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Arte en la periferia

Las siete vidas de Nel Amaro: el montaje del director

Semblanza del inolvidable poeta, novelista, dramaturgo, artista plástico, ‘performer’ y hombre orquesta asturiano

Xandru Fernández 2/05/2021

<p>Nel Amaro en 2008.</p>

Nel Amaro en 2008.

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El 4 de abril de 2011, la agencia EFE informaba del fallecimiento repentino de Nel Amaro atribuyéndole la condición de “miembro de número de la Academia de la Llingua Asturiana”. Como ya es habitual, los diarios asturianos se aprestaron a publicar la nota de EFE sin comprobar su contenido, y por supuesto ni la Academia desmintió la afirmación ni la confirmó a posteriori promoviendo, a título honorífico, alguna especie de ingreso póstumo del escritor en la institución. Diez años después, la consejería de Cultura del Principado de Asturias le dedica la Selmana de les Lletres Asturianes y habría estado bien que el primer párrafo de este artículo terminara anunciando que, en efecto, la Academia reconoce por fin la aportación de este escritor a la normalización y dignificación de la lengua asturiana, pero no es el caso: sea lo que sea lo que los académicos entiendan por normalizar y dignificar un idioma, no incluye, por lo visto, a la literatura.

Tampoco es que la trayectoria artística de Nel Amaro tenga mucho que ver con academias, ni de las históricas ni de las tardomodernas. De hecho, todo parece indicar que Nel Amaro se movía en sentido opuesto a sus compañeros de promoción literaria, al menos en sentido opuesto al núcleo promotor de la Academia de la Llingua, comparsas necesarios y no necesariamente conscientes del proceso de esclerotización cultural que vivió Asturias de camino a su constitución como comunidad autónoma. No es de extrañar que cuando murió llevara casi una década sin publicar un libro y, salvo un breve poemario inédito, titulado Katowice, también sin escribir una sola línea en asturiano. En cambio, desplegó durante esos diez últimos años de vida una labor infatigable en el ámbito de la performance, el body art, la poesía visual y la videocreación, también (aunque menos) en el del mail art, que venía practicando desde los años ochenta pero que no llegó a traducir del todo al registro electrónico.

El artista más tarde conocido como Nel Amaro nace un 24 de diciembre de 1946 en el pueblo de Quentuserrón, parroquia de Santa Rosa, en el valle asturiano de La Güeria San Xuan, a cinco kilómetros y medio de la villa de Mieres del Camín y a 380 metros sobre el nivel del mar. Su padre, César Fernández, y su madre, Encarnación Álvarez, son militantes comunistas. Por sus actividades políticas y sindicales serán objeto frecuente de despidos, detenciones y represalias violentas. La mala salud del niño es una fuente adicional de disgustos. La familia se instala durante un tiempo en Boñar, en la provincia de León, para volver otra vez a Quentuserrón y, en 1952, fijar su residencia definitivamente en el barrio de Santa Marina, en Mieres. Allí, sentado a la puerta de la casa familiar, ve pasar las horas un niño melancólico, de salud delicada, al que los vecinos toman frecuentemente por tonto, víctima de algún tipo de fragilidad mental. Algunos de esos vecinos proceden del otro lado de la cordillera, acaban de llegar a Asturias después de un éxodo angustioso, el miedo y el hambre empujándolos, familia extensa de un barrio en expansión donde son frecuentes las visitas de las fuerzas de orden público a la caza de guerrilleros, de conspiradores comunistas o anarquistas, de agitadores de conciencias. En las horas muertas, en la oscuridad de las noches interminables de la dictadura franquista, voces amigas intercambian leyendas de los héroes del monte, esos guerrilleros que desde que perdieron la guerra empezaron a perder también la posguerra, al igual que sus hijos y nietos perderían, como dirá Nel Amaro en la dedicatoria de su novela ¡¡¡Falanxista!!!, la democracia. Ese mismo año de 1952 cae el guerrillero Manuel Rubio González, que se suicida al verse acorralado por la Guardia Civil en una casa de Xuan Cabritu, cerca de Mieres, o al que asesina un traidor, según otra versión más cara al novelista. Unos meses antes caían, en el barrio de San Francisco, en Turón (donde Nel Amaro y yo, cuarenta años más tarde, seríamos vecinos), Manuel Fernández Fernández, “el Peque”, y Joaquín González Muñiz, “el Tranquilu”. Pero el relato que más impresionará a Nel Amaro es el del asesinato de Adolfo Quintana en el pueblo de El Pedrosu, al sur de Mieres, acompañado de Ángel Díaz, “el Canariu” (que en realidad era cubano), un 14 de agosto de 1950. Constituye uno de los episodios centrales de su novela Entós, cuando ñevaba. También era una de las historias favoritas de mi padre, quien por entonces tenía la misma edad que Nel Amaro y vivía su propia infancia unos diez kilómetros río arriba, pero eso ahora no viene al caso.

Los fugaos, “los del monte”, los guerrilleros del maquis serán figuras clave en la mitología doméstica de Nel Amaro. Tal vez la encarnación de la heroicidad, aunque de una heroicidad sin épica, más propia de maniquíes que de la estatuaria clásica, más ácrata que soviética, más de Svejk que de Chapayev. Puede no ser casual que, cuando recurra al repertorio del teatro clásico en busca de un paradigma de compromiso, la elección de Nel Amaro recaiga en Antígona. Ningún guerrero, sino la hermana del guerrero caído en combate. La hermana, también, del tirano caído en el mismo combate. Pero para eso todavía faltan unos cuantos años. De momento hay una infancia y una adolescencia en el Mieres subversivo de los años cincuenta y sesenta, el padre siempre entrando y saliendo de escena como el Home Clandestín de su Antígona, por exemplu. La figura del fugáu y conspirador empieza a confundirse con las del gángster y el detective de las películas americanas, de un modo similar al de algunas novelas de Juan Marsé como Un día volveré o Rabos de lagartija, pero ninguna de ellas llega todavía a encarnar en materia narrativa y, cuando lo haga, será de una manera fragmentaria, igual que el recurso al western como marco donde ensayar venganzas de posguerra cuando llegue por fin la democracia, algo que, por el momento, no se vislumbra. Por el momento lo que hay son huelgas, detenciones, deportaciones, exilios. Después de la fuelgona del 62, la tensión social en las cuencas mineras va aumentando año tras año, mes a mes y día a día. El 12 de marzo de 1965, una concentración de hombres y mujeres en protesta por los despidos motivados por razones políticas y sindicales rebasa las expectativas del régimen (y de los propios convocantes) y culmina con el asalto por la fuerza a la comisaría de policía de Mieres, donde estaba detenido uno de los represaliados.

Los fugaos, “los del monte”, los guerrilleros del maquis serán figuras clave en la mitología doméstica de Nel Amaro. Tal vez la encarnación de la heroicidad, aunque de una heroicidad sin épica

Como consecuencia del asalto, César Fernández, que cae inconsciente de un golpe en la cabeza nada más entrar en las dependencias policiales, vuelve a la clandestinidad: se fugará del hospital antes de que lo apresen. A su hijo Nel Amaro lo sentencian a seis meses y un día, condena que cumplirá entre Jaén y Cáceres. No será la última vez que pise un presidio. Mientras tanto, y ya a principios de los años setenta, empezará a interesarse por el teatro. También se casará con Pilar, un matrimonio fugaz del que nace una hija, Ángela. Tras la separación, una visita a Madrid, a casa de su hermana pequeña, Mariluz, maestra en la capital, le pone la vida otra vez del revés. Allí conoce a Alfonso Sastre, quien le da el último empujón que necesita para ponerse a escribir teatro. Entonces, el 13 de septiembre de 1974, explota una bomba en la cafetería Rolando, en la calle Correo, cerca de la Dirección General de Seguridad. La autoría del atentado, en el que mueren trece personas, se atribuye a ETA, o más concretamente a una fantástica alianza de ETA con militantes del PCE, según la estrambótica imaginación del comisario Roberto Conesa. A Nel Amaro lo detienen junto con toda su familia y va a parar a la cárcel de Carabanchel. Mariluz, a Yeserías. Mariluz permanecerá en prisión hasta la amnistía de 1977. A él lo sueltan en el 75. Cuando vuelve a Mieres trae con él el manuscrito de su primera obra teatral en castellano, Antígona en capilla.

El teatro es entonces su tabla de salvación, como quien dice. El teatro que le interesa es Sastre, es Ionesco, es Martínez Mediero y Samuel Beckett, también Brecht, también García Lorca, al que adaptará para los niños y las niñas de Mieres y Turón. Actúa, dirige, escribe. Estrena, en castellano, Antígona en capilla (1978), Buffet-Tard (1978), Más moral que Samaniego (1980), Siete vidas tiene un gato (1980), La píldora (1981), 1.033 (1983); en asturiano, Xénesis o Alborá de la conciencia (1979) y De sópitu... sonsones (1980). Edita cuadernos literarios como Sapiens, El cuélebre literario y Mallku, donde colaboran escritores más jóvenes como Lourdes Álvarez, José Luis Argüelles, Miguel Rojo o Xosé Antonio García. Son publicaciones modestas, ciclostiladas, mecanoscritas en una Olivetti e ilustradas a mano, todavía a mitad de camino entre las revistas literarias de los años sesenta y los fanzines contraculturales de los ochenta. Muy lejos, en cualquier caso, de Los Cuadernos del Norte, la revista financiada por la Caja de Ahorros de Asturias y dirigida por Juan Cueto Alas, némesis de Nel Amaro y de su idea de cultura para tiempos de transiciones y traiciones. El mismo Juan Cueto que aparecerá con los años en la novela Entós, cuando ñevaba trasmutado en Fernán Cotariella, editor de unos improbables Cartafueyos de Septentrión. Por de pronto, Cueto es, en Asturias, el símbolo de la elegancia y la conexión con las culturas de ultramar, con la metrópoli neoyorquina, con la semiología y la posmodernidad: por sus Cuadernos del Norte pasan Baudrillard, Umberto Eco y Harold Bloom.

Comparar a Juan Cueto con Nel Amaro es, probablemente, injusto para ambos. Pero también es inevitable para el viajero que quiera detenerse a contemplar las dos perspectivas posibles y quizá únicas de la cultura asturiana en los años de la Transición. Si Cueto representa la apuesta posmodernista, que no posmoderna, en la misma medida en que aspira a superar estéticamente los compromisos cívicos de la progresía preconstitucional sin ceder a las clases populares el timón del gusto, la de Nel Amaro es, en cambio, una apuesta posmoderna, fruto del descoyuntamiento del proyecto emancipador antifranquista, pero también una apuesta estéticamente modernista o, al menos, heredera de los debates y las técnicas modernistas. Dicho de otra manera, donde Cueto rebaja las expectativas universalistas de la alta cultura burguesa hasta ponerlas al mismo nivel de la cultura popular de masas, Nel Amaro reelabora los signos de esa misma cultura popular de masas desde los códigos poscoloniales del orgullo local. De ahí que la versión de la contracultura que maneja Nel Amaro pueda y tenga que expresarse en asturiano, frente al falso cosmopolitismo del proyecto de Juan Cueto, que cristaliza en la pompa kitsch de los Premios Príncipe de Asturias.

Nel Amaro establece una alianza con la contracultura underground que, a finales de los setenta ya se ha expandido, bien que minoritariamente, por la península

Así, desbordando el marco pedagógico, casi apostólico, del agitador teatral al servicio de la causa revolucionaria, Nel Amaro establece una alianza con la contracultura underground que, en los primeros años setenta, en la España contemporánea de la contracultura americana y europea, era patrimonio de escenas minoritarias muy localizadas geográficamente en la vecindad del capital transnacional (Sevilla, Cádiz, Barcelona) pero que a finales de esa década y principios de la de los ochenta ya se ha expandido, bien que minoritariamente, por otras áreas de la península. Solo que el teatro y la contracultura no dan para comer. Igual que en los años sesenta la mala salud le impidió bajar a la mina, la falta de formación académica impedirá a Nel Amaro la inserción laboral tras perder el empleo que tenía, a mediados de aquella década, en Correos y Telégrafos. Vive con su madre y gana algo de dinero haciendo de redactor fantasma para el corresponsal de un diario que le encarga trabajos de vez en cuando, pero lo que le saca de la pobreza es una anomalía institucional, la existencia de una red de instalaciones, las “casas de la juventud”, pertenecientes a la extinta OJE y que, con la llegada de la democracia, en algunos casos se municipalizan y en otros, como el de Turón, quedan al abrigo del ministerio de Cultura, primero, y de la consejería de Juventud después. En la Casa de la Juventud de Turón le dan a Nel Amaro un trabajo de bedel. Compagina ese puesto oficial con el de profesor de teatro en talleres para niños y niñas y agitador cultural a tiempo completo, incluso cuando, a finales de siglo, el edificio pase a ser gestionado por un grupo de jóvenes del valle, como en el Socuetu de ficción donde se desarrolla ¡¡¡Falanxista!!!

Turón será, en lo sucesivo, su teatro de operaciones. El mismo año 1981 en que empieza a trabajar de bedel y en el que muere su padre, Nel Amaro conoce en Turón a Marta Baquero, la Marta B. de sus textos, y a las hijas de esta, Arantxa y Beatriz, que pronto serán también sus hijas. Se traslada al valle de Turón a finales de la década de los ochenta, instalándose finalmente en el barrio de San Francisco, en las viviendas levantadas a las puertas de la década de los noventa en el solar de los viejos cuarteles mineros en que asesinaron, en 1952, al Peque y al Tranquilu.

Nel Amaro en 1982.

Los años noventa conocen el despertar editorial de la nueva literatura asturiana y son también los de mayor producción libresca de Nel Amaro. Pero escribir en asturiano no era la elección más verosímil para un autor proveniente de la militancia antifranquista y criado en la posguerra en un barrio pobre de la cuenca del Caudal. Estaba lejos de serlo. Las mentes más ilustradas del Partido Comunista renegaban de la lengua propia de las clases populares de Asturias, identificándola con el atraso, la ignorancia, la pobreza material y espiritual de la que solo las sacarían el marxismo y la acción voluntariosa de sus cuadros dirigentes. Los primeros dinamizadores de la cultura asturiana que en los años setenta deciden expresarse en asturiano sin romper el delicado vínculo con la modernidad, y alejándose por tanto de la tradición folclorizante de los monologuistas populares del tardofranquismo, provendrán de nichos ideológicos menos revolucionarios y radicales, lo que no es óbice para que su semilla germine entre las bases más jóvenes y radicalizadas del comunismo revolucionario. Las primeras intervenciones de Nel Amaro en las actividades del Seminariu de Llingua Asturiana (1978), germen de la Academia de la Llingua Asturiana, van en la línea hegemónica en aquellos tiempos entre la juventud de izquierdas: poesía social, prosodia nerudiana, vocabulario marxista, imaginería bolchevique con algunas gotas de heterodoxia underground (amor libre, autodeterminación, celtismo e inquietudes ecológicas). El cancionero de Nuberu/Manuel Asur, básicamente, que rivaliza con el del Víctor Manuel más combativo en los años anteriores al Estatuto de Autonomía. Nel Amaro colabora con poemas altisonantes en los que da voz a los fugaos de su infancia, a los insumisos palestinos, a los presos y a los locos. Pero aún entonces cuando hace poesía “seria” escribe en castellano: Responsos laicos (1979), Habitación de poeta (1981) y Boca arriba, lentamente naufragando (1982) son los poemarios que, con el apoyo de la Casa de la Juventud de Turón, edita y presenta en esos años. Por otra parte, colabora con el nueu canciu astur escribiendo letras para Xosé Nel “Calandreru”. Y está presente en recitales, publicaciones colectivas, pero nunca en el centro de la foto, como un verso suelto que casa mal con el cariz nacionalista que va adoptando la literatura más joven.

En la Asturias posfranquista, a diferencia de otras comunidades plurilingües, se diseña un tipo de tolerancia consistente en habilitar un requexu, un rincón, donde puedan expresarse los creadores en lengua asturiana sin molestar 

Los escritores de aquella primera generación del Surdimientu, los que publicaron primero en la revista Asturias Semanal y después en los trabajos del Seminariu de Llingua Asturiana, los fundadores de Conceyu Bable y promotores de la Academia de la Llingua Asturiana, magnifican una tendencia que, con el tiempo, se volverá un lastre que aun cuarenta años después sigue pesando: inventan y promueven el “rincón del bable”. Así como el franquismo no fue ni más ni menos hostil hacia el asturiano que hacia el resto de lenguas peninsulares diferentes del castellano, en la Asturias posfranquista, a diferencia de otras comunidades plurilingües, se diseña un tipo de tolerancia consistente en habilitar un requexu, un rincón, donde puedan expresarse los creadores en lengua asturiana sin molestar ni ensuciar el oropel cortesano de la cultura castellanoparlante, la de Los Cuadernos del Norte y los Premios Príncipe de Asturias. Conceyu Bable nació como una sección (las páginas del bable) de Asturias Semanal, el Seminariu de Llingua Asturiana se creó como un apéndice de la Universidad monolingüe de Oviedo (una de las primeras medidas del flamante nuevo rector ha sido, en 2021, quitar el topónimo “Uviéu” de la cartelería oficial de la institución), y también la Academia de la Llingua Asturiana se constituirá en 1980 como un cenáculo privado, muy vistoso (y muy barato, también, todo hay que decirlo) pero absolutamente inane: el parque temático del bable para los nuevos mandarines de lo que hoy llamaríamos, pace Guillem Martínez, la Cultura de la Transición (CT) en la Asturias de los años ochenta.

Nel Amaro no es de los llamados a esa cena. Su figura, no obstante, despierta el interés de algunos de los escritores más jóvenes, no solo de personajes tan inclasificables como él, léase Miguel Rojo o Xosé Antonio García, sino también de otros que empiezan a publicar a finales de los ochenta y en los que se intuye una ambición literaria legítima, menos populista, más pop. Con algunos de esos escritores se da una relación simbiótica: Ismael González Arias le facilita la publicación de su primer libro en asturiano, el poemario Y tu, Marta B., qu'entoncies nun yeres, tampocu, l'Anna Karina de les películes de Jean-Luc Godard (1990), y a través de Adolfo Camilo Díaz publica su primera novela, ¡Adiós, Dvorak! (1990), en la colección “Xardón” de novela negra de la editorial avilesina Azucel, a la que siguirá, en la misma colección, Novela ensin títulu (1991), menos policiaca, no menos incisiva y experimental. Cuanto más escribe, más publica, y cuanto más publica, más escribe. Nunca dejó de presentarse a premios y ganarlos, tampoco en los años noventa: el premio de teatro de la Academia de la Llingua Asturiana por Antígona, por exemplu (1991), el premio Elvira Castañón de poesía por Poemes de San Francisco (1993). En 1994 publica L'últimu del pelotón y en 1995 ¡¡¡Falanxista!!! En el cajón del novelista queda solamente una obra inédita, de mediados de los años ochenta, titulada provisionalmente “El cabudañu del Señor Perimportante”, que verá la luz en 2002 bajo el título Entós, cuando ñevaba. Para entonces ya no le queda mucho interés por la escritura, mucho menos por la escritura narrativa.

La segunda mitad de los años ochenta y la primera de los noventa son años de esplendor creativo en la mente de Nel Amaro, es cierto, pero no solo en el plano literario. Es cuando empieza a practicar el mail art, echando al buzón tarjetas y postales con sus creaciones, primero collages, después híbridos de dibujo y collage, además de cuadernos con títulos diversos, Caballo de cartón, Ángulo recto, muestras fotocopiadas de obra propia y ajena. Llegan sus primeras exposiciones de poesía visual y los primeros fanzines, aprovechando que Turón es un foco de irradiación de esa técnica, aunque en el valle no haya más que una fotocopiadora y esta se pase la mayor parte del año estropeada. Del horno de Nel Amaro salen los fanzines W.C. y La Cera Alante, al tiempo que colabora en otros como Trébede, Dixebra on the Rock's o La Forcá. La “cultura de la fotocopia” es el testimonio último de un hervidero de ideas que va poco a poco agotándose, a medida que avanzan los años noventa y van cerrando las minas. La decadencia de Socuetu es el trasunto de la decadencia real de Turón y, por extensión, de la de Asturias entera.

En 1958 un turonés, Vitos, fue el primer español que cruzó a nado el Canal de la Mancha, proeza que a todos los que nacimos en el valle en fechas posteriores nos grabaron en la memoria a cincel. Pero el recuerdo de la edad dorada de la minería del carbón no es, en Nel Amaro, hagiografía, memorial de héroes como Vitos o nostalgia de otras edades y otras rentas per cápita, es más bien hauntología, por servirnos del concepto acuñado por Derrida y reescrito, precisamente en un contexto político y social muy similar al asturiano, por Mark Fisher en la Inglaterra post-thatcheriana. Reconstruir el presente desde el huecograbado de las ausencias. Rastrear los moldes fósiles del pasado industrial en los contenedores vacíos de la Asturias terciaria de un No Future. Las primeras performances de Nel Amaro se acercan a esos huecos, los observan a distancia. Igual que por esa misma época está haciendo otro artista asturiano, Cuco Suárez, procedente de las artes plásticas. Igual que hará, en parte por influencia de Nel Amaro y en parte por deriva personal a partir de un fondo de ideas estéticas muy particular, el escultor Ánxel Nava. En 1995 pone en marcha los Alcuentros de Performance y Arte Alternativu de Llena y crea, con Abel Loureda, el colectivo Espacio Arte Excéntrico, que viaja por Madrid, Barcelona, Mallorca y, por supuesto, media Asturias, hasta que se disuelve en 2002. Ese mismo año nace la Fundación Perruno-Situacionista Laszlo Kovacs, con su perro Pulgu de compañero. En paralelo al proceso de musealización de las cuencas mineras asturianas, las acciones callejeras de Nel Amaro apuntan siempre fuera de foco, sin caer en la teatralización conceptual de la “provocación” (¿provocar a quién?) ni en la política ficcional de la “denuncia”, dos auténticos clichés de las vanguardias artísticas con los que nunca ha sido fácil entenderse aunque son muy útiles, eso sí, para encriptar experiencias en papers académicos: museos y academias, todo lo que usted necesita para dar color y profundidad a su paraíso postindustrial en vías de descolonización.

Hay una fotografía que, en cierto sentido, me conmueve. Fue tomada en 1989, en la II Xunta d'Escritores Asturianos, en Llanes. En ella aparecen Xosé Antonio García, Miguel Rojo y Nel Amaro en lo que parece la terraza de un bar, con el mar al fondo y una papelera de Camy a sus pies. Más que los retratos de grupo o las fotografías de recitales o mesas redondas, el aire casual de esta imagen retiene una posibilidad literaria: la de una escritura disconforme, exigente, tal vez descuidada en lo lingüístico pero atenta al matiz, a la sonoridad del habla viva. De los tres, Nel Amaro es el mayor, pertenece a lo que Germán Labrador llama la primera generación de la contracultura en España, coincidente en el tiempo con la de los boomers americanos pero, aquí, marcada por la utopía antifranquista y la épica de la resistencia. La cercanía de Nel Amaro a esos dos compañeros más jóvenes representa su reluctancia a dejarse domesticar por los dispositivos culturales de la Transición, la voluntad de dialogar con la segunda generación de la contracultura, la que estaba llamada a (también según Labrador) devenir yonqui, a explorar, al morir el dictador, la utopía prometida por sus hermanos mayores. Nacido en 1960, Xosé Antonio García es, en el Mieres de Nel Amaro, la figura emblemática de ese segundo grupo de edad, de los demasiado jóvenes para ser hippies pero (en España, por obra del jet lag impuesto por cuarenta años de dictadura) demasiado viejos para el punk. Miguel Rojo, un poco más veterano que García, es no obstante el único de los tres que sigue vivo (lo estaba al menos hace unas horas y un par de cervezas) y sigue escribiendo. Falta en esa foto la tercera generación, aún demasiado joven, por aquel entonces, para estar presente en bodas, bautizos y comuniones literarias. Me consuela pensar que no lo hicimos tan mal, yendo como íbamos a hombros de aquellos gigantes.

Xosé Antonio García, Miguel Rojo y Nel Amaro en Llanes en 1989.

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[La mayor parte de este texto pertenece a la introducción, publicada originalmente en asturiano, del libro Pruebes d'autor. Les siete vides de Nel Amaro, coordinado por Xandru Fernández en el marco de la Selmana de les Lletres Asturianes 2021.]

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