1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

César Cuauhtémoc García Hernández / Jurista y profesor de la Universidad de Denver

“La población inmigrante presa más grande de la historia se alcanza con Obama y sigue con Trump”

Álvaro Guzmán Bastida Nueva York , 22/05/2020

<p>César Cuauhtémoc García Hernández.</p>

César Cuauhtémoc García Hernández.

Héctor Muniente

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Cada año, Estados Unidos encarcela a medio millón de inmigrantes. El país del islote de Ellis Island y la Estatua de la Libertad, cuya imagen de sí mismo está forjada en torno a la acogida de los foráneos, ha construido en los últimos cuarenta años el mayor sistema de detención de inmigrantes de la historia de la humanidad. Se trata, además, de un gran negocio. La boyante industria de las cárceles privadas, cada vez más dependiente del sector migratorio, dedica más de tres mil millones de dólares del contribuyente a privar de libertad a quienes esperan resoluciones judiciales sobre su deportación. En su gran mayoría, no han cometido otro delito que permanecer en Estados Unidos sin permiso. Es una realidad que el jurista César Cuauhtémoc García Hernández, profesor de la Universidad de Denver, estudia en su libro Migrating to Prison: America’s Obsession With Locking Up Immigrants (The New Press). García Hernández, autor del blog Crimmigration, atendió a las preguntas de CTXT en una cafetería del Noreste de Nueva York, donde había acudido a dar una charla poco antes de la explosión de la crisis de la covid-19 y el confinamiento de la ciudad. Repasa los orígenes del sistema carcelario de inmigrantes, su construcción institucional y su desarrollo como negocio, así como la entonces incipiente pandemia puede tener consecuencias devastadoras para los detenidos.

En su libro aborda la cuestión recurrente de si Estados Unidos es o no “un país de inmigrantes”. Se trata de una frase que se utiliza con frecuencia como eslogan tanto por la izquierda como por la derecha estadounidense. ¿Es Estados Unidos un país de inmigrantes? ¿Qué dice su investigación al respecto?

Desde luego. Es un país en cuya historia la inmigración ha sido un componente crítico de todos los principales episodios, para bien o para mal. Pero decir que es un país de inmigrantes no implica que siempre haya recibido bien a los inmigrantes. Al contrario. Igual que existe una larga tradición de inmigrantes que han hecho de los Estados Unidos su hogar, hay otra de gente que ya está aquí y se empeña en impedírselo. Y Ellis Island es el mejor ejemplo de esto, simbólicamente, pero también en la práctica. Es el lugar que la gente tiene como referencia como primer punto de llegada para varias generaciones de recién llegados a este país, en especial desde Europa. Y es cierto que lo fue, pero también fue una cárcel para inmigrantes durante décadas, a principios del siglo XX. Era un lugar que Ellen Knauff, que estuvo presa allí, describió como “una perrera con torres de vigilancia”. De manera que Ellis Island ilustra las dos vertientes de la inmigración en Estados Unidos.

Las mismas leyes de 1986, 1988 y 1990 que desarrollaron la respuesta carcelaria a la guerra contra las drogas trajeron consigo el sistema de prisiones de inmigrantes que tenemos hoy en día

A menudo el discurso dominante sobre inmigración se centra en la cuestión de la legalidad. Se dice: “El problema no es que vengan, sino que lo hagan ilegalmente”. Y en Estados Unidos se suele invocar precisamente Ellis Island como ejemplo. Es habitual escuchar: “Mis antepasados vinieron aquí legalmente a través de Ellis Island. Los que vienen ahora de México o Guatemala tienen que hacer cola”. ¿Cuánto hay de verdad en esas aseveraciones? ¿Y cómo casan con el hecho de que Ellis Island fuera, también, una prisión?

Los relatos familiares tienen mucho de mistificación. Cuando la gente me cuenta ese tipo de historias, me doy cuenta de que, a la luz de las restricciones sobre inmigración y cómo han evolucionado a lo largo de los últimos ciento cincuenta años, en la mayoría de casos esos familiares violaron la ley para venir a Estados Unidos. Los tendrían que haber procesado, o les tendrían que haber impedido el acceso. Puede que mintieran, o que el oficial de inmigración no hiciera las preguntas pertinentes. Había un sinfín de reglas sobre problemas oculares, problemas en los pies, enfermedades contagiosas o pobreza…. Incluso sobre los planes que uno tuviera para trabajar. Hubo un periodo a finales del siglo XIX y principios del XX en el que iba contra la ley venir al país con un contrato de trabajo. Si lo conseguías, una vez aquí no había problema, pero que tus hermanos, tío o quien fuera te consiguieran el trabajo mientras estabas en Italia o Polonia, eso era ilegal. Por muy humano que sea romantizar sobre nuestras vidas y las de nuestras familias, esos relatos no suelen corresponderse con la realidad.

Y usted reitera en su libro el argumento de que los inmigrantes son gente común y corriente, por mucho que se espere de ellos que se comporten como héroes. Hablemos sobre cómo el sistema que ha descrito, el de Ellis Island, se desmontó por medio de una serie de decisiones políticas y sentencias judiciales en los años cincuenta. ¿Qué factores contribuyeron a su desmantelamiento?

En 1954, el gobierno de Eisenhower decide cerrar Ellis Island y una serie de centros similares en ambas costas del país. Esto sucede poco después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Europa estaba en plena reconstrucción, en el sentido más literal de la palabra, y con el ascenso de la Unión Soviética y la Guerra Fría. La política exterior de Eisenhower se basaba en estrechar alianzas en Europa. ¿Y cómo se atrae a los aliados?  Siendo amable con sus ciudadanos y con los inmigrantes de esos países que ya están en Estados Unidos. Y eso significaba poner en libertad a quienes estaban en Ellis Island. El último detenido en salir de allí, en noviembre de 1954, fue Arne Peterson, un marinero que había ignorado el final de su permiso para bajar a tierra. Ese modus operandi –permanecer en el país demasiado tiempo teniendo permiso para estar en él legalmente de manera temporal– era una violación muy común de la ley migratoria entonces, igual que ahora. Pero lo interesante es que el Estado sabía que había violado la ley migratoria y sabía también dónde estaba. Lo tenía bajo custodia en Ellis Island y aún así, lo metieron en un ferri camino del Sur de Manhattan y lo soltaron allí. El Estado no volvió a saber de él. Todo esto sucedió en plena Guerra Fría, cuando había tanques y sangre en lugares como Corea y los altos poderes del Estado percibían una gran amenaza comunista. El contraste con nuestro tiempo, cuando se demoniza a los inmigrantes en una situación bien diferente, no puede ser mayor.

Como es obvio, la historia no termina ahí. ¿Cómo se pasa del desmantelamiento de Ellis Island al sistema imperante en Estados Unidos, que describe como el sistema de detención de inmigrantes más grande del mundo?

El punto de inflexión se da con la vuelta del racismo como elemento determinante del derecho migratorio, que ya lo había sido en el siglo XIX. Esta vez lo que sucede es que el rostro de la inmigración empieza, literalmente, a cambiar después de una serie de reformas en 1955 y 1976. Empiezan a llegar muchos más inmigrantes de Asia. Históricamente, habían estado excluidos, vetados de Estados Unidos durante décadas. Al mismo tiempo, los inmigrantes de México pedían permiso para entrar en Estados Unidos. Su autorización legal se evaporó de la noche al día al ponérsele fin al Programa Bracero en 1964. Siguieron viniendo, pero pasaron a ser ilegales por el cambio en la regulación. Ya en los setenta y ochenta, a estos dos colectivos se les empiezan a sumar los migrantes de piel oscura, primero los haitianos que huyen del régimen de Duvalier, y más tarde los cubanos, a los que los medios describían como prisioneros y deshechos que Fidel Castro mandaba a Estados Unidos. Estos colectivos fueron demonizados desde las instituciones, en especial a partir de mediados de los ochenta, un periodo en el que se declara la guerra contra las drogas y se desarrolla el sistema de encarcelamiento masivo que la acompaña. No es casual que ambos fenómenos coincidan en el tiempo. Son exactamente las mismas leyes de 1986, 1988 y 1990 las que desarrollaron la respuesta carcelaria a la guerra contra las drogas, por un lado, y trajeron consigo el sistema de prisiones de inmigrantes que tenemos hoy en día.

La policía migratoria y el sistema de detención privado han crecido exponencialmente de la mano

Cuando se refiere al sistema de detención más grande del mundo, ¿cómo se traduce en cifras?

Estamos hablando de entre cuatrocientas y quinientas mil personas encarceladas cada año. La mayoría las detiene la policía migratoria (ICE en sus siglas en inglés), y a menudo están atravesando un proceso judicial migratorio para ver si se les permitirá quedarse en los Estados Unidos. Otros muchos son niños bajo la custodia de la Oficina para la Reubicación de Refugiados (ORR), que han sido separados de sus padres o vinieron a este país solos. Y otro segmento lo forman inmigrantes procesados por el sistema de enjuiciamiento criminal por violar la ley migratoria. Es un delito federal, lo ha sido desde 1929, venir a Estados Unidos sin el permiso del gobierno o hacerlo después de haber sido deportado.

Señala un asunto importante. La retórica imperante y las leyes que la acompañan, habla del “extranjero criminal”. Pero, como apunta usted, a menudo el crimen es el mero hecho de estar en Estados Unidos. ¿Qué problemas acarrea esa etiqueta?

Es posible criminalizar casi cualquier cosa, pero en la práctica, la ley no se aplica por igual para todos. He pasado la mayoría de mi vida adulta en campus universitarios. No se le escapa a nadie que haya estado en uno de ellos un viernes por la noche que se pueden oler los delitos federales. Y no es sólo el consumo de drogas. Casi una de cada tres universitarias sufre abusos sexuales antes de graduarse. Y no por ello vamos al campus que nos pille más cerca a llamar criminales a los jóvenes que allí estudian. No nos referimos a “los universitarios criminales”. Es, simplemente, porque no mandamos a la policía a lidiar con esos problemas. No vamos puerta por puerta a arrestar a esos jóvenes, a mandarlos a la cárcel, a procesarlos criminalmente y condenarlos. Y al no hacer eso, no se le pone la etiqueta de criminal al colectivo. Es evidente que la respuesta policial es diferente según de qué colectivo se trata. Y eso no quiere decir que los abusos sexuales que se producen en la Universidad de Columbia son moralmente mejores, más honorables, que otras actividades criminales. Simplemente, tienen un escudo protector como privilegiados que les libra de sufrir las consecuencias de sus actos. Los inmigrantes no tienen ese lujo.

Volvamos por un instante sobre el asunto del sistema que se desarrolla en lugar del de Ellis Island. Ha hablado antes sobre cómo las mismas leyes que sirvieron para el encarcelamiento masivo de la gente de color tuvieron un impacto directo en el desarrollo del sistema de detención masiva de inmigrantes. ¿En qué medida existe una conexión también con el ascenso de las empresas privadas de detención?

No es que creciesen en paralelo, sino que el sistema de prisiones para inmigrantes y las cárceles privadas están ligadas desde el primer momento. Las cárceles privadas datan del siglo XVII, pero en su iteración moderna, se desarrollan en los años ochenta. Y lo hacen gracias a los contratos que la agencia predecesora a la policía migratoria (ICE) les otorgó a una serie de empresas. Un grupo de inversores había decidido privatizar las prisiones. Eran tiempos de Reagan, cuando se estaba privatizando una gran cantidad de servicios públicos. Así que vieron una oportunidad. Thomas Beasley, fundador de la empresa Corrections Corportation of America, que hoy se llama CoreCivic, uno de los dos gigantes del sector, contaba: “Cuando íbamos a presentar nuestro proyecto, la gente nos decía: ‘¿Prisiones? No, eso es un asunto del Estado’. Así que nos dimos cuenta de que tendríamos que hilar más fino para vender esto”. Y lo hicieron. Llegó un momento en el que vendían cárceles privadas como quien vende hamburguesas. Se trataba de convencer a las autoridades de que necesitaban ese servicio, y que la empresa podía ofrecerlo de manera rápida, barata y eficiente. A los primeros a quienes convencieron fueron al Servicio de Inmigración y Naturalización, predecesor de ICE. Y, desde entonces, tanto la policía migratoria como el sistema de detención privado han crecido exponencialmente de la mano.

Siendo amorales por un momento: ¿Cuál es la clave del negocio? ¿Cómo consiguen las empresas que sea rentable?

Sus ingresos vienen de los contratos con el gobierno federal. Y, como en cualquier negocio, pero aún más en este caso, para resultar atractivas al gobierno, buscan rebajar costes. Eso empieza por romper a los sindicatos. La mayoría del personal de prisiones públicas está sindicado. No así en estas empresas privadas. Al margen de eso, una de las críticas más frecuentes que se les hace tiene que ver con la ínfima calidad de la comida y la atención médica que reciben los inmigrantes presos, que a menudo trabajan por un dólar al día. Además, se buscan lugares remotos y económicamente deprimidos para construir las prisiones. Eso hace que el terreno sea barato, y a veces se consiguen incentivos fiscales por parte de los ayuntamientos o condados, atraídos por la promesa del empleo. De manera que se ha ido desplegando una red de decenas de centros de detención en lugares aislados por toda la geografía del país, donde a los inmigrantes presos no los puede visitar su familia, donde apenas hay abogados, trabajadores sociales, clérigos, ni nadie que se pueda interesar por ellos. A menudo no sabemos lo que ocurre ahí dentro.

Esto no es un fenómeno que empezó en enero de 2017, cuando Trump llegó a la Casa Blanca, y no va a terminar en el momento en que Trump la abandone

Dada la magnitud del sistema que describe, y dadas las condiciones de salud dentro de los centros y los escasos incentivos para proporcionar un tratamiento digno, ¿qué retos plantea una situación como la crisis de la covid-19 para el sistema de detención de inmigrantes?

El sistema no está construido para hacer frente ni siquiera a enfermedades comunes, muchísimo menos una pandemia como a la que nos enfrentamos. En los últimos años, hemos visto a un adolescente morir en un centro de la Patrulla Fronteriza y más de mil presos infectados por paperas en otros dependientes de ICE. Muchas de las medidas de cuidados preventivos con las que cumple el resto de la población –desde el distanciamiento social a la higiene básica– son imposibles dentro de estas prisiones para inmigrantes. Con ese historial, no tengo ninguna confianza en la capacidad del Estado para hacerle frente a la covid-19 de manera efectiva.

Hay un enorme consenso bipartidista histórico entre demócratas y republicanos en torno al proceso que viene describiendo, tanto el crecimiento del negocio del encarcelamiento de inmigrantes como su criminalización y las leyes que la acompañan. ¿Cuál es el papel de ambos partidos en todo esto?

Cuando los haitianos empezaron a llegar en los setenta, Jimmy Carter, demócrata, estaba en la Casa Blanca. Y respondió con detenciones. Aquella respuesta fue ad hoc e informal. Dos años más tarde, con Reagan en la Casa Blanca, empiezan a llegar los cubanos. ¿Qué hizo? Formalizar la política de Carter. Así que empezó con consenso entre ambos partidos y no ha cambiado en absoluto. La población inmigrante presa más grande de la historia de Estados Unidos se alcanza con Obama y se perpetúa con Trump. No es correcto decir que lo que vemos es un fenómeno asociado a Trump. No, es la profundización por parte de Trump de una tendencia previa.

Y, sin embargo, vivimos bajo el mandato de Donald Trump. ¿En qué consiste esa profundización de la tendencia? ¿Qué ha cambiado bajo su mandato y qué le preocupa sobre el presente?

Hoy vemos cómo el Congreso sigue dotando presupuestariamente, sin reparos, a un sistema de detención privatizado que no para de crecer. Y los agentes de la policía migratoria se dan cuenta de que tienen un apoyo casi incondicional del presidente. Así que se han vuelto mucho más flagrantes a la hora de inyectar el miedo en la vida de la gente. Y ese miedo es muy real. Cuando Trump tuitea “vamos a detener a cientos de personas este fin de semana”, como hizo el año pasado, o cuando la policía migratoria anuncia que va a llevar a una unidad de fuerzas especiales a Boston o Nueva York para apresar inmigrantes”, ese miedo se impone y persiste.

Estamos en periodo electoral. Si le dieran poderes para reformar el sistema migratorio, o si estuviera asesorando al nuevo presidente, ¿por dónde empezaría?

En primer lugar, me gusta que seas tan optimista sobre lo del nuevo presidente. No todos vivimos en Nueva York. Uno de los impulsos para escribir este libro fue pasar ocho años bajo el mandato de Obama tratando de tener esta conversación con gente que no quería tenerla. Eran incapaces de aceptar que estuviéramos poniendo entre rejas a tanta gente, que cogíamos a niños y nos los llevábamos a centros de detención en el medio de Texas, a menudo sin sus padres. Y que hacíamos todo esto sin proporcionar algo tan básico como un abogado. Así que es muy importante que mantengamos la perspectiva de que esto no es un fenómeno que empezó en enero de 2017, cuando Trump llegó a la Casa Blanca, y no va a terminar en el momento en que Trump la abandone.

Las leyes y las políticas que han causado esto seguirán estando ahí. Tenemos veinte mil agentes en la policía migratoria y otros tantos en la Patrulla Fronteriza que tienen que hacer algo, detener a gente, encarcelarla, deportarla, todos los días.  Así que hay que empezar por recortar el número de agentes, que son el punto de acceso a todo ese sistema, y dedicar el dinero que nos gastamos en ellos a fortalecer los sistemas de apoyo la gente que se enfrenta a procesos legales migratorios en forma de abogados y trabajadores sociales.

Cada año, Estados Unidos encarcela a medio millón de inmigrantes. El país del islote de Ellis Island y la Estatua de la Libertad, cuya imagen de sí mismo está forjada en torno a la acogida de los foráneos, ha construido en los últimos cuarenta años el mayor sistema de detención de inmigrantes de la historia de la...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Álvaro Guzmán Bastida

Nacido en Pamplona en plenos Sanfermines, ha vivido en Barcelona, Londres, Misuri, Carolina del Norte, Macondo, Buenos Aires y, ahora, Nueva York. Dicen que estudió dos másteres, de Periodismo y Política, en Columbia, que trabajó en Al Jazeera, y que tiene los pies planos. Escribe sobre política, economía, cultura y movimientos sociales, pero en realidad, solo le importa el resultado de Osasuna el domingo.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí