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Decamerón LVIII

Jornada R2D2: pandemia y autoritarismo. Noticia de Cat y, me temo, de más sitios

La enfermedad impide ver un proceso autoritario, discontinuo, efectivo, iniciado hace ocho años, intensificado ahora

Guillem Martínez 14/07/2020

<p>El Mediterráneo cat, visto de frente.</p>

El Mediterráneo cat, visto de frente.

G. M.

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1- En las últimas horas se han producido restricciones de derechos y erosiones democráticas variadas. El grueso de todo ello, con la covid como fondo. Lo que hace inquietante al conjunto. Resulta más inquietante si pensamos que el fenómeno afecta a distintas y distantes instituciones –no tiene foco, de lo que se deduce que es la época–, y que no parece llamar la atención de la clase política, ni del grueso de los juristas, ni de la sociedad. Y resulta aún más inquietante si pensamos que esto –la covid– ha llegado para quedarse –“No habrá vuelta a la normalidad en un futuro previsible”, dijo ayer el director general de la OMS–, y que su fase yuyu puede alargarse hasta una cura o una vacuna –me dice, piticlín-piticlín, Casandra, que “cuando llegue la vacuna, si llega, habrá que valorar su eficacia, si es para todos los grupos, y si es asequible”; en el próximo articulete les paso otro punto de vista, más optimista–. En la RFA se calcula una tasa de mortalidad del virus del 1%. Es decir, que llegar a la inmunidad de rebaño supondría alrededor de 830.000 muertes y, tal vez, el colapso sanitario. Es decir, más muertes. Los anticuerpos, especulan en Alemania, pueden durar una media de un mes. Esto va para largo, vamos. La buena noticia es que, como dicen en la escena final de Las uvas de la ira, saldremos adelante, porque somos la sal de la Tierra. La mala es que ese ínterin puede suponer un tiempo suficiente, visto el déficit de cultura democrática local, para un cambio de época. Para una verticalización y giro autoritario del sistema, para el que este país está equipado de serie desde la reforma consti exprés –esa cosa que acaba con el Bienestar, la forma de la democracia en Europa–, la ley mordaza –esa cosa posiblemente inconstitucional, que esa es otra, y que limita seriamente la libertad de expresión y de protesta–, y la intensificación de la selección negativa de líderes, ese acceso de psicópatas a la élite, que suele producirse en crisis políticas largas y absurdas, me temo. Bueno. Vamos que nos vamos. Repaso a los abusos autoritarios de las últimas horas.

2- Antes de empezar con lo de Lleida, les explico cómo empezó lo de Lleida. Que la cosa ya tiene descripción. E interés, porque puede ser extrapolable a otros puntos del Estado en el futuro próximo. Al fin y al cabo, por aquí sólo hay una cultura política. No muy épica. Y lo que está pasando en Cat son decisiones políticas a partir de esa cultura.

Contrariamente a lo afirmado por la Gene, la trazabilidad en Lleida/Cat la realiza una ONG denominada Ferrovial

3- Ha fallado la falta de medios de atención primaria y de salud pública –es decir, la austeridad–, los sistemas de rastreo –posiblemente por incompetencia y/o corrupción de baja intensidad y legal–, la ausencia de información –ese derecho, más en pandemia–, y el uso de la mentira gubernamental, ese recurso mundial, que en Cat ha alcanzado la categoría de una de las bellas artes.

4- Contrariamente a lo afirmado por la Gene, la trazabilidad en Lleida/Cat la realiza una ONG denominada Ferrovial. Eso es una opción política. Otras CC.AA. optaron por incorporar personal de rastreo a su plantilla. En Cat, la Dinamarca del Sur, se optó por criterios más de vikingo, esos genios de la extracción, a través de la empresa del hermano de Junqueras. Ferrovial –si bien la Gene decía que no hasta hace cinco días– se ha erigido en el call-center encargado de perseguir la trazabilidad. Allí trabajan de 120 a 180 personas, según quien te lo explica, en turnos de 40 –Magda Campins, jefa de Epidemiología del Vall d’Hebrón, calcula en 2.000 las personas necesarias para el rastreo; también calcula que, desde un punto de vista de vigilancia epidemiológica, Cat no está preparada para una segunda ola–. Este centenar y pico de personas tienen la función de llamar al entorno de cada afectado, seguirlo, investigar el contagio. El fallo es que no les llegan muchos listados de personas. Se los tendrían que pasar los CAPs –colapsados y que ya tienen suficiente con lo suyo; aún así, y visto lo visto, muchos médicos de familia se encargan, a falta de alguien o de algo, de realizar funciones de trazabilidad o de información, vía teléfono y sentido de la responsabilidad; muchos infectados también se erigen en call-center y llaman a su entorno–. El resultado es que no hay trazabilidad posible. Ni, todo apunta a ello, la habrá. Casandra –piticlín-piticlín– me explica que eso es un marrón. O, como ha dicho el director ejecutivo de la OMS, que “un fuego pequeño es difícil de ver, pero fácil de apagar, mientras que un gran incendio es fácil de ver, pero difícil de apagar”.

5- Casandra –vale su peso, escaso, en azafrán– ha invertido un tiempo llamativo en ir juntando la información fraccionada e ilógica de los Excel de la Gene. Sin muchos detalles más, le salen 1.163 casos en el Segrià en el día de ayer. “Desde el 29J. A mediados de junio empiezan a proliferar los casos, que adquieren velocidad de crucero en julio”. Como se desprende del esfuerzo de Casandra, la información, ese derecho, es oscura. Vete a saber, visto lo visto, cuál es la población infectada en L’Hospitalet, segunda ciudad de Cat, separada de BCN por una acera, cuyo Ajuntament se enteró del brote por la prensa, y no por la Gene que o no lo sabía o no llamó. Sobre los brotes en BCN, en lo que es otra metáfora, el Ajuntament también carece de información de la Gene. “Lo del área de BCN es un volcán. Es el volcán”, me dice Casandra, que me comenta que los datos de MAD tampoco son fiables. Se habla, extraoficialmente, de unos 1.000 infectados en MAD la semana pasada. Pero considera que la información oficial cat es más endeble, incluso, que la de los trileros MAD. La razón: “MAD la recopila bajo el paraguas de la Dirección de Sanidad Pública, mientras que en Cat la hace Protección Civil. Es decir, Interior. No alude, por tanto, a un problema sanitario, o mejor, de salud y sanidad pública, sino de Interior. De orden. Político. Eso es algo propio de la extrema derecha universal: Trump, Johnson, Bolsonaro”. Dime algo bonito, Casandra. “Dos cosas: a) los unicornios y b) el nuevo director de la Unitat de Seguiment covid-19, Jacobo Mendioroz. No cubre la plaza de secretari de Salut Pública, que queda vacante desde mayo, que se dice rápido, pero es un hombre serio y capaz. Mola. A ver”. Oye, dime alguna CC.AA. que lo esté haciendo bien a tutiplén. “Asturias”. Pero en Asturias, oh Casandra, casi no hay infectados. “¿Y por qué te crees, oh, Guillem, que casi no hay afectados?”.

6- El otro punto conflictivo, que aumenta el nivelón en Lleida, son los temporeros. Unos 30.000. O no. Que nadie lo sabe. La Gene achaca a ese colectivo la singularidad de la crisis, y se desentiende. Pero en pandemia se han realizado otras recolecciones –como la fresa, en Huelva– sin grandes problemas. Conocidos. El problema, en efecto, es que dejar de trabajar, en caso de infección, supone una pérdida dramática para el recolector y para el pagès. CC.OO. pidió hace meses a la Gene encontrar una solución que satisficiera –es decir, que compensara económicamente– a esos dos colectivos, grandes consumidores de calderilla. No hubo respuesta de la Gene, señala el sindicato. Tampoco hubo respuesta a las denuncias concretas de CC.OO., para que se enviaran inspectores de trabajo a focos insalubres de ídem. En defensa de la Gene, se debe señalar que, existiendo el Monestir de Montserrat, y habiéndole otorgado donaciones oficiales por más de 2 millones de euros, ¿quién iba a suponer el ensañamiento del virus en esa tierra pía? Por lo que no piaron.

La obligatoriedad de la mascarilla y el uso mamporrero de la multa es el sello de un gobierno que, sanitariamente, no se encuentra el culo con ambas manos

7- La primera medida tomada –y aquí ya empezamos a hablar de autoritarismo; o seguimos hablando de él– ha sido el uso obligatorio de mascarilla. Algo, hasta cierto punto, anecdótico. La mascarilla está contrastada en transporte público y en momentos en los que la distancia social no es posible. Sí, llevarla todo el día, o ir vestido de astronauta, puede ser positivo. Pero no es democrático. Supone una arbitrariedad –¿por qué no llevar también la ropa interior por fuera, para controlar su lavado?–, un abuso económico –no todas las familias pueden hacer esa inversión–, y un autoritarismo –esa medida, visible, espectacular, suple la toma de medidas razonables, discretas, científicas, que no se han tomado; demuestra que hay un Gobierno fuerte; o, al menos, que puede tocarte los XXXXXX fuertemente–. Las formas de llevar a cabo esa medida legal son también sintomáticas de autoritarismo: no se ha hecho a través de ninguna ley. Es una resolución, esa tradición cat. Acompañada, zas, por una norma sancionadora –multas, vamos– sin ley alguna. Es decir, por la cara. Como en el Lejano Oeste. Es decir, el Este próximo: Hungría.

8- La cosa se complica si pensamos que la obligatoriedad de la mascarilla y el uso mamporrero de la multa es el sello de un gobierno que, sanitariamente, no se encuentra el culo con ambas manos, que confunde liderazgo con su contrario, la autoridad arbitraria, y que carece de una idea democrática diáfana. Si eso es así, disponemos de gobiernos parecidos en la plaza. Ese es el caso de Balears –la buena noticia es que quieren hacerlo vía ley, lo que puede paliar, o no, el abuso gubernamental–, y Extremadura –con multas de 6.000€, que situarían a esa comunidad autónoma, por fin, en la carrera espacial–. También, Andalucía y Aragón (con, parece, 100 euros de multa). Además, glups, lo valoran Navarra y La Rioja. Lo que dibuja una cultura autoritaria en modo work in progress en amplias zonas del Estado. Si la mascarilla 24 sur 24 es el sello de la inoperancia e irresponsabilidad gubernamental, y de sus ansias de autoridad, será un fenómeno en alza. Como en su día las rotondas. Ya veremos.

9- El Festival-fin-de-fiesta de autoritarismo en Cat se dio cuando la Gene, incapaz de todo control, incapaz de sus responsabilidades sanitarias, anunció el confinamiento de Lleida. Sin duda, a estas alturas, un recurso necesario. Pero es importante saber cómo lo hizo. La Gene entregó a un juzgado la solicitud de un mandato para confinamiento. Esos mandatos se han dado en Euskadi, Galicia y Cat. Lo único que sabemos es que esa solicitud, en la que se pedía la suspensión de un derecho fundamental –el de circulación– carecía de cultura de los derechos –no se especificaba duración; un juez no puede aprobar eso; salvo en el Mississippi de los 60–, y que, todo apunta a ello, no se adjuntaba información –igual, ni disponen de ella– para ponderar la gravedad de la situación. El Govern reaccionó de manera airada a la negativa de la jueza. Reunió a sus asesores legales –son lo más; en Cat, desde Pujol, hay, y luego se supo por qué, un sumo apego a las formas informales en materia de derecho–, y se optó por elaborar un decreto. Amparado, por lo que veo, en una antigua figura del Dret Català, denominada Pels Meus Collons. Vamos, que la Gene carece de competencias para tocar un pelo a un derecho fundamental. Posee, no obstante, todas las competencias sanitarias intactas, cuya gestión ha conducido a este caos. Cabe, no obstante, la posibilidad de que todo esto sea una decisión política. No se lo pierdan.

10- A finales de mes se constituye el partido de Puigde. Se llamará JxC. Será sumamente vertical, al punto de pelarse al PDeCAT. La función del partido será ganar elecciones y ocupar instituciones y sueldos durante lo que se ha llamado “el mientras tanto”, el tiempo que separa el hoy del día en el que Cat sea un Estado reconocido por la Federación Interestelar, momento en el que dotará a su ciudadanos de derechos by a tube. El “mientras tanto” es la autonomía de toda la vida. Como siempre. La idea inicial era convocar esas elecciones ahora, de manera que se realizaran en septiembre, después de la vista de Torra en el TS. Con TV3, Twitter y los púlpitos airados. El procesismo sabe manejar la indignación, la materia prima de la extrema derecha en Europa, USA y Turquía. Pero hay pegas. En breve se celebra el juicio a Laura Borràs, acusada de meter la mano en la caja. Resultará poco edificante. Puede resultar poco edificante también la gestión del virus, que está suponiendo, por primera vez, y a pesar de la propaganda vertida en medios, manifestaciones de personas del entorno procesista que piden la dimisión de Torra. Es posible que la Gene busque estos días una intervención del Gobierno, algo que se pueda vender como un 155, para canalizar la indignación hacia el lado correcto. La bandera, no los derechos, bastante pisoteados en esta crisis. Al menos, eso es lo que ha intentado, el único orden de su caos.

11- El Gobierno, en esta edición, ha sido astuto. La delegada del Gobierno en Cat ha emitido mensajes de confianza en la Gene, valorando positivamente sus desvelos sanitarios y ofreciendo ayuda. Está a dos tuits de afirmar su alegría y confianza en que hoy Torra se haya vestido solito. La Fiscalía no ha saltado al cuello por el decreto de la Gene, que la Gene se ha envainado por miedo al ridículo. A su vez, el Ministerio de Justicia ha anunciado la elaboración rapidita de una ley que posibilite a las CC.AA. –este es el problema, me temo; y su solución– proclamar confinamientos, a pesar de su incompetencia –me refiero a su incompetencia política y sanitaria– sin que eso cruja mucho los derechos. Que ya veremos. Carmen Calvo ha recomendado al Govern que recurra la petición del mandato judicial. Traducción: que recurra aduciendo información y duración, y escribiendo el verbo haber con h.

12- Nos la jugamos. Lo que ha pasado en Cat –austeridad, incompetencia, selección negativa, autoritarismo– pasará, o pasa, en otras CC.AA. Es lo que hay, me temo.

13- Ejemplos de cultura autoritaria, vía gota malaya. Llamativa y por encima de nuestras posibilidades. Este finde, en Euskadi y Galicia, se ha negado el voto a infectados. El razonamiento parte de la ‘nueva normalidad’. Estando en cuarentena, no pueden salir de casa. Llamo al catedrático de derecho procesal Jordi Nieva. “Claro que no pueden salir de casa. Pero la Administración, en este caso la autonomía, debe ofrecer un mecanismo sustitutorio, que garantice el derecho fundamental del voto. Me preocupa que esto no le importe al Estado o a la ciudadanía”.

14- La enfermedad –que ha demostrado que tenemos un derecho a la sanidad discontinuo, poco certero en ocasiones, sometido al político– está arrasando otros derechos. La enfermedad impide ver un proceso autoritario, discontinuo, efectivo, iniciado hace ocho años, intensificado ahora.

15- Me llama Casandra. “Transmisión comunitaria en l’Hospitalet”. ¿Y eso que es? “Caos. Desorden. Puede ser que se desconozca el origen del brote, lo que sería terrible. Es una pérdida de control sobre el virus, a no ser que se apliquen medidas drásticas: confinamiento o controladores”.

16- Si aman a los animalitos, voten neolib, lo mejor para el virus, lo peor para los derechos.

Autor >

Guillem Martínez

Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de 'Caja de brujas', de la misma colección.

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