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Tribuna

Musulmanas en Occidente: ¿las nuevas brujas?

La racialización del sexismo se expresa en Europa a través del prohibicionismo del velo

Marisa Pérez Colina 5/06/2019

<p>Mujeres con velo en Barcelona.</p>

Mujeres con velo en Barcelona.

Pixabay

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Austria acaba de prohibir el hijab en la escuela primaria, una medida impulsada por la coalición gobernante que incluye a la extrema derecha del Partido por la Libertad (FPÖ). En concreto el texto de la ley se refiere a cualquier “ropa con influencia ideológica o religiosa asociada con el cubrimiento de la cabeza”. ¿Por qué se dan este tipo de prohibiciones?

El velo se arroja a la arena judicial y jurídica del contexto europeo en 2003 en Alemania, tras una sentencia del Tribunal Constitucional Federal que por un lado respaldó el derecho de una profesora a usarlo en su lugar de trabajo (la escuela) y al mismo tiempo abrió la posibilidad de que los Estados alemanes legislen en contra. El uso del velo ha sido hoy proscrito en los establecimientos educativos de la mitad de los Estados alemanes. En 2004,  en nombre del principio de laicidad y mediante una controvertida ley, Francia prohibió la manifestación de pertenencia a una confesión religiosa en cualquier establecimiento de enseñanza pública –incluye signos o vestidos–. En este mismo país, la pulsión prohibicionista saltó en el 2011 de los centros educativos al espacio público en general (Decreto Fillon) y en el 2016 del velo al burkini (a través de una serie de ordenanzas municipales respaldadas por Manuel Valls). Desde esas primeras legislaciones alemanas y francesas, la fiebre prohibicionista se fue contagiando al resto de Europa: a Holanda, Bélgica, Dinamarca y Austria. En marzo de 2017, la propia Corte Europea de Justicia avaló el derecho de las empresas a vetar el uso de símbolos religiosos visibles a sus empleados.

Las dos primeras décadas del siglo XXI reflejan, por lo tanto, una tendencia europea al prohibicionismo en relación al modo de vestir de las mujeres y a legislar, en consecuencia, sobre nuestros cuerpos. Pero no hablamos de todas las mujeres ni de todos los cuerpos, sino, en especial, de las mujeres musulmanas y de sus cuerpos racializados.  

Si miramos al pasado, la mujer construida histórica y culturalmente por el sistema de género patriarcal ha sido cosificada entre dos estereotipos opuestos: la mala –la puta, la bruja, la no madre o mala madre, la lesbiana, la feminista– y la buena mujer –la decente, la madre y esposa ejemplar, la sumisa–. Para trazar una línea discriminatoria entre ambas posiciones, una frontera tan funcional a la división sexual del trabajo como a la separación entre las propias mujeres (y de cada mujer consigo misma), el artículo 40 de las leyes mesoasirias –siglos XV a XI a J.C.– impuso el uso del velo a las “respetables” (casadas, hijas solteras y concubinas) y lo prohibió, bajo crueles castigos en caso de infracción de la norma, a las “no respetables” (putas del templo, rameras y esclavas).

Los primeros Estados arcaicos impusieron el velo a sangre y fuego. Los Estados europeos “modernos” lo prohíben en la actualidad de forma cada vez más dura y en cada vez más esferas de la vida. 3.500 años después, la ley del velo sigue siendo una herramienta empleada por el Estado para legislar sobre el cuerpo de las mujeres y, en el caso de los Estados occidentales, el vehículo perfecto para estigmatizar culturalmente, subalternizar políticamente y explotar económicamente a las mujeres de religión y/o cultura musulmana.

La estigmatización de las musulmanas

En los países europeos, las mujeres que manifiestan visiblemente un origen no occidental o una profesión religiosa adscrita al islam, esto es, las que visten velo, nihab o burqa han sido estigmatizadas a la vez como víctimas y como enemigas. El velo musulmán parece difuminar la vieja frontera entre la buena y la mala mujer y tras el mismo, dejan simplemente de ser persona para transformarse en el estereotipo más conveniente para la ocasión: las mujeres musulmanas veladas pierden su singularidad y se ven obligadas a demostrar si son amenaza terrorista, víctimas redimibles o ambas cosas a la vez.

Son las nuevas brujas. Sospechosas de terrorismo de entrada por pertenecer a un marco cultural (el islam) que la cultura occidental ha decidido caricaturizar como inmutable. Según este estereotipo, el islam sería una cultura completamente refractaria a su transformación y las personas de cultura musulmana no tendrían por su parte ninguna capacidad de agencia en la redefinición de su marco cultural. Reacios y reacias, en consecuencia, a cualquier tipo de avance emancipador, contrarios a defender, por ejemplo, los derechos de las mujeres.

En esta semántica islamófoba, las mujeres musulmanas son leídas como terroristas en potencia en la medida que, como madres (su rol por antonomasia) pueden reproducir en sus vástagos y sostener en sus comunidades los valores trasnochados y peligrosos de su cultura. Son potenciales terroristas y educadoras de terroristas. Pero también son mujeres subyugadas, incapaces de salir por sí mismas de la relación de dominio patriarcal. Si existe una figura paradigmática de este paradójico patrón que aúna a la buena y la mala mujer en un solo cuerpo esta es Shamina Begum, la joven británica que se unió al Estado Islámico.

Para evitar ambas sospechas, a las mujeres musulmanas no les quedaría más remedio que desvelarse.

La subalternización de las mujeres musulmanas

No es sencillo librarse de las constricciones del marco islamófobo de análisis de los discursos políticos y mediáticos. Muchas personas podrían pensar que una mujer racializada con la melena al viento, el ombligo al aire y los vaqueros ceñidos es la imagen por excelencia de “la” mujer liberada. A este prejuicio responden, por ejemplo, los expertos en comunicación del Frente Nacional cuando proponen en 2007 precisamente esa imagen de la beurrette emancipée (mujer “liberada” de origen árabe) en su campaña electoral. Así lo cree igualmente Fadela Amara, francesa de origen argelino y fundadora del movimiento francés Ni putas ni sumisas, que fue secretaria de Estado en tiempos de Fillon y recibió el Premio de la Laicidad francés en el año 2003. Su recorrido político ilustra de forma muy paradigmática la posición de subalternidad en la que parte del feminismo occidental coloca a las mujeres de orígenes no occidentales.

Así lo explica Ángeles Ramírez con argumentos difíciles de rebatir en un artículo donde describe cómo, en su lucha por mejorar la vida de las mujeres de los barrios de periferia (cités) de las ciudades francesas, Amara pasó de pensar las violencias sexistas sufridas como un “problema de desestructuración social por el olvido de los barrios” a interpretarlas como un producto del islam, esto es, “esencializando la cultura musulmana para explicar los problemas sociales”. Este “olvido” de las condiciones materiales de existencia de los habitantes de las banliues (caracterizados, en la actualidad, por una composición fuertemente racializada), parece arrastrar otro cambio de posicionamiento de la activista: esta, que en un primer momento se opuso a las prohibiciones normativas por sus consecuencias estigmatizadoras, pasó después a legitimarlas y a secundar sin fisuras la aprobación de la Ley prohibicionista francesa de 2004, antes citada.

Para muchos, Fadela Amara representa la posibilidad de toda mujer de origen árabe y cultura musulmana de liberarse de las opresiones patriarcales. Para otras, Amara solo ha abanderado, por desgracia, el imperativo de subalternidad a la que la cultura occidental pretende someter a la heterogeneidad, cada vez mayor, de las poblaciones europeas.

De la subalternización cultural a la explotación económica

No existe, en un mundo que ha convertido en sinónimos economía y economía neoliberal (o globalización capitalista) subalternización cultural libre de intereses de acumulación de beneficio, de objetivos de explotación. Como escribimos recientemente en este mismo medio, en “el caso de las mujeres musulmanas en Europa, su posición subordinada en el mercado laboral sirve para cerrar en falso la crisis de cuidados a la que asistimos desde la década de 1980”. Traducido al affaire europeo del velo esto significa que para confiar en “ellas” como cuidadoras de “nuestras” familias, limpiadoras de “nuestras” casas y ciudadanas en pie de igualdad en “nuestras” sociedades occidentales, las mujeres de religión y cultura musulmanas habrían de (des)velar, de entrada, sus cabezas y cuerpos como prueba de asimilación a la cultura occidental. En otras palabras: para “integrarse”, las mujeres inmigrantes y racializadas pobres habrían de buscarse el pan en los nichos reservados para ellas: esto es, el sector feminizado, mal pagado y poco valorado del trabajo doméstico y de cuidados. Pero antes de “liberarse” a través de este camino impuesto por los intereses de las economías europeas, deberían cumplir una condición sine qua non: quitarse “libremente” el pañuelo.

En la cuestión del velo y la emancipación de las mujeres, con las gafas islamófobas y eurocéntricas solo habría una forma de entender la relación de dominio patriarcal y únicamente una manera de combatirla: las violencias sexistas se limitarían a los pueblos de cultura no occidental y a sus comunidades residentes en los países europeos. Esto se llama racialización del sexismo.

Con las gafas de un feminismo radicalmente antirracista, la hermenéutica de las posibilidades de transformación de la realidad es totalmente distinta. Su receta infalible, pero siempre difícil de aplicar, exige no imponer la mirada propia y obligatoriamente sesgada a ninguna experiencia de transformación común. Porque una relación de dominio nunca se expresa unívocamente (tampoco la de género) y ningún camino hacia la autonomía es mejor que los demás (tampoco en las apuestas de emancipación feministas).

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Marisa Pérez Colina

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10 comentario(s)

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  1. Progredumbre

    Mis queridos progres,haced un favor a la sociedad y morios,no la contamineis mas con vuestro odio irracional y falacias. Y por favor,hacedle caso a Laura,no es justo criticar algo que a ella le gusta o a la autora del mismo artículo,solo lamidas púbicas y aplausos falsos por favor,el resto de opiniones son intolerables. A la gente autoritaria nunca le ha gustado la crítica,especialmente cuando le da candela a dicha persona o sus creencias.

    Hace 1 año 10 meses

  2. Ferni

    https://amp.elmundo.es/internacional/2019/06/09/5cfd3cf1fdddff508a8b45c9.html?__twitter_impression=true

    Hace 1 año 10 meses

  3. José Manuel

    Ahora resulta que una prenda de vestir, que realmente es una muestra de sumisión religiosa y patriarcal, en Europa es emancipadora y feminista, pero luego hay feministas islámicas que son perseguidas y mueren por no llevarlo ... La religión es antagónica a cualquier libertad.

    Hace 1 año 10 meses

  4. EV Pedreira

    Siento pena y asco al leer un articulo que se olvida de los millones de mujeres que luchan en una sociedad que las acosa e incluso las mata por no llevar velo. La realidad es que en muchos paises no es una opcion en no llevarlo ¿de que estamos hablando? le recomiendo a la autora seguir a musulmanas que han decidido no llevarlo y los acosos y amenazas a los que son sometidas por ello como @SaharawiFeminist o @Mim_Rif. Por si tiene alguna duda de lo que significa el islam y el velo le recomiendo leer la noticia estos dias sobre gran imán de Al Azhar""Los hombres están al cargo de las mujeres en virtud de la preferencia que Alá ha dado a unos sobre otros...diciendo ".Las esposas pueden ser golpeadas siempre y cuando ningún hueso resulte roto como consecuencia de la golpiza..." Actitudes como las de la autora del articulo, complices via hechos de estas aberraciones, defendiendo lo indefendible: que el velo es el simbolo del sometimiento de la mujer al hombre, no hacen mas que prorrogar una situacion cronica en el mundo arabe de la mujer y que en Occidente deberiamos repudiar sin paliativos como este articulo

    Hace 1 año 10 meses

  5. Laura

    Creo que tenemos como lectores y lectoras una reflexión pendiente sobre el nivel, tono y calidad de los comentarios que escribimos. No es justo que después de leer este artículo, con el que se puede estar de acuerdo o no, se escriba un comentario como el del lector Guirben Dallas. No es justo para mí como lectora, ni para la autora, ni para la revista. Yo propongo desde aquí que los comentarios sean moderados, o que no haya.

    Hace 1 año 10 meses

  6. Muriel

    Feminismo y religión son credos antagónicos. Tan solo pueden coexistor cuando el primero coloniza al segundo y consigue revertir los planteamientos mas anti Derechos Humanos. Soy feminista y como tal no admitiré jamás que un planteamiento religioso retrógrada degrade a la mujer al menos en el espacio público. En su ámbito privado puede elegir libremente la sumisión al hombre

    Hace 1 año 10 meses

  7. Inem

    Hay que reconocer la vis comica de la autora, pretender hablar de autonomia y contarnos que un islam inamovible es una caricatura forjada por la cultura occidental cuando se comenta una norma con 3000 años de antiguedad pues tiene su guasa

    Hace 1 año 10 meses

  8. Julio Loras

    Perdone, pero las "putas del templo" eran consideradas respetables, como lo eran las hetairas en Grecia.

    Hace 1 año 10 meses

  9. Guirben Dallas

    Asco y vómito, es lo que me produce este artículo tendencioso y con una falta de rigor absoluto.Mezclando disparates y sacando conclusiones que en definitiva son lesivos para la mujer de hoy en día.Si señora , las mujeres no sólo tienen , sino deben por derecho, llevar una prenda de ropa que las oprime desde tiempos del Profeta, apoyad las cadenas hermanas, el camino de la emancipación está cerca.Execrable.

    Hace 1 año 10 meses

  10. Fernando Gómez

    Lo último para debilitar y desacreditar el movimiento universal de liberación de la mujer ha sido acusarle de representar al “feminismo blanco- occidental-cristiano”, de ejercer superioridad racial y de clase sobre las mujeres de otros países, razas y religiones, y elaborar recetas equivocadas para ellas... La ofensiva proviene de las mujeres fundamentalistas islámicas –entre ellas numerosas conversas-, que tras el fracaso de sus planteamientos en los países “musulmanes” , se aprovechan del profundo desconocimiento de buena parte de los intelectuales y activistas europeos acerca de la historia del movimiento feminista de Oriente Próximo para vender su caducada mercancía, impidiendo el progreso. ...el feminismo español, por ejemplo, ha incluido en sus demandas una amplia batería de derechos (de educación, sanidad, trabajo, etc.) para las inmigrantes, quienes se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad. Derechos que las mujeres fundamentalistas no los piden ni para las mujeres de los países de Oriente Próximo dominados por la derecha religiosa. En su discurso no pasa de defender el velo y justificar la poliginia, no caben los problemas reales de las mujeres trabajadoras inmigrantes, como “los papeles”, un sueldo digno, etc. Identificar, de forma intencionada, las conquistas de las mujeres trabajadoras de los países occidentales (por las que miles han sido perseguidas, torturadas y asesinadas), con el colonialismo de sus mandatarios. Así, han conseguido generar confusión y sentimientos de culpa en un sector del feminismo europeo, ocultando un gran detalle: que el colonialismo no habría sido posible sin la cooperación necesaria de los señores feudales y burgueses locales, en su mayoría además hombres muy devotos. El “feminismo blanco” que nació en el siglo XIX en EEUU y Gran Bretaña, fue un gran paso en la lucha de las mujeres en dichos países, a pesar de desatender las demandas de las mujeres negras e indias, que lo corrigieron con su “feminismo negro”... Esta capacidad de autocrítica y progreso nace justamente del compromiso y de la naturaleza laica del feminismo, basado en la racionalidad y no en la “fe” y textos sagrados inamovibles. [El feminismo musulman] En su enfoque tribal los problemas de las mujeres “musulmanas” carecen de conexión con el resto de las mujeres, y las soluciones también... A las mujeres “anti feminismo blanco” no se les ve en la sede de los sindicatos, defendiendo la igualdad de sueldos o un ambiente laboral libre de acosos sexual. El fundamentalismo se opone a la justicia social, a las libertades individuales y políticas, a los sindicatos y partidos de izquierda por ser inventos de los infieles occidentales blancos. Extracto de un texto de Nazanín Armanian https://blogs.publico.es/puntoyseguido/3878/el-feminismo-blanco-criticado-por-el-oscurantismo-feminizado/

    Hace 1 año 10 meses

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