1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

TRIBUNA

El colectivo LGTBI y el mercado: entre emancipación y dependencia

El capitalismo rosa está articulado alrededor del hombre blanco de clase media

Pablo Castaño / Félix Hernández 26/06/2019

<p>Manifestación del Orgullo crítico. 28 de junio de 2018. </p>

Manifestación del Orgullo crítico. 28 de junio de 2018. 

Willy Veleta

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

CTXT se financia en un 40% con aportaciones de sus suscriptoras y suscriptores. Esas contribuciones nos permiten no depender de la publicidad, y blindar nuestra independencia. Y así, la gente que no puede pagar puede leer la revista en abierto. Si puedes permitirte aportar 50 euros anuales, pincha en agora.ctxt.es. Gracias.

Como todos los años, Madrid celebrará el Día del Orgullo LGTBI con un multitudinario desfile de carrozas, patrocinado por empresas privadas como Idealista, Air Europa o Coca-Cola. Ya hace 15 años de la implantación de este modelo de Orgullo, en el que la manifestación política queda eclipsada por la impresionante celebración callejera, que ya es la fiesta mayor de facto de la capital. Sin embargo, como ha explicado Nuria Alabao, este año se ha reabierto el debate sobre el contenido político del Orgullo, a raíz de los pactos de Ciudadanos con Vox, que han llevado al comité organizador a rechazar que el partido naranja cuente con carroza propia en el desfile. En este contexto, un amigo planteaba en Twitter la propuesta que motiva este artículo: “Igual después de echar a la extrema derecha de la manifestación del Orgullo, el siguiente paso es echar a las empresas que nos utilizan para hacer pinkwashing mientras vulneran los derechos de lxs trabajdorxs, especulan con nuestras viviendas y destruyen nuestros barrios”.

No es nueva la crítica al protagonismo de las empresas privadas en el Orgullo y, más en general, de la mercantilización de las identidades LGTBI y el llamado “capitalismo rosa”. Desde hace 14 años, unos días antes del Orgullo oficial tiene lugar el Orgullo Crítico, una marcha inequívocamente política, con un discurso anticapitalista, feminista y antirracista. Sin embargo, esta manifestación y otras similares pasan desapercibidas para la mayoría de la población, y en ningún caso pueden competir en participación con el Orgullo comercial, que en 2017 atrajo a más de dos millones de asistentes. Iniciativas como el Orgullo Crítico, el Orgullo Vallekano y la semana de movilizaciones del 28J Autònom en Barcelona son necesarias, porque desvelan y denuncian la complicidad de las entidades LGTBI más institucionalizadas con empresas privadas que atentan contra los derechos y las condiciones de vida del colectivo LGTBI. Sin embargo, la crítica frontal al Orgullo no consigue explicar el éxito del capitalismo rosa. Sin entender cómo funciona la mercantilización de lo LGTBI, no podremos plantear una estrategia para superar esta realidad, que es lo que pretendemos con este artículo. 

Por qué triunfa el capitalismo rosa

La crítica anticapitalista a la mercantilización de lo LGTBI –que incluye tanto la parasitación del Orgullo por empresas privadas como la expansión de un mercado directamente orientado a las personas LGTBI– suele pasar por alto la contradictoria relación que existe entre dicho mercado y la construcción histórica de la comunidad y las identidades LGTBI. A lo largo del siglo XX, el mercado rosa ha sido, para muchas personas LGTBI, un espacio de identificación con una comunidad, así como un medio de visibilización ante otros sectores de la población. Dentro de este mercado, los bares han tenido y siguen teniendo un papel fundamental como espacio de socialización para el colectivo. En España, donde hasta los años setenta la LGTBIfobia era hegemónica tanto en la sociedad como en el Estado –la Ley de Vagos y Maleantes seguía vigente cuando se aprobó la Constitución de 1978–, los llamados bares “de ambiente” fueron uno de los primeros y pocos espacios para hacer vida en común, espacios seguros en los que, principalmente hombres gays pero también lesbianas, bisexuales y trans, podían establecer relaciones sociales y crear una comunidad en la que expresarse con relativa libertad. En algunos de estos lugares se experimentaba con el género y la sexualidad en formas que más tarde adquirieron legitimidad académica y política a través de la teoría queer. Por ejemplo, en Barcelona, locales como El Cangrejo o el Gambrinus se convirtieron en los años setenta en una meca del travestismo frecuentados por gente de las clases populares.

Todavía hoy, cuando España destaca como uno de los países del mundo con mayor grado de aceptación social de la diversidad sexual y de género, los bares y clubes gays y lésbicos siguen siendo los espacios donde la mayoría de nosotros empezamos a explorar nuestra sexualidad. Además del riesgo de ser agredidos –que, a pesar de haberse reducido en las últimas décadas, sigue muy presente en nuestras vidas– los espacios de ocio no orientados al público LGTBI están de hecho dominados por las dinámicas heterosexuales, invisibles para ellos pero muy presentes para nosotros. Sigue existiendo cierta incomprensión por parte de la mayoría heterosexual respecto a los modos de relacionarse del colectivo LGTBI y una falta de sensibilidad respecto a las formas más sutiles de LGTBIfobia que sufrimos de forma cotidiana. Por todo esto, a pesar de que en los últimos años las aplicaciones de citas hayan proporcionado plataformas alternativas para la socialización, los espacios de ocio LGTBI siguen siendo tan necesarios como siempre. Y la mayoría de estos espacios son parte del mercado rosa.

Por eso, para poder hacer una crítica consecuente de la mercantilización de lo LGTBI, es necesario admitir que el mercado ha favorecido la visibilización de la diversidad sexual y de género, lo que ha ayudado a mucha gente a salir del armario y vivir con más libertad. Como dice David Bell y Jon Binnie en su libro The Sexual Citizen (2000), “no es tan simple como afirmar que los bares gays necesariamente combatan la homofobia, o afirmar que participar en la economía rosa siempre es venderse sin principios”. Tampoco hay que negar las graves consecuencias del capitalismo rosa. La construcción mercantil de la comunidad LGTBI provoca la homogeneización del colectivo alrededor de aquellos cuya posición económica es más ventajosa. No es casualidad que mucha gente, cuando lee las siglas LGTBI, piense en un hombre blanco de clase media: la construcción histórica de lo LGTBI a través del mercado ha ensalzado a este grupo (minoritario) como símbolo y aspiración de todo el colectivo. Esta imagen empezó a construirse en Estados Unidos a finales de los años 70, cuando se publicaron los primeros anuncios específicamente dirigidos al público gay. Como cuenta Dan Baker en el libro Homo Economics (1997), fue la marca Absolut la primera en anunciarse en una revista gay. Le siguieron muchas otras, animadas por una serie de estudios que afirmaban que los gays y lesbianas tenían un nivel educativo y de renta mayor que el resto de la población.

El problema es que estos estudios estaban sesgados, ya que solo incluían en sus muestras lectores de publicaciones gays y personas entrevistadas en desfiles del Orgullo. Como explica Baker, estas encuestas representaban de forma desproporcionada a los sectores más acomodados del colectivo LGTBI. Análisis posteriores demostraron que la población LGTBI tenía un nivel de renta similar a los heterosexuales, pero el daño ya estaba hecho: la imagen del hombre gay blanco como representante de todo el colectivo se había vuelto hegemónica y pronto se exportó al resto del mundo occidental. Esta homogeneización del colectivo ha tenido como consecuencia la expulsión simbólica y material de quienes tienen menos capacidad de consumo, que suelen ser mujeres y personas racializadas. Como explica Jeffrey Scoffier en Homo Economics, “el mercado gay, como los mercados en general, tiende a segmentar la comunidad gay y lésbica por ingreso, clase, raza y género”. Esta segmentación tiene manifestaciones muy concretas: en España, las personas trans sufren una tasa de paro superior al 80 por ciento y las lesbianas y bisexuales sufren una brecha de género muy superior a la de los gays. 

De la dependencia a la emancipación

Más allá del sector del ocio, el mercado rosa es en buena medida un mito. Es una construcción comercial basada en la idea (falsa) de que las personas LGTBI tienen unos hábitos de consumo radicalmente distintos del resto de la sociedad. Lo cierto es que el colectivo LGTBI sufre la precarización promovida por el neoliberalismo contemporáneo de formas específicas, pero en ningún caso en menor medida que el resto de la población. Sobran ejemplos de los impactos nocivos de la mercantilización de lo LGTBI y de la estrecha dependencia del colectivo respecto al mercado. Miles de lesbianas, bisexuales, gays y trans que han emigrado a las grandes ciudades en busca de una vida más libre se encuentran atrapados en una jungla de alquileres inflados por empresas como Idealista, una de las patrocinadoras del Orgullo de Madrid. Hasta hace relativamente poco, las personas LGTBI estaban atadas a barrios como Chueca, los espacios con menos homofobia dentro de las grandes ciudades. El grave proceso de gentrificación que ha sufrido Chueca muestra la vulnerabilidad a la que nos exponemos como colectivo al dejar que nuestros espacios de socialización y nuestra comunidad dependa tan directamente de las dinámicas canibalistas del mercado –alegremente explotadas por empresas gayfriendly. Otra compañía que intenta lavar su imagen en las aguas del Orgullo es Air Europa, que además de enriquecer a sus accionistas acelerando el cambio climático, se ha lucrado poniéndose al servicio del Estado para deportar a migrantes residentes en nuestro país. Seguramente los aviones de Air Europa han devuelto a solicitantes de asilo LGTBI a países donde sus vidas corren peligro. La hipocresía de estas empresas y la complicidad de las entidades LGTBI que colaboran con ellas merece ser expuesta y denunciada con toda su crudeza, como hacen los movimientos críticos con el Orgullo comercial.

El reto es proporcionar una crítica de la mercantilización que sea sensible a las experiencias de muchas personas LGTBI para las que la única manera de asumir por completo nuestra identidad y percibirnos como parte del colectivo ha sido el consumo, es decir, participando en alguno de los sectores que forman el capitalismo rosa. Tradicionalmente la izquierda ha hecho una crítica general al consumismo que universaliza la experiencia del hombre heterosexual, ya que no tiene en cuenta el papel que el consumo “rosa” tiene en la vida de muchas personas LGTBI, debido en parte a la escasez de otras formas de integración y socialización. Por eso, crear espacios alternativos para la construcción de la comunidad LGTBI desde una perspectiva emancipadora debería ser una prioridad. 

El futuro ya está aquí: caminando hacia la emancipación 

La buena noticia es que esto ya está pasando. En ciudades como Madrid y Barcelona se están multiplicando iniciativas que pretenden proporcionar espacios de ocio y encuentro alternativos al capitalismo rosa, con discursos anticapitalistas, feministas y antirracistas. En Barcelona, colectivos como Atzagaia, La Fondona y las Marikes Llibertàries Transfeministes dedican gran parte de su actividad a organizar eventos donde el ocio y la política se entremezclan, como fiestas en la calle y batallas de divas. En Madrid, el festival antirracista organizado este mes de junio por SOS Racismo incluyó un voguing ball protagonizado por personas racializadas y, dentro del Orgullo Vallekano, se celebrará un festival de música LGTBIQ+.

Estos discursos críticos también se están abriendo paso en locales mainstream. Algunos ejemplos de esta tendencia son la fiesta Furia Queer, que sirve como plataforma para artistas LGTBI con identidades diversas, o Maricas, una fiesta techno queer organizada por mujeres en Barcelona. También hay ejemplos interesantes en otros lugares de Europa: el colectivo berlinés Lecken, que comenzó como un grupo de lectura queer, se acabó dedicando a organizar sex parties donde se lleva a la práctica la subversión de las categorías tradicionales del género y del sexo. En su web se puede encontrar una lista de textos que fundamentan su actuación política. Recurrir a locales con ánimo de lucro para organizar fiestas de este tipo supone mantener cierta dependencia respecto al mercado, pero también permite llegar a sectores del colectivo LGTBI que quizá no se acercarían a circuitos más explícitamente políticos, como el de los centros sociales. Además, estos espacios invitan a personas fuera del colectivo LGTBI a subvertir las normas que determinan el género y la sexualidad, contribuyendo a la desestabilización de las rígidas categorías que estructuran el heteropatriarcado.

Movimientos sociales como las Panteras Negras en Estados Unidos, el cooperativismo obrero y los movimientos por el derecho a la vivienda en España tienen en común una práctica política centrada en responder a las necesidades concretas de su base social. Atendiendo a demandas tan acuciantes como la seguridad y el sustento en el caso de las Panteras Negras, el empleo y la protección social en las cooperativas y el derecho fundamental a una vivienda digna defendido por la PAH y los sindicatos de inquilinos, estos movimientos consiguieron construir una alternativa concreta al mercado, además de discursos y organizaciones políticas poderosas. Estas experiencias pueden servir como ejemplo para los colectivos políticos LGTBI: la única forma de superar la mercantilización de lo LGTBI es crear espacios alternativos de socialización que respondan a la necesidad de encontrarse y establecer lazos entre las personas LGTBI, es decir, responder con una perspectiva emancipadora a las demandas con las que se lucra el capitalismo rosa.

CTXT se financia en un 40% con aportaciones de sus suscriptoras y suscriptores. Esas contribuciones nos permiten no depender de la publicidad, y blindar nuestra independencia. Y así, la gente que no puede pagar...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Autor >

Autor >

Félix Hernández

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí