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PALABRAS MAYORES

Rosa Araújo: lesbiana, católica y unas cuantas cosas más

Aníbal Malvar 21/07/2019

<p>Rosa Araújo.</p>

Rosa Araújo.

A. M.

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FICHA

Nacida en 1945.

Filiaciones: Anarcocristiana y lesbiana.

1948: Su madre viuda muere desangrada en la cocina tras un aborto provocado. Rosa es adoptada. 

1957: Su padrastro, inspector de Policía en Madrid, sufre un derrame cerebral. 

1961: Comienza a trabajar como animadora en los centros de cultura popular y promoción de la mujer de Acción Católica.

1965: Sus tías confiesan cómo fue la muerte de su madre, y Rosa intenta apedrear a la matrona que practicó el aborto ilegal.

1966: Muere su padre. Se casa con Sergio. Tienen ocho hijos en ocho años. Dos de ellos mueren prematuramente.

1976: “El 20 de junio de 1976, fuimos con unos amigos a ver la película Emmanuelle. Ya había muerto Franco y no era necesario ir a Perpignan a verla. Durante la cena, se me ocurrió comentar lo guapa que era la Sylvia Kristel. Y añadí, además: qué bonita la relación de las dos mujeres. No me echaron del restaurante de milagro. Sergio me decía: tú estás loca, cómo dices eso de esas tortilleras de mierda…”.

Su marido es trasladado a Brasil en comisión de servicios.

1977: Ella le sigue con sus seis hijos: “Sergio, el padre de mis hijos, quiso que me fuera a Brasil para ver si se me quitaba todo el rollo político de la cabeza. Yo estaba metida en la lucha antifranquista. Empecé a principios de los años sesenta, cuando el Concilio Vaticano II. Yo estaba con gente de las Hermandades Obreras de Acción Católica. Éramos gente muy avanzada para lo que era el catolicismo español de aquella época. Yo hacía trabajo voluntario en Palomeras y en el Pozo del Tío Raimundo, con el padre Llanos y los sacerdotes obreros. Los curitas rojos. Me fui a Brasil con la efervescencia de no poder quedarme a ver la Transición en España, y me encuentro en América con una realidad terrible: las dictaduras militares del cono sur. En Brasil entro en contacto con gentes que han perdido a sus hijos, y también conozco a argentinos, chilenos, uruguayos… Así que, a pesar de las esperanzas de Sergio, yo continúo con lo mío. Un día le digo a Sergio: ‘Mira, ni tú eres feliz conmigo ni yo contigo. No tiene sentido que continuemos con esta farsa. Te propongo que nos separemos un año’. Y yo me vengo con los niños en 1977.  Llego a España el 4 de octubre, onomástica de San Francisco de Asís. Mis hijos entran al colegio público Joaquín Turina, en el Pinar de Chamartín. Y ahí conozco yo a una profesora de los niños. Nos hacemos amigas y ella fue mi primera mujer. Llamé por teléfono a Sergio y se lo dije: no voy a volver, me he enamorado de una mujer. Estuvo 38 años, hasta el día de su fallecimiento, sin dirigirme la palabra. Supongo que, si me hubiera ido con un hombre, eso no habría ocurrido”.  

Rosa Araújo.

1978: “Los primeros que se enteran son mis hijos, porque yo se lo cuento. Mirad, pasa lo siguiente: Pilar y yo somos mucho más que amigas. Nos queremos y es como si fuéramos papá y mamá. Fue una osadía por mi parte y una falta de madurez. El menor tenía cinco años y el mayor andaba por los doce. Pero Pilar dijo: por favor, nadie puede saber de esto porque me pueden echar del colegio. Yo lo respeté, claro, pero los niños, bueno. A través de los chiquillos fue como la gente empezó a enterarse de cosas. Yo perdí un montón de amigos. Solo un matrimonio de los viejos compañeros se quedó conmigo. Los demás me apartaron: estás loca, cómo te enrollas con una mujer, teniendo los niños. Algunos eran de una comunidad cristiana de base de Manoteras, a la que yo pertenecía. Se lo dijeron a las monjas y también fui apartada de la comunidad. Tranquilos, que la que me voy soy yo. Ya me dirá el Señor dónde tengo que estar”.  

1981: Sergio le pide el divorcio en cuanto se aprueba la primera ley que lo permite. “Tienes que ocultar que estás con una mujer, porque si no te van a quitar los hijos”, me dicen los abogados. “No se preocupe. Antes de hacer pasar a mis hijos por la tortura de declarar ante un juez, su padre se va a quedar con ellos”. Intenté hablar con Sergio, pero me remitió a la señora con la que había establecido una relación en Nicaragua. Era una mujer muy maja, una de las impulsoras del Frente Sandinista. Y convenimos que él se quedaba con todos menos con la mayor. Yo no le reclamé nada.  

En 1996 me pasa una cosa. Una cosa tremenda. Descubrí a mi hija Verónika en un local de ambiente que había en Chueca, el Chez-moi.  

Chueca, entonces, era prácticamente un gueto madrileño, con mucha droga, mucha prostitución, mucho sida.  

Ya estaba empezándose a limpiar. 

Que se limpia mucho, como tú dices, por el activismo LGTBI. Lo cuenta muy bien Shangay Lily en el libro que publicó justo antes de morir, Adiós, Chueca

Sí, sí. Claro que conocí a Shangay.  

A mí me llamaba puta mientras me explicaba lo que realmente era una drag-queen: “Un hombre que se viste de mujer con fines políticos para cuestionar los géneros, la homofobia y el heterocentrismo”. Con Shangay aprendías a ser menos hombre y, por lo tanto, mejor hombre. 

La llegada de Vox es una forma de distraer a la gente de lo que verdaderamente necesita este país, que es un cambio radical hacia una socialización real

Aquellos locales de ambiente en Chueca fueron importantísimos para la normalización. El día que yo encontré a Verónika en el Chez-moi, yo había llevado a unos amigos de Albacete y les decía: “Mira, perdonad un momento. Si venís en plan de lo que venís, a encontraros puterío, aquí no vais a pillar nada”. Y, de repente, la Vero se vuelve toda guapa y pintada y con su peluca, y dice con acento muy andaluz: “Uy, depende”. Y me dio algo que me quedo yo con la cosa... La voz, ¿sabes? O no sé. El instinto. En los días siguientes, me dio por andar de sitio en sitio por Chueca buscando referencias de la Vero. ¿Vosotros no conocéis a una chica que ha venido de Andalucía  y es así y asá? No, no, no, no sé nada. Y fui a hablar con otra amiga, que era administradora de Medea, el local de ambiente que ahora se llama Treinta y tres, y me dice: “Rosa, esa chica va a estar en Barcelona. En Madrid, no creo. Aquí a las trans que hay las conocemos”. Pasó el tiempo, pero yo no me había olvidado de la Vero. Y un día Rafa montó una gran fiesta, en Chez-moi, y aparece la Vero con dos compañeras más, guapas que te pasas, con unas pelucas negras, las tres en plan egipcio. Y, no sé por qué, yo estaba hablando con el Rafa de su padre, que también había sido ingeniero técnico como mi Sergio. Y se coloca la Vero a mi lado y dice: “Uy, como mi padre”. Y yo me la quedo mirando. Y le digo: Verónika. Estoy un poco intrigada contigo. ¿A ti te importaría que el domingo nos viéramos a tomar un café en el Figueroa? Uy, no, chocho. Yo encantada. Vale. Se viene el domingo sin aderezos, sin ná de ná, con pantalón vaquero y una camisa, en plan nené, con la ambigüedad, lo que yo digo la ambigüedad, y con dos amigas suyas subiendo la calle Augusto Figueroa. Oye, Vero, te quiero preguntar una cosa. Tu madre, cuando eras pequeña, ¿te llamaba Gorka? Y me dice: Ay, sí, chocho. Pues quiero que sepas que soy tu madre. Y se queda así, helada, y me dice: me emociono, mamá. Uy, chocho, mi madre biológica. Porque claro, para ella su madre era la mujer de mi exmarido. Y yo era la traidora que había prometido volver a buscarla un día y nunca volví. Nos hicimos amigas. ¿Te vienes conmigo a donde yo trabajo? Yo, adonde tú me digas. Nos fuimos juntas al parque del Oeste, que era un sitio donde se ejercía la prostitución, y la Vero gritando: ¡mi madre, mi madre! Y luego, claro, la subida y la bajada, y la bajada y la subida, porque un buen día apareció por el Chez-moi y dijo que iba a hablar con su padre. Que estaba harta de tanta mentira.

El padre no sabía que era trans. 

No, no, qué va. El padre no sabía nada. Y ella se bajó a Sevilla, que es donde se habían ido a vivir mi exmarido y mis hijos, montó un pollo de mucho cuidado, y metieron a la Vero en un psiquiátrico. Tuve que ir a buscarla porque los dos mayores, los gemelos, me llamaron y me dijeron que la Vero no podía salir del hospital si no había alguien que se hiciera cargo. Mi exmarido no quería. Y yo dije: yo sí me hago cargo.  

¿La meten solo por trans o por alguna otra cosa? 

Por trans, claro. Pero también tuvo un brote psicótico.  

¿Era normal entonces esto de encerrar lo distinto en un psiquiátrico? 

Sí, sí. Era normal con el tema de la disforia de género y todo este rollo, ¿entiendes? Y, entonces, la Vero volvió con nosotras, conmigo y mi hija mayor. Que mi hija mayor ya tenía su amiga y tenía su historia. Porque mi hija mayor también es lesbiana. Nosotros, en la familia, tenemos un sector rosa. Yo lo llamo así. Una bobadilla mía. 

¿Te has sentido alguna vez discriminada por tu sexualidad? 

Yo no, cariño.  

Pero mucha otra gente, sí. 

Claro. Es una cuestión de integridad personal. Si tú entras en una dinámica de integridad personal, es imposible que te discriminen. Vas a pagar un precio alto. Pero la libertad vale ese precio.  

Pero, en la transición del franquismo a la democracia, ¿no esperabais más? 

No, cariño. Y te voy a decir por qué. Porque, siempre, la presencia de la iglesia en este país, la presencia poderosa de la iglesia sobre las conciencias de los españoles, ha llevado todo esto de la sexualidad por debajo del agua, por la ocultación, por el pecado. Eso ha alimentado la autofobia, que ha influido mucho. 

Parece mentira esta demonización de la libertad sexual por parte de la iglesia, que tantos casos de pederastia y abusos sexuales acumula. La iglesia católica, si nos ponemos, quizá se pueda calificar como el gran lobby gay del planeta. ¿Tú crees que la Iglesia es un lobby gay? 

Sí, claro.

¿Cómo una persona como tú ha recibido la llegada a las instituciones de Vox? 

La llegada de Vox es una forma de distraer a la gente de lo que verdaderamente necesita este país, que es un cambio radical hacia una socialización real. Pero no estoy hablando de comunismo, ¿eh? Yo soy anarcocristiana. Vox ha venido para remover las aguas y que no se haga otra cosa que estar pendiente de ellos. Yo voy estudiando cómo hacen los pactos, cómo les interesa a los poderes económicos su presencia en las instituciones. Pero, ¿quién es el punto vulnerable, el punto jijujajá de vodevil para ellos, para Vox? El LGTBI. Eso es peligroso. 

Han conseguido frivolizarlo. 

Totalmente.  

En eso volvemos a Shangay. Él decía que todo el movimiento por la igualdad se había convertido en un negocio. Que carecía de poder ideológico para enfrentarse a los nuevos ataques. 

Claro. Y es más: la conciencia social y política de los compañeros y compañeras, en cuanto a compromiso, es mínima. Hay mucha personalidad de: uy aquí yo mi ego, y uy yo mi cuerpo. Nosotros mismos nos hemos creído lo que han dicho de nosotros. Lo que no tolera el sistema es un homosexual que no se vea definido por nada. Qué peligro.  

Estuviste de cartel en el último Orgullo. ¿Qué te parecieron los abucheos a Ciudadanos? Si es que no fue Ciudadanos el que abucheó a la gente del Orgullo, como se puede intuir de muchas imágenes. Ver a Inés Arrimadas con toda la boca llena de dientes y de rabia en un acto lúdico y vindicativo daba un poco como de repelús. El informe policial –los escoltaban 20 policías habla de provocación por parte de Cs, de desobediencia a las instrucciones policiales. 

Estoy totalmente en contra de haberles brindado en bandeja de plata la posibilidad de sentirse mártires.

Cartel del Ayuntamiento de Madrid del Orgullo con Rosa Araújo.

 

¿Los habrías dejado allí tranquilamente? 

Por supuesto. Y, si hubiera tenido que hacer un acto de rechazo, les habría dado la espalda y los hubiera rodeado de silencio absoluto.  

¿Y qué te parece la situación política de ahora?

Me tienen hasta las tetas. Y, sobre todo, me tiene hasta las tetas mi gente.

¿Y quién es tu gente? 

Mi gente es Podemos, aunque yo estoy ahora con el Más Madrid de Íñigo Errejón. Pero no dejo de estar con Podemos. Ya me han venido varios compañeros a decirme: ¿y qué es eso de la doble militancia? Y yo les digo: ¿Me vais a echar del partido? ¿De cuál de los dos partidos me vais a echar, que tengo más de setenta años, coño? Me dan la tabarra y se me pone la cabeza pesada.  

O sea, que andas enredando por ahí en medio.  

Pues claro. Si es que todo viene del 15-M, y ahí estaba Rosita Araújo. Y mi hija me decía: ¿pero qué haces tú aquí? Y yo, con mis tonteras: pues por si viene a por nosotros la policía. Como soy hija del cuerpo… Yo, hasta me presenté a las primarias por Podemos al Senado, y saqué 10.000 votos. Quedé segunda. No salí y me dije: la Rosa donde tiene que ir es a la base, a la puta calle. No pasa nada. 

Ahora estás en la fundación 26-D con la idea de asentar en Madrid una residencia de mayores LGTBI.  

Queremos una residencia pública, no privada. Pero sí gestionada por la fundación. En esto llevamos nueve o diez años. 

Con el cambio de gobierno en el Ayuntamiento, ¿no teméis que se paralice el proyecto? 

No, cariño. La persona que hizo este proyecto, que era un consejero del PP, firmó un contrato de 30 años con la fundación, blindado completamente. Venga quien venga, eso no se va a parar. 

Pero sí, quizá, con Vox en los gobiernos municipal y autonómico, os cortarán el grifo económico. 

El grifo nadie lo va a cortar. O habrá que abrirlo por otros lados. Queremos que sea un proyecto estatal. Que es en lo que estamos ahora. 

Te veo muy optimista siempre. Igual ahora me vas a decir que las personas homo o trans o todo lo que quieras estáis perfectamente integradas. 

No, cariño.  

¿Qué falta, Rosa? 

Estar juntos. Heteros, homos, trans y demás. Eso es conciencia política. Falta conciencia política. Falta darse cuenta de esto: los que lo llevan bien, hasta el final, los que son felices, son los que tienen pasta. Y los demás no. ¿Entiendes? A los que no tienen pasta ni formación les queda eso: la calle, la prostitución. Como a mi hija. 

Rosa Araújo junto a Mónica Naranjo durante el día del Orgullo.

¿La Vero? 

La Vero ha estado en la prostitución desde muy joven. Ahora está en el sadomasoquismo. Pero, al mismo tiempo, está abriendo un abanico de posibilidades con el activismo de la prostitución autónoma. Yo le he dicho: me parece tan maravilloso ese planteamiento que tienes, mi hija, que daría lo que vivo por poderlo contemplar. No lo voy a poder contemplar desde aquí. Lo voy a tener que contemplar desde el otro lado. Dentro de 50 o 100 años, mi vida. Porque ese proyecto, dentro del planteamiento capitalista, no es posible. 

Estás hablando de una forma de prostitución.  

Ni prostitutas ni leches. Son trabajadoras sociales. Se unen a través de cooperativas o colaboración mercantil, y pueden ejercer ese trabajo sexual. Sin proxenetas. Sin trata de mujeres.  

Tú crees que eso no sería prostitución. 

Para entenderlo se necesita un nivel de madurez que ya es tela marinera, cariño.

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