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Bulos históricos

Fotos de doble fondo: la Guerra Civil como escuela para escépticos

Las máquinas de propaganda republicanas y franquistas se esforzaron en ‘crear’ imágenes poderosas. Casi 85 años después, algunas de ellas no dejan de resultar controvertidas o directamente tramposas

Sebastiaan Faber 8/04/2021

<p>Fragmento del panfleto El fascismo al desnudo, publicado en 1937 por los servicios de propaganda de la República.</p>

Fragmento del panfleto El fascismo al desnudo, publicado en 1937 por los servicios de propaganda de la República.

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Que la Guerra Civil española se viviera de forma intensa en el mundo entero se debió en gran parte a un inventor alemán. Fue Oskar Barnack quien, en 1913, realizó el primer prototipo de la cámara portátil con carrete de película de 35mm: un invento que, dos décadas después, permitiría plasmar la guerra en España y sus consecuencias en miles de dramáticas imágenes que darían la vuelta al planeta. Y si la fotografía tuvo un papel central en la vivencia contemporánea de la Guerra Civil, el medio no ha sido menos importante para su conflictiva memoria. Es más, el ingente archivo fotográfico del conflicto sigue ampliándose todavía hoy con hallazgos milagrosos como las imágenes de Antoni Campañà exhibidas estos días en el MNAC

La historia de Barnack subraya que esta centralidad de la fotografía se debió tanto al genio de las y los reporteros gráficos que cubrieron la guerra española –Capa, Taro, Centelles, Horna, Michaelis, Campañà, Seymour, Brangulí, Sagarra, Guzmán, Namuth, Reisner, ya legendarios todos– como a factores puramente tecnológicos. Además de la invención de las cámaras portátiles, también está el auge de las revistas ilustradas, que a su vez aprovechaban las nuevas técnicas de impresión y transmisión de imágenes. 

Laboratorio y escuela

Las nuevas posibilidades de creación y reproducción fotográfica también hicieron que la guerra se convirtiera en un enorme laboratorio visual. Fotógrafos, editores y artistas gráficos se volcaron en la experimentación, alentados por la urgencia política y la imperiosa necesidad de persuadir, reclutar, escandalizar o movilizar la opinión pública en España y fuera de ella. Para los destinatarios de esos experimentos –lectores y espectadores de revistas, carteles, diarios, álbumes y panfletos– la guerra fue, a su vez, una escuela de interpretación. Consumir imágenes realizadas en la España en guerra le permitió al público mundial comprender la fotografía en todo su paradójico poder: como el vehículo por excelencia de la verdad –nada más objetivo que la cámara– y como el vehículo por excelencia de la mentira. Es la aparente promesa de significado de toda imagen fotográfica –el hecho de que una foto siempre parezca “hablar por sí misma” y “valer mil palabras”– la que hace, precisamente, que el medio se preste a la manipulación (un fenómeno que Geoff Pingree ha dado en llamar el “dilema documental”).

Esto lo sabían bien los individuos encargados de producir y publicar fotografías de la guerra. Por tanto, su labor de persuasión no solo consistía en crear imágenes poderosas que apoyaran a su causa. También se esforzaban en quitarles poder a las imágenes creadas por la competencia, desvelándolas como falsas, engañosas o manipuladas. De hecho, el archivo visual de la guerra contiene algunos momentos fascinantes en que las mismas máquinas de propaganda, dedicadas a la manipulación de documentos visuales, advierten a su público contra el peligro de esas mismas prácticas. Son intentos de lo que hoy llamaríamos fact checking: avisos contra la tentación de las fake news y los bulos fotográficos. A pesar de ello, casi 85 años después, algunas de las imágenes en cuestión no han dejado de resultar controvertidas o directamente tramposas. Veamos cuatro ejemplos.

Caso 1: La monja burlada

En 1937, los servicios de propaganda de la República publicaron El fascismo al desnudo, un panfleto de 44 páginas con una sección dedicada explícitamente a desmentir algunos montajes fotográficos difundidos por sus contrapartes en la zona rebelde. “En su lucha contra la civilización, el progreso y la cultura”, dice, “el fascismo… lleva a cabo una monstruosa labor de embrutecimiento a través de una propaganda basada en el engaño y en la mentira… Se pretende hacer creer que la España republicana, que lucha por sus libertades, por la independencia y por la paz del mundo, está formada por hordas criminales, en tanto que el fascismo no hace otra cosa que defender la civilización y la cultura contra la ‘barbarie roja’… La propaganda fascista… falsifica documentos, compone fotografías, presenta como víctimas de los ‘rojos’ a los mismos que han sido asesinados por el fascismo... Jamás se ha llegado a tal cinismo, a tal impudicia”.

Entre las cinco mentiras fotográficas que los editores desmontan a continuación destaca la imagen de un hombre que, cigarrillo en mano, observa con interés lo que parece ser la momia exhumada de una monja: 

 

Figura 1.

El texto que acompaña a la foto reza:

“Fotografía publicada en un folleto de propaganda fascista con el siguiente pie: ‘Los rojos de Barcelona no han vacilado en profanar la santidad de los sepulcros exponiendo los cadáveres de las religiosas a las burlas del populacho’. Esta es otra mixtificación. La fotografía de la momia es muy conocida, por haberse publicado con otras similares en muchas revistas después de los sucesos ocurridos en Barcelona en 1909, durante la semana trágica. Sobre esta fotografía ha sido pegada una figura inhábilmente recortada, pues la línea de hombro y cuello no puede ser, como aparece, completamente recta. Por otra parte, la línea que la contornea por su parte izquierda es la sombra que proyecta sobre el fondo el grueso del papel fotográfico de la figura sobrepuesta”.

Llama la atención el carácter técnico de la explicación; se anima a los espectadores a analizar las imágenes fotográficas con ojo crítico, fijándose en detalles sospechosos como líneas y sombras. También se introduce la idea del reciclaje de imágenes; en este caso, se trataría de una foto de 1909 reutilizada por los propagandistas de Franco.

En realidad, sin embargo, las cosas no quedan tan claras. La foto en cuestión salió publicada en medios franceses en las primeras semanas después del golpe del 18 de julio. El 30 del mismo mes, por ejemplo, salió en la contraportada del diario capitalino Paris-Soir. 

 

Figura 2.

Después, la foto tuvo cierto recorrido y acabó incluida, entre otros lugares, en el libro que publicó Joan Estelrich en París, La persécution religieuse en Espagne (1937, p. 32), en un encuadre ligeramente más amplio:

 

Figura 3. 

La misma imagen ha terminado incluida en el ingente repositorio de Getty (muy posiblemente a través de una banca de imágenes pertenecientes a la propaganda nazi). Ahora bien, al comparar las diferentes imágenes, se nota que, en efecto, la foto incluida en El fascismo al desnudo ha sido retocada: al hombre se le ha allanado el collar de la camisa, produciendo esa línea tan sospechosamente recta del cuello. Curiosamente, existe una tercera versión de la imagen --todavía hoy, un favorito de los editores gráficos de La Razón-- que deja al collar en paz pero que elimina la cara de la segunda persona que se ve salir debajo de la barbilla del hombre, sustituyéndola con más pared:

 

Figura 4.

Según explicó Vicente Sánchez-Biosca en 2008, esta versión retocada acabó incluida en noticieros franceses, en particular La gran angustia española (1936), documental producido por el Éclair Journal para un público hispanohablante. Allí venía acompañada de una secuencia de imágenes de momias de religiosas exhibidas en el portal del Convent de les Saleses en el Passeig Sant Joan de Barcelona. (Esta secuencia, tomada de la película anarquista Reportaje del movimiento revolucionario, una copia de la cual acabaría en manos alemanas, fue incluida en varias películas profranquistas; constituye el ejemplo español más notorio del fenómeno de las “imágenes robadas”.) También en otras publicaciones es común que la imagen de la monja se combine con fotos de los cadáveres profanados del Convent de les Saleses.

Pero ¿se trata de una imagen trucada basada en una foto de la Semana Trágica, como mantiene El fascismo al desnudo? No lo parece. Es verdad que en 1909 también se realizaron fotografías de momias exhumadas –algunos reporteros, como Brangulí, de hecho llegaron a cubrir las profanaciones en 1909 y en 1936– y también es verdad que se suelen confundir –aún hoy– con imágenes similares de 1936. Es posible que los redactores de El fascismo al desnudo pensaran en una de las fotos de monjas exhumadas del Convent de les Caputxines del Camp de Galvany, como esta de Josep Maria Sagarra (Arxiu Nacional de Catalunya, ANC1-585-N-21). 

Aun así, es más probable que la imagen en cuestión sea de 1936, cuando exhumaciones como las del Convent de de les Saleses atrajeron largas colas y muchos fotógrafos, como demuestra esta foto de Brangulí o una de las fotos incluidas en la exposición actual de Antoni Campañà en que se ve a un público burgués observando y comentando las momias como si se tratara de un grabado de Picasso. ¿Por qué se esforzarían los propagandistas franquistas en montar la imagen de una persona observando a una momia profanada si sobraban fotos y metraje reales con el mismo tema?

Todo esto nos deja con una pregunta final sin resolver. ¿Dónde se realizó la foto de la monja? Resulta que existe otra imagen claramente realizada en ese mismo lugar, también propiedad de AFP/Getty, que nos da un poco más de contexto. La pared contra la cual se apoyan las momias en esta segunda foto es la misma que la de la momia solitaria; pero no parece pertenecer al exterior --ni el patio interior-- del Convent de les Saleses, cuya arquitectura es bastante diferente. ¿Puede ser otra iglesia o convento en Barcelona? Se invitan sugerencias.

Caso 2: A vueltas con la Desbandá

En febrero de 2019, ElDiario.es dedicó un artículo a la huida a pie hacia Almería de cientos de miles de personas provenientes de una Málaga a punto de ser tomada por las fuerzas rebeldes bajo el mando de Queipo de Llano, asistidas por soldados italianos. Como se sabe, el episodio ocurrió en febrero de 1937 y es conocido como el “crimen de la carretera de Almería” o La Desbandá, ya que los refugiados fueron salvajemente atacados por las fuerzas rebeldes, causando cientos de víctimas. El texto en ElDiario salió ilustrado con varias imágenes, entre ellas una foto, sin pie, que aparece con cierta frecuencia en artículos y reportajes sobre el tema:

 

Figura 5.

Esta imagen, sin embargo, tiene un problema: los refugiados que van por la carretera –la actual N-340– tienen el mar a mano izquierda. En otras palabras, no caminan hacia Almería sino en dirección a Málaga.

La Desbandá se ha convertido en uno de los eventos más recordados de la guerra. La mayoría de las imágenes que conocemos de ella fueron realizadas por Hazen Sise, el chófer del doctor canadiense Norman Bethune, e incluidas en un panfleto publicado en inglés, francés y español durante la guerra, con unas veinte fotos desgarradoras. 

La foto que publicó ElDiario, sin embargo, no pertenece a la obra de Sise. Rastreando su genealogía de publicación, damos con lo que puede haber sido su primera aparición impresa: uno de los libros publicados por los servicios de propaganda franquista, dirigidos por Luis Bolín, para denunciar los “desmanes” de los “rojos”. En este caso, es el Cuarto Avance del Informe Oficial sobre los asesinatos, violaciones, incendios y demás depredaciones y violencias cometidos por las hordas marxistas en la ciudad de Málaga (1937, p. 102). Allí la foto sale con el pie siguiente: “Málaga–Grupo de familias malagueñas liberadas por las tropas nacionales”.

La foto recuerda a otra imagen, tomada casi desde la misma posición y también muy reproducida. Aparece, sin ir más lejos, en un artículo sobre La Desbandá publicado en estas mismas páginas. Entre otros archivos, se guarda una copia en el Archivo Temboury (Málaga), donde el fotógrafo queda identificado como Torres Díaz. 

Refugiados regresando a Málaga tras la 'desbandá'.

<p>Refugiados regresando a Málaga tras la 'desbandá'.</p>

Figura 6. 

De nuevo, las personas en la foto caminan hacia el oeste. ¿Qué pasa? Si son refugiados, ¿por qué vuelven a una Málaga en manos rebeldes? Jesús Majada, autor de varios libros sobre el tema, clarifica que, en realidad, ninguna de las dos imágenes son fotos de la Desbandá propiamente dicha. En el caos de la huida, no todos los refugiados pudieron llegar a Almería. Estas dos fotos, apunta Majada, retratan a “fugitivos alcanzados por el ejército de Queipo (más bien por los italianos) que regresan a Málaga”. Y ¿cabe considerarlos liberados, como mantiene el pie en el Cuarto Avance? Tampoco, dice Majada: una vez regresados a Málaga, “fueron recluidos en campos de concentración: un primer campo, en Torre del Mar; luego fueron trasladados a otro campo establecido en el puerto de Málaga. Parte de ellos fueron liberados; pero otros sufrieron prisión y, muchos, fusilamiento”. En otras palabras, ambas imágenes fueron producidos por y para la propaganda de los rebeldes, que resignificaron a los refugiados en “liberados”. De hecho, el Archivo Temboury (aquí y aquí), así como la Biblioteca Nacional, guardan más imágenes de “regresados” realizadas por fotógrafos empleados por la propaganda nacional. Estas también llegaron a la portada del ABC de Sevilla, como la del 14 de febrero, con foto de Serrano, que llevaba como pie: “La carretera de la costa que va a Málaga se ve invadida de familias que abandonaron sus hogares y regresan a ellos al enterarse de que nuestras tropas ocuparon sus pueblos”. 

 

Figura 7. 

Caso 3: Cadáveres movidos

En 1937, la “anti-Komintern” --una agencia incluida en el ministerio de propaganda liderado por Joseph Goebbels-- publicó Rotbuch über Spanien (Libro Rojo sobre España). En la página 212, los editores, con el fin de denunciar las mentiras de la “propaganda roja”, reproducen una página de Eŕi (Herri, pueblo), una revista ilustrada publicada por el Partido Comunista de Euskadi, en la que figura una foto de lo que parece ser un grupo de cadáveres. El pie en Eŕi reza: “Han pasado los moros…” Según los editores nazis, sin embargo, “En realidad la imagen representa una familia asesinada por las milicias rojas en Granja de Torrehermosa”, una historia que el mismo Rotbuch recogía seis páginas antes.

 

Figura 8.

Aquí las dos páginas de Eŕi:

 

Figura 9. 

De nuevo, se trata de una imagen publicada por primera vez en uno de los Avances editados por la oficina de Luis Bolín, el jefe de propaganda franquista. En el Segundo Avance, por ejemplo, sale (p. 33) con el pie: “Grupo de cadáveres ante las tapias del cementerio”. La imagen fue reproducida muchas veces, casi exclusivamente en medios profranquistas. 

Entonces, ¿miente Eŕi? De nuevo, la verdad es más complicada. El historiador Francisco Espinosa, especialista en la represión franquista, nos dirige a las memorias de Antonio Bahamonde (Un año con Queipo de Llano, México, 1938, pp. 123), que explican cómo se llegaron a producir estas imágenes: 

“En la División hay dos fotógrafos, los hermanos Burgos, dedicados exclusivamente a estos fines. Reproducen en todos los tamaños y posturas las personas que son víctimas de accidentes fortuitos. Sacan fotografías de los cadáveres de los fusilados. Cientos de éstos han sido multilados y quemados bárbaramente para sacar fotografías y, con todo género de detalles, exhibirlas en España y en el extranjero, diciendo que son crímenes feroces cometidos por los «rojos». Esta propaganda ha contribuido mucho a formar en el extranjero un ambiente desfavorable a los gubernamentales, a quienes se presenta como criminales feroces. […] En la Granja de Torre-Hermosa (Badajoz), al entrar los «nacionales», después de una dura lucha, encontraron, naturalmente, un cierto número de cadáveres dejados al abandonar el pueblo. Los trasladaron al cementerio y fueron bárbaramente profanados. A una mujer le abrieron el vientre; a otro cadáver le saltaron los ojos; a otro le machacaron la cabeza con una piedra; a otro le separaron del tronco los brazos y las piernas. Los hermanos Burgos, que iban con la columna, sacaron numerosas fotografías desde diferentes ángulos. Estas reproducciones han recorrido el mundo, como crímenes terribles cometidos por los “rojos” en Granja de Torre-Hermosa”.

En un ensayo sobre el tema, Espinosa explica cuál era la función de esa producción de imágenes fotográficas espeluznantes por los propagandistas nacionales. En el fondo, apunta, se trataba de un “gran proceso legitimador del franquismo”, que se afrentó desde el comienzo con el hecho de que la violencia perpetrada en zona republicana era mucho menor que la perpetrada por las fuerzas rebeldes, por ejemplo en Badajoz. “Qué podía representar 40 ó 100 víctimas [derechistas] frente a los miles de desaparecidos de una provincia como Huelva? ¿Y los 450 de Sevilla frente a los doce mil que, como mínimo, el fascismo devoró en la provincia?” No había apenas “sangre propia que mostrar frente a la carnicería que se estaba llevando a cabo”.

Caso 4: Un duelo huérfano

La misma página del Rotbuch incluye una imagen la portada de L’Humanité, el diario comunista francés, del 3 de marzo de 1937, bajo el titular: “No pasarán” que muestra a un grupo de personas en claro estado de desesperación. El pie: “El dolor de los que acaban de reconocer a los suyos, asesinados por las bombas fascistas”. (Curiosamente, como se puede ver arriba, la misma foto también salía en el mismo número de Eŕi, con el pie: “Muerte, desolación, hambre, es decir: FASCISMO”.

Para demostrar la falsedad del pie del periódico francés, los editores del Rotbuch incluyen una reproducción de la imagen con firma y sello del propio Luis Bolín, junto con una nota mecanografiada: “Certificamos que la foto representa el momento en que los familiares del juez municipal de Salvoechea (Huelva), que había sido encarcelado por los marxistas, reciben la noticia de su asesinato llevado a cabo por los milicianos rojos”. 

 

Figuras 10 y 11.

De nuevo, es una imagen que, sin duda gracias a su dramatismo, tuvo una amplia difusión durante y después de la guerra. (Está en el repositorio de Getty, por ejemplo, y sale como ilustración de portada de algún libro reciente.) Pero por más patente que resulte la calidad dramática de la foto, no dice nada sobre la causa de la tristeza que parece captar. Las mujeres, ¿lloran víctimas de las fuerzas rebeldes o las fuerzas republicanas? Aquí entramos de lleno en una controversia local, que parece haberse zanjado por fin en 2016. 

Parece indudable que, el 26 agosto de 1936, murieron en Salvochea (hoy El Campillo) once personas que habían sido encarceladas por su sospechada simpatía con los golpistas, entre ellos el juez municipal. La propaganda franquista –y la Causa General– siempre mantuvo que fueron asesinadas por “los rojos” que habrían arrojado bombas de mano sobre los detenidos. Pero la investigación de Espinosa, ampliada por Fernando Pineda, indica que los presos murieron a causa de los intensos bombardeos del pueblo por las fuerzas rebeldes.

Epílogo: Pies de plomo

No deja de llamar la atención que el pie incluido en el repositorio de Getty –una fuente de imágenes empleada por miles de medios mundiales– mantenga la versión “oficial” del franquismo, además de equivocarse de fecha. Dice: “Women from Salvochea (Huelva) learning that their family members who were taken hostages had been shot by Republican forces after the capture of the village by the Nationalists - mid-September 1936”. De hecho, si algo demuestran estos cuatro ejemplos de imágenes de doble fondo no solo es que hay que tener mucho cuidado con la interpretación del archivo visual de la Guerra Civil (o a la hora de echar mano de él para ilustrar textos hoy) porque nunca cabe asumir que una imagen fotográfica hable por sí misma. También demuestra que, seguramente por inercia, ese mismo archivo aún está bastante marcado por las huellas del franquismo.

––––––––– 

Referencias

Agradezco a Francisco Espinosa, Jesús Majada y Ricard Martínez por su ayuda. Gracias a Iñaki Arrieta Baro de la Jon Bilbao Basque Library (Reno, Nevada) por escanearme el número de Eŕi y al Internationaal Instituut voor Sociale Geschiedenis (IISG, Amsterdam) por la reproducción de El fascismo al desnudo. Las referencias de las imágenes incluidas son las siguientes:

1. El fascismo al desnudo. Madrid: Ediciones Españolas, 1937, p. 3.
2. Paris-Soir, 30 de julio de 1936, p. 12.
3. Juan Estelrich. La persécution religieuse en Espagne. Paris: Plon, 1937, p. 33.
4. La Razón, 26 de diciembre de 2020.
5. “La Desbandá: las incógnitas sin resolver 82 años después de la masacre.” ElDiario.es Andalucía, 8 de febrero de 2019. 
6. “Refugiados regresando a Málaga tras la ‘desbandá’” (Diputación de Málaga). “El crimen de la carretera de Almería.” CTXT, 7 de febrero de 2017. 
7. Portada ABC (Sevilla), 14 de febrero de 1937. Hemeroteca ABC.
8. Rotbuch über Spanien. Berlin: Nibelungen-Verlag, 1937, p. 212.
9. Eŕi. revista semanal ilustrada del Partido Comunista de Euzkadi, no. 11, 27 de marzo de 1937, pp. 16-17.
10. L’Humanité, 3 de marzo de 1937, p. 1.
11. Rotbuch, ob. cit. p. 212.

Autor >

Sebastiaan Faber

Profesor de Estudios Hispánicos en Oberlin College. Es autor de numerosos libros, el último de ellos 'Exhuming Franco: Spain's second transition'

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