1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Rastreo de contactos

Tests para todos, una fantasía inútil e irrealizable

Una investigación de varias universidades demuestra que no necesitamos hacer test masivos, sino identificar a la mitad de los individuos sintomáticos, como media, dos días después de que muestren síntomas

Yamir Moreno 14/05/2020

<p>Miembros de la Guardia Nacional de Louisiana (EE.UU.) recopilan información sobre quienes esperan un test de COVID-19. 21 de marzo de 2020.</p>

Miembros de la Guardia Nacional de Louisiana (EE.UU.) recopilan información sobre quienes esperan un test de COVID-19. 21 de marzo de 2020.

Staff Sgt. Garrett Dipuma

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

El primer informe oficial sobre la existencia de una nueva enfermedad infecciosa, más tarde denominada covid-19, fue emitido por las autoridades chinas el 31 de diciembre de 2019, tras comprobar que en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, numerosos enfermos desarrollaban “extrañas” neumonías a causa de una infección por un nuevo coronavirus de origen desconocido (SARS-CoV-2). El pasado 10 de mayo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reportaba alrededor de 4,1 millones de casos confirmados de covid-19. La enfermedad continuaba su avance inexorable y se había extendido ya a 187 países. El número real de personas contagiadas en la actualidad es, no obstante, mucho mayor que las estadísticas oficiales, pues existen individuos asintomáticos en grado de transmitir la enfermedad, de manera que muchos de los contagios ocurren sin que sean detectados.  

A pesar de las medidas de confinamiento estricto promulgadas por el Gobierno chino, los casos de covid-19 siguieron aumentando y la expansión de la enfermedad entró en una fase de crecimiento exponencial, primero en Italia y España y luego, en la mayoría de países de Europa y América. Finalmente, todo indica que se repetirá un escenario similar en África en próximas fechas. A día de hoy, la enfermedad ha causado la muerte de más de 280.000 personas en el mundo y ha supuesto para la mayoría de los países un esfuerzo asistencial nunca visto, con hospitales dedicados casi en exclusiva a tratar casos de covid-19 y la necesidad insoslayable de duplicar o triplicar el número de unidades de cuidados intensivos disponibles.

Cuando nos enfrentamos a una enfermedad infecciosa existen varios retos que debemos afrontar y el propósito final es siempre uno: erradicar la misma. Partiendo de esta premisa, la única manera que tenemos de alcanzar este objetivo es que la población sea inmune. La forma más obvia y directa de conseguir la inmunidad de la población es contar con una vacuna, pues si somos capaces de vacunar a una fracción suficientemente amplia de la misma, la probabilidad de que un sujeto con la enfermedad (infectado) entre en contacto con otro sano (susceptible) disminuirá y con el paso del tiempo, la epidemia se extinguirá. La inmunidad de grupo o colectiva es la protección que la población posee ante una infección debido a la presencia de un elevado porcentaje de individuos inmunes dentro de la misma, o dicho de otra manera, la resistencia de un grupo a una infección, ante la cual una amplia proporción de individuos posee inmunidad. Para el caso específico de la covid-19, se estima que esta proporción gira en torno a 2/3 de la población. Desafortunadamente, no contamos en estos momentos con una vacuna y necesitaríamos un mínimo de entre 12 y 18 meses para poder desarrollarla en condiciones de seguridad y luego, un tiempo indeterminado para ser capaces de producirla en las cantidades necesarias. 

Conceptualmente, otra forma de lograr la inmunidad de grupo es cuando ese porcentaje de la población al que nos referimos antes, la adquiere de manera natural tras haber pasado la enfermedad y haberse recuperado. Y aquí es donde la covid-19 se vuelve especialmente peligrosa: si dejamos que el virus circule libremente y que las personas se infecten para que adquieran inmunidad de manera incontrolada, el sistema sanitario colapsaría, provocando la pérdida innecesaria de vidas humanas. Recordemos que muchos de los enfermos necesitan ser hospitalizados o tratados en unidades de cuidados intensivos por largos períodos de tiempo. ¿Tenemos entonces las manos atadas? No. Si no podemos obtener inmunidad, hay que actuar en el origen, o sea, cortar las  cadenas de transmisión y evitar que los individuos infecciosos contagien a los susceptibles.

Este es el objetivo primordial que persiguen las políticas de movilidad reducida, confinamiento y distanciamiento social. Si mantenemos aislados a los individuos infecciosos y reducimos al máximo sus interacciones con otros individuos, conseguiremos cortar las cadenas de contagio y reducir así el número de nuevos infectados por unidad de tiempo. Aquí es cuando, una vez más, el SAR-CoV-2 nos lo pone difícil. La covid-19 es una enfermedad que se transmite en una proporción no despreciable, tanto en fase pre-sintomática (antes de que se desarrollen síntomas) como de manera asintomática (éstos nunca llegan a manifestarse). Eventualmente, si el número de nuevos contagios es suficientemente bajo, la epidemia se extinguirá. De hecho, hay una manera de cuantificar cuán bajo tiene que ser el ritmo de nuevos contagios por cada sujeto infeccioso: menor que 1 en media. Existe un parámetro en epidemiología conocido como número reproductivo R que se define como el número de infecciones secundarias generadas, en promedio, por un individuo infeccioso típico cuando es introducido en una población totalmente susceptible. Si R es mayor que 1, quiere decir que cada infectado, en promedio, produce más de un nuevo infectado en la población, por lo que el número de infectados por unidad de tiempo crecerá. Por el contrario, si R es menor que 1, tendremos un menor número de nuevos infectados en sucesivos tiempos. 

Los resultados del estudio muestran que, efectivamente, existen formas seguras de relajar las estrictas medidas de confinamiento que fueron impuestas

Las severas medidas de confinamiento y distanciamiento social que la mayoría de países han tenido que adoptar no se pueden mantener de manera indefinida, pues tienen un coste social, psicológico y económico extremadamente alto. Estas medidas deben relajarse en algún momento, sin olvidarnos de que la única manera de erradicar la epidemia y mantener a la población a salvo es cuando ésta sea inmune. Irónicamente, intentar contener el contagio hace que no alcancemos la inmunidad de grupo necesaria para garantizar que cuando se flexibilicen las medidas de confinamiento, el valor de R no vuelva a aumentar por encima de 1 y regresemos a la casilla de salida. En otras palabras, debido a que no tenemos inmunidad colectiva, es muy probable que se produzca una segunda oleada epidémica. La pregunta clave es: ¿qué podemos hacer para que esta potencial segunda oleada esté bajo control y no sature al sistema sanitario? 

En un reciente estudio, desarrollado junto a investigadores de la Fundación ISI de Turín, de la Universidad Carlos III de Madrid, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y de la Universidad Northeastern de Boston, entre otras instituciones, hemos demostrado que existen escenarios de salida viables y sostenibles. En este sentido, hemos recreado (a partir de datos de movilidad) la red de interacciones físicas que tiene lugar en el área metropolitana de Boston. Esto nos ha permitido generar una población sintética estadísticamente equivalente a la real y ser capaces de simular, con un alto grado de realismo, el efecto de las medidas de distanciamiento social, por ejemplo, eliminando interacciones que se hubiesen producido en lugares que permanecen cerrados durante el confinamiento. Este modelo poblacional se acopla a uno epidemiológico, lo cual permite simular la evolución de la covid-19 en esta población sintética, y lo que es más importante, modelizar escenarios hipotéticos y estrategias de actuación para contener la epidemia y evitar la segunda oleada de la que hablamos antes. 

Nuestro estudio plantea que sólo necesitamos rastrear entre un 20% y un 40% de los contactos, lo que significa que, en promedio, tendríamos en cuarentena a alrededor del 10% de la población

Los resultados del estudio muestran que, efectivamente, existen formas seguras de relajar las estrictas medidas de confinamiento que fueron impuestas. Para ello, es necesario incrementar la capacidad para realizar test, tanto en cantidad como en rapidez. Es fundamental detectar a la mayor cantidad de personas en grado de contagiar a otras, o sea, identificar el origen de las cadenas de transmisión. Cuantitativamente, el trabajo demuestra que no necesitamos hacer test a todos, sino  identificar únicamente a la mitad de los individuos sintomáticos, como media, dos días después de que muestren síntomas. Una vez que éstos han sido localizados, deben permanecer en cuarentena, tanto ellos como los miembros de su núcleo familiar. Con esta medida no evitaríamos una eventual segunda oleada, pero sí disminuiríamos notablemente la intensidad del pico epidémico. Esto se debe a que estos individuos, antes de ser aislados, estuvieron en contacto con otras personas y contagiaron a un cierto número de ellas. Por tanto, si nos quedamos ahí, sólo cortaremos el origen de la cadena, pero no evitaremos que el virus se siga propagando a nivel comunitario. Esto último se logra si vamos un poco más allá y rastreamos y ponemos en cuarentena a una fracción de los contactos de estos sintomáticos confirmados junto a los integrantes de sus respectivos núcleos familiares. Nuestro estudio plantea que sólo necesitamos rastrear entre un 20% y un 40% de los contactos, lo que significa que, en promedio, tendríamos en cuarentena a alrededor del 10% de la población. Este porcentaje puede parecer alto, pero es muy bajo si lo comparamos con tener el 80-90% de la población recluida como en la fase más restrictiva del confinamiento.

Ahora, que la solución exista, no quiere decir que estemos en condiciones de llevarla a la práctica. Primero, tenemos que aumentar la capacidad de hacer test. Segundo, debemos aislar durante dos semanas a aquellos que sean positivos y a los que conviven con ellos. Tercero, y muy importante, rastrear a los contactos de los individuos infecciosos que hemos identificado mediante test. Este último paso es fundamental y es también el más difícil de implementar. De hecho, no se hace en España de manera sistemática. Para ello, se pueden explorar diversas soluciones tecnológicas, aunque se ha demostrado que no existe una manera óptima de rastrear contactos. Los mejores resultados se obtienen combinando información de diferentes fuentes con el rastreo manual tradicional. Si hacemos esto, tendremos la posibilidad de controlar el brote epidémico, distribuyendo las nuevas infecciones en el tiempo, de manera que los servicios sanitarios puedan soportar la carga y evitando así un posible colapso. Este tiempo ganado a la enfermedad serviría para ir alcanzando, poco a poco, la inmunidad colectiva de forma segura o, incluso, para que la ciencia descubra nuevos fármacos más efectivos contra el SARS-CoV-2 o se desarrolle una vacuna específica en un horizonte algo más lejano. 

El hecho de que España estuviese entre los primeros países más afectados no es culpa de nadie, es algo probabilístico, o en otras palabras, tuvimos mala suerte

Por último, me gustaría discutir brevemente (se podría escribir otro artículo sólo con este tema) una pregunta recurrente para muchos: ¿Se podría haber evitado la emergencia sanitaria que hemos vivido durante estos meses? Posiblemente no. Y quiero ser claro aquí: el hecho de que España estuviese entre los primeros países más afectados no es culpa de nadie, es algo probabilístico, o en otras palabras, tuvimos mala suerte. Podría habernos tocado después de Francia, Alemania o Reino Unido. Esto no quiere decir que no podríamos haber hecho más en las fases iniciales de la epidemia. Pero el hecho en sí de tener que enfrentarnos a una situación de salud pública crítica era difícilmente evitable. Es como cuando modelos geofísicos predicen que habrá un gran terremoto en una ciudad en los próximos cinco años. Es imposible ser más preciso y ningún gobernador o alcalde puede evacuar una ciudad porque la probabilidad de que haya un terremoto en cualquier momento de la próxima década sea, digamos, del 90%. La solución es la vigilancia a través de la implantación de una red de sensores que nos permitan detectar actividad sísmica anormal antes del terremoto principal. Una vez pasa el terremoto, es fácil decir que era predecible, cuando en realidad no lo era más allá de esa ventana temporal de una década.

Así como se piensa que la investigación es un gasto y no una inversión, en España tendemos a no valorar la preparación previa ante posibles contingencias, pues se ve como un gasto innecesario

Con las enfermedades infecciosas sucede lo mismo. Sabíamos que, en algún momento, surgiría una enfermedad infecciosa desconocida con potencial pandémico, pero no cuándo. Y no, no fuimos previsores. No estábamos preparados y eso es innegable. No me refiero sólo a España, sino, en general, a la mayoría de países. Si nos fijamos en cuáles son los países que han respondido mejor a la emergencia sanitaria, son, por lo general, aquellos que ya tenían experiencia previa en epidemias recientes como el SARS (2003), la Gripe A(H1N1) (gripe porcina, 2009) o el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS), otro coronavirus. Estos países cuentan con una logística, infraestructura científica (experimentados comités asesores, departamentos específicos, etc.) y la población está educada en este tipo de emergencias, por lo que suele reaccionar más rápido y de una manera más coordinada y eficiente. En muchos países, pero, principalmente, en Europa y Estados Unidos, se ha reaccionado tarde. Creo que así como se piensa que la investigación es un gasto y no una inversión, en España tendemos a no valorar la preparación previa ante posibles contingencias, pues se ve como un gasto innecesario. Hay que pensar como hacemos en otros ámbitos, por ejemplo, en lo militar. Tenemos un ejército profesional entrenado por si lo necesitamos, independientemente del número de misiones. Eso nadie lo cuestiona. 

En España no invertimos “por si acaso” en investigación y salud pública, o al menos, no al nivel que se requiere. Corea del Sur ha conseguido tener el brote controlado, a pesar de no adoptar las medidas más estrictas que se implantaron en la mayoría de países europeos. ¿Por qué? Porque estaban preparados. Corea del Sur se enfrentó al MERS en 2015. Fue su gran ensayo para esta epidemia, pues a raíz de su experiencia, modificaron leyes, formaron personal, desarrollaron nuevas tecnologías y educaron a la población. En el futuro, necesitamos aumentar nuestra capacidad de respuesta ante este tipo de amenazas mundiales, porque si una cosa es segura, es que ésta no será la última vez que nos enfrentemos a una situación parecida. Hay que invertir en sanidad y vigilancia epidemiológica, pero también educar a la población en las prácticas que se deberían adoptar y actualizar la legislación para poder reaccionar rápidamente. El mundo está evolucionando y debemos evolucionar en consonancia.

––––––––------

Yamir Moreno es físico y director del Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos de la Universidad de Zaragoza (BIFI)

Autor >

Yamir Moreno

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí