1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

RAMY ESSAM / MÚSICO Y ACTIVISTA EGIPCIO

“Nuestro error fue dejar las calles cuando echamos a Mubarak”

Steven Forti 10/12/2020

<p>El músico egipcio Ramy Essam.</p>

El músico egipcio Ramy Essam.

Cedida por el entrevistado

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Hace diez años empezaban las primaveras árabes. El 17 de diciembre de 2010 el vendedor ambulante tunecino Mohammed Bouazizi se quemó a lo bonzo como forma de protesta. Después de Túnez, vino Egipto. En plaza Tahrir la canción que más se cantó esos días fue Irhal, es decir Vete, dedicada a Mubarak. El autor era un joven de 23 años, Ramy Essam, que la tocó junto a miles de personas desde el improvisado escenario de la plaza de El Cairo. Ramy fue la voz de la revolución, el cantor de la libertad de un pueblo. En los años siguientes sus canciones de protesta no pararon: antes contra la junta militar que sustituyó a Mubarak, luego contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes.

Con Al-Sisi tuvo que abandonar su país: ahora lleva más de seis años como exiliado entre Finlandia y Suecia. En sus canciones condena la represión y critica al régimen, que lo ha convertido en uno de sus principales enemigos. En Egipto es censurado y si vuelve le espera la cárcel. Tras la publicación en febrero de 2018 de Balaha, una durísima crítica al régimen egipcio, el poeta Galal El Behairy, autor de la letra, fue detenido y condenado a tres años de cárcel por haber escrito un libro de poemas, The Finest Women On Earth. El diseñador web Mustafa Gamal, que había trabajado con Ramy en 2015, fue encarcelado también: lleva más de dos años entre rejas a la espera de juicio. El joven director del videoclip, Shady Habash, de apenas 24 años, murió por negligencia médica el pasado primero de mayo en la cárcel de Tora, en El Cairo, tras más de 800 días de encarcelamiento. La última carta que Shady escribió desde la cárcel, Prison Doesn’t Kill / The Last Letter of Shady Habash, se ha convertido en una canción interpretada por el mismo Ramy Essam. En Egipto hay más de 60.000 personas encarceladas, muchos de ellos son presos de conciencia, como Galal, Mustafa o Patrick Zaki, estudiante de máster en la universidad de Bolonia, detenido hace diez meses y acusado de terrorismo solo por criticar al régimen.

Ramy Essam ha sido recientemente galardonado en Italia por el Club Tenco de Sanremo –asociación que promueve y difunde la canción de autor– con el premio Grup Yorum, dedicado a los cantautores que luchan por la libertad en regímenes dictatoriales. El premio quiere homenajear a la histórica banda turca: tres miembros del Grup Yorum murieron esta primavera tras larguísimas huelgas de hambre como última protesta posible contra su encarcelamiento, censura y represión por parte del régimen de Erdogan. Encontramos a Ramy Essam en Roma y hablamos con él de su vida, de lo que significó la revolución de 2011 y de la represión del régimen de Al-Sisi.

Han pasado diez años de las primaveras árabes. ¿Qué te llevas de esos días? 

Cuando estalló la revolución, tenía 23 años. Me había mudado hace poco a El Cairo y empezaba a hacer mis primeros conciertos. De golpe empezaron las protestas: desde que me sumé al movimiento con mi guitarra, escribía cada día canciones sobre lo que estaba pasando. Nacían directamente de las personas, de lo que estábamos viviendo. Nos sentíamos todos tan empoderados. Fue algo increíble. Recuerdo el 1 de febrero de 2011 cuando subí al escenario para cantar Irhal: nadie me conocía, tampoco era un concierto y el equipo de sonido era probablemente uno de los peores del mundo. ¡Pero fue tan potente! La imagen que vi ese día desde el escenario es la que me llevo dentro: gente de todo tipo, procedente de todos los barrios, de clases sociales diferentes, todos luchando juntos. Sus ojos llenos de sonrisas y esperanza. Muchos se quitaban los zapatos y los lanzaban al aire como un mensaje a Mubarak para que se fuera. He sido muy afortunado de vivir todo aquello. 

Cuando Mubarak se marchó, estabas cantando en Plaza Tahrir… 

Estaba justo en el escenario cantando Irhal, “fuck you, Mubarak!”, “fuck the sistem!”, cuando llegó la noticia de su dimisión. Todo el mundo estaba loco, cantando, saltando, abrazándose. Pensé que Irhal ya era historia, no tenía sentido cantarla más: Mubarak se había ido. Quería transformarla para que fuese actual. Así, ese mismo día escribí El-Gash Wel Omar, que significa El burro y la mula. Pero la gente me pedía Irhal y obviamente la canté. Nos pareció increíble: era la victoria de la revolución. 

Uno de los grandes errores de la revolución fue que no continuamos: teníamos el poder, pero dejamos las calles. Fue la cosa más estúpida que podíamos hacer. 

En los días siguientes, ¿qué pasó exactamente? 

Nos enfrentamos de golpe a la realidad. Uno de los grandes errores de la revolución fue que no continuamos: teníamos el poder, pero dejamos las calles. Fue la cosa más estúpida que podíamos hacer. Cuando abandoné el escenario, recuerdo que mi hermano Shady y dos activistas, Salma Said y Alaa Abd El Fattah, que ahora lleva en la cárcel cinco años, no lo estaban celebrando. Nunca olvidaré que en medio de millares de personas gritando y abrazándose, Alaa estaba llorando. “Estaremos jodidos si nos marchamos”, me dijo. Muy pocas personas lo entendieron esos días. Al día siguiente, mucha gente volvió a la plaza para limpiar y mostrar que la nuestra era una revolución civilizada. Y luego se marcharon a casa. Tras la euforia, me encaré a la realidad y entendí que debíamos continuar. Dos semanas más tarde, empezó la segunda acampada, pero vinieron apenas unas 5.000 personas: ocupábamos solo la parte central de la plaza, no podíamos cortar el tráfico. Estuvimos ahí dos semanas: en esos dos años pasé la mayoría de las noches acampado en las calles, entre una protesta y otra. Esta segunda acampada acabó el 9 de marzo: detuvieron a unas 200 personas y pegaron a todo el mundo. 

¿Te detuvieron también?

Sí, pero no me llevaron a la cárcel. Me retuvieron durante ocho horas. Me torturaron desde el primer hasta el último minuto. Hicieron lo que quisieron conmigo. Las torturas fueron muy extremas: me insultaron, amenazaron, saltaron encima de mi cabeza, me pegaron con palos de madera y látigos, me electrocutaron en todos sitios, incluidos los genitales… Fue muy duro. Pero me hizo entender muchas cosas. Ese momento marcó mi vida. Hay dos escenarios cuando te torturan: o estás jodido durante toda tu vida o de alguna manera tu cerebro construye los mecanismos para ayudarte y consigues sobrevivir y ser más fuerte que antes. He sido afortunado. Pero yo soy solo uno entre muchos: miles de personas fueron torturadas antes, en aquel entonces y ahora. Estuve diez días en la cama sin poder moverme. Unos días después, a finales de marzo, fui otra vez a la nueva acampada que se convocó. Y, desde ese día, ha sido una montaña rusa, con buenos y malos momentos. 

Seguiste cantando contra la junta militar y el gobierno de los Hermanos Musulmanes. Luego llegó Al-Sisi. ¿Fue entonces cuando decidiste irte de Egipto?

Yo no quería irme. Pero los militares me amenazaban continuamente: me llamaban, me escribían en las redes sociales… Intenté ir a Túnez dos veces y a Inglaterra una vez, pero me bloquearon en el aeropuerto aunque tenía billete, permiso para viajar y las invitaciones a unos conciertos donde tenía que tocar. Entonces, aún no quería abandonar el país: solo quería ir a tocar y volver. “No vas a ninguna parte”, me dijeron en plan paternalista. “Te quedas aquí con nosotros”. En mayo de 2014 me detuvieron otra vez. Algunos locutores de radio fueron despedidos por pinchar mis canciones. La gente dejó de llamarme, incluidos amigos que organizaban festivales. Todos tenían miedo. Estaba a punto de cumplir los 28 años, edad en la que en Egipto tienes que hacer la mili. Mi plan fue entonces irme y volver una vez cumplidos los 30 años, cuando ya no te pueden obligar a hacer la mili. Si hubiese acabado en el ejército, no sé si habría salido vivo. Por eso entendí que debía largarme y necesité ayuda, pero no puedo contar nada más. En agosto de 2014 conseguí salir de Egipto.

Algunos locutores de radio fueron despedidos por pinchar mis canciones. La gente dejó de llamarme, incluidos amigos que organizaban festivales. Todos tenían miedo

¿Quién te ayudó cuando llegaste a Escandinavia?

La persona que estaba detrás de mi plan de salvamento fue Ole Reitov, que fundó en 1999 Freemuse [la primera organización internacional que aborda la censura musical y defiende la libertad artística en todo el mundo]. Ole vino a Egipto pocos días después de mi segunda detención y estaba muy preocupado por mi situación. Ha sido la única verdadera conexión fuera de Egipto. En Suecia existe un proyecto que se llama ICORN (International Cities of Refuge Network): la ciudad de Malmö, que acogió en el pasado muchos a escritores y periodistas, quiso por aquel entonces abrir sus puertas también a los artistas y se involucró en mi caso. Me ayudaron mucho. Al mismo tiempo, recibí una invitación desde una organización finlandesa, Artist at Risk, y que me consiguió una residencia en Helsinki durante cinco semanas hasta que empezara el proyecto de acogida en Malmö. Me pusieron en contacto con artistas locales y con promotores, pero, aún así,  no fue fácil. Poco a poco, lejos de tu casa, vas desapareciendo: solo pocas personas siguieron realmente en contacto conmigo. Además, a la vez que iba a publicar canciones críticas con el régimen, la gente en Egipto cortó relaciones conmigo para no tener problemas. 

Galal El Behairy ha escrito la letra de muchas de tus canciones. Galal ahora lleva encarcelado más de mil días. 

Nos conocimos en la revolución y nos hicimos grandes amigos. Escribimos muchas canciones juntos, como Segn Bel Alwan (Prisión en color), que denuncia las condiciones de las mujeres en prisión o Balaha, que le costó la cárcel. Galal es un gran poeta. No es posible explicar lo terrible que puede ser llevar tanto tiempo encarcelado en prisiones como las egipcias. Si hay una cosa esperanzadora sobre Galal es que continúa escribiendo. Si intentaron silenciarlo encerrándolo en una prisión, es muy importante que siga escribiendo. De hecho, mi última canción, El Amis El Karoo (La camisa de franela), la escribió él: la publiqué el milésimo día de su encarcelamiento. 

¿Tú música se puede escuchar en Egipto?

En las radios es imposible: si pones una canción de Ramy Essam, estás jodido. Pero mi música se mueve a través de las redes sociales: Soundcloud, Spotify y Anghami, una plataforma similar para Oriente Medio. El problema es que la gente la puede escuchar, pero le da miedo compartirla. Después de Balaha he reflexionado mucho: en este álbum no hay canciones tan radicales como las que hacía antes. Todas son canciones políticas, pero ninguna es provocadora. Lo que quieren es justamente asustar a la gente para que no entren en contacto de ninguna manera con un artista y compartan su música. Mi esperanza es que con este disco consiga revertir esta situación. 

¿Sufres censura también en otros países?

Si pones mi música en Kuwait, Bahrein, Emiratos Árabes o Arabia Saudí tienes problemas graves. Son gobiernos aliados con el de Al-Sisi. Tras el caso de Balaha, mi abogado me desaconsejó visitar estos países. 

¿Quieres volver a Egipto?

Absolutamente.

¿No es demasiado arriesgado? 

Antes de que cancelaran mi pasaporte, quería volver. Tenía claro que si hubiese vuelto me habrían detenido, pero esperaba no ser torturado demasiado duramente y no ser encarcelado por mucho tiempo. Lo que pasa es que el régimen egipcio es totalmente impredecible: no hay unas reglas claras a las cuales atenerse para saber lo que te puede pasar. Cuando haces lo que yo hago, si piensas que no te va a pasar nada, eres ingenuo. Después de todo lo que he vivido, soy muy consciente de cuáles son los riesgos. Lo he elegido y sigo aquí: si vuelve a pasar, pasará. No lo quiero obviamente, pero es parte del juego. 

¿No tienes miedo?

Durante la revolución he visto a mucha gente perder el miedo. Yo también lo perdí. Hasta hace un par de años tenía la esperanza de que quizás no me detuvieran. Ahora es distinto: hay una orden de arresto oficial por parte del gobierno. Seré detenido seguramente y habrá un juicio. Quiero volver a casa para ver a mi familia y mi gente y para poder hacer algo, pero ahora solo compraría un billete para la cárcel. No creo que sea una idea inteligente. Para que vuelva, debe haber algún cambio. De momento, seguiré haciendo lo que estoy haciendo desde la distancia. 

Durante la revolución he visto a mucha gente perder el miedo. Yo también lo perdí. 

¿Se mueve algo en Egipto ahora?

Es muy difícil. Todo lo que escucho es duro, oscuro y decepcionante. No hay mucha esperanza. Lo percibes. El régimen ha conseguido acallar a todo el mundo. Pero la historia es una rueda: cuando reprimes tanto, estalla una nueva revolución. ¿Cuándo? Nadie lo puede saber. No creo que ahora haya una parte activa del movimiento que tenga el poder o la influencia para movilizar nuevamente a la gente. Sin embargo, tarde o temprano la gente se rebelerá ante esta dura opresión. 

¿Dónde están ahora todas las personas que estaban contigo en plaza Tahrir?

Algunos han sido asesinados, otros están en la cárcel y otros se han marchado de Egipto. Muchos. Es lo que suele pasar en todas las revoluciones cuando hay un giro autoritario. Hay muchos otros que siguen en Egipto: algunos están activos en organizaciones pro defensa de los derechos humanos, otros están más callados porque es muy peligroso o porque han perdido la esperanza. Se han sacrificado mucho, necesitan tiempo ahora para recuperarse y una nueva generación tiene que sustituirlos. No puedes pedirle a las mismas personas que sigan luchando toda su vida. Cuando era más joven, esto no lo entendía. Cada uno debe aportar lo que puede, dedicarle el tiempo que pueda a la lucha: luego seguirá su camino. Habrá un momento en que, por ejemplo, pueda y quiera acampar durante seis meses, luego hará otras cosas. Yo he decidido luchar toda mi vida, pero ese es mi problema. De todas formas, estoy completamente seguro de que hay centenares y centenares de personas que vivieron ese sueño conmigo y que no quieren dejarlo. Nadie pensaba que en enero de 2011 se iniciaría una revolución que acabara con Mubarak. Y ocurrió. ¿Por qué no puede pasar otra vez ahora o dentro de diez años? Será la continuación de la revolución de 2011.

¿Qué podemos hacer nosotros desde Europa?

No sabes lo importante que puede ser para quien está detenido en las cárceles que circulen informaciones al respecto, que se sepa lo que está pasando. Hablar de ellos puede marcar la diferencia. Si son artistas, puedes escuchar y compartir su música para que su voz siga viva. Si son poetas, puedes leer y compartir sus poemas. Si sabes que tu gobierno está vendiendo armas a una dictadura, como en el caso de Egipto o Turquía, puedes salir a la calle para presionar a tu gobierno. Es muy importante. Hace diez años todo el mundo hablaba de nuestra revolución, pero, ¿sabes qué?, en realidad no necesitábamos a nadie porque éramos muy fuertes. Cuando, en cambio, necesitábamos a otra gente, nadie hablaba de nosotros. Cuando nos estaban deteniendo, pegando, matando y reprimiendo no le interesaba a nadie. Los medios funcionan así: le interesa solo lo que es trending topic. Y esto pasa siempre, no solo en el caso de Egipto. 

Hace diez años empezaban las primaveras árabes. El 17 de diciembre de 2010 el vendedor ambulante tunecino Mohammed Bouazizi se quemó a lo bonzo como forma de protesta. Después de Túnez, vino Egipto. En plaza Tahrir la canción que más...

Autor >

Steven Forti

Profesor asociado en Historia Contemporánea en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidade Nova de Lisboa. Miembro del Consejo de Redacción de CTXT, es autor de 'Extrema derecha 2.0. Qué es y cómo combatirla' (Siglo XXI de España, 2021).

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí