1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

Gracias por defender un periodismo de servicio público. Suscríbete a CTXT

Luciano Labajos / Jardinero y educador ambiental

“Donde están las personas más pobres y abandonadas, también los árboles están más precarios y abandonados”

Yayo Herrero Madrid , 25/01/2021

<p>Luciano Labajos. </p>

Luciano Labajos. 

Cedida por el entrevistado

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Se dice que Filomena arrasó más de 150.000 árboles de la ciudad de Madrid y que muchos otros sufren daños importantes. La gran nevada caída, sobre todo, en el centro de la Península y, en particular, en la Comunidad de Madrid nos da la oportunidad de visibilizar la importancia de los árboles y la jardinería en las ciudades, mirando hacia atrás y proyectando hacia un futuro marcado por los riesgos ecológicos y sociales. 

Hablamos con Luciano Labajos (Madrid, 1955), jardinero durante casi tres décadas en el Ayuntamiento de Madrid. Al mismo tiempo, Labajos se ha preocupado de compartir todo lo que sabe y ha compaginado su trabajo con la educación ambiental y la escritura de varios libros que hoy son referencia para cualquiera que entienda la jardinería como cuidado y protección de la naturaleza urbana.

¿Se hubiese podido evitar la masacre arbórea que ha provocado la borrasca Filomena?

Difícilmente. Nuestros árboles no están preparados para recibir esas nevadas. Desde luego se pueden cuidar más y hacer mejores mantenimientos, pero una nevada como esta, en nuestros territorios, es completamente anómala. Otra cosa es que de aquí en adelante lo que era anómalo pueda ser más frecuente. Hay que prepararse para lo anómalo.

¿Se ha vivido algo similar anteriormente?

Las grandes nevadas en la ciudad de Madrid son eventos especiales, pero no excepcionales, según recogen los datos estadísticos. Según el registro de la Agencia Española de Meteorología (AEMET), una de las últimas se produjo el 7 de marzo de 1971. Duró tres días. Yo la viví en mi adolescencia. Recuerdo las dificultades para ir a trabajar y que había decenas de esquiadores por los parques urbanos y el centro de la ciudad.

Doroteo León o Anastasio Recuenco eran jardineros municipales del Retiro y la Casa de Campo en esa época. Nos contaban a los jardineros jóvenes que la Dirección de Parques y Jardines, en esos momentos de grandes nevadas, los llamaba a casa para que acudieran a los parques a quitar la nieve con palos, pértigas largas e incluso trepando a los árboles. Era un trabajo ímprobo para evitar que las ramas se desgarrasen y se perdieran.

Parece que el 12 de mayo de 1886 también ocurrió un fenómeno meteorológico extremo. Ese día, un tornado arrasó Madrid. Según recogen las crónicas, además de causar decenas de víctimas, la tormenta destruyó el arbolado y los jardines de Vista Alegre. El Jardín Botánico, El Retiro o el Paseo del Prado y Recoletos perdieron parte de sus árboles importantes, sobre todo los de gran porte. 

¿Hay que preocuparse por los accidentes que puedan causar los árboles dañados?

Los accidentes que provocan la caída de ramas o el vuelco o desplome de los árboles en las ciudades, sobre todo cuando causan daños cuantiosos o víctimas, suelen crear gran alarma social. A veces se criminaliza a los árboles y pasan a ser considerados como un problema. Es absurdo.

Hay que tener en cuenta que los árboles urbanos son seres vivos, que no están en sus entornos salvajes ni en sus paisajes primigenios, y que, por tanto, a veces son imprevisibles. Su cultivo en entornos hostiles, como son las calles y ciudades, hacen que los árboles envejezcan y den muestras de decadencia prematuramente, por lo que habrá que actuar en consecuencia, con criterios técnicos, cuando es necesario.

Es imposible controlar todos los factores de riesgo, pero sí se puede prevenir e intentar minimizarlos con algunas medidas, en el fondo, tremendamente racionales: plantando correctamente en hoyos generosos donde los árboles no desarrollen copas imponentes con raíces escuálidas; mejorando los mantenimientos y el número de personas especializadas que evalúen periódicamente las plantaciones; informando a la población del riesgo y acotando las zonas arboladas, jardines, paseos, durante los episodios de fuertes vientos, lluvias torrenciales o nevadas; evitando las podas drásticas que conllevan pudriciones y debilitamiento de las estructuras de los árboles; controlando los árboles senescentes, de modo que, cuando observemos síntomas de debilidad importante y decrepitud –seca de guías o ramas importantes, hongos de la madera–, se retiren y se proceda a su reposición...

¿Por qué es importante la jardinería urbana? 

Somos animales de la naturaleza y, aunque sea inconscientemente, la echamos de menos todo el rato. Por ello creamos sucedáneos de naturaleza dentro de la ciudad que intentan llevarnos a cómo deseamos vivir. Organizamos trozos de ciudad para que parezcan naturaleza. En unos casos muy ordenada y en otros se deja más ‘salvaje’ para que se parezca más a la naturaleza de verdad.

Somos animales de la naturaleza. Por ello creamos sucedáneos de naturaleza dentro de la ciudad que intentan llevarnos a cómo deseamos vivir

Nuestros antepasados eran conscientes de la importancia de los árboles para el bienestar de las personas. De modo intuitivo percibían las sensaciones y los bienes que nos procuran los lugares arbolados. Mitigan el calor y la falta de humedad, aportan sombras; filtran el polvo y los contaminantes; prestan gracia y naturalidad a los inhóspitos entornos urbanos...

Según cualificados estudios recientes de psicología ambiental, la ausencia de contacto con los árboles o la naturaleza nos produce un trastorno llamado síndrome de déficit de naturaleza, que se hace sentir, sobre todo, en los niños y niñas. Necesitamos los árboles. Su ausencia nos produce tristeza y pasear entre ellos nos relaja y alegra. Nos dan vitalidad. Cuidar los árboles es cuidar también a la gente.

Y tú, ¿cómo llegas a ser jardinero?

Nací en Madrid pero me crié entre Adanero, mi pueblo por parte de padre, y la cara norte de la Sierra de Gredos, de donde era mi madre. Trabajé en un banco desde los catorce años a los veintitantos. Los primeros trabajos que tuve, desde los doce años en adelante, no eran decisiones propias. Entonces las tomaban por nosotros. La mayoría de edad legal no llegaba hasta los 21 años. A los 23 o 24 años pude reflexionar un poco e intentar cambiar el modo de vida, no sin disgustos familiares, dificultades y precariedad, pero también con algo de suerte.

La decisión de dedicarme a los temas ambientales la tomé en el Cantábrico, donde estuve embarcado. Cuando vi el mal estado del mar, de las costas y las enormes manchas de crudo por la limpieza de los petroleros o las mareas negras como la del Andros Patria en el invierno del 79. Hasta ese momento era montañero, simpatizante de la causa ambiental en la lucha por las montañas, formaba parte de la Comisión de Defensa de la Montaña. A partir del 79 tomé conciencia profunda y me vinculé también a la Asociación de Estudios y protección de la Naturaleza (AEPDEN). Después, en 1984, al poco de la llegada del PSOE al gobierno, el Ministerio de Cultura puso en marcha el programa Juventud y Naturaleza, y ahí surgió la posibilidad de trabajar en la educación ambiental y la aproveché. En 1990 me incorporé como jardinero en el Ayuntamiento de Madrid y allí trabajé veintisiete años, hasta la jubilación. 

Te has involucrado también en temas de agricultura urbana. ¿Tiene que ver con la jardinería?

Árboles, huertas, cultivos prosaicos y jardinería conviven muy bien con las propuestas de la agricultura urbana. En otros lugares de Europa se hace así y tiene sentido histórico. En el pasado, especies como los rosales, los lirios o los lilos tenían utilidad. La jardinería tradicional sabía unir la belleza y la utilidad.

Se produjo una ruptura entre lo bello y lo práctico. Esa grieta se inicia en el Renacimiento, en el que se separa el jardín del huerto

Posteriormente, se produjo una ruptura entre lo bello y lo práctico. Esa grieta se inicia en el Renacimiento, en el que se separa el jardín del huerto. El jardín como espacio de ocio y recreo y el huerto como espacio de producción prosaica. La cesura tiene que ver con las divisiones de clase. El huerto es de pobres y el jardín de ricos. Los jardines de los siglos XVI y XVII profundizan aún más esa separación. 

¿Y en la ciudad de Madrid?

En el caso de la ciudad de Madrid, que fue corte y capital europea durante varios siglos, se plantaron árboles, olmos en su mayoría, durante las reformas de Felipe II, en el siglo XVI, en los Paseos del Prado Viejo de Atocha y de los Prados de los Jerónimos y Recoletos, y estas plantaciones continuaron en la misma zona durante todo el siglo XVII.

Algunas de las actuaciones jardineras a partir del siglo XVI se realizaron en lugares que previamente tenían vegetación nativa o que estaban cercanas a bosques naturales que sirven de marco paisajista al trazado. Algunos ejemplos son las olmedas culturales, en el entorno hortelano del arroyo Valnegral o Abroñigal en los Prados de Atocha y los Jerónimos, el Bosque de la Herrería en El Escorial con robles, fresnos y otras especies autóctonas, el Pardo con sus encinares, Aranjuez y sus bosques de ribera o Balsaín con robledales y pinares.

Posteriormente, cuentan los cronistas Antonio Ponz o Pascual Madoz, en el siglo XVII, Felipe V, y en el XVIII, Fernando VI, amplían estas plantaciones a los paseos cercanos al Manzanares como Virgen del Puerto o Paseo de la Florida, o las avenidas radiales de Santa María de la Cabeza o el paseo de las Delicias. En este momento, además de los olmos, se cultivaron plátanos de sombra en la Cuesta de San Vicente y el camino del Pardo. Era la moda borbónica.

También se amplió la Casa de Campo a su tamaño actual de 1.700 hectáreas y se realizaron plantaciones. La regeneración del arbolado de la Casa de Campo, un lugar baldío según los grabados de la época, que se planteaba ya desde sus orígenes en el siglo XVI, hace de este parque histórico un ejemplo de restauración paisajista.

En alguna otra conversación contigo, contabas que hubo también sus resistencias a los árboles urbanos...

La idea de llenar de árboles cultivados el espacio público, de arbolar nuestras ciudades, proviene del espíritu ilustrado de la Revolución Francesa, a finales del siglo XVIII. Una fiebre plantadora se expandió desde las consideradas grandes ciudades hasta las pequeñas capitales y villas o pueblos importantes, carreteras, caminos rurales...

Cuando la ciudad que conciben los revolucionarios, en las primeras décadas del siglo XIX, empieza a ser una realidad organizada, es cuando los árboles llegan de forma masiva a la planificación ciudadana.

Las plantaciones se convierten en símbolo de regeneracionismo y son los sectores sociales más progresistas política y culturalmente los que encabezan, no sin resistencias, estas iniciativas, que más tarde asume toda la sociedad. Al contrario, el anquilosamiento del Antiguo Régimen ve con desconfianza estas propuestas, llegando a proponer el arranque de árboles como gesto de protesta ante los avances de las políticas transformadoras.

Cuando la ciudad que conciben los revolucionarios, en las primeras décadas del siglo XIX, empieza a ser una realidad organizada, es cuando los árboles llegan de forma masiva

A lo largo del siglo XIX y primeras décadas del XX, cuando es necesario acometer las reformas de los ensanches, se trazan calles, rondas, bulevares y paseos con árboles de sombra. Las transformaciones políticas revolucionarias o reformistas hacen que se incorporen o cedan a la gestión pública municipal jardines reales o de la nobleza y en ellos también se trazan nuevas plantaciones. Por ejemplo, los jardines del Buen Retiro de Madrid pasan a la gestión municipal a partir de 1868.

Josefina Gómez Mendoza cuenta que en 1800 en Madrid se registran 9.936 árboles y el inventario de Celedonio Rodrigáñez, en 1888, habla ya de 95.144. La plantación y conservación del arbolado se va convirtiendo en una prioridad. Su gestión se asume como parte de los cuidados de los ciudadanos comunes, que proporcionan calidad de vida.

Hay entonces un trozo de la historia de las ciudades que la cuentan los jardines...

Los jardines históricos son una joya y se les debería tratar como tal. Existe la tendencia a considerarlos como meros parques públicos, como áreas de servicio multiusos. Se masifican, hablamos de cientos de miles de personas... Es el caso del Retiro. Nos olvidamos de que tenemos jardines de quinientos años y vivimos de espaldas a esa realidad. Las diferentes corporaciones no acaban de entenderlo y están al margen de esta cuestión.

¿Cómo es hoy la gestión de los jardines en Madrid?

La mayor parte de las instituciones públicas gestionan los jardines municipales como un servicio más, como el alcantarillado, la limpieza o el alumbrado público. Es una especie de jardinería industrial. No hay consciencia de que te ocupas de algo vivo y complejo. Ocuparse de los jardines es un trabajo normal y no muy bien pagado. En el día a día no se le da mayor importancia. Solo adquiere cierta visibilidad en los momentos electorales. Yo suelo hablar de la jardinería electoral.

Hay una visión de la jardinería como puro negocio para las empresas. Y el resultado es similar a lo que pasa cuando las grandes empresas gestionan las residencias de mayores. 

Si a la jardinería se le diese la importancia que tiene, y más en el contexto de cambio climático, habría que gestionarla como la educación o la sanidad. Dejarla supeditada a la creación de beneficios es un disparate.

¿Ese modo de gestión genera diferencias entre los barrios?

Claro. La jardinería no es ajena a lo social y tiene su componente de clase. Los parques urbanos en los barrios pobres están cada vez más abandonados. Donde están las personas más pobres y abandonadas, también los árboles están más precarios y abandonados.

Hay una visión de la jardinería como puro negocio. Y el resultado es similar a lo que pasa cuando las grandes empresas gestionan las residencias de mayores

Con las excusa de la delincuencia o el vandalismo no se atienden los parques. Es como lo del corte de luz en la Cañada Real. Se estigmatiza a la gente para justificar su abandono. Los mantenimientos de los jardines de las zonas VIP no tienen nada que ver con los de las zonas más pobres. Al final, el jardín está abandonado y sucio y dejas de ir.

¿Cómo se podrían hacer las cosas de otro modo?

Las plantaciones de árboles en las ciudades se suelen hacer al mismo tiempo que el crecimiento de la ciudad, aunque en ocasiones estos sean descontrolados y especulativos.

Los arquitectos y urbanistas trazan plantaciones en las calles y avenidas, pero en pocas ocasiones se cuenta con técnicos y profesionales de la jardinería. Es preciso, poner en marcha planes directores del arbolado, que se incluyan en los planes generales de urbanismo y planes específicos de arbolado viario de distrito o incluso de calle, para racionalizar las plantaciones y evitar en la medida de lo posible problemas futuros.

Un buen ejemplo es el Plan Director de arbolado de Barcelona (2017-2037), en el que han participado 715 profesionales, a lo largo de 54 reuniones y sesiones. O el Plan Director de arbolado viario de la ciudad de Madrid (2018) realizado durante la anterior legislatura. En esos planes de actuación se consideran los puntos de partida y se establecen las líneas estratégicas, los calendarios y los presupuestos e inversiones necesarios para poder acometerlas.

Hacen falta buenos profesionales con sentido. En grandes obras como Madrid Río no se ha contado con el criterios de los y las profesionales. Se les ha dado como una cosa hecha y no se ha podido aportar. Y el resultado es poco adecuado desde el punto de vista ecológico. Se mira solo lo estético. Se ponen praderas en un territorio como el nuestro y es un desastre. ¿Nos podemos permitir tener praderas de hierba en Madrid? No.

¿Hay cierta fijación con el césped?

A la gente le gusta ese tipo de jardinería. Desde el punto de vista ambiental, en nuestro territorio, es un desastre, pero es un tipo de jardinería que encanta, que es muy resultona. ¿Qué hacemos cuándo a la gente le gustan cosas que son dañinas para la naturaleza y para ellas mismas? ¿Qué hacer cuando lo que se percibe como bello es nocivo? Lo bello tiene que ser también útil y práctico y, sobre todo, no estar en contra de la posibilidad de conservación de la vida…

El gran dilema de nuestro tiempo…

Todo el mundo quiere praderas y césped. Se ha educado la percepción estética. Si no hay pradera, no hay jardín, y ese es en realidad un invento de los últimos cuarenta o cincuenta años. Es una cuestión de estatus, como el coche. El césped era lo propio de los jardines de ricos, una ostentación y un despilfarro, y cuando en los barrios pobres se analiza qué poner, se exige la misma jardinería que en los barrios ricos: césped y pradera.

Se ha educado la percepción estética. Si no hay pradera, no hay jardín, y ese es en realidad un invento de los últimos cuarenta o cincuenta años. Es una cuestión de estatus

El problema es que las especies mediterráneas, como los pinos piñoneros o carrascos, no soportan el encharcamiento que necesitan los cultivos intensivos de hierba y lo mismo ocurre con otras especies autóctonas de nuestro entorno como olivos, encinas, madroños, cipreses. En el hábitat natural de nuestros árboles nativos, el agua es un bien escaso. Cuando los regamos en exceso, debilitamos sus sistemas radiculares, enferman y aumenta el riesgo de vuelco.

Y además un agua que no es escasa si se plantan las especies adecuadas a las condiciones físicas, sí lo es si se mete pradera. Se dice que se  resuelve con el uso de agua reciclada, pero introducir agua reciclada o regenerada en jardines consolidados es una apuesta temeraria mientras perdure el actual sistema de depuración. Solo si el jardín es de nuevo diseño y se estudian en profundidad las especies a utilizar puede funcionar o al menos se puede probar.

¿Qué es la jardinería ecológica?

Fue la jardinería tradicional hasta la Revolución Industrial. Era ecológica porque no había más remedio. A la jardinería tradicional se le añadió después la tecnología, por ejemplo, la del riego, el abono o determinadas herramientas. A la suma de esos elementos le llamamos jardinería ecológica.

Cuando hablamos sobre jardinería sostenible en nuestra ciudad, deberíamos plantearnos esta cuestión y reducir drásticamente el número de hectáreas de praderas, más aún en jardines históricos, donde se han convertido en un factor de riesgo para la supervivencia de nuestra cultura jardinera. Por cierto, más sostenible que la actual en este sentido.

El movimiento ecologista le ha prestado mucha atención al espacio silvestre, a la fauna y no ha atendido tanto a la naturaleza dentro de la ciudad. También aquí hay biodiversidad. Igual hay que pensar en la introducción de fauna: mariquitas, mariposas, porque las echamos de menos y porque los jardines pueden convertirse en reservorios de naturaleza silvestre en la ciudad, proteger las vidas, también humanas, y ayudar a romper esas falsas barreras entre lo rural y lo urbano. Para ello, las y los jardineros tienen que formarse. 

¿Cómo te suena esto de llamar a los jardines infraestructuras verdes?

No es un concepto muy afortunado. La misma palabra ya encierra una visión. Pero mira… esto no lo gestionan poetas, sino ingenieros que imponen un lenguaje que condiciona lo demás.

¿Hay que hacer algo en los jardines ante el cambio climático?

El cambio climático provocado por este modelo de civilización ya está aquí y es preciso preparar nuestras arboledas para el futuro. Algo sabemos. Durante la Pequeña Edad del Hielo (siglos XIV al XIX) fue preciso adaptar la jardinería y los cultivos al frío, a mayores precipitaciones y a veranos cortos, ya que se venía de un clima templado. Los jardineros tradicionales fueron los primeros que se dieron cuenta de que no todos los árboles se adaptaban igual a las temperaturas extremas, los complicados suelos urbanos o la escasez de cuidados. Muchos fracasos en las plantaciones se deben a no tener en cuenta esta obviedad.

Deberemos utilizar siempre especies adaptadas, es decir, aquellas que la experiencia y la documentación existente muestran que vegetan en buenas condiciones. Siempre que sea posible utilizaremos las especies nativas, que demuestran desde hace tiempo su capacidad de adaptación. Tenemos un buen inventario de especies culturales que desde hace siglos han funcionado bien.

Al tiempo, es necesario seguir experimentando con nuevas especies exóticas que en algunos casos se comportarán satisfactoriamente, y en otras ocasiones decepcionarán en cultivo y habrá que dejar de utilizarlas. Se desconfiará de las modas y las especies panacea, ya que estas tendencias se suelen regir por cuestiones estéticas o por imitación.

Se debe estar atento a la tendencia de algunos de estos árboles jardineros alóctonos a naturalizarse y hacerse invasores y en ese caso se limitarán las plantaciones a lugares en los que estas especies no pueden ‘escaparse’ de los cultivos. Tendremos en cuenta al elegir, la estructura, envergadura y porte de las especies y que estas variables cambian dependiendo del clima, suelos, altitud, etc.

Y sobre todo, trabajar en alternativas jardineras, tales como la xerojardinería (jardinería que contempla la adaptación a las condiciones naturales del lugar), necesarias en nuestros ambientes mediterráneos. Son tiempos de sequía y cambio climático, necesitamos más que nunca los árboles. No se trata de renunciar a los árboles sino adaptarnos.

Y para terminar, ¿qué opinión te merece el movimiento de huertos urbanos?

Los huertos urbanos han llegado a nuestras ciudades para quedarse. Mucha de la gente que los está impulsando son personas jóvenes que no han tenido contacto con el medio rural previamente. Cuando te relacionas con las personas que integran los colectivos que mantienen los huertos urbanos, ves que quieren saber, son muy sensibles. Es un movimiento que aglutina a gente con muchos intereses.

La jardinería y la agricultura urbana nos educan para aprender a querer al mundo natural y nos entrenan para defenderlo. Ayuda a ver que el supuesto abismo que separa a las ciudades de la naturaleza no es tan grande.

Autor >

Yayo Herrero

Es activista y ecofeminista. Antropóloga, ingeniera técnica agrícola y diplomada en Educación Social.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí