1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

COMO LOS GRIEGOS (VII)

El mejillón

Empezamos a comer mejillones antes de ser humanos. Aún lo hacen algunos primates. Nuestra aportación fue cocinarlos, después de miles de años de comerlos crudos, abriéndolos con las manos o con herramientas de piedra

Guillem Martínez 18/09/2021

<p>Mejillones à la mode préhumaine, derrotados precariamente.</p>

Mejillones à la mode préhumaine, derrotados precariamente.

G.M.

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

PEQUEÑOS GRANDES VIAJES. En la juventud salvaje nos juntábamos cuando teníamos algo de pasta, pillábamos un coche cutre, cruzábamos la frontera y, zas, en breve estábamos en Sète, un pueblo divertido, en la laguna de Thau, Languedoc, una prueba viviente de que el Mar Menor podría seguir vivo. Allí, en Sète, nos poníamos hasta el XXXX de ostras. Por, como quien dice, cuatro francos. Un franco iba a 25 pesetas, y 25 pesetas eran en euros, a su vez, 1/4 de galón y 8/3 de yarda. La ostra de Bouzigues –así se llaman las ostras de Sète– eran también divertidas. No eran como las normandas, carnosas, palabras mayores. No eran las bretonas, del Sur o del Norte, –mis prefes–, cultivadas, afinadas, redondas. No eran las ostras firmes de la Vendée, ni las incomprensibles de Charante-Maritime, ni las extrañas de Aquitania. Eran mediterráneas, sencillas, furiosas, como nosotros. Eran además, curiosamente, las primeras, el primer intento humano de cultivar ostras para el consumo, una idea de la fase optimista del siglo XX. Inciso: rayos, en un plis me han salido de carrerilla las siete cuencas ostreras de Francia, lo que significa que debo escribir algún día sobre ostras. Y dejar de babear, que tengo el teclado perdido. Fin del inciso. Bueno. Ostras, Sète. Eran más saladas que cualquier otra ostra francesa, lo que las hacía identificables y únicas, dos cosas gloriosas en una cita. Eran un chute de yodo, sal, mar. Una fiesta sencilla en la boca, siempre sorprendente. Pero, dentro del asombro de cada viaje, había otro. Los mejillones de Bouzigues. Más baratos que las ostras y que eran servidos, y comidos, crudos. Otra vez el yodo, la sal, el mar, pero también algo explosivo, que no era una ostra, sino otra ambición y decisión, autosuficiente en sí sola. Hola. Esto es ‘Como los griegos’. Ya saben, cocinar con las manos y la felicidad e inteligencia que ello provoca. Hoy, mejillones. Es curioso que este articulete haya empezado con un viaje, porque los mejillones, a su vez, son un sello, una prueba del viaje. Concretamente, del Gran Viaje.

LA ESPECIE Y LAS ESPECIAS. Empezamos a comer mejillones, ostras, bivalvos –mejillones a partir de aquí, ya que hablamos de mejillones– antes de ser humanos. Aún lo hacen algunos primates. Nuestra aportación fue cocinarlos, después de miles de años de comerlos crudos, abriéndolos con las manos o con herramientas de piedra, como los griegos, cuando no había griegos. El primer griego que cocinó un mejillón pudo ser el Homo Erectus. Que, de hecho, es el que empezó a cocinar de manera definitiva y sin posibilidad de vuelta atrás. Hace 1,5 millones de años. Se dice rápido. Cocinar no solo es humano, por tanto, sino que también es liarla, por lo que el Erectus –tenía nombre de tipo extrovertido– por fuerza tuvo que hacer algo con el fuego y los alimentos, además de ponerlos en contacto. Mezclarlos. Aportar hierbas, miel, frutas, sal. Cacharros que se encontraba. Comer animales y, luego, cocinarlos, en todo caso, lo cambió todo. Contrariamente a una primera impresión, los Homos –todos– no hemos sido nunca carnívoros. Al menos, no exclusivamente. No podemos comer sólo proteína cárnica, o moriríamos intoxicados. Pero comer carne en nuestra dieta y, luego, cocinarla, afectó a nuestro destino. Posibilitó, por ejemplo, reducir el tamaño de nuestras tripas, grandes consumidoras de energía, lo que nos dio la oportunidad de invertirla en nuestro cerebro, que cada vez fue más grande desde que, sin abandonar los vegetales, le dimos chance a las cosas que corren, reptan, nadan o vuelan. Todo esto, si les gusta, está en Cenando con Darwin –Crítica, 2021–, gran libro –¿de gastronomía evolutiva?– del profesor de Ecología Evolutiva Jonathan Silvertown. En el libro se detallan, por cierto, dos alimentos fundamentales para ese subidón cerebral en el tiempo. Uno es a) el tuétano, al que tal vez tuvo acceso, vía herramientas de piedra manufacturadas –guau–, el Australopithecus, el posible ancestro de nosotros, la familia Homo. El tuétano, el primer colacao, esa cosa repleta de proteína que nos hizo niños fuertes y listos y valientes, está presente, es una cita elegante, en el ossobuco italiano. Y es el único sentido de las moelles, tan frecuentes en Les Landes, un alimento portentoso, que quita el frío de un sopapo, y que simplemente son fragmentos de fémur de vaca, sin carne alguna y con toda la médula, hechos al horno. El otro alimento (pre)históricamente importante son los moluscos, aka b) el mejillón. Un alimento rico en ácidos grasos omega-3, esenciales para el desarrollo de un cerebro sexi. Por otra parte, y con esto sigo con Silvertown, este alimento explica también un viaje, ya aludido en el anterior punto. Una aventura, una juventud salvaje. De la Humanidad.

El primer griego que cocinó un mejillón pudo ser el Homo Erectus. Que, de hecho, es el que empezó a cocinar de manera definitiva y sin posibilidad de vuelta atrás

EL CÍRCULO. Nosotros, los Sapiens, tenemos 200.000 años. Estamos en la flor de la vida. Apenas hemos vivido la mitad que los Neandertales, esos boomers con los que compartimos un antepasado común, de más de 500.000 años –y que, por cierto, también se ponía tibio a mejillones–. Hace 195.000 años, en nuestra más tierna infancia, nos pasó algo terrible. Un enfriamiento glacial y una sequía hicieron que nuestro país, África, se volviera inhóspito. Eso supuso un ERE a la especie. Se calcula que quedamos unos 10.000, localizados en Sudáfrica. De los cuales, solo unos cientos en edad reproductiva –una de las edades más interesantes, por cierto–. Se supone que allí, en ese punto y momento, nos salvó la vida el mar y su amigote, el mejillón. La prueba de que comíamos mejillones como posesos es el yacimiento de Pinnacle Town, en el límite marítimo sudafricano. Se trata del montículo de desechos de conchas más antiguo creado por nuestra especie. Por supuesto, se trata de conchas cocinadas. Nos gustaba buscar, cocinar y comer mejillones como si no hubiera un mañana. El indicio de ello es que nos gustaba apilar los restos, las conchas, en montículos, en ocasiones, de varios metros. Tal vez eran el recuerdo de juergas vividas, un calendario de años de felicidad, el monumento al hecho de que comer es divertido. Un hecho social. Nuestro ADN, pero también esos montículos –los esqueletos de cientos de festines–, explican el viaje del Sapiens por la costa africana.  Explican nuestra llegada a la costa árabe, hace 72.000 años. En Europa, hace unos 50.000 años, los Sapiens apelotonaron conchas junto/con/sobre/tras las de los Neandertales, otros aficionados al género. Los pilones de conchas, más antiguos que los europeos, prosiguen en Asia, donde los Sapiens confundieron sus conchas, otra vez, con las de los Neandertales, pero también con las de los Denisovanos, y con las de los descendientes del primer emigrante africano, el Homo Erectus. El ADN, y las conchas, confirman la llegada del Sapiens a Australia hace 45.000 años. Y a América hace 16.000. Un preciocismo, en verdad hermoso: cuando Darwin, la primera persona que empezó a intuir la lógica de toda esta aventura evolutiva humana, llegó a Tierra de Fuego, el último recodo de América y el último destino del Sapiens, constató este hecho: “Los habitantes, que viven principalmente del marisco, (….) regresan por intervalos a los mismos lugares, como es evidente debido a los montículos de conchas viejas, que a menudo llegan a pesar varias toneladas. Esos montones se pueden distinguir desde una lejana distancia”. Tal vez fueron nuestra primera bandera, que nunca debimos abandonar. Darwin, en cierta manera, sin saberlo aún, nos explica un viaje en círculo, que empieza y acaba en un mejillón. Consistió en coleccionar conchas. Lo que explica que El Gran Viaje lo hicimos sin saberlo. Sin saber que nos desplazábamos. Creyendo, incluso, que éramos de algún sitio determinado. Aún lo creemos, me temo. Y aún, con alambradas, sin mejillones –algo estamos haciendo mal como especie–, nos desplazamos así. Cuando Darwin ve los montículos de mejillones de los Yaganes, ve, en fin y simplemente, a los recién llegados, a los más jóvenes de nosotros. Disfrutando de la juventud salvaje. Como hacíamos en Sète.

BUENO, YA, ¿PERO Y LAS RECETAS? Les paso dos. Una es pre-humana. Lo que le da cierto interés. Es lo que tomábamos en Sète y, en general, lo que tomábamos antes del Erectus. Mejillones crudos rociados con unas gotas de limón, un cítrico que no conoció el Erectus. Es preciso contar con un limón. Para ello será necesario un limonero. Pueden plantarlo, de manera que en 4 ó 5 años tendrían un limón. O no. Si se quiere evitar todo ese enojoso trámite, tengo entendido que pueden conseguir limones, previo pago, en el DIA. Son precisos también mejillones. Grandes, no pequeños. Y, por encima de todo, frescos, seguros, fiables. Un mejillón fresco, como una ostra fresca, debe estar vivo. Su muerte, en ese sentido, puede presagiar otras. Adquieran los mejillones en un punto de confianza ciega y absoluta, por tanto. Es preferible una pescadería a un estanco. Y es aconsejable también que esa pescadería no sea de su ex, o de un vocal del CGPJ. Limpie los mejillones. Y ahora empieza el festival. Del fracaso, pues nunca jamás –nunca, jamás– he conseguido abrir los mejillones crudos con la elegancia de un atractivo ciudadano de Sète. Se me rompen. Siempre. En todo caso, y por si les sirve, envuelvo el mejillón en un trapo, e introduzco un abridor de ostras, o un cuchillo –jamás un hacha viking– en el vértice puntiagudo del mejillón. El resultado, desastroso, se rocía con limón, y resulta una fiesta. Pura locura. Una alegría que une, en un sabor perplejo, Sudáfrica con Tierra de Fuego. El sabor del mundo cuando era viaje y joven y nuestro. El festival gustativo compensa el aspecto, lastimoso, de mejillón abierto a golpes de cabeza por un Australopithecus.

Un mejillón fresco, como una ostra fresca, debe estar vivo. Su muerte, en ese sentido, puede presagiar otras 

LA SEGUNDA. Les paso una segunda receta por si, como el Erectus, ya tienen cierto dominio sobre el fuego. La ofrece el ya citado Silvertown. Es del siglo XV y, además, inglesa. Pero no huyan, que presagia el mejillón belga. Bélgica es, tras la mejillona, el sujeto que más ha observado con deseo al mejillón. Los accesos belgas al mejillón son, sencillamente, fantásticos. Un continuo quedarse contigo. Transcribo la receta de A Boke of Kokery, que en su día transcribió un monje inglés. “Coge unos buenos mejillones, échalos en una olla. Añade cebollas picadas y una buena cantidad de pimienta y vino y un vinagre ligero. Tan pronto como comiencen a abrirse, retíralos del fuego y sírvelos con su mismo caldo en un plato caliente”. Et voilà.

EL FUTURO. La semana que viene, si el otoño tiene los santos XXXXXXX de venir, les explicaré cosas de otoño. En caso contrario, un plato iniciático. Un primero, vamos, esa cosa con la que se inician las comidas.

PEQUEÑOS GRANDES VIAJES. En la juventud salvaje nos juntábamos cuando teníamos algo de pasta, pillábamos un coche cutre, cruzábamos la frontera y, zas, en breve estábamos en Sète, un pueblo divertido, en la laguna de Thau, Languedoc, una prueba viviente de que el Mar Menor podría seguir vivo....

El artículo solo se encuentra publicado para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Guillem Martínez

Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de 'Caja de brujas', de la misma colección. Su último libro es 'Los Domingos', una selección de sus artículos dominicales (Anagrama).

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. triskel-pilar

    Acabo de propinarme unos mejillones gallegos, abiertos al fuego sin más, deliciosos, y tengo una bottarga kosher sarda esperando a unos incautos que ya han dicho que sí al experimento con los berberechos. Pero con los mejillones “nature” de hoy -  que sí, que en Sête se gozaba un montón-  me he acordado de  que solíamos coger y comer valvas, “nature” también y sin limón, en cualquier cala de la Costa Brava, las hacíamos saltar con la punta de un cuchillo y au! Ya no hay, claro, con lo que parezco derivar al tema de la huida al espacio - pero así viene el asunto de la cabeza de cada cual- aunque no creo - aunque vaya usted a saber…- que se encuentren mejillones en los espacios siderales. Carpe diem, como si dijéramos.

    Hace 1 mes 6 días

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí