1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Análisis

Brasil, 2019: la vuelta al pasado del “país del futuro”

El sector minero, el armamentista y el religioso fueron los grandes donantes de la campaña de Bolsonaro. Ahora exigen contrapartidas

Eduardo Luis Junquera Cubiles 9/01/2019

<p>Jair Bolsonaro.</p>

Jair Bolsonaro.

Beto Oliveira

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Para entender por completo las políticas emprendidas por cada país es imprescindible saber qué empresas son las principales donantes de fondos para financiar las campañas electorales de los partidos. Algunos medios difundieron de forma interesada noticias que decían que eran los pequeños donantes a título privado quienes estaban sosteniendo la campaña de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil, pero esta información no era cierta. En Brasil, las campañas siempre han sido financiadas por grupos poderosos que exigen contrapartidas una vez alcanza el gobierno el candidato por el que apostaron. Una investigación del periódico Folha de São Paulo revelaba que, en las elecciones municipales de 2016, las primeras sin aportes de las empresas, las donaciones de los ciudadanos ascendieron al 43% del dinero recaudado por los candidatos, mientras que en las elecciones de 2012 el porcentaje había sido de tan solo el 25%. El 17 de septiembre de 2015, tras casi un año y medio de deliberaciones, el STF (Supremo Tribunal Federal de Brasil) decidió por amplia mayoría y en un fallo histórico que las donaciones de las empresas privadas a las campañas de los partidos eran inconstitucionales.     

Tres han sido los principales sectores que han financiado la campaña de Jair Bolsonaro: el sector minero, el sector armamentista y el sector religioso. Al poder de estos grupos habrá que sumar el apoyo que el nuevo presidente tendrá de la llamada bancada ruralista, el conjunto de diputados que defiende en el Congreso brasileño los intereses de la industria de productos agrotóxicos y de los grandes productores agrícolas, en la cual hay diputados de casi todos los partidos. Los ruralistas suman 99 de los 513 diputados del Congreso brasileño que salió de las elecciones del pasado mes de octubre.

El apoyo del sector minero    

Este sector, omnipresente en la historia de Brasil, controla parte de la economía desde tiempos inmemoriales. La minería brasileña tiene fuertes vínculos internacionales y, como todos los grandes grupos de presión a nivel mundial, tiene sus esperanzas puestas en el imparable avance del neoliberalismo. Solo parapetándose tras el escudo legal que supone modificar el marco jurídico de un país puede entenderse la próxima barbarie que prepara el lobby minero, cuyo proyecto es apoderarse de las tierras indígenas para explotarlas a voluntad. Una de las promesas de Bolsonaro durante la campaña electoral consistía en la apertura de las tierras indígenas a la prospección de la industria minera y de otras formas de explotación económica. Aunque el 13% de los bosques tropicales de Brasil están protegidos por ser considerados tierras indígenas, no hay ninguna garantía de que el nuevo presidente no cambie las leyes para entregar el Amazonas y la sabana brasileña a las empresas mineras, a los empresarios madereros y a la gigantesca industria del cultivo de soja. La candidatura de Bolsonaro carecía por completo de planes para revertir la deforestación o para impedir la explotación de las tierras de los indios.

La candidatura de Bolsonaro carecía por completo de planes para revertir la deforestación

La explotación minera directa no es la única causa de deterioro del medio ambiente asociado a esta industria. Las actividades ligadas a la minería también tienen un enorme impacto ambiental porque cuando se abre un proyecto minero de cierta importancia se construye toda una red de infraestructuras derivada de la creación de puestos de trabajo: carreteras, viviendas, aeropuertos, etcétera. El estudio medioambiental para otorgar licencias de explotación de minas no suele contemplar el impacto que se produce fuera de las áreas estrictamente dedicadas a la minería, y las empresas mineras no se caracterizan por asumir responsabilidades de carácter social.

El apoyo del sector armamentista (deforestación de la Amazonia y de la sabana brasileña)

A comienzos del siglo XXI, la sociedad brasileña vivía bajo la creciente amenaza de la violencia y del aumento del tráfico de cocaína en el país, lo que aumentó la presión sobre el primer Gobierno de Lula da Silva (2003-2010) para que el nuevo ejecutivo regulase el uso de armas de una manera más estricta. En 2003, el Congreso aprobó el conocido como el Estatuto del Desarme, un conjunto de medidas que restringía el acceso a las armas para la mayor parte de la población. La entrada en vigor del nuevo estatuto produjo un descenso en el número de víctimas por arma de fuego durante los primeros cuatro años, pero los homicidios volvieron a aumentar, al igual que el número de armas registradas, que pasó de tan solo 5.159 en 2004 a 42.387 en 2017. Las promesas de Bolsonaro de relajar las leyes de acceso a las armas han provocado un aumento en la cotización bursátil de las empresas armamentistas brasileñas. En un nuevo ataque contra los derechos humanos, el nuevo presidente ha expresado su deseo de otorgar mayor libertad a la policía para matar a los delincuentes. Por este motivo, 5.144 personas murieron en Brasil en 2017, un 20% más que en 2016. Bolsonaro también ha declarado su intención de dotar a los policías de una suerte de inmunidad para que los crímenes ejercidos en su labor policial no sean considerados punibles.

En su labor como diputado, Bolsonaro ha defendido siempre los intereses de las empresas de armas brasileñas. El lobby armamentista está estrechamente ligado a la bancada ruralista. Los objetivos de los ruralistas coinciden con los de los lobbies armamentista y minero: perdón de deudas con la Hacienda brasileña a los productores rurales grandes o pequeños-lo cual incluye a la gran industria productora de soja y maíz-, promover el uso de armas en la población rural brasileña, acabar con las leyes que protegen la ecología y cambiar la Constitución de 1988, que garantiza a los pueblos indígenas la explotación de sus propias tierras, algo esencial para su supervivencia. En 2012, los ruralistas ya lograron modificar en parte el Código Forestal en detrimento del medio ambiente. Tanto los ruralistas como los lobbies armamentista y minero son contrarios a la demarcación de las tierras indígenas. La demarcación es un proceso por el cual se asignan tierras a los indios con el fin de garantizar su desarrollo y su supervivencia. El proceso de demarcación de tierras ya fue paralizado por el presidente Michel Temer (2016-2018) a cambio de los votos de los ruralistas, a los cuales ofreció también nuevas áreas del Amazonas para deforestar. La tasa de deforestación anual disminuyó de forma constante desde 2005 hasta 2014. A partir de 2015, los análisis realizados mediante satélite por el Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil demuestran que la masa forestal de la Amazonia se está reduciendo de nuevo. Entre junio de 2015 y el mismo mes de 2016, la masa arbórea perdió casi 800.000 hectáreas. El proceso de reducción de demarcación de tierras es muy anterior al Gobierno de Michel Temer. En realidad, la demarcación de tierras indígenas comenzó a disminuir durante los Gobiernos de Dilma Rousseff (2011-2016). Las organizaciones más importantes de defensa de la naturaleza consideran que las demarcaciones, además de ser una cuestión de justicia y reparación hacia los indios, ayudan a preservar el medioambiente.

A comienzos de 2017, la organización ecologista Mighty Earth publicó un estudio que revelaba el vínculo entre la deforestación del Amazonas y la producción de soja por parte de las estadounidenses Cargill y Bunge. Una parte de la soja que estas empresas compran ha sido cultivada previa tala de árboles y quema de bosques. Para elaborar este informe, Mighty Earth utilizó fotos vía satélite, imágenes obtenidas por drones y trabajos llevados a cabo sobre el terreno. Cargill gasta cada año millones de dólares para lavar su imagen, pero Mighty Earth dejó bien clara la relación entre las actividades de estas dos empresas y la deforestación. Como suele ser habitual, algunas prácticas de las empresas multinacionales son enormemente obscenas: el estudio mostraba la existencia de un patrón sistemático en la quema de bosques en la Amazonia y en el área de El Cerrado, la sabana brasileña que ocupa el 23% del territorio nacional y que alberga más de 10.000 especies de plantas, de las cuales más del 45% solo se desarrollan allí. Los campesinos de esta región queman bosques con el fin de cultivar soja que posteriormente venden a empresas proveedoras de Burger King como Cargill y Bunge. Si consideramos el tamaño de El Cerrado, la deforestación se produce allí a un ritmo cuatro veces mayor respecto al de la Amazonia, y si tenemos en cuenta las proyecciones del gobierno de Brasil, que hablan de un aumento en la producción de soja de entre un 29% y un 60% en la próxima década, a las que hay que sumar la ausencia de políticas de protección del medio ambiente por parte del nuevo Gobierno, no podemos más que esperar un aumento de la deforestación en ambas zonas.

Brasil se ha convertido en un gran tablero en el que se desarrollan algunas de las más importantes batallas geoestratégicas a nivel mundial: en medio de la guerra económica entre Estados Unidos y China, Brasil ha conseguido exportar al gigante asiático casi el 80% de su producción de soja entre enero y agosto de 2018. Continuando con las actividades depredadoras de Cargill y Bunge: en 2015, Cargill pagó la convención de Burger King y en 2014 ya había donado fondos a la fundación Burger King McLamore. En 2010, Burger King fue adquirida por el fondo de inversión brasileño, 3G Capital, una empresa que no se caracteriza precisamente por su transparencia.

La deforestación en las grandes áreas naturales de Brasil afecta a jaguares, osos perezosos, osos hormigueros y otras especies. En su informe de 2017, la organización de defensa del medioambiente Global Witness documentó la muerte de 57 activistas medioambientales en Brasil. En el estudio también se mencionan ataques violentos contra indios de la etnia Gamela que se saldaron con al menos 22 personas heridas, varias de ellas por arma de fuego y algunas con las manos amputadas.

Tan solo dos partidos políticos, el Partido Socialismo y Libertad, liderado por Guillerme Boulos, y REDE (Red de Sostenibilidad), liderado por Marina Silva, ofrecían en sus programas de gobierno medidas para proteger a los pueblos indígenas, incluyendo la demarcación de tierras. La organización católica CIMI (Consejo Indigenista Misionero) elaboró un informe en 2018 en el que advertía de un incremento de las violaciones contra los pueblos indígenas en 2016 y en 2017. Durante 2017, al menos 110 indios fueron asesinados en el país. Pese a la barbarie de estos números, la cifra es menor respecto a los 118 indios asesinados en 2016 o los 137 en 2015. El CINI también denuncia un aumento en otros tipos de violencia ejercidos sobre las minorías indígenas, como la expulsión de tierras. En Brasil hay 305 etnias indígenas, de las cuales 107 constan en los registros de FUNAI (el departamento nacional de defensa de los indios, creado en 1967) como tribus aisladas y no contactadas, más que en cualquier otro lugar del mundo.

el discurso contra el indio es una forma de preparar a la sociedad para que acepte los próximos crímenes que, previsiblemente, se van a perpetrar contra los indígenas

La elección de Jair Bolsonaro, lejos de tranquilizar a las minorías indígenas solo deja motivos para la preocupación, puesto que ya ha declarado de forma rotunda que no solo no cederá un solo centímetro de tierra a los indios, sino que aspira a despojarles de parte de sus territorios. El nuevo presidente ya amenazó con cerrar el FUNAI. En una ocasión, Bolsonaro declaró: “Es una vergüenza que la caballería brasileña no fuera tan eficaz como los estadounidenses, que exterminaron a sus indios”. Del mismo modo, su apoyo a las posiciones de la bancada ruralista en el Congreso son inequívocas: “El reconocimiento de tierras indígenas es un obstáculo para la agroindustria”. Las palabras del nuevo presidente van a envalentonar a los grupúsculos de pistoleros afines a los grupos de presión madereros, a los de la minería y a los acaparadores de tierra brasileños. El poder político en Brasil está legitimando las acciones de fuerza contra las minorías indígenas, algo que en algunos casos y en algunas regiones del país puede llevar a su aniquilación como pueblo. No tenemos más que echar la vista atrás unos pocos años: durante las décadas de los ochenta y los noventa, miles de indios de la tribu de los Yanomami fueron asesinados debido al apoyo de los sucesivos gobiernos a los llamados garimpeiros –buscadores de piedras preciosas–, los buscadores de oro que invadieron y robaron las tierras de esta tribu. Además de las muertes por asesinato, la población yanomami se vio diezmada por las enfermedades traídas por los buscadores de oro, que también llevaron a las tribus alcohol, drogas y prostitución.   

En realidad, el discurso contra el indio no esconde únicamente racismo, sino que constituye una forma de preparar a la sociedad para que normalice y acepte los próximos crímenes que, previsiblemente, se van a perpetrar contra los indígenas por una cuestión de explotación de recursos. La tribu de los Guajajara, por ejemplo, sufre continuos ataques de las mafias madereras, que anhelan expulsarlos de sus tierras y que operan en estas áreas de forma ilegal. La organización Survival Internacional, que aboga por los derechos de los pueblos indígenas, calcula que, desde el año 2000, al menos 80 indios pertenecientes a los Guajajara han sido asesinados. Por su parte, la tribu de los Yanomami, como antes hemos comentado, está siendo hostigada y atacada por los buscadores de oro ilegales desde hace más de 30 años. En la actualidad, esta tribu sufre una grave epidemia de sarampión, posiblemente causada por la presencia de los garimpeiros en sus tierras, y decenas de yanomamis han muerto por la deficiente atención médica en las zonas en las que viven. Pese a la protección que la Constitución otorga a los indígenas, algunas tribus como los guaraníes de Mato Grosso do Sul han sido desposeídos de sus tierras por terratenientes y por empresas de la industria agroalimentaria que no han dudado en pagar a pistoleros para asesinar a algunos de sus miembros. En la actualidad, los indios de esta tribu viven en reservas extremadamente pequeñas o en campamentos cercanos a autopistas en condiciones de precariedad y miseria. Esta tribu posee uno de los índices de suicidio más altos del mundo. Según los datos del CIMI, el estado de Mato Grosso do Sul es el área en la que más asesinatos de indios se registran, y allí se han documentado casi la mitad de las muertes violentas de indígenas en todo el país. Esta región encabeza también el número de suicidios, con 30 muertes en 2016. Por esta causa han muerto 782 personas en Mato Grosso do Sul desde el año 2000, el 20% de ellos eran niños de entre 5 y catorce años.

Actualmente, existen 33 propuestas contra los indígenas en proceso de aprobación en el Congreso brasileño, 17 de las cuales tratan de alterar los procesos de demarcación de tierras.

Continuando con la bancada ruralista, este grupo, financiado por la industria agroalimentaria, además de estar en contra de la demarcación de tierras indígenas también promueve políticas agresivas para extender de forma general el uso de los transgénicos y para aprobar algunos productos agrícolas tóxicos prohibidos en Europa y Estados Unidos. Los ruralistas también persiguen, como ya consiguieron en 2012 con el Código Forestal, modificar o suprimir las leyes de protección del medio ambiente. Uno de los más destacados representantes de la bancada ruralista es Blairo Maggi, ministro de Agricultura del Gobierno de Michel Temer y fundador del grupo Amaggi, principal productor de soja a nivel mundial. Maggi es mencionado en la red de sobornos de Odebrecht, uno de los mayores casos de corrupción de la historia del país. A comienzos de 2017, un juez del Supremo Tribunal Federal de Brasil autorizó la investigación sobre Maggi por este asunto.

El apoyo del sector religioso (corrupción en las iglesias evangélicas)

El tercer grupo financiador de la campaña de Bolsonaro, el sector religioso, ha sido objeto de múltiples investigaciones judiciales y policiales que han concluido que las iglesias evangélicas brasileñas han sido utilizadas como centros de lavado de dinero negro ligado al narcotráfico y a los políticos. En los templos evangélicos de Brasil es común que los pastores se dediquen a infundir miedo y a amenazar a los fieles que por una u otra razón no aportan dinero a la iglesia. La excepción fiscal que proporciona el artículo 150 de la Constitución brasileña es un factor fundamental para entender la falta de control sobre el dinero de las iglesias, que no tributan por ninguna clase de impuesto ni por las donaciones que reciben de los fieles ni por cualquier otra actividad vinculada a ellas.

Edir Macedo, líder y fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD), la segunda iglesia evangélica más importante del país, ha sido procesado por una veintena de causas judiciales, aunque siempre fue exculpado por prescripción del delito o por falta de pruebas. En septiembre de 2011 fue acusado por el Ministerio Público Federal brasileño por organización de actividades criminales, evasión de divisas, lavado de dinero y falsedad ideológica. Junto a Macedo, también fueron acusados otros integrantes de la cúpula de la IURD. Según el Ministerio Público de Brasil, para llevar a cabo estas operaciones la Iglesia Universal del Reino de Dios se habría valido de empresas creadas en paraísos fiscales. La IURD tiene unos dos millones de fieles en Brasil y Edir Macedo, según la revista Forbes, posee una fortuna de alrededor de 1.000 millones de dólares. La segunda televisión del país, Record TV, es propiedad de Macedo desde 1989. El líder de la Iglesia Universal también posee al menos un yate y se traslada en avión privado de forma habitual. Como otros líderes religiosos de Brasil, dispone de pasaporte diplomático. La Iglesia Universal cuenta con varias editoriales; un semanario, la Folha Universal, con 2,5 millones de ejemplares en cada edición; y 40 canales de radio. Edir Macedo tiene procesos abiertos en Estados Unidos y Venezuela relacionados con el lavado de dinero. En el caso de Venezuela, el dinero provendría del narcotráfico. El Departamento de Investigación y Acción Penal de Lisboa (DIAP) abrió a finales de 2017 una investigación para aclarar el papel de la Iglesia Universal del Reino de Dios en una presunta red de adopciones ilegales que habría supuesto la salida de Portugal de varios niños en la década de los noventa. Marcelo Crivella, alcalde de Río de Janeiro desde 2017, es pastor evangélico de la IURD y sobrino de Edir Macedo. Crivella ha disminuido la aportación de fondos para el carnaval, la marcha del orgullo gay y los cultos del Umbanda y el Candomblé. Crivella también es un firme defensor del creacionismo, la doctrina que dice que los seres vivos han sido creados por Dios y no proceden de una evolución. Este dirigente político, al igual que otros miembros de las iglesias evangélicas brasileñas, está obsesionado con la comunidad LGTB y ha llegado a calificar la homosexualidad como “una conducta maligna”.  

 las iglesias evangélicas brasileñas han sido utilizadas como centros de lavado de dinero negro ligado al narcotráfico y a los políticos

En junio de 2017, en el contexto de absoluta podredumbre de la política brasileña, el presidente Michel Temer recibió en el Palacio de Planalto, sede del ejecutivo brasileño, a varios obispos de la  iglesia Asamblea de Dios Ministerio Madureira, cuyo presidente ejecutivo, Samuel Ferreira, está siendo investigado en la Operación Lava Jato, el mayor caso de corrupción de la historia del país, que finalmente habría sido entregado a Eduardo Cunha, expresidente del Congreso brasileño, actualmente en prisión por corrupción, lavado de dinero y evasión de divisas. Las diversas iglesias agrupadas bajo la denominación “Asamblea de Dios” reúnen a más de 23 millones de fieles en todo Brasil y constituyen el mayor grupo religioso del país. En diciembre de 2016, la Policía Federal de Brasil desarticuló una red de corrupción de cobro de comisiones en relación con la explotación minera. La policía citó a 29 personas para que prestasen declaración, entre los detenidos estaba el pastor de la iglesia Victoria en Cristo, vinculada a la Asamblea de Dios, Silas Malafaia, que habría recibido un cheque de 30.000 euros procedente de uno de los bufetes de abogados envueltos en el caso. La Justicia brasileña ordenó la detención de 16 personas relacionadas con este fraude, entre ellas el director de recaudación del Departamento Nacional de Producción Mineral, Antônio Valadares Moreira. En 2013, la revista Forbes cuantificó la fortuna de Malafaia en 150 millones de dólares. Este pastor es otro enemigo declarado del colectivo LGTB y sus declaraciones contra esta comunidad son una continua incitación al odio. Malafaia describió a los homosexuales como “Fundamentalistas de basura moral” y añadió “Vamos a buscar una isla desierta donde enviar a los gais”. Silas Malafaia también viaja en avión privado.

Valdemiro Santiago, líder y fundador de la Iglesia Mundial del Poder de Dios, fue objeto en 2013 de una investigación del Ministerio Público y de la Policía Civil del estado de São Paulo. GEDEC es el Grupo Especial de Delitos Económicos que, junto a la División de Investigaciones sobre Crímenes contra la Hacienda, organismo perteneciente a la Policía Civil, investiga un supuesto delito de lavado de dinero y ocultación de bienes relacionado con la iglesia liderada por Valdemiro Santiago. Este pastor se convirtió en el centro de varias investigaciones cuando se descubrió que una gigantesca hacienda ubicada en el estado de Mato Grosso era de su propiedad. Se trataba de San Antonio del Itiquira, una granja situada en la localidad de Santo Antônio do Leverger. La propiedad, que constaba de 10.174 hectáreas, mansión con piscina, pista de aterrizaje y miles de cabezas de ganado fue adquirida por más de 11 millones de euros pagados al contado a través de la empresa WS Music, cuyos representantes son el apóstol y su mujer. La Iglesia Mundial del Poder de Dios ha sido denunciada por no pagar los alquileres de los locales que utiliza como templos y por no abonar a la televisión Rede Bandeirantes el dinero correspondiente a la cesión de espacios para que la iglesia retransmita ceremonias y contenidos religiosos. Las cuentas de esta iglesia fueron bloqueadas como consecuencia de la denuncia de Rede Bandeirantes, que vio cómo el juez se pronunciaba a favor de sus alegaciones. El pastor Valdemiro Santiago posee varios coches blindados, chóferes y guardaespaldas. Este personal está a su total disposición las 24 horas del día. La revista Forbes cuantificó en 2010 la fortuna de Santiago en 220 millones de dólares, lo que le convertiría en el segundo pastor más rico del país, aunque su iglesia no se halla entre las mayores de Brasil (se encuentra en el puesto 14º por número de fieles). Como Edir Macedo, Valdemiro Santiago también dispone de pasaporte diplomático y viaja en avión privado.

Marco Feliciano, pastor de la iglesia Asamblea de Dios y diputado del Congreso brasileño, es uno de los líderes evangélicos más influyentes de Brasil. Entre los meses de marzo y diciembre de 2013 llegó a presidir la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados. Feliciano es un ultraconservador que consiguió que este organismo aprobase en junio de 2013 una propuesta denominada por la prensa como la “cura gay”. Este proyecto consistía en suspender la resolución del Consejo Federal de Psicología de prohibir a los psicólogos aplicar tratamientos destinados a “curar” la homosexualidad, además de participar en manifestaciones que refuercen los prejuicios sociales contra la comunidad LGTB. Durante esta etapa, la Comisión aprobó la tramitación de una propuesta de referéndum para consultar a la población acerca del matrimonio entre personas homosexuales. Marco Feliciano ha definido a la raza negra como “maldita”, considera que el amor entre personas homosexuales “conduce al odio y al crimen” y que el virus del SIDA es un “cáncer homosexual”. Feliciano también presentó un proyecto de ley para que no existiera reconocimiento legal para el matrimonio de personas del mismo sexo. Las palabras de este pastor, que es todo menos un hombre de Dios, suponen una continua incitación al odio y a la violencia. Días después del asesinato de la activista de los derechos humanos, Marielle Franco, Marco Feliciano se permitió hacer un chiste sobre su muerte en el famoso programa de radio, Pânico na Rádio.   

El lobby religioso dispone de cuantiosas cantidades de dinero que aportó de forma directa a la campaña de Jair Bolsonaro. A partir del 1 de enero de 2019, los evangélicos contarán con 91 de los 513 diputados en el Congreso de Brasil. En el Senado, el porcentaje pasará de 3 a 4 senadores. El llamado “bloque de la Biblia” se opone al aborto (un problema de salud pública en el país), a la despenalización de las drogas, a los derechos del colectivo LGTB y a que se promueva en las escuelas el respeto y la tolerancia hacia esta comunidad. Los evangélicos han pedido también que se supriman los ministerios de Cultura y de Ciencia y Tecnología, además de solicitar la creación de una institución que supervise la “enseñanza moral”.

Sin esperanza para Brasil

Dentro de los grupos de poder brasileños, Bolsonaro representa al sector más reaccionario y atrasado. No hay nada en sus propuestas que pueda entenderse como una concesión a la modernidad o al progreso. Al contrario, el nuevo presidente apela de forma directa a la violencia contra el adversario político, al golpismo, al odio hacia las minorías, al machismo, al racismo y a la homofobia. El nuevo Gobierno presenta un fortísimo perfil ultraderechista y es una mezcla de ministros civiles y militares. Es prácticamente imposible que un país como Brasil, que ha congelado por un tiempo de 20 años la inversión en Educación y en otras partidas públicas a través de la enmienda PEC241, vea una reducción significativa de sus inadmisibles cifras de violencia, que están en torno a las 60.000 muertes anuales. Lo más lógico, dado el anuncio del nuevo presidente de que se facilitará el acceso a las armas de fuego a la población, es que el número de víctimas por esta causa aumente de forma alarmante tanto en las ciudades como en las áreas rurales, donde Bolsonaro ha prometido hacer todo lo posible para que los ciudadanos dispongan de fusiles de asalto. La inmensa mayoría de las armas usadas por los grupos criminales brasileños fueron compradas de manera legal en algún momento, de manera que un aumento de la posesión de armas conducirá, antes o después, a un incremento de su uso para cometer delitos. Entre el 31 de agosto y los días posteriores a la victoria de Jair Bolsonaro, el valor de las acciones del principal fabricante brasileño de armas, Taurus Forges, aumentó en un 421%. No es necesario decir a quién beneficia el discurso del nuevo presidente.

Todas las líneas ideológicas del nuevo Gobierno apuntan a un rearme moral de la ultraderecha brasileña, a un aumento de la desigualdad y a un retroceso en los pocos avances logrados en el país durante los Gobiernos del Partido de los Trabajadores. De hacerse realidad los planes neoliberales de Paulo Guedes, Bolsonaro deberá enfrentarse a una sociedad que verá un aumento en los recortes sociales iniciados por el presidente, Michel Temer, tras el proceso que terminó con la destitución de Dilma Rousseff. Se produce, además, una triste y llamativa paradoja: varios ministros han hecho declaraciones rotundas en contra de las materias que ahora deben gestionar. El ministro de Exteriores es cualquier cosa menos un hombre diplomático; el ministro del Medio Ambiente no considera un problema principal el cambio climático y el deterioro del medio ambiente; la ministra de Agricultura no se ha distinguido por luchar por un tipo de agricultura sostenible que proteja los derechos de los ciudadanos; la ministra de Derechos Humanos tiene un dudoso concepto de los derechos de la mujer; el ministro de Sanidad ha trabajado siempre para la sanidad privada; y el nuevo ministro de Educación no otorga valor alguno a las políticas educativas inclusivas y de respeto por las minorías. Bolsonaro también ha declarado que todas las organizaciones de defensa de los derechos civiles dejarán de percibir ayudas económicas y que los movimientos sociales podrán ser considerados terroristas, con la consiguiente criminalización de sus dirigentes.

Autor >

Eduardo Luis Junquera Cubiles

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí