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Análisis

Qué hacer para transformar el neoliberalismo

El capitalismo está en crisis. Sin propuestas económicas de izquierdas, las sociedades pueden optar por alternativas de extrema derecha

Sheri Berman (Social Europe) 23/12/2019

<p>Fotograma del documental Chicago Boys (2015).</p>

Fotograma del documental Chicago Boys (2015).

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En los últimos años, las consecuencias negativas del capitalismo neoliberal se han vuelto imposibles de ignorar, porque no solo han contribuido a acontecimientos tan traumáticos como la crisis financiera de 2008, sino también al desarrollo de otras tendencias destructivas y duraderas como la creciente desigualdad, un menor crecimiento, un monopsonio en aumento y unas divisiones sociales y geográficas en auge. Además, el impacto de estas no se limita solo a la esfera económica, puesto que estos acontecimientos y tendencias han influido también de forma negativa en las sociedades y democracias occidentales. Así pues las críticas condenatorias contra el capitalismo neoliberal de académicos, políticos y analistas han comenzado a proliferar. 

Ahora bien, si la intención de estos no es pulir las aristas del neoliberalismo, sino más bien transformarlo sustancialmente en un sistema más equitativo, justo y productivo, hace falta más que un simple reconocimiento de sus fallos y aspectos negativos. Como dice el dicho, “no puedes derrotar algo con nada”. 

Un proceso en dos fases 

Si queremos entender lo que haría falta para librarnos de las ideas y políticas neoliberales que llevan décadas afectando de forma negativa a las economías, sociedades y democracias occidentales, tenemos que recordar cómo suceden las transformaciones ideológicas. El auge y caída de los paradigmas o ideologías económicos puede conceptualizarse como un proceso en dos fases. 

Durante las décadas de posguerra hubo una derecha neoliberal que estuvo reflexionando sobre lo que consideraban los inconvenientes del consenso democrático y social, y sobre qué debía sustituirlo

En la primera fase, crece el descontento o el reconocimiento de lo inadecuada que es la ideología dominante. Esas deficiencias aparentes crean el potencial (que los científicos políticos denominan un ‘espacio político’) para que se produzca un cambio, pero incluso en los casos en que se abre ese espacio, la pregunta sigue siendo si otra ideología (y de ser así, cuál), sustituirá a la vieja. Para que se produzca el hundimiento de una ideología, hay que superar la fase de críticas y ataques, y pasar a una segunda fase en la que surge una ideología más plausible y atractiva que pueda reemplazarla. 

Este proceso se puede ver claramente reflejado en el auge del neoliberalismo mismo. 

Durante el período de posguerra, reinaba un consenso democrático y social en Europa occidental. Se basaba en el siguiente compromiso: se conservaba el capitalismo, pero este era muy diferente a su equivalente del siglo XX. Después de 1945, los gobiernos de Europa occidental prometieron regular los mercados y proteger a los ciudadanos de las consecuencias más desestabilizadoras y destructivas del capitalismo, y para ello utilizaron un abanico de programas sociales y servicios públicos.

Durante décadas, ese orden funcionó singularmente bien. Durante aproximadamente los 30 años posteriores a la II Guerra Mundial, Europa occidental experimentó el crecimiento económico más rápido de su historia y la democracia liberal se convirtió por primera vez en el sistema estándar de toda la zona.

A partir de la década de 1970, ese orden, sin embargo, comenzó a experimentar problemas como consecuencia de una fea combinación de creciente inflación, desempleo en aumento y lento crecimiento (estanflación), que empezó a propagarse por todas las economías occidentales. Estos problemas crearon el potencial, una oportunidad, para que se produjera un cambio. Pero para que este pudiera ser explotado, hacía falta un contendiente. Ese contendiente, evidentemente, fue el neoliberalismo.

Una alternativa preparada 

Durante las décadas de posguerra hubo una derecha neoliberal que estuvo reflexionando sobre lo que consideraban los inconvenientes del consenso democrático y social, y sobre qué debía sustituirlo. Estos neoliberales no adquirieron relevancia hasta la década de 1970, puesto que el orden de posguerra funcionaba bien y, por tanto, no existía mucha demanda para realizar ningún cambio sustancial. Sin embargo, cuando los problemas y el descontento comenzaron a aparecer, los neoliberales estaban preparados, no solo con críticas, sino con una alternativa. 

Como dijo Milton Friedman, el padrino intelectual de este movimiento: “Solo una crisis –real o percibida– da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelve políticamente inevitable”. Que la izquierda, en aquel momento, fuera incapaz de ofrecer una explicación alternativa, o soluciones viables, a los problemas que tenía el orden democrático y social facilitó la victoria del neoliberalismo. 

Esa victoria también se vio facilitada y cimentada por un proceso consciente de difusión ideológica. Se produjo una aceptación generalizada de los preceptos fundamentales del neoliberalismo entre los profesionales de la economía. Y los laboratorios de ideas y los programas educativos también colaboraron a la hora de propagar las ideas neoliberales por todas las comunidades políticas, legales, etc.

Este proceso de difusión fue tan generalizado y eficaz que hasta penetró en los partidos de izquierdas. [La socióloga] Stephanie Mudge ha demostrado que a finales del siglo XX, los economistas keynesianos que coparon los puestos de elaboración de políticas económicas en la mayoría de los partidos de izquierdas durante el período de posguerra fueron sustituidos por unos “economistas orientados a las finanzas transnacionales”, productos de los laboratorios de ideas neoliberales, que se veían a sí mismos como intérpretes de los mercados y consideraban que su misión estaba relacionada con la tecnocracia y la eficacia, motivo por el cual comenzaron a instar a la izquierda a que aceptara la globalización, la liberalización, la reducción del Estado del bienestar y otras reformas. 

En los años previos a la crisis de 2008, las voces que se oponían de manera enérgica a la ideología neoliberal reinante eran pocas y estaban aisladas. Como explican Marion Fourcade y Sarah Babb: “Durante ese período la victoria del neoliberalismo ‘como fuerza ideológica’ fue absoluta, en el sentido de que no existían alternativas, sencillamente porque todo el mundo creía y actuaba según esas creencias [neoliberales]”. 

La oscilación del péndulo 

La crisis financiera y el reconocimiento cada vez mayor de las consecuencias negativas y duraderas del neoliberalismo han provocado que ahora el péndulo oscile en sentido inverso. La admisión generalizada de que muchas de las ideas y políticas que han defendido los neoliberales desde la década de 1970 son responsables del desastre económico, social y político en el que se encuentra Occidente ha abierto un espacio político para que se produzca una transformación. Pero para que tenga lugar de verdad, la izquierda tendría que tener lista una alternativa, y no solo críticas. 

Es perfectamente posible que un número cada vez mayor de personas sea consciente de los problemas que tiene el orden existente, y eso quizá sirva para debilitarlo, pero también que esto no sea suficiente para provocar su hundimiento y sustitución. De hecho, los períodos de ese tipo tienen un nombre: interregno. Desde una perspectiva histórica, los interregnos se situaban entre el reinado de un monarca y el siguiente, y como carecían de líderes fuertes y legítimos, esos períodos solían ser inestables y violentos.

Desde una óptica contemporánea, un interregno es un período en el que un viejo orden se está desmoronando, pero todavía no hay otro nuevo que ocupe su lugar. Sin embargo, igual que sucedía en el pasado, esos períodos acostumbran a ser volátiles y caracterizarse por los desórdenes. O, como dijo de forma más poética Antonio Gramsci, reflexionando desde la cárcel en que se encontraba en 1930, en referencia a por qué el fascismo, en lugar de la izquierda, había salido beneficiado de la crisis del capitalismo en Italia: durante los interregnos “aparece una gran variedad de síntomas mórbidos”.

Que terminen trascendiendo los muchos “síntomas mórbidos” (económicos, sociales y políticos) que caracterizan nuestra época actual dependerá de si la izquierda es capaz de superar la fase de atacar al neoliberalismo. Lo que necesita es proponer, y recabar apoyos, para alternativas viables, atractivas y distintivas. 

––-––- 

Sheri Berman es profesora de ciencias políticas en el Barnard College y autora del libro Democracia y dictaduras en Europa. Desde el Antiguo Régimen hasta nuestros días (Oxford University Press).


Este artículo se publicó en Social Europe.

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6 comentario(s)

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  1. Roberto Ferreiro Aranda

    El neoliberalismo, la cara más nefasta del sistema capitalista, consistente en ampliar el muro del reparta de riquezas, haciéndo que cada vez haya más ricos concentradores, de cada vez más poder y por el otro lado, con el ensanche de la brecha que separa esta élite de la otra, constituída por el resto de la humanidad, el 90% de la misma, cada vez recibe menos en ese injusto reparto neoliberal, haciendo que sus vidas empeoren, llegando a la pobreza, en todos sus grados. ¡ El NEOLIBERALISMO NO SE "TRANSFORMA", HAY QUE DERROTARLO TOTALMENTE ¡

    Hace 1 año 9 meses

  2. cayetano

    Damos excesiva importancia a las ideas y pasamos de puntilla sobre la realidad, olvidándonos del pensamiento materialista. Seguimos siendo animales y las ideas del orden que sean van a la zaga de la realidad, son producto de la misma. Pero no sólo las ideas, nuestros comportamientos culturales determinan la expresión de nuestros instintos exteriorizados en emociones, motores de nuestras razones. Por tanto, desde la izquierda se da demasiada transcendencia teórica a la idea sobre la materia, pareciéramos una suerte de platónicos o antiguos idealistas. En el artículo se habla del interregno y sus diversas potencialidades ideológicas, pero no de las causas materiales que la provocan. Se alaba el período de los 30 Dorados, pero no se analiza que el capitalismo ante el estancamiento de sus tasas de ganancias, optó por la vía de especulación financiera, sustituyendo las burbujas financieras como motor del crecimiento económico, como analizaron Foster y Magdoff. Y toda burbuja es una arquitectura fraudulenta tipo Ponzi. No se aborda como el interregno anterior a la II Guerra Mundial, venía coloreado de una nuevo modelo de capitalismo, versus producción e intercambio. Al igual que ocurrieran en las guerras nacionalistas europeas sobre la década de 1830, y las socialistas que se iniciarían nítidamente en los 1860. El problema hoy día no es el neoliberalismo, su modelo de producción e intercambio ha muerto para bien o mal. Sino esas nuevas ideologías dextropopulistas que avanzan con nuevos partidos o en los viejos conservadores y neoliberales. Ideologías que recrudecen ideas supremacistas (first xxx only en las que sólo puede ganar una comunidad), ante la precarización e incertidumbre causada por las nuevas infraestructuras de producción e intercambio. Contribuyendo a culpabilizar al mísero o la miseria del diferente de la propia. Ocultando la desposesión como vía de acumulación, la renterización de Martin Wolf, o extractivismo de Mazzucato. La financiarización o sea la extensión del comportamiento financiero al conjunto de los agentes económicos. Pero las alternativas pasan por un primer objetivo inmediato, evitar la pulsión con base material del ideario de lucha por la supervivencia. Pues esta materialidad de precariedad e incertidumbre vital, animan dinámicas de confrontación en lugar de sinergias de colaboración. Estamos en un interregno que viene significado por un cambio del modelo de producción e intercambio, fundado en una revolución de las TICs y sus infraestructuras. La tipicidad de estos interregnos se significa por la convivencia de un modelo de producción e intercambio exnovo, conviviendo con instituciones y concepciones de relación social, re-distribución,…, del anterior o antiguo. En la propia base material de esos cambios y necesidades socio-políticas se encuentran las diversas potencialidades del momento. Y en la base de esos medios de producir e intercambiar se encuentra las diversas potencialidades socio-políticas y económicas. Así, el gran imperio chino conocía de América pero no la conquisto por no ser prioridad del momento; como en la actualidad los EE.UU definen sus prioridades políticas, sean demócratas o republicanas (trumpianas o no) con criterios financiarizados, de desposesión. Mientras China, prioriza sus políticas en la economía productiva, generando sinergias e inversiones de desarrollo allá donde tiene oportunidad, pues su tren es el desarrollo de la economía productiva y el intercambio comercial. El primero y sólo yo, ante las sinergias y extensión de inversiones, por intereses y constricciones o estimulaciones institucionales públicas y privadas sí; pero que no habrían sido posibles sin el desarrollo de nuevos medios de producción e intercambio. La transición del neoliberalismo no es problema, es un zombi moribundo que se debate entre el dextropopulismo y las alternativas de izquierdas. Debemos en primer lugar atender la precariedad, qué como venía a decir Keynes, todo motor gripado de un coche requiere de gasolina para arrancar. Pero también hemos de fomentar el acompañamiento del desarrollo de las nuevas infraestructuras con nuevas instituciones conceptuales, de relación e intercambio. Las plataformas digitales, las norteamericanas llamadas GAFAs, pero no sólo ellas, deben ser democratizadas lo que no necesariamente debe significar estatalizadas. Lo qué debemos preguntarnos es el tipo de relaciones sociales, económicas, políticas, productivas…, que portan las nuevas infraestructuras para construir una alternativa de futuro. Pero sin olvidar que evitando la incertidumbre futura, pasa primero por dar solución a la precariedad presente. Por eso, iniciativas como la RBU o TGS son importantes para el presente, y como herramientas que coadyuven al futuro, pero no suficientes por sí mismas para este último. China ha dado desde su realidad y necesidades, una lección combinando mercado y Estado que la ha colocado como primera potencia productora del Mundo. Los interregnos con independencia de los colores, con el capitalismo, siempre han acabado en crueles confrontaciones a lo largo de su existencia, entre ellas las II Grandes Guerras Mundiales del siglo pasado. Siendo necesarias para priorizar la reinnovación de todas las infraestructuras, bajo economías de guerra. De las que destacaría dos rasgos, la primacía del Estado ante todos los agentes privados, y el objetivo de la reinnovación del país como prioridad absoluta de todas sus energías. Ahora mismo, tenemos un status quo internacional zombi, un modelo de social y/o institucional zombi, desfasado por el modelo de producción e intercambio. Este interregno histórico con capacidad militar de extinción, pero también con intereses económicos radializados internacionalmente. Podrían permitir la asunción de ideologías y propuestas político-económicas, que al tiempo de paliar la precarización, priorizaran sinergias de desarrollo pactadas que abandonen el primero y sólo yo. Para ello, es necesario como primer requisito, disciplinar las finanzas, no sólo a las entidades bancarias, sino más aún si cabe a los otros operadores que han crecido exponencialmente y a los fondos del tipo que sean; regulando los instrumentos financieros, sus mercados en corto, futuros… Y trasladar dichas pautas y cambios de valores de la financiarización en todas las corporaciones, regulando sus prácticas e interviniendo en la dirección de sus objetivos. No olvidemos que sólo marcándonos la prioridad de una economía de guerra por reinnovación de todas las infraestructuras, reinnovaremos todo el modelo social y cultural que requiere cualquier alternativa a este interregno que no pase por una conflagración internacional, por dar alternativa al cambio climático, por respetar las relaciones intrahomines y con el medio ambiente. Un cordial saludo.

    Hace 1 año 9 meses

  3. jorge

    distribuir la riqueza, que la plata no sea acumulable, solo para el intercambio, en la Argentina nos empobrecimos y mucho

    Hace 1 año 9 meses

  4. Humi

    Las propuestas y recabar apoyos para alternativas viables, atractivas y distintivas, es lo que posee PODEMOS en España. Otra cosa es que la sociedad aún no está preparada plenamente para asumir que PODEMOS es la solución clara y evidente a la situación que plantea Sheri Berman en su análisis. Por lo tanto ahora, sería el momento de crear una etapa de pedagogía e información en la ciudadanía, para que el cambio sí llegue a producirse. Antes de nada habría que dejar claro que los medios de comunicación no están al servicio de los ciudadanos, sino de empresarios, políticos e iglesia católica. Luego de que los ciudadanos conozcan esta verdad, se podrá mostrar la miserable realidad en que vivimos por culpa del fascismo económico, denominado neoliberalismo. Se me cae el alma al conocer noticias como que 700 personas murieron este año en las listas de espera sanitarias, e incontables los perjudicados en su salud y su binestar. O los 80 muertos DIARIOS de Dependientes por no ser atendidos. Esto es un genocidio solapado. Opino que es de lo primero que debe ser rescatado. Las personas siempre por encima del dinero.

    Hace 1 año 9 meses

  5. Orchard

    Muy buen articulo, pero...Que paso con la ideologia que desafiaba el apitalismo ortodoxo de las democracias liberales? es mas interesante el cuento que desemboca en el surgimiento e implementacion de la ideologia neoliberal si hacemos el recorrido de los impactos de la Guerra Fria y la presunta "economia planificada para el bienestar de los pueblos y los menos favorecidos dirigida por los proletarios" , que sacudio un poco los pliegues de los tafetanes de los preceptos liberals y sus consecuencias para los pueblos....

    Hace 1 año 9 meses

  6. Miguel Mayol

    Haberlas haylas, pero SILENCIADAS. Por ejemplo ¿A que no se ayuda a los parados a hacer cooperativas de autoempleo? ¿A que no se ayuda a autónomos, falsos autónomos, y PYMES a hacer cooperativas aunque sean de compra para defenderese de las corporaciones? Recordemos que la definición de izquierda es la defensa de un orden social donde la propiedad de los medios de producción sean estatales o cooperativos. Y aquí NADIE pide siquiera la reversión a tiempos de Franco cuando la banca era mayoritariamente pública, los aeropuertos, la energía, las telecomunicaciones y muchas otras cosas eran públicas

    Hace 1 año 9 meses

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