1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Análisis

¿Un Green New Deal para España?

Un acuerdo de este tipo puede ser el enésimo canto de sirena de una izquierda a la búsqueda de un nuevo eslogan, o lo que es lo mismo de una nueva justificación... verde y sin futuro

Emmanuel Rodríguez 9/10/2019

<p>Central solar fotovoltaica de Amareleja (Portugal). </p>

Central solar fotovoltaica de Amareleja (Portugal). 

Vitor Oliveira

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Núñez de Balboa, Francisco Pizarro... Puede parecer una breve lista de “los conquistadores” extremeños. Y lo es. Pero en este caso sirve para nombrar a las que serán las dos mayores plantas fotovoltaicas construidas en Europa. Dos instalaciones gigantescas, de mil hectáreas cada una, que juntas sumarán una capacidad instalada de 1000 MW. Para entendernos: a plena luz del día, producirán la misma electricidad que uno de los siete reactores nucleares que todavía existen en la península ibérica. 

Y esto no ha hecho más que empezar. Las dos plantas extremeñas son sólo el botón de muestra de las inversiones previstas por Iberdrola, propietaria de las instalaciones, y que llegarán a sumar 30.000 MW de potencia eléctrica renovable de aquí a 2030. Si se considera el conjunto del mercado, hasta el verano, el Gobierno había dado el visto bueno a la instalación de 56.100 MW de energía fotovoltaica. Al tiempo que otros 91.600 esperaban autorización. La potencia eléctrica instalada en todo el país, que suma centrales nucleares, centrales térmicas, de ciclo combinado, presas hidroeléctricas, biomasa, parques eólicos y otras renovables no llegaba por esas fechas a los 100.000 MW de potencia. En el caso de que todas estas solicitudes tuvieran viabilidad, prácticamente toda la electricidad consumida en el país en 2030 podría llegar a ser renovable.

Es tiempo de elecciones, y una de las consignas que se deja caer por parte de Podemos, de Errejón e incluso de algunas voces del PSOE, es la del llamado ‘Green New Deal’. Se trata de una eslogan, sí. Pero en su primera factura en Estados Unidos tenía pretensiones de propuesta. Entre mediados y finales de la década de los 2000, varios equipos políticos vinculados a los verdes y a distintas agrupaciones socialistas desarrollaron lo que en la lengua semipolítica semirreligiosa de Estados Unidos llaman “una visión”. La idea consistía en una aceleración de las políticas de transición energética por medio de incentivos fiscales, y sobre todo del gasto público, un rápido aumento de la inversión y el empleo en estos sectores, todo ello acompañado de políticas sociales distributivas. Un nuevo New Deal pero en verde.

Este nuevo New Deal se asemejaba al antiguo (el de los años treinta) en un punto crucial. Consistía básicamente en un fuerte paquete de estímulos keynesianos que empujaría la inversión y el empleo, al tiempo que se ejercía una eficaz política distributiva. A este paquete se ha añadido recientemente la llamada Teoría Monetaria Moderna (TMM). La TMM parte de una idea del dinero como moneda fiduciaria, esto es, que puede ser emitida prácticamente a voluntad por el Estado, en otras palabras, dinero gratis para la transición energética y para las nuevas políticas sociales. Difícilmente se podría discutir esta teoría en este artículo, de inspiración también netamente keynesiana. De todos modos, sus validez política se debería contrastar con el actual poder de los mercados financieros y la integración de la cadena de producción global, esto es, con los serios límites a la autonomía de este tipo de políticas de base exclusivamente monetaria. Por el momento, basta con destacar que la TMM aportaría un soporte ilimitado a las políticas de inversión y expansión del nuevo capitalismo social verde. Sería algo así como su soporte económico, tanto teórico como material.

A excepción quizás de algún experto que escapó a nuestro radar, no busquen en la política española un desarrollo muy elaborado de un Green New Deal a la española. El eslogan sigue operando como consigna. Y sin embargo, el país está hoy embarcado en algo parecido a una efectiva transición energética. Existe actualmente una asunción puramente interna a los sectores económicos y a una parte de la clase política, de que merece la pena apostar por eso que llamamos “transición energética”, por limitada que esta sea.

El aspecto más destacable reside en el nuevo boom de las renovables, el mismo que nos devuelve a Pizarro y Núñez de Balboa transfigurados en plantas fotovoltaicas. La nueva explosión de las renovables tiene por base un fuerte abaratamiento de la tecnología fotovoltaica, la típica afluencia de capitales en busca de rentabilidad –estamos efectivamente ante un fenómeno de burbuja financiera, de momento centrado en las autorizaciones de instalación– y unas políticas públicas favorables, tras casi diez años de crisis y la recusación de las primas a este tipo de energías del primer Gobierno Rajoy. Valga como muestra de esta nueva voluntad política que el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC), redactado por el Gobierno español en febrero pasado, ha recibido el “premio a la ambición” entre todos los planes elaborados por los países miembros de la UE. 

Los objetivos del PNIEC, todavía insuficientes desde una perspectiva dirigida a la completa descarbonización de la economía y con ello al control de la espiral climática, son sin embargo casi los únicos en toda Europa que se acercan a los compromisos de París de contener el incremento de temperaturas en 1,5º C. El plan español establece para 2030 una reducción del 21 % de las emisiones de gases de efecto invernadero respecto al nivel de 1990. Al finalizar el año 2017, España estaba todavía 18 puntos porcentuales por encima de ese umbral de referencia.

Según el documento, en 2030 se debería alcanzar una cuota para las renovables del 42 % sobre el uso de energía final del país. En el caso de la generación eléctrica, el porcentaje de renovables se situaría en el 74 %, que en 2050 alcanzaría el 100 %. Además se preveía que 4,5 millones de los vehículos en circulación fueron eléctricos, al tiempo que cuatro de las siete centrales nucleares deberían cerrar. En el 2025 tendrían que desaparecer también todas las centrales térmicas de carbón. De hecho, 9 de las 14 centrales de este tipo de que dispone el país están abocadas al cierre el próximo año 2020, algunas incluso han adelantado la fecha. Las centrales de carbón son las instalaciones más contaminantes del sistema energético español, producen un 58 % del CO2 de la generación eléctrica.

La transición ecológica en la producción de electricidad y la electrificación parcial de la economía es ya demasiado barata como para generar un ciclo de crecimiento industrial global 

La hoja contable del plan también resultaba ambiciosa. El tránsito a una economía parcialmente descarbonizada debería movilizar unos 236.000 millones de euros entre 2021 y 2030. El 80 % de estas inversiones serían efectuadas por el sector privado y el 20 % restante, unos 47.000 millones, responderían a inversiones de las distintas administraciones públicas. En conjunto se calculaba una inversión anual para los próximos diez años de alrededor del 1,5 % PIB. En términos de empleo, se estimaba que todo el sector de renovables alcanzaría los 120.000 empleos, con la espectacular instalación de 90.000 MW de renovables. Hacia 2030, el número de empleos en el sector podría acercarse al medio millón.

Se trata de cifras impresionantes, que en caso de cumplirse pondrían al país a la cabeza mundial de la llamada transición energética. No es objeto de este artículo cifrar las innumerables insuficiencias de una posible generalización internacional del ejemplo español, tampoco los límites a la electrificación de la economía (una economía eléctrica sin uso de motores de combustión), los cuellos de botella tecnológicos del transporte por carretera y almacenamiento en baterías, los problemas de recursos como el litio y otros minerales necesarios para este proyecto de transición, etc. Lo que aquí se pretende valorar es otro aspecto de la discusión, que muchas veces se deja de lado. Con los datos señalados, ¿puede la descarbonización de la economía o la transición energética ser la dinamo económica, que tantas veces aparece en el debate público, como el gran articulador de un proyecto de reforma social y de nuevo “modelo económico”? ¿Es viable el proyecto de capitalismo social verde, en definitiva, el Green New Deal?

El Green New Deal, como su predecesor rooseveltiano, proyecta una fuerte política de inversión pública y privada, capaz de generar empleo y redistribución de rentas. En la base de esta hipótesis encontramos una nueva forma de economía keynesiana cuyos pivotes son inversión, crecimiento, empleo y redistribución. Tomemos de nuevo el ejemplo español.

El PNIEC preveía una inversión de aproximadamente el 1,5 % del PIB anual en el conjunto de sectores claves de la transición energética desde las renovables al coche eléctrico, pasando por la eficiencia energética. Los niveles de inversión requeridos pueden parecer alucinantes, e incluso lo podrían ser más si los aumentásemos al 2-2,5 % de inversión que es la cifra que muchos expertos ofrecen como óptima para detener el calentamiento global. Comparemos ahora estos datos con los que estimularon el gran ciclo de crecimiento de la economía española en democracia entre 1995-2007, cuando el país crecía a un ritmo mayor que cualquiera de los de su entorno. En ese periodo, el ritmo inversor en infraestructuras de transporte (carreteras, AVE, aeropuertos), en su mayor parte cubiertas con fondos públicos, rondó el 1 % del PIB. Mientras, la inversión privada y pública en construcción (en términos de Formación Bruta de Capital Fijo), base del ciclo de crecimiento, alcanzó en algunos años niveles del 20 % del PIB y rara vez bajó del 15 %. Un ciclo de crecimiento industrial requeriría al menos cifras de inversión del 5 % del PIB para convertirse en un verdadero motor económico. Pero las cifras de inversión del PNIEC, e incluso las de un 2,5 %, no están muy alejadas de la requeridas por el reemplazo y amortización de instalaciones energéticas que se producirían de mantener el modelo energético convencional. Esto quiere decir, sencillamente, que la transición energética, aun en los escenarios más ambiciosos, no alcanza a movilizar niveles de inversión suficientes para obtener los efectos requeridos en la multiplicación de beneficios, empleo y, por ende, en el crecimiento económico general.

Podemos comparar, de hecho, estas cifras de inversión previstas en España con las que nos ofrece la Agencia Internacional de la Energía. En 2018, se invirtieron en instalaciones de producción de electricidad, y extracción y transporte de material energético 1,85 billones de dólares, aproximadamente un 3 % del PIB mundial. De esta cifra, 300.000 millones fueron a parar a las energías renovables, siendo el año récord de instalaciones, con una cifra que suponía casi el doble de lo invertido en centrales de carbón, gas y nucleares. Sin embargo esa cifra no alcanzó la mitad de lo que se invirtió en refinerías, oleoductos y pozos de petróleo y gas. La misma Agencia Internacional de la Energía considera que una cifra óptima de inversión en un horizonte ecológicamente sostenible para sus criterios (algo menor a 2º C en 2100) implicaría una inversión anual de al menos 1,5 % del PIB mundial, esto es, prácticamente lo mismo que se invierte anualmente en refinerías, oleoductos y pozos de petróleo y gas.

Paradójicamente, el problema de la transición energética no es (o al menos no es solo) un problema de escasez de recursos o de tecnología, aunque ciertamente hay cuellos de botella y problemas en algunos de los ámbitos señalados. Se trata de un problema económico, pero en los estrictos términos capitalistas de inversión y rentabilidad. La transición ecológica en las materias fundamentales de la producción de electricidad y la electrificación parcial de la economía es ya demasiado barata como para generar un ciclo de crecimiento industrial global, con efectos significativos en el empleo y en la redistribución de rentas, al menos en la actual relación de fuerzas entre trabajo y capital.

Volvamos al ejemplo de la tecnología fotovoltaica, pilar de la transición energética: básicamente esta se ha vuelto demasiado asequible, poco rentable. Los paneles fotovoltaicos se han abaratado algo más de un 90 % en la última década. Tapizar con ellos 200 o 300.000 hectáreas de suelo en España –más o menos la cantidad estimada para producir toda la electricidad (incluso algo más) que se consume hoy por hoy en el país– resulta ya demasiado “poco” en términos de inversión y empleo, al menos para generar impactos económicos sustanciales y ser el soporte de un ciclo económico realmente expansivo.

A la hora de considerar, por lo tanto, los cruces entre la economía política del capitalismo actual y los requerimientos de la transición energética, se nos presenta una situación anómala. El problema de la transición energética (al menos de la electrificación parcial de la economía) del capitalismo actual no es tanto que carezca de soluciones tecnológicas o de que haya poco dinero disponible (inversión). El problema es justo el contrario, las renovables se han vuelto excesivamente baratas como para generar un ciclo industrial con efectos económicos generales. Al mismo tiempo, sumergidos en un ciclo de ya casi 40 años de financiarización de las economías, existe demasiado dinero en búsqueda de rentabilidad como para que los sectores clave de la transición energética puedan absorberlo de forma significativa. El problema es curiosamente de exceso de eficiencia industrial, de exceso de capacidad industrial y de exceso de dinero. Y esto hace a nuestro sistema económico responsable por partida doble de la crisis ecológica actual: en tanto causa de los principales problemas y en tanto resulta impotente a la hora de resolverlos, al menos según su propia lógica.

De acuerdo con lo aquí presentado, el Green New Deal puede ser el enésimo canto de sirena de una izquierda a la búsqueda de un nuevo eslogan, o lo que es lo mismo de una nueva justificación... verde y sin futuro.

Ya está abierto El Taller de CTXT, el local para nuestra comunidad lectora, en el barrio de Chamberí (C/ Juan de Austria, 30). Pásate y disfruta de debates, presentaciones de libros, talleres, agitación y eventos...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Emmanuel Rodríguez

Emmanuel Rodríguez es historiador, sociólogo y ensayista. Es editor de Traficantes de Sueños y miembro de la Fundación de los Comunes. Su último libro es '¿Por qué fracasó la democracia en España? La Transición y el régimen de 1978'. Es firmante del primer manifiesto de La Bancada.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

3 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Fernando

    Creo que hay un factor, quizá paralelo, que no tienes en cuenta. La balanza comercial española ha estado lastrada, desde tiempos inmemoriales, por la importacfón de hidrocarburos. Si toda la renta que se dedica a importación de hidrocarburos se quedase en el país, sí que se generaría una actividad económica que produciría crecimiento de PIB.

    Hace 2 años 1 mes

  2. zyxwvut

    Si este señor, experto en opinar de todo sin entender de nada, se tomase la molestia de investigar un poco lo que implica la Tasa de Retorno Energético, se daría cuenta del ridículo artículo que ha escrito. Per entonces no estaría tan bien considerado por el progresismo happening. Penoso.

    Hace 2 años 1 mes

  3. matriouska

    Esta frase del penúltimo párrafo tatuada en braile ' El problema es curiosamente de exceso de eficiencia industrial, de exceso de capacidad industrial y de exceso de dinero.' Toca parar el crecimiento en términos de PIB como totem, abjurar del Capitalismo y redistribuir (especialmente los tiempos).

    Hace 2 años 1 mes

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí