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Chris Ealham / Hispanista y prologuista de ‘El eco de los pasos’

“Las memorias de García Oliver chocan con el revisionismo histórico que impera en España”

Guillermo Martínez Madrid , 25/11/2021

<p>Chris Ealham, hispanista y prologuista de las memorias de García Oliver.</p>

Chris Ealham, hispanista y prologuista de las memorias de García Oliver.

G.M.

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Las llamó El eco de los pasos. Juan García Oliver, anarcosindicalista, fundador junto a Ascaso y Durruti de Los Solidarios y ministro de Justicia durante el Gobierno de Largo Caballero, sabía que su andadura, y sus memorias, retumbarían en el tiempo, como un grito que se propaga a cielo abierto. La mítica editorial Ruedo ibérico, con el también anarquista José Martínez a la cabeza, las publicó en 1978.

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Ahora, más de cuatro décadas después y justo cuando se cumplen 120 años del nacimiento del autor, la editorial Virus reedita el casi millar de páginas que completan el volumen. Conversamos con Chris Ealham (Kent, 1965), prologuista de la publicación. El hispanista británico desgrana la vida del anarcosindicalista desde una visión crítica y desmitificadora.

Las memorias son un recorrido por distintos frentes biográficos de García Oliver: la calle, el Comité de Milicias, el Gobierno y, por último, el exilio. ¿Cuándo fue más determinante el anarcosindicalista?

La más importante fue su etapa en la calle como anarcosindicalista y, aunque el libro refleja las diversas estaciones de la vida del autor, los apartados más claros son los que hablan de su paso por el Comité de Milicias y el Gobierno.

Desde 1939, el Estado franquista genera una imagen del anarquista: la figura del incontrolado, el terrorista. Esos tópicos continúan en la democracia

En esa primera etapa muestra quién era: un hombre de acción callejera. Así narra la forja de su rebeldía o cómo un niño se convirtió en un luchador anarcosindicalista. Él mismo cuenta lo que significaba nacer en una familia obrera de esa época, su afiliación al sindicato, el contacto con los grupos anarquistas y su formación ideológica, la primera huelga, su paso inevitable por la cárcel, el pistolerismo, y cómo después entra en contacto con Durruti y Ascaso, con los míticos tres mosqueteros del anarcosindicalismo español con los que forma el grupo Los Solidarios. Y si hablamos de la calle, el momento más emocionante para él, y más determinante, fue ese julio de 1936 en el que lidera la resistencia armada contra los militares sublevados en Barcelona.

Eso mismo afirma García Oliver en el libro. ¿Qué hubiera pasado en la capital catalana de no ser por él?

Es verdad que García Oliver fue el arquitecto de los comités de defensa en los años 30 y que fueron ellos los que salieron a la calle para luchar contra los golpistas de julio, pero también hay que reconocer que había muchas personas que no pertenecían a los comités, aunque, en Barcelona, la CNT era la organización con mayor presencia. En este sentido, hay muchas exageraciones sobre la gimnasia revolucionaria de García Oliver que, en mi opinión, no fue tan importante como otros sucesos como, por ejemplo, la revolución asturiana de 1934. No quiero quitar mérito a García Oliver porque era un hombre valiente y lo demostró en las calles, pero su victoria también se vio auspiciada por el colapso del Estado republicano en el mismo momento del golpe militar.

Para García Oliver, ¿la Guerra Civil siempre fue una oportunidad de revolución social?

Yo creo que no, ni siquiera al principio. A mí me parece un mito eso de que García Oliver ofrecía una alternativa al frentepopulismo porque no defendía una política auténticamente revolucionaria. Es cierto que tras aplacar el golpe fascista de los primeros días, es él quien defiende la fórmula de ir a por todo en una reunión de cenetistas, pero fracasa.

Hay que evaluar a las personas por sus acciones, y no por sus palabras. Aquello que dijo en la reunión me parece una pose, pues al poco tiempo aceptó con todas sus consecuencias el Frente Popular. Su ir a por todo fue algo más retórico, de hecho se ha demostrado que antes de julio ya aceptaba al Frente Popular y anarquistas más radicales como José Peirats le criticaban por ello en la primavera de 1936. Lo que él no cuenta de esa reunión en el libro es que sí había una pequeña minoría que defendía hacer la revolución además de la Guerra y que, al no salir adelante la propuesta, se levantaron de la mesa como protesta.

Él es uno de los anarquistas que engrosa las filas del Gobierno republicano de Largo Caballero junto a Federica Montseny, Juan López Sánchez y Joan Peiró. ¿Se arrepintió en algún momento de ello?

Que yo sepa no, nunca se arrepintió. Ser ministro fue el giro más importante de su vida política, aunque eso significaba que la CNT quedara sometida a la disciplina gubernamental.

Al mismo tiempo, hay otra cuestión que no cuenta en sus textos. Mientras era ministro de Justicia se convirtió en uno de los hombres fuertes de la CNT, un tipo duro de los comités superiores. Usaba su carisma, influencia y, en ocasiones, su fuerza mediante la amenaza para controlar a los disidentes del movimiento, a esos grupos más radicales que cuestionaban la política del Gobierno.

Llegó a ser ministro de Justicia bajo la presidencia de Francisco Largo Caballero. Apenas detentó esa cartera siete meses, hasta mayo de 1937. Él abolió, por ejemplo, las tasas judiciales. ¿Qué otras acciones llevó a cabo para acercar la justicia al pueblo?

Quizá su iniciativa más importante fue el decreto para asegurar la igualdad legal de la mujer. No debemos olvidar que estamos hablando del único ministro de Justicia en la historia de España que había pasado muchos años en la cárcel y estaba bien cualificado para reformarlas. Aquí saltan ciertas polémicas, como su iniciativa de introducir los campos de trabajo para los presos políticos.

Por otra parte, yo no tengo muy claro que desde el Ministerio implementase la justicia hacia el pueblo. Se puede argumentar que el pueblo empezó a hacer su justicia desde el inicio de la Guerra Civil, cuando se producen, por ejemplo, las ocupaciones de las fincas de los terratenientes o de las fábricas. Ahí es cuando el pueblo empezó a buscar su justicia en la base de la sociedad y, más adelante, el Estado republicano lo reconoció.

¿Para un anarquista como él, de qué forma influyó en su vida la entrada en un Gobierno?

A nivel personal, su paso por el Gobierno marcó su exilio, un tema que no se ha investigado demasiado. García Oliver, como exministro, tuvo ciertos privilegios sobre otros compañeros cenetistas que terminaron en campos de concentración galos. Así llegó a Francia y más tarde a México, con un exilio algo privilegiado. Con esto no me refiero a que disfrutara de mayor estabilidad a nivel económico, pero llegar a México fue mucho mejor que ir a parar a otros países de América Latina, por ejemplo.

¿Y qué queda del Rei de Reus cuando llega a México?

Es una figura muy controvertida. Hay quienes le mitifican por ser un gran revolucionario y quienes le desprecian por ser un reformista, un arribista

Ya estaba apartado del centro neurálgico de la lucha antifranquista, y es curioso porque cuando termina la Segunda Guerra Mundial tampoco vuelve a ningún país europeo. En México entró en la masonería e intentó crear un partido político con otro veterano de Barcelona, Aurelio Fernández, que también estaba presente en Los Solidarios. En el exilio tampoco se involucró demasiado en la defensa interior en España, y muchos le criticaban por esa desgana.

En cuanto a su estado personal, tanto el económico como anímico fue bastante precario. Al fin y al cabo, él sufrió un doble exilio, el del país, pero también el de su organización de lucha, ya que la CNT daba sentido a su vida cuando estaba en España.

En El eco de los pasos, comenta que “la verdad, la bella verdad solo puede ser apreciada si, junto a ella, como parte de ella misma, está también la fea cara de la verdad”. Da a entender que hasta 1978, año original de la publicación, nadie ha contado esa otra cara de la verdad tan importante como la más bonita. ¿Se había romantizado al anarquismo durante la dictadura?

Más que nada, la historia del movimiento anarquista ha sido demonizada. Muchos mitos y la leyenda negra, sostenida por algunos historiadores, han ayudado a ello. Desde 1939, el Estado franquista genera una imagen del anarquista: la figura del incontrolado, el terrorista. Esos tópicos continúan en la democracia, sobre todo después del Caso Scala, aquel incendio que desató la caza de brujas contra la CNT.

Pese a haber sido una de las figuras más destacadas del Gobierno republicano durante el conflicto bélico, pasó muy desapercibido años después. ¿Nadie tiene interés en leer lo que tiene que decir uno de los cuatro anarquistas que, por primera y última vez en la historia, ha participado en un gobierno burgués y liberal en España?

Es una figura muy controvertida que divide mucho a la gente. Hay los que le mitifican por ser un gran revolucionario y otros que le desprecian por ser un reformista, un arribista. Por otra parte, existe una entrevista entre García Oliver y José Martínez, su primer editor, en la que este último dice que el cenetista vivía en un estado de muerte civil durante su exilio, que era una víctima de la historiografía y biografía anarquista.

Es cierto que había multitud de referencias a su persona, pero todas negativas antes de 1978. De todos modos, sus memorias también dividieron a la gente, igual que su personalidad, porque en sus escritos critica a muchas personas, compañeros ya fallecidos que no podían defenderse.

La editorial Virus recupera este escrito que supera las 930 páginas. Se trata de unas memorias muy olvidadas que, más de 40 años después de su publicación en la firma Ruedo ibérico, vuelven a estar disponibles. ¿Qué puede aportar esta publicación a la época actual?

El contexto de ahora es muy diferente al de 1978, cuando se publican por primera vez las memorias. Sin embargo, el libro sigue siendo un texto imprescindible para entender la historia política y social de España. Su valor también se ve en la medida en que es capaz de destruir muchos de los mitos sobre la historia del anarquismo y el anarcosindicalismo.

Virus me pidió un prólogo crítico, y creo que lo hemos conseguido. En mi texto no quería dar eco a la mitificación del personaje, e imagino que eso molestará a los incondicionales de García Oliver, esa gente que prefiere las hagiografías y los halagos hasta el endiosamiento en lugar de un análisis crítico. Realmente, pienso que, si no miramos al pasado de forma crítica, no podremos aprender de él.

La publicación choca de lleno con el revisionismo histórico en auge que impera en España, patrocinado por organizaciones como la Fundación FAES de José María Aznar. Pretenden imponer una historia que menosprecia y distorsiona la lucha obrera, y este libro muestra y demuestra lo contrario, por eso considero que es un documento importantísimo actualmente.

Las llamó El eco de los pasos. Juan García Oliver, anarcosindicalista, fundador junto a Ascaso y Durruti de Los Solidarios y ministro de Justicia durante el Gobierno de Largo Caballero, sabía que su andadura, y sus memorias, retumbarían en el tiempo, como un grito que se propaga a cielo abierto. La...

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2 comentario(s)

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  1. triskel-pilar

    Estoy perpleja y desolada: El Noi del Sucre se llamaba Salvador Seguí, no era García Oliver como aparece aquí y cuyo libro de memorias “ El eco de los pasos” es la causa  de la entrevista. Tanto el entrevistador como el especialista entrevistado parecen ignorar el dato, lo que produce mucha inquietud sobre la solvencia del contenido en su conjunto. No soy especialista en historia, pero hasta este quién es quien sí que  llego. Tampoco soy periodista pero me pregunto si alguien revisa los textos y qué rigor se pide  que tenga aquello que se publica. Desolada, ya digo.

    Hace 8 meses 22 días

  2. triskel-pilar

    Estoy entre perpleja y desolada: El Noi del Sucre se llamaba Salvador Seguí, no era García Oliver. Me cuesta creer lo que leen mis ojos: un entrevistador pregunta a un especialista y tanto el uno como el otro atribuyen una identidad falsa al sujeto de la entrevista. Da vértigo….¿nadie ha revisado el texto?, ¿nadie se ha dado cuenta?  Es una cuestión de cultura general, no soy especialista en historia, ni de lejos, tampoco soy periodista, pero un mínimo rigor es esperable - ¿exigible?- y un patinazo de este calibre da mucho qué pensar y nada bueno.

    Hace 8 meses 22 días

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