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La extraña vida póstuma de un inmueble madrileño y otras historias de la Guerra Civil

En busca de la realidad tras una imagen que se convirtió en icono propagandístico

Sebastiaan Faber 2/01/2019

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Nada más moderno que el corta y pega. El siglo XX nace cuando los artistas se arman de tijeras y pegamento. No es casual que los cubistas fueran aficionados al collage, o que Buñuel y Eisenstein reinventaran el cine a golpe de montaje. Ser moderno significa nacer en un mundo hecho pedazos y pasarse la vida recomponiendo las piezas del puzzle. Ser artista moderno significa romper la aparente coherencia de una realidad postiza para configurar otra más auténtica. “La actitud realista,” escribía André Breton en el primer manifiesto surrealista, de 1924, “… me parece hostil a todo género de elevación intelectual y moral”.

Las bombas también cortan. Y, perversamente, producen arte. En febrero de 1937, Robert Capa y Gerda Taro revisan sus hojas de contacto y –con tijeras y pegamento– componen un cuaderno con las imágenes de los estragos hechos en Madrid por los bombardeos facciosos. En la primera página, bajo la frase Le bombardement de Madrid, garabatean, en paréntesis: surréalisme (fig. 1). En efecto, hay algo surreal en las imágenes de fachadas solitarias y de edificios cortados transversalmente –convertidos, de un segundo para otro, en escaparates de una vida doméstica sorprendida en su intimidad–.

La Guerra Civil Española es la guerra de los avances tecnológicos: en táctica bélica desde luego, pero, sobre todo, en la producción y reproducción de noticias visuales. Son nuevos los bombardeos constantes de objetivos civiles; también lo son las cámaras y las revistas que los documentan y difunden en miles de imágenes fotográficas. El poder destructivo de las bombas y obuses que caen sobre Madrid, Valencia, Barcelona y Gernika indigna y fascina a un público global impresionado por las imágenes de un tipo de guerra que, a partir de entonces, se convertirá en norma (Rotterdam, Londres, Dresde, Hiroshima; Hanoi, Sarajevo, Bagdad, Alepo).

La destrucción escandaliza, pero también invita a la recreación artística. Cuando toda una generación de artistas educada en las vanguardias descarta el l’art pour l’art a favor del compromiso político, no deja de aprovechar las técnicas descubiertas en los años veinte. Entre ellas, el montaje. Son docenas los carteles, los folletos y los libros fotográficos publicados por organismos de propaganda durante la Guerra Civil que están basados en fotomontajes de edificios destruidos. En la urgencia de la guerra, las fronteras genéricas se hacen fluidas. Así también los papeles de los extranjeros que acaban involucrados en el conflicto español. Las y los novelistas se ponen a escribir reportajes; un corresponsal se alista en las Brigadas Internacionales. Hay fotoperiodistas que realizan sus propios montajes.

Kati Horna —húngara y ácrata— es un caso ejemplar. En 1937 y 1938, registra con su cámara Rolleiflex las consecuencias de los bombardeos en Madrid y Barcelona. En diciembre de 1938, algunas de sus fotografías llegan a publicarse como parte de un reportaje en la revista británica Weekly Illustrated (fig. 2). La imagen más impactante muestra un corte transversal de edificio barcelonés de siete pisos, en el Carrer de la Marina, ya sin inmuebles colindantes, que milagrosamente se tiene en pie (fig. 3).

Horna, sin embargo, siente la necesidad de trabajar estas imágenes más; recurre a las tijeras. En un montaje que se conserva en su archivo, ha recortado la foto barcelonesa, colocando la columna cortada de siete plantas en un paisaje vacío en que flota un niño pensativo, sentado en una almohada, delante de un tronco de árbol con dos raquíticas ramas (fig. 4). Hay otro montaje que parte de una foto hecha en Barcelona: recorta un edificio bombardeado de tal forma que su piso superior crea un efecto voladizo (figs. 5 y 6). Los dos montajes resaltan la vulnerabilidad de las estructuras, pero también su resistencia. ¿Cómo es posible —se pregunta el espectador— que esto no se derrumbe?

Como suele ocurrir con los montajes, el acto de cortar y pegar convierte lo que es metonimia —una imagen cuyo significado depende de su contexto inmediato— en metáfora, subrayando su potencial alegórico. En el fondo, los montajes de edificios bombardeados de Horna son una versión inmobiliaria del famoso miliciano de Robert Capa en el frente de Córdoba, capturado por el lente justo antes de caer al suelo: una foto que no necesita del montaje para hacerse alegórica (fig. 7). La pregunta ¿cómo es posible que esto no se derrumbe? se convierte en otra: ¿Cómo es posible que siga resistiendo la República, tan desprotegida como el miliciano de Capa, tan frágil como un edificio bombardeado?

Siempre he pensado que fue un mismo tipo de fascinación alegórica la que atrajo a cartelistas e ilustradores a una de las más imágenes más reproducidas —y quizás más enigmáticas— en el archivo visual de la Guerra Civil. También se trata de un edificio bombardeado que parece desafiar la ley de gravedad. Su empleo más conocido es como imagen de trasfondo en el cartel ¿Qué haces tú para evitar esto? producido a finales de 1936 por el Ministerio de Propaganda, publicado sin firma pero atribuido a Augusto Fernández Sastre (1887-1975) (fig. 8). Fue distribuido masivamente, en tres idiomas; también salió como tarjeta postal (fig. 9). En los años posteriores, inspiró infinidad de variaciones.

En un libro reciente dedico un capítulo a este cartel, rastreando el origen de las dos imágenes dramáticas que el montajista ha juntado para subrayar su urgente llamada a la acción (“Ayuda a Madrid” o, en su versión de postal, “Ayuda a los evacuados”). Descubrí que el recorte de la mujer y el niño procede de una foto hecha en Barcelona durante el funeral de Buenaventura Durruti, el 22 de noviembre de 1936 (fig. 11). El cartelista se cuidó de excluir el puño cerrado del niño, sin duda porque interfería con la nota victimista que el cartel pretendía subrayar. También introdujo un toque dinámico al desatar la melena de la mujer (y activar la máquina del viento para agitar su cabello). La foto, cuyo único original sin recortar se conserva en el archivo fotográfico de la CNT (albergado a su vez en el Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam) también aparece en algunas publicaciones de la época, aunque fue bastante menos reproducida que su montaje cartelista.

El hallazgo de la imagen original nos conduce a una conclusión obvia: a pesar de lo que sugiere el cartel, la mujer y el niño no eran de Madrid. Ni mucho menos eran víctimas solitarias de un bombardeo urbano. Formaban parte de la multitud catalana que despedía, triste pero combativa, a Durruti, que había muerto el 20 de noviembre —el mismo día que, en Alicante, fusilaban a José Antonio— después de haber quedado herido en el frente de Madrid el día anterior. Pero si los protagonistas del cartel eran catalanes, ¿de dónde, entonces, procedía la imagen, si cabe más dramática aún, del edificio destruido? ¿Este sí que era madrileño? Me lancé a una búsqueda que pronto se convirtió en obsesión.

Una conclusión la pude sacar muy rápidamente: la foto del inmueble se hizo icónica independientemente del cartel de Augusto. En mis largas excursiones por el vasto archivo fotográfico de la Guerra Civil, me he topado con ella media docena de veces. Aparece en Madrid, baluarte de nuestra guerra de independencia, un libro fotográfico con textos de Antonio Machado publicado en noviembre de 1937. Eso sí, allí sale algo retocada: el cielo detrás de la ruina está dramatizado e ilustrado con siluetas de aviones (fig. 12). La imagen también se incluye en una publicación norteamericana, Photo-History (abril de 1937); en el folleto español Ayuda a Madrid; y en un folleto holandés, titulado Spanje y diseñado por el fotógrafo Cas Oorthuys. La foto inspiró no solo a montajistas sino a artistas: el segundo número de Nova Iberia, una revista de alta calidad publicada en los primeros meses de 1937 por el Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya, publica, en una página entera, un montaje basada en una foto de refugiadas andaluzas de Robert Capa, cuyo trasfondo es una estupenda versión dibujada de la foto del edificio bombardeado (fig. 13). La firma Francesc Almuni Gol, pintor e ilustrador catalán.

Si establecer el valor icónico de la imagen resultaba relativamente fácil, rastrear el origen exacto de la fotografía me costó bastante más esfuerzo. Una serie de búsquedas por internet me condujo al Archivo Vaamonde, un conjunto de materiales conectados con la protección del Tesoro Artístico español. Allí se conserva una versión recortada de la foto, en cuadrado, preparada para una publicación de la Junta: aparece incluida en dos diferentes hojas de maqueta (figs. 14 y 15). Algún tiempo después, encontré finalmente una copia sin recortar de misma imagen en el llamado Archivo Rojo, la colección fotográfica creada por la Junta de Defensa de Madrid —concretamente, su Delegación de Propaganda y Prensa—. Allí, la foto es atribuida a Luis Lladó y situada en la Calle de la Ruda, aunque está sin datar. Enigma resuelto, pues: la foto del cartel de Augusto sí que era de Madrid (figs. 16 y 17).

Hasta aquí las pesquisas plasmadas en mi libro, con las que di la búsqueda por terminada. Hace un par de semanas, sin embargo, acabé por casualidad en la web de la Biblioteca Nacional, que en los últimos años ha digitalizado una enorme cantidad de material fotográfico relacionado con la Guerra Civil —incluidas, por cierto, numerosas imágenes de Capa, David “Chim” Seymour, Gerda Taro y Agustí Centelles—. Allí, por casualidad, encontré lo que debe ser el archivo original de las fotos que después acabaron en los archivos Rojo y Vaamonde.

Se trata de un conjunto de nueve fotografías incluidas en la carpeta 81.2, titulada “Calles bombardeadas de Madrid, II. De la F a la Z.” Entre las nueve, la imagen que después se haría icónica sale en tres impresiones diferentes (las fotos 45, 47 y 49); otra imagen de la serie sale duplicada (41 y 43). Juntas, estas fotos nos permiten ver un contexto inmediato que la versión icónica excluye. Así, por ejepmlo, la primera foto (35) está tomada desde la misma Calle de la Ruda, enfocando el oeste, en dirección a la Calle de Toledo (fig. 18); se ve la tienda del número 17 pero en lugar del inmueble del número 19 hay un vacío y un montón de escombros. Las fotos siguientes (37 a 51) están tomadas en el interior de la manzana, enfocando hacia el norte y noroeste para dar cuenta de la destrucción (fig. 19). Nos permiten comprender que el edificio icónico formaba parte de una estructura mayor en el centro del trapecio trazado por las calles De la Ruda (al norte), de Toledo (al oeste), de las Velas (hoy López Silva, al sur) y Santa Ana (al este).

De hecho, Google Maps nos permite localizar el edificio con bastante precisión. Para empezar, podemos sobreimponer la primera foto de la serie sobre la fachada actual de la Calle de la Ruda, 19 (figs. 20 y 21), para confirmar que los edificios colindantes sobrevivieron a la guerra. Las fotos 37 y 39, tomadas en el interior de la manzana, revelan a su vez detrás del edificio destruido la silueta inconfundible, con sus dos techos a dos aguas, del alto inmueble que, todavía hoy, constituye la esquina Calle de Toledo-Calle de la Ruda (ver los triángulos rosados en las figs. 22 y 23). Esto, finalmente, nos permite deducir no solo dónde se situaba el inmueble de cinco plantas medio destruido que atrajo a los montajistas (fig. 24), sino también desde dónde se sacó la foto que acabó en el cartel de Augusto (fig. 25).

¿Cuándo fue bombardeada esta manzana? Las fotos conservadas en la Biblioteca Nacional tampoco están fechadas. Pero hay pistas en otros archivos. En concreto, la “Relación de Víctimas y Daños Causados” de la Policía Municipal que Wenceslao Carrillo (Subsecretario de Gobernación y padre de Santiago) enviaba diariamente a los mandos militares republicanos de Madrid. Estos partes están recogidos en el volumen de más de 4.000 páginas de Fuentes Primarias que acompaña la Historia Militar de la Guerra Civil en Madrid, publicada por el Ministerio de Defensa. El parte del 24 de noviembre de 1936 informa que “En las ruinas de la calle de la Ruda nº 19 se encontraron 4 cadáveres.” Cabe suponer que estos hallazgos se produjeron durante una labor de desescombro y que el bombardeo, por tanto, ocurrió uno o varios días antes. De hecho, el mismo informe del día 24 menciona que se encontraron 2 cadáveres “en el desescombro de la Calle de los Estudios nº 9 y en la de Rodas nº 11”, apuntando que “ambas fincas fueron bombardeadas el día 19”. Dado que la Calle Rodas se encuentra a unos escasos 260 metros de la Calle de la Ruda —de hecho, en la carpeta de la Biblioteca Nacional la foto que precede a la serie de la Ruda, la nº 33, corresponde a la Rodas—, cabe suponer que el bombardeo de las dos calles se produjo el mismo día.

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Más allá de las obsesiones arqueológicas o detectivescas, ¿para qué sirve este ejercicio de reconstrucción? Analizar un montaje, deshacer sus cortes y pegas, recontextualizar una imagen icónica, nos permite pasar de las dos dimensiones del cartel a las tres de la historia: abandonar la alegoría para bajar al nivel cotidiano de la metonimia. Nos permite visibilizar la red de conexiones cortadas por las tijeras del montajista. En este caso, por ejemplo, llama la atención que el edificio destrozado de la Calle de la Ruda capturado por el lente de Luis Lladó estuviera casi en el mismo lugar que el Teatro Novedades, en la esquina entre la Calle de Toledo y la de las Velas (López Silva), que en septiembre de 1928 fue destruido por un incendio sonado que cobró 80 vidas y causó 200 heridos (fig. 26). Este detalle lo confirma una captura aérea de la ciudad de 1927 (disponible en el geoportal del CSIC), que pilla al teatro todavía intacto (fig. 27).

Dos destrucciones masivas en poco más de ocho años: cualquiera pensaría que se trataba de una manzana gafe. Pero no era casual que aquellas calles populares que marcaban la frontera entre el Distrito de la Inclusa y el de la Latina atrajeran a las bombas facciosas. Según materiales en el Archivo Histórico del Ejército del Aire consultados por José Manuel Moreno-Aurioles, la artillería franquista apuntaba “a baterías antiaéreas que, gracias a los partes de información de las escuadrillas sublevadas se puede asegurar que había en torno a la plaza de la Cebada en edificios altos”. Uno de esos edificios altos era, presumiblemente, el que se ve desde las fotos de la ruina: el inmueble en la esquina Calle Toledo con Calle de la Ruda.

La verdad es que aquellos días de noviembre de 1936 fueron intensos. Madrid sufría bombardeos desde finales de agosto; pero a medida que las tropas rebeldes se acercaban a la capital, los ataques se intensificaron, llegando a ser diarios desde principios de noviembre, en plena batalla de Madrid, con algunos días particularmente cruentos. Según datos recogidos por el historiador Martin Minchom, el 13 de noviembre se bombardearon 50 lugares en la capital; el 18 de noviembre, 87; el 19 de noviembre, 65 y el 20 de noviembre otros 50. Entre noviembre y diciembre se cobraron más de mil víctimas.

El periodista francés Louis Delaprée dejó testimonio de los estragos hechos por estos ataques en una serie de reportajes que se harían legendarios (y que, según Minchom, fueron los que, seis meses antes del bombardeo de Gernika, ya inspiraron a Picasso a concebir el proyecto que culminaría en el famoso cuadro del mismo nombre inaugurado en la Exposición Internacional de Paris). En una crónica escalofriante publicada bajo el seudónimo de Jean Roget en la revista Marianne el 25 de noviembre, Delaprée escribió:

"Todas las imágenes de Madrid martirizada, que intentaré poner ante vuestros ojos —y que la mayoría de las veces, se resisten a la descripción— yo las he visto. Se me puede creer. Pido que se me crea.

No me preocupo de la literatura de propaganda ni de las referencias adulteradas de las cancillerías. No soy de estas consignas de partidos y de iglesias. Y he aquí mi testimonio. Vosotros mismos juzgaréis.

El primer bombardeo verdadero de Madrid tuvo lugar desde el cuatro de noviembre al comienzo del sitio en regla de la capital. Pero la matanza metódica de la población civil no fue emprendida hasta el 16 de noviembre.

Lo que sigue son descripciones de desesperación, destrucción y muerte. (La traducción es de Minchom; el original francés de la crónica se puede consultar aquí; ver aquí para una traducción al inglés)".

Delaprée, como buen periodista, enfatizaba que las escenas que describía las había visto con sus propios ojos. En este sentido, desde luego, el cartel de Augusto, ¿Qué haces tú para evitar esto?, era bastante menos riguroso. Para empezar, como hemos visto, la mujer y el niño que aparecen en él no son de Madrid; ni siquiera son víctimas de un bombardeo. ¿Cabe entonces decir que el cartel miente? De ninguna manera. Es más, la pregunta está fuera de lugar; a fin de cuentas, la verdad de los montajes es más cercana a la del novelista que a la del reportero o cronista.

De hecho, el cartel de Augusto revela conexiones más profundas. El edificio de la Calle de la Ruda fue destruido el mismo día, o casi el mismo día, que Buenaventura Durruti cayó herido en Madrid (el jueves 19 de noviembre de 1936). También cabe suponer que la foto del edificio averiado la hizo Lladó el mismo día, o casi el mismo día, que el funeral de Durruti en Barcelona (domingo día 22). Como si fuera para corroborar esta curiosa serendipidad, el archivo de Kati Horna en Salamanca conserva una foto de una pared en las afueras de Barcelona, cubierta de carteles, incluidos uno de Durruti (en perfil, con el texto ¡Imitad! al héroe del Pueblo) y dos copias del cartel de Augusto (figs. 28 y 29).

La vida póstuma del inmueble de la Calle de la Ruda, mientras tanto, resulta todavía más prodigiosa de lo que yo pude suponer al terminar mi libro. Hace algunos meses, un colega norteamericano, Alex Vernon, descubrió dos cameos más.

En 1942, el jurado del Limited Editions Club en Estados Unidos —entre ellos, el novelista Sinclair Lewis— otorgó su Medalla de Oro a Ernest Hemingway por Para quién doblan las campanas, su novela situada en la España de la Guerra Civil. Como parte del premio, se comisionó una edición de lujo de la novela con litografías del conocido artista gráfico norteamericano Lynd Ward. Ahora bien, en una ilustración a dos páginas en el capítulo 18 de la novela, vuelve a aparecer, inconfundiblemente, la imagen de la foto de Lladó (fig. 28). Unos 19 años más tarde, cuando Pablo Picasso termina su Masacre en Corea —un cuadro que, además de su obvia inspiración en Los fusilamientos del tres de mayo[ de Goya, hace juego con el Guernica— incluye en el trasfondo de la escena (allí donde, en la obra de Goya, se vislumbra la silueta de Madrid vista desde la montaña del Príncipe Pío) una versión estilizada del mismo edificio de la Calle de la Ruda (fig. 29).

La fotografía es un medio peculiar. Puede hacer que lugares o personas comunes —el miliciano de Capa; una niña afgana; una madre migrante en California— cobren un estatus mítico. Cuanto más legendario el fotógrafo, más valor transmite a los objetos que enfoca su lente. De ahí el papel central que sigue teniendo la fotografía en la memoria de la Guerra Civil Española, como demuestra la Arqueologia del Punt de Vista del fotógrafo catalán Ricard Martínez. Hace poco, se anunció que la casa vallecana capturada en una foto icónica de Robert Capa (fig. 30), en la Calle de Peironcely, 10, se convertirá en pequeño museo dedicado a la interpretación de los bombardeos aéreos en Madrid. La idea fue propuesta por Mar Espinar, concejala del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid. Como informa InfoLibre, el museo contará “con una sala de exposiciones de 258 metros cuadrados, un salón polivalente para proyecciones y conferencias de 43 metros cuadrados y la recreación de una vivienda según el diseño original, que permita al visitante hacerse una idea de cómo era la vida diaria en aquel lugar”.

No creo que corresponda instalar un museo en la Calle de la Ruda. Pero dada la vida ilustre de una de sus ruinas, quizá el lugar —y los madrileños que murieron en él— sí que se merecen una placa.

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Posdata (7 de enero)

Después de publicarse este artículo, la investigadora Esther García ha facilitado documentos que aportan más indicios que la Calle de la Ruda posiblemente fuera bombardeada el mismo día 19 de noviembre que Durruti cayó herido en Madrid. Un informe del juez Javier Elola y Díaz Varela (del Tribunal Supremo) elaborado durante la guerra e incluido en el vasto archivo de la Causa General proporciona más detalles de los partes oficiales sobre los daños y las víctimas causados por los bombardeos. Concretamente, la “Relación de las víctimas del bombardeo según parte oficial de la Jefatura de Policía Urbana” remitido el 19 de noviembre de 1939 incluye los nombres de tres víctimas domiciliadas en la Calle de la Ruda: Estanislao Rodríguez, de 25 años, que vivía en Ruda 17 (herido con pronóstico reservado); Celestino Sanz, de 36 años, en Ruda 19, herido leve; y Felipe Santos, de 51 años, en Ruda 17, herido grave. El parte del día 20 de noviembre, a su vez, menciona a diez muertos causados por cinco bombardeos diferentes, entre ellos el del inmueble en Ruda 17. (Para más detalles, ver el artículo Madrid bajo las bombas de Esther García y José Antonio Zarza López en Frente de Madrid: boletín trimestral de GEFREMA,Nº. 30, 2016, págs. 6-30.) Esther García también aporta otra nota curiosa: parece que el arquitecto Enric Miralles se dejó inspirar por la foto de Lladó incluida en el cartel de Augusto cuando diseñó una de las torres del Edificio Gas Natural (Torre Mare Nostrum), terminado de construir en 2007 (ver esta foto en Wikimedia).

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Créditos

Fig. 1 Cuaderno de Robert Capa y Gerda Taro, nº 7, p. 1; Collection Archives Nationales, Paris. Reproducido en The Mexican Suitcase: Rediscovered Spanish Civil War Negatives by Capa, Chim, and Taro. 2 vols. New York: ICP; Göttingen, Steidl, 2010.

Fig. 2 Weekly Illustrated, 3 de diciembre de 1938, pp. 16-17.

Fig. 3 Kati Horna, “Calle Marina. Bombardeos de marzo,” 1938. Centro Documental de Memoria Histórica, Archivo fotográfico de Kati Horna, Foto 148.

Fig. 4 Kati Horna, montaje, “L’Enfance,” 1939, reproducido en Told and Untold: The Photo Stories of Kati Horna in the Illustrated Press (2016).

Fig. 5 Kati Horna, “Calle Cortés, Barcelona. Bombardeo de marzo,” 1938. Centro Documental de Memoria Histórica, Archivo fotográfico de Kati Horna, Foto 141.

Fig. 6 Kati Horna, montaje, reproducido en Told and Untold: The Photo Stories of Kati Horna in the Illustrated Press (2016).

Fig. 7 Robert Capa, “Death of a Loyalist Militiaman, Córdoba front, Spain,” © ICP/Magnum.

Fig. 11 En el funeral de Durruti, Barcelona, 22 de noviembre de 1936, Barcelona. CNT Collection, International Institute for Social History, Amsterdam.

Fig. 12 Madrid, baluarte de nuestra guerra de independencia (1937).

Fig. 13 Nova Iberia, no. 2, Febr. 1937, publicado por el Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya.

Fig. 14 Hoja de maqueta, Archivo Vaamonde (Instituto del Patrimonio Cultural de España), DV-F.05.07.00_P.

Fig. 15 Hoja de maqueta, Archivo Vaamonde (Instituto del Patrimonio Cultural de España), DV-F.10.04.00_P.

Fig. 16 Foto Luis Lladó. Archivo Rojo. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Archivo. General de la Administración, AGA, 33, F, 04038, 53153, 001.

Fig. 17 Archivo Rojo. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Archivo. General de la Administración, AGA, 33, F, 04038, 53153, 001.

Fig. 18 Calle de la Ruda. Calles bombardeadas de Madrid, II. De la F a la Z. Biblioteca Digital Hispánica/Biblioteca Nacional Española. GC-CARP/81/2. CC-BY-SA 4.0.

Fig. 19 Calle de la Ruda. Calles bombardeadas de Madrid, II. De la F a la Z. Biblioteca Digital Hispánica/Biblioteca Nacional Española. GC-CARP/81/2. CC-BY-SA 4.0.

Fig. 22 Calle de la Ruda. Calles bombardeadas de Madrid, II. De la F a la Z. Biblioteca Digital Hispánica/Biblioteca Nacional Española. GC-CARP/81/2. CC-BY-SA 4.0.

Fig. 27 HISDI-MAD, Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS), Geoportal l Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Fig. 28 y 29 Kati Horna, “Calle Cortés, Barcelona. Bombardeo de marzo,” 1938. Centro Documental de Memoria Histórica, Archivo fotográfico de Kati Horna, Foto 172.

Fig. 30 Lynd Ward, Litografía para Ernest Hemingway, For Whom the Bell Tolls, Limited Editions Club, 1942.

Fig. 31 Pablo Picasso, Masacre en Corea (1951).

Fig. 32 Robert Capa, [Children on street in front of a bullet-riddled building, Madrid], © Cornell Capa/ICP/Magnum.

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Autor >

Sebastiaan Faber

Profesor de Estudios Hispánicos en Oberlin College. Es autor de numerosos libros, el último de ellos 'Exhuming Franco: Spain's second transition'

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2 comentario(s)

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  1. Sebastiaan Faber

    Alex, la foto en la fig. 3, de Kati Horna, es de la C/ Marina de Barcelona. Está en el CDMH de Salamanca, http://pares.mcu.es/ParesBusquedas/servlets/Control_servlet?accion=3&txt_id_desc_ud=118136&fromagenda=N

    Hace 2 años 10 meses

  2. Alex

    Muy interesante el artículo, pero al final no he comprendido una cosa: el edificio bombardeado referido al principio, era de la calle Marina de Barcelona, o era de Madrid?

    Hace 2 años 10 meses

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