1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

ÁLEX TARANTINO / POETA Y ENSAYISTA

“Sabemos que nos estamos psicotizando como sociedad”

Esther Peñas 29/07/2022

<p>Álex Tarantino, en una imagen cedida por él mismo. </p>

Álex Tarantino, en una imagen cedida por él mismo. 

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Gli ignoti nell’Ospedaledegli Incurabili (Amargord): con este título en italiano (algo así como ‘Lo desconocido en el Hospital de los incurables’), Alejandro Tarantino (Laredo, Cantabria, 1963) aborda en su nuevo poemario la fragilidad extrema, el delirio doloroso de cuantos traspasan la linde de la locura –regresen o no de ella–, el vacío, la yerma intimidad a la que trata de abocarnos el sistema, este no poder ser quien quisiéramos, el espanto de la incomprensión. Cioran, Maillard, Foucault o Cacciari apuntalan estos versos, que se cierran con un vehemente epílogo de la psicoanalista Carmen Ortiz a propósito de la locura. 

¿Dónde reside la fascinación que ejerce la locura? ¿Es una salvación o una condena?

Creo que reside en lo incurable, y es una salvación. Un grado de locura es necesario, así como preservar lo incurable como ese núcleo de lo más humano es salvación. Esto dicho, por supuesto, como reflexión filosófica, sin entrar en lo clínico; el concepto de locura como elemento cultural para mí tiene que ver con esa ruptura y con la preservación de lo incurable. El núcleo de lo que llamaba Nietzsche humano, demasiado humano, el núcleo de lo que es intocable, indecible, de lo que hay que preservar. Es como si casi todo lo que hacemos intentase atravesar ese núcleo o romperlo, o desvelarlo, y hay que rodearlo y dejar que palpite, como si fuera el corazón. No lo puedes travesar ni romper, sino dejarlo palpitar a un ritmo distinto.

La locura de la que habla, ¿es distinta de aquella a la que nos aboca el sistema?

Hay distintos niveles, una parte tiene que ver con la patología social, sabemos que nos estamos psicotizando como sociedad, los tipos de comportamiento psicotizados cada vez son más amplios y una de las consecuencias más evidentes de esa psicotización tiene que ver con cómo percibimos la vida, y la vida se va degradando. Tiene que ver con la parte más patológica de lo social, que a su vez tiene que ver con lo político, e influye inevitablemente en lo intelectual. Cuando un poeta o un filósofo habla de la locura o sobre el impacto de lo social en la locura se mete en otro territorio, y ese territorio es de claves, no es una descripción de la enfermedad, no es un análisis patológico de lo que nos rodea, sino un universo de claves, claves que, a alguien normalizado dentro de los márgenes patológicos que todos sufrimos, permiten a uno manejarse en otros territorios (afectivos, sociales)… pero esto es pura especulación, porque luego viene una realidad muy dura: comer, vivir…

¿A qué claves se refiere?

Las claves de la palabra, de lo abstracto, de los sueños, todos los elementos o estructuras simbólicas que yacen en la cultura y que nos cuesta cada vez más acceder a ellas, que se van perdiendo. Creo que la psicotización de la sociedad tiene que ver con esta forma de diluirse de las formas simbólicas. Escribir es un ejercicio histórico, filosófico, de integración de lo que ha sido antes; cuando leo no puedo hacerlo si el texto no está conectado al flujo de los grandes metarrelatos, que nos ofrecen claves. 

La palabra está vacía, no es nada, es una forma de atrapar o de intentar atrapar cosas que nos pasan en la vida. El lenguaje está vacío

¿Qué se requiere para que “la palabra quede vacía”?

Ya está vacía. Se reflexiona sobre la palabra como si fuera un artefacto, pero la palabra está vacía, no es nada, es una forma de atrapar o de intentar atrapar cosas que nos pasan en la vida. El lenguaje está vacío.

Eso, dicho por un poeta, suena casi a provocación…

Es que no hay manera de atrapar ni de construir el vacío, el vacío se construye alrededor de lo incurable, y la palabra no es un artefacto para construir el mundo, o cambiarlo, aunque hay en parte hay algo de ello, la realidad la construye el hambre, la alegría, el dolor, la felicidad… pero no como palabras sino como vivencias; los poetas van arramblando con lo que pueden y hacen prospectivas. Cuando escribo, siempre construyo libros que continúen en la tradición, en la medida de lo posible, y que atraviesen la frontera entre lo desconocido y lo conocido. Como si fuéramos dando pasos pequeños en la oscuridad, para mí eso es importante. Si la palabra tuviera que construir el momento presente…

Ahora que menciona la palabra, hambre, aparece con cierta frecuencia en el poemario. ¿Hambre de qué? ¿Es el hambre lo que nos sostiene?

No creo que el hambre quede del lado de la vida, sino que coloca del lado de la muerte, que es una parte de la vida; yo creo en el instinto de muerte, y creo que hay una parte de lo humano destructiva, terrible, oscura, lo podemos comprobar continuamente a nuestro alrededor; otra cosa es cómo lo reformulamos, cómo lo construimos dentro de nuestra vida. Sí, hay mucha gente destructiva, heterodestructiva, autodestructiva, es una constante en la historia, pero ahora se ha implementado tanto la cultura del odio, de la rabia, de la violencia, que estamos en sociedades psicotizadas. La expresión más alta de esta sociedad en la que vivimos es la violencia, con lo cual, no hay salida, no hay forma de solventarlo, no lo veo. ¿Qué opciones tienes?

¿Qué opciones hay?

Ninguna. Salvo que traspases la oscuridad; por eso construir, crear, escribir, gritar desesperadamente, como hacen en la noche los marineros para saber dónde están las embarcaciones, ayuda. Todo el mundo necesita faros, esa cosa tan extraña y maravillosa.

Ayuda construir, crear, escribir, gritar desesperadamente, como hacen en la noche los marineros para saber dónde están las embarcaciones

¿Qué convierte a un autor en clásico?

Para mí, escribir y pensar va junto. No puedes revolucionar la historia del pensamiento, la historia de tu cultura, no puedes colocarte al margen, no funciona, y cuando se ha dado esa circunstancia es porque lo escrito o pensado no ha sido entendido en su momento, gente que se había adentrado tanto en la oscuridad que los demás no lo veían, pero eso no quiere decir que se hubiera desconectado de sus raíces profundas; de hecho, cuando volvemos a leer a autores que en un momento fueron marginados, o no entendidos, con el tiempo son baluartes de lo que haces, de lo que piensas y de lo que dices, desde Grecia hasta ahora. Catulo decía que la muerte está en el corazón de la vida. Exactamente es así. Pero ¿quién lee a Catulo? Más allá de ser un referente para un discurso culto o como tema de conversación de apasionados de la cultura grecorromana… y resulta tan actual… Los que se convierten en clásicos son autores que están dando vueltas al núcleo de lo incurable, y lo saben. 

Catulo decía que la muerte está en el corazón de la vida. Exactamente es así. Pero ¿quién lee a Catulo?

Sin ánimo de ser impertinente, ¿por qué hay que leer a Catulo?

Porque su poesía es una forma de entender el instinto de muerte que formuló, siglos después, Freud. A veces, en la poesía encuentras formas para acercarte a ese instinto de muerte de una manera mucho más amable, porque tal y como lo hemos formulado en nuestro tiempo es clínico, es patológico, y eso es muy duro. Cuando lees a Catulo no visualizas la enfermedad sino el dolor, y te reconcilias, de alguna forma, con él; con la enfermedad no te puedes reconciliar. Con el dolor, sí. Eso te lo dice cualquier psicoanalista. La enfermedad es lo que hay que superar.

¿Cómo es “la textura del olvido”?

¿Quién lo sabe? Cambia. ¿A ti no te cambia la textura del olvido? Si eres alguien atado a las pérdidas, y las pérdidas te hieren, esa textura es tremenda, rugosa, hiriente; si vives la nostalgia como la sensación de lo que no has vivido, es muy dura, pero hay otros tipos de textura, no por ser una cuestión de felicidad o de reconciliación con tu historia: hay una parte de la memoria que tiene que ver con la palabra y no creo que haya nada más suave que el vacío, es acogedor y se puede habitar en él, esa textura es muy suave.

Entre “la nada, Dios”, “el nombre del hambre”, y “la enfermedad de lo lleno”, ¿ahí hay que vivir?

No. Soy muy Aristotélico a propósito de vivir en el justo equilibrio, pero el justo término medio es aproximarse al extremo que uno quiere, no sé cuál, pero a ese, si es el amor, perfecto, si es el dolor, aguántalo, pero creo que no se puede vivir en el medio, la vida te empuja, con mucha fuerza. El justo término medio es ser lo que uno es por naturaleza y vivirlo hasta las últimas consecuencias. El equilibrio es estar ¿en medio de qué? No se puede estar en el medio, ni en política, ni social ni afectivamente. Y te traicionas si buscas el equilibrio, y los elementos consensuadores, y no hacer daño a unos ni a otros, y te das cuenta de que estás jugando a nada.

Te traicionas si buscas el equilibrio, y los elementos consensuadores, y no hacer daño a unos ni a otros, y te das cuenta de que estás jugando a nada

El buenismo que impera…

La no perturbación, eso que dicen los chavales, “no me rayes”, no me inquietes, pero la vida no es eso, es una inquietud galopante. ¿No has sentido alguna vez el galopar de unos caballos en el pecho, dice el poeta? En eso soy muy griego, creo en el Eros. 

Le devuelvo en forma de pregunta un verso: ¿Cuándo el amor no es necesario?

Nunca, siempre lo es. No recuerdo haber vivido sin amor; no hablo de amor de pareja, de padres, sino del Eros profundo, el de lo más dionisíaco de nuestra cultura, allí donde se funden las pasiones y la sabiduría, para mí eso es el amor. No recuerdo haber vivido sin él, a veces encarnado en personas, en proyectos, en música, pero nunca jamás sin amor. No se puede respirar sin eso, o uno se miente o está amargado, o atravesó su incurable y lo destrozó.

¿Y qué lugar ocupa lo apolíneo, pues?

Es una manera de articular nuestros miedos, no tiene más sentido. Racionalizamos, embellecemos lo incomunicable, lo intolerable, nos defendemos, dependemos de lo que nos hace daño, esa estructuración social, cultural, civilizatoria, de la que no reniego, pero soy muy nietzscheano, la lucha sé quién la tiene que vencer. En esa lucha estamos, una lucha que es algo muy íntimo, no privado. Santiago López Petit habla de cómo uno proyecta la intimidad, lo que los psicólogos llaman “extimidad”, lo más exterior a nosotros es lo más íntimo, lo apolíneo, la proyección de nuestros miedos; pero lo que es realmente pasión, fuerza, instinto de vida, voluntad de potencia no logra expresarse, lo penalizamos. No le dices a alguien: “Quiero acostarme contigo”. 

Y mucho menos ahora, en estos tiempos tan políticamente correctos…

No es agresivo decirle a alguien “quiero follar contigo”, lo que es agresivo es decirle “me gusta tu personalidad”, “tu manera de ser es maravillosa” y otro tipo de cosas que no son sino eufemismos que ocultan la fuerza y las ganas. Lo apolíneo tiene que ver con eso, con la corrección. Seamos sensatos, sé que no puedes ir diciendo esas cosas, pero tampoco me engaño cuando las digo y sé qué hay debajo; lo apolíneo es la canalización, la estructuración, lo que permite una convivencia más cómoda, que perturbe menos. 

No es agresivo decirle a alguien “quiero follar contigo”, lo que es agresivo es decirle “me gusta tu personalidad”

¿Cuáles son las “mentiras necesarias en la vida”?

Uno es consciente de cuándo puede hacer daño, y ahí es cuando las mentiras se hacen necesarias; el sincericidio es una locura. Con las mentiras necesarias no me refiero a la estructura de la mentira, porque no hay una voluntad de dominio sobre el otro sino de evitación del daño; hay cosas que deben quedar en el olvido o no ser dichas jamás. Hay mentiras necesarias en la vida, continuamente. 

Aparte de las piadosas.

Sí, las mentiras necesarias no tienen que ver con la piedad ni con la caridad. Tienen que ver con el Eros.

“No puede haber revelación sin confusión”, escribe. En un mundo lleno de estímulos, de sucedáneos, ¿cómo distinguir la epifanía, lo importante de la algarada?

Recuperando la idea de lo sagrado, desde el punto de vista humano. Lo sagrado tiene que ver con el equilibro, y el equilibrio con el amor, y el amor con la palabra, y la palabra con el vacío, y el vacío con el hacer posible vivir. Lo sagrado es eso, hacer posible el vivir. Tiene que ver con la construcción de ese espacio, pero no lo sé, son secuencias lógicas y después la realidad me las destroza sin avisar. Lo más sagrado de lo humano es lo profano, y lo profano tiene que ver también con la existencia, con la insistencia en la existencia. Si atiendo a lo sagrado, tiendo a pensar lo incurable; si pienso en lo profano, tiendo a pensar en la salud, la felicidad. Me quedo con lo incurables, con lo desconocido, con los núcleos del dolor. Lo sagrado tiene que ver con la preservación de la vida. Si hay algo sagrado, es la vida. ¿Qué se está dispuesto a aceptar o a renunciar para vivir? ¿Somos capaces de articular lo sagrado sin lo profano? Estamos tan condicionados dialécticamente que no podemos. Volviendo a tu primera pregunta, la locura es lo sagrado.

¿Hay alguna experiencia humana que no esté calibrada por el dolor? No lo creo, hay una dialéctica profunda entre Eros y Thanatos, entre el dolor y la cura

Una locura ¿que viene siempre del dolor?

Bueno… ¿y qué no viene del dolor? ¿Hay alguna experiencia humana que no esté calibrada por el dolor? No lo creo, hay una dialéctica profunda entre Eros y Thanatos, entre el amor y la muerte, entre la vida y la felicidad, entre el dolor y la cura… Sí. La locura es dolor, todo el mundo que vive, se duele. Si vives, le dueles a alguien. Si no vives, a nadie.

¿Incluso se duele uno a sí mismo?

Posiblemente. No así en mi experiencia como escritor, cuando construyo libros, no me duelo ahí, no me duelo en mí, me duele lo que vivo, pero cuando pienso no me duele el mí, no soy un poeta metafísico, ni cotidiano, ni construyo imágenes para la salvación; cuando escribo no tengo inflación de yo. En la vida posible que sí, pero no cuando escribo, tengo tanto cuidado de no hacerlo… 

Por cierto, ¿el marxismo es un incurable?

Es un irrealizable, ojalá fuese un incurable… el marxismo no deja de ser una teoría que ha evolucionado, por eso hablamos ahora de Gramsci, Santiago López Petit, las teorías evolucionan, lo que no ha evolucionado es la forma de hacer política o de construir a partir de teorías, no ha habido ningún desarrollo marxista ni estructuración social; lo que más se acerca a esto es el estado de Kerala, en la India, y nadie habla de ello.

¿De qué salva la poesía?

De nada, te enfanga, te duele, te arrastra. Esa es, al menos, mi experiencia. Cuando escribo hay un goce profundo, en unas dimensiones que me asustan, al igual que cuando leo. Aspiro a que este libro tenga su propia vida, y dentro de cincuenta años, forme parte de ese hilo profundo, del gran metarrelato profundo que es la expresión biológica de la vida; desde los griegos ha habido un flujo continuo e incesante, hay gente que se ha bañado en él, gente que lo ha olvidado, gente que no sabe que está, pero está. Cuando un libro o cualquier otra manifestación artística se hunde en ese flujo, ha alcanzado su destino. Otra cosa es que no se entienda en su momento, o se olvide. Pero siempre habrá gente que sabrá, y conocerá de ese flujo y vivirá de él, las épocas y el tiempo serán los que determinen que sean muchos o pocos, en función de las circunstancias sociales, políticas, económicas… 

¿Por qué el título en italiano?

Porque necesito hacer un continuo homenaje a mis raíces, estoy vinculado a una Sicilia profunda y a un padre profundo, el reconocimiento de la lengua es un gesto que me vincula a lo más incurable, a lo más hondo y profundo, como si todo aquello que está alrededor de lo que más importa sonase en italiano; me encantaría que fuese traducido al italiano, y que lo tradujera mi hijo. No es una cuestión identitaria, la del idioma, es algo más doloroso e intenso, es el misterio que tiene que ver con la pérdida: mi padre murió cuando yo tenía 6 años, y todo el imaginario que un niño construye sobre la pérdida tiene que ver con el lenguaje, no tengo duda. Cómo suenan las palabras, como se dicen, cómo fuiste nombrado. Entre el es y el decir no hay ninguna distancia. Eres, porque eres dicho o nombrado. 

¿Por qué al escritor “le sigue un asesino”?

La única manera de contestar esa pregunta es ser autorreferencial. Porque es una forma de morir la escritura, despacio, es como ir dándote un veneno todos los días, degustar la muerte y la desaparición. Quieres desaparecer bien, y esa es una forma de asesinato a través de la lengua, preciosa y precisa. Como cuenta Vila Matas en Doctor Pasavento, la desaparición a través de la palabra. 

Gli ignoti nell’Ospedaledegli Incurabili (Amargord): con este título en italiano (algo así como ‘Lo desconocido en el Hospital de los incurables’), Alejandro Tarantino (Laredo, Cantabria, 1963) aborda en su nuevo poemario la fragilidad extrema, el delirio doloroso de cuantos traspasan la linde de la...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autora >

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí