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La presión social funciona: Europa prohíbe los plásticos de un solo uso

Ecoembes, la entidad que gestiona estos materiales en España y en la que participan grandes empresas, está en contra de reducir los plásticos o avanzar hacia un sistema de retorno de envases

Samuel Martín-Sosa 19/12/2018

<p>Residuos de plástico. </p>

Residuos de plástico. 

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Imagina que estás planeando retirarte a una isla en medio del océano a descansar y alejarte del mundanal ruido. Tiras un dardo a ciegas a un mapamundi y cae en una isla entre Hawai y California. Se llama Plasticland, y es una isla de plástico sin palmeras. Pero no te irías allí ni aunque te regalaran el viaje. Esta isla dantesca –en realidad sin nombre– es muy real y nada paradisíaca. Abarca la extensión de España, Francia y Alemania juntas. Según las últimas investigaciones publicadas este año contiene 16 veces más basura de lo que se pensaba. Y no es la única que existe, aunque sí de las mayores. La razón de porqué todo ese plástico se concentra en una zona concreta hay que buscarla en las dinámicas y los giros de los océanos, que hacen que la basura flotante confluya en el mismo punto y se mantenga más o menos confinada en esa zona concreta.

Los datos nos dicen que cada año hasta 12 millones de toneladas de plástico acaban en nuestros océanos. Dicho de otra forma, cada minuto llega al mar el equivalente a un camión de basura lleno de plásticos. Evidentemente no hay camiones descargando a diario en alguna costa del mundo. El 80% de las basuras marinas son de origen terrestre, provenientes principalmente del turismo costero, alcantarillado, desagües pluviales, ríos, vertederos ilegales y zonas industriales. El 20% restante procede de actividades marinas como la pesca y acuicultura. Es decir, la mayor parte de esa basura la generamos nosotros en nuestro día a día.

En la madrugada del 18 al 19 de diciembre el Parlamento Europeo, el Consejo, y la Comisión Europea han alcanzado un acuerdo de directiva que prohíbe los plásticos de un solo uso, obligando a utilizar materiales sostenibles en la producción de algunos artículos habituales como las pajitas para beber, palos para sujetar globos, bastoncillos para limpiarse los oídos, vasos y platos de plástico… Estos plásticos resultan muy difíciles de reciclar y representan un porcentaje significativo de la basura marina de las costas europeas. La medida también incluye propuestas para mejorar la recogida de residuos de aparejos de pesca hechos de plástico. En realidad el texto aprobado tampoco es mega ambicioso, y ha sufrido presiones del sector industrial del plástico que buscaban debilitar la norma. Durante la ardua negociación algunos países han peleado duro para defender posiciones más laxas y el Parlamento Europeo ha tenido que hacer algunas concesiones respecto a su posición inicial. Algo que solo viene a confirmar que las resistencias a cambiar de modelo de producción y consumo en gran medida vienen de grandes y poderosos agentes económicos y no tanto (o no solo) de una ciudadanía que esté muy acomodada en unas prácticas a las que no quiere renunciar.

De hecho ha sido la gran presión social la que ha conducido a esta normativa, tramitada en un tiempo bastante breve, si tenemos en cuenta lo dilatados de los procesos legislativos europeos. Cuando la indignación social es grande, se toman medidas. Hay quien dice que por encima de las grandes corporaciones solo hay una cosa a la que los políticos temen más: a perder el poder en las siguientes elecciones. Puede que ese factor haya jugado en la decisión, pero lo que ha quedado clara es la capacidad social para poner asuntos en la agenda cuando hay una masa crítica suficiente que lo demanda. Lo hemos visto recientemente en un tema tan crucial como la vivienda y los escraches de la PAH, que han servido para poner los desahucios en las cabeceras de los telediarios, para que algunos partidos se quiten la careta, o para llevar una propuesta de ley al Congreso.

El movimiento contra el plástico es en ese sentido una esperanza para la causa ecologista, pues si se me permite la analogía con el ejemplo anterior, se trata esta vez de la casa de todos, la única que tenemos. Y en este caso no hay realojo posible, aunque algunas mentes iluminadas de bolsillos llenos coqueteen con la fantasía de emigrar a Marte ante la amenaza de la crisis ecológica.

Hace unos meses asistíamos a las imágenes de una sala de necropsia: en una macrocamilla improvisada, una ballena piloto yacía abierta en canal. Extendidas por el suelo, como si de una gran placenta tras un parto se tratase, hasta 80 bolsas de plástico que el animal confundió con comida. Imágenes que vapulean conciencias y revuelven el estómago al más pintado y que nos hacen preguntarnos:¿pero de verdad toda esa mierda la ha generado nuestra especie? Y en ese momento decimos: ¡basta!, no necesitamos colocar una cebolla sobre una bandeja de poliespan y recubrirla con film. Movimientos como #DesnudaLaFruta o los #PlasticAttacks son los síntomas de cabreo social y de saturación que la población muestra ante tanta insensatez. Este bullir social ha sido crucial para que la Unión Europea reaccionara.

Luchar contra islas de plástico, ¿reciclando?

Gran cantidad de la basura que nutre esas islas son envases de un solo uso, plásticos de usar y tirar, bolsas… Es tremenda la intensidad de la campaña publicitaria a la que la entidad encargada de la gestión de estos envases en España, Ecoembes, nos está sometiendo en los últimos meses. Anuncios en radio y televisión a todas horas, publireportajes, grandes carteles en vestíbulos de estaciones de medios de transporte….repitiendo, como un martillo pilón, la misma consiga: Recicla, recicla, recicla.

Nadie en su sano juicio estaría en contra de reciclar. Todos debemos hacer un esfuerzo por una buena separación de residuos en origen, de eso no cabe duda. Pero tanta insistencia es sospechosa, sobre todo cuando se hacen afirmaciones que insultan a la inteligencia, como cuando Ecoembes llega a asegurar que si reciclamos solucionaremos la contaminación del aire en las ciudades. Parece que si reciclas, tienes bulo para contaminar con el coche. Y encima lo cuantifican: cada 6 latas, 10 minutos de tubo de escape. Estirando jocosamente el argumento, ya solo les falta proponer que comprando muchos productos en envases de un solo uso, podemos llegar a convertir, como por arte de magia, nuestro coche diésel contaminante en un cero emisiones, siempre y cuando nos aseguremos de meter después esos envases en el contenedor amarillo.

Para quien no lo sepa, Ecoembes es un sistema de gestión mantenido por empresas de todos los sectores que participan en la cadena del envase, desde fabricantes y envasadores a distribuidores, fabricantes de materias primas y recicladores. Entre estas empresas destacan las grandes compañías cuyo modelo de negocio, de producción y consumo, se basa en envases de usar y tirar. Algunos de los nombres más conocidos son Coca-Cola, Unilever, Mercadona, El Corte Inglés, Carrefour, Danone, L’Oreal.… Estas empresas aportan fondos a Ecoembes para financiar la gestión de los residuos, aunque en realidad la entidad cobra a las empresas por los envases puestos en el mercado, no por los envases que recoge. Lo cierto es que un sistema de recogida ineficiente en el que muchos envases acaban en el mar, a Ecoembes y las empresas que lo sostienen no les pasa factura.

Lo fundamental para Ecoembes y las empresas que hay detrás es que no se hable ni por asomo de la posibilidad de reducir el número de plásticos o de avanzar hacia un sistema de retorno de envases. Muchos recordamos aún cuando de pequeños nos mandaban bajar los cascos de las botellas de vidrio a la tienda para recuperar el depósito. Muchas de las cosas que antes se envasaban en vidrio, ahora se envasan en recipientes de plástico de usar y tirar. Los sistemas de depósito y retorno favorecen la recogida diferenciada de envases, permitiendo mejores tasas de recuperación. En países como Alemania donde lleva implantado muchos años, este sistema recupera más del 95% de los envases de bebidas. Las tasas de reciclaje de envases en dicho país alcanzan el 75%. Además es un sistema que abre la puerta a envases retornables –reutilizables– lo que supone un menor coste ambiental que el reciclaje y que por cierto cuenta con el visto bueno del 95% de la población, según algunas encuestas. Ecoembes es un enemigo declarado de estos sistemas de depósito y retorno.

La estrategia de Ecoembes pasa por reprender a la ciudadanía culpabilizándola por su comportamiento poco ecológico en relación al reciclaje, mientras así se asegura de que no se ponga el foco en el debate sobre el modelo de consumo insostenible. El recién publicado informe “Branded”, de la campaña #BreakFreeFromPlastic identifica las principales marcas responsables de la contaminación de los mares. En el top ten aparecen Coca-Cola, Nestle, PepsiCo, Unilever, McDonalds, Lidl… precisamente todas esas empresas que a través de Ecoembes se oponen a cualquier cambio que pueda amenazar su modelo de negocio. La mayoría de envases que acaban en el mar son suyos.

¿Porque nadie habla de dejar de fabricar plástico?

La industria del plástico debe sentirse amenazada cuando ha sacado una campaña denominada “No culpes al plástico”. Mira a tu alrededor y comprobarás que estás absolutamente rodeado. El hule de la mesa, el recubrimiento de la tarima del suelo, el marco de la ventana, el interruptor de la luz, la pintura que recubre el radiador, el dispositivo en el que estás leyendo esta noticia, la laca de la estantería de los libros, el reloj de tu muñeca y hasta la ropa que llevas puesta. El plástico, que es uno de los materiales más versátiles que existen, proviene de la transformación de los combustibles fósiles, esos que en este momento están en buena medida alimentando las bombillas de tu oficina o el medio de transporte en el que has ido a trabajar. Desde que comenzara a producirse en los años cincuenta la producción de plástico no ha dejado de crecer y la previsión es que siga haciéndolo. En 2025, se espera que la capacidad de producción de etileno y propileno haya aumentado un 33-36%.

Las campañas publicitarias nos dicen que si reciclamos o salimos a buscar basura al campo (una actividad que Ecoembes también promociona profusamente), acabaremos con la pesadilla de las islas de plástico. En realidad es una invitación a que continuemos consumiendo compulsivamente y apartemos las islas de plástico de nuestra mente para que no pensemos en ellas. Sin embargo la imagen idílica de circularidad en la que reciclando de forma correcta los residuos estos se transforman en productos nuevos que ya no contaminarán los ríos y mares no se sostiene. No es real, ni posible. Cada año se producen más de 300 millones de toneladas de plástico.

La vida media del plástico es de cientos de años hasta que se degrada. La terrible realidad es que con la mayoría del plástico producido en la historia de la humanidad lo que hemos hecho hasta ahora es… nada. Aún está aquí con nosotros. De todos los residuos plásticos producidos en la historia de la humanidad (es decir, desde los años 50 hasta ahora) el 79% está acumulado en vertederos o directamente en la naturaleza, el 12% se ha incinerado y tan solo el 9% se ha reciclado.

Podemos mejorar las tasas de reciclaje y subir ese 9%, de eso no hay duda, pero ¿hasta donde? ¿hasta un 100%? Teniendo en cuenta esto debemos preguntarnos cuál es la dimensión real del asunto y si vamos a solucionarlo solo con medidas como obligar a que en lugar de una sola cebolla vayan al menos 3-4 en esa bandeja o con prohibiciones ciertamente limitadas como la ahora planteada por la UE. El problema va mucho más allá de una bandeja de poliespan prescindible. Los microplásticos, partículas que son producto de la degradación de los plásticos, ya se encuentran en el agua del grifo, en el pescado, en la sal, en la miel y, según una reciente investigación, hasta en el intestino de las personas. Comemos y bebemos plástico, lo que viene a ser una forma fina de decir que nos estamos comiendo y bebiendo nuestra propia mierda. Hablamos de un riesgo emergente a nivel mundial, según han reconocido organismos como la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria.

Ante esto, quizás deberíamos concluir que la generalización del plástico, más allá de determinados usos específicos, probablemente no ha sido una buena idea de nuestra sociedad. ¿No debería alguien empezar a hablar de dejar de fabricarlo masivamente? No debería ser tan difícil si consideramos que hace no tanto tiempo vivíamos sin él.

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Samuel Martín-Sosa es doctor en biología, experto en política ambiental europea y Responsable de Internacional de Ecologistas en Acción.

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3 comentario(s)

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  1. Janneth

    Me fascino tu manera de escribir y la conclusión de su producción masiva y su uso generalizado. Excelente.

    Hace 1 año 10 meses

  2. Miguel

    No dices que el 80% del plastico que llega al mar viene de los grandes rios de Africa y Asia. Si en esos paises hubiera sistemas de recogida de basura, el problema seria mucho menor. Muy poco del plastico que usamos en España llega al mar.

    Hace 2 años 3 meses

  3. Daniel del Amo -Inés Hernández

    Bravo, Samuel: nos alegra saber que sigues en la lucha. Tu artículo muy revelador para el que quiera entender. Mantienes en alto la antorcha de Nicolás, tu padre, levantada cuando el ecologismo era cosa de lunáticos y excéntricos.

    Hace 2 años 3 meses

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