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Diario itinerante

España tiene un ‘free lunch’. ¿Por qué no comérselo?

El gobierno progresista debería aprovechar que los mercados están pagando por comprar deuda soberana para expandir el gasto y la inversión pública

Andy Robinson 15/12/2020

<p>Sede del Banco Central Europeo en Fráncfort.</p>

Sede del Banco Central Europeo en Fráncfort.

BCE

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La noticia de que el Estado español ya paga tipos negativos –es decir ingresa dinero por endeudarse– sobre sus bonos a diez años puede resultar rebuscada en tiempos de pandemia y depresión económica. Pero para un gobierno progresista dispuesto a enfrentarse a los místicos del conservadurismo fiscal –bien sean los de Madrid, de Frankfurt, Ámsterdam o de Helsinki–, la disposición extraordinaria de los mercados de bonos a pagar a los Estados por prestarles dinero debería crear muchas oportunidades.

Este debería ser un momento para emitir deuda de forma masiva y así fortalecer programas sociales y servicios públicos infrafinanciados como la sanidad y la educación, renacionalizar otros servicios como la telefonía, la electricidad y el gas, y construir, mediante un Estado activista, una nueva economía verde equipada para afrontar el reto del cambio climático. Pagamos miles de millones a aquellos amos del universo (Tom Wolfe dixit), los tenedores de bonos, durante los años de inflación. ¿Cómo no vamos a aprovechar ahora  que nos ofrecen dinero por la seguridad de tener un título del Estado en sus carteras?

Es como si de repente los mercados internacionales hubieran abierto las puertas del calabozo en el que permanecemos encarcelados desde hace una década; desde el inicio de aquella extraña crisis en 2011, cuando la prima de riesgo se incorporó a la jerga callejera española. El mundo se ha puesto al revés. Somos libres. Solo hace falta levantarnos, empujar la puerta y escaparnos. ¿Pero somos suficientemente valientes?

Martin Wolf, el veterano economista keynesiano y director del Financial Times, explica las oportunidades creadas por el momento de tipos negativos por el que estamos pasando en este artículo.

“Tras la fuerte subida de la deuda pública en los últimos meses, ¿es verdad que las economías ricas corren el riesgo de pasar por graves crisis fiscales?”, se pregunta Wolf. “La respuesta es con toda seguridad que NO”.

La existencia de tipos de interés negativos quiere decir que para los Estados ya es “rentable endeudarse”, explica el veterano editorialista del influyente diario financiero. Wolf cita un nuevo trabajo de dos economistas tan poco radicales como Jason Furman y Larry Summers, que explican que, en una economía deprimida, no sólo es deseable sino necesario adoptar políticas fiscales fuertemente expansivas para reactivar la economía y lograr la sostenibilidad fiscal a largo plazo. Aquellas consignas de la austeridad gimnástica  –no pain no gain, no such thing as a free lunch– son mentira. El almuerzo gratuito sí existe.

En realidad, endeudarte en tiempos de baja demanda agregada con el fin de mejorar las cuentas para el futuro es la premisa de la economía keynesiana que puso fin a aquella ortodoxia cruel en los años 30. Y que volvió a resucitar en la zona euro hace diez años.

Wolf habla concretamente del Reino Unido. Pese a la debilidad extrema de la economía británica ya agudizada por el caos del brexit, los mercados de deuda le han dado carta blanca a Boris Johnson para expandir su deuda y, además, cobrar por ello. ¿Esto vale también para España? Wolf tal vez diría que no. Desde hace varios años se ha considerado que un país periférico de la zona euro como España o Italia no tiene la misma libertad para endeudarse que un país como el Reino Unido, ya que aquellos no controlan las emisiones de su propia moneda. El Banco de Inglaterra puede comprar toda la deuda británica, de manera que el peligro de insolvencia británica no existe. No es el caso de España. Incluso los defensores de las nuevas teorías monetarias progresistas como Stephanie Kelton, asesora de Bernie Sanders, excluyen a la europeriferia de sus optimistas teorías respecto a la viabilidad del activismo fiscal en tiempos de tipos de interés cero o negativos.

Pero esos tipos negativos en España son la prueba en estos momentos de que los mercados sí incluyen a España en el mundo del free lunch. Seguramente esto tiene que ver con el mega programa de transferencias fiscales del norte al sur de la zona euro para combatir el impacto de la pandemia, así como una tímida mutualización de la deuda en la zona euro. Sin olvidar la garantía ilimitada del Banco Central Europeo de comprar deuda.

El siguiente paso para un gobierno progresista atrevido en un país como España o Italia debería ser probar hasta dónde llega esa nueva generosidad tanto de  los inversores en bonos como de las autoridades europeas. Estamos en una coyuntura económica sin precedentes en la que una súper expansión fiscal a escala europea tiene coste cero. Esto coincide con la confirmación de que las potencias con superávit de la zona euro –concretamente Alemania– no permitirán jamás su desaparición.

Es decir, que no solo se descarta ya que la zona Euro pueda romperse, sino que el coste de prevenir la ruptura es cero. Esto debería conceder una fuerza a los países periféricos comparable a la de Clark Kent cuando se transforma en Superman. Pero los débiles tienen que ser conscientes de la kryptonita que llevan en su bolsillos si lo quieren disfrutar.

En vez de esperar a la caridad europea ¿por qué no simplemente emitir más deuda soberana española y comprobar si los mercados seguirán pagando por comprarla? O, dicho de otra manera: ¿qué clase de gobierno progresista no aprovecharía un mercado de deuda que pague por la expansión del gasto y la inversión pública necesaria para reconstruir la economía tras la depresión covid?

Imposible, tal vez dirían. Los finlandeses se pondrían furiosos. Ante lo cual nuestros representantes deberán repetir lo que siempre decía Jim Stewart, el economista del Trinity College en Dublín: “¿Cómo se puede basar un proyecto tan idealista como el europeo en el voto de un país que pasa nueve meses al año en la oscuridad total?”

En todo caso, los que de verdad decidirán si es posible la emisión unilateral y masiva de deuda española serán los mercados. Y si la generosidad se agota y la prima de riesgo vuelve a subir no pasa nada. Habría que recordar a las potencias económicas del norte que para prevenir otra crisis y la posible ruptura de la unión monetaria hay que mutualizar más deuda. A fin de cuentas cobrarían por hacerlo a los mercados.

Wolf insta al Gobierno británico a darse prisa y a emitir deuda a largo plazo de forma masiva aprovechando los tipos de interés negativos antes de que la coyuntura cambie. “Es esencial garantizar que se sigan pagando tipos bajos de interés en el futuro. La deuda británica, en su mayor parte, siempre ha sido de vencimiento a largo plazo. Ahora el objetivo debería ser alargar el plazo hasta el máximo aprovechando estas condiciones excepcionales para el que pide prestado”.

Si Boris Johnson puede hacer eso, ¿cómo no lo va a intentar un gobierno de izquierdas en España? Johnson hará caso omiso a la ortodoxia del ala de su partido que despotrica furiosamente contra quienes quieren comerse el free lunch de tipos negativos. ¿No puede hacer lo mismo la izquierda en la periferia europea? Es cierto que Reino Unido tiene menos deuda, el 86% del PIB frente al 97% del PIB de España. Pero tenemos que cambiar de chip y entender, como dice Wolf, que la deuda deja de ser un problema cuando te pagan por emitirla.

Hay que forzar la adopción de los principios keynesianos frente a lo que queda de la caduca ortodoxia europea. Hay que anunciar ya el Green New Deal –financiado, al igual que lo fue el New Deal de Roosevelt, con deuda–, pero no sólo a escala europea sino a escala española. No hace falta esperar. Hay que iniciar ya –sin esperar al beneplácito de los países del norte– un aumento enorme de la inversión y del gasto público necesario para superar el impacto catastrófico de la covid sobre el empleo y la actividad económica.

Así se podrá empezar a corregir los desequilibrios de una sociedad española cada vez más desigual y sentar las bases para una economía de bajas emisiones  y un nuevo pacto social en el que el capital tenga menos poder y el trabajo más. Esto también lo ha pedido el Financial Times en este editorial de abril que es de lectura imprescindible.

Autor >

Andy Robinson

Fue corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Nueva York y hoy ejerce como enviado especial en América Latina para este periódico. Su último libro es ‘Oro, petróleo y aguacates: Las nuevas venas abiertas de América Latina’ (Arpa 2020)

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