1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

ANDREU ESPASA / HISTORIADOR

“El objetivo principal de la filosofía del New Deal era salvar al capitalismo”

Alexandre Anfruns 27/05/2021

<p>Andreu Espasa.</p>

Andreu Espasa.

cedida por el entrevistado

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

En el periodo de entreguerras la sociedad estadounidense experimentó el crac de 1929, que tuvo dramáticas consecuencias para su población, pero también supuso una toma de conciencia de las contradicciones del capitalismo, cuyo funcionamiento está íntimamente ligado al fenómeno de la crisis económica. La historia retiene sobre todo el nombre del presidente Franklin Delano Roosevelt como el iniciador de las políticas del New Deal. Estas permitieron un renovado aliento a Estados Unidos en el plano interior, especialmente con la intervención estatal a favor de grandes obras de infraestructuras públicas. Sin embargo, el balance de aquel periodo sigue teniendo ángulos muertos, como la relación entre el voluntarismo político de Roosevelt y los límites que trajo su enfrentamiento con el poder económico. A pesar de ello, el New Deal sigue siendo una referencia ineludible para amplios sectores del progresismo estadounidense y europeo, lo cual ha cristalizado en la reivindicación de un Green New Deal que tome en cuenta la dimensión ecológica. En su Historia del New Deal, Andreu Espasa (Barcelona, 1979),  profesor e investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México, explora tenazmente ese capítulo del pasado reciente, sacando valiosas lecciones para los desafíos de hoy.

La Historia del New Deal que usted ha escrito pone énfasis en el hecho de que en la década de 1930 la Administración Roosevelt llegó a designar a los grandes poderes económicos como contrarios a la democracia. Se puso en la línea de mira a algunos monopolios... ¿Qué balance hace de la política antimonopolista del New Deal?

El New Deal tiene una relación cambiante y aparentemente inconsistente con el problema de los monopolios. En la primera fase, entre 1933 y 1935, la Administración Roosevelt favorece deliberadamente los intereses de los grandes oligopolios, pues les permite llegar a acuerdos para limitar la producción y mantener los precios altos. Esta primera postura promonopolios se explica por el mal diagnóstico económico que hace la Administración Roosevelt en 1933 al confundir uno de los síntomas de la crisis –la espiral descendente de precios– con la causa de las mismas. Además, en un inicio Roosevelt pretende salir de la crisis a partir de un gran pacto interclasista, algo que muy pronto se revela ilusorio. A pesar de haber sido beneficiados por la política promonopolista del primer New Deal, los grandes empresarios se enfrentan al presidente por haber fortalecido los derechos de organización sindical. Ante esta reacción, Roosevelt empieza a pensar que los grandes empresarios son unos desagradecidos y los convierte en el blanco de todos sus ataques en la campaña presidencial de 1936, unas elecciones en las que arrasa, a pesar de estar enfrentado al poder económico y a la mayor parte de medios de comunicación. Es entonces cuando acuña su famosa expresión de “monárquicos económicos”, para señalar a los principales líderes empresariales como una amenaza para la democracia.

El New Deal tiene una relación cambiante y aparentemente inconsistente con el problema de los monopolios

Sin embargo, la política antimonopolista tardó en llegar. Fue en 1937, con el inicio de una nueva recesión. Entonces se nombró al jurista Thurman Arnold como “zar antimonopolios”, y se iniciaron numerosas investigaciones judiciales para perseguir y sancionar las distorsiones que ejercían las grandes empresas en el funcionamiento del mercado. El enfoque era original, ya que no pretendía aplicar la legislación antimonopolio hasta sus últimas consecuencias –es decir, no pretendía liquidar y fragmentar a las grandes empresas monopolistas–, sino que más bien intentaba ampliar las funciones del Estado para que ejerciera una vigilancia constante sobre las grandes empresas. Durante el mandato de Arnold, se multiplicó el personal dedicado a estas tareas, pero este aumento de gasto público no representó ningún problema para las arcas del Estado. Al contrario, fue ampliamente compensado por los ingresos obtenidos gracias a las cuantiosas multas que tuvieron que pagar muchas grandes empresas.

La política antimonopolista llegó a su fin con el inicio de la II Guerra Mundial, que coincide con la reconciliación entre Roosevelt y los hombres de negocios. Por cuestiones de urgencia y por necesidad política, Roosevelt prefirió aparcar la política antimonopolista y permitió que los grandes ejecutivos de las empresas privadas asumieran la gestión de la producción bélica. Como consecuencia, las iniciativas de Arnold fueron sistemáticamente vetadas por los principales responsables políticos del esfuerzo bélico. Además, el propio Arnold contribuyó a su caída en desgracia por sus torpes enfrentamientos con los sindicatos, a los que también acusaba de distorsionar el mecanismo de precios de mercado. 

Usted indica que la tendencia de los debates en las décadas precedentes, así como las posiciones durante la campaña presidencial de 1932, no dejaban entrever claramente aquel giro hacia políticas progresistas. Por el contrario, el mismo Roosevelt expresaba una oposición al déficit público y otros consideraban incluso la necesidad de un “poder autocrático” o “propio de un clima prebélico”. ¿Qué determinó, según usted, la decisión de Roosevelt de tomar partido a favor de las grandes mayorías?

Como buen político, Roosevelt solía hacer promesas contradictorias en el periodo electoral, que conectaban con los deseos, también contradictorios, del electorado. En las presidenciales de 1932, prometió recortes en el gasto público y, al mismo tiempo, también defendió una ampliación del papel del Estado en la economía. Al llegar al poder, le dio prioridad al gasto público, a pesar de algunos recortes iniciales en los salarios de los funcionarios y en los beneficios de los veteranos de la I Guerra Mundial. Al aumentar el gasto público en programas de trabajo temporal y en la construcción de infraestructuras, pronto fue evidente que, para Roosevelt, era más importante atender las necesidades de la mayoría popular que seguir fiel al dogma de los presupuestos equilibrados. Su principal objetivo era salvar a la democracia liberal de los dos grandes competidores ideológicos de los años treinta: el fascismo y el comunismo. Roosevelt estaba convencido de que era necesario reformar a fondo la democracia, reducir las desigualdades y dar más garantías de seguridad y de futuro a los trabajadores. No solo por una cuestión de justicia social, sino para fortalecer la legitimidad y la adhesión popular al sistema democrático.

¿Cómo evoluciona el movimiento obrero estadounidense bajo el New Deal, en particular las organizaciones sindicales?

Sin duda, una de las consecuencias sociales más importantes del New Deal fue la irrupción de un nuevo movimiento obrero, mucho más fuerte e influyente que en el pasado. La mayoría de las organizaciones sindicales estadounidenses habían sufrido un terrible acoso gubernamental y empresarial desde el fin de la I Guerra Mundial. Con el New Deal, los trabajadores organizados empiezan a mejorar sus posiciones en las empresas y también en la vida política nacional. Ya durante el Primer New Deal, se les concedieron protecciones institucionales para sus derechos de organización dentro de las fábricas, lo que permitió un considerable aumento de la afiliación y la actividad sindical. El propio movimiento obrero experimentó un cambio decisivo con la aparición, en 1935, del Congreso de Organizaciones Industriales (CIO, por sus siglas en inglés), una escisión de la que hasta entonces había sido la principal central sindical del país, la Federación Americana del Trabajo (AFL, por sus siglas en inglés). El CIO abandonó la ideología gremialista de la AFL e impulsó el llamado sindicalismo industrial, una nueva forma de organizar a los trabajadores que permitía integrar a todos los empleados de cada industria, independientemente de su formación técnica o de su condición étnica. El CIO también supo aprovechar bien la coyuntura política y apoyó de forma decisiva al presidente Roosevelt en las elecciones de 1936. Desde entonces, y hasta la irrupción del neoliberalismo, a principios de los ochenta, el movimiento obrero organizado se consolidó como un actor político y social de primer orden, cuyas demandas no podían ser fácilmente ignoradas.  

¿A través de qué medidas se manifestó la pugna del gobierno contra el poder de las grandes industrias y a favor de los derechos de los trabajadores, situados en el eje de las políticas del gobierno?

Las grandes capitalistas se opusieron a la reforma fiscal de 1935, criticaron los déficits fiscales de toda la década y las iniciativas antimonopolistas de Arnold. Sin embargo, la gran fuente de conflicto entre los empresarios y el gobierno se dio en el ámbito de las relaciones laborales. En este enfrentamiento, los empresarios obtienen, a grandes rasgos, una victoria y una derrota. La derrota es que no pudieron evitar el crecimiento del movimiento obrero organizado. Este crecimiento no se debió solamente a las protecciones institucionales otorgadas por el New Deal. El movimiento obrero fue el principal responsable de su propio éxito. La fuerza del movimiento huelguístico, a mitad de la década, empujó a la Administración Roosevelt a dar un giro a la izquierda y a iniciar, en 1935, el llamado Segundo New Deal, que incluía nuevas garantías de organización sindical, el establecimiento de la Seguridad Social y una reforma fiscal progresiva. Además, la Administración Roosevelt se negó a poner sistemáticamente la fuerza del Estado del lado de los empresarios. Esto fue especialmente notorio con la huelga de General Motors, en Flint, Michigan, en 1937, que se saldó con una importante victoria para los trabajadores. Ni el presidente Roosevelt ni el gobernador del estado de Michigan quisieron enviar soldados y policías a romper la huelga y eso obligó a la empresa a rectificar y a reconocer la existencia del sindicato, lo que sin duda le dio al Estado una mayor legitimidad democrática, pues con esta actitud parecía acercarse al ideal de neutralidad de clase del discurso liberal.

Durante buena parte de los treinta, uno de los aspectos más populares del New Deal fue la puesta en marcha de programas de empleo público temporal para los trabajadores en paro

Como decíamos, junto con esta derrota empresarial, los grandes capitalistas también obtuvieron una victoria importante en el terreno laboral. Durante buena parte de los treinta, uno de los aspectos más atractivos y populares del New Deal fue la puesta en marcha de programas de empleo público temporal masivo para los trabajadores en paro. Para la élite capitalista, estos programas resultaban intolerables porque proporcionaban a los trabajadores una palanca de negociación salarial muy poderosa, especialmente para los trabajadores más explotados. Durante unos años, tuvieron la libertad de rechazar los trabajos peor pagados y trabajar temporalmente para el Estado. A finales de los treinta, aprovechando una crisis interna en el Partido Demócrata, las fuerzas contrarias al New Deal lograron articular una mayoría conservadora en el Capitolio, formada por republicanos y demócratas sureños, que se apresuró a poner fin a estos programas de empleo público. Se canceló así la posibilidad de que el Estado actuara como “empleador de última instancia” cuando el sector privado se mostrara incapaz de dar trabajo a todos los que querían trabajar.  

En aquella convulsa época a nivel político y social, el debate económico empezaba a tomar una inusitada importancia, rompiendo el tabú acerca de la intervención del Estado en la economía. Roosevelt lo resuelve hábilmente tratando de no herir sensibilidades y haciendo referencia a una tradición propia en EE.UU. que estuvo eclipsada... ¿Puede comentarla? Además ¿cómo reaccionó el mundo empresarial ante aquella maniobra y qué herramientas utilizó para contrarrestarla?

Roosevelt siempre tuvo un discurso muy nacionalista y, en este sentido, siempre procuró que sus propuestas no parecieran extrañas a la tradición política nacional. En este sentido, construyó un argumento históricamente convincente sobre los precedentes de la intervención del Estado en la economía durante el siglo XIX. Roosevelt recordó y señaló que la llamada “colonización del Oeste” consistió, en esencia, en un proceso de ayuda gubernamental para la expansión de las empresas privadas, especialmente para la minería y los ferrocarriles, pero no únicamente. También hubo importantes subsidios para crear universidades y para dar tierra a los que quisieran colonizar el nuevo territorio adquirido tras la guerra con México de 1846-1848. Roosevelt rebatió así el mito de que la riqueza de Estados Unidos solo se debía al carácter emprendedor e individualista de sus ciudadanos, y ayudó a hacer comprender que la intervención gubernamental –por ejemplo, los altos aranceles– había jugado un papel fundamental en la exitosa historia económica del país. Lo que cambiaba era la forma del subsidio público. En el siglo XIX, el Estado tenía muchas tierras sin explotar y poco capital, y distribuyó tierras para impulsar el crecimiento económico. En el siglo XX, en cambio, la proporción era inversa. El Estado ya no tenía tierras para repartir, pero sí que podía, a través de una política fiscal atrevida, repartir aquellos excedentes de capital a los que no se les estaba dando un uso provechoso.

En el pasado, la mayor parte de la intervención del Estado había estado enfocada a auxiliar a los capitalistas; durante el New Deal, se benefició a las clases populares

El mundo empresarial reaccionó muy a la contra. Acusó al gobierno de no respetar la concepción estadounidense de la libertad y de abrir el camino al totalitarismo. La reacción empresarial delataba una novedad importante en la historia de la intervención del Estado en la economía. En el pasado, la mayor parte de la intervención del Estado había estado enfocada a auxiliar a los capitalistas a hacerse más ricos, mientras que ahora, durante el New Deal, una parte muy importante de los beneficiarios eran miembros de las clases populares. En este sentido, aunque no se confesara abiertamente, la reacción indignada del mundo empresarial se podía entender como una reacción natural y predecible a una pérdida relativa de privilegios en relación a los nuevos compromisos del Estado.

Su ensayo presenta el New Deal no solo como una audaz política interior de EE.UU., sino también como una forma de proyectar la invención de un sistema democrático original en el contexto de surgimiento del fascismo europeo y del socialismo soviético. En lo que respecta a sus exigencias democráticas, ¿qué ángulos muertos de la Administración Roosevelt pueden tomarse en consideración con la perspectiva de hoy?

Hay dos aspectos fundamentales del pensamiento democrático de Roosevelt que tienen cierto interés para la actual crisis democrática. En primer lugar, Roosevelt era muy crítico con los aspectos más folclóricos del sistema democrático, especialmente con aquellos elementos que podían suponer un freno a las políticas deseadas por la mayoría popular. De ahí su enfrentamiento con el obstruccionismo judicial del Tribunal Supremo y también su atrevimiento a cuestionar el principio antireeleccionista. En este sentido, vale la pena recordar que Roosevelt, rompiendo una tradición política de limitación de mandatos establecida por el mismísimo Washington, se presentó y ganó las elecciones en cuatro ocasiones (1932, 1936, 1940, 1944), convirtiendo su paso por la Casa Blanca en el más longevo de la historia.

El otro aspecto importante es el de la necesidad de democratizar las bases materiales del sistema político, es decir, de democratizar la economía. Para Roosevelt, no era posible mantener una auténtica democracia si las clases populares vivían con miedo, ya fuera el miedo a perder el trabajo, el miedo a que la enfermedad implicara la ruina familiar, etc. Había que vivir sin miedo para poder participar de forma libre en el proceso democrático, para poder deliberar tranquilamente. Al mismo tiempo, un exceso de concentración de poder económico resultaba peligroso para la democracia, pues inevitablemente podía derivar en un excesivo poder político.

Lo que unía estos dos aspectos del pensamiento de Roosevelt –la doble apuesta por reformar el sistema político para hacerlo más sensible a las demandas populares y de reformar también el sistema económico para mitigar las desigualdades y la inseguridad social– era la voluntad de demostrar que la democracia podía lidiar con la crisis económica y podía ofrecer resultados tangibles a los votantes. Y hay que reconocer que, en una medida no desdeñable, lo logró. Si no lo hubiera logrado, si su paso por la Casa Blanca no hubiera implicado una transformación significativa de la realidad económica y social, sin duda se hubiera extendido la sensación de desapego y escepticismo hacia la democracia, un sentimiento que, de hecho, estaba ya muy presente en la sociedad estadounidense en los peores años de la Gran Depresión, especialmente en el invierno de 1932.

Su libro menciona el consenso que alcanzará el peso de la industria militar en la economía estadounidense. ¿Terminó el New Deal siendo un acicate para el desarrollo y expansión hegemónica del capitalismo? 

Sí, al menos en parte, eso es cierto. En el ámbito político, como ya hemos comentado, Roosevelt se proponía revitalizar la popularidad de la democracia liberal ante los desafíos de izquierda y derecha. Y, muy ligado con este objetivo, en el ámbito económico el objetivo principal de la filosofía política del New Deal era el de salvar al capitalismo. Se trataba, concretamente, de salvarlo de los propios capitalistas y de sus tendencias autodestructivas. Con las reformas del New Deal, el Estado se renueva y logra equiparse con unas eficaces herramientas de gestión macroeconómica que le van a resultar muy útiles para impulsar el crecimiento económico y relegitimar el capitalismo, que sin duda había sido muy cuestionado a principios de los años treinta.

Gracias a la II Guerra Mundial, Roosevelt encuentra la síntesis de pacto interclasista que tanto se le había resistido: el keynesianismo militarista

Durante los años treinta, las reformas del New Deal generaron mucha oposición entre los empresarios, pero, gracias a la II Guerra Mundial, Roosevelt encuentra la síntesis de pacto interclasista que tanto se le había resistido en sus primeros años en la Casa Blanca: el keynesianismo militarista. Todavía hoy se discute en Estados Unidos sobre el fin de la Gran Depresión. ¿Fueron las políticas expansionistas del New Deal? ¿O fue consecuencia de la entrada del país en la II Guerra Mundial? Es un debate un poco absurdo, porque durante la guerra el gasto público se dispara y, sobre todo, es un debate que esconde un consenso de fondo, que es el del keynesianismo militarista. A la mayoría de los demócratas les parece bien porque el gasto militar estimula la economía y los republicanos pueden aceptar este inmenso gasto público con argumentos de seguridad nacional, mientras siguen pidiendo recortes en el gasto social. En este sentido, hay una parte del legado del New Deal que se puede interpretar como un fortalecimiento de la hegemonía capitalista.

Al mismo tiempo, también hay que tener en cuenta que, en la memoria popular, el New Deal está asociado a la adquisición de derechos sociales –derechos a las pensiones por enfermedad y desempleo, derecho a la negociación colectiva–. Por eso ahora, para hacer frente a la crisis climática y social, la izquierda socialista en Estados Unidos está exigiendo un Green New Deal, que, en sus versiones más consecuentes, está más cercano a un programa de “reformas revolucionarias”, a un programa que desafía la lógica capitalista y que implica abolir la riqueza de las empresas que se lucran con el calentamiento global. Y de ahí la ironía histórica. Si el New Deal estaba pensado para salvar al capitalismo de los capitalistas, el Green New Deal, en cambio, se propone salvar al planeta de las garras del capitalismo.

Autor >

Alexandre Anfruns

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí