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Desinvistiéndose encima I

¿Qué ha pasado?

Un hombre que tenía un destino no lo vio, no lo asumió, le asustó o, simplemente, creía que el destino de un líder es ir tirando y hablar como en la tele

Guillem Martínez Madrid , 18/09/2019

<p>Audiencia de Pedro Sánchez con Felipe VI el martes 17 de septiembre.</p>

Audiencia de Pedro Sánchez con Felipe VI el martes 17 de septiembre.

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1. Hace un par de años, un joven y prestigioso profesor de una universidad norteamericana de la Ivy League, vinculado al 15M, estaba tomando un relaxing cup of whisky con un amigo, bajo, se supone, un matojo, o como se llame, de ivy. El amigo tenía el teléfono de Pedro Sánchez. Era de noche y, una cosa llevó a otra, acabaron llamándole. Tras las presentaciones, Sánchez estuvo al quite. El joven y prestigioso profesor de una prestigiosa etc. le dijo “you are the man”. Y lo argumentó. Había llegado a la Secretaría General del PSOE de manera inesperada, taponando un PSOE previsibleZzzzz. No tenía un gran pasado, por lo que no tenía grandes ataduras ni expectativas. Era, por tanto, el hombre que podía tener la suficiente libertad y ocasión para coger la crisis política española iniciada en 2011, la crisis catalana iniciada en 2006 y lo que, en aquel momento, quedaba del PSOE, darles un tute y cerrar la cosa en un nuevo marco menos asfixiante. Y en un nuevo PSOE. Un PSOE que, sin moverse del PSOE, entendiera lo que había pasado en la última década y, glups, en los últimos 40 años, vamos. Sánchez dio muestras de interés. Propuso que se vieran algún día en persona. No tengo ni idea de lo que pasó pero, supongo, eso no sucedió jamás. 

Ese no llegar se vertebró, además, en el lenguaje. Sánchez, en fin, me dicen, habla en una reunión como habla en la tele, ese lenguaje político modulado para la autorreferencia, no para el diálogo

2. Esta historia edificante explica, amiguitos, que Sánchez poseía algo que no tienen muchas personas. Y, mucho menos, los líderes políticos. Un destino. Poca broma. Coscarse de la crisis de régimen, introducir la cultura de la coalición, asumir algún tramo de la cultura nacida en 2011, parchear por otros 25 años la cosa cat, y ampliar la gama de posibilidades y palabras cotidianas en la política, ya agotada. Eso no significa una revolución. Podría significar, incluso y más probable, la asimilación definitiva en la política de lo que quedaba del 15M. No hay tantas personas con destino. Tener un destino es un lujo. Pero, si algo ha quedado claro es que Sánchez no ha acudido a la cita con su destino. Lo que no solo es un drama existencial, sino que puede ser un fracaso mayor que el que contempla en su interior la palabra fracaso. Es el fracaso cósmico de dos cosas exóticas que raras veces se presentan en la vida. Un destino y, snif, una cita. ¿Qué ha pasado?

3. Básicamente, que después de las municipales, Sánchez decidió no asumir una coalición con UP pactada previamente. E, incluso, negociada durante varias semanas. Lo que nos lleva a dos preguntas. A) ¿Qué plan tenía/cuál es el destino elegido?, y B) ¿Cómo lo ha comunicado?

4. Con los datos que disponemos de B) ha sido una pifia. De lo que se deduce que A) igual también lo era. A), al menos, carece tanto de lógica como B). Los chicos Bauhaus decían que un objeto es su diseño, de lo que se colige que tanto A) como B) tienen serias posibilidades de ser lo que los politólogos de Princeton denominamos un truño. Pero vayamos por partes.

5. La coalición era posible. El gran argumento, nada épico o romántico, para explicar su posibilidad, e incluso su facilidad, es que los partidos esp son absolutamente verticales. Lo que facilita el todo, si en la cúspide de sus pirámides tróficas hay entendimiento. De lo que se deduce que no lo ha habido.

6. Hubo, inicialmente, entendimiento en la cúspide. Las reuniones primeras, entre los dos líderes –las únicas operativas y con aparente hambre de gol real–, fueron, no obstante, un caos. Mientras el asesor de Sánchez le explicaba a su homólogo unas coordenadas, Sánchez enviaba a tomar por XXXX esas coordenadas con Iglesias. Mientras uno establecía no hablar de ministerios, por la gloriarl de tu madrel, o Sánchez se pira, el otro empezó ofreciendo ministerios. Puede ser que eso fuera una táctica versallesca. Pero pinta más que era el no encontrarse el culo con ambas manos de toda la vida.

El acceso de Sánchez a la Secretaría General, visto lo visto, no fue una guerra civil. Fue una guerra de sucesión. Entre un rey y una reina parecidos. En ‘su modus vivendi’

7. En las primera reuniones entre líderes –las únicas operativas, etc.– hubo un buen tono. Pero grandes problemas de contenido. Vamos, que el contenido no llegaba. Ese no llegar se vertebró, además, en el lenguaje. Sánchez, en fin, me dicen, habla en una reunión como habla en la tele, ese lenguaje político modulado para la autorreferencia, no para el diálogo. Nadie, en fin, habla en su casa como en la tele. Nadie dice “cariño, estas mignardises, muy sabrosas, te han salido suculentas”. O cenaría solo.

8. Finalizado el tramo líderes, en el que uno más que otro tenía problemas para compartir cosas que no podía verbalizar, hay datos para pensar que no hubo negociaciones, sino su dramatización televisada. Es decir –esto es muy importante– hubo una guerra cultural por parte del PSOE. No se pierdan, en ese sentido, el punto 16.

9. ¿Podemos estuvo a la altura en esas negociaciones? UP, y esa es mi opinión, hizo un buen partido. El problema igual es que nadie sabe, aún hoy, a qué se jugaba. Algo dramático si juegas a fútbol y el equipo contrincante, a tenis. En todo caso, y partiendo de la idea de que esas negociaciones eran ficticias y tenían una función de guerra cultural –no se pierdan el punto 16, ¿lo he dicho ya?–, UP no cayó en las trampas en las que, en otra época, hubiera caído. Lo de quitar a Iglesias del tapete fue una muy buena idea, no esperada. También evitó, por los pelos, la contradicción interna. Es decir, la ruptura con una IU que, históricamente, no necesita el gol, sino tener razón histórica mientras cenas en tu casa una lata de atún. Es más, con la convocatoria de elecciones, esa fricción IU-Podemos ha desaparecido, por imperativo del guión. La coalición UP no ha quedado tocada tras toda esta pista americana. O no más tocada que cualquier otro partido, esa cosa piramidal, pero con fricciones dadás y menos dadás.

10. Puede que, incluso, el PSOE haya desperdiciado una ocasión de pelarse a Podemos. En la cultura democrática esp, no muy longeva, eso se hace con cooptación, ofreciendo honor, sueldos llamativos y la participación en otra lógica que hace que el día menos esperado uno esté ante un micrófono pidiendo, yo que sé, respeto a la sentencia cat o paciencia con los alquileres. Así se peló el PSOE al PCE. Esta mañana a primera hora, por otra parte, Podemos es un partido socialdemócrata, seriamente diferenciando del PSOE por trazos culturales. El PSOE, en lo que es un error táctico, no ha aprovechado ningún milímetro de toda esta partida para reducir, desde arriba, esas diferencias a su favor. No ha dado puntada, no ha dado hilo. El hecho de desperdiciar todo eso habla de los nuevos líderes de los grandes partidos. Desconocen la tradición. Desconocen su oficio, que se reduce, parece ser, a cuatro mitos nacionales y cuatro reglas de juego. Eso, tan asfixiante y monolítico, es lo que queda de la Cultura de la Transición. Es poco, pero poderoso.

11. Bueno, ¿qué ha hecho el PSOE? Nadie lo sabe.

12. Cuando nadie lo sabe es posible que, en verdad, no lo sepa nadie. Es decir, que todo el proceso de decisiones y comunicación del PSOE haya reposado, en todo momento, en un grupo muy pequeño de personas. Es decir, en un grupo aislado, sumamente diminuto, sin contacto exterior, que comparte los mismos análisis y que se considera la monda. Aun así, todo ese caos se puede ordenar. Ahí va mi ordenamiento del desorden PSOE.

13. Como el grueso de grandes partidos –el PNV se escapa y Podemos tiene otra dinámica, vertical, pero diferente–, el PSOE es otro partido de liderazgo negativo. Otro en el que la crisis de régimen, la crisis democrática y política esp, esa marea informe, ha llevado a la playa del liderazgo a náufragos. Sin la crisis, serían cuadritos medios, invisibles, con un sueldo apañado, anónimos, pero con segunda residencia. Y sin destino y sin capacidad para leerlo. Con el terremoto de la crisis dirigen partidos, presiden autonomías, o están en Waterloo. No tienen nada que decir, pero lo repiten. A diferencia de otras culturas europeas, entrar en un gran partido, por aquí abajo, ya es un filtro. Un modus vivendi. Los filtros interiores de los partidos para contener y penalizar biografías se han ido un tanto al pedo. Por lo que el modus vivendi parece no tener freno o correctivo. El acceso de Sánchez a la Secretaría General, visto lo visto, no fue una guerra civil. Fue una guerra de sucesión. Entre un rey y una reina parecidos. En su modus vivendi. En su destino.

 la política esp ha llegado a un punto Nüremberg o Gürtel, en el que quien menos habla sale, glups, beneficiado

14. Es llamativo que Macron sea el modelo de los líderes de derecha e izquierda esp. Macron es un líder frágil, sobre un polvorín social –que parece no solucionar o, ni siquiera, leer– que vive un momento de oro internacional, mientras Alemania se ha ido al WC, a solucionar su inter-regno. Pero aporta algo importante políticamente y que fascina en Esp: una victoria electoral king-size, a través de un programa gaseoso, indefinido, alejado del contrato, sin especial definición hacia la derecha o la izquierda, comunicado con palabras de la tele.

15. Rayos, no sé lo que aporta el anterior punto. En todo caso, en estos laaaaaargos meses, el PSOE ha realizado un cambio importante, trascendental. Que permite leer lo que ha hecho y lo que ha pasado. Es el famoso punto 16.

16. Ha cambiado su comunicación. No ha inventado nada nuevo. Simplemente ha adoptado la experimentada por las derechas europeas y americanas. Se ha tomado su pastillita azul, esa viagra que otorga capacidad eléctrica para ser desafiante, rampante, cool, programático, poseedor de un discurso decisivo y revolucionario. Un discurso, un relato, pero no una política. La política comunicada, una vez ingieres la pastillita azul y se te va la sangre de la cabeza, no es la realizada. Es un cambio cultural importante en el PSOE. Si es definitivo, es un antes y un después.

17. Mientras el PSOE estaba en guerra cultural, dramatizando una negociación menchevique con los bolcheviques, Sánchez ha emitido, no obstante, política. Veámosla. A) Cambió el discurso sobre inmigración, que lo hizo más similar al macronismo hispano, esa derecha gore. B) Se definió contra la regulación de alquileres, en tanto que eso es intervencionismo. Una secuencia lógica que haría reír, si no hiciera llorar, en un Estado que goza de un Ibex formado, salvo una, por empresas reguladas, ese negocio privado del Estado, intervencionista como un poseso. C) Ha exigido adhesión inquebrantable al régimen cuando salga la sentencia cat. Una sentencia que –ya lo veremos, o no, en breve– tiene el interés de no haberse demostrado en juicio la malversación, ni una violencia lo suficientemente chachi como para liarla por rebelión/tentativa de. D) Anuncio, vía respuesta a Rivera, de que no habrá indulto. E) Emisión, vía un organismo gubernamental/España Global, de ultranacionalismo sustentado en la localización de enemigos. Pero, sobre todo, ha emitido un sesgo de política conservadora no prevista: F) La aludida guerra cultural como motor. Como política.

18. La guerra cultural ha consistido en emitir que, a la derecha del PSOE no hay nadie, sólo guerra cultural –para emitir eso, no es necesaria la guerra cultural, sino información–, y que a su izquierda hay una masa imberbe de barbudos y barbudas, sedientos de un cargo, irresponsables, sin idea de Estado o de fidelidad, fanáticos con los que es imposible negociar. Para ello se han falsificado documentos –glups–, se ha mentido en tiempo real y frente a cámara, y se ha dramatizado y sentimentalizado la información, comunicando llamadas, reuniones, cartas, ultimatums, que no sólo no fueron importantes en las negociaciones, sino que las suplantaron.

19. Para realizar una guerra cultural y ganarla, necesitas marcos y medios que, esta mañana a primera hora, sólo dispone el PP o el procesismo. Una guerra cultural, en fin, no se gana en la prensa o en los informativos. Se gana en el prime-time y en la franja de mañana y tarde, en programas de ocio o desenfadados, apolíticos, modulando cambios diminutos en el sentido común. Además, se debe ofrecer una sucesión de los hechos, un relato nítido, niquelao. Al PSOE no le ha salido la cosa nítida. Su relato tiene serias contradicciones respecto a la realidad. Puede ser que eso no sea así durante la campaña. Pero es así esta mañana a primera hora. El PSOE no ha ganado, o no ha ganado hoy, la jugada. Lo que dibuja su jugada.

20. El PSOE quiere jugar con su derecha, no con su izquierda. Lamentablemente, su derecha no existe, es pura guerra cultural –identidad, ultranacionalismo, ultraconstitucionalismo–. Lo es tanto que, desde las elecciones, hace 48h empezó a emitir. Rivera propuso un pacto de Estado –cuidadín: ofrecía guerra cultural; hay ya una generación de políticos esp y cat que cree que la política es guerra cultural; glups–. Sánchez le respondió con otra carta para la galería, en la línea de la guerra cultura. Pero ese diálogo entre besugos culturales es importante. Es un primer acercamiento a algo que puede cuajar en las próximas elecciones. A algo que, si sucede, ha requerido un cambio cultural en el PSOE y la inversión torpe de dos elecciones.

Un Estado que se ha deshecho del bienestar, y que ha solucionado lo de Cat sin recurrir a la política, se ha recompuesto 

21. El PSOE no parte tanto de encuestas electorales como de análisis. Por lo visto no se prevé un hundimiento de UP, pero sí una bajuna de C’s. Lo que supondría un acercamiento a la casilla PSOE. Sí, hay encuestas que también orientan hacia un subidón del PP –Casado lo ha hecho bien; no ha hablado; la política esp ha llegado a un punto Nüremberg o Gürtel, en el que quien menos habla sale, glups, beneficiado– y un descenso del PSOE. Que algunas otras encuestas plantean como desastroso. Lo que indica que nadie sabe nada. O lo que es lo mismo, que se ha llegado a un punto de riesgo del que nadie sabe nada por la decisión de un grupo de líderes reducido.

22. Había otros mecanismos para llegar a lo que parece el punto deseado: un gobierno apoyado por el ultranacionalismo y por otra cultura política 78-style. Con astucia, dominio del engaño y juego de piernas –tres ingredientes de la política, aquí y en Lima– se hubiera podido conseguir de forma tácita e implícita. Se ha escogido el camino más largo e impredecible por una suerte de suma de incapacidades y de factores de la época. También en la política, uno se parece más a su época que a su padre.

23. El régimen se ha fortalecido. Sin aportar soluciones a sí mismo, salvo haber ganado. Un Estado que se ha deshecho del bienestar, y que ha solucionado lo de Cat sin recurrir a la política, se ha recompuesto. Bajo una forma más mítica. Hasta el punto de que su política es cada vez más autónoma de la realidad. La política sustentada en relato y guerra cultural es la autonomía absoluta de la realidad. Se ha cerrado el proceso iniciado en 2011, ese destino colectivo al que asistieron varios millones de personas. Se inicia una suerte de años 80. Falta saber cuál será la heroína en esta ocasión. Igual es la política, ese chute eléctrico, en el que, sin pasar, puede pasar de todo. Eso está muy cat. Sánchez ha metido, a su vez, a varios millones de electores en ese juego de espejos, en el que todo el mundo habla como en la tele y convive la política como un ejercicio calderoniano de grandes declaraciones televisivas.

24. Un hombre que tenía un destino no lo vio, no lo asumió, le asustó o, simplemente, creía que el destino de un líder es ir tirando y hablar como en la tele. Si la jugada –o su ausencia de– sale mangui, puede abandonar el PSOE en globo. Se ha jugado la vida. Como un torero, lo que queda épico. Pero también como un indocumentado que compra carne mechada, lo que resulta menos épico y describe mejor una época, sus líderes, su política. Nadie le llamará de la Ivy League. Lo que es la más anecdótica de las consecuencias de este salto absurdo. El hombre que venció a un PSOE previsible, simplemente lo ha vuelto imprevisible. “Hay que freírlos a noticias imprevisibles”, decía Bannon.

Autor >

Guillem Martínez

Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de 'Caja de brujas', de la misma colección.

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1 comentario(s)

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  1. Mark

    a) errejón

    Hace 1 año 6 meses

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