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La nueva vida del Panteón de Hombres Ilustres, el ‘anti-Valle de los Caídos’

La ley de Memoria Democrática quiere recuperar este espacio olvidado, donde no hay enterrada una sola mujer, y convertirlo en un tributo a quienes han aportado al país desde ámbitos como la política, la ciencia o el deporte

Álvaro Caballero Cortina 23/09/2020

<p>Panteón de Hombres Ilustres.</p>

Panteón de Hombres Ilustres.

Emilio J. Rodríguez Posada (CC BY-SA 2.0)

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A pocos metros de la estación de Atocha, en pleno centro de Madrid, se levanta uno de los monumentos más desconocidos de la capital. Muy pocos se acercan al Panteón de Hombres Ilustres, construido para albergar a los españoles más notorios, al estilo de la Abadía de Westminster inglesa o el Panteón francés, pero que ha quedado oculto y obsoleto con el paso de los años. Ahora el Gobierno pretende transformarlo, incluir a mujeres ilustres y solucionar esta anomalía histórica.

El Panteón, llamado a ser un monumental homenaje a los próceres de la patria, parece sin embargo destinado a pasar desapercibido incluso cuando es el centro de la noticia. El 15 de septiembre, el Gobierno presentó el anteproyecto de ley de Memoria Democrática, con medidas que afectan directamente al espacio. Este se renombraría como Panteón de España para rendir tributo a los “hombres y mujeres” que han aportado al país desde distintos ámbitos, como la política, la ciencia o el deporte, según explicó en rueda de prensa la vicepresidenta primera, Carmen Calvo.

Esta transformación ha pillado por sorpresa incluso al vigilante de seguridad del Panteón, que recorre el monumento ocioso, echando un ojo a los pocos visitantes. “Pues gracias por decírmelo, no tenía ni idea”, responde al ser preguntado por su opinión acerca del cambio.

Por el momento, el Gobierno todavía no ha detallado en qué consistirá la transformación del recinto, si se traerán a personalidades ya fallecidas o si se preparará para acoger futuras inhumaciones. Calvo sí hizo referencia a la impulsora del voto femenino, Clara Campoamor, reivindicando su papel fundamental en la política española, pero sin especificar qué podría ocurrir con sus restos.

Por ahora el Panteón de Hombres Ilustres hace honor a su nombre. No hay una sola mujer enterrada en él y las únicas representaciones femeninas son figuras alegóricas que lloran desconsoladas ante las tumbas de los próceres. En el complejo yacen iconos de la Restauración borbónica como Sagasta o Cánovas del Castillo, políticos con trágicos finales como Eduardo Dato o Canalejas y otras personalidades más conocidas por su espacio en el callejero madrileño que por sus méritos, como Agustín de Argüelles o Antonio de Ríos Rosas.

Pocos más. En total son trece las personalidades enterradas. Todos ellos políticos y militares decimonónicos y de principios del XX. “No entiendo por qué solo hay políticos, como si no tuviéramos escritores o gente del cine importante. ¡Fernando Fernán Gómez, hombre!”. El encargado de la seguridad del sitio lamenta una exclusión que ahora el Gobierno pretende subsanar.

“¿Sabe dónde está la calle de Pérez Galdós, en Madrid? ¿La calle de Baroja, de Clarín? Hay un problema de memoria”, asegura José Luis Sancho, historiador e investigador de Patrimonio Nacional, institución de la que depende el monumento. Sancho cree que hay que situar el Panteón en su contexto, el de una “creación alfonsina”, de la época de la regente María Cristina, con origen militar y dedicado a aquellos caídos en acto de servicio.

Precisamente por sus características originales tampoco hay ninguna mujer enterrada aquí. “¿Es un panteón corto de vista en ese sentido? Sí, pero también lo es el callejero de Madrid”, continúa el historiador, que apoya la iniciativa de transformar el espacio, revitalizarlo y dar paso a la inhumación de mujeres ilustres.

Para Sancho, medidas como la reconversión del monumento y su cambio de denominación “llegan tarde, pero mejor tarde que nunca”. El momento de actuar, según el historiador,  fue la Transición, cuando “se podrían haber hecho las cosas mejor”.

El Panteón, víctima del olvido y atacado por el franquismo

“Es más espectacular de lo que pensábamos, pero muy vacío. Nosotras llevamos toda la vida viviendo en el barrio y nunca habíamos entrado”. Cristina y Nerea, madre e hija, son las dos únicas visitantes del templo neomedieval, declarado Monumento Nacional. Como ellas, muchos vecinos de los barrios cercanos pasan por delante del edificio sin reparar en él. “El espacio está desaprovechado, yo creo que se le podría dar más uso”, indica Cristina. Lo cierto es que el monumento, algo deslucido, parece estar esperando más tumbas de las que tiene, a pesar de que el último en ser enterrado allí fue Eduardo Dato, fallecido en 1921.

Franco, a pesar de ser militar, no quería seguir la tradición liberal decimonónica y por ello creó su propio panteón, el Valle de los Caídos

Pero ¿por qué un panteón destinado a acoger a las grandes glorias del país lleva un siglo sin recibir los restos de nadie? Para responder hay que remontarse a Franco. “El franquismo va contra el Panteón porque este es liberal, democrático. Sí, es de derechas, pero es un monumento parlamentario”, afirma Sancho. En los cuarenta años de dictadura el monumento se ignoró por completo.

“¿Dónde están Machado o Azaña? Los dos en Francia”, sigue el historiador. La guerra y el exilio también fueron una herida en la memoria democrática española, que no solo perdió a algunos de sus más grandes poetas y personajes ilustres, sino que además algunos de ellos ni siquiera están enterrados en un lugar conocido, como García Lorca.

El historiador cree que el franquismo, igual que los otros fascismos europeos, menospreció el siglo XIX. Franco, a pesar de ser militar, no quería seguir la tradición liberal decimonónica y por ello creó su propio panteón, el Valle de los Caídos, también en el punto de mira del Gobierno, que, después de la exhumación del dictador, pretende reconvertirlo en un cementerio civil. “En realidad el Panteón hay que entenderlo como un anti-Valle de los Caídos”, apunta Sancho.

Tras la Guerra Civil, el Panteón quedó abandonado y cerrado al público. Algunos de los restos más ilustres, como los de Juan Prim, el impulsor de la monarquía constitucional de los Saboya en España, fueron devueltos a su lugar de origen por petición de su familia y con el beneplácito franquista, que hizo todo lo posible por “descafeinar” el monumento.

La ofensiva de la dictadura contra el Panteón fue incluso arquitectónica. El proyecto de construcción original del arquitecto Fernando Arbós, de 1890, planteaba erigir una grandiosa basílica, con un campanario y un claustro, en el espacio del antiguo templo de Atocha, derribado por su mal estado de conservación en esos años. El claustro, donde se situó el Panteón más adelante, fue concluido en 1902, pero la basílica nunca se llegó a terminar por falta de fondos.

En la época de la dictadura, las autoridades franquistas no tenían ningún interés en seguir invirtiendo en esta basílica, la oficial para los monarcas desde la época de los Austrias. Dedicaron todos sus esfuerzos a la catedral de la Almudena y en Atocha se erigió un monumento menor, sin apenas valor artístico. Además, en los terrenos en los que se levantaría la gran basílica diseñada en época alfonsina se construyó un colegio religioso, que rompe con el conjunto artístico.

“Al edificar un colegio religioso, sin ningún valor arquitectónico, en el solar destinado a la basílica, quitaron al conjunto su entrada principal y mucha de su prestancia urbana”, comenta Sancho. De hecho, el claustro del Panteón, que estaba abierto hacia la glorieta de Atocha, ahora está tapiado en uno de los lados por esta escuela de los Dominicos.

El investigador de Patrimonio Nacional argumenta que el centro escolar concertado perjudica a unos edificios protegidos y declarados bien de interés cultural, como son el campanario de estilo italiano y el Panteón. Hay incluso un plan del arquitecto Álvaro Siza para transformar el eje Prado-Recoletos, que incluye el derribo del colegio y la creación de una plaza verde en el entorno.

El pariente pobre de los panteones europeos

A día de hoy son pocos los que visitan el Panteón de Hombres Ilustres. En 2019 llegaron a él poco menos de 34.000 personas, un número considerablemente bajo si lo comparamos con el millón y medio que accedieron al Palacio Real o incluso con las, alrededor de 470.000 personas, que visitaron el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, según datos de Patrimonio Nacional.

Entre los pocos que acuden al Panteón, algunos son familiares de los políticos enterrados, que siguen llevando flores a sus ilustres tatarabuelos. ¿Por qué tan pocos visitantes? José Luis Sancho da tres razones. La primera, el entorno urbano: “Hay que llegar hasta allí y sortear una plaza de Atocha bastante fea”.

Segundo, los personajes enterrados, apenas conocidos. “Otra cosa es que estuvieran allí Lorca, Unamuno, Baroja o Valle Inclán”. Muchas personalidades están enterradas en panteones locales, como el de sevillanos ilustres. La tercera razón es el nivel de interés por el arte de ese periodo, a pesar de su indudable calidad, con esculturas de artistas como Mariano Benlliure. “¿La gente tiene gran fervor por Benlliure?”, se pregunta Sancho.

En Westminster, por ejemplo, están enterrados científicos como Charles Darwin, músicos como Haendel y autores como Rudyard Kipling

Si la ley sale adelante y el Panteón de Hombres Ilustres se convierte en Panteón de España para ampliar el rango de personalidades homenajeadas, nuestro país seguiría la senda sus monumentos hermanos de Londres y París. En Westminster, por ejemplo, están enterrados científicos como Charles Darwin, músicos como Haendel y autores como Rudyard Kipling.

En el Panteón parisino, terminado en 1790 en plena Revolución Francesa, yacen filósofos como Voltaire o Rousseau y escritores como Victor Hugo y Alexandre Dumas. De hecho, la última en ser inhumada en el templo francés, en 2018, fue una mujer, la ministra Simone Veil, impulsora de la despenalización del aborto en Francia.

Unos panteones activos que contrastan con el desinterés vivido en España. “Aquí todo eso importa muy poco, la historia se esgrime de manera sectaria”, se lamenta Sancho. Mientras, el complejo de altísimos techos sigue en un segundo plano, ajeno a la polémica que se cierne sobre él. Entre las tétricas y grandiosas tumbas de Benlliure reina el silencio, apenas alterado por el sonido de los pasos de un vigilante de seguridad que recorre una y otra vez los mausoleos. Señala hacia una parte del suelo visiblemente diferente al resto: “Aquí estaba Prim”. Ahora estos espacios vacíos podrán acoger a nuevas personalidades. Tal vez también a mujeres ilustres.

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Álvaro Caballero Cortina

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