1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

#MakeAmazonPay

¿Cómo resolvemos un problema como Amazon?

Debemos encontrar nuevas estrategias para debilitar el control de esta multinacional sobre sus trabajadorxs, los pueblos y el planeta, y hacer que pague por los daños sociales y ambientales que ha generado

Craig Gent (Novara Media) 12/12/2020

<p>Interior de un almacén de Amazon.</p>

Interior de un almacén de Amazon.

Scott Lewis

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Una fresca mañana de abril de 2013, más de mil trabajadorxs en las afueras de la pequeña ciudad de Bad Hersfeld en el centro de Alemania, emprendieron una acción de importancia mundial. Armadxs con silbatos y chalecos reflectantes, lxs miembros del sindicato general Ver.di instalaron una línea piquete en las afueras de un centro logístico de Amazon —nomenclatura de la empresa para sus centros de procesamiento y distribución masivos— lo que marcó la primera huelga en la historia de Amazon.

Hoy en día, el "Viernes Negro" (Black Friday), la más elaborada y desconcertante de las fiestas del capitalismo tardío, vuelve a llamar la atención sobre Amazon y sus prácticas laborales. Mientras que lxs trabajadorxs estadounidenses en Alabama hacen un audaz intento para sindicalizarse, la Internacional Progresista ha lanzado una campaña global para hacer que Amazon pague —#MakeAmazonPay. Sin embargo, durante dos décadas, numerosos sindicatos y campañas en todo el mundo se han preguntado cómo frenar el poder en constante expansión de la que se ha convertido en una de las empresas de mayor valor del mundo.

En Bad Hersfeld y (eventualmente) a nivel internacional, Amazon se ha acostumbrado mucho más a las huelgas, pero el poder de la compañía no muestra signos de atenuarse. De hecho, en Alemania, a pesar de los más de 300 días perdidos en huelga, Amazon ha logrado resistir la demanda de lxs trabajadorxs de un convenio colectivo. En el Reino Unido, los intentos iniciales de organizar a lxs trabajadorxs por parte del Sindicato de Gráficos, Papel y Medios (que en última instancia se fusionó para formar Unite) fueron eficazmente truncados por Amazon en 2001 y aunque los recientes intentos del sindicato general GMB, que giran en torno al lema "lxs trabajadorxs de Amazon no son robots", han demostrado tener más poder de convocatoria, el sindicato admite que tiene un largo camino por recorrer.

"Por un corto periodo de tiempo logramos algunos cambios incrementales en los pagos. También hemos salvado puestos de trabajo de personas que pudieron haber sido tratadas injustamente", dice Mick Rix, un directivo nacional de GMB. "Así que efectivamente hemos logrado algunas leves mejoras, pero queda mucho por hacer, especialmente respecto a la reducción del número de accidentes y lesiones". Rix también señala el papel del sindicato en desafiar el "enfoque mediocre" de Amazon al Covid-19, pero el objetivo de un acuerdo de reconocimiento, una prioridad clave para permitir la negociación sobre el salario y las condiciones, sigue siendo lejano.

De hecho, parecería que en todas partes Amazon avanza sin obstáculos.

Consideremos la magnitud de esta empresa multimillonaria; su servicio de primera clase, que fue designado para ayudar en las entregas de pruebas de Covid-19; sus patentes, que son una verdadera derrota para lxs trabajadorxs; su operación de inteligencia artificial, asistida por más de 100 millones de dispositivos Alexa que escuchan en silencio dentro de los hogares; su dominio sin precedentes del mercado de la computación en la nube ¿es acaso de extrañar incluso que el nombre de la compañía haya suplantado a una selva tropical de dos millones de millas cuadradas en la imaginación popular?

Independientemente de cómo se mire, Amazon representa un desafío para todo el proyecto de la izquierda: desde quienes sólo quieren opinar sobre el salario de lxs trabajadorxs hasta a quienes les gustaría ver la inmensa infraestructura de Amazon reutilizada para servir al bien público y, de hecho, quienes quieren ver el fin de la empresa. Tanto la magnitud de Amazon como su importancia para la infraestructura de las industrias web y minoristas modernas, significan que su influencia tiene el potencial de definir una era, lo que la convierte en un problema político crucial para navegar colectivamente.

Una cultura de control.

No hay muchos sindicatos que no estén preocupados por Amazon. Pero aunque su actitud hacia lxs trabajadorxs, sus medios de vida y su seguridad es notoriamente deficiente, una causa menos discutida de preocupación es que Amazon parece tan impenetrable. Independientemente de lo que los sindicatos puedan intentar, parecen resignados a organizarse principalmente desde el exterior mientras Amazon desarrolla sus propias estrategias de organización a un ritmo y a una escala mucho mayores, liderando el camino tanto en técnicas de gestión algorítmica como, ciertamente para sus conductorxs de entrega de mercancías, en prácticas de trabajo flexibles que dejan a lxs trabajadorxs sin poder y sin recursos.

No es que Amazon no esté preocupado por los sindicatos. Su utilización de propaganda abiertamente antisindical, particularmente en los EE. UU., está ampliamente documentada y recientemente Amazon se vio obligada a defender su contratación de agentes de inteligencia con el fin de rastrear "amenazas de organización sindical", una descripción inexacta de su función, según la empresa. Pero el odio de Amazon hacia los sindicatos no proviene tanto de la base de lo que cualquier sindicato en particular ha exigido hasta ahora, sino más bien de la insistencia absoluta de la empresa en el control total de sus lugares de trabajo, sus procesos de trabajo y su fuerza laboral.

El odio de Amazon hacia los sindicatos no proviene de lo que estos hayan exigido hasta ahora, sino más bien de su insistencia absoluta en el control total de su fuerza laboral

Ingrese a muchas áreas de trabajo en Amazon y descubrirá el espíritu de la empresa: la oposición es bienvenida, incluso se fomenta, siempre y cuando se haga a la manera de Amazon. Esto implica acudir a los consejos de trabajo de la compañía y a lxs representantes del personal para plantear inquietudes, o para proporcionar comentarios sobre cómo se podría mejorar aún más el flujo de mercancías durante uno de los "paseos gemba" diarios de la dirección —una vuelta a la línea de producción destinada a detectar las ineficiencias, antes de limarlas con un "kaizen". Kaizen, un concepto de la teoría japonesa de la gestión que significa "mejora continua", ha sido apropiado por Amazon para referirse a cualquier actividad de ahorro de residuos. Lxs empleadxs que acumulan "kaizens" pueden ser vistxs favorablemente por lxs gerentxs o aparecer en el sitio web de la empresa.

El proceso de postulación a un trabajo en Amazon ejemplifica de manera similar una cultura de control total. Al registrarse para un empleo en Amazon en un centro de contratación de una agencia, entre el vídeo de inducción, la entrevista individual y la prueba de drogas in situ, se le entregará una tableta electrónica que contiene un cuestionario cronometrado —una especie de prueba de moralidad— que se tomará en su idioma nativo para garantizar la autenticidad de sus respuestas a las preguntas sobre las medidas apropiadas que deben tomar si se entera de que unx colega está robando, o sobre la ética de hablar con periodistas sobre su trabajo. Esforzándose por señalar que el cuestionario es el único elemento del proceso sobre el que la agencia no tiene control —los resultados se envían directamente a Amazon para su evaluación— la agencia hará hincapié en que Amazon está buscando respuestas honestas, y que optar solo por respuestas "modelo" parecerá sospechoso ("todos somos humanos, después de todo").

¿Resignado al exterior?

Frente a tal espíritu totalitario, es comprensible que muchos acudan a lxs legisladorxs para frenar los excesos de Amazon. Pero hasta ahora lxs parlamentarixs han mostrado poco interés en Amazon específicamente y aunque las investigaciones de corta duración sobre el futuro del trabajo comúnmente reconocen que hay algo inquietante en la dirección de las prácticas laborales de las empresas que dependen en gran medida de las capacidades de procesamiento de datos con tecnologías digitales cada vez más sofisticadas, lxs parlamentarixs casi siempre se centran en temas de seguridad en el empleo en lugar de las condiciones laborales.

De la misma forma, entre los sindicatos la lógica de la "preocupación por la precariedad" supone que "arreglar" prácticas laborales flexibles, temporales, atípicas o totalmente falsas en el comercio electrónico y la economía gig garantizaría que lxs trabajadorxs obtengan su “parte del pastel”, como si contar con un contrato permanente sirviera de mucho para empoderar a lxs trabajadorxs que se ven obligados a caminar 11 millas por turno o a empacar hasta 200 paquetes por hora durante 55 horas a la semana. Esto es antes de que lleguemos a la nada despreciable cuestión de los consejos locales —incluidos los administrados por los Laboristas— que frecuentemente hacen lo posible por acomodar a Amazon con carreteras de acceso financiadas con fondos públicos y con permisos de planificación en nombre de la creación de empleo, a menudo mientras paralelamente expresan vagas "preocupaciones" sobre los tipos de empleos que realmente crea Amazon.

Si dirigirse a lxs legisladorxs no inspira confianza, es razonable que la gente recurra al movimiento obrero organizado en busca de orientación. No es un secreto que en la mayor parte del mundo, incluido el Reino Unido, los sindicatos han estado al margen durante dos décadas cuando se trata de Amazon, viéndose obligados a intentar reclutar miembros desde el exterior, por ejemplo mediante anuncios en los periódicos locales. Podemos culpar a las agresivas leyes antisindicales del Reino Unido por los obstáculos que enfrentan los sindicatos, pero hay otras cuestiones en juego. La estrategia de cualquier sindicato supondrá abrirse paso entre la fuerza de trabajo ocupándose de los casos de trabajadorxs individuales, con un plan a largo plazo para forzar el reconocimiento del empleadorx, ya sea por reglamento o de forma voluntaria, pero la dependencia de Amazon de una fuerza de trabajo temporal de alta rotación —normalmente empleada a través de agencias de terceros— para complementar su personal principal, presenta barreras para asegurar algo parecido a la concentración sindical.

Lo que deja a lxs trabajadorxs cansados "sintiéndose como robots" es el poder técnico de los procesos productivos de la compañía

No es de extrañar, entonces, que las campañas mediáticas se hayan convertido en tácticas tan importantes para los sindicatos, tanto para el reclutamiento como para intentar "avergonzar" a Amazon, sobre todo teniendo en cuenta que las revelaciones periodísticas han tenido cierto éxito al menos en hacer que el público sea más consciente de cómo es la vida detrás de las paredes de la bodega. Sin embargo, una dependencia tan marcada de librar la guerra aérea contra Amazon apunta a una debilidad de la capacidad de cualquier campaña para organizar efectivamente a lxs trabajadorxs de Amazon y si bien esas tácticas pueden dar lugar a victorias parciales en cuestiones específicas, no está claro hasta qué punto pueden interpretarse como generadoras de poder para lxs trabajadorxs cuyo trabajo es vital para el funcionamiento eficaz de la empresa más poderosa del mundo.

Más bien, lo que estamos presenciando es una gran brecha entre las herramientas políticas a nuestra disposición para hacer que Amazon rinda cuentas y la forma en que su poder está realmente organizado en el lugar de trabajo. El enfoque de Amazon para la "mejora continua" consiste en eliminar las posibles fuentes de fricción dondequiera que se produzcan en la cadena de suministro, lo que significa que es probable que la empresa se vuelva aún más difícil de organizar a medida que continúa desarrollándose y creciendo. Véase, por ejemplo, la expansión masiva de Amazon Flex en los últimos años —la plataforma estilo gig de la compañía para las entregas Prime— que ha reducido masivamente la dependencia Amazon de empresas externas (y más sindicalizadas) como Royal Mail. En este contexto, sería una ilusión imaginar que el desarrollo futuro de Amazon se acercará a formas de organización que se ajusten al repertorio de organización histórico de los sindicatos.

Poder algorítmico.

Ya debería ser evidente que a pesar de todos los llamativos videos de fábricas sin trabajadorxs pobladas por robots veloces que circulan las redes sociales de vez en cuando, la estrategia tecnológica de Amazon en los centros de logística se parece más a la subyugación algorítmica de trabajadorxs relativamente mal pagados que a líneas de montaje llenas de costosos robots y seguirá siendo así durante algún tiempo. No es una coincidencia que Amazon prefiera basar sus operaciones logísticas en zonas que antes eran industriales con un alto nivel de desempleo, ya que los centros de distribución suelen estar situados fuera de la ciudad y cerca de las principales redes de carreteras, en lugar de los centros urbanos.

Pero el poder de Amazon sobre sus trabajadorxs no es solamente social y económico. Lo que deja a lxs trabajadorxs cansados "sintiéndose como robots" es el poder técnico de los procesos productivos de la compañía. De hecho, debería ser imposible tener una conversación sobre el trato de Amazon a sus trabajadorxs sin hablar del uso pionero de la gestión algorítmica de la compañía y su efecto en la mera posibilidad de organizarse en el área de producción.

Presenciamos una gran brecha entre nuestras herramientas políticas para hacer que Amazon rinda cuentas y la forma en que su poder está organizado en el lugar de trabajo

Tomemos por ejemplo el trabajo de unx recolectorx —alguien cuya tarea es recoger artículos almacenados al azar en los estantes— basándose en las instrucciones de una terminal de datos en una radio portátil que también funciona como escáner. Los artículos se asignan uno a uno al trabajadorx en función de su última ubicación conocida, con el fin de optimizar la ruta tomada entre los artículos. El escáner puede mostrar un temporizador, que indica el tiempo que el trabajadorx debería tardar en encontrar y escanear cada artículo —generalmente alrededor de 12 segundos— y en ese punto aparece una nueva instrucción en el dispositivo para buscar otro artículo.

Contrariamente a la creencia errónea popular, las torres en las que lxs recolectorxs generalmente trabajan no deberían estar abarrotadas de trabajadorxs si funcionan sin problemas —por el contrario, el escenario óptimo para el sistema algorítmico es que lxs trabajadorxs nunca se crucen o se interpongan en el camino de lxs demás. El resultado es que trabajar para Amazon puede ser increíblemente solitario, cada trabajadorx atrapadx en una sucesión de misiones de 12 segundos en el curso de un turno largo, todxs esforzándose por cumplir los objetivos de desempeño que, según muchxs trabajadorxs, son inalcanzables o insostenibles.

En su influyente estudio sobre las máquinas de juegos de azar, Natasha Dow Schüll señaló cómo las características de diseño de las tecnologías de la información repetitivas basadas en la pantalla producen los efectos de "zona" o "flujo" familiares a lxs jugadorxs asiduxs. Lxs trabajadorxs de Amazon experimentan de forma similar una dislocación temporal y psicosocial, pero existe un desequilibrio de poder adicional producido por la asimetría informativa del sistema de gestión algorítmica. La gestión algorítmica tiene sus raíces en los principios de gestión tayloristas, que se definen por una separación fundamental entre la concepción (ideas, planificación) del trabajo y su ejecución por lxs trabajadorxs. Sus raíces se encuentran en las teorías organizativas de Frederick Winslow Taylor, un ingeniero industrial de principios del siglo XX que abogaba por convertir los conocimientos tradicionales de lxs trabajadorxs en tareas puntuales que pudieran ser descualificadas y calculadas en función del tiempo, rompiendo el poder natural de lxs trabajadorxs cualificados sobre el proceso de trabajo al poner la esfera de la organización y la planificación del trabajo en manos de lxs directivxs. Si esto suena arcaico y técnico, basta pensar en las frustraciones de lxs repartidorxs de Deliveroo que se sienten "esclavxs del algoritmo", puestos continuamente en la posición de tratar de adivinar un complejo sistema de gestión algorítmica que opera con sistemas a los que deben responder pero que no pueden controlar o influenciar.

La frontera del control.

Abordar el poder procesual (o "protocolario") que mantiene a lxs trabajadorxs de Amazon sin poder y desmoralizadxs día a día significa hacer valer algunas reivindicaciones sobre cómo se trabaja realmente en los lugares de trabajo de Amazon. La voluntad política de Amazon en esta área está bien documentada y es una realidad con la que tendremos que contar si nos tomamos en serio el hecho de que lxs trabajadorxs ya no sean "tratadxs como robots". Pero este es un terreno históricamente difícil para los sindicatos, que durante mucho tiempo han preferido considerar las cuestiones de organización y de tecnología como prerrogativa de lxs jefxs siempre que no impliquen directamente la pérdida de puestos de trabajo. La cuestión de cómo deben organizarse lxs trabajadorxs (y, por tanto, el trabajo) dentro de los lugares de trabajo plantea, por tanto, la cuestión de lo que en 1920 Carter L. Goodrich denominó la "frontera del control": la línea divisoria que atraviesa los lugares de trabajo y divide lo que el sindicato puede reivindicar de la esfera del control de la gestión, dentro de la cual las cuestiones relativas a los lugares de trabajo se consideran "asunto exclusivo del empleadorx".

En la época en que Goodrich escribía, seguía presente en el vocabulario de la izquierda la demanda por un control democrático de lxs trabajadorxs sobre los lugares de trabajo, aunque éste no fuese el objetivo preferido de los sindicatos que optaron por una relación más colaborativa con lxs empleadorxs siempre que fuera posible. A lo largo del siglo XX, los sindicatos de todo el mundo angloparlante han establecido en gran medida una gama bastante limitada de prioridades en lo que respecta a la negociación colectiva: puestos de trabajo, condiciones laborales (salario y prestaciones) y pensiones. En la década de 1970 el punto fue bien expuesto por Harry Braverman:

“La clase obrera sindicalizada, intimidada por la escala y complejidad de la producción capitalista y debilitada en sus ímpetus revolucionarios originales por las ganancias proporcionadas por el rápido aumento de la productividad, perdió cada vez más la voluntad y la ambición de arrebatar el control de la producción de las manos capitalistas y se ha dedicado cada vez más a la negociación sobre la participación de la mano de obra en el producto”.

Braverman también describió en detalle cómo la idea de una relación más colaborativa dentro de la administración condujo a una ambivalencia fundamental sobre las técnicas de descualificación, la organización del proceso de trabajo y las tecnologías utilizadas para gobernar a lxs trabajadorxs a diario. En la actualidad, cuando los sindicatos alzan sus voces sobre esto último, lo hacen casi exclusivamente con respecto a la legislación sobre salud y seguridad, más que por razones de poder o incluso de dignidad humana.

El propósito de plantear estas limitaciones no es para atacar a los sindicatos (que, además de estar legalmente neutralizados, con frecuencia carecen de recursos), ni para hacerse ilusiones de que los sindicatos puedan llegar a ser, alternativamente, vanguardias del poder de la clase trabajadora dentro de la sociedad en un futuro cercano. Pero la implicación del argumento de Aaron Benanav en su nuevo libro La automatización y el futuro del trabajo es que los sindicatos ya no pueden confiar en la idea de "compartir las ganancias" de las tecnologías en el lugar de trabajo en un contexto económico de productividad estancada. Argumenta que cualquier movimiento significativo hacia un mundo laboral diferente, debe, en cambio, poner en primer plano la necesidad de conquistar realmente la producción para lxs trabajadorxs.

Conquistar un imperio

No existe un terreno único que podamos elegir para luchar contra Amazon que logre desbloquear todas las demás formas en que la compañía mantiene su control sobre lxs trabajadorxs. Sin embargo, nos interesa ampliar nuestra comprensión de los métodos de Amazon para ejercer su poder, porque hacerlo puede, a su vez, ampliar nuestra comprensión de cómo podría ser el contrapoder. Si aceptamos que es inútil desear simplemente que Amazon sea otro lugar de trabajo más convencional y convenientemente organizado, entonces corresponde a la izquierda —desde los sindicatos hasta los movimientos sociales y (tenemos la esperanza) los partidos— establecer estrategias para aflojar el control de Amazon y aceptar que tendremos que ampliar nuestro repertorio organizativo en el proceso. No bastará simplemente con hacer una y otra vez lo que ya hemos hecho, como si una de las empresas más valiosas del mundo fuera a perder una batalla por desgaste.

Tarde o temprano, sin embargo, tendremos que considerar cómo se organiza el trabajo dentro de Amazon, tanto para hacer valer una reivindicación sobre el contenido del trabajo, como para hacer frente al hecho de que la organización de lxs trabajadorxs dentro de los centros de logística es un enorme obstáculo para la construcción de poder en el área de producción. Esto implica una mejor comprensión de cómo la gestión algorítmica organiza el trabajo y reorganiza las relaciones sociales y de poder, y subvertir la asimetría informativa que actualmente garantiza que lxs trabajadorxs carezcan de poder y sean desechables, incluyendo volver a familiarizarse con las tácticas latentes del movimiento laboral como la desaceleración o la interrupción deliberada del proceso laboral. Es evidente que esa tarea sería como librar una guerra de guerrillas contra un imperio. Pero Amazon no es un tipo de problema que pueda ser solucionado con facilidad.

-----------

Craig Gent es el jefe de operaciones de Novara Media.

Este artículo se publicó originalmente en Novara Media.

Traducción de Marisol Wexman y Nora Bendersky.

 

Una fresca mañana de abril de 2013, más de mil trabajadorxs en las afueras de la pequeña ciudad de Bad Hersfeld en el centro de Alemania, emprendieron una acción de importancia mundial. Armadxs con silbatos y chalecos reflectantes, lxs miembros del sindicato general Ver.di instalaron una línea piquete en las...

El artículo solo se encuentra publicado para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Craig Gent (Novara Media)

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí