1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Le llaman democracia...

Deconstruyendo a Villarejo IV. Las alcantarillas giratorias

Lo que a veces llamamos el ‘caso Villarejo’ no es un ‘hashtag’ de Twitter sino un sistema político, como lo fue ‘tangentopoli’ en Italia

Gloria Elizo 11/07/2021

<p>Villarejo tras comparecer en la Audiencia Nacional el pasado marzo.</p>

Villarejo tras comparecer en la Audiencia Nacional el pasado marzo.

RTVE

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Sábado 12 de febrero de 2005. El fuego, dejado por imposible, devora ya a su antojo un enorme edificio en el centro financiero de Madrid. La torre, convertida en una inmensa antorcha, parece más alta, como si quisiera recuperar, por última vez, el protagonismo que nunca tuvo apenas.

Las fechas van y vienen... Hace apenas dos años que a la vecina Torre Picasso –que le ha robado el título del edificio más alto de Madrid– se ha mudado un supuesto policía en supuesta excedencia. Supongamos que ha llamado a su negocio Club Exclusivo de Negocios y Transacciones, aunque en las plantas nobles de los alrededores lo conozcan por CENYT o, incluso, los más avezados, por “lo de Pepe, el comisario”. 

Supongamos que el tal Pepe aún no es comisario, supongamos que pronto lo será. Que ha vuelto a cambiar el Gobierno y, para el tal Pepe, cada cambio de gobierno es una oportunidad…

Es un fin de semana de invierno seco en Madrid, de esos en que hasta las estrellas –bien visibles– parecen tiritar de frío. Hace horas que los bomberos han abandonado el edificio que debe su nombre a la sala de fiestas que integra en su semisótano, otro de esos templos de la noche madrileña tardofranquista –la discoteca Windsor–, siempre entre lo siniestro, lo pomposo y el más castizo freak show

Parece que ese mismo viernes un fiscal ha solicitado a Deloitte la documentación de la valoración encargada por Francisco González cuando, nueve años atrás, decidió vender FG Valores

Unas cuantas plantas más arriba, mucho más discretamente, se encuentran las oficinas en España de Deloitte –la mayor consultora de servicios a nivel mundial– que acaba de consolidar su posición dentro de las big four, aprovechando que Arthur Andersen –su competidora– necesita salir de la circulación, supongamos que por haber colaborado activamente en la ocultación y el fraude masivo de Enron, ese otro símbolo del capitalismo más audaz e innovador, cuya gran creatividad financiera ha acabado en una estruendosa bancarrota, particularmente dolorosa para los bolsillos de sus trabajadores y pequeños accionistas.

Parece que ese mismo viernes un fiscal ha solicitado a Deloitte la documentación de la valoración encargada por Francisco González cuando, nueve años atrás, decidió vender FG Valores, su empresa de inversiones. Nueve años atrás.... parece que González sería el elegido por Aznar para intentar madrugarse la privatización de la banca pública de un país cuyos gobernantes parecen dispuestos a vender por piezas, en aras de un futuro glorioso, la más estimulante competitividad y lo que surja, en forma de comisiones y puestos en consejos de administración, de esos de a cien mil euros por reunión… 

FG Valores… ¡Esa sí que fue buena! ¿Pero es que estas guerras por el control financiero del país no acaban nunca? Hace ya casi cinco años que el Banco Bilbao Vizcaya se ha fusionado con la privatizada Argentaria, creando la primera entidad financiera del país, bajo la mirada complaciente del flamante presidente Aznar. 

Cinco años ya... Supongamos que, de forma inmediata, Francisco González se deshizo de Ybarra –su copresidente–, denunciando los fondos opacos de la entidad, todo en medio de un gran escándalo mediático impulsado por el expediente abierto en el Banco de España –que preside Jaime Caruana, un hombre de Rodrigo Rato– y, cómo no, por la apertura de la correspondiente causa por apropiación indebida que lleva a cabo el juez Baltasar Garzón en la Audiencia Nacional.

Supongamos que Ybarra cayó y que Francisco González dedicó los siguientes ejercicios contables a “limpiar” su consejos de administración de “adversarios infiltrados”; más o menos lo  mismo que parece haber hecho César Alierta en Telefónica –la otra joya de la corona reconquistada por Aznar–. Parece que Iberdrola, sin embargo, resistirá casi inmune al asalto… y que eso le costará más de un disgusto al Partido Popular. 

Venga, vayamos a ese momento: a 1996. El Partido Popular por fin ha ganado las elecciones. No ha sido precisamente fácil. Un buen amigo de Aznar –el tal Francisco González, de profesión inversor se dispone a hacerse cargo de la ‘operación BBVA’, la primera batalla con la que el nuevo presidente quiere iniciar la reconquista del establishment español –que tanto se le ha resistido– para su flamante “centro-derecha”. Hay un problema: parece que antes de hacerse cargo de Argentaria –la nueva marca con la que el PSOE ya ha empaquetado, para su venta, toda la banca pública española– debe deshacerse de su empresa de inversiones. Supongamos que se la coloca a Merrill Lynch a través de Claudio Aguirre Pemán –un banquero de plena confianza del Partido Popular, primo de doña Esperanza y nieto del más insigne vate del fascismo español–. Una operación algo extraña, a través un holding de nueva creación y una reducción de capital... 

Supongamos que la venta no va tanto de vestir a la mujer del César como de que el nuevo César dé un buen pelotazo por anticipado –en plan ficha por traspaso–, pero que –un suponer– la cantidad que González pide por vender sus acciones –y que Deloitte ha bendecido a través de la correspondiente y bien pagada due diligence– es incluso excesiva para tan ilustre agente doble –don Claudio es a la sazón el representante de Merrill Lynch en España–, pues parece que contiene algún que otro chicharro de dudoso gusto y aún más dudoso valor… 

No será hasta esos nueve años después cuando un fiscal pida los papeles de esa due diligence de Deloitte, justo el día anterior a que ardan sin remedio –y sin más copias– sobre la mesa del abogado que está en la misma planta donde se ha originado un fuego extraño que –parece– se ha reavivado de pronto, como queriendo emboscar a unos bomberos que, tras el primer derrumbe, han recibido la acertada orden de no adornar esta escaramuza con sus vidas. 

Nueve años después.... El PSOE de Rodríguez Zapatero ha vuelto al poder. No ha sido fácil sobrevivir a la herencia de Felipe González. Han sido años de intrigas, de guerras internas, de primarias, mentiras y dossieres. No va a ser fácil el gobierno. Los atentados del 2004 en Madrid –sazonados con toda la indignidad de la mentira pública de la que puede ser capaz un gobierno– se han convertido rápidamente en una teoría de la conspiración que, como todo el mundo sabe, siempre sirve para tapar otra mentira mayor. Villarejo, sin embargo, está contento. Algo le dice que por fin conseguirá su ascenso a comisario… Una vela a dios y otra al diablo. Que volverán los “dosieres” y los “espantos”, los chantajes y las mentiras, las “fuentes fiables” y las “operaciones hostiles”. Y que nada deja más dinero… 

Buen amigo de Aznar, González, se dispone a hacerse cargo de la ‘operación BBVA’, la primera batalla con la que el nuevo presidente quiere iniciar la reconquista del establishment 

Parece que no ha tardado en conseguir un nuevo encargo: defender a Francisco González de otra operación hostil, esta vez del nuevo gobierno socialista: sus “fuentes fiables” informan de que el viejo statu quo del PSOE trata de recuperar el control del BBVA, y que lo quiere hacer a través de Sacyr Vallehermoso y de su presidente Luis del Rivero. Y como no parece del todo creible, supongamos que aparece de pronto un político que lo niega –en plan el elefante de Lakoff–, precisamente para que nadie tenga la menor duda. 

Supongamos que Villarejo ha cobrado centenares de miles de euros por el proyecto, que –al parecer– ha montado toda una operación de espionaje a gran escala, una operación carísima que incluye controlar miles de llamadas y espiar a centenares de contactosSupongamos que dos días antes del incendio –el 10 de febrero de 2005– Luis del Rivero se reafirma en su intención de comprar un paquete relevante de acciones del BBVA, un paquete que le permita entrar en el consejo de administración... Y que, años después, ante el juez declara que fue ver arder el Windsor lo que le hizo desistir del “asalto” al BBVA. Le parece que si no hubiera desistido entonces, no hubiera podido “ver crecer a sus nietos…”.

Y, en fin, supongamos que, otra vez, nada es lo que parece. Que todo lo que parece, lo parece porque nos lo ha contado el propio Villarejo a través de sus infinitos trampantojos, sus tentáculos judiciales, sus periodistas, sus clientes, sus jefes de seguridad, sus juguetes...  Supongamos que –en vez de tragarnos la historia de siempre– nos da por seguir el dinero... supongamos ¡y esa es la clave siempre! que nos ponemos a suponer por nosotros mismos. Que puestos a suponer, nos da por suponer que el fiscal que pide los documentos de Deloitte parece ser el maestro de las puertas giratorias de la Fiscalía, una fiscalía que abandona de vez en cuando para defender –como experto en delitos monetarios– a algunas de esas personas importantes que podrían contratar a Villarejo y a sus jefes de seguridad... precisamente para evitarse problemas con el resto de la fiscalía. Supongamos, puestos a suponer, que hace tiempo que unos poderosos vecinos del Windsor codician la compra del terreno que ocupa, que hay una oferta atascada en medio de una complicada herencia familiar... Supongamos –quién sabe– que es posible encontrar a un paganini para el siniestro... Que, otra vez, parece que los de siempre –contribuyentes, consumidores y accionistas minoritarios– van a pagar la fiesta. 

Proyecto “Trapa”, anota Villarejo. Pero las más de las veces, en las grabaciones, le pone todas las consonantes: “Trampa”. Porque nada es lo que parece. Las películas de Villarejo son como su agenda: todo cuadra menos el destino de la pasta. Todo es una farsa menos el dinero. Proyecto tras proyecto. Supongamos que las noticias te favorecen a nada que puedes fabricarlas, amplificarlas, contrastarlas con la realidad que fabricas... Supongamos que basta que una operación financiera salte a los medios para generar un enorme beneficio en el momento adecuado. Supongamos, al fin, que la agenda de Villarejo no es un calendario, sino una agencia de noticias. Que es la realidad lo que se contrata.

La inmensa tea de fuego sobre los restos del Windsor acompañará al cielo despejado de Madrid durante toda esa noche. La lejanía de las calles ahoga el ruido de las sirenas, de los derrumbes... solo las llamas en silencio, salvajes, poderosas, ingobernables... Incomprensibles. Un poco como esos inesperados fuegos de artificio con el que algunas bandas mafiosas festejan haber dado muerte a sus enemigos... No, no parece un incendio. Parece un mensaje. Algo así como la traca final de una batalla, de otra historieta que ha terminado.

En realidad, supongamos que son muchas las cosas que en España se han terminado. Que se han ido acabando poco a poco, como se va perdiendo la esperanza, como saben ganar los que ganan siempre, los que tienen tiempo y recursos para aguantar. Los que saben esperar a que las aguas vuelvan a su cauce… 

Son los 90. Mientras Fukuyama celebra “el fin de la Historia” sobre los cánticos del social liberalismo europeo, en España se inaugura el “selectivo IBEX 35”. El sol –canta Sabina– ha secado la ropa de la vieja Europa. Para los viejos guardianes de Occidente la guerra ha terminado. Sobre los puentes de las luchas clandestinas contra el cáncer rojo no corre ni un hilillo de subversión y las logias para vigilar la democracia liberal salen ya de sus escondites mientras centenares de comunistas de toda la vida se convierten en juancarlistas socialdemócratas exprés. 

Sí, supongamos que en España la historia ha acabado incluso un poco antes: quizá, cuando aquellos brillantes economistas marxistas abrieron aquella asesoría fiscal y aquel duro mercenario de esvástica y puño americano se apostó en la puerta de aquella discoteca de moda. Quizá, cuando aquellos incisivos periodistas de investigación empezaron a viajar a los más importantes acontecimientos deportivos mundiales como egregios invitados de los más prestigiosos consejos de administración.  

Supongamos, al fin, que la agenda de Villarejo no es un calendario, sino una agencia de noticias. Que es la realidad lo que se contrata

Supongamos, porque nosotros también podemos suponer, que bajo las ruinas de la revolución nunca florecerá el imperio de la Ley sino la juventud dorada del abuso y la indignidad. Supongamos –otro suponer– que en la España democrática todo habría empezado de nuevo algunos años atrás, quizá aquel día de febrero en que Su Majestad –en el penúltimo momento– decidió salvarnos de la salvación propuesta por sus mejores amigos y despedirse así de la “política activa” para dedicarse en cuerpo de testaferro y alma helvética al mundo de los negocios, pidiendo –eso sí– absoluto silencio sobre ambos y –no sin cierta desgana– un poco de comprensión para “los que cometieron actos de subversión”, mientras invitaba –quién lo diría– a “la reflexión y a la reconsideración de posiciones que conduzcan a la mayor unidad y concordia de España y los españoles”.  

Supongamos que la tercera restauración borbónica terminó cuando aquella mañana de mayo aquel presidente, por accidente –¡menudo accidente!–, nos ingresó en la OTAN y, definitivamente, cuando  por fin llegaron al gobierno los que –supongamos– tenían que haber llegado en 1979, evitándonos todos estos accidentes, simplemente para descubrir, un poco antes, que esa Alianza –como diría el gran Krahe– “es de toda confianza”, y que la OTAN “de entrada NO” ... y de salida mucho menos. 

Es el felipismo. España por fin se ha convertido en lo que siempre debió ser desde aquel día en que, cuarenta años atrás, Henry Kissinger le enseñó a Vernon Walters un mapa en una oficina de Langley. Supongamos por un momento que reina la más perfecta concordia entre banqueros, industriales, policías, periodistas… Que el Ministerio de Defensa recae en McDonnell Douglas, el de Exteriores en el Club de Roma, que Industria y Economía son para el Fondo Monetario Internacional –ha tenido que repartirlos entre el grupo de los viejos infiltrados en el CESID y el de los nuevos intermediarios financieros–. El Ministerio del Interior –ya se sabe– le ha tocado a las cloacas del franquismo, imbuidas enseguida del más profundo fervor religioso, al menos desde que Su Santidad Wojtyla se ha vuelto políticamente beligerante y partisano contra todo lo que no tenga que ver con niños –y esas cosas desagradables que nadie quiere saber–. Supongamos que con Su Majestad –abandonado a la vez a los polvos y a los lodos– ya no se puede contar... Como mucho para nombrar de vez en cuando a alguien marqués, tal vez a algún banquero condenado por pagar esa campaña de la OTAN… 

Business as usual o, lo que es lo mismo, todo por la pasta… España lo ha conseguido: Europa empieza por fin en la valla, cada vez más alta, de Melilla y en ningún sitio es más fácil hacerse rico entre adjudicaciones y recalificaciones… Supongamos que, como la historia ha terminado, solo queda la ley del más fuerte o, para ceñirse al contexto, la guerra de las privatizaciones de lo que fue en su día el patrimonio público español, cuyo remate final paga la gran fiesta de la beautiful people y de sus pelotazos

Es el felipismo. España por fin se ha convertido en lo que siempre debió ser desde que, cuarenta años atrás, Kissinger le enseñó a Vernon Walters un mapa en una oficina de Langley

Supongamos que aquel policía que se marchó a hacer fortuna ha vuelto con la fortuna hecha. Tiene decenas de empresas, todas –supongamos– perfectamente compatibles con sus funciones de policía encubierto, recubierto y descubierto. Ha vuelto de favor, para drenar las cloacas de la transición que se han embalsado con el felipismo, unos charcos cuyo olor, con el paso de los lustros, empieza a hacerse insoportable. 

Y es que González empieza a oler a viejo y ya sus viejos amigos –aquellos que achucharon a Suárez– se han vuelto a poner en marcha para tumbar a otro presidente. Felipe los conoce bien, son los de siempre, los que se escandalizan exactamente por lo que han patrocinado. Y cobrado.

Y esta vez se lo han puesto fácil: Mariano Rubio, Manuel de la Concha, Narcís Serra, Luis Roldán, Julián García Valverde, Carmen Mestre, Filesa, Malesa, Time-Export… La lista se hace interminable, pero otra vez el presidente aguanta, como si la erosión de cada inquilino de La Moncloa creciera lentamente como los bonsáis de su jardín… Intenta defenderse llenando de jueces los ministerios. No es buena idea… Especialmente, si al mismo tiempo pones a José Luis Corcuera a taparlo todo a base de fondos reservados. Presuntamente.

Eso sin contar con que en la judicatura pasa como con las comunidades de propietarios: te encuentras de todo. Te puede pasar que llegue Margarita Robles y te mande a toda la tropa de la policía política a la calle…  Así que al final la cosa se hace insostenible: cae Corcuera, cae Villarejo, los jueces van y vienen tratando de administrar el estercolero del felipismo, algunos se ponen a limpiar, otros se las piran, algunos –¡ay!– se acostumbran y hacen pandilla....

Recordemos: la década de los 90 se acerca a su mitad cuando González gana sus cuartas elecciones. La oposición se desgañita afirmando algo así como que la sagrada transición solamente terminará en España cuando vuelvan a gobernar ellos. Están desesperados. Necesitan que los que de verdad mandan en este país pongan en sus manos el arsenal nuclear, que cambien de bando… pero los que mandan desconfían. Lo importante es tirar al presidente… luego ya veremos. Es el momento de los GAL, de las escuchas de Manglano, de los vínculos con el nazismo de aquellas viejas subvenciones de la Internacional Socialista. Todo puede ser desvelado. Luis María Ansón, el hombre que dirigió la conspiración contra Suárez, lo resume bien: “Fue necesario llegar al límite y poner en riesgo el Estado con tal de terminar con él”. Él es su amigo Felipe. La frase bien podría aplicarse a su amigo Adolfo. 

Quizá un notario, tal vez un banquero... Parece que al final han encontrado a otro joven falangista –¡qué cruz!– que, con el tiempo, se ha vuelto moderado o, por lo menos, muy muy liberal… la imagen no acompaña, pero parece listo. Y, supongamos, que al final ponen todo en sus manos (salvo, quizá, lo de los narcos de Medellín y alguna cosa de los parásitos de la cleptocracia venezolana…) Y sí, supongamos que, al final, la derecha, por los pelos y hablando en catalán en la intimidad, llega al poder… ¡Por fin! Ellos, los pata negra, los de siempre, los herederos del búnker, los que han perdido todas las elecciones, los que renegaron de la Constitución, los que se quejaron de las operaciones de la CIA, los que abominaron del Borbón, los que se han hecho fuertes en el Ayuntamiento de Madrid… han tenido que hacerse reformistas, medio catalanistas, completamente atlantistas y hasta monárquicos con nocturnidad: son “el centro”... y están dispuestos a serlo el tiempo que haga falta. Después de haber perdido todas las batallas, por fin los que mandan en este país les van a dar una oportunidad, eso sí, desde la desconfianza. Mutua. 

La guerra sucia se ha trasladado al brillante parquet bursátil. Villarejo seguirá siendo su enlace sindical facturando –eso sí– a través de su empresa en la torre Picasso

Así que Villarejo ha vuelto a la calle o, lo que es lo mismo, al business. Pero esta vez lo ha hecho en el mejor momento. El felipismo ha muerto, viva el aznarismo. Y si algo le ha enseñado su admirado Al Kassar es que no hay que jugar a dos bandas... porque nunca hay dos bandas. Y menos ahora, en la España del pelotazo: las alcantarillas giratorias dan otra vuelta de guión y los viejos policías de la brigada político-social –aquellos que sin despeinarse torturaban subversivos en nombre de la patria– se convierten de golpe en los jefes de seguridad de las principales empresas del país. 

Son las alcantarillas giratorias. La guerra sucia se ha trasladado al brillante parquet bursátil. Villarejo seguirá siendo su enlace sindical facturando –eso sí– a través de su empresa en la torre Picasso. En el área de seguridad de un gran banco recomiendan por escrito su contratación: “Tiene acceso a recursos difícilmente accesibles para el resto de empresas, por lo que el servicio prestado es muy superior”. ¿Quién se resiste a tener a su servicio un trocito del Ministerio del Interior? ¿Acaso no está el bipartidismo privatizándolo todo? ¿Por qué un respetable empresario como Villarejo no va a privatizar sus fuerzas de seguridad? 

El portfolio de negocios lo abarca todo y todos se conocen: un tiempo en la policía protegidos, ascendiéndose unos a otros, haciéndose favores, cuidando la información, manejando los reinos de taifas de provincias, escalando por la pirámide del Cuerpo, entre sobresueldos y recomendaciones, para acabar en las grandes empresas con salarios estratosféricos. Dentro y fuera. Y todo a través de Pepe Villarejo. Operaciones financieras, pequeños cambios en un pasaporte, una regularización, una venganza, una extorsión multimillonaria, una noticia en un periódico que te señala y que desaparece por arte de magia tras la contratación de un copi-pega… La máquina del dinero no se detiene para los que pueden ser contratados, pero, sobre todo, no pueden dejar de contratarse. Lo llamamos “cloacas” por evitar problemas con la justicia. Pero su nombre es mafia. No lo han inventado ellos.    

Los corruptores del bipartidismo contratan a los policías de las cloacas para sus vaivenes políticos, mientras los corrompidos de la política contratan a los policías de las cloacas para defenderse de los vaivenes de su corrupción. Al principio está Villarejo. Al final también. Villarejo y sus jefes de seguridad, Villarejo y sus periodistas al dictado, Villarejo y sus empresas, Villarejo y sus troncos en las unidades de investigación judicial, en la UDEF, en Interior. Villarejo y sus relaciones en los juzgados... Villarejo lo puede todo. Es el árbitro de las disputadas privatizaciones, es el rey de las operaciones bursátiles, es el master del blanqueo de capitales, es, finalmente, la última esperanza de las causas judiciales que el bipartidismo va dejando como un rastro de aceite que Villarejo cobra por limpiar, tanto o más que lo que cobró por ensuciar. 

Por eso es tan importante entender que Tándem no es un caso de corrupción, que es la misma estructura de poder que sustenta los últimos cien años de la historia de España, la que va desde el informe Picasso hasta los papeles de la Castellana pasando por la agenda Rivara del franquismo; y que, por eso, es tan lamentable que quienes tenían que haberlo entendido no fueran capaces de darse cuenta de que lo que a veces llamamos el ‘caso Villarejo’ no es un hashtag de Twitter sino un sistema político –como lo fue tangentopoli en Italia–, y que si seguimos sin poder contarnos la verdad es porque casi todos los poderosos de este país piensan en décadas mientras la mayoría de los políticos de este país siguen pensando en la próxima semana.  

Supongamos que, pese a todo y con el tiempo, habrá una sociedad que se toma en serio las mentiras que les han ido contando… que también en este país habrá funcionarios dignos, policías defensores de la ley y hasta periodistas honestos que, pese a las dificultades –dificultades de las de verdad– se han empeñado en, por lo menos, seguirles la pista.

Y la pista está ahí… si en el capítulo anterior dejamos a Agustín Linares y a su discípulo Villarejo al mando del Ministerio del Interior de los GAL, ahora –diez años después– Linares ya es jefe de seguridad del Banco Central Hispano –el que absorberá el Santander–, donde se jubilará con honores. 

Lo ha recopilado la periodista de investigación Patricia López y la analista Pilar L. González de Lara: Si Linares, el mentor de Villarejo, ha acabado su carrera en el Santander, su compañero en Guinea –el Jefe Superior de Policía de Madrid, Manuel García Linarejos– lo hará en Banesto, al menos hasta que los EREs fraudulentos de Marcos de Quinto le lleven a “ocuparse” de Coca Cola. Su sucesor, Juan Manuel Zarco, se irá a Bankia. El Jefe Superior de Cataluña, José Irineo López, se quedará en Agbar; Daniel Santos Vallejo pasará de la siempre delicada comisaría de Barajas al Grupo Villar Mir… 

La lista es infinita y cada una tiene su historia. Uno de los policías de la máxima confianza de Villarejo, Florencio San Agapito, será el encargado de custodiar el ascenso de César Alierta a la presidencia, primero de Tabacalera, y luego de Telefónica. Alierta –hijo del más ilustre alcalde franquista de Zaragoza– es el otro elegido por Aznar para la batalla de las privatizaciones. Hará en Telefónica –una empresa crucial– el mismo papel que Francisco González en Argentaria/BBVA: pelear el verdadero poder, el que no depende de unas elecciones. 

Otro buen “cliente” y “tronco” de Villarejo, Miguel Ángel García Rancaño, antaño jefe superior de Madrid y Barcelona, asumirá la dirección de seguridad de La Caixa, cuyo presidente –el intocable Isidre Fainé– aparecerá como investigado en Tándem por sus relaciones con Villarejo, al igual que otro grande del “sistema” español, su discípulo Antonio Brufau, presidente de Repsol, donde, a su vez, recalará el policía Rafael Araujo, imputado también, como Gabriel Gabi Fuentes, tras su paso por la consultora Insitu, la empresa de Jaime Queipo de Llano, supongamos que condenada por facilitar datos bancarios a sus clientes sin autorización judicial o, como el mismo García Rancaño, imputado en el Caso Interligare, donde presuntamente se lograron cambiar datos de Hacienda para poder llevar a cabo una contratación ficticia por parte del Ministerio del interior, un dinero que –supongamos– acabó sirviendo quizá para que Villarejo comprara en Israel equipos de espionaje o, simplemente, para defenestrar por la pirámide del poder a los enemigos internos de su nueva mejor amiga en el Partido Popular.

Supongamos, ya puestos, que el comisario Carlos Fernández Cernuda acaba jubilándose en El Corte Inglés, con 50 millones de euros de finiquito, entre acusaciones de corrupción por parte de su expresidente; eso sí, precisamente tras ocuparse de arreglar en un periquete las indemnizaciones de la quema del Windsor, cuyas demandas cruzadas entre Deloitte, Prosegur, Allianz, Mapfre y el propio El Corte Inglés ascienden a 233 millones de euros.

Supongamos que está por medio, por supuesto, Julio Corrochano, omnipotente en el BBVA… viejo compañero de andanzas de Villarejo en el Norte y el anónimo denunciante en la causa de Ausbanc, la misma que acogerá con entusiasmo –casualidades– el mismo fiscal interesado en los papeles de Deloitte... Supongamos que en este país no pueden faltar los gigantes del fútbol: que el gran Oli, José Luis Olivera, el comisario presuntamente encargado de limpiar las pruebas de las operaciones delictivas del Partido Popular desde su muy pertinente puesto en la Dirección del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, ha sido elegido por Villarejo para dirigir su policía pero que –quién sabe si quizá porque Villarejo y Cospedal solo han hablado “tres o cuatro veces”–, al final, tiene que conformarse con la Dirección de Seguridad de la Federación Española de Fútbol.  

Son las batallas del fin de la política y en ella Villarejo es tan solo un agente doble, con una grabadora y muchos peones en desarrollo armónico en el tablero del Monopoly nacional

A la Dirección Operativa de la Policía del PP no llegará Oli pero sí el comisario Florentino Villabona, también investigado –junto con el director anterior, Eugenio Pino– como parte de la organización criminal presuntamente dedicada a obstruir cualquier investigación que pudiera conducir a Villarejo y a sus trabajos para la sociedad de gananciales de un tal López Punto del Hierro y una secretaria general del Partido Popular. Le faltará tiempo a Villabona –una vez cesado por el nuevo Gobierno– para recalar como Jefe de Seguridad en la Liga de Fútbol Profesional del siniestro Javier Tebas… El fútbol es así. 

En fin… Olvidemos los nombres. Incluso los millones. Tratemos de comprender el sistema: un sistema en el que los mismos policías que dirigieron las más oscuras mazmorras del franquismo, en el que los encargados de defender las angostas puertas de atrás del felipismo, acabaron controlando toda la información financiera del país a base de chantajes, trampantojos y espantos de serial barato, a base de fabricar la realidad en algún lugar entre los juzgados y las redacciones de este país. Un sistema que hoy tienen imputados a sus mejores clientes: a los campeones industriales y financieros del país, una élite empresarial que, como ellos –herederos de los métodos “directos” del franquismo– se saben necesarios para cualquier gobierno, imprescindibles para cualquier medio de comunicación e impunes ante cualquier juzgado.

Son el franquismo callado que sobrevivió a la transición en las comisarías, en los consejos de administración y en los servicios de inteligencia. Ese franquismo que, hasta el tercer cubata, pasa de la unidad de destino en lo universal, pero que sigue sin creer ni en la ley ni en la democracia. No muy diferente a la más vieja camarilla de amigos de la CIA, antaño patrocinada por la sucursal en la Zarzuela de la Internacional Socialista, la que nunca se permite echar de menos la justicia social, la dignidad humana o la democracia, al menos hasta el tercer gin tonic.

Entre huelga y huelga general, entre cada recorte de las pensiones, entre décima y décima de contínua pérdida de poder adquisitivo por parte de las rentas del trabajo, ellos han estado atentos al reparto de los despojos de sus privatizaciones, sus fusiones, sus compras, la liberalización de las commodities y sus concentraciones bancarias; atentos, sobre todo, a anticipar la rotación de cada puerta giratoria y  a la recolección de votos en los consejos de administración del otrora sector público español. 

Son las batallas del fin de la política y en ella Villarejo es tan solo un agente doble, con una grabadora y muchos peones en desarrollo armónico dentro del tablero del Monopoly nacional. Una vela a dios y otra al diablo, mientras los reguladores miran para otro lado y los encargos a CENYT se suceden por parte de los gigantes de las finanzas. Villarejo los trata con el protocolo habitual: cuando las dos partes ganan es cuando él gana de verdad. Y, por supuesto, a las dos partes las graba por igual, las chantajea por igual,... convirtiéndose en ese interlocutor que es, al mismo tiempo, necesario e inevitable. La mafia que lo consigue todo. La mafia que te puede arruinar. Total, hay negocio para todos... porque siempre pagan los contribuyentes, los consumidores, los accionistas minoritarios, los pringaos que van a trabajar… Hay dinero. Mucho dinero. Dinero para todos: para los contratantes y para los espiados, para los pretendientes y para los pretendidos. Y por supuesto para Villarejo y sus peones, que parten y reparten en medio de la representación...

Villarejo es la burla del sistema, el símbolo grotesco de la privatización absoluta de un Estado que alcanza ya hasta su gestión pública. Todo es dinero, menos el dinero, que es poder

Y, apenas un año después del incendio del Windsor, un juez archivará la investigación al no encontrar indicios de que el fuego fuera intencionado. Y trece años después, se volverá a abrir, cuando –claro– el propio comisario “reivindique” el incendio, como parte de un ‘proyecto Trampa’ para proteger a Francisco González de la “operación hostil” de Luis del Rivero y su empresa Sacyr.  

Y volvamos al principio para terminar: supongamos que –como ya ha sugerido la investigación llevada a cabo por la analista Pilar L. Gonzáles de Lara– todo ha sido otra gran mentira. Y que, de hecho, es una mentira tan rentable que quizá no es la primera vez que se lleva a lleva a cabo. Ni la última. Supongamos que se trata, otra vez, de jugar con el valor de la acción para llevar a cabo operaciones financieras a costa, fundamentalmente, de los accionistas minoritarios, de los pececillos que entran en la red cada vez que un periodista “generalista” publica las secretas intenciones de sus empresas. 

Supongamos que la operación de espionaje que ha llenado las páginas de esos digitales bien informados –la misma por la que el BBVA ha pagado a Villarejo centenares de miles de euros a través de Julio Corrochano, su todopoderoso jefe de seguridad en el BBVA– no es más que un trampantojo –de ahí su nombre– de miles de supuestos pinchazos telefónicos que, en realidad, son solo el historial de las llamadas de los teléfonos de empresa que el propio Corrochano controla, y que los centenares de personas espiadas son solo los contactos de dichos teléfonos. Que, supongamos, lo que ha hecho Villarejo ha sido, otra vez, básicamente cobrar. Cobrar y publicar. Cobrar y chantajear.  Cobrar y agarrar bien fuerte por las grabaciones al banquero de Aznar, a cambio –nadie es inocente– de cinco años más en la presidencia de su banco. 

Supongamos que, como ha contado dicha analista, pese a las lamentaciones de del Rivero, es más que dudoso que Sacyr tuviera nunca la menor intención de entrar en el BBVA dado que nunca tuvo acciones sino –y esto es importante– opciones (de compra) sobre acciones: esas con las que te forras si valen más cuando las puedes comprar de verdad que cuando compras el derecho a comprarlas. Supongamos que, con toda esta historia de la “operación hostil”, no solo ha ganado Francisco González y, por supuesto, Villarejo, sino que también Sacyr se ha embolsado, pongamos, 148 millones de euros… y eso sin contar el aumento de valor de sus propias acciones en bolsa, gran parte propiedad del propio del Rivero. Supongamos que todo es mentira, que todo es dinero y que todo es poder.

Supongamos que los periodistas adecuados instalan la historia adecuada, esa que el resto repite sin más… supongamos que el incendio del Windsor no es verdad ni mentira, es solo una estafa más, un espectáculo. El dedo que apunta lo que impide ver, un dedo enorme e incomprensible que evita que mires lo que señala, un mensaje de cinismo y burla dedicado a una opinión pública dirigido a construir personajes, volátiles protagonistas de un sistema invisible donde todo lo que se ve es mentira y solo el dinero –que no se ve– es verdad. Historias de corruptos que impiden ver la corrupción, señales que apenas encontrarán destinatario, ocultas bajo la voladura controlada de la guerra oculta tras cada absurda etiqueta de cada operación policial.

Y sí, supongamos que ninguna batalla termina del todo, que la guerra sigue, que Deloitte se ha mudado a la Torre Picasso, donde Isabel Díaz Ayuso ya les ha adjudicado la gestión pública de los fondos europeos de su Comunidad de Madrid. Supongamos que Villarejo está otra vez en la calle, esta vez porque no había agenda alguna donde pudiera siquiera preverse un juicio a tiempo de no rebasar los cuatro años del máximo de prisión provisional. Supongamos que Luis del Rivero “fracasó” en otras muchas “operaciones hostiles” contra otra muchas empresas que contrataron a Villarejo para “defenderse”, y que hoy ve crecer a sus nietos en una merecida jubilación con un patrimonio cercano a los mil millones de euros amasados a base de ladrillos y “fracasos”, –”el arte del ilusionismo” lo llamo en 2011 la periodista Marisa Martín–, o que el propio Claudio Aguirre funge ahora en Goldman Sachs, el fondo que reclama precisamente a Ayuso un par de centenares de millones de euros –a pagar por tantos madrileños orgullosos de su libertad–, de cuando a Ana Botella –entre café y café– le dio por malvenderles las viviendas sociales de su Ayuntamiento.

Villarejo es solo eso. La burla del sistema, el símbolo grotesco de la privatización absoluta de un Estado que alcanza ya hasta su gestión pública. Un Estado ayuno de cualquier cultura republicana de servicio público, de militancia democrática o de respeto a la Ley. Todo es dinero, menos el dinero, que es poder. La verdadera burla no es reírse en la cara de la ciudadanía, es repetir el truco una y otra vez delante de todos los que están en el ajo, demostrando entre bromas que, ni aun así, el público se entera. Delante de un país donde apenas un puñado de fiscales, de policías, de abogados, de jueces, de funcionarios, de periodistas honrados –ahogados en su desesperante minoría– se empeña en, al menos, poder contarlo. Quizá por si algún día una mayoría compleja de ciudadanos críticos decide una mañana que no quiere vivir en esa mentira, que no quiere participar en esa trampa, que este país les pertenece, porque tienen derecho, porque son más, porque se levantan cada mañana para ponerlo en marcha, porque –¡qué puñetas!– son los que lo pagan. 

Y porque, de alguna forma, saben que la Justicia social, el Estado de Derecho, el derecho a saber y la cultura de la honradez de sus dirigentes –públicos y privados– son la necesaria condición de posibilidad para que algún día podamos, de verdad, hablar de política, discutir de política y hasta hacer política desde todas partes: desde la calle, desde los bares, desde las redacciones, los sindicatos, las patronales, los colegios profesionales, las universidades, las asociaciones de vecinos... Quién sabe si incluso desde los parlamentos y hasta desde los partidos políticos. Subidos en nuestra propia historia. Desde la responsabilidad, el coraje y el respeto de eso que llamamos, en suma, a veces dignidad. Pero que bien podríamos llamar simplemente Democracia. 

Autor >

Gloria Elizo

Es diputada de Unidas Podemos y vicepresidenta del Congreso.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. gironesjr

    Hola. Se agradece que un artículo esté escrito con un buene stilo literario, pero transformar un artículo plagado de datos e información compleja en un ejercicio de estilo me parece un despropósito, sobre todo cuando el ejercicio es un fracaso como es el caso. Es dificil seguir el hilo de la compleja trama, ni siquiera tiene valor estético. Creo que lo primero el artículo debería ser claro e inequívoco, lo cual dista mucho de ser el caso. Buena suerte.

    Hace 24 días

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí