1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Vivienda

La resistencia contra la mercantilización de la ciudad

Organizaciones como el movimiento Okupa o el Sindicat de Llogaters plantan cara al modelo urbanístico que prioriza la rentabilidad económica sobre las necesidades de la población

Giovanni Patrocinio Guida Piqueras / Carmen Capdevila Murillo 28/11/2020

<p>Miembros del Sindicat de Llogaters alrededor del Parlament el día que se aprobó la regulación de los precios del alquiler.</p>

Miembros del Sindicat de Llogaters alrededor del Parlament el día que se aprobó la regulación de los precios del alquiler.

Pablo Castellano (CC BY-SA 4.0)

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

“Ya existen en las grandes ciudades edificios suficientes para remediar, si se les diese un empleo racional, toda verdadera penuria de la vivienda. Esto sólo puede lograrse, naturalmente, expropiando a los actuales poseedores y alojando en sus casas a los obreros que carecen de vivienda o que viven hacinados en la suya”. (Engels, 1873).

Ciertos movimientos sociales cristalizan en asociaciones que son claves para coordinar la gobernanza multinivel. En la lucha por el derecho a la ciudad, la ciudadanía organiza la resistencia por un contexto urbano más equitativo e inclusivo a partir de iniciativas que buscan, por ejemplo, potenciar espacios para el empoderamiento y participación ciudadana, o garantizar el acceso y mantenimiento de la vivienda como un derecho. En la reflexión que sigue, se emplea el caso del movimiento Okupa y el Sindicat de Llogaters en Barcelona para, por un lado, ensalzar su componente más social y originario, y por otro, explicar la función que cumplen, imprescindible para hacer efectiva la soberanía popular y su potencialidad emancipadora. 

La corriente neoliberal de finales de siglo pasado y su continuidad con las políticas de austeridad postcrisis 2008 han debilitado incluso la legitimidad de la socialdemocracia, lo que empobrece y privatiza nuestros contextos de bienestar. El derecho a la vivienda queda subordinado a la capacidad económica de quienes quieren acceder al mercado inmobiliario. A nivel europeo, el aumento en los impagos y desalojos conlleva el incremento y el riesgo al sinhogarismo, mientras que la falta de asequibilidad en precios afecta directamente a la capacidad de acceso a la vivienda. Esto supone la diversificación de los perfiles de vulnerabilidad: que afecta a todas las edades, con mayor incidencia entre los jóvenes; géneros, donde las mujeres se llevan la peor parte; y nacionalidades (Fondation Abbé Pierre & FEANTSA, 2020). Además, las presiones externas producto de la gentrificación, que cada vez más se pone la careta de “turistificación”, hacen que la dificultad en el acceso y mantenimiento de la vivienda sea una problemática cada vez más generalizada.

La dificultad en el acceso y mantenimiento de la vivienda es una problemática cada vez más generalizada

Ante la exclusión social que potencia el mercado inmobiliario, crece la resistencia popular organizada. La ciudad es un espacio de diálogo entre perspectivas diferentes de desarrollo urbano. La innovación se materializa en movimientos sociales y alternativas que luchan para poder decidir el cómo y el dónde quieren organizar sus vidas. Perspectivas que no solamente surgen ante una situación de desigualdad, sino que plantean escenarios distintos en cuestión de vivienda y aspiran en última instancia a una transformación del modelo de relaciones sobre el que construimos nuestras sociedades. Esta resistencia organizada no es perjudicial, al contrario, es creativa y anterior al poder. Son las relaciones de poder las que tienden a conservar los estados de dominación, por lo que es la resistencia la que originariamente configura el poder, y no al revés. De todos modos, resistencia y poder siempre van de la mano, ejerciéndose una evidente influencia bilateral en su necesaria interdependencia. 

Por ello, los movimientos sociales ligados a la vivienda se originan como resistencia a las lógicas de mercantilización de la ciudad. La constante tensión e incertidumbre social ante las decisiones jurídicas en materia de vivienda, así como sus evidentes logros en la configuración de la justicia social compartida, legitiman al movimiento y le dan carácter atemporal y globalizado. Lefebvre (1968), se refería al “derecho a la ciudad” como uno de los derechos fundamentales del ser humano y de la ciudadanía. Implica la motivación de la sociedad civil para recrear la ciudad como parte de una misión común y colectiva. Este es el contexto donde nace la movilización, que cimenta las bases para el empoderamiento social hacia un espacio urbano de todos y para todos. No solo se lucha por conseguir garantizar una vivienda digna como derecho, sino un espacio urbano compartido y equitativo, apto para la participación ciudadana y el diálogo constante entre el nivel político institucional y el estrato local, común y social, estableciendo una auténtica red de gobernanza compartida.

Esta descripción teórica se materializa a partir de innumerables movimientos y asociaciones, de las cuales señalamos dos, debido tanto a su importancia intrínseca como a su condición de actualidad. Es el caso tanto del movimiento Okupa, representativo en la creación de espacios comunes autogestionados de empoderamiento social, como del Sindicat de Llogaters, que lucha para garantizar el derecho a la vivienda. Aunque parten de diferentes posiciones y son concepciones formales distintas, ambos movimientos comparten una visión general de resistencia, que aboga por un modelo urbano centrado en las necesidades sociales de la población en vez de en el valor monetario de cambio del suelo. A continuación, se explican sus auténticas motivaciones originarias, que los definen como movimientos de respuesta popular ante la auténtica problemática compartida que escenifica el mercado inmobiliario excluyente y la insuficiente intervención pública en el mismo. 

A/ El Movimiento Okupa. Una lucha histórica por los derechos locales y el empoderamiento social

Últimamente no paran de salir noticias alarmistas sobre la okupación, que a pesar de ser una problemática demostrada como prácticamente inexistente para la gran mayoría, parece que atenta sobre la sagrada libertad y propiedad privada de ciertos puestos de poder, concentrados en la derecha más populista. Esto, además de ser un acoso injusto y desentendido que lo único que pretende es en su mayoría criminalizar al pobre, como si lo fuera por vagancia o falta de méritos, pierde la noción global de lo que significa el movimiento, que manifiesta la resistencia popular ante un abuso indiscriminado de poder. Es bien sencillo, cuando la vivienda es un derecho la okupación es la respuesta social que lucha por su cumplimiento. Pero este movimiento es mucho más que eso, va más allá de marcos legales que debaten entre allanamiento o usurpación, e incluso trasciende a la propia vivienda.    

Empleamos el paradigmático caso de Can Vies en Barcelona para contextualizar y explicar su auténtico alcance, conscientes de que existen multitud de ejemplos similares en diversos contextos. Okupado desde 1997, es una muestra en activo (temporalmente cerrada por la crisis sanitaria) de la primera gran oleada de okupaciones que surgen en respuesta al registro en el código penal del delito de usurpación de 1996, a partir del cual destaca además la primera y emblemática entrada en el cine Princesa o la okupación de la fábrica Hamsa, desalojada en 2004. Can Vies se sitúa en la zona que limita el barrio de Sants con el de La Bordeta, en la zona periférica sur de Barcelona, limítrofe con Hospitalet. Este barrio tradicional obrero se caracteriza por un movimiento popular sostenido en el tiempo y fuerte en intensidad, con grandes reivindicaciones que se vienen sucediendo desde la transición. Dada su longevidad, se convierte en un nexo imprescindible dentro de esta lucha. El Centro Social Autogestionado Can Vies participa activamente a lo largo de los años, como punto central de la asamblea de barrio, donde participan diferentes organizaciones como el Ateneu Llibertari de Sants, el Kasal Independentista, Can Batlló (que el ayuntamiento cedió a la autogestión social después de una lucha vecinal en la que participó Can Vies) o la Colla els Diables.

Los centros sociales autogestionados son núcleos politizados de resistencia y búsqueda de sistemas alternativos al capitalismo

La lógica mediante la que funcionan estos espacios es común. Se basan en la autogestión y la horizontalidad, las decisiones se toman mediante asambleas, así como la distribución de las tareas. Esta manera de hacer tiene también una voluntad transformadora, donde las personas no sean consumidoras pasivas de un producto discrecionalmente diseñado, y además se intenta llevar una vida fuera de las lógicas de acumulación típicas del modelo capitalista. Es por eso que todas las actividades son gratuitas y brillan principios como la ayuda mutua o la solidaridad que, muchas veces, se confrontan con la lógica de la organización de la vida cotidiana autoimpuesta por el modelo económico, los intereses de producción, la sociedad de masas y consumo, y las luchas especulativas urbanas por el espacio.

Es por este tipo de iniciativas de base que se puede afirmar que estos centros sociales son puntos de cohesión social o nodos, que promueven dinámicas “bottom-up”, así como núcleos politizados de resistencia y búsqueda de sistemas alternativos al capitalismo. Además, consiguen agrupar otros ejes ideológicos de resistencia y lucha, como son el feminismo, el ecologismo, la lucha por el espacio público y de vida en de calle, o diversas iniciativas anarquistas y socialistas, por ejemplo. Son por tanto claves para la participación y empoderamiento ciudadano, representando una función de eslabón entre las instituciones y las comunidades locales. Así, a partir del empleo del espacio urbano de un modo distinto al tradicional y totalmente fuera del mercado inmobiliario, consiguen legitimar no solo dicho uso sino convertirse en auténticos nodos locales a partir de los que se organizan las redes de gobernanza compartida.

B/ El Sindicat de Llogaters. Alquiler y derecho a la vivienda

En septiembre, Cataluña aprobó una ley, precursora a nivel estatal, para regular el precio de los alquileres por zonas utilizando el índice de referencia de los precios del alquiler publicado a nivel nacional y por comunidades. Esto supone una transformación en la manera de concebir la vivienda y es un primer paso hacia una transición necesaria y anunciada, donde se prioriza el derecho a la vivienda sobre los intereses inmobiliarios. Es una victoria del Sindicat de Llogaters de Barcelona, que ejerce su papel mediador representando a miles de personas y su lucha por el derecho a la vivienda. 

El sindicato nace en mayo de 2017, como respuesta a la crisis de vivienda de la ciudad que hacía que el acceso a la vivienda fuese cada vez más difícil. El modelo se inspira en prácticas similares llevadas a cabo en otros países como es el caso del alemán “Berliner MieterGemeinschaft”, el sueco “Hyresgästföreningen” o el argentino “Unión Argentina de Inquilinos-UAI”. En este contexto, nace aspirando a convertirse en un actor de negociación colectiva que permita canalizar las demandas y reivindicaciones de los residentes de la ciudad. Por ello, se crea la campaña “Ens Quedem” con el eslogan: “No queremos vivir en silencio, alzamos la voz y nos quedamos”. Esta campaña se enfoca a reducir el porcentaje de ingresos que las personas residentes en Barcelona destinan a la vivienda, entre un 47% y un 65%, mucho mayor que lo recomendado por las Naciones Unidas, y también en incrementar la duración de los contratos de alquiler, que estaban fijados en este periodo en 3 años.

La potencia transformadora del Sindicat de Llogaters reside en su capacidad de coordinarse con otros actores para penetrar en el debate público y conseguir sus objetivos

El objetivo final del sindicato sería superar el acceso injusto e ilegítimo a la vivienda, lo que está regulado con el Artículo 47 de la Constitución española, que asegura el derecho de toda la ciudadanía a tener una vivienda digna. Es decir, reivindicar la función social de la vivienda por encima de su valor económico. Una de las estrategias utilizadas es el trabajo en red y la cooperación con otros actores que comparten los mismos objetivos: tanto a nivel micro, promoviendo la asociación e implicación de los particulares y las familias dentro del sindicato; a nivel medio, a partir de acciones con organizaciones similares; y a un nivel macro, intentando influir en la administración pública con el fin de encontrar soluciones políticas para el problema social de la vivienda. Todo ello facilita la creación de un tejido social que favorece la cohesión entre iniciativas y programas que fomenta la creación de un espacio de bienestar común. Su capacidad transformadora reside en la capacidad de coordinarse con otros actores para penetrar en el debate público y conseguir sus objetivos. De hecho, se podría decir que el Sindicat no está desarrollando tanto una estrategia “bottom-up” sino una aproximación “bottom-linked” de contacto con la administración pública, principalmente, a nivel municipal, basada en la búsqueda de alianzas con otros grupos con el fin de solventar un problema global de la ciudad.

Un ejemplo de esta colaboración con actores es la formación en temas de vivienda y conocimiento de la LAU (Ley de Arrendamientos Urbanos), que se llevó a cabo con otros colectivos como: la Xarxa d’habitatge de l’Esquerra de l’Eixample, Col·lectiu Akelharre, Som Santa Eulàlia, Asociaciones de vecinos y vecinas de San Martí en Provençals, La Palmera, la Verneda, Via Trajana y La Pau, o la Associació de Veïns la Rambla de l’Eixample. Asimismo, junto con otras plataformas y movimientos no solo relacionados con el tema de la vivienda sino también con otras problemáticas de la ciudad de Barcelona (turistificación, precarización, etc.) se creó la plataforma “Barcelona no està en venda”, que busca la reapropiación de la ciudad y una mayor participación de la ciudadanía en la toma de decisiones relacionadas con el desarrollo de la ciudad.

Por lo que respecta a su estructura interna, el sindicato se basa en la autoorganización de los inquilinos que comparten una misma problemática. El hecho de que se constituya como sindicato se debe a su intención de permanecer en el tiempo como un actor colectivo que represente a todas las personas que viven de alquiler en Barcelona y no como una iniciativa que surge solamente como algo reactivo a la burbuja de los precios. Un pilar clave de la organización es la búsqueda de la participación democrática y horizontal de sus miembros, por ello, las decisiones se toman en asambleas periódicas. En ellas, se comparten experiencias y se decide de forma colectiva la estrategia a seguir. A partir de estas asambleas, se crean comisiones menores donde se trabajan de forma concreta los distintos asuntos de la organización: la historia del sindicato, organización y acción, servicios, comunicación y extensión territorial. Estas comisiones se reúnen semanalmente y en ellas se debaten las prioridades de cada momento para distribuir las tareas de mantenimiento del sindicato. Para participar, las personas afiliadas deben rellenar un formulario que está disponible en la página web. Además, las decisiones importantes se debaten en dos asambleas generales por año donde todos los afiliados tienen voz y voto.

Para concluir, ambos casos presentados son muestras del empoderamiento de la ciudadanía para poder participar en los procesos de tomas de decisiones urbanas de forma horizontal. Así, los movimientos sociales por el derecho a la vivienda, y a la ciudad, nacen en respuesta a un modelo urbanístico que prioriza la rentabilidad económica sobre las necesidades de la población. La organización popular emerge como una respuesta en forma de resistencia frente a las lógicas mercantilistas. Cristaliza en nodos que establecen la coordinación de la gobernanza, facilitando el diálogo entre el arriba y el abajo, y funcionando como nexos de unión entre ciudadanía y gobierno, resistencia y poder. Cumplen, por lo tanto, una función básica para cualquier sociedad que se considere democrática. Esto explica su legitimidad global, que se debe siempre tener muy en cuenta a la hora de valorar la legalidad de sus diferentes manifestaciones concretas, intentando evitar en todo caso la criminalización del que es en realidad una víctima.  

Autor >

Giovanni Patrocinio Guida Piqueras

Autor >

/ Carmen Capdevila Murillo

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí