1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Reseña

El futuro del capitalismo y la utopía que nunca fue

A propósito de ‘The Future of Capitalism’, el último libro del economista Paul Collier

Branko Milanović 28/08/2019

<p>Busto de Adam Smith en el teatro de Kirkaldy, con un grabado de la catedral de Glasgow.</p>

Busto de Adam Smith en el teatro de Kirkaldy, con un grabado de la catedral de Glasgow.

Futurilla

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Hemos fundado la Asociación Cultural Amigas de Contexto para publicar Ctxt en todas las lenguas del Estado. La Asociación es una entidad sin ánimo de lucro que también tiene la meta de trabajar por el feminismo y la libertad de prensa. Haz una donación libre para apoyar el proyecto aquí. Si prefieres suscribirte y disfrutar de todas las ventajas de ser suscriptor, pincha aquí. ¡Gracias por defender el periodismo libre!

El último libro de Paul Collier, The Future of Capitalism, no es fácil de reseñar. A pesar de su brevedad (215 páginas) cubre un amplio espectro, desde la interpretación socioeconómica de los últimos 70 años en Occidente a apelaciones a las empresas “éticas”, las familias “éticas” e incluso un mundo “ético”, pasando por una batería de propuestas de reforma para las economías avanzadas.

La afirmación menos caritativa que cabría hacerse sería que, en ocasiones, el libro bordea (y enfatizo el término) el nacionalismo, “la eugenesia social”, los “valores familiares” de los del tipo del movimiento de la Mayoría Moral, y el conservadurismo en el sentido literal del término, ya que presenta un pasado idealizado y exhorta a retornar a él. Sin embargo, también podría afirmarse que el diagnóstico de Collier de los problemas actuales es con frecuencia preciso y expuesto con meridiana claridad, y algunas de sus recomendaciones, convincentes y sofisticadas, aunque de sentido común.

Pragmatismo y Adam Smith

Collier se presenta como un “pragmático” que lucha (1) contra ideólogos: utilitaristas, rawlsianos (que son acusados, un tanto extrañamente, de haber introducido las políticas de identidad) y marxistas, y (2) contra populistas que carecen de ideología pero que juegan con las emociones de la gente. Las primeras tres ideologías se equivocan, de acuerdo con Collier, porque siguen su propio guión, que no es adecuado para los problemas actuales. Los populistas, por otra parte, ni siquiera se preocupan por mejorar las cosas, sólo por gobernar y pasar un buen rato. En consecuencia, únicamente tiene sentido una aproximación pragmática.

la esfera económica de Smith se está extendiendo velozmente y “devorando” las áreas a las que remite el Smith de la ‘Moral de los sentimientos’

El pragmatismo, no obstante, es una ideología como cualquier otra. Es erróneo creer que uno está libre de trampas ideológicas sólo con afirmar que es un “pragmático”. El pragmatismo recoge las ideologías dominantes de ese día y las reordena. Como cualquier otra ideología, proporciona un marco interpretativo. Los pragmáticos son, como dijo Keynes en un contexto similar, “hombres prácticos que se creen libres de cualquier influencia intelectual, [pero] por lo general son esclavos de algún economista difunto [o ideólogo; añado]”.

El segundo pilar del libro de Collier es su interpretación de Adam Smith. La lectura que se presenta ha devenido popular recientemente e intenta “suavizar” las aristas del Adam Smith de La riqueza de las naciones (interés propio, beneficio y poder) con el Smith más agradable de la Teoría moral de los sentimientos. Este es un viejo debate que se remonta casi unos 200 años.

Hay, creo, si no dos Smith, al menos uno para dos tipos diferentes de circunstancias. El Smith de la Teoría de moral de los sentimientos está preocupado con nuestro comportamiento con la familia, amigos y la comunidad, mientras que La riqueza de las naciones se ocupa de nuestra vida económica y comportamiento como “agentes económicos” (detallo esta idea en mi próximo libro, Capitalism, Alone). David Wotton sostiene convincentemente lo mismo en Power, Pleasure and Profit. El propio Collier dice lo mismo hacia el final de su libro (p. 174), pero en sus primeras páginas todavía argumenta que el Adam Smith de la Moral de los sentimientos puede aplicarse asimismo a la economía.

Para un economista, solo importa el Smith de La riqueza de las naciones. Los economistas no afirman (o aseguran no afirmar) tener conocimientos particularmente valiosos sobre cómo se comporta la gente fuera de la esfera económica. Por este motivo, los economistas emplean el modelo de homo economicusde Smith, que persigue solamente un beneficio monetario o, en términos más amplios, su propio provecho. Esto no excluye, por descontado, la cooperación con otros, como Collier y algunos otros escritores parecen creer. Es obvio que muchos de nuestros objetivos monetarios se consiguen mejor a través de la cooperación: me va mejor cooperando con la gente de mi universidad que montando mi propia universidad. Pero haga lo uno o lo otro, persigo mi propio interés egoísta. No hago las cosas por motivos altruistas, como quizá podría hacer en mis interacciones con mi familia o mis amigos.

Es cierto (y lo comento en Capitalism, Alone) que bajo las condiciones de globalización hipercomercializada, la esfera económica de Smith se está extendiendo velozmente y “devorando” las áreas a las que remite el Smith de la Moral de los sentimientos. En otras palabras, la mercantilización “invade” las relaciones familiares y nuestro tiempo de ocio. Collier y yo coincidimos. Pero mientras yo pienso que esta es una característica inherente de la globalización hipercomercializada, Collier cree que las manecillas del reloj pueden retrasarse para retornar a un “mundo ético” que existió en el pasado y, al mismo tiempo, mantener la globalización tal y como es hoy. Esto no es más que una ilusión, lo que me conduce a la nostalgia de Collier.

La utopía que nunca fue

Desde el punto de vista de Collier, la socialdemocracia que trajo la época dorada de 1945-75 lo hizo por motivos éticos. En varios lugares, repite esta asombrosa afirmación: “[Roosevelt] fue elegido porque la gente reconoció que el New Dealera ético” (p. 47). El origen de la socialdemocracia descansa en un (bonito) movimiento cooperativo, argumenta, aunque, en realidad, las reformas que siguieron a la primera y segunda guerras mundiales fueron el resultado de una lucha, a menudo violenta, de un centenar de años, librada por los partidos socialdemócratas para mejorar las condiciones de los trabajadores. La socialdemocracia no surgió porque unos líderes éticos decidiesen de repente hacer “más bonito” el capitalismo. Fue porque dos guerras mundiales, la revolución bolchevique, el crecimiento de los partidos socialdemócratas y comunistas, y sus vínculos con sindicatos fuertes, provocó un cambio en el curso de la burguesía, bajo la sombra de la amenaza de desórdenes sociales y expropiaciones. El capitalismo no se transformó gracias a la benevolencia de la derecha, sino porque las clases altas, castigadas por su experiencia pasada, decidieron seguir su propio y bien formado interés: ceder algo para poder preservar más. (Para una lectura similar, véase Samuel Moyn, Avner Offer).

Esta diferencia en cómo interpretamos la historia es importante. Cuando la aplicamos a nuestros días, el punto de vista de Collier apela a la aparición de dirigentes éticos. Mi interpretación es que nada cambiará a menos que haya robustas fuerzas sociales que combatan los excesos del sector financiero, la evasión fiscal y la elevada desigualdad. Lo que importa no es la ética o los líderes éticos, sino los intereses de clase y el poder relativo.

En el relato de Collier, los ‘treinta gloriosos’ del siglo XX fueron una Arcadia donde gigantes morales recorrían la Tierra, las grandes empresas se preocupaban por sus familias y las familias eran “plenas” y “éticas”. Esta utopía no existió en verdad nunca, no al menos en el modo en que se describe en el libro. Como muchos otros, he señalado que los años de 1945 a 1975 fueron muy buenos para Occidente, tanto en términos de crecimiento y seguramente en términos de reducción de las desigualdades en riqueza y salarios. Pero no hubo ninguna Arcadia, y en muchos aspectos eran mucho peores que nuestro presente.

La “familia ética” de Collier, en la cual “el marido era la cabeza visible” (p. 103), en la que cada miembro (supuestamente) se preocupaba por los otros, y varias generaciones vivían bajo un mismo techo, era un patriarcado jerárquico que prohibía legalmente la formación de otros tipos de familias.

nada cambiará a menos que haya robustas fuerzas sociales que combatan los excesos del sector financiero, la evasión fiscal y la elevada desigualdad

En Estados Unidos, la época dorada fue también la del mimetismo y el conservadurismo, una extendida discriminación racial y la desigualdad de género. Con frecuencia se olvida que durante esa época dorada Francia estuvo al borde de una guerra civil en dos ocasiones: durante la Guerra de Argelia y en 1968. España, Portugal y Grecia estaban gobernadas por regímenes cuasifascistas. Los años setenta trajeron consigo el terrorismo de la Baader-Meinhof y las Brigadas Rojas. Si aquellos años eran tan buenos y tan “éticos”, ¿por qué se produjo la rebelión universal de 1968, de París a Detroit?

Ese mundo imaginado nunca existió y es muy improbable que volvamos a él. No sólo ya porque nunca existió, sino porque nuestro mundo es completamente diferente. Collier pasa por alto el hecho de que el mundo de su juventud, al cual quiere que regresemos, era un mundo de unas descomunales diferencias de ingresos entre el primer y el tercer mundo. Por ese motivo la clase trabajadora inglesa podía (como él escribe) sentirse muy orgullosa y superior a la gente del resto del mundo. No pueden sentirse tan orgullosos y superiores ahora porque otras naciones que se les acercan. Implícitamente, se afirma que la recuperación del respeto de la clase obrera inglesa exige el retorno a la estratificación mundial de salarios. 

Este libro está construido, pues, sobre arenas movedizas, al basarse en un mundo que no existió y nunca existirá. La próxima década no serán los 1945 que se imagina, no importa cuánto lo pidamos a voz en grito. Pero esto no significa que los análisis de Collier de nuestros problemas y sus recomendaciones sean equivocadas. Muchas de ellas son, en verdad, muy buenas.

Empresas éticas y familias “éticas”

Collier defiende que para ser vistas como éticas y ofrecer a sus plantillas trabajos que merezcan la pena, las empresas deberían incluir a los trabajadores en la gestión diaria, darles mucho más poder en los niveles intermedios e introducir la redistribución de beneficios. Todas estas son recomendaciones valiosas. Como Collier, creo que, además de proporcionar “mejores” trabajos, estas medidas ayudarían a incrementar los beneficios de las empresas. La cuestión, no obstante, es cuántas compañías pueden permitirse actualmente proporcionar estos trabajos que merecen la pena y son (relativamente) estables debido a los veloces cambios impulsados por la globalización. En cualquiera de los casos, la idea es correcta.

Collier defiende que para ser vistas como éticas y ofrecer a sus plantillas trabajos que merezcan la pena, las empresas deberían incluir a los trabajadores en la gestión diaria

Collier pasa a continuación a la que, quizá, sea la recomendación más intrigante del libro, una que va más allá de la habitual: “aumentemos los impuestos e introduzcamos más impuestos progresivos.” El autor observa la enorme brecha entre las ciudades globales prósperas (como Nueva York y Londres) y las zonas de interior a sus espaldas, abandonadas. El éxito de las metrópolis se basa en las economías de escala, la especialización y la complementariedad (el beneficio de la aglomeración). La gente puede especializarse porque la demanda de habilidades especializadas es elevada (los mejores contables especializados en impuestos se encuentran en Nueva York, no en pequeñas ciudades dilapidadas). Las empresas pueden sacar provecho de las economías de escala porque la demanda es elevada, y los trabajadores especializados se benefician de la complementariedad de las habilidades de otros trabajadores con los cuales están en estrecho contacto geográfico e intelectual.

¿Quiénes son, pues, los principales ganadores del éxito de las metrópolis?, se pregunta Collier. La gente que posee suelo y viviendas (a medida que los precios de la vivienda se disparan) y los profesionales altamente cualificados que, incluso después de pagar alquileres más altos, siguen ganando más en estas ciudades globales que en cualquier otro lugar del mundo. La sugerencia de Collier, basada en su trabajo con Tony Venables, es aumentar considerablemente los impuestos sobre estos dos grupos de contribuyentes introduciendo, por ejemplo, impuestos suplementarios que podrían estar basados en su localización geográfica: impuesto a la vivienda e impuesto a las rentas altas que viven en Londres, por ejemplo.

¿Cómo se puede ayudar al resto del país para que se equipare? Utilizando el dinero recolectado en Londres o Nueva York para ofrecer subvenciones a grandes compañías del tipo clúster (como Amazon) si establecen sus negocios en ciudades menos favorecidas como Sheffield o Detroit. Se trata de una idea que puede discutirse, pero la lógica de su argumento es bastante convincente, y el tipo de impuestos sugerido por Collier tiene la ventaja de ir más allá del indiscriminado aumento de impuestos para todos. Estamos hablando aquí de impuestos con objetivos y de subvenciones con objetivos. Ésta es la parte más consistente del libro de Collier.

Soy menos entusiasta en lo que respecta a las sugerencias de Collier sobre la llamada “familia ética”. Aquí se muestra el Collier más conservador, aunque su conservadurismo social esté envuelto en el ropaje de estudios científicos que mostrarían cómo a los niños que viven en familias “plenas” con dos padres heterosexuales les va mejor que a los que viven con un solo padre o madre soltera.

Soy menos entusiasta en lo que respecta a las sugerencias de Collier sobre la llamada “familia ética”. Aquí se muestra el Collier más conservador

Lo que dice Collier implica, prácticamente que las madres deberían aguantar relaciones en las que no hay afecto, o incluso hay maltrato, para que pueda haber un padre y una madre en la familia. Este tipo de familiares, de acuerdo con el autor, debería recibir apoyo, y las guarderías deberían ser gratuitas para todos los niños (algo muy razonable). Collier también describe convincentemente las muchas ventajas que los niños de los ricos tienen, no sólo a través de la herencia, sino del capital intangible de conocimiento y de las conexiones de sus progenitores. Se ha investigado muy poco sobre este tipo de capital social heredado y espero que eso cambie porque su importancia en la vida real no es poca.

Collier exhibe una clara preferencia por la familia “estándar” e incluso por algún tipo de “eugenesia social”, por ejemplo cuando critica una política británica que proporciona vivienda de manera gratuita y, desde 1999, subsidios extraordinarios para las madres solteras, lo que ha animado “a muchas mujeres… a tener niños que no recibirán una buena educación” (p. 160).

El argumento de que los padres deberían sacrificarse (sin importar el coste psicológico) por sus hijos es asimismo peligroso. Nos lleva a la formación de la familia en el siglo XIX, cuando las mujeres vivían a menudo en matrimonios horribles debido a la presión social para que no se considerase que abandonaban o no se preocupaban de sus hijos. Esta no es una solución posible ni deseable hoy. Una familia ética debería considerar por igual los intereses de todos sus miembros, no sacrificar la felicidad de algunos (casi siempre de las madres) al resto.

El mundo ético

Collier tiene sorprendentemente poco que decir sobre el mundo ético. Su mundo ético es un mundo en buena medida cerrado a la nueva inmigración, que Collier rechaza sobre la base de la incompatibilidad cultural entre los migrantes y los nativos, un punto de vista que se remonta a Assar Lindbeck y George Borjas. Resulta interesante que no cite a ninguno de ellos ni tampoco a otros autores (el libro está dirigido a un público amplio, así que las menciones a otros autores son muy raras.)

Es desconcertante que Collier, que ha pasado más de tres décadas trabajando sobre África, no tenga casi nada que decir sobre cómo se ajusta África y la inmigración africana a este “mundo ético”. Para el autor, sólo hay dos maneras de gestionar la inmigración: en la primera, los inmigrantes o refugiados deberían permanecer en países cercanos geográficamente a los suyos: los venezolanos en Colombia, los sirios en el Líbano y Turquía, los afganos en Pakistán, y así sucesivamente. Por qué la carga de la inmigración debería recaer sobre países que con frecuencia son bastante pobres es algo que nunca se explica. Sin duda un mundo ético exigiría mucho más de los ricos.

Su mundo ético es un mundo en buena medida cerrado a la nueva inmigración, que Collier rechaza sobre la base de la incompatibilidad cultural entre los migrantes y los nativos

En segundo lugar, Collier argumenta que Occidente debería ayudar a las buenas empresas a invertir en los países en desarrollo para incrementar los salarios locales y reducir la emigración. Pero no explica cómo se conseguirlo. Se menciona casi de pasada y el autor la despacha en dos frases (en dos partes diferentes del libro). Todo ello contrasta con una explicación detallada, citada más arriba, sobre cómo los gobiernos deberían incentivar y subvencionar a grandes empresas para trasladarse a ciudades menos favorecidas. ¿Podría diseñarse un esquema similar para las inversiones en África? No se dice nada.

Además, ¿dónde quedan los inmigrantes africanos que cruzan actualmente el Mediterráneo? No hay ningún país geográficamente cerca al que puedan ir (desde luego no Libia) ni pueden esperar durante años en Mali a que las empresas occidentales generen trabajo. De nuevo, nada se nos dice sobre esto. Poco sorprendentemente, Collier apoya a Emmanuel Macron –cuya política antiinmigración es bastante obvia– y a los socialdemócratas de Dinamarca, que van camino de crear un tipo de socialdemocracia nacional con la aprobación de nuevas leyes que permiten la inmigración con cuentagotas. Collier parece favorecer la fortaleza Europa, aunque no lo diga explícitamente.

Manteniendo esta postura antiinmigración, Collier defiende que la inmigración no es una parte integral de la globalización. ¿Por qué los bienes, servicios y uno de los factores de la producción (capital) pueden circular libremente mientras otro de los factores de la producción (la fuerza de trabajo) no? Ciertamente, el hecho de que el comercio esté impulsado por las ventajas comparativas y la inmigración por las absolutas (p. 194) no es una razón para oponerse a la inmigración. Uno podría oponerse al movimiento de capital con los mismos argumentos.

En conclusión, creo que Collier acierta con sus recomendaciones sobre la “empresa ética” y la divergencia entre campo y ciudad; sus sugerencias para una “familia ética” son una combinación de opiniones muy perspicaces y agudas y una visión de la familia que en ocasiones procede de una época diferente, y prácticamente nada se dice sobre qué aspecto tendría un “mundo ético”. Esto último es una enorme omisión en la era de la globalización, pero quizá Collier estaba exclusivamente interesado en cómo mejorar los Estados nación.

---------------------

Este artículo se publicó en inglés en el blog del autor

Traducción de Ángel Ferrero.

 

Hemos fundado la Asociación Cultural Amigas de Contexto para publicar Ctxt en todas las lenguas del Estado. La Asociación es una entidad sin ánimo de lucro que también tiene la meta de trabajar por el feminismo y la...

El artículo solo se encuentra publicado para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí