1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

PUERTAS DE ENTRADA (IV)

Kenzaburo Oé: “El grito silencioso” y “Cartas a los años de nostalgia”

La lectura de estas dos novelas revela una concepción circular del entendimiento, el recuerdo y la interpretación

Gonzalo Torné 15/08/2020

<p>Kenzaburo Oé, durante una conferencia en el Instituto Japonés de Colonia (Alemania).</p>

Kenzaburo Oé, durante una conferencia en el Instituto Japonés de Colonia (Alemania).

Hpschaefer

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Si bien casi todo el mundo sabe que Kenzaburo Oé es japonés (un dato infalible en las reseñas dedicadas a sus libros), quizás menos lectores estén al corriente de que bajo el mismo nombre escriben dos novelistas distintos. No me refiero a que Oé alterne dos estilos o dos tonos. El efectismo (asumido) de la frase contiene una clave de su escritura: el Oé posterior a la concesión del premio Nobel ha escrito variaciones sobre los temas abiertos por sus novelas anteriores –de las que no se esperaban “ampliaciones”–, muchas veces para alterar, desmentir o completar el sentido del libro precedente. 

La primera parte de la carrera de Oé es memorable, pero es en la segunda donde ha emprendido la aventura narrativas más fascinantes del presente

En el caso de Oé, el premio Nobel (1994) sirvió sin duda para que disfrutase de ventas y aplausos (y entrevistas, actos sociales, homenajes políticos e invitaciones para cursos), pero, al tratarse de un autor al que le quedaban varias décadas de esfuerzos y publicaciones, el aura de broche para una carrera ya jugada que suele tener el premio quizás haya cortado el diálogo crítico con la obra posterior, resuelta con elogios rutinarios y de cortesía: una suerte de embalsamamiento en vida. 

La primera parte de su carrera ya es memorable, pero es en la segunda donde ha emprendido Oé una de las aventuras narrativas más fascinantes y arriesgadas (y juro que no es una inercia retórica) del presente, si bien es probable que sea a su vez una de las que ha pasado más desapercibidas por un grueso de lectores que suelen darlo por leído al acabar Una cuestión personal (1964), probablemente la mejor novela existencialista jamás escrita, pero que no condensa la amplitud de los poderes literarios de Oé.

Atraído desde sus primeros libros (con el ánimo de reprobarla) por una representación hiperrealista de la violencia y de las emociones asociadas a ella, la narrativa de Oé fue alterada por un acontecimiento biográfico: el nacimiento de su primer hijo, un varón aquejado de una discapacidad mental. Oé traslada entonces el marco que la historia reciente de Japón ofrecía a sus temas (la ya mencionada violencia, pero también las relaciones entre viejos y jóvenes, y un tratamiento grotesco y liberador de la sexualidad) a su nuevo paisaje personal, pero lo hace sin encapsular sus libros en lo biográfico ni reducirlos a los biográfico; al contrario: la creciente profundidad y sutileza de Oé se deba a las modulaciones con las que su imaginación somete a la experiencia.

Quizás la novela más lograda de este periodo, y la “puerta de entrada” ideal a la novelística de Oé, sea El grito silencioso (1967). La crudeza del existencialismo, las tensiones entre jóvenes y mayores, la proyección del pasado sobre el presente, el hijo deficiente... todo cuaja en un libro intenso y oscurísimo. Pero solo me atrevo a recomendar esta novela como entrada si el lector adquiere el compromiso de leer inmediatamente a continuación la primera de las grandes novelas de su segundo periodo: Cartas a los años de nostalgia (1997), que retoma treinta años después los asuntos de El grito silencioso para ampliarlos, desmentirlos y reformularlos hasta constituir, quizás no una única novela, pero sí un díptico donde las dos piezas se enriquecen mutuamente, y que permite acceder a los propósitos y al alcance del segundo Oé. 

Las décadas que separan ambas novelas se reflejan en la diferencia de tono: El grito silencioso es una novela oscura, casi claustrofóbica, dominada por una bruma alcohólica que parece obsesionada (casi comprometida) por expresar los aspectos más desoladores de la naturaleza humana; Cartas a los años de nostalgia es una novela luminosa (sin renunciar a lo cómico-escabroso y mucho menos al alcohol), plagada de serenos pasajes descriptivos y que explora la supervivencia de la amistad. Pero lo cierto es que tampoco los temas coinciden: El grito silencioso examina la obsesión de un muchacho por superar (y ridiculizar) a su hermano mayor, mientras unos jóvenes desesperados tratan de reproducir en su valle natal una casi olvidada revuelta política que terminó en un baño de sangre; Cartas a los años de nostalgia explora (aunque “acompaña” sería un verbo más adecuado) las transformaciones del vínculo entre maestro y discípulo, y de cómo el cuerpo se aclimata al misterio infalible de la declinación del cuerpo. 

La ventaja de entrar por El grito silencioso y Cartas a los años de nostalgia es que se disfruta del libro más logrado del primer tramo de su carrera, al tiempo que se familiariza con las novelas posteriores

El vínculo más inmediato es que ambas historias transcurren en el mismo valle. Y como si se tratase de uno de esos juegos un tanto inocuos a los que nos tiene acostumbrados la “autoficción”, también reconocemos en el narrador de la segunda novela al autor de la primera. Pero aquí no se trata de reafirmar la autoría, ni de comentar las condiciones de escritura, ni siquiera de pasar revista a la obra precedente (a la manera de un Mann o de un Marías), sino de socavar el mundo de El grito silencioso, señalando lo que era exagerado, apuntalando lo que sí era “verdad”, incidiendo en cómo los elementos reales (la admiración del autor por su maestro) fueron transformados por la imaginación en otra clase de relación más oscura (los celos destructivos hacia un hermano mayor), más efectista literariamente. Es a partir de este ajuste de cuentas entre la experiencia y la imaginación como se va elaborando una nueva novela, supuestamente más “real”, pero que página a página se adentra en nuevos episodios ficticios, en atmósferas imaginarias que amplían El grito silencioso del mismo modo que El grito silencioso ampliaba los relatos y las vivencias de las que partía. 

Para no andarnos por las ramas: a lo que apunta esta relectura interna no es tanto a un juego metaficcional como a una concepción circular del entendimiento, el recuerdo y la interpretación. Volvemos (nosotros y los personajes) una y otra vez a las mismas historias, a las mismas conversaciones, parajes y maestros, no tanto para afianzarlos como para volver a discutir con ellos y alterarlos según las nuevas necesidades del ánimo, los aprendizajes de la experiencia, y la disposición de la inteligencia. Algo que ya estaba implícito en la narración de El grito silencioso, donde el hermano menor trata de reproducir con más agresividad los pasos del mayor, y donde su joven cuadrilla trata de devolver al presente esa vieja revuelta. Oé sugiere que en un valle insular (en cualquier emplazamiento más o menos cerrado) siempre se experimentan variaciones de conflictos y emociones parecidos, que las generaciones avanzan en espiral, o como se afirma en Cartas a los años de nostalgia: “Todo parece un juego sereno y serio dentro del círculo del tiempo”. Las dos novelas son independientes, pero se retroalimentan y se mejoran: Cartas a los años de nostalgia amplía el campo de resonancia de El grito silencioso, y la primera le proporciona un trasfondo (narrativo y mítico) que convierte la segunda en una obra maestra.

La ventaja de entrar en la obra de Oé por el díptico que forman El grito silencioso y Cartas a los años de nostalgia es que el lector disfruta del libro más logrado del primer tramo de su carrera, al tiempo que se familiariza con el principio operativo que articula las novelas posteriores (M/T, Renacimiento, La bella Annabel Lee, Muerte por agua, ¡Adiós, libros míos!), que, sin llegar a constituir una serie, forman una secuencia fascinante todavía en marcha. Aunque todas son distintas, reconocemos tres rasgos recurrentes. Uno: en la mayoría aparece un personaje que se confunde con el novelista (con el tiempo terminará llamándose Kogito); Oé emplea este recurso no para hablar de él y sus vivencias sino como punto de partida para aventuras imaginativas que pueden llevarle muy lejos (a participar en un comando de jubilados para atentar en el metro de Tokio, por ejemplo). Dos: el tema principal de la novela se despliega en contraste con una obra poética importante de la tradición occidental (Dante, Blake, Eliot o Cervantes) que Oé lee de una manera algo desplazada, siempre original, impregnada de las vivencias y problemas del personaje, alejada de fosilizaciones populares y eruditas. Tres: las novelas se inclinan a reflejar roces generacionales: el de Kogito con su madre o su hijo discapacitado, pero también la de chicos y chicas jóvenes, a veces jovencísimos, que se acercan al escritor para afirmarse, aprovecharse de él, ofenderle, tratar de hundirle o insuflarle ánimos y reactivar su obra. 

Como sucedía en El grito silencioso, la actitud del hombre mayor hacia los jóvenes es pasiva. El contraste entre las expectativas que levanta la posición pública de Kogito y su actitud parsimoniosa, la tensión de ver hasta dónde se permitirá que avance el atrevimiento de los jóvenes y cómo y cuándo reaccionará el hombre mayor constituye un sencillo y reiterado esquema que ha ganado en intensidad a medida que Oé (y Kogito) se ha ido convirtiendo en el casi octogenario que presiente la cercanía de la muerte. Las últimas novelas de Oé, más descuidadas en la forma, incluso distraídas, vibran en la onda del célebre verso de Eliot, uno de los poetas que más le intrigan: “Los viejos son unos exploradores”.

Sabemos que la Historia se escribe combinando relatos, pero lo que Oé parece sugerir es que cada conciencia escribe su historia y la de su entorno superponiendo distintas versiones de las experiencias

Esta “segunda época” de Oé destaca también por la reconstrucción de los mitos (una serie de relatos muy locales, enraizados al paisaje) de su valle natal. Pero la perspectiva no es aquí solo nostálgica. Oé simula los intereses del antropólogo y del historiador: vincula las leyendas con auténticas transformaciones históricas, con el juego vivo de los intereses propios. Pero el juego no se agota en este “objetivismo científico” medio burlón, Oé recrea los recuerdos, los paisajes y los personajes claves del valle valiéndose de las prerrogativas de la ficción: siempre podemos añadir una capa más, otra nota de imaginación, las cosas no se “cuentan” ni se “describen” de una vez para siempre. Oé modifica los relatos y su entorno de libro a libro, los altera imperceptiblemente, los recoloca, los relaciona con otras escenas, los matiza: constituyendo así una constelación de escenas recurrentes que avanza repitiéndose y alterándose de un libro a otro. Un ejemplo: Oé ha contado por lo menos en cuatro ocasiones cómo estuvo a punto de ahogarse con la cabeza clavada entre dos rocas lacustres; el lector siempre se asombra del efecto combinado de la asfixia y la belleza de los peces que nadan iluminados por el sol, pero los detalles y el significado de la escena se altera de una novela a otra. 

Sabemos que la Historia se escribe combinando (y a veces suprimiendo) relatos contrapuestos, pero lo que Oé parece sugerir es que cada conciencia (la escotilla particular desde la que nos asomamos tanto a nuestros valles particulares como a la historia general) escribe su historia y la de su entorno superponiendo distintas versiones de las mismas experiencias, alteradas por la ausencia de los antepasados muertos, por la presencia de nuevas relaciones, por las entradas y salidas de ideas y deseos, por la alteración de los estados emocionales dominantes. Cada vez que desplegamos un recuerdo fluyen sus viejas versiones, que sobreviven alteradas de un lustro a otro, de una novela a otra. Y a medida que Kogito y Oé van envejeciéndose y quedándose solos, la melancolía vuelve a reintroducirse en estas novelas (donde se bebe tanto y se registran tantas voces), pero ya no como un barniz barato para realzar la propia vida, sino como el cumplimiento de la promesa que el narrador Oé le hace a su maestro Gii al final de Cartas a los años de nostalgia: “El tiempo pasa como si describiera un círculo, y tú y yo, Gii, volvemos a tumbarnos en la pradera. Todo parece un juego sereno y serio dentro del círculo del tiempo. Gii, escribo una carta tras otra dirigida a nosotros, a los que vivimos en ese círculo eterno del tiempo, dentro de los años de nostalgia. Mi tarea en el mundo real en el que vivo, y donde tu ya no estás, consistirá en seguir escribiéndolas hasta el final de mis días”.

Ahora comprendemos que ese tiempo circular es también y sobre todo el de la mente y sus figuraciones, y que el proyecto literario de Oé nos permite acceder a algo que difícilmente se puede expresar en una sola novela: ver cómo giran durante toda una vida los misteriosos círculos de la interpretación.

Si bien casi todo el mundo sabe que Kenzaburo Oé es japonés (un dato infalible en las reseñas dedicadas a sus libros), quizás menos lectores estén al corriente de que bajo el mismo nombre escriben dos novelistas distintos. No me refiero a que Oé alterne dos estilos o dos tonos. El efectismo (asumido) de la frase...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Gonzalo Torné

Es escritor. Ha publicado las novelas "Hilos de sangre" (2010); "Divorcio en el aire" (2013); "Años felices" (2017) y "El corazón de la fiesta" (2020).

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí