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Contra el progresismo neoliberal

¿Por qué Bernie es la alternativa feminista?

Para las feministas, estas elecciones suponen una clara disyuntiva entre promover los intereses del 1% de las mujeres o luchar por la liberación de todas. Sanders está del lado del 99%

Nancy Fraser Liza Featherstone 14/02/2020

<p>Un grupo de mujeres muestra su apoyo a Sanders en Iowa durante las primarias demócratas.</p>

Un grupo de mujeres muestra su apoyo a Sanders en Iowa durante las primarias demócratas.

Campaña de Bernie Sanders

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Nosotras somos feministas y vamos a votar a Bernie Sanders. De hecho, apoyamos a Sanders precisamente porque somos feministas.

Elizabeth Warren, Amy Klobuchar y sus partidarios, incluidos los del consejo editorial del New York Times, están argumentando con fervor que ha llegado la hora de que una mujer sea presidenta. Warren y sus partidarios han insistido precisamente en apelar a las políticas de género. Si Bernie Sanders no fuera candidato, estaríamos de acuerdo, pero la campaña de Sanders representa una oportunidad histórica (para las mujeres). 

No nos malinterpreten, nos gustaría ver a una mujer presidenta tanto como a la que más, pero no si eso nos cuesta la posibilidad de construir un movimiento que pueda realmente mejorar las vidas de la gran mayoría de las mujeres. La campaña de Sanders ofrece precisamente esa posibilidad. Todo el mundo sabe que Sanders defiende los intereses del 99% frente a los de la “clase millonaria”. Lo que se ha entendido un poco menos es que su campaña (y el creciente movimiento que lo acompaña) aborda el sexismo con eficacia, no solo en sus formas más manifiestas, sino también en sus raíces más profundas arraigadas en la sociedad capitalista.

Aunque las políticas que abandera Bernie (Medicare para todos, matrículas de universidades públicas gratuitas, salario mínimo de 15 dólares/hora, un nuevo pacto verde y fortalecer los sindicatos) no siempre se reconocen como feministas, están dirigidas a sanar los males de la sociedad que son consecuencia del género, así como de la clase y de la raza. Al fin y al cabo, la gran mayoría de los trabajadores con salarios bajos son mujeres. Subir el salario mínimo supondría extender inmediatamente la libertad femenina, tanto en el trabajo como en casa. Y ampliar el derecho a la negociación colectiva sería otorgarnos una poderosa herramienta para luchar contra el acoso sexual y la agresión sexual en el lugar de trabajo. De igual modo, el Medicare para todos, que Sanders es el único en apoyar sin reservas, beneficia de manera desproporcionada a las mujeres, ya que al utilizar más los servicios sanitarios que los hombres tienen unos gastos médicos más elevados. Los beneficios son especialmente positivos para las mujeres negras, latinas e indias nativas, que carecen de seguro médico en proporción más elevada  que las mujeres blancas en el actual sistema lucrativo.

Las propuestas de Bernie implican que las reformas en la organización del trabajo asalariado deben ir acompañadas de reformas en la organización de la prestación de cuidados no remunerados, y viceversa

Y luego está el Green New Deal  que, acertadamente, se entiende como un beneficio para todo el mundo, no solo porque esas medidas son ecologistas y favorecen a la clase trabajadora, sino también porque son antisexistas y antirracistas. Hoy por hoy, las mujeres y las comunidades negras se ven obligadas a luchar con uñas y dientes para satisfacer sus necesidades más básicas, como por ejemplo el agua potable en Flint o Dakota. Estos colectivos se beneficiarían de manera desproporcionada con la inversión en infraestructuras verdes y con los consiguientes empleos, que estarían mejor pagados y amparados en convenios. El Green New Deal encarna una promesa activista: enfrentarse a las políticas capitalistas que funden el planeta y a los enquistados pilares racistas y patriarcales que mantienen el sistema.

De todos los candidatos en liza, Sanders es también, con diferencia,  el más rotundo en lo que se denominan “cuestiones de género”: derechos reproductivos, cuidado infantil, vacaciones por motivos familiares y derechos de las personas transexuales. Es muy fácil defender una idea de boquilla y algunos de los otros candidatos lo hacen, pero la campaña de Sanders identifica los recursos sociales y materiales que hacen falta para convertir los derechos sobre el papel en libertades reales. Por ejemplo, la propuesta de Bernie de un Medicare para todos brinda pleno acceso a los servicios en materia de reproducción, incluido el aborto, que es algo que las feministas exigen desde hace décadas. Esta es la única postura que lo garantiza: al fin y al cabo, ¿para qué sirve el derecho a abortar si no puedes permitírtelo o encontrar una clínica que lo practique?

Sin lugar a dudas, Elizabeth Warren se merece todo nuestro reconocimiento por plantear el problema del cuidado infantil durante la campaña y hablar de forma elocuente al respecto, pero Bernie Sanders lleva abogando por una atención infantil que sea universal desde hace décadas. Ya apoyó una ley en 2011 para brindar tanto atención sanitaria como educación temprana a todos los niños desde las seis semanas hasta la guardería. Sanders también es el único candidato que se toma en serio el acabar con la segregación y la protección y mejora de la educación pública primaria y secundaria (lo más parecido en EE.UU. a la atención infantil universal), e incluye también un aumento salarial para los trabajadores (mayoritariamente femeninos).

La campaña de Sanders no trata los “asuntos de las mujeres” como si fueran simples complementos. Al contrario que las propuestas de la mayoría de sus rivales, las de Bernie implican que las reformas en la organización del trabajo asalariado deben ir acompañadas de reformas en la organización de la prestación de cuidados no remunerados, y viceversa. En ese sentido, expresan una verdad feminista fundamental: los dos ámbitos están tan estrechamente interrelacionados que ninguno de los dos puede ser transformado por separado, sin tener en cuenta al otro. Solo una transformación coordinada de ambos puede conseguir la participación total y equitativa de la mujer en la sociedad.

Sanders también es la mejor opción feminista en materia de inmigración y política exterior. Estados Unidos ha desatado una violencia militar catastrófica en Afganistán, Irak y en otros lugares de Oriente Próximo; ha patrocinado innumerables golpes militares y proyectos imperialistas desestabilizadores en Centroamérica y Sudamérica; y todo con consecuencias de género explícitas. En estas regiones, y en otras, las mujeres son las principales responsables de la seguridad y supervivencia de las familias y las comunidades. Este trabajo, que siempre presenta un gran reto, se vuelve agotador cuando la violencia, el conflicto y la represión autoritaria convierten la vida diaria y cotidiana en imposible. Para las encargadas de educar a la próxima generación en todo el mundo, intentar proteger a los niños escapando de la violencia en casa, para luego toparse con una frontera militarizada y un régimen estadounidense ansioso por encarcelar a niños, se ha vuelto un proceso espantoso. Sanders y el movimiento que lo acompaña son las únicas fuerzas políticas que están decididas a cambiar las políticas migratorias asesinas del Gobierno de Estados Unidos, lo que representa una de las principales prioridades para cualquier movimiento feminista serio.

De igual importancia es que Sanders identifica correctamente las fuerzas que obstaculizan los objetivos feministas y de la clase trabajadora: la clase millonaria y las grandes corporaciones (bancos y empresas farmacéuticas, informáticas, de seguros y combustibles fósiles), como Bernie subraya a menudo. Las feministas tenemos el deber especial de oponernos a aquellas progresistas neoliberales que hay en nuestras filas: esas que se contentan con codearse con los plutócratas que se entusiasman con “ir hacia delante” [como el título del libro Vayamos adelante. Las mujeres, el trabajo y la voluntad de liderar, de Sheryl Kara Sandberg, directora operativa de Facebook] y “romper el techo de cristal”, mientras abandonan a la mayoría de las mujeres a la depredación corporativa. También deberíamos oponernos a quienes instrumentalizan las demandas vinculadas a cuestiones de género, utilizándolas no para beneficiar a las mujeres, sino para perjudicar a Sanders, dividir a la izquierda e impulsar a las camarillas conservadoras que nos han fallado repetida y cruelmente. 

Sanders y el movimiento que lo acompaña son las únicas fuerzas decididas a cambiar las políticas migratorias asesinas del Gobierno de EE.UU., una de las principales prioridades para cualquier movimiento feminista serio

A diferencia de estos, la campaña de Sanders identifica correctamente quiénes son nuestros aliados más probables y prometedores: los sindicatos, los antirracistas, los inmigrantes, los ecologistas y todos los “trabajadores”, tanto remunerados como no. Solo mediante alianzas con estas fuerzas podrá el movimiento feminista reunir el poder que necesitamos para derrotar a nuestros enemigos y conseguir la justicia social. 

Sin esa perspectiva, y las alianzas que esta ayuda a fomentar, las feministas corremos el riesgo de vernos atrapadas en impíos acuerdos con Wall Street como el que aseguró la nominación en 2016 de Hillary Clinton y cuya consecuencia fue la elección de Donald Trump. ¡Lo último que deberíamos hacer ahora es repetir ese fiasco! 

Las feministas deberíamos considerar con qué candidatos se puede contar para luchar por las mujeres y por el 99% de la población. Otros candidatos cuentan también con algún tipo de planteamiento feminista en sus programas, pero han declarado su voluntad de llevarse bien con sus donantes. Entre los contendientes, solo Sanders entiende la necesidad de continuar la lucha popular de masas después de las elecciones de noviembre. Solo su campaña está comprometida con construir un movimiento para llevar a cabo los grandes cambios estructurales que necesitan las mujeres.

La campaña de Sanders entiende, también, que un movimiento de ese tipo requiere ampliar nuestro sentido de la solidaridad. Al pedirnos que “luchemos por gente que no conocemos” invita a las feministas a sumarnos a las luchas antirracistas, ecologistas, por los derechos de los inmigrantes, sindicales y otras en favor de la clase trabajadora, mientras seguimos luchando por combatir el sexismo.

¿Vamos a hacer frente a este reto?

Estas elecciones presentan una disyuntiva clara. ¿Cuál es nuestro objetivo prioritario o más urgente: colocar a una mujer en la Casa Blanca y esperar que los beneficios nos salpiquen a todas o sumarnos y ayudar a desarrollar una campaña que priorice directamente las necesidades y esperanzas de la gran mayoría de las mujeres? ¿Cuál es el verdadero significado del feminismo y de la igualdad de las mujeres: la paridad de hombres y mujeres de las clases privilegiadas, es decir, igualdad de oportunidades para dominar a todos los demás, o igualdad de género en el conjunto de una sociedad organizada para beneficiar al 99%?

En otras palabras: ¿nos dejaremos embaucar por las cínicas invocaciones al feminismo de aquellos que pretenden debilitar un movimiento de masas progresista, o apoyaremos al único candidato que promueve políticas que realmente mejorarán las vidas de todas esas mujeres que pertenecen al 99%? 

Bernie Sanders es ese candidato. Y no es a pesar de ser feministas, sino porque lo somos, por lo que declaramos con orgullo nuestro apoyo a su candidatura. Bernie es la auténtica alternativa feminista.

–––––– 

Este artículo se publicó en VersoBooks.

Nancy Fraser es catedrática de filosofía y política en la New School for Social Research. Es autora, entre otras obras, de Fortunas del feminismo, y coeditora de Manifiesto de un feminismo para el 99%.

Liza Featherstone es columnista de Jacobin, periodista independiente y autora de Selling Women Short: The Landmark Battle for Workers’ Rights at Wal-Mart.

Traducción de Álvaro San José.


Nosotras somos feministas y vamos a votar a Bernie Sanders. De hecho, apoyamos a Sanders precisamente porque somos feministas.

Elizabeth Warren, Amy Klobuchar y sus partidarios, incluidos los del consejo editorial del New York Times, están argumentando con fervor que ha llegado la hora de que una...

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  1. Loner

    Muy bien la publicacion de este articulo. Sin embargo, convendria cuidar mas la traduccion: en la antepenultima linea del cuarto parrafo, se denomina "indias nativas" a un grupo de poblacion de EEUU. Actualmente, el termino "indio/a" para referirse a l@s ciudadan@s nativo@s american@s, es considerado altamente ofensivo y denigrante en EEUU, equiparable a los vocablos que refieren a la escalvitud, para referirse a la poblacion afroamericana. No hace falta trazar la historia de ese termino y el origen de la denominacion, con todas sus implcaciones, pero hay que desterrarlo de las traducciones modernas, igual que se hace en la sociedad americana actual. Bastaba con ajustarse al original: "native women".

    Hace 1 año 7 meses

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