1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Cartas moriscas

Querido Pacho Sánchez-Cuenca: más que anomalías, putrefacción

Un país sin medios de comunicación fuertes, dignos y libres que exijan rendir cuentas a sus políticos es un país sin democracia

Miguel Mora 7/03/2021

<p>Tertulia de La Sexta Noche del pasado 27 de febrero.</p>

Tertulia de La Sexta Noche del pasado 27 de febrero.

La Sexta

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Escribía ayer Pacho Sánchez-Cuenca en La Vanguardia un artículo tan brillante, constructivo y claro como todos los suyos. Pacho es amigo, así que sé que se pondrá colorado cuando lea esto: es un tipo insobornable, escribe sin retórica ni palabrería, y tiene una de las mejores cabezas de este país. Dejó de escribir en El País más o menos cuando yo dejé ese periódico después de trabajar allí durante 22 años, y en cuanto surgió la idea de crear Contexto, fue la primera persona a la que llamé. Desde entonces, nos hemos visto y hemos hablado mucho; yo desde la furia del periodista que se ve obligado a dejar de escribir para convertirse en gerente; él, desde la rabia del acádemico e investigador que no tolera la endogamia de la Universidad ni los debates públicos sin datos ni argumentos, aunque luego se pone a ver Sálvame y se le olvida. 

Pacho es un socialdemócrata apacible, republicano, glotón de libros y comidas exóticas, siempre construyendo ideas productivas desde la esquina izquierda / zapaterista del PSOE (aunque también fue errejonista una temporada: los politólogos ya se sabe). Yo, anarquista aragonés y del Atleti, ala zurda de la línea oficialista de Podemos, voy según Pacho camino de acabar mis días merendando quinoa con Miguel Urbán. 

Pese a estas diferencias, y quizá porque los dos fuimos al mismo colegio de pequeños (él es dos años menor, así que yo no le vi) solemos coincidir en los diagnósticos y soluciones a los problemas de España. Como Ortega y Gasset. En estos seis años y medio, hemos escrito en CTXT un par de docenas de editoriales a cuatro manos y algunos artículos individuales, aunque Pacho destacó sobre todo por el libro La desfachatez intelectual, un ajuste de cuentas fabulosamente documentado contra las grandes firmas de El País y el Abc, esas lumbreras que, mientras ocurría el 15M y el emérito no paraba de trincar comisiones, limitaron su aportación al debate político a una sarta de tópicos antinacionalistas y de líricas y reaccionarias loas a la Transición borbónica. 

Mientras Pacho seguía publicando libros, yo me dedicaba a escribir diatribas y cartas a Odette (Cebrián), por haber destruido el periódico en el que aprendí lo poco que sé de periodismo. Tomar la decisión de salir de PRISA me costó dos borracheras espantosas de tequila. Pero debo agradecerle a Cebrián que me animara a pedir el finiquito cuando le eché en cara aquel ERE salvaje, una tarde de 2012 en París sin aguacero. Recuerdo que le reproché que hubieran echado a gente como Enric González, y él me dijo: “Tú no eres peor que Enric”, mientras mi cabeza cortada rodaba por la moqueta del Hotel Lutetia. 

Escribiendo editoriales en aquellos primeros días de CTXT con Pacho, y a veces también con Soledad Gallego-Díaz, volví a disfrutar del periodismo, aunque debo admitir que nuestra influencia durante este quinquenio ha sido nula. Dijimos antes que nadie que el PP era una organización criminal que debería ser sometida a un cordón sanitario si no saneaba su caja B y renovaba su cúpula. Pedimos antes que nadie (¿quizá fuimos los únicos?) un gobierno a la portuguesa, y la coalición tardó cinco años en llegar. Pedimos el cordón sanitario para la extrema derecha y El Hormiguero invitó a Abascal dos días después. Apoyamos a Sánchez y denunciamos el tapón que habían aplicado durante décadas los sultanes del bipartidismo, y llegó Verónica, aquella muchacha que viajó desde Sevilla hasta la calle Ferraz de Madrid, y dijo: “La máxima autoridad del PSOE soy yo”. 

También contamos cómo nuestras élites políticas / mediáticas / empresariales, sordas y alejadas de los problemas de los ciudadanos, cegadas por el becerro de oro y por mantenerse en el poder, dejaron corromperse y pudrirse TODAS las instituciones a base de no admitir relevos, transparencia ni rendición de cuentas, y cómo convirtieron la lucha contra ETA y la Cultura de la Transición (la CT de Martínez) en las bases fundamentales de un régimen encantado de haberse conocido, que solo se expandía a base de ladrillazos y que en esencia sirvió para mantener los privilegios de los de siempre y para frenar la llegada de aquel paraíso que la Constitución prometía: una democracia moderna, social, europea, con una información de servicio público, basada en hechos y datos reales. 

Durante estos seis años y medio de libertad y desfachatez, predicando en el desierto, también contamos cómo, para sobrevivir al latrocinio sistemático de su padre, Felipe VI animó a los influencers de corbata y toga y a las hordas mediáticas de la corte a sacar el hacha de guerra contra unos líderes procesistas que el CIS no conseguía convertir en problema ni a tiros. La estrategia finalmente derivó en una guerra de propaganda, hasta que el rey Felipe encontró la gran cortina de humo que le ayudaría a recuperar la credibilidad de la Corona fuera de Catalunya y el País Vasco: exigir mano dura a los jueces y fiscales del Supremo –muchos de ellos franquistas y/o nacionalmadridistas de corazón–, que no tuvieron remilgos en encarcelar a esa docena de peligrosos políticos secesionistas que iban a declarar la independencia pero que antes de terminar la frase ya se habían arrepentido.

Bueno, basta de palabrería y de medallas. Al turrón. Sánchez-Cuenca escribió el sábado un artículo en La Vanguardia titulado ‘Plena, pero anómala’. Lo pueden leer aquí. Como dije al principio, es brillante, claro y ofrece vías para abrir un debate serio y profundo sobre el estado de la democracia española. Por supuesto, estoy muy de acuerdo con él y con su colega Robert Fishman en que la democracia española es nominalmente plena, pero sufre anomalías que lastran su calidad, y por ello “hay mo­tivos para la crítica y es saludable que hablemos de ello y pensemos en cómo mejorar el sistema”. 

Villarejo es la cara más visible de esa mafia sin color político y sin más ideología que la pasta. Pero es solo una parte de ese poder oscuro e intocable, al que nadie vota

Sánchez-Cuenca ofrece una lista de problemas: los ataques a la libertad de expresión, simbolizados en la permanencia de la ignominiosa ley mordaza; la división de poderes, que no funciona bien, y la politi­zación extrema de la cúpula judicial, que compro­mete la imparcialidad del sis­tema. Tres: España ha fracasado en la resolución política del conflicto territorial y, en lugar de buscar una salida constitucional al problema catalán, ha optado por ­aplicar la justicia penal. Cuatro: “Los niveles de corrupción en España, de la monarquía hacia abajo, son verdaderamente insoportables y nos alejan mucho del tipo de democracia europea a la que querríamos parecernos”. 

Todas esas carencias, que no tantos analistas reconocen, son indiscutibles, y si las resolviéramos tendríamos una democracia de mucha mayor calidad. Pero creo que el diagnóstico de Pacho es bonachón, como él, y se queda corto. No sufrimos anomalías. Sufrimos una putrefacción interna muy extendida, y que por tanto tiene difícil solución. Se trata de las cloacas. Se trata de un sistema paralelo de poder, información, dinero y chantajes que lleva décadas actuando en la sombra: nació con la lucha contra ETA, se creyó impune y nunca se marchó, porque lo importante, para sus promotores, no era ETA sino mantener el negocio y el modus operandi. 

Villarejo, el Señor Lobo español, es la cara más visible de esa mafia sin color político y sin más ideología que la pasta. Pero es solo una parte de ese poder oscuro e intocable, al que nadie vota. Con él están los empresarios y ejecutivos del IBEX que contrataron a Villarejo durante lustros para todo tipo de servicios (espionaje industrial, especulaciones en Bolsa, extorsiones, fusiones, blanqueo de capital...). Están los líderes y fontaneros que contrataron a Villarejo para que les solucionara un problema o espiara a algún rival. Están los periodistas a los que Villarejo y sus jefes cooptaron / compraron para que sus amenazas y soluciones resultaran creíbles, pues si salían en la prensa, no podía ser mentira... 

Están los amigos de los periodistas a sueldo de los jefes de Villarejo, esos que nunca han sido imputados y nunca lo serán. Están los jueces y fiscales a los que Villarejo sobornó o chantajeó o invitó a un congreso a gastos pagados y que ahora pactan abrir procesos o causas prescritas que le ayudan a salvarse de las que no han prescrito. Son los medios y televisiones cuyos directivos contrataron a (o fueron contratados por) Villarejo para poder presumir de que tenían información confidencial (casi nunca la publican, simplemente la almacenan para financiarse con ella). Son los abogados que ayudan a Villarejo y a sus secuaces mientras comparten casa con los fiscales que deben acusarlos. Son los jefes de seguridad de las empresas que colocó durante años Villarejo para que robaran datos e información privada, o para ayudarle a lanzar campañas difamatorias cuando algún político o empresario se desmanda. Están en todos los sectores. Supermercados, bancos, medios de prensa y televisión, holdings editoriales, eléctricas, telefónicas, fútbol, iglesia, inmobiliarias, casinos, burdeles…  

No sé si Pacho Sánchez-Cuenca vio salir a Villarejo de la cárcel de Estremera el otro día con su parche de pirata y sus banderas de España bordadas en la gorra y la mascarilla. Seguro que sí, porque lee y ve todo lo que se publica. Quizá se fijó en la jaula de equipaje que llevaba detrás. Era enorme, más alta y mucho más ancha que él. Ahí, en esa docena de bolsas negras y maletas que el Estado le permitió tener en su celda, está la gran anormalidad de este país. La gran putrefacción. Ahí está la mafia que se reúne con las más altas instituciones bipartidistas del Estado en sus domicilios privados: son esos que cuando les pillan, reaccionan silbando y presumiendo de que la cita no era para negociar las condiciones que impone Villarejo al Estado, sino para realizar una entrevista periodística. Exclusiva. Hay que tener mucho poder para hacer eso. Mucha impunidad. 

Y ahí dentro, en esas maletas llenas de dossieres y pendrives y banderas de España, está también la fiscal general del Estado, esa mujer abrumada, que trata de esconderse del periodista –nuestro gran Willy Veleta– cuando este le pregunta qué hacía reunida con esos amigos de Villarejo el día que Villarejo salía de la cárcel. 

Ahí, en esa fiscal que invita a su casa a dos sicarios de los jefes de Villarejo, y no es capaz de pararse un segundo a responder y rendir cuentas, aunque sean mínimas, a un reportero libre y honesto de un medio de comunicación honesto y libre, aunque sea tan pequeño como Contexto... Ahí está entero el drama de la democracia española. Lo que la convierte en una democracia nominalmente plena y anómala, pero bastante más que anómala. Putrefacta. 

Cuando los gánsteres deciden la suerte del Estado de Derecho, lo secuestran, negocian con él y se ríen de él, algo se ha jodido definitivamente. Pero si a este bochorno, querido Pacho, le siguen tres días en que los medios más influyentes de la izquierda y los periodistas que salen en las televisiones deciden mirar hacia otro lado, olvidando que el deber de todo periodista es exigir cuentas al poder y publicar lo que el poder no quiere que se publique, la cosa es peor. 

Una democracia sin periodistas y medios de comunicación fuertes, libres e independientes, capaces de exigir a los altos cargos que rindan cuentas y a los dueños de sus medios que les dejen hacer su trabajo en libertad, no es una democracia. 

Acabo, que luego me llamas palabrero. Sé que tienes amigos en medios progresistas. Habla con ellos, pregúntales si salir en la televisión de los jefes de Villarejo y legitimar este estado de cosas les arrienda la ganancia. Si se hicieron periodistas para ser perros guardianes del poder o para ser perros falderos. Y luego mándame la réplica a este artículo, que como eres un anglosaxon profesional, seguro que me dejarás sin argumentos para la contrarréplica. Y ya luego nos ponemos con el editorial a cuatro manos sobre todo este lío, que hace mucho que no escribimos uno.

Salud y libertad. 

Escribía ayer Pacho Sánchez-Cuenca en La Vanguardia un artículo tan brillante, constructivo y claro como todos los suyos. Pacho es amigo, así que sé que se pondrá colorado cuando lea esto: es un tipo insobornable, escribe sin retórica ni palabrería, y tiene una de las mejores cabezas de este país. Dejó...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Miguel Mora

Nacido en Madrid, en 1964, el director de CTXT fue corresponsal de El País en Lisboa, Roma y París. Anteriormente, trabajó durante 10 años en la sección de Cultura como reportero para temas de cine, literatura y arte. En 2011 fue galardonado con el premio Francisco Cerecedo y con el Livio Zanetti al mejor corresponsal extranjero en Italia. En 2010, obtuvo el premio del Parlamento Europeo al mejor reportaje sobre la integración de las minorías. Es autor de los libros 'La voz de los flamencos' (Siruela 2008) y 'El mejor año de nuestras vidas' (Ediciones B).

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí