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No quiero hijos. ¿Y ahora qué?

Al autor le sorprende que en una sociedad tan propensa a formar identidades en torno a la sexualidad aún no exista una conversación pública asentada sobre quienes han renunciado a la paternidad

Miguel Espigado 13/01/2019

<p>Gatito.</p>

Gatito.

Pixabay

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No quiero hijos

¿No quiero hijos?

No, no quiero. ¿No quiero?

Tengo treinta y siete años, vivo solo y casi nunca quiero hijos.

Casi nunca no es nunca.

Este verano he sido muy feliz cuidando el gatito de una amiga que se fue de vacaciones a California. Se llamaba Michín y tenía todo aquello que estamos hechos para amar. Me necesitaba de una forma pura. De forma honesta. Y mientras estuvo conmigo pude colmar todas sus necesidades. Cada día que pasaba me enamoraba más de Michín.

Un fin de semana lo llevé a visitar a mi madre, que se acaba de jubilar. Fuimos a Agromascotas y le compramos golosinas, una pala para las cacas y un transportín. Mi madre le daba jamón de york y luego jugaba con él un buen rato. El bienestar de Michín se convirtió en nuestra obsesión. Estaba claro que llenaba el vacío de un hogar sin niños. Nos completaba.

Mi madre es una especie de Galadriel de los cuidados. Plantas, abuelos y mascotas reverdecen bajo su mando. Los niños la adoran porque ella los adora a ellos, pero de un modo tan racional que jamás nos ha presionado ni a mi hermana ni a mí para darle nietos. Su profesión la ha llevado a conocer a demasiados padres que no deberían haberse reproducido. “No todo el mundo debe tener hijos”, dice tajante tantas veces como sea necesario. Y en lo que respecta a mi padre, como buen hombre de ciencia siempre se ha mostrado bastante escéptico con todo eso de perpetuar la estirpe.

A mi hermana y a mí a nos enseñaron a dominar nuestros instintos desde la razón, y ya sabemos todos que plantearse la decisión de tener hijos desde un frío cálculo de pros y contras suele tener más propiedades anticonceptivas que la píldora. No se necesita razonar para tener hijos, igual que no se necesitan razones para comer. Ni siquiera se necesita ser racional para tenerlos. De hecho, los hijos en mi época suelen llegar cuando le das una patada a las mil razones que te frenan (paro, precariedad, machismo estructural, inmadurez) y dejas que tus instintos tomen el control.

Yo, sin embargo, que no dejo que mis instintos me gobiernen (ya, ya sé), he elaborado argumentos muy sólidos para no tenerlos, por otro lado bastante comunes, nada originales. En el siglo XXI se da la feliz coincidencia de que la decisión egoísta de no aparearse no solo no perjudica a la humanidad, sino que la beneficia. ¿No quieres hacer seres humanos? Perfecto, porque sobran a puñados. Y a estas alturas poco más hay que añadir: mi generación ha superado ya la fase de interés por este debate y está obsesionada con uno más urgente: cómo criar los hijos que se ya tienen.

Atravesamos tiempos de enorme agitación en torno a la paternidad. Profundas transformaciones nos han llevado a cuestionar las tradiciones y reinventar la familia. Del Congreso al salón de casa se discute sin cesar sobre educación, lactancia, roles de género, conciliación laboral, técnicas de gestación, el Instagram de los adolescentes y mil historias más. Y a la sombra de ese magnífico revuelo quedamos los adultos que decidimos no tener hijos, sin que nadie se fije demasiado en nosotros.  

Sorprende que en una sociedad tan propensa a formar identidades en torno a la sexualidad aún no exista una conversación pública asentada sobre ese nosotros. ¿Tenemos algo en común? Y si es así, ¿quiénes somos y cómo vivimos? ¿Cuáles son nuestras carencias, necesidades, aspiraciones? ¿Estamos satisfechos con nuestra decisión?

En lo que a mí respecta, sé que limpiar las cacas, dar de comer y jugar con Michín alivió una soledad a la que me he acostumbrado tanto que casi nunca soy consciente de ella. Igual que muchos adultos sin niños, vivo en una gran ciudad, aislado por distancias, horarios y rutinas solitarias, y no disfruto de una convivencia íntima, emotiva, con ningún grupo. La única tribu a la que puedo aspirar es a una creada por mi mismo: la familia nuclear.

En realidad, necesito a la tribu más de lo que necesito reproducirme. Pero en mi mundo la única forma de vivir en tribu es reproducirse. Los adultos sin hijos tratamos de estrechar lazos de amistad y convertir a nuestros amigos en nuestra familia, pero chocamos con una falta de tradición, y nuestro compromiso se debilita con cada ritual de juventud que perdemos por el camino. También tenemos mascotas a las que tratamos como a hijos de una forma bastante patética, como yo hacía con Michín.

Renunciar a los niños no te convierte en una persona egoísta; sí lo hace la falta de oportunidades de entregarse a los demás. Abrazamos causas solidarias, pero la generosidad que da calor solo nace de los lazos afectivos, de la necesidad mutua. Mi opción sexual de no procrear es liberadora, pero también dura y llena de complicaciones. Y cuando más atrás queda mi juventud más se acentúan las carencias del plan inicial, que era básicamente “hacer como si nada”. Lo he intentado. No funciona: no puedo ignorar el vacío existencial que siento. Necesito conversar, debatir esto, visibilizarlo. ¿Es posible reinventar las redes de cuidados y de convivencia en la gran ciudad? ¿Podemos aspirar a formar una familia más allá de los lazos de sangre?

Autor >

Miguel Espigado

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15 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Godfor Saken

    La revista “Ser Padres” en su último número recomienda “no ser padres” porque criar bebés es “un puto infierno que acaba con tu vida”. Los editores han anunciado que la cabecera pasará a llamarse “No seáis padres” y se dirigirá al público millennial “que aún está a tiempo de salvarse”. https://www.elmundotoday.com/2019/01/la-guia-del-ocio-se-rinde-y-recomienda-tocarse-los-huevos-en-el-sofa/

    Hace 2 años 2 meses

  2. Perico

    Un artículo sobre lo mucho que quiere Espigado a su gatito. ¡MIGUEL! ¡QUE NO PUEDES TENER HIJOS! ¡QUE NO TIENES ÚTERO!

    Hace 2 años 2 meses

  3. Luismi

    Gran artículo. Gracias. Y no, no estás solo en esta opinión.

    Hace 2 años 2 meses

  4. ana rayo ruano

    Nunca he querido tener hijos y si he sentido a veces ese vacío existencial, no creo que tenga nada que ver con el hecho de no ser madre. No conozco padres y madres que por el hecho de serlo acaben con ese vacío. Ser o no madre, o padre, es solo eso: una decisión. No creo ser ni más ni menos egoísta que cualquier madre o padre., De hecho tener hijos también puede ser un acto egoísta, que puede tener que ver con: rellenar el vacío, perpetuarse, tener un "miniyo"... etc... Y no tengo problemas para tener unas preciosas relaciones con amigos y pareja que me llenan al igual que lo hace mi maravilloso trabajo. Lo que me gusta de tu artículo es que da visibilidad a una opción cada vez más amplia en la sociedad, que no se quiere ver

    Hace 2 años 2 meses

  5. Javier Boado

    Si tienes claro que el vacío existencial que sientes se debe a que No tienes hijos, tenlos. O consulta con un buen psicoterapeuta (cognitivo conductual), para que te ayude a eliminar ese vacío.

    Hace 2 años 2 meses

  6. Esther

    Yo tengo hijos, dos, y he pasado una vida entregada a la labor de madre. He trabajado también, pero llega el momento de su emancipación por la causa que sea y ahí llega también de nuevo la soledad que antes no la sentías y desde que ellos llegaron se hace más patente. Todas las opciones son válidas y, dadas las circunstancias actuales con pocas ayudas y sueldos de miseria, me parece una opción sensatísima decidir no tener hijos. Ya somos muchos en el mundo y la sinrrazón del puro capitalismo ya se encargan de hacer imposible la formación de familias con descendencia.

    Hace 2 años 2 meses

  7. María A.

    El problema es pensar que tu felicidad dependa de lo externo. La felicidad es un estado interno. No te van a dar los hijos la felicidad. Sentir orgullo de tu hijo, es ego. Y pensar que sirven para resolver tu vejez, es egoísmo en estado puro. Y sí, estoy como tu madre en contacto con familias, y pienso lo mismo. No todos deben ser padres. Hay algo que estamos haciendo mal como sociedad, y es sin duda, enfermar a los niños... Cada vez tienen más depresiones, enfermedades mentales...etc. Yo me conformo ya con tratar de ayudar a aquellos que se sienten como un 0 a la izquierda...q no son pocos....

    Hace 2 años 2 meses

  8. Chus

    Gracias por hablar de esto. Quienes hemos decidido no dejar nuestro rastro genético en este mundo no existimos, nadie habla de nosotrxs ni de lo duro que es decidir no reproducirse. Y sí, es posible reinventar los cuidados, los lazos y la forma de hacer tribu fuera de la familia de sangre. Yo también vivo solx en una ciudad y lo estoy haciendo. De momento funciona.

    Hace 2 años 2 meses

  9. Isabel

    Bueno, soy madre de una niña ya nacida. Fue mi opción. Siempre lo deseé así. Nunca precisé tener un bebe parecido a mí, pero sí amado, cuidado y educado por mí.

    Hace 2 años 3 meses

  10. Lourdes

    ¿“llenaba el vacío de un hogar sin niños”, “decisión egoísta”, “forma patética”, “hacer como si nada”, “vacío existencial”? Sr. escritor, ¿y qué le hace pensar que no tener hijos es malo y está lleno de adjetivos y comentarios tan negativos e incluso burlescos -forma patética- como los que vd. escribe en su artículo? Quizás para vd. la vida de todas las personas que deciden no tener hijos sea un cúmulo de despropósitos, no tenga sentido, y resulte patética, pero posiblemente haya millones de solter@s que estén felices, tranquilos, y a los que, mal que le pese a vd., ni su artículo ni el discurso de que "los hijos te llenan de felicidad y te realizan como persona" les cale, más bien, ni siquiera les llega, afortunadamente. Yo soy madre, tengo 2 niñas, y he descubierto que el discurso cultural o social, no sólo no existe, además engaña de forma premeditada. Es mejor ocultar que contar una realidad distinta, porque contar una realidad irreal implica la culpabilización y criminalización de quienes nos quejamos, y con la experiencia, y nuestro sacrificio, dedicación y anulación diaria, nos damos cuenta, de que nada tiene que ver la mentira que cuentan con la realidad. La realidad es que tener hijos es anularte, porque dejas de vivir tu vida para vivir la suya, servicio y sacrificio, no existen los padres, sólo los hijos, y hasta que los hijos no están atendidos, vestidos, comidos, bañados o satisfechos en el parque o dónde sea, no existe el padre o la madre, y resulta que cuando empezamos a existir, no es para nosotros, es para estar vigilantes y ver que juegan bien, comen bien, o lo que sea que hagan lo hacen bien sin hacerse daño, o bien para irnos a trabajar y sostener la casa y alimentar a nuestros hijos. Y ésto es cada día, una dedicación que te anula y que supone sacrificio e inexistencia. A esto hay que sumar que no puedes, ya no quejarte, nisiquiera visibilizarlo, tan hipócrita y engañada es la sociedad, que a la primera palabra contraria al ideal mentiroso del discurso social, te tachan, eso como mínimo. Y a esto se añade la dejadez política, social e institucional consecuencia del discurso cínico de lo que es ser padre/madre, y la dejadez se consiste en que como la paternidad/maternidad es ideal, no necesitamos ayudas de ningún tipo, ni políticas realistas de conciliación (sales del trabajo agotado para llegar a casa y seguir trabajando con tus hijos, no duermes porque te despiertas cada 3 horas y eso con suerte, no puedes estar tranquilo sin gritos ni en silencio ni siquiera en el baño). Las madres todavía sufrimos más, porque criar hijos sola, con trabajo y salario de media jornada es imposible, llegamos exhaustas cada día, con los nervios a flor de piel por la falta de descanso, ¿DE QUÉ ESTÁ HABLANDO VD? Si ya de por sí las leyes son todo cantos de sirena y los progenitores carecemos de ayudas y políticas realistas pues los supuestos derechos dependen del empresario y su buena fe (lo que supone que te toca ir a juicio), y servicios sociales únicamente te ayuda si cumplen los mil y un requisitos que sólo tienen como objetivo lavarse las manos y no ayudar porque no cumples los requisitos, las madres, aún sufrimos más, porque la ideología que se ha instalado ahora igualitaria, supone ocultar y obviar que los hijos, en sus primeros años, en su infancia, dependen de la madre, emocionalmente buscan a la madre y tienden a ella, es una cuestión natural, exactamente igual que ocurre con cualquier ser vivo, ocultar eso supone no ayudar ni apoyar a las madres, que tendríamos que tener asistencia social en el cuidado y atención de los niños en lugar de pagar cuidadora o guardería desde los 4 meses, tendríamos que tener preferencia en cualquier trabajo público, preferencia en cualquier puesto de trabajo, y ayudas subvencionadas y pagadas para completar nuestro salario cuando la jornada es reducida por criar a los hijos. También tendríamos que tener, como en Suecia, derecho a faltar al trabajo cada vez que el niño se pone enfermo o hay que llevarle al médico, sin pedir favores ni que nos descuenten días de vacaciones. Pero para no gastar es mejor cambiar la mentalidad, decir que la madre es igual que el padre, el mismo papel puede hacer el hombre, así nos culpabilizan más cuando a los niños no les da la gana de les acueste papá, o les mime, o les cure, encima nosotras tenemos que vérnoslas con el padre para que colabore, que en cuanto el niño dice que quiero que me cures tú, le basta para decir, es que quiere mamá, y adiós, y nos hunden más en la miseria cuando tenemos que sufrir y llorar por no poder trabajar o ganar más dinero para nuestros hijos. ¿Sabe que le digo? Que no tiene ni idea de lo que habla, que se guarde su discursito para quien lo compre, que ahora no tendría hijos, y que por más que sus políticas e ideología tenga como objeto machacar, en este caso a las madres, YO SÍ ME DOY CUENTA. La única forma de abordar las necesidades de la crianza es con honestidad y siendo conscientes de qué necesitan los hijos y quién se lo proporciona, y el alimento emocional y el refugio materno NO ES SUSTITUIBLE por mucho que ahora se predique igualdad.

    Hace 2 años 3 meses

  11. Emilio

    Los que hemos elegido esta opción nos vamos convirtiendo poco a poco en personajes de una novela de Houelebecq...

    Hace 2 años 3 meses

  12. c

    la inseguridad economica es el mayor obstaculo lo que mas hace plantearselo lo demas viene solo

    Hace 2 años 3 meses

  13. Capotreno

    Si volviera a tener 22 años volvería a renunciar a los hijos. Creo sinceramente que he acertado. Sí es cierto que a veces me asalta una especie de curiosidad ansiosa por no conocer ese sentimiento paternal, el ver ante mí a un hijo de mi estirpe, pero ya está. De haber tenido hijos seguramente me hubiera amargado la vida y se la hubiera amargado a ellos. ¿Egoísmo? en absoluto. Egoísta es el que tiene hijos para satisfacer su instinto y después piensa en sí mismo más que en ellos, obrando en consonancia, y el mundo está lleno de estos perfiles de padre. En la etapa final de la vejez, el vacío tan temido tiene que aparecer, y cierto miedo también, pero no creo que merezca la pena sacrificar toda la vida para paliar esto esperando a que los hijos te hagan compañía, entre otras cosas porque pueden pasar de uno olímpicamente y dejarte más solo que la una.

    Hace 2 años 3 meses

  14. rober

    Hay gente con hijos feliz e infeliz , y gente con hijos fellz e infeliz , según formas de ser , a mi la familia Standard de pareja , hijos , adosado y monovolumen me parece lo más cercano al infierno .

    Hace 2 años 3 meses

  15. Alicia

    Tengo 37 años. ‪Yo también decidí de forma muy meditada no tener hijos (y no ha sido por egoísmo, como nos suelen acusar) . Tengo pareja y no tenemos más gatos que los callejeros del barrio. Sin duda los lazos afectivos son muy importantes, y aunque yo nunca he sentido ese vacío del que habla el artículo, sí creo que el día que empiecen a faltar mis padres, mi marido, hermanos o amigos el vacío se hará patente. Porque como me suelen decir, los sobrinos están bien, pero no es lo mismo. Aún así, estaré contenta de haber permanecido fiel a mis ideas y espero haber contribuido a mejorar un poquito el planeta.

    Hace 2 años 3 meses

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