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Tribuna

El fin de las cucarachas

La entomología nos dice muchas cosas. Nos dice que somos una especie asesina pero también nos advierte de que estamos construyendo nuestra propia tumba

Gustavo Duch 2/01/2019

<p>Imagen del libro <em>Cockroaches : how to control them</em> (1980).</p>

Imagen del libro Cockroaches : how to control them (1980).

Internet Archive Book Images

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Como preparación a mis estudios de veterinario, de bien jovencito practiqué 6 o 7 veranos la ciencia de la entomología. Aún conservo en la casa del pueblo la caja con las mejores piezas. Clavados con sus agujas entomológicas debe de haber una decena de ejemplares de mantis religiosas de diferentes tamaños y colores pero todas en su posición de rezo; de escarabajos con cuernos de rinoceronte y con cuernos de ciervo; abejas y avispas; y varias libélulas con sus alas extendidas para contemplar su belleza. Tiempo después cuestiono esta práctica que, “por el bien de la ciencia”, supuso la muerte de 100 o 200 individuos, pero reconozco que la disfruté mucho, saliendo todas las tardes cargado de artilugios para la observación y captura de insectos, de los cuales llevaba un registro y unas fichas descriptivas bastante trabajadas. La afición me llevó a visitar con cierta asiduidad la famosa tienda El Taxidermista en la Plaza Real de Barcelona, donde se podía encontrar todo el material necesario así como algunas muestras de insectos grandes y exóticos de otros países. Les tomé cariño a los invertebrados, incluso a las cucarachas.

Les hablo de cuarenta años atrás, tiempo corto desde el punto de vista geológico, pero que nos permite, empíricamente, sacar muchas conclusiones. No es que estén desapareciendo las abejas, es que estamos acabando con todos los insectos. Yo mismo, recorriendo los mismos lugares de mi infancia, este verano solo he visto una mantis religiosa.  Hace mucho que no tropiezo con ningún escarabajo rinoceronte y mi hija y mi hijo, con más de 20 años, solo han visto luciérnagas en un par de ocasiones. Y en el piso de Barcelona, ya ni recuerdo cuántos años han pasado sin la presencia de las repelentes cucarachas.

He querido contrastar estas observaciones personales buscando información. Efectivamente, son muchos los estudios y artículos que hablan del “apocalipsis de los insectos”. A los más numerosos, que hablan de la desaparición de las abejas, podemos añadir estudios en Estados Unidos, donde han podido tasar, por ejemplo, en un 90% el descenso de la población de mariposas monarca en los últimos 20 años; o un tipo de abejorro endémico en 28 estados, el abejorro parcheado, que ha descendido en un 87% también en los últimos 20 años. En Alemania, un estudio de 2017 explica que las poblaciones de insectos voladores en reservas naturales han descendido en más del 75% en un periodo de 27 años de estudio. Cifras de 75, 80, 90 % son gravísimas, casi definitivas, que se repiten en muchos otros casos de insectos que, no olvidemos, son el 70% de todas las especies animales.

En los diferentes informes que he podido leer, las causas de la desaparición de los insectos coinciden. De hecho, coinciden también con mi propia experiencia. Los hábitats naturales de todo el mundo están cada vez más degradados y cada vez son más reducidos, como los lugares donde cacé las mantis religiosas, hoy es una urbanización perfectamente cuadriculada y cementada, solo con algunos árboles dispersos. Las pozas reducto de las libélulas ya están secas. Y mis admirados escarabajos, seguro, que han sido víctimas de la segunda gran causa de la extinción animal en el planeta: el uso indiscriminado de todo tipo de pesticidas en las prácticas de la agricultura industrial. Entre ellos, sus asesinos más eficaces, los insecticidas organoclorados, organosfosforados, piretroides o neonicotinoides, elaborados y vendidos por multinacionales bien conocidas como Syngenta o Bayer.

La entomología nos dice muchas cosas. Nos dice que somos una especie asesina pero también nos advierte de que estamos construyendo nuestra propia tumba. Quien nos observe en un futuro, solo dispondrá de algunos especímenes de humanos disecados y clavados en bonitas cajas de madera. Es evidente que necesitamos las abejas y otros insectos para polinizar nuestros campos de cultivo; es evidente que los insectos están en la base de la cadena trófica y que de ellos depende, por ejemplo, todas las aves insectívoras, pero es que hasta la repudiada cucaracha es vital para la vida en el Planeta...

Como he podido leer, el profesor Srini Kambhampati, titular de una cátedra de biología de la Universidad de Texas, explica que en la Tierra viven de 5.000 a 10.000 especies de cucarachas y son también una fuente importante de alimento para muchas aves y pequeños mamíferos como ratones y ratas. A su vez, estos depredadores son el alimento de otros animales como gatos, coyotes, lobos y reptiles, así como para las águilas y otras aves rapaces. Además, la mayoría de las cucarachas se alimentan de materia orgánica en descomposición, que contienen gran cantidad de nitrógeno. Vamos, que son unas basureras que limpian los bajos fondos de las casas de cualquier resto orgánico, y que posteriormente liberan por sus heces el nitrógeno que en la tierra es esencial para el crecimiento de las plantas.

Las cucarachas, ¿nos sobrevivirán?

Aunque como les decía al principio, yo he dejado de ver cucarachas, no tengo datos claros sobre la amenaza de extinción de esta especie, pero no debería extrañarnos que pronto tengamos que incluirla en el catálogo.

Es cierto que la cucaracha puede vivir un mes sin comer, que incluso vive un tiempo con la cabeza separada del cuerpo. Es cierto que una cucaracha con el nombre de Nadezhda fue enviada al espacio por científicos rusos durante la prueba de Fotón-M, y que incluso fue capaz de parir en el espacio. No es leyenda sostener que las cucarachas son (casi) inmortales. Es cierto, como narró Gabriel García Márquez, que las cucarachas pueden sobrevivir a un holocausto nuclear, y “que los pocos seres humanos que sobrevivan al primer espanto, y los que hubieran tenido el privilegio de un refugio seguro a las tres de la tarde del lunes aciago de la catástrofe magna, sólo habrán salvado la vida para morir después por el horror de sus recuerdos; la creación habrá terminado; en el caos final de la humedad y las noches eternas, el único vestigio de lo que fue la vida serán las cucarachas”. Incluso podemos dar por buena la afirmación de Mohinder Suresh que “son las cucarachas, y no los humanos, la cima de la evolución”. 

Pero lo que ya no sé si será realidad es la explicación de Richard Morris en favor de la adaptabilidad de la cucaracha frente la fragilidad del ser humano. “Aunque el género Homo sólo tiene dos millones de años de existencia, ya dispone de la capacidad para destruirse a sí mismo. (...) Ni tan siquiera lograremos probablemente emular la trayectoria de la cucaracha, que viene evolucionando desde hace aproximadamente 250 millones de años.” O la de Madonna, que dijo: “Soy una superviviente. Soy como una cucaracha, no puedes simplemente deshacerte de mí”. Mucho me temo que, al ritmo de agricultura industrial, pesticidas y desruralización de la vida, las inmortales cucarachas, y todos los insectos van a desaparecer antes que su cucarachicida, el ser humano. 

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7 comentario(s)

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  1. cayetano

    Perdonad, corrijo, si hubo otra extinción previa provocada por organismos vivos, el cambio climático u atmosférico originado por la cianobacterias que dió origen a la sopa primigenia donde surgirían los primeros organismos complejos, con núcleo. Quizás sea cierto que la historia es cíclico circular en alguna manera, y ahora, nuestra especie esté provocando un reinicio de las condiciones previas a esta sopa primigenia. Da para un guión Hollywoodiense, aunque suene a remake, o quizás por ello, no resta plausibilidad al planteamiento y por ello atrae tanto la ciencia ficción de extinción. La reiteración suele ser sorpresiva cuando es esperada, como Nivel 13 y los distintos escenerios del día de la marmota, de entre todos ellos, prefiero el anuncio de la loteria de navidad, comercializando la idea de que la felicidad no lo es sin comunidad. Un cordial saludo.

    Hace 2 años 2 meses

  2. cayetano

    Al hilo de las cucacharas del artículo y la lectura del bioquímico sobre la breve historia de la cooperación en la evolución biológica (que enlace en el comentario anterior), pense en la capacidad de generar biodiversidad del planeta y en las grandes extinciones. Al leer sobre la cuestión, caí en la cuenta de que en todos los millones de años de la Tierra, nunca han existido grandes extinciones que como la presente, tengan como responsable a otra especie biológica, como ocurre actualmente con nosotr@s y la sexta extinción másiva. Pense también en nuestra soberbia, que ante tal cataclisma global nos catalogamos como dioses y no diablos. Idea que repite reiteradamente toda la doctrina académica, por ejemplo el antropólogo israelí Yuval Nohari con su "de animales a dioses" y sucesivas secuelas. Sexta extinción global y másiva en la que debemos insistir, ya que la cultura neoliberal dominante, en su proceso de naturalización, evoca ese salto de animales a demonios y la extinción de especies, como la naturalización de la competitividad ante la escasez, trasladando al imaginario que siempre ha existido la extinción por competencia entre especies. E incluso en el caso del Neanderthal y homo sapiens que más se ha estudiado, no hay conclusión alguno respecto a que la extinción del primero fuera debida a la extensión del segundo. Pero cualquiera que se moleste en dar un vistazo a los artículos científicos al respecto de las grandes extinciones existen, encontraran que ninguno hace referencia a extinciones másivas como las actuales debidas a una especie, el homo "sapiens". Y de la misma forma que los neoliberales plantean su naturalización, con este argumento podríamos argüir que dicha filosofía política y económica es antinatural, tan antinatural que nos lleva al desastre geoestratégico por la competitividad entre potencias internacionales, y al desastre ecológico. Un cordial saludo.

    Hace 2 años 3 meses

  3. c

    Aberracion para la salud : invierno para cenar comilonas tbn al cenar alcohol azucar cadaver sal cafe cacao a cascoporro trasnochar y horas y horas de tele

    Hace 2 años 3 meses

  4. Justo

    Esa concentración obesiva de nuestra atención en el riesgo que suponen los altos niveles de co2 en la atmósfera puede ser, solo, una cortina de humo para ocultarnos el verdadero problema: todo indica que el crecimiento económico, tarde o temprano, abocará en una catástrofe ecológica irreparable. Con la historia del calentamiento climático nos envían el siguiente mensaje: hay un problema, pero, con el necesario consenso social y las adecuadas medidas políticas, este problema tiene solución.

    Hace 2 años 3 meses

  5. CeX

    Conductores de genes ("drive genes") con CRISPR y problema resuelto. Aparte de cría y consumo humano y otros animales de insectos.

    Hace 2 años 3 meses

  6. Toni Alba Borras

    Las Cucarachas americanas, la cucaracha rubia estasn sobreviven, la cucharacha negra de toda la vida, cuando la veo me quedo un poco perplejo. Todos los años por los meses de Febrero-Marzo, pulverizo las arquetas de mis propiedades con perimetrina, en verano tambien al igual que noviembre, aunque practique la agricultura sostenible, pero los veconos y demas no queremos esos bichos, en la agricultura aplico biocidas ecologicos.

    Hace 2 años 3 meses

  7. cayetano

    http://www.jaimelago.org/node/113 Merece la pena detenerse 10 minutos en su lectura para percatarse de cómo nosotros mismos somos productos de la biodiversidad y seguimos siendo simbiontes con miles de bacterias. Este artículo científico contestará la visión que sobre nosotr@s fomenta el imaginario capitalista, demostrando no sólo lo fatal de la visión competitiva y hobbesiana del género humano, sino también la falsa visión que reduce la evolución a la competitividad. Un cordial saludo.

    Hace 2 años 3 meses

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