios en campaña. Reduce la bonificación fiscal de los rentistas del 60% al 50%, pero otorga privilegios fiscales de hasta el 90% en caso de que bajen el precio un 5%. Pone fin a la tradición de construir vivienda de protección oficial que al cabo de unos cuantos años pasa al mercado, pero no dice de donde saldrán las nuevas viviendas públicas y mantiene el presupuesto en cifras raquíticas (un 0,5% del PIB). Incluye medidas para dilatar y dificultar los desahucios (como la conciliación y la intermediación), pero no los para.

Thea Riofrancos dice que una reforma puede tener dos funciones a la vez: mantener (o alterar poco) el poder de la clase dominante y dar fuerza a los sectores populares. Creo que este es el caso de la Ley de Vivienda. Estamos ante reformas estructurales o reformas no reformistas que obligarán al poder inmobiliario a reordenarse. Habrá que ver qué hacen las agencias y los grandes rentistas. Por otro lado, las nuevas regulaciones aumentarán el poder de negociación de los sindicatos, lo cual les permitirá luchar por transformaciones más ambiciosas. El movimiento no ha sacado la vivienda del mercado, pero ha abierto grietas. Y, allá donde hay grietas, entra la luz.

—----------

Este texto se publicó originalmente en elcritic.cat y ha sido traducido al castellano por Julio Martínez-Cava para Sin Permiso.

Jaime Palomera es antropólogo e investigador de l'Institut de Recerca Urbana- IDRA. Ha sido coportavoz del 'Sindicat de Llogateres' de Cataluña (Sindicato de Inquilinos).

En las últimas semanas se han hecho lecturas antagónicas de la Ley de Vivienda. En un extremo, hay quien asegura que la ley supone una revolución, un cambio de paradigma que rompe con el modelo de la vivienda como mercancía. En el otro polo, se asegura que la ley es una farsa, que no cambia nada. Estas hipérboles...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Jaime Palomera (Sinpermiso)

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. jquintansgarcia

    Con ACCIONES DIRECTAS, como las aquí relatadas se puede ir a votar es la garantía de QUE NO NOS TRAICIONEN en LOS DESPACHOS. Estos textos iluminan el ConTeXTo.

    Hace 11 meses 25 días

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí