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TEMPORADA CERO

‘Inside’: El (hipnótico) show de Burnham

La genial tragicomedia musical consta de varias piezas aparentemente independientes que giran en torno a los confinamientos pandémicos y el mundo de internet y la digitalización

Juan Bordera 15/09/2021

<p>Imagen de la serie <em>Bo Burnham: Inside</em> (2021).</p>

Imagen de la serie Bo Burnham: Inside (2021).

Youtube

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Que un cómico use un calcetín como alter ego no es nada nuevo. Que ese mismo comediante/director/actor/guionista/músico estadounidense lo use como alter ego para destripar a la sociedad capitalista, y decir lo que él no podría o no querría decir mientras le paga Netflix, sin duda sí. “La red global del capital funciona esencialmente para separar al trabajador de los medios de producción”. Con este sorprendente alegato marxista-calcetinista prácticamente da comienzo uno de los trabajos que mejor han relatado la angustia y la soledad de los tiempos de confinamiento, claustrofobia y exceso de pantallas. Con 6 nominaciones a los Emmy, y la posibilidad de convertirse en el primer cómico desde Robin Williams en 1979 en ser nominado a los Grammys, el treintañero Bo Burnham puede hartarse a recibir galardones el próximo año. Y nadie descarta que los Óscar también se acuerden de él.

Eso sí, después de ver Inside no se puede más que recordar a Fredric Jameson y a aquello de “el capitalismo da cabida en su existencia a las ideologías contrarias con el único objetivo de alimentarse de ellas”. En el especial no obvia hablar del posible colapso de nuestra civilización si no hay respuesta tras 7 años que quedarían, según la comunidad científica, para reaccionar al reto climático, y me parece maravilloso que se recuerde con este tipo de código irreverente y moderno –sin dejar por ello de ser profundo. La verdad con humor entra mejor y más suave.

El resto de esta genial tragicomedia musical –quizá excepto para el ego de Jeff Bezos, que recibe por partida doble– va sorteando y traspasando continuamente la difusa frontera que separa la comedia del drama, ambas aderezadas con música, mucha música. Se nota que Burnham es un hijo de la cultura del videoclip. También destaca la maestría para intercalar muestras del proceso creativo, de producción y montaje de la propia obra, convirtiéndola en una representante magnífica del subgénero de la metaficción.

Por ello y por tantas otras razones, el especial Inside de Bo Burnham es mucho más que una comedia satírica, las geniales 20 piezas musicales o unas brillantes reflexiones intercaladas entre sketch y sketch, sobre este mundo nuestro que cuanto más digitalizado está, paradójicamente, su control se nos escapa más y más de los dedos. El potencial purgante y catártico del material es asombroso. A mí al menos, me ha tenido varios días riéndome de sus momentos estelares, y pensando en algunas de las ideas que se pueden entresacar de sus 87 ácidos y fértiles minutos. Un trabajo muy crítico con esta sociedad del posteo, luego existo. Aunque en el fondo, indirectamente, el autor dependa de ella. Pero antes de nada, respondamos el primer enigma: ¿quién es el hombre-orquesta, quién es Bo Burnham? 

Destaca la maestría para intercalar muestras del proceso creativo de la propia obra, convirtiéndola en una representante magnífica del subgénero de la metaficción

Nacido en Hamilton, Massachusetts en 1990, este amante del teatro contaba con apenas 16 años cuando se convirtió por primera vez en una sensación en la red con una serie de vídeos musicómicos –marca de la casa– en la emergente plataforma YouTube, que en ese tiempo no era lo que es. De hecho el propio Burnham reconoció que subió sus primeros vídeos para simplemente enseñárselos a uno de sus hermanos mayores que estaba en la universidad. Esa era la finalidad de YouTube en aquella época, subir vídeos para enviar contenido a otras personas que estaban lejos. Nada presagiaba ni el fenómeno personal, ni el de la plataforma. Sin embargo, muchos de sus vídeos se convirtieron en algunos de los primeros virales de la red. En 2008 firmaba ya contratos con Comedy Central y hacía sus pinitos en el testosterónico mundo de la stand up comedy. Antes de cumplir las dos décadas ya era parte del cartel de los festivales más prestigiosos como el de Edimburgo. Con 20 años escribía sus primeros guiones y había aparecido en algunos de los programas de late night más populares. En ese momento lanzó su primer especial Words, Words, Words. La etiqueta prodigio de la comedia le empezaba a acompañar. Quien quiera comprobarlo, aquí tiene una buena muestra de su talento por esas fechas.

En 2013 firmó su primer trabajo con Netflix, What, que también se podía –y se puede– disfrutar en YouTube. El problema para Burnham llegó justo cuando había alcanzado el estrellato. Fue entonces cuando comenzaron a visitarle frecuentemente unos compañeros nada deseables para un artista que actúa en directo en teatros repletos: la ansiedad y los ataques de pánico sobre el escenario. Make Happy, su segundo especial para Netflix apareció en 2015. Ya en esa gira aumentaron los problemas personales que acabaron provocando su primera y esperemos que penúltima retirada de los escenarios. En ese tercer especial ya se puede ver la crítica a las redes sociales y a la sociedad del espectáculo 2.0 que está tan presente en su obra reciente. Con 25 años ya decía: “Las redes sociales son sólo la respuesta del mercado a una generación que exigía actuar. El mercado dijo, ten, aquí, actúa. Actuar para los demás todo el tiempo sin ninguna razón. Es una prisión. Es horrible".

En 2018, dirigió su primera película, Eight Grade, sobre una adolescente con problemas de ansiedad que publica contenido en redes (¿de dónde le vendría la inspiración?), por la que recibió el máximo galardón de los WGA, la Asociación de Guionistas de Estados Unidos. También ha dirigido a otros cómicos y trabajado como actor en varios proyectos, destacando su aparición en la oscarizada Promising Young Woman en 2020.

2020, ese año en el que por fin decidió que quería volver a los orígenes, a la comedia en directo, nos tenía reservada una gran sorpresa final a todos. Meses después, poco después del comienzo del encierro mundial, alguien le debió proponer –o quizá fue él mismo– hacer un especial de comedia grabándose en el interior de una habitación, sobre el hecho cuasi universal de estar confinado. Fuese de quien fuese la idea, gracias.

La autocrítica sobre su propia carrera y sus privilegios está muy presente. Aunque también ironice sobre la cultura de la cancelación

Inside consta de una serie de piezas aparentemente independientes –no lo son– sobre dos temas, principalmente: varias repasan algunas de las situaciones que casi cualquier persona ha vivido durante los confinamientos, y otras tantas diseccionan irónica y esquizofrénicamente el mundo de internet y la digitalización, los youtubers, gamers, podcasters, twitchers, etc. Algunas de ellas entremezclan estas dos temáticas magistralmente como los gags de “una videollamada con mi madre” o sobre el sexting en tiempos del coronavirus.

En uno de los números se está contemplando a sí mismo en una pantalla cuando tenía 16 años, en la que fue su primera aparición en YouTube, como cerrando el círculo, pues tras años de éxitos como director, guionista o actor de puertas para afuera, volvía, obligado por las circunstancias, a grabar vídeos desde su cuarto. La autocrítica sobre su propia carrera y sus privilegios está muy presente. Aunque también ironice sobre la cultura de la cancelación.

De entre las 20 canciones sobresalen unas pocas que, en mi opinión, superan la categoría de entretenimiento y entran sin problemas en la de Arte con mayúscula. Vuelven a mi cabeza: Welcome to the Internet, una sátira bipolar sobre qué es actualmente la red de redes, que lleva cerca de cuarenta millones de visualizaciones en Youtube solo en unos pocos meses. En ella, una suerte de presentador circense nos muestra en qué se ha convertido la feria de las vanidades esquizoide que es internet actualmente, y Burnham, –uno de los primeros hijos de la red de redes– nos muestra cual Edipo moderno, en qué se ha convertido actualmente su “padre”; All Eyes On Me, que hacia el final del especial parece ser un compendio de pensamientos nihilistas, egocéntricos y algo depresivos que mediante una voz distorsionada –indicando probablemente que no es la suya– nos invitan a dejarnos llevar, pues todo está ya perdido; la icónica White Woman’s Instagram, que viene a ridiculizar la cultura repleta de clichés del postureo, luego posteo, luego existo, que redes como Instagram alimentan porque se nutren de ella; o la ya mencionada How the World Works, coprotagonizada por el inolvidable calcetín marxista, Socko. Seguramente os parecerá que otras merecen más ser destacadas. El nivel de calidad, como he dicho, es muy alto y cuesta elegir unas pocas.

Lo que sí es cierto es que puede haber una pequeña brecha generacional. Hice el experimento de ver el especial con mi sobrino y mi hermano mayor: mientras mi sobrino y yo nos moríamos de la risa, mi hermano quince años mayor –nacido a finales de los sesenta– no aguantó y antes de la primera hora había desistido. Esto quizá no le ocurra a todo el mundo, pero Burnham habla un lenguaje propio de su generación. Su humor es una mezcla entre el mejor Bill Hicks y la irreverencia de George Carlin –dos de los mejores cómicos de la historia– fusionados en el cuerpo de un millenial hiperactivo con una barba hipster que vemos crecer a medida que el metraje avanza, como pista de en qué momento está grabado el sketch. Si fuera una película sería El show de Truman con pinceladas de Network, un mundo implacable.

Los títulos de sus especiales nos han ido dando una pista cronológica de su drama interno: Words, Words, Words; What; Make Happy; Inside. Creo que alguien tan interesado por buscar las palabras perfectas para hacer feliz a la gente –algo que según reconoce le cuesta conseguir consigo mismo– nos está queriendo decir algo sobre ese proceso que ha vivido –aunque sea inconscientemente– con la secuencia de títulos elegidos. Más aun teniendo en cuenta las múltiples referencias que hace del suicidio en su último show. Aunque remarca que él no piensa cometerlo, creo que está buscando manifestar que tener ese tipo de pensamientos cuando todo se derrumba a tu alrededor, no es malo, ni extraño tenerlos. Es humano. Como sobreponerse después.

Burnham está conquistando un lugar: es una de esas voces que captan y reflejan el espíritu de su tiempo. De alguna manera su viaje también es un reflejo del zeitgeist posmoderno y apocalíptico. Comienzo ilusionado y fresco, casi tecno-optimista, ascenso al estrellato, constatación de que ahí no reside la felicidad, vértigo y ansiedad existencial, y actualmente una mezcla entre pesimismo de la razón y optimismo de la voluntad lleno de ingenio.

La apatía es una tragedia y el aburrimiento un crimen, reza el pegadizo estribillo de Welcome to the Internet, y en estos tiempos hay que tener mucho en cuenta ese mantra. En un podcast, dialogan Burnham y el escritor Douglas Rushkoff –famoso en esta revista por haber escrito uno de los artículos más virales de la historia de CTXT, sobre la supervivencia de los más ricos y cómo traman abandonar el barco. Hacia la mitad final del podcast reflexionan sobre precisamente ese artículo y sobre la contienda Trump-Hillary, entonces Burnham comenta que el problema de Hillary es ser aburrida. La gente prefiere ver el mundo arder mientras se entretiene, que todo verde y bonito mientras se aburre. Quizá sea esta una buena lección para partidos políticos, movimientos sociales y comunicadores en general. Para más lecciones, vean Inside, “suscríbanse y denle a like”.

Que un cómico use un calcetín como alter ego no es nada nuevo. Que ese mismo comediante/director/actor/guionista/músico estadounidense lo use como alter ego para destripar a la sociedad capitalista, y decir lo que él no podría o no querría decir mientras le paga Netflix, sin duda sí. “

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Autor >

Juan Bordera

Es guionista, periodista y activista en Extinction Rebellion y València en Transició.

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