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En Kosovo, los jóvenes apuestan por el cambio político

La primera generación nacida tras la guerra con Serbia da la espalda a los partidos en el gobierno. Autodeterminación, una formación nacida de las protestas sociales, ganó las elecciones del 6 de octubre

José Francisco Carpintero / Juan Manuel Montoro Pristina , 13/10/2019

<p>Mitin de cierre de campaña de Autodeterminación.</p>

Mitin de cierre de campaña de Autodeterminación.

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Las capitales del mundo erigen obeliscos y monumentos a los héroes y las tradiciones eternas. El principal símbolo de Pristina, por el contrario, es una escultura tipográfica con la palabra Newborn (“recién nacido” en inglés). Reconocerse de un país implica en muchos casos olvidar cuándo y cómo fue creado para asumir que la nación siempre estuvo allí. En esa nación eterna, los kosovares suelen sentirse albaneses, pero cuando tienen que pensarse como kosovares no pueden olvidar su pasado reciente y su independencia hoy parcialmente reconocida. 

Ante ese panorama la respuesta es mirar al futuro y definirse con orgullo como la nación más joven de Europa. En un doble sentido, porque además de haberse constituido hace tan solo 11 años –no todos los Estados miembros de la UE lo reconocen. España es uno de ellos–, tiene la tasa de natalidad más alta de toda Europa y un 65% de la población es menor de 30 años.

La generación de nacidos en los 2000, en el mundo global, la conocida Gen Z, ha sido criada entre tutoriales de YouTube y recibió su primer smartphone como rito de pasaje a la pubertad. Pero en los Balcanes, y en Kosovo en especial, estas fechas pueden significar algo diferente. Tras una guerra que, entre febrero de 1998 y junio de 1999, se llevó más de 13.000 vidas, los jóvenes kosovares nacieron en un país por construir y con un frágil equilibrio de fuerzas para mantener la paz. Por primera vez esta generación pudo acudir a las urnas el pasado domingo 6 de octubre.

Las anteriores elecciones legislativas se celebraron el 11 de junio de 2017: 18 años y un día después de que entrara en vigor el Tratado de Kumanovo que marcó el fin de la guerra con Serbia. El pasado julio un fiscal de La Haya convocó a declarar por crímenes de guerra a Ramush Haradinaj, uno de los históricos líderes del Ejército de Liberación de Kosovo y actual primer ministro por una coalición de partidos que incluía a su Alianza por el Futuro de Kosovo (AAK) y otros como NISMA y el hegemónico Partido Demócrata de Kosovo (PDK).

Haradinaj renunció por sorpresa. Argumentó que era imposible liderar un país y ser sospechoso ante un tribunal internacional a la vez. Ya había dimitido en 2005 ante circunstancias similares. Frente a esta crisis política, el también excombatiente y presidente Hashim Thaçi, del PDK, convocó a elecciones anticipadas para renovar el parlamento y formar un nuevo gobierno. La esperanza tanto de Thaçi (PDK) como de Haradinaj (AAK), socios habituales de gobierno –han compartido el poder desde 2008 en distintos formatos– era lograr una adhesión de los votantes aún mayor. Pero no fue el caso.

Un triunfo claro de los partidos de la oposición parece indicar un nuevo rumbo en el liderazgo político de Kosovo y en las relaciones políticas y diplomáticas con los países de los Balcanes y con la Unión Europea. 

Tras conocerse los resultados preliminares cerca de la medianoche del domingo al lunes, en las calles de Pristina y en las redes sociales se repetía una expresión albanesa: Erdhi dita (El día llegó). Otros hablaban de una “segunda liberación”, complemento de aquella que había puesto fin a la hegemonía serbia en 1999 y había marcado el camino hacia la declaración unilateral de independencia.

Con una plataforma que nace de movimientos sociales, y en algunos aspectos recuerda a Podemos, el partido Autodeterminación (Lëvizja Vetëvendosje en albanés, LV) de Albin Kurti ocupó el primer lugar con el 25,50% de los votos y 31 escaños. Apenas unas cinco mil papeletas por debajo (24,83%) la Liga Democrática de Kosovo (LDK) de Vjosa Osmani se ubicó en segundo lugar.  Si suman sus 30 escaños a los de LV, alcanzarían por uno la mayoría absoluta en un parlamento de 120. A pesar de sus grandes diferencias ideológicas, las expectativas de llevar al PDK a una oposición en la que nunca estuvo parecen suficientes para que rápidamente se pongan de acuerdo.

Una democracia acostumbrada a negociar

En lo formal el sistema de partidos en Kosovo no dista mucho de otros países europeos. Las competencias del presidente de la República se limitan a las típicas de otros jefes de Estado, y la jefatura de gobierno recae en el primer ministro que surge de elecciones legislativas cada cinco años. 

Para formar gobierno, los partidos se presentan en coaliciones que pueden cambiar de una elección a otra, aunque hay afinidades marcadas por las experiencias recientes. A diferencia de España, la política kosovar está acostumbrada a negociar gobiernos de coalición y muchas de las alianzas se pueden prever de antemano.

La particularidad del caso kosovar tiene que ver con la composición multicultural de su sociedad. Según datos del 2011, el 91% de la población se define como albanesa y los serbios son la minoría más importante, con un 3,4% que se concentra principalmente en el norte, en municipios cercanos a lo que para algunos es la República de Serbia y para otros “el resto de Serbia”. El otro 5,6% se compone de otros grupos étnicos o culturales como romaníes, bosniacos y turcos.

El parlamento, con 120 escaños, reserva al menos diez lugares para partidos serbios –también les corresponde un gabinete ministerial– y otros diez para el resto de las minorías en su conjunto, por lo que los cien escaños restantes suelen disputarse entre el grueso de las opciones albanokosovares. 

El partido hegemónico desde la independencia ha sido el PDK de Kadriu Veseli y Hashim Thaçi. Con distintas alianzas ha estado siempre en el primer plano. En esta ocasión se presentó solo y alcanzó 25 escaños. En 2017 había formado coalición con varios partidos, entre ellos AAK, el del primer ministro Ramish Haradinaj. Esta vez AAK se presentó con el Partido Social Demócrata (PSD) en una coalición llamada 100% Kosovo y consiguió 14 representantes parlamentarios.

Del lado de la oposición, dos opciones con marcadas diferencias

La Liga Democrática de Kosovo(LDK) fundada por Ibrahim Rugova, líder de la resistencia pacífica en los ochenta y primer presidente entre 1992 y 2006,  antes de la independencia, aspiraba a convertir a Vjosa Osmani en la primera mujer en liderar el gobierno kosovar. A pesar de pertenecer a un partido neoliberal en lo económico y conservador en lo social, Osmani hizo una campaña centrada en la importancia de cambiar una sociedad patriarcal. Si bien para muchos, LDK representa una alternativa moderada a los partidos de los excombatientes, muchos otros temían que, de ganar, LDK se acercara demasiado al oficialista PDK. 

El gran protagonista de los últimos comicios es Autodeterminación, el partido del exlíder estudiantil Albin Kurti. ¿Qué sedujo a buena parte del electorado para posicionar a este partido, aunque por muy estrecho margen, en el primer lugar? Un tono fuerte contra las élites políticas y un discurso que refuerza la identidad albanesa y plantea de manera explícita la unión con Albania. En los Balcanes este tipo de propuestas generan más incertidumbre que entusiasmo, pero Kurti fue enfático en establecer tres prioridades en la relación con Serbia para mitigar la inestabilidad: un diálogo social para que haya un diálogo político; la promesa de que no habrá un acuerdo para intercambiar poblaciones ni territorios; y el asegurar que no se tocaría el mapa.

Además, fue la voz crítica más elocuente contra la corrupción, el nepotismo y el aumento de las privatizaciones. En campaña, Kurti criticó que “de 17 empresas públicas, solo tres dan ganancia” y planteó cerrar la Agencia Kosovar de Privatización y crear un banco de desarrollo para bajar las tasas de interés a prestamistas y ayudar a las pymes. 

El cuadro no está, sin embargo, completo sin la parte serbia. El partido hegemónico entre la población serbokosovar, Lista Serbia (Srpska lista), ha recuperado el asiento perdido en 2017, por lo que logró ocupar de nuevo los diez escaños reservados a esta minoría. A diferencia de otras formaciones serbias, que se quedaron sin representación, Lista Serbia es fiel a la agenda de Belgrado. Es decir, considera Kosovo como una región de este país y suele boicotear las iniciativas que apuntan a consolidar la soberanía de la república kosovar. 

La política en Pristina suele girar en torno a dos ejes complejos: Serbia y los problemas internos. Hasta estos comicios, las formaciones lideradas por los excombatientes de la guerra contaban con un rédito político basado en ello que les permitía surfear las cuestiones sociales y económicas. Puede que ahora haya cambiado.

El día de la votación

Nacido en mayo del 2000, Dardan Shala se inscribió como observador de Autodeterminación en estas elecciones, las primeras en las que votaba.

“Desde hace años estaba esperando este momento. Quería hacer el bien para mi país”, confiesa este joven que el pasado domingo ya estaba a las 4 de la mañana visitando los colegios electorales de su pueblo. “Al principio estaba entusiasmado, después con miedo por no conocer algunos detalles del proceso. Pero todo salió bien. Sobre todo, cuando salieron los resultados y ganó mi partido”, cuenta. 

Entre los problemas de Kosovo, Dardan identifica la corrupción, la manipulación de presupuestos, la falta de educación de los políticos y que prometen mucho y hacen poco. “Por suerte los ciudadanos no votaron a aquellos que violaron la ley o tienen causas abiertas en la justicia. Autodeterminación es diferente. Nunca ha estado en el poder, ganó de manera convincente y genera optimismo en el pueblo” afirma.

“En todas las elecciones, desde 1999 hasta hoy, se ha usado la guerra con Serbia, para ganarlas. A nosotros, los que nacimos después, ya no nos pueden convencer con eso. Buscamos figuras nuevas”, señala Dardan, para quien los desafíos más importantes a encarar en el futuro son luchar contra la corrupción, y el diálogo con Serbia. “Desde hace una década no hay avances. Serbia continúa obstruyendo nuestra inserción en el mundo”, critica.

A medida que se fueron conociendo los resultados y parecía claro que Autodeterminación superaría a LDK, muchos votantes de esta joven formación acudieron con su bandera de Albania a la plaza Skanderbeg –dedicada a un héroe nacional albanés–, en la que se encuentra la sede del gobierno. Además de las insignias albanesas, podían verse banderas de Alemania y Suiza, países en los que la diáspora kosovar tiene mucho peso. “Somos un grupo de amigos, vinimos en avión a votar y mañana retornamos a nuestras casas. Vuelvo a menudo y ahora tengo ganas de regresar definitivamente a Kosovo”, afirmaba emocionado un hombre de 39 años. 

Algunos de los concentrados también ondeaban banderas de Estados Unidos, la nación amada por los kosovares debido al rol de la OTAN en la guerra. 

“Esta es una gran noche. Soy padre y estuve pensando en irme de Kosovo si Autodeterminación no ganaba las elecciones”, compartía eufórico Dardan Krasniqi, de 40 años y excombatiente del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK). “Yo fui soldado, tengo dos mártires en mi familia, y hasta 2005 apoyé a los comandantes Thaçi y Veseli, a quienes serví. Pero no han hecho nada por el país, han otorgado a muchos el estatuto de veteranos y mártires solo para conseguir votos. Los comandantes del ELK mataron nuestras esperanzas. Estoy seguro de que Albin Kurti las recuperará”. 

Gran parte del éxito de Autodeterminación ha residido en captar a la gente joven, pero también en capitalizar el descontento de toda la ciudadanía.

Para Lulzim Peci, fundador y director de KIPRED, uno de los principales think tank de la política local, hay dos elementos claves en el cambio de voto. En primer lugar, el que “a la gente joven no le interesa qué pasó en la guerra durante los noventa”. La segunda razón se relaciona con el hastío con una red de corrupción “que no está diseminada hacia abajo pero sí enfocada en los altos mandos. En Kosovo es muy difícil sobornar a un policía, pero sí ocurre en el gobierno central, en las municipalidades, y, en cierta forma, en la Justicia. El PDK interfirió en las instituciones independientes”, explica. 

El que por primera vez tras la independencia puede haber una coalición de gobierno sin excombatientes del ELK representa, según Peci, “un gran cambio de mentalidad porque muestra que los partidos que se irán a la oposición ya no pueden vender más el relato de la guerra”. Los votantes buscan una “mejor calidad de vida, como cualquiera en el mundo”, indica.

Peci, que realizó el máster de Relaciones Internacionales del Instituto Ortega y Gasset, en Madrid, establece algunos paralelismo entre Podemos y Autodeterminación: “Ambos empezaron como movimientos contra las élites políticas y económicas, son de izquierdas y, en cierto punto, son liberales en lo social”. Entre las diferencias, destaca, sin embargo, el rol del nacionalismo y la defensa de la nación en cada propuesta política de la formación kosovar. “Es una causa muy importante para Autodeterminación, mientras que en Podemos no”.

La palabra momentum es muy frecuente entre analistas y políticos de los Balcanes. Peci no es la excepción: “Ahora hay una oportunidad para cambiar, pero no se puede dar por hecho. No va a ser muy rápido, pero lo importante ahora es poner a Kosovo en la ruta de las reformas”. 

Estos cambios, según él, no solo pasan por combatir la corrupción, sino también enfrentar el desempleo, mejorar los servicios públicos, normalizar las relaciones con Serbia e integrarse a las instituciones europeas. “Albin Kurti quiere elevar el salario mínimo a 350 euros y que el promedio de los salarios llegue a 600 en el sector privado”, apunta el director de KIPRED. Kosovo tiene los salarios más bajos en toda la región con un mínimo que oscila entre 130 o 170 euros al mes, dependiendo de si se es menor o mayor de 35 años, y un promedio de 250 al mes.

Para Peci además la integración en la Unión Europea sigue siendo una prioridad: “Es una condición necesaria para limpiar de verdad el país. No solo para Kosovo, sino para toda la región”. 

Cuando se le plantea si es viable un gobierno conjunto entre un partido de izquierdas como Autodeterminación y un partido conservador en lo social como LDK, Peci responde que podrían complementarse. Al liderar el ejecutivo, “Autodeterminación irá siempre por lo alto, mientras que LDK ayudará a bajar las ideas a tierra con soluciones pragmáticas”.

Nada más conocer los resultados electorales Autodeterminación y LDK se sentaron a negociar acuerdo de gobierno. Los primeros ya han anunciado algunas medidas polémicas como que el miembro serbio obligatorio del gabinete no sea de la Lista Serbia. Los segundos esperan aún el escrutinio final para saber si aún pueden revertir el escaso margen de diferencia y liderar ellos la coalición.

–––––– 

Este artículo forma parte de un proyecto de investigación de la Kosovo Foundation for Open Society (KFOS) en el marco del proyecto Building knowledge about Kosovo. 

Autores:

José Francisco Carpintero - https://www.linkedin.com/in/josecarpinteromolina/

Juan Manuel Montoro - @juanomontoro

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2 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. José Lázaro

    La llanura de los mirlos....

    Hace 2 años

  2. Diego

    Fantástico artículo para acercarse a la realidad política y social de un territorio que no aparece habitualmente en los medios de comunicación.

    Hace 2 años

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