1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Claude Lévi-Strauss, el hombre de la mirada lejana

Su método, el estructuralismo, le alertó siempre de los peligros de dividir a las culturas entre las más y las menos civilizadas

Rayco González 30/10/2019

<p>Claude Levi-Strauss en 2005.</p>

Claude Levi-Strauss en 2005.

UNESCO/Michel Ravassard (CC BY 3.0)

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Maurizio del Ninno, in memoriam

 

Desconozco si Claude Lévi-Strauss pensaba en la isla de Utopía de Tomás Moro mientras escribía su artículo Todo al revés para el diario italiano La Repubblica, publicado el 7 de agosto de 1989. En todo caso, no parece descabellado pensarlo. El tema que allí trata es Japón y comienza recordando que veinticinco siglos antes un tal Herodoto de Halicarnaso se sorprendía en su viaje por el Nilo de que los egipcios se comportasen en todo al revés de los demás pueblos: las mujeres se dedican al comercio y los hombres se quedan en las casas y tejen; estos comienzan la trama por la parte inferior y no por la superior; las mujeres orinan de pie y los hombres agachados.

A continuación, Lévi-Strauss equipara las impresiones de Herodoto con el trabajo que Basil Hall Chamberlain, profesor de la Universidad de Tokio, tituló Topsy-Turvidom (El mundo al revés) para su libro Things Japanese, donde afirmaba: “Los japoneses hacen muchas cosas de forma exactamente contraria a lo que los europeos estiman natural y conveniente; a los propios japoneses, nuestras maneras les parecen igual de injustificables”. Esta frase, que nos obliga a ponernos en la piel del otro, revela una de las claves del trabajo intelectual de Lévi-Strauss. En el artículo, tras enumerar maneras y modos diferentes de la cultura japonesa tan dispares como que el carpintero serruche haciendo un movimiento hacia sí mismo o que las costureras enhebren la aguja empujando el ojo hacia el hilo en lugar de empujando el hilo dentro del ojo de la aguja, Lévi-Strauss concluye que todas estas prácticas atienden a una particular concepción del “yo” en la cultura nipona: “En lugar de hacer del sujeto la causa, como hacemos nosotros, el pensamiento japonés ve en él más bien un resultado. La filosofía occidental del sujeto es centrífuga; la de Japón, centrípeta, coloca al sujeto al final de la pista. Esta diferencia entre las actitudes mentales es la misma que hemos visto aflorar a la superficie en las formas opuestas de emplear las herramientas: como los gestos que el artesano siempre ejecuta hacia sí mismo, la sociedad japonesa hace de la conciencia de sí un término”.

su rigor metodológico le alertó siempre de los peligros de dividir a las culturas entre las más y las menos civilizadas

Esta conclusión lleva la marca misma del método extendido por Lévi-Strauss en las ciencias sociales: el estructuralismo. Esta marca consiste, en el fondo, en un complejo mecanismo intelectual: se debe proceder a un distanciamiento con respecto a nuestros esquemas culturales de interpretación para, en un segundo momento, observar las culturas en un estado de conmensurabilidad, sorteando así las trampas del etnocentrismo, que tanto abominó. Este método le llevó a ser tachado por unos de etnocéntrico y por otros de relativista, pero, en el fondo, había más incomprensión de la dimensión de sus procedimientos analíticos que otra cosa. En todo caso, su rigor metodológico le alertó siempre de los peligros de dividir a las culturas entre las más y las menos civilizadas, llegando incluso a pronunciar la célebre frase: “El bárbaro es, antes que nada, el hombre que cree en la barbarie”.

Durante una entrevista en televisión durante los años setenta, Lévi-Strauss evocó los orígenes de su intuición “estructuralista”, allá por 1939 en un paseo por los prados belgas: “Un día, tumbado sobre la hierba, observaba una bola de diente de león. Pensé entonces en las leyes de organización que debían presidir necesariamente un diseño tan complejo, armonioso y sutil. Todo aquello no podía ser simplemente consecuencia de azares acumulados”. Estas “leyes de organización”, encarnadas en la forma del diente de león, son equiparables a las estructuras fundamentales cuyas definición y descripción constituirán el trabajo vital de Lévi-Strauss, partiendo del estudio del parentesco y pasando por los mitos, las máscaras, la pintura, etc.

La clave de la actitud analítica de Lévi-Strauss reside en observar todas las culturas como convenciones semióticas. Para acceder a esta disposición mental, Lévi-Strauss definía el trabajo del etnógrafo –que, por otra parte, solo desempeñó durante ocho meses de su vida– como “técnica de dépaysement”, término francés de difícil traducción y que podría castellanizarse como “despaisamiento”, lo cual guarda un fuerte aire de familia con el tecnicismo “extrañamiento”. Y digo bien cuando afirmo que “extrañamiento” es un tecnicismo, ya que, en concreto, se trata de un concepto extendido en los estudios literarios fundamentalmente, desde que Viktor Shklovskij y los formalistas rusos identificaran cómo determinados mecanismos de las artes cortocircuitan aquellas prácticas culturales que, por ser comunes en nuestras vidas cotidianas, se han automatizado, adquiriendo rango de verdades inquebrantables, siendo realizadas casi inconscientemente. En alemán fue traducido por Verfremdungs, es decir, “distanciamiento”, y fue el fulcro del método teatral de Bertolt Brecht, cuyo propósito era convertir en asombrosas nuestras propias costumbres. Para Brecht, el Verfremdungseffekt o “efecto de distanciamiento” exponía al espectador a la experiencia de transformación de todo aquello que él consideraba “natural” como algo “artificial”, lo que, según su concepción, le permitiría luego un juicio más racional de los sucesos representados en la escena.

para Lévi-Strauss el estructuralismo debía permitir separarnos de nuestras propias costumbres y prácticas con el fin de comprendernos mejor a nosotros mismos

Pues bien, para Lévi-Strauss el estructuralismo debía permitir adquirir esta facultad de separarnos de nuestras propias costumbres y prácticas con el fin de comprendernos mejor a nosotros mismos. En este sentido, y a pesar de la escasez de su trabajo de campo, Lévi-Strauss registró por escrito la experiencia etnográfica que supone estar solo en mitad de la selva amazónica y recordar en la distancia la propia cultura de origen: “¿Quién o qué me había empujado a torcer violentamente el curso normal de mi vida? ¿Era una astucia, un hábil rodeo, destinados a permitir mi reintegro a la carrera con ventajas suplementarias, que se tendrían en cuenta? ¿O bien mi decisión expresaba una incompatibilidad profunda con mi grupo social, del cual, ocurriera lo que ocurriese, yo estaba inclinado a vivir cada vez más aislado? Por una singular paradoja, en vez de abrirme un nuevo universo, mi vida aventurera más bien me devolvía el antiguo, en tanto que aquel al que yo había aspirado se disolvía entre mis dedos” (Tristes trópicos, 1955).

Indudablemente, aquella experiencia directa con culturas indígenas de la Amazonia brasileña durante los años treinta marcaría de forma notable el trabajo intelectual de Lévi-Strauss. Y no creo que sea extraño pensar que su posterior encuentro en Nueva York con Roman O. Jakobson, uno de los mayores representantes del estructuralismo lingüístico, le diera el impulso definitivo para traducir aquella primera experiencia de “extrañamiento etnográfico” en un mecanismo lógico-analítico que redujese las numerosas costumbres y prácticas de la humanidad a códigos que identificasen sus elementos mínimos abstractos y sus posibles combinaciones entre sí.

Según relata Patrick Wilcken en Lévi-Strauss. The Poet in the Laboratory (2010), no podían concebirse dos personalidades más opuestas que las de Jakobson y Lévi-Strauss: el primero, dicharachero, extrovertido, jocoso y divertido; el otro, severo, introvertido, melancólico y silencioso. Ambos impartían sus lecciones en la École Libre des Hautes Études de Nueva York, que era financiada por la Fundación Rockefeller y que albergó a numerosos intelectuales europeos exiliados durante la II Guerra Mundial que escapaban de la persecución nazi. Jakobson impartía lingüística estructural y Lévi-Strauss, etnología.

Su periodo neoyorquino (1941-1944) constituirá la piedra de toque necesaria para culminar su “thèse de État”, presentada en 1948, y que le hará tener posteriormente una repercusión inigualable en las ciencias sociales. Se trata, por supuesto, de Las estructuras elementales del parentesco (1949). De hecho, será Jakobson quien le propondrá escribir sobre “todo eso” cuando el propio Lévi-Strauss ni siquiera podía ni soñarlo. Y poco después de esta sugerencia, en 1943, escribirá un artículo preparatorio, The Social Use of Kinship Terms among Brazilian Indians (American Anthropologist, vol. 45, n.3), donde comenzará a analizar un campo que en Francia, a diferencia de la antropología anglosajona, apenas había sido tratado desde los trabajos de Émile Durkheim: el parentesco.

La senda emprendida por Lévi-Strauss no solo era innovadora por el tema escogido, sino también por su mirada. Los principios de su análisis estructural fueron expuestos en otro texto preliminar, El análisis estructural en lingüística y en antropología, publicado en la revista americana Word en 1945 y posteriormente incluido en la compilación de artículos Antropología estructural (1958). En él demuestra la eficacia del análisis estructural e identifica la noción fundamental de “átomo de parentesco”, que sería la estructura elemental o mínima de cualquier sistema de parentesco, un esquema básico con ciertas posibles combinaciones, que representarían las opciones que pueden efectuarse en cualquier cultura.

Gracias en buena medida a su encuentro con Jakobson, Lévi-Strauss dará un giro importante a su producción intelectual, situándose en la travesía histórica que parte de Ferdinand de Saussure, continúa en los trabajos de fonología estructural de Nikolai Trubetzkoy y sigue con el Círculo de Praga. En virtud de esta trayectoria, Lévi-Strauss expone los principios de lo que será con el tiempo su propio programa de vida: la antropología estructural. El primer principio es el de pasar de los fenómenos lingüísticos conscientes a los fenómenos inconscientes, entendiendo por inconsciente no el remanente psicoanalítico de los recuerdos conscientes, sino las estructuras lingüísticas con las que cualquier humano organiza su pensamiento y su actividad comunicativa. El segundo principio es el análisis de las relaciones entre los elementos y no de los elementos como entidades independientes. El tercer principio es que los elementos están siempre organizados en sistema. El cuarto principio es que el objetivo final es descubrir unas leyes generales que permitan entender los límites de la mente humana, es decir, las invariantes en el arco de todas las variaciones en que cada cultura se sitúa.

El recorrido que va desde el primer principio, concerniente a los actos comunicativos particulares documentables, hasta el último, que sitúa a cada sistema cultural en un amplio abanico de formas posibles y equiparables, corresponde al movimiento necesario del “extrañamiento intelectual”. O, si se prefiere, se trata de la perfecta experimentación de una distancia con nuestra cultura de origen, al colocarla en el mosaico de culturas existentes, “existidas” y “existibles”. Este es el efecto que se tiene al leer el apéndice de Las estructuras elementales en el que, a petición de Lévi-Strauss, el matemático André Weil redujo uno de los sistemas de parentesco a un estudio algebraico, demostrando “cómo el álgebra y la teoría de grupos de sustitución pueden facilitar el estudio y la clasificación de las leyes de matrimonio”. Como escribe Maurice Godelier, insigne discípulo de Lévi-Strauss, “apuesta ganada y, desde entonces, el número de estudios lógico-matemáticos de los sistemas de parentesco no ha cesado de multiplicarse”.

En los años cincuenta Lévi-Strauss colaboró con la Unesco con una serie de textos publicados bajo el título Raza e historia (1952) donde criticaría las nociones occidentales de raza y de progreso y que culmina con una sentencia coherente con su proyecto intelectual: “La diversidad de las culturas humanas está detrás de nosotros, a nuestro alrededor y ante nosotros”. Y, fiel siempre a esta necesidad de distancia propia del método estructuralista, escribirá una obra que abrirá su campo de estudio al pensamiento mítico, El pensamiento salvaje (1962), que concluye con la afirmación de que no hay diferencia entre la “lógica concreta” de las sociedades primitivas, encarnada en sus taxonomías del mundo natural, y la “lógica abstracta” de la ciencia de las sociedades occidentales, ya que ambas son expresiones de las mismas disposiciones universales de la mente humana.

La imagen de esta mirada que mantiene a todas las culturas a la justa distancia es una metáfora (¿o tal vez no sea solo una metáfora a fin de cuentas?) que recorrerá toda su obra. En 1983, por ejemplo, decidirá cambiar el título Antropología estructural tres por el de Le regard éloigné (La mirada distante) para una obra significativamente dedicada a Roman O. Jakobson, fallecido solo un año antes. Pasada la moda del estructuralismo de los años setenta, Lévi-Strauss permanecía “fiel a los principios y al método que no ha cesado de guiarme”. En 1988, en una famosa entrevista con Didier Eribon, explicará también el porqué de este título: “La palabra estructuralismo se había degradado tanto, víctima de los abusos, que se acabó por no saber qué quería decir”. El reverso del estructuralismo es precisamente esta técnica óptico-intelectual de distanciamiento y, en consecuencia, decir “estructuralismo” o “mirada distante” es decir casi lo mismo.

Intelectual poco dado al espectáculo mediático y pensador de una austera discreción, Lévi-Strauss es considerado por muchos el gran humanista del siglo XX

Al hablar del abuso del término en los años setenta, Lévi-Strauss se refería, claro está, a las derivas postestructuralistas que, en manos de otros autores e intelectuales, habían dirigido al estructuralismo a senderos imprevistos, extirpándolo de su campo operacional. Y, con todo, hay que reconocer que tales derivas no habrían sido posibles, ni hoy podríamos comprenderlas en profundidad, sin la obra de Lévi-Strauss. Todas las reflexiones y las teorías sobre las prácticas del sentido, desde Jacques Lacan hasta Michel Foucault, pasando por Jacques Derrida y Jean Baudrillard, son deudoras del estructuralismo. Para prueba, recuérdese la conocida viñeta de El almuerzo estructuralista de Maurice Henry (1967), donde Lévi-Strauss, absorto en la lectura de un manuscrito, asiste a la animada conversación entre Lacan, Foucault y Roland Barthes, ataviados todos con taparrabos. Uno de los hilos históricos que reúne las reflexiones posteriores sobre el signo es haber identificado la verdad y la realidad como categorías convencionales, culturalmente variables: ya sea como “prêt-à-porter de fantasía” (Lacan), ya sea como “saberes comunes y precarios” (Derrida), o como “orden del discurso” (Foucault), todas estas concepciones se remontan, de un modo u otro, a la idea de “eficacia simbólica” de Lévi-Strauss, es decir, a los juegos de significación que están más allá de la verdad y de la mentira (los ecos nietzscheanos resuenan claramente). El estructuralismo ve la verdad como un mero efecto discursivo.

Mención aparte merece la semiótica de Algirdas J. Greimas y de la escuela de París, que se presenta como una continuación del método estructural de Lévi-Strauss. No es casual, en este sentido, que Greimas analizase la verdad como “efecto veridictivo” y como “contrato fiduciario” generados en los propios discursos.

El valor de las aportaciones de Lévi-Strauss reside precisamente en la pertinencia y en la oportunidad de sus preguntas. Saber plantear las cuestiones adecuadas es la labor del sabio, según sus propias palabras. La constancia en operar el método estructural sobre cualquier tipo de objetos culturales hace de la obra de Lévi-Strauss una totalidad coherente, que puede causar las mismas perplejidad y admiración que le produjo su observación distante de aquella bola de diente de león. Detrás de tan asombrosa perseverancia podría esconderse la necesidad común del buen científico de lograr formular la pregunta última sobre nosotros mismos. Pero como él mismo afirmó, recuperando una vieja sentencia de Montaigne, la comunicación directa con el ser nos está vetada. Y, sin embargo, su mirada distante le permitió preguntarse adecuadamente sobre la variedad de nuestros modos de existencia, en cuya búsqueda nunca desfalleció.

Intelectual poco dado al espectáculo mediático y pensador de una austera discreción, Lévi-Strauss es considerado por muchos el gran humanista del siglo XX. Al mismo tiempo, muchos son los que han apuntado al profundo pesimismo de su obra, cuestión a la que el propio Lévi-Strauss respondió diciendo que era el único camino posible para acceder a un optimismo razonable y a un humanismo tolerante. Se inquietaba por el porvenir del mismo modo que le inquietaba cada una de sus preguntas, en un camino semejante al del japonés que describió en aquel artículo de La Repubblica con el que comencé estas líneas: “El ‘yo’ japonés no aparece como un dato ya dado, sino como un resultado hacia el cual tendemos a llegar sin certeza”. Nunca abandonó la perplejidad intelectual de verse a sí mismo en el otro y el otro en sí mismo, y, frente a los vientos de etnocentrismos que corren hoy, creo que no está de más recordar la técnica de distanciamiento con que Lévi-Strauss supo recorrer su personal e incierto camino hacia sí y hacia nosotros mismos.

------------------

Rayco González  es miembro del Grupo de Estudios de Semiótica de la Cultura, perteneciente a la Fundación Ortega-Marañón y profesor de la Universidad de Burgos.

Autor >

Rayco González

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí