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MAURICIO MISQUERO Y VÍCTOR SANTOS / CIENTÍFICOS

“Si empieza a degenerar la situación del clima será más fácil que triunfen regímenes autoritarios”

Juan Bordera 23/02/2022

<p>Mauricio Misquero (foto: Manuel Ramírez de la Torre) y Víctor Santos (foto: Fernando Román).</p>

Mauricio Misquero (foto: Manuel Ramírez de la Torre) y Víctor Santos (foto: Fernando Román).

Imágenes cedidas por los entrevistados

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Dos jóvenes científicos han decidido abandonar sus trabajos, sus puestos de relativo privilegio, para hacer una llamada desesperada a la acción. No son los únicos en España. En todo el mundo el número va creciendo. 

Forman parte de la denominada Rebelión Científica (Scientist Rebellion), que logró filtrar parte del contenido del informe climático más importante del mundo, el del IPCC, hace unos meses. Un movimiento de activistas de la propia comunidad científica que han decidido que ya está bien de hacer de meros cronistas del desastre. Por ello están dispuestos a dar un paso más, a usar las recetas de la acción directa para gritar a gobiernos y a la sociedad en su conjunto que ya no hay tiempo, que ha llegado el momento de pasar a la acción si queremos evitar los peores escenarios. 

Mauricio Misquero fue el primero en nuestro país. Estudió Física en la Universidad Complutense de Madrid y luego hizo máster y doctorado en la Universidad de Granada, en Física y Matemáticas. Consiguió una beca Marie Sklodowska-Curie para investigar sobre basura espacial y asteroides en la Universidad de Roma Tor Vergata. Hace unas semanas abandonó su carrera con una carta abierta de desobediencia civil que se viralizó. Quiere dedicarse, mientras le duren los ahorros, al activismo contra la emergencia climática. Lo hizo porque sentía que estaba contribuyendo a una inercia insostenible.

Victor Santos estudió Ciencias Ambientales en Salamanca y un máster en Gestión del Territorio en la Universidad de Wageningen. También vivió por un tiempo en Bolivia donde trabajó analizando la contaminación de agua por la industria minera. Este febrero tomó la decisión de dejar su trabajo en una consultora ambiental. Desde el día 18 invierte todo su tiempo en dar charlas, y movilizar a la ciudadanía para las próximas acciones de la Rebelión Científica que tendrán lugar en más de 20 países a principios de abril, coincidiendo con la publicación oficial del informe del IPCC que Scientist Rebellion filtró al mundo.

La primera pregunta es obligada. ¿Por qué abandonan sus puestos de trabajo? 

Víctor: Si entendemos el problema, hay que actuar en consecuencia. Era incompatible mi trabajo de ocho horas con querer volcarme en esto, que es lo más importante ahora.

Mauricio: Sí, yo encontraba una gran contradicción en hacer mi trabajo y conocer la situación. Me di cuenta de que mi trabajo solo iba a beneficiar a gente ya muy rica. Necesitamos tomar medidas radicales que los gobernantes son incapaces de emprender. Acciones rápidas y contundentes que muestren a la gente que este problema es enormemente serio.

Pasar a la desobediencia civil es necesario. La pandemia paralizó luchas esenciales para nuestra supervivencia y a los movimientos sociales

¿Por qué ahora la rebelión científica?

Mauricio: Desde la comunidad científica se ha hecho mucho por comunicar la situación, pero quizá no se ha comunicado la crisis ecosocial con la crudeza que requiere. Por el conocimiento, los datos que sabemos, tenemos un privilegio que nos obliga a ir más allá. 

Víctor: La comunidad científica lleva décadas publicando artículos y la mayor parte de las veces se quedan dentro de la academia. ¿Por qué ahora? Porque el tiempo se acaba. Pasar a la desobediencia civil es necesario. La pandemia paralizó luchas esenciales para nuestra supervivencia y a los movimientos sociales. Toca reactivarnos.

Ya hicieron historia en la COP 26 –donde Víctor estuvo encadenado a un puente junto con otros 20 científicos y científicas–, protagonizando el arresto más masivo de la historia de miembros de la comunidad científica. ¿Sirvió de algo?

Víctor: Sí, sirvió. Se visibilizó la crisis climática. Nunca antes había habido un arresto de tantos científicos y científicas en una acción de desobediencia civil y tuvo mucha repercusión internacional. Se publicó en Nature, en The Guardian y otros medios internacionales. Dimos un primer ejemplo de que se puede, de que se puede intentar cambiar las cosas desde nuestra posición. Había que presionar también a una Cumbre del Clima (COP) que estaba siendo un paripé, insuficiente. Había que empezar a mostrar que la comunidad científica está dispuesta a exponerse a arrestos, porque ya no podemos dejar pasar más tiempo. Había que ir poniendo una primera piedra para quizá inspirar también a gente en otros países para que ahora seamos muchos y muchas más.

¿Creen que la gente va a comprender que abandonan sus puestos de trabajo realmente por luchar? ¿O quizá van a creer que son unos privilegiados que no saben bien qué están haciendo?

Mauricio: Creo que hay muchísimas personas que están esperando que se den pasos para atreverse a hacer cosas. Excusas para no actuar tenemos muchísimas, por eso necesitamos ejemplos, razones para actuar. Habrá personas que no se esperen que gente con trabajos como los nuestros, que no son tan precarios, los abandonemos para tratar de llamar a la acción. Es un mensaje que tiene fuerza.

Víctor: Bueno, la sociedad es diversa, y diversas serán sus reacciones. Creo que la gente a la que apelamos con estas acciones ya tiene una idea de la problemática, pero aún no se han atrevido a dar el paso, a colaborar más activamente. Ojalá más personas dejen sus trabajos para unirse a la rebelión científica, pero no es imprescindible, hay muchas formas de colaborar: unirte a un movimiento activo como Rebelión o Extinción, dar charlas, hacer activismo. Si realmente entiendes la urgencia, ¿acaso queda otra?

Los científicos tenemos una responsabilidad de dar el primer paso, tenemos que bajarnos del pedestal, plantarnos en una situación que nos equipare al resto

¿En qué situación laboral están, ahora mismo?

Mauricio: Yo soy investigador en la Universidad de Roma Tor Vergata, trabajo para un proyecto europeo de la Comisión Europea sobre asteroides y basura espacial. Me declaré en desobediencia civil y me dieron distintas opciones para continuar, pero no he aceptado ninguna. He recibido una notificación de que a finales de este mes van a tomar medidas definitivas si no vuelvo al trabajo. Supongo que quieren decir que me despedirán. Soy consciente de que esto claramente supone el fin de mi carrera investigadora, al menos en este ámbito. Si conseguimos superar esta crisis, en el futuro me gustaría dedicarme a la enseñanza.

Víctor: Yo trabajo para una consultora ambiental. Haciendo los trámites administrativos para proyectos eólicos y fotovoltaicos, principalmente. La pena es que en su mayoría son megaproyectos para grandes empresas. Les notifiqué que me iba, es una empresa pequeña, tampoco quería causarles problemas porque ellos no son en absoluto los causantes de esta situación. Quizá en unos años intente volver. Pero hace pocos días fue mi último día de trabajo.

¿Qué le dirían a esa gente que cree que el caos climático no es tan grave? ¿O que no hay que filtrar informes?

Mauricio: Yo le diría que simplemente se fije. Que el clima está cambiando, que la biodiversidad está desapareciendo –y la biodiversidad mantiene cosas tan básicas como los cultivos–, que España es uno de los países más afectados por las sequías, incendios y los fenómenos extremos crecientes. Y respecto a lo de filtrar informes, hay una verdad que tiene que saberse, y que apenas se está divulgando.

Víctor: Añadiría que las evidentes presiones de los Estados y lobbies justifican que se filtren estos informes. Y respecto a la gravedad del caos climático: estamos viviendo un invierno tan seco que, simplemente, si sales al campo lo ves.

¿Y a los científicos que no se arriesgan como ustedes ante el panorama que tenemos? ¿Temen que se les mire mal luego por haber señalado un camino que pocos se atreven a recorrer?

Mauricio: Yo al principio tenía miedo de significarme, de levantar la voz. Pero cada vez siento más justificada mi acción, y eso lo ve la gente que me rodea. Y se lo van tomando cada vez más en serio. A aquellos que duden, les diría que esto es una batalla en la que nos necesitamos los unos a los otros. Cuando entiendes la gravedad del problema, lo seria que es la situación, lo importante es que te empieces a plantear qué hacer, qué pasos serían los que tú darías.

Víctor: Si sabemos que esto es tan grave, hay que salir de la burbuja. Se vive muy cómodo en ella. No hay que dejar los trabajos –necesariamente– pero hay que hacer algo más atrevido. Lo que hagamos en los próximos años va a determinar el estado del clima para los próximos siglos. Todo parece imposible hasta que se consigue. En otras luchas sociales, parecía que no se iba a lograr avanzar, hasta que un día simplemente pasa. Es posible cambiar nuestras sociedades para mejor.

Si conseguimos derechos en una dirección, pero no defendemos la vida, todo va a ir para atrás

¿Piensan que los científicos tienen la responsabilidad de ser la primera línea de la desobediencia climática, tal y como le pasó a otras luchas con vanguardias como las sufragistas o los Panteras Negras?

Víctor: Creo que no, bueno, los científicos tenemos que dar un primer paso que sirva de ejemplo, que transmita la urgencia, pero no tenemos que ser la primera línea. Debe ser la sociedad en su conjunto. Gente diversa. Pero sí que los científicos pueden servir de aviso, de señal de la gravedad del problema.

Mauricio: Los científicos tenemos una responsabilidad muy central de dar el primer paso, tenemos que bajarnos del pedestal, plantarnos en una situación que nos equipare al resto de ciudadanos y ciudadanas, que nos saque de esa carrera tan individualista en la que estamos metidos para recuperar un sentido más social de nuestro trabajo.

¿Qué piensan que hace falta para –al menos– retomar el momento que vivía el movimiento climático en 2019, con cientos de miles de personas en las calles? ¿Tal vez esta rebelión?

Mauricio: Creo que hace falta comprender y asumir que la crisis de la covid se enmarca en una crisis mucho más amplia. Tenemos que adaptarnos a estas circunstancias. Recuperar ese impulso, subirnos a esa ola que viene desde el Sur global, de oposición, de lucha contra los megaproyectos. Allí no descansan. Tenemos que crear un movimiento climático realmente transversal. Las luchas del Sur global me inspiran mucho.

Víctor: Hace falta comprender la interrelación de todas las luchas. La lucha contra el colapso climático está relacionada con todas las demás. Si empieza a degenerar la situación del clima (fallo de cultivos, migraciones masivas) será más fácil que triunfen regímenes autoritarios; si el fascismo triunfa, los derechos conseguidos por el feminismo, los derechos LGTBI se van a ver en riesgo. Si conseguimos derechos en una dirección, pero no defendemos la vida, todo va a ir para atrás. Tal vez con esta acción fuerte en abril podamos poner en la agenda mediática la importancia de esta crisis.

El objetivo es movilizar a gente en todos los continentes. 1.000 personas haciendo desobediencia civil

Países, acciones, cuéntenme al respecto –lo que puedan–, ¿qué esperan conseguir?

Víctor: El objetivo es movilizar a gente en todos los continentes. 1.000 personas haciendo desobediencia civil (dos tercios de ellas, de la comunidad científica).

Mauricio: Cada país se adapta a su contexto. Vamos a emprender acciones de muchos tipos. Obviamente no podemos dar detalles, pero el día 6 de abril será el día de la acción principal, dos días después de la publicación del informe, y hay convocadas huelgas, encierros en universidades, hay muchas formas de colaborar. 

Solo dos días después de la publicación del informe IPCC. ¿Qué piensan que ocurrirá con él, qué se modificará por las presiones que documentó la BBC? ¿Qué supondría para ustedes? 

Víctor: En cualquier caso el informe será un golpe fuerte contra la inacción. Si lo intentan diluir –que parece lo más probable– habrá aún más motivos para dar la batalla, y ya nos sobran.

Mauricio: Tanto si se modifica como si no, las dos situaciones justifican nuestras acciones. Como ya tenemos constancia de que se ha intentado hacer cambios, estamos bastante convencidos de que los habrá. Hay que saber cuánto se va a diluir, si mucho o poco. Y, si no lo modifican, seguro que la filtración del informe ha ayudado a que así sea. 

Dos jóvenes científicos han decidido abandonar sus trabajos, sus puestos de relativo privilegio, para hacer una llamada desesperada a la acción. No son los únicos en España. En todo el mundo el número va creciendo. 

Forman parte de la denominada Rebelión Científica (Scientist Rebellion), que logró 

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Autor >

Juan Bordera

Es guionista, periodista y activista en Extinction Rebellion y València en Transició.

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