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Novela

[Cries in Spanish]

Una conversación con Óscar García Sierra a propósito de ‘Facendera’ (Anagrama, 2022)

Carlos García de la Vega 13/06/2022

<p>Óscar García Sierra en una imagen reciente.</p>

Óscar García Sierra en una imagen reciente.

Cedida

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24 de mayo, 11:45

Hola, Gonzalo: 

¿Hay alguien haciendo algo de la novela de Óscar? De no ser así me encantaría escribir una pieza un poco inclasificable con él, mano a mano. Estoy fascinado con la novela. 

Ya me dices, muchas gracias.

25 de mayo, 13:38

Querido Carlos,
todo tuyo. ¿Lo podemos tener este junio?
Abrazo,
G.

         Qué raro se me hace ponerme a grabarte. Como que ni soy crítico literario ni filólogo ni nada por el estilo, al margen de alguna pregunta sobre el libro, te propongo que hagamos una facendera de todos estos años que hemos sido amigos como una forma de abordar la novela y tu trayectoria.

         [Ríe] Vale.

         La primera vez que recuerdo haberte visto fue en el bar Porto Marín, enfrente del CDN en Lavapiés. Nosotros vivíamos aún en Oviedo y no sé muy bien a qué vinimos a Madrid. Fuimos a una charla o recital de poesía en la Casa Encendida donde estaba Luna [Miguel].

         Fíjate que yo iba a decir otro día. 

         Di tú cuál es tu primer recuerdo, entonces.

         No, no, ahora es ese, es verdad. De estar en la Casa Encendida no me acuerdo mucho, me acuerdo como de estar subiendo todos desde allí hacia Lavapiés. Yo casi nunca había estado y me parecía estar como en Toledo, super lejos. Luego hemos vivido muy cerca de ahí y a ese bar hemos ido mucho. Lo de la Casa Encendida era una cosa en la que leía David Meza.

         ¡Ah, claro! Fue aquella noche todo.

         Fueron dos días, jueves y viernes. Uno de ellos después estuvimos en casa de Vicente [Monroy], por Malasaña.

         Otra de esas noches nosotros terminamos peleándonos con un tío en Chueca. 

         Eso no lo recuerdo… Espera, espera, sí. [Ríe.] Me acuerdo de salir del bar y que este tío había intentado ligar con David o algo así.

Nadie me había llamado poeta por haber escrito el otro libro

         Eso es. Al salir del bar estaba muy faltón. Se venía hacía David con mucha insistencia y nosotros lo separábamos y volvía cada vez más violento… ¿En qué sitio queda la poesía ahora que eres novelista? 

         Es que nadie me había llamado poeta por haber escrito el otro libro [Houston, yo soy el problema, Espasa, 2016; su título antes del proceso de edición era Cries in Spanish] y ahora en muchos sitios para la promoción dicen “la primera novela del poeta no sé qué” y es como, joder, pero si nunca nadie me había dicho antes eso. Pues a ver, hace un año me invitaron a la antología de millenials de Alba Editorial. Para eso tuve que escribir como diez poemas nuevos e incluí diez que ya tenía. Pero claro, al leerlos no me gustaban nada y tuve que hacer un trabajo de edición de la hostia. Desde entonces no he vuelto a escribir poesía, pero creo que en algún momento sí que me apetecerá volver a hacerlo, aunque sea dentro de mucho.

         Una noche acabamos en tu casa de San Bernardo y fue cuando conocimos a María [la pareja de Óscar desde 2017] que llegó después: llevaba un vestido elástico de Puma. Recuerdo su llegada como si fuese hoy. 

         Pero entre lo de David y esto que me cuentas pasaron muchas cosas, muchos Stardust, muchos yayos en el Camacho, el día que fuimos a una We a la Riviera con Ter y Vicente… Pero sí, esa noche María salía de currar en el Ocho y Medio y por eso llegó más tarde. Ese piso fue el de los afters mortales [ríe]. Pero en realidad era una época en la que salía una vez cada dos o tres meses y que solía coincidir cuando veníais vosotros. Salir era bastante puntual. Me recuerdo encerrado en casa todo el día, sólo yendo a clase de vez en cuando. En ese piso escribí casi todo el poemario y la casa esa, bueno, para los afters estaba bien, pero para vivir ahí en un interior era un poco deprimente. Esa fue la época de empezar con María, nos conocimos antes de Navidad y a la vuelta en enero o febrero ya empezamos a salir y en mayo nos mudamos juntos a Sombrerería [al lado del primer bar]. Fue una época en la que ya empezamos a salir mucho porque hicimos un grupito de amigos en común que vivían en Madrid. Además, esos meses es cuando salió el poemario y tuvimos que hacer presentaciones en Madrid, Barcelona, León… Pero claro, todavía estábamos en la universidad, era muy distinto a ahora.

         En qué se parecen y en qué se diferencian las motivaciones de escribir poemas a la de escribir una novela. 

         Realmente es que muchos puntos de partida de la novela fueron ideas sobrantes del poemario o de versos que había intentado meter en algún otro sitio. Así que la primera fase de escritura de la novela fue en realidad igual que empezar a escribir el otro libro: muchos fragmentos que tenía por ahí que iban desde versos a escenas y que luego tuve que unir. La diferencia con la novela es que he tenido que darle muchas vueltas. Quizá por eso el poemario al final resultó mucho más fragmentario y ahora pienso que quizá le hubiese podido dedicar más trabajo, sinceramente [ríe]. Igual en su momento no estaba preparado.

De una semana para otra encontré la trama que hilase todas las mini historias sobre los rumores

         Pero la novela está perfectamente construida, has creado un universo cerrado en el que todas las partes encajan con total naturalidad. ¿Ha sido muy difícil llegar a ese resultado?

         Después de la primera fase y de pensar mucho, todo de repente hizo click. De una semana para otra encontré la trama que hilase todas las mini historias sobre los rumores. En realidad, si no hubiese encontrado eso hubiese quedado todo un poco más chapucero, pero al final la trama que pensé daba cabida al pastiche.

         Recuerdo aquella Semana Santa que nos encontramos en León, en abril de 2017. Ahí también estaba María, ¿no? 

         Sí, sí coincidió que era la primera vez que María venía también a casa de mis padres. Hicimos una fiesta muy guay en casa de mi amigo Saul y después fuimos a Supernova [un bar de León] que era un sitio en el que yo pensaba que ponían indie, pero cuando os llevamos allí resultó que habían puesto dos ambientes y en la zona más grande solo ponían reguetón [ríe].

         También recuerdo, pero no sé cuándo ubicarlo, una noche que acabamos en casa de María, entre Malasaña y Chueca, tenía un salón enorme.

         Creo que fue después de un concierto de Bad Gyal, un domingo, también vino Ter. Después fuimos casi todos allí. 

         También se nos hizo de día y, además, te enfadaste un poco conmigo.

         [Ríe].

         Para mí es muy fácil reconocerte en muchas cosas de la novela, pero por otro lado percibo un ejercicio de separación de ti mismo y de construcción de un universo que aun siendo adyacente no es exactamente el tuyo. Llevo un tiempo un tanto fatigado con el fenómeno de la autoficción. ¿Qué relación tienes tú con ese género? 

         No sé... Es verdad que cuando lees algo de alguien conocido [ríe.] A mí me lo han dicho mucho: pensábamos que los de la novela erais María y tú, pero luego ya se ve que no… A ver, yo no es que quiera hablar sobre mí, pero, por un lado, lo de León es la ambientación que conozco y quería hablar de eso porque me parecía interesante como escenario. Así que entiendo perfectamente que otra gente recurra a lo que conoce. Pero claro, todo depende de cuánto añadas a la autoficción, imagino. A mí tampoco me molesta especialmente, siempre que esté bien acompañada de otras cosas, porque si no la barrera entre géneros se pierde, ¿esto qué es: una novela o tu autobiografía? [ríe]. Es verdad que haciéndolo me chirriaban un poco algunas cosas que eran obvias mi vida: el movimiento entre el pueblo y Madrid, filología… pero es que funcionaba y era necesario para contar lo que quería contar y por eso se quedó.

         ¿Cuánto interés tenías en que el dialecto leonés apareciera en la novela?

         Al principio de la escritura no estaba, pero en el verano que hice la versión final, me regaló mi hermana un libro de leonés e hice además un curso online, que es precisamente el que aparece en la novela, y me pareció que para completar el paisaje del pueblo el dialecto era muy interesante. Es que me gusta mucho todo lo que tiene que ver con el lenguaje y las palabras. Además, el título que sostiene la trama viene del leonés y me pareció que todo tenía sentido. 

         Un par de años después recuerdo una fiesta por mi cumpleaños, la de mis 41 creo, que fue el último que celebré en Tres Peces y en el que también os quedasteis hasta el final. 

         Recuerdo una polaroid de María con un antifaz. Todavía nos acordamos de algunos amigos tuyos. Había una que era actriz y la vimos hace poco en un cartel [Mara Guil: el cartel de Alegría de Violeta Salama] y María la reconoció por la calle. También estaba otro amigo que había vivido en Tanzania que también lo vimos otro día por ahí. Recuerdo la fiesta muy divertida, yo me lo pasaba muy bien en vuestra casa. 

         Más allá de que la novela sea o no sea rural, que me parece que en realidad no es tan relevante, me interesa mucho más cómo transfiguras en voz narrativa lo oral, la pura conversación. 

         Me enseñó María un libro de Manuel Puig que me gustó mucho y también de algún libro más que había leído cogí la idea de mezclar la narración del autor con los diálogos. En el fondo, lo que quería hacer era generar un poco de confusión sin que se convirtiera en un caos. No sé hasta qué punto se entiende bien esa mezcla. Por lo que me han dicho más o menos sí. Claro, por una parte había fragmentos de poemas que tenía toda la intención de que estuviesen en la novela, aunque fuesen demasiado líricos, pero también he tenido que capar algunos versos que podían quedar un poco pedantes. Precisamente porque como la voz del narrador se diluye en los diálogos había que controlar el estilo. Al final, creo que la idea que tenía la conseguí [ríe].

         Y por fin nos reencontramos después de dos años de pandemia hace dos semanas. Yo había estado por la tarde en el cumpleaños de Rodri [García Marina] en la Casa de Campo y después de acabar en El Taller volví al bar donde seguían celebrando. No me lo esperaba y de repente entrasteis María y tú: qué alegría enorme. Me invitaste a un montón de cervezas, me compraste un palo santo y subiste a tu casa a por un ejemplar de Facendera que me regalaste. María me dijo en un momento de la noche, antes de irse a dormir: es como si no hubiera pasado el tiempo, estamos como siempre. Y es verdad, yo estaba un poco disociado entre la sensación de que habían pasado un montón de cosas y la sensación de que todo seguía siendo lo mismo. 

         Pasa mucho en Madrid, gente que hace un año veías mucho y ya no y, de repente, te la encuentras por sorpresa. En general, la sensación esa la tengo incluso con la relación con María. Todos estos años juntos parece que se han pasado super rápido y los cuatro años anteriores, yo solo ahí, no sé qué pasó en todo ese tiempo. Creo que es muy diferente en Madrid a pueblos o ciudades de provincia, porque hay tanta gente, tantos grupos, tantos conocidos, conocidos de conocidos. Que pasa que vas al cumple de un amigo y te encuentras a otro amigo que no esperabas. O vas al cumple de un conocido y te encuentras a gente que hacía mucho que no veías. Y con todo lo de la pandemia: flipa. 

         ¿Eres mayor ya entonces?

         Cuando salgo ya no soy el más pequeño. [ríe]. 

         ¿Te sientes mayor? 

         Creo que sí. Pero más que por haber acabado la carrera o por el trabajo o por escribir y publicar, es por estar con Mari: vivir en pareja, estar para ella, poder ayudarle.

24 de mayo, 11:45

Hola, Gonzalo: 

¿Hay alguien haciendo algo de la novela de Óscar? De no ser así me encantaría escribir una pieza un poco inclasificable con él, mano a mano. Estoy fascinado con la novela. 

Ya me dices, muchas...

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Autor >

Carlos García de la Vega

Carlos García de la Vega (Málaga, 1977) es gestor cultural y musicólogo. Desde siempre se ha dedicado a hacer posible que la música suceda y a repensar la forma de contar su historia. En CTXT también le interesan los temas LGTBI+ y de la gestión cultural de lo común.

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