1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

NOELIA ADÁNEZ / DRAMATURGA Y ENSAYISTA

“Soy una superviviente de una generación perdida”

Sebastiaan Faber 14/02/2021

<p>Noelia Adánez.</p>

Noelia Adánez.

Teatro del Barrio / Youtube

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

El motivo de esta entrevista iba a ser un libro nuevo de Noelia Adánez sobre la evolución del feminismo en España y su complicada transición de la tercera a la cuarta ola. Solo hay un pequeño problema: el manuscrito está tardando en nacer. Pero ese mismo retraso da para un diálogo, si cabe, aún más urgente: es sintomático de la crisis en el sector cultural que, sin acabar de recuperarse de la crisis anterior, ha tenido que encajar el golpe pandémico.

Adánez (Madrid, 1973) es una de las voces más originales, rigurosas y provocadoras en la esfera pública española. Además de editora (Recalcitrantes) y ensayista (Vivir el tiempo. Mujeres e imaginación literaria, 2019), es tertuliana en el Gabinete de Julia Otero (Onda Cero) y (co)autora de tres obras teatrales que, en forma de monólogos confesionales y combativos, resucitan las voces de Emilia Pardo Bazán, Gloria Fuertes y Carmen Martín Gaite. Entre tanto, colabora en medios como CTXT y La Marea. Estos meses, coordina lecturas dramatizadas en el Taller de CTXT, donde el día 18 leerá Trayecto Uno de Elena Quiroga, una de tantas escritoras del medio siglo que, para Adánez, están “injusta y parcialmente olvidadas”.

La transformación de Noelia Adánez en dramaturga e intelectual pública se debe a una tragedia generacional. A partir de los años 90, se echó década y media preparándose para un futuro universitario. En 2002 se doctoró en Ciencias Políticas por la Complutense con una tesis sobre el liberalismo español ante las independencias latinoamericanas; en 2005, sacó su primer libro académico. Pero a la crónica escasez de plazas se unió la crisis y, después de varios años de precariedad, la universidad española la dejó tirada, como a tantos miembros de su quinta. Adánez se despidió con un manifiesto duro, leído en la radio del Círculo de Bellas Artes de Madrid, en el que denunció las estructuras de poder universitarias, “auténticos reinos de taifas” marcados por el estancamiento, la explotación, el clientelismo y el acoso laboral. Desde el paro, con un hijo de pocos años y una carrera truncada, Adánez se recicló como pudo en ensayista, dramaturga, gestora cultural y productora de radio, asumiendo un papel central en proyectos como Contratiempo Historia y el Teatro de Barrio.

Hablamos por videoconferencia a comienzos de febrero; yo desde Estados Unidos, Adánez desde Madrid.

¿Cómo va ese manuscrito que se supone que está escribiendo?

Es un libro que tenía todo el sentido del mundo cuando lo planteé, hace varios años. Pero si he tenido momentos de claridad, ahora estoy en un momento de oscuridad. Quería acompañar el proceso de despertar feminista en España en un contexto de polarización y pérdida de sentido. Sigo queriendo eso mismo, pero me está resultando difícil mantener la distancia necesaria. Me afectan estos procesos de forma muy directa, y me fatigan. Y eso, al libro, no le viene bien. Tampoco le viene bien el aislamiento que impone la pandemia y toda la pléyade de emociones y desgastes que para muchas acompañan esta situación extraordinaria y dramática que nos ha tocado vivir. Estoy muy cansada.

Yo la veo muy activa.

Ese, precisamente, es el problema. Para quienes no tenemos un respaldo económico detrás es muy estresante mantener nuestra presencia pública en los medios y las redes. Nos obliga a adoptar una personalidad determinada, definir criterios, opiniones, pareceres. de forma constante. Pero allí te estás jugando muchas cosas, incluso tu propia visión del mundo. Este juego de la opinión sincopada te compromete. Y no creo que nadie sea tan estable, tan consistente e inteligente como para poder defender todo el tiempo lo mismo. Ahora bien, combinar esa presencia constante y necesaria en las redes con un proyecto más consistente y contundente como un libro es muy complicado. Faltan calma y distancia.

Hace unos 12 años se le cierra definitivamente la posibilidad de una vida profesional en la universidad.

Fue un momento muy duro. Pensé: aquí o me muero, extinguiéndome profesional e intelectualmente, o trato de darle una salida a un conocimiento que al Estado le ha costado mucho dinero formar. Porque, fíjate, yo era muy consciente del dinero público que se había invertido en mí. Una carrera, un máster, un doctorado, varias estancias en el extranjero: son muchos euros del erario. No hacía más que sacar las cuentas. Supongo que era una forma de tratar de hacer frente a los demás: mi carrera, mi trayectoria, porque las mujeres tenemos esto del síndrome del impostor, ¿sabes? Durante mucho tiempo no fui capaz de decir: “oye, es que yo me merezco un puesto en la universidad pública; es que reúno sobradamente los méritos”. Mi salida de la universidad fue tan traumática y dolorosa que minó absolutamente mi autoestima. Me costó mucho salir de ahí y pensarme fuera de la universidad, haciendo algo útil para la sociedad y satisfactorio para mí.

 Mi salida de la universidad fue tan traumática y dolorosa que minó absolutamente mi autoestima

En su caso, me parece que esa dolorosa privatización de un bien público no ha tenido tan mal rendimiento: la labor que ha hecho como autora y gestora cultural ha tenido un impacto mayor de lo que habría tenido como profesora.

No lo sé, aunque me gusta pensarlo. Lo que hago ahora desde luego va más lejos de lo que hubiera podido hacer en la universidad. Pero también es verdad que me está costando mucho.

¿En qué sentido?

Es que estoy muy sola. Mi trabajo transcurre en una tremenda soledad intelectual. Y no se puede pensar en soledad. Yo misma siempre he reivindicado que se piense en grupo. Lo que pasa es que fuera del ámbito académico es muy difícil encontrar espacios para ello, y más en pandemia.

¿Se debe también a que, al dejar la universidad, trocó el campo de la teoría política por el feminismo?

Creo que sí. La deriva que he venido tomando la considero muy fértil, pero también me genera muchísimas inquietudes. Por un lado, me siento muy a gusto haciéndome las preguntas y lecturas que hago. Son de una heterodoxia y variedad que no me podría permitir si estuviera en el mundo académico. Pero al mismo tiempo echo en falta una organización de mi trabajo más allá de lo que yo soy capaz de hacer. Puede que se deba a mi condición de mujer de clase media baja venida del mundo de la academia. Por otra parte, personalmente estoy bien: soy muy consciente de ser una privilegiada, una superviviente de una generación perdida.

Ahora va por libre en una esfera pública con visos de campo de minas.

No deja de producirme un profundo agobio mental. Lo que pasa es que yo tengo una idea bastante clara de lo que debería ser la esfera pública en España –como ámbito de reflexión, de discusión de todas y todos– al mismo tiempo que soy consciente de que esa idea no se corresponde con la realidad ni con mi propio papel en ella, un papel que ni a mí misma me acaba de quedar nada claro. Y me consta que no soy la única confundida con respecto al papel que le toca. Me alucina, por ejemplo, que alguien como Pablo Iglesias, como vicepresidente del Gobierno, siga siendo profesor de ciencias políticas ¡con un programa de entrevistas! No estamos haciendo contribuciones valiosas a la cultura política democrática que este país necesitaría para regenerarse. Estamos sobreviviendo, pero no transformando.

¿Tiene que ver con la necesidad de adaptar o someterse a las lógicas políticas y mercantiles que rigen la esfera pública?

Sí, claro está. Yo estas lógicas las siento cada día. Te voy a decir algo que posiblemente suene duro. Yo le puedo dedicar más o menos un 30 por ciento de mi tiempo a redes sociales. Ahora bien, si me pidieras que hiciera un cálculo, diría que un 50 por ciento de lo que escribo en redes es verdad y un 50 por ciento está condicionado por las limitaciones que impone la censura y la autocensura. Las redes son el lugar más alienante y más opuesto al pensamiento y a la transformación de subjetividades que se ha inventado nunca. Su misma existencia es una impugnación al pensamiento. Están ahí para que dejemos de pensar.

¿Es una censura arbitraria, o hay patrones?

Hay patrones. Por ejemplo, hay un patrón que tiene que ver directamente con la política madrileña y con el hecho de que yo he trabajado en proyectos que tenían un apoyo institucional de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid –poquito ¿eh?, del orden de un 5 a un 10 por ciento, pero que me servía a mí y al proyecto–. Ahora bien, eso evidentemente ha pesado. Otro patrón tiene que ver con el deseo de no crearles problemas a las demás colegas y compañeras en instituciones culturales. Y eso que a mí todo esto me afecta más bien poco. Restricciones así otra gente las sufre mucho más que yo.

En el Teatro del Barrio, que ha impulsado junto con Alberto San Juan y otros, ha pasado de gestora a dramaturga. ¿Había escrito teatro antes?

Nunca. Y fue casi por casualidad. Con el Teatro del Barrio, Alberto hizo un trabajo precioso. Pero muy pronto, hubo gente que nos dijo: “¿Por qué esto va solo de hombres?” Era un tema al que teníamos que atender, hacía falta pensar en un proyecto para mujeres. Alberto estuvo de acuerdo, pero cuando me preguntó: “¿Qué hacemos?”, le dije: “Bueno, lo primero, quitarte tú de en medio”. “Vale”, me dijo, “porque es evidente que yo no me estoy enterando”. Alberto es una de esas personas cuyo nivel de ceguera –para algunas cosas– es directamente proporcional a su nivel de generosidad y deseo de aprendizaje. Allí nació “Mujeres que se atreven”.

Hay los que dicen que el movimiento feminista en España tiene un potencial político mayor que otros movimientos y que, además, es más potente en España que en otros países europeos.

(Suspiro.) Pues no lo creo. Para empezar, España es un país peculiar solo en la medida en que lo son los demás. Esa gilipollez de que si España es más, o menos, me molesta como historiadora. Pero puestos a comparar, diría más bien que España ha vivido un vacío de movilización feminista en beneficio de un feminismo burocrático o institucional –que es el único que aceptábamos–. Ese vacío fue bestial en los años 90 y en la primera década del siglo XXI. Durante el gobierno de Zapatero, por ejemplo, conquistamos un tipo de aborto rarísimo, que en realidad es bastante incompatible con cualquier aspiración feminista medio ambiciosa, y que fue el resultado de un consenso entre diferentes fuerzas políticas. Después de eso, ¿qué ha pasado en España? Pues nada. Es como si el feminismo hubiera caído en desgracia por falta de interés. Como si ya no hubiera nada que defender o conquistar en clave feminista. Esa falta de atención a las reivindicaciones feministas se ha dado tanto por parte de la academia como del mundo intelectual con el que yo me podría sentir cómoda. Pareció que las leyes de Igualdad y contra la violencia de género resolverían todos nuestros problemas. Hay una ingenuidad ahí muy fuerte por parte de la sociedad, que se deja tutelar por el Estado de una manera muy preocupante. Hasta que Gallardón no trata de devolver el aborto al código penal no se produce una reacción y consecuente proceso de reflexión y revitalización feminista.

Pareció que las leyes de Igualdad y contra la violencia de género resolverían todos nuestros problemas. Hay una ingenuidad fuerte por parte de la sociedad, que se deja tutelar por el Estado

¿Es una laguna en el progresismo español?

Para mí, tiene que ver con otros fenómenos, como lo es la debilidad en España de la crítica –sea literaria, artística o simplemente cultural–. Esa falta de crítica tiene una dimensión política. Se nota cuando la gente de Podemos trata de acercarse a la cultura: lo raro, como decía antes, de que un vicepresidente de gobierno tenga un programa de entrevistas.

¿La política española sigue sin reconocer propiamente el papel o el lugar de la cultura y, por eso, también malentiende la relación entre el poder político y el mundo cultural?

Total. Por un lado, la cultura, para la izquierda, se supone que lo era todo. Pero no queda nada claro qué es lo que pretende hacer este gobierno progresista en términos de cultura. ¿Cuál es el juego? No lo sé. Podemos nació como un proyecto de transformación cultural en favor de la democracia. Llega a las instituciones –lo que es fantástico– y desatiende completamente la cultura. El partido se ha descapitalizado muy rápido: ha perdido apoyos intelectuales y anclajes muy necesarios en un plazo muy corto de tiempo. Si Podemos no hace política cultural volveremos al escenario bipartidista en menos que canta un gallo, lo que implica que el PSOE hará lo que siempre ha hecho con la cultura y está haciendo justo en este momento, por ejemplo, al entregarle el ministerio a un hombre de partido, absolutamente ajeno al mundo de la cultura, en pago por su apoyo y respaldo a Sánchez durante la guerra que se libró dentro del PSOE. La cultura como florero… otra vez.

El destrozo que se está haciendo a los feminismos en España es bestial

En un tuit de abril profetizó: “Esta crisis puede desencadenar una terrible tormenta antifeminista”. ¿Ha sido así?

Me temo que sí. El mundo PSOE, desde las instituciones, y con el chantaje de una amenaza de pérdida de poder, está jugando unas cartas muy, muy marcadas. Hay un feminismo sociata muy enfermo, muy contra lo trans, que yo todavía no sé cómo tomar. El destrozo que se está haciendo a los feminismos en España es bestial. El Ministerio de Igualdad de Podemos es muy vulnerable. La lucha es desigual, está intoxicada de informaciones falsas, odio hacia Podemos y la persona de Irene Montero y miedo atávicos que son fácilmente reconocibles y reeditables en un contexto de tantísima polarización social. Estoy lamentando mucho el debate que se está produciendo en torno a la Ley Trans. No hay nada que se pueda rescatar de ese debate: un feminismo contrario a los derechos humanos, supersticioso, miedoso y excluyente solo puede entenderse con la ultraderecha, y darle alas. Una pena.

El motivo de esta entrevista iba a ser un libro nuevo de Noelia Adánez sobre la evolución del feminismo en España y su complicada transición de la tercera a la cuarta ola. Solo hay un pequeño problema: el manuscrito está tardando en nacer. Pero ese mismo retraso da para un diálogo, si cabe, aún más urgente: es...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Sebastiaan Faber

Profesor de Estudios Hispánicos en Oberlin College. Es autor de numerosos libros, el último de ellos 'Exhuming Franco: Spain's second transition'

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí