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¿Dónde están los obreros húngaros?

Muchos trabajadores encuentran tan malas las condiciones laborales que prefieren viajar temporalmente a Alemania a quedarse en el país

Nóra Diószegi-Horváth 19/12/2018

<p>Casas de la ciudad de Tiszavasvári, Hungría. </p>

Casas de la ciudad de Tiszavasvári, Hungría. 

Péter Zsolnai

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En 2010, el recién inaugurado Gobierno de Orbán prometió crear un millón de nuevos trabajos en una década. Ocho años después, está claro que, a menos que ocurra un milagro en los próximos dos años y medio, alcanzar ese objetivo será bastante difícil. 

Sin embargo, dos cosas son seguras. La primera, que se ha obligado a cientos de miles de personas a participar en programas de obras públicas, aunque no se ha conseguido que pasen al mercado de trabajo primario, y la consecuencia es que hay un creciente segmento de la sociedad que se empobrece cada día más, que vive en el umbral de la pobreza y que carece de posibilidades de alcanzar una vida mejor. La segunda es que, desde 2013, la ola migratoria ha ido en aumento y se ha vuelto imparable. Con independencia de la edad, la educación o la profesión, la gente se está yendo del país. Lo que queda es un vacío en el mercado de trabajo imposible de llenar. 

Se ha obligado a cientos de miles de personas a participar en programas de obras públicas y la consecuencia es que hay un creciente segmento de la sociedad que se empobrece cada día más

Los trabajadores que se van al extranjero se enfrentan a una situación poco habitual, pero luego están los trabajadores que viven en Hungría y de vez en cuando aceptan trabajos en el extranjero de corta o larga duración. Estos últimos reciben menos atención, aunque las razones que se encuentran detrás de ese duro estilo de vida, que a menudo también es vulnerable e inseguro, constituyen una pesada carga para familias enteras y dicen mucho sobre las condiciones laborales en Hungría. 

Mejor que aquí

Tiszavasvári es una ciudad ubicada en la esquina noroeste de Hungría, en el condado de Szabolcs-Szatmár-Bereg, con una población de 13.000 habitantes. En las dos partes que la componen, Bűd y Szentmihály, residen varios miles de romaníes en asentamientos. Es relativamente habitual entre ellos que acepten trabajos ocasionales o periódicos en países occidentales. Muchos trabajan en la agricultura, en fábricas, en la construcción y algunos hasta se especializan en transportar trabajadores al extranjero.

Gábor, por ejemplo, ha estado varias veces fuera y ha trabajado en el sector de la construcción durante una larga temporada. Incluso se enorgullece al afirmar que los húngaros no tienen equivalente en la labor de andamiaje comparados con los trabajadores rumanos o búlgaros, por poner un ejemplo. Por ese motivo, los húngaros son los más solicitados para realizar ese tipo de trabajo.

Gábor frente a su casa en Tiszavasvári. 

Gábor llegó a Alemania tras aceptar una invitación. Esa suele ser la rutina: la gente se va, encuentra un buen trabajo, lo hace bien, la siguiente vez recibe una invitación, después recomiendan a otros, etc. “Las agencias no garantizan el trabajo; la gente recibe invitaciones para un puesto concreto porque ya ha demostrado su valía”, explica Gábor. Su hijo ya ni siquiera va a regresar de Alemania; se mudó allí, hay trabajo y sale más rentable quedarse. Aunque Gábor sí regresó a casa, el fin de semana que lo visité estaba ocupado llamando con entusiasmo a sus colegas e invitándoles para el siguiente viaje. 

¿Por qué es mejor trabajar en el extranjero?

Resultaría evidente decir que es por el dinero, ya que el sueldo para los trabajadores de la construcción con experiencia puede ser considerablemente mayor que en casa. Sin embargo, la situación es más compleja. Encontrar un trabajo en Tiszavasvári o en los alrededores es complicado. Hay pocas opciones, como por ejemplo trabajar en obras públicas, en una cercana planta de procesado avícola o acudir a las grandes ciudades como Nyíregyháza, Miskolc e incluso Budapest, aunque si alguien pretende encontrar un empleo que se ajuste a su profesión, tal y como Gábor quiere hacer con su trabajo de andamiaje, las oportunidades disminuyen. 

Incluso si alguien consigue encontrar un trabajo lo más probable es que sea un trabajo en negro, sin declarar, y, por ende, altamente inseguro. Incluso aunque el trabajo fuera en blanco y existiera un acuerdo previo sobre el sueldo, no habría ninguna garantía de que el pago se realizara a tiempo o se hiciera en su totalidad. 

Las condiciones laborales también son un problema; los hostales para trabajadores están saturados y en malas condiciones, a pesar de que debería ser fácil comprender lo importante que es un entorno apropiado para descansar después de todo un día de trabajo físico.

Incluso si alguien consigue encontrar un trabajo lo más probable es que sea un trabajo en negro y, por ende, altamente inseguro

Un problema todavía mayor es que a menudo los empleadores no cumplen con las normas de seguridad en el trabajo. Ausencia total o parcial de equipamiento de protección personal, uso de herramientas inadecuadas, períodos de descanso insuficientes… La lista de factores que suponen un riesgo de muerte con los que Gábor se ha encontrado en los trabajos de la construcción en Hungría es larga.

“En Alemania, eso sería impensable. Para empezar, ni siquiera puedes acercarte al lugar de trabajo hasta no haber completado una formación, hasta haberte familiarizado con el equipamiento con el que vas a trabajar. Además, pasan varias veces al día para controlar que estamos utilizando el equipamiento de protección como se debe. Si alguien no lleva casco tiene que abandonar el andamio, así de estricta es la cosa, realmente se cuida a los trabajadores. Las horas extra se pagan, los tiempos de descanso se respetan. Los lugares donde nos quedábamos… No podía creer lo que estaba viendo”, explica Gábor, y coge su teléfono para mostrar fotos del apartamento donde se quedaron la última vez. “No había hacinamiento, no teníamos que dormir en un alojamiento para masas entre la mugre, había una cocina en perfecto estado, podíamos cocinar; no me creerás pero hasta había piscina en el jardín”.

Desde una perspectiva húngara, el respeto a los trabajadores en el extranjero parece realmente extraño. Gábor está de acuerdo; hasta cuando se realiza un duro trabajo físico, la forma en que te tratan es importante. Y, según su experiencia, se respeta el trabajo que hacen y se demuestra (además de porque lo invitan en repetidas ocasiones) en el hecho de que los tratan como seres humanos y sus necesidades son atendidas.

Naturalmente, trabajar en el extranjero también tiene sus desventajas, y estas deberían formar parte del discurso. László, un amigo de Gábor, me describió una. Él también realiza trabajos de peón en la construcción. Si tiene la oportunidad, también viaja al extranjero; recibe invitaciones, aunque también ha tenido malas experiencias.

Esto es lo que sucedió. Decidieron ir a Francia porque se corrió la voz de que había buenos trabajos. Sin pensarlo mucho, se subieron al coche y condujeron hasta París. Anteriormente habían escuchado hablar de algunos lugares donde merecía la pena buscar y no tardaron mucho en encontrar un capataz que los contrató. Acordaron unas condiciones de pago y se suponía que iban a cobrar cada dos semanas. Pasaron las dos primeras semanas y no recibieron nada, ni tampoco después… Al final tuvieron que volverse a casa con las manos vacías.

Según László, la única manera de evitar que esto suceda es buscar un trabajo utilizando directamente los contactos propios, una lección aprendida. Sin embargo, está convencido de que trabajar en el extranjero es la única opción viable, ¿por qué?: “Aquí no hay nada. Al menos no cerca. Puedes irte a Budapest, pero allí la cosa tampoco mejora mucho. Los sueldos son bajos y las condiciones son peores. ¿Por qué no voy a ir al extranjero?”, responde.

Las familias sufren

Cuando se describen las condiciones laborales de los trabajadores en el extranjero, a menudo se ignora el punto de vista de los que se quedan en casa. Ferenc y Erzsébet, marido y mujer, nos ayudan a entenderlo. Ferenc es un pariente de Gábor, a veces han trabajado juntos. En varias ocasiones, Ferenc trabajó fuera durante meses para juntar la mayor cantidad de dinero posible. Por eso su hogar es más lindo que los otros del asentamiento; además, solo quedan ellos, ya que sus hijos tuvieron familia y se mudaron de casa (y pudieron hacerlo gracias a la ayuda de sus padres, que no es poco).

Aun así, las estancias fuera dejaron su huella. Mientras Ferenc trabajaba en la construcción en Alemania, Erzsébet se quedaba en casa, prácticamente sola. “Tuve que reorganizar mi vida por completo. Hacer la compra, llevar a los niños al médico, hacer papeleos… Tuve que hacerlo todo sola y no fue fácil. Además, yo también tenía trabajo y eso dificultaba aún más que pudiera ocuparme de la casa yo sola. Y claro, tampoco es agradable estar sola y que tu pareja esté en otro país, a mucha distancia”, rememora Erzsébet.

Ferenc y Erzsébet en la cocina de su casa, en Tiszavasvári.

Cabría preguntarse por qué no se fueron juntos, sobre todo porque en la casa estaban ellos dos solos. “Para una mujer de más de 50 no es tan fácil encontrar trabajo. Aunque hubiera habido trabajo no especializado que yo pudiera hacer, las empresas buscan mano de obra más joven”, explica, aunque también se enfrenta al mismo problema en Hungría. Solía trabajar en la cadena de montaje de una fábrica de paquetería, pero la dureza del trabajo le causó algunos problemas de salud y al final el médico de la empresa la recomendó que buscara otro trabajo porque, decía, el estrés era más de lo que su cuerpo podía aguantar. Como es lógico, Erzsébet está desesperada, las ofertas de trabajo escasean, sobre todo por su zona, y elegir no es una opción. Se encuentra en un callejón sin salida. 

Mientras tanto, aunque Ferenc está por ahora en casa, ya está planeando otro viaje a Alemania para trabajar en una obra. Hay que pagar las facturas. 

Tiszavasvári es solo un ejemplo de tantas otras ciudades de esta región desfavorecida. La cosa no pinta muy bien por la zona, aunque tampoco está para llevarse las manos a la cabeza. A lo largo y ancho del país, los trabajadores que cruzan la frontera para irse al extranjero podrían confirmar los relatos Gábor, László y Ferenc.

¿Cuál es el panorama general? 

Los tres hombres trabajan en obras. Al mismo tiempo, las cifras indican que el sector de la construcción está prosperando en Hungría. En el primer cuarto de 2018, se construyó un 65 % más de casas que en el mismo período del año anterior. Así que trabajo no falta. 

Aun así, confirmando lo que dijeron los hombres de Tiszavasvári, el sector de la construcción es un trabajo peligroso. De acuerdo con el último informe elaborado por el Ministerio de Economía Nacional, el sector de la construcción en Hungría tiene el mayor número de accidentes mortales, y las cifras de accidentes graves y amputaciones también son elevadas. 

Las causas son diversas: por ejemplo, el 90 % de la mano de obra registrada son trabajadores sin cualificación, que están más expuestos a sufrir accidentes que los trabajadores con formación. Asimismo, la gran demanda de trabajadores hace que se repesque a los trabajadores jubilados que, según los expertos, no son más vulnerables a los accidentes que sus colegas más jóvenes, aunque les cuesta más recuperarse. 

A lo largo y ancho del país, los trabajadores que cruzan la frontera para irse al extranjero podrían confirmar los relatos de la extrema necesidad

En la actualidad, hay unas 310.000 personas trabajando en el sector, entre las cuales hay entre 3.000 y 3.500 trabajadores extranjeros. El riesgo es mayor en el caso de estos últimos, según la Federación Nacional de Constructores, porque carecen del conocimiento local y tampoco tienen experiencia con las herramientas y las máquinas que se usan en el país, o con su cultura de trabajo.

Las condiciones laborales, como se puede ver, son bastante imperfectas. Sin embargo, lo más inquietante es que en 2017, según las estadísticas del Departamento de Inspecciones Laborales del Ministerio de Economía Nacional, un 47 % de trabajadores realizó trabajos en negro (una cifra que creció con respecto al año anterior). Este año, las inspecciones que realizaron las autoridades laborales a principios del verano indicaron que el porcentaje era del 60 % entre las empresas auditadas. 

La vulnerabilidad en el ramo de la construcción es tremenda (aunque los sectores agrícola e industrial no son muy diferentes), tanto en los trabajos no declarados como en los accidentes laborales. 

Al mismo tiempo, con el cambio del marco legal que regula las huelgas, el gobierno básicamente ha despojado a los sindicatos de todos los medios que tenían para ejercer presión y ha hecho que la defensa de los trabajadores en los últimos años sea irrelevante. Se ha vuelto imposible exigir cambios reales.

Si tenemos en cuenta todo lo anterior, no es sorprendente que los trabajadores especializados, y los no especializados, busquen oportunidades laborales en el extranjero. Incluso cuando eso conlleva un cierto riesgo. 

¿Qué nos depara el futuro? 

La aparente tendencia en la Hungría actual es dirigir a las generaciones más jóvenes hacia la formación profesional. Aunque esto podría proporcionar, al menos para los jóvenes húngaros, una formación profesional que se adecúe a las exigencias del mercado de trabajo, también es cierto que los continuos recortes en educación que ha llevado a cabo el Gobierno lo dificultan. En consecuencia, estos programas formativos no reúnen los criterios del siglo XXI, porque a pesar de estar desbordados, los estudiantes reciben solo un conocimiento superficial y acceden al mercado laboral sin cualificaciones competitivas. 

El gobierno de Hungría no tiene ninguna solución para estos problemas, ya sean las dificultades del mercado de trabajo o las deficiencias educativas

De cualquier modo, la economía actual dicta un camino diferente. Las empresas extranjeras (véase los fabricantes de coches) instauran fábricas que necesitan mano de obra barata no especializada. Sin embargo, para reducir los costes a largo plazo, en un futuro no muy lejano las empresas automatizarán los procesos de producción y harán que estos trabajadores sean prescindibles precisamente porque carecen del conocimiento especializado, lo que además supondrá que será prácticamente imposible que encuentren otro trabajo por esa misma razón. 

Hoy en día, el gobierno de Hungría no tiene ninguna solución para estos problemas, ya sean las dificultades del mercado de trabajo o las deficiencias educativas. Hasta la regulación de las empresas parece ser un desafío demasiado complejo de afrontar. 

La situación no es para nada alentadora. Teniendo en cuenta que merece la pena conducir (y cubrir los gastos de viaje) desde los asentamientos romaníes de Tiszavasvári hasta llegar a Alemania, Suiza u Holanda porque, en comparación con Hungría, lo sueldos de esos países son mejores, las condiciones de trabajo son más seguras y proporcionar formación profesional es más importante, solo queda una pregunta por responder: ¿por qué no se han ido ya todos? 

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Este artículo se publicó en inglés en Political Critique.

Traducción de Álvaro San José. 

Autora >

Nóra Diószegi-Horváth

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1 comentario(s)

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  1. PESURO

    seguro que muchos se estarán acordando de la madre de aquel que les contaba las bondades de occidente y queriendo volver a las maldades del socialismo. como contaba el ruso aquel en la peli de los lunes al sol que dos rusos hablando decia el uno: oye te acuerdas de todo aquello que nos contaban en rusia del socialismo y sus bondades? -si me acuerdo; -pues todo era mentira. pero te acuerdas de todas las maldades que nos contaban del capitalismo? -sí me acuerdo, - pues todas eran verdad

    Hace 2 años 3 meses

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