1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

La vanguardia y el fantasma de la retaguardia

Texto leído con motivo de la presentación en Madrid del último libro de Damián Tabarovsky, ‘El fantasma de la vanguardia’

Constantino Bértolo 23/11/2018

<p>'El ciclista' de Natalia Goncharova (1913)</p>

'El ciclista' de Natalia Goncharova (1913)

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

CTXT es un medio pequeño pero sus luchas son grandes. Necesitamos tu ayuda para seguir avanzando. Puedes suscribirte en agora.ctxt.es o hacer una donación aquí:

Como si fratia y polemos, amistad y discusión, fueran de la mano.

La amistad como una comunidad imaginaria fundada en la discusión y en la rareza

Damián Tabarovsky

El fantasma de la vanguardia es un término que el autor viene manejando al menos desde Literatura de izquierda, título que supuso todo un golpe sobre la mesa de la literatura argentina y de las literaturas en general. Más que de una prolongación de este libro, El fantasma de la vanguardia entiendo que es una profundización, una vuelta de tuerca a  muchos de los temas allí planteados o esbozados. Por una vuelta de tuerca entiendo “apretar algo hasta que deje de gemir”, es decir, con dolor. Nada extraño, porque pienso también que temas como literatura, vanguardia, izquierda y lengua son cuestiones que torturan y con los que se tortura al autor. En ese sentido podríamos hablar del libro como de una tortura compartida. Y, paradójicamente, placentera.

Una  de los objetivos clave que el libro se propone es el asalto a la sintaxis, al Palacio de Invierno de la sintaxis entendida, creo, como el conjunto de mecanismos que facilitan la elaboración de un lenguaje predecible, ya dado, bastante muerto y literariamente estéril, es decir, repetido. El alcance de este asalto a la sintaxis y a la semántica no sé yo si lo diviso en toda su extensión. Lo que sí puedo asegurar es que lo que el libro logra con abundancia es la ruptura y trastocamiento de nuestras sinapsis neuronales. Términos como literatura, lectura, escritura, lengua, lenguaje, memoria, archivo, acontecimiento, manifiesto o estética se derrumban y reconstruyen y se vuelven a derrumbar y a reconstruir muchas veces a lo largo del libro, que no en vano propone el lenguaje como vacilación. Ese barullo neuronal al que el libro nos obliga es sin duda su rasgo más significativo.

El libro mismo se nos ofrece a modo de una fantasmal sábana semántica. En el castellano de Madrid ser un fantasma es algo bastante peyorativo, señala a alguien que presume de ser lo que no es; pero, pasado por Buenos Aires, es decir, por Borges y Lacan, el concepto de fantasma se proyecta en la misma dirección por donde circula el asesinado padre de Hamlet, aquel que viene a reclamar venganza pero que, ante todo, lo que quiere es ser salir a escena y ser escuchado, resucitar.

“Un fantasma”, dice el autor, “es algo que ya murió, pero que de alguna manera está. Un fantasma está ahí, flotando, entrando y saliendo, apareciendo y desapareciendo. El fantasma es la ambigüedad misma. Y por eso conversamos con él en el malentendido: a veces el fantasma nos habla y no lo escuchamos. A veces le hablamos y no nos responde. No obstante, ese diálogo imposible sigue siendo el horizonte imprescindible para la literatura contemporánea.”

No hay un imaginario de vida alternativo al existente, por mucho que desde la buenas intenciones se diga que otro mundo es posible

La vanguardia, lo que va delante, hace referencia a un espacio y un tiempo diferente. Un espacio por conquistar y un tiempo por venir. Pienso al respecto que desde la muerte de Lenin en las sociedades occidentales no existe ni una cosa ni la otra. No hay un imaginario de vida alternativo al existente y en consecuencia no existe un imaginario de cultura diferente, por mucho que desde la buenas intenciones se diga que otro mundo es posible. Hablar de otro mundo es ciencia ficción. Si hay otro está en este. Solemos sonreír con suficiencia cuando hablamos de Fukuyama y su teoría del fin de la Historia, pero en la praxis colectiva, y acaso también en la sumergida teoría dominante, parecemos darle la razón: el  presente se ha hecho hegemónico, totalitario, total. Y eso lleva a pensar que más que un fantasma las vanguardias son un cadáver. Un cadáver exquisito en cuyo funeral y exequias no solo estamos presentes, sino que en muchos casos vivimos de él a base de escribir  y reescribir su necrológica. Lo que el libro de Damián Tabarovsky vendría a contar es que el cadáver es un cadáver mal enterrado, que apesta un tanto y que ese mal olor nos sigue perturbando tanto para mal –la mala literatura, la literatura muerta– como para bien. Y aquí comparece eso que el autor viene llamando “literatura de izquierda”, es decir, aquella o aquellas literaturas capaces de romper con la sintaxis dominante tanto a nivel formal como político, si es que puede hacerse tal distinción.

Personalmente tengo algunas dudas sobre si ese cadáver sigue o no sobreviviendo en forma de fantasma. Entiendo por vanguardia aquella formación guerrera que va delante del grueso de la tropa. Eso implicaría que en algún sitio y de alguna manera hay una guerra, una batalla; pero, en estos tiempos ¿qué guerra hay? En Literatura de izquierda, la obra sobre la que este nuevo libro crece, Tabarovsky habla de una guerra contra la Academia y contra el Mercado; pero, al menos en España, la Academia no existe –como mucho existe Babelia, y cada vez menos–, y el mercado se ha vuelto totalitario, ha derrotado cualquier competencia, ocupa todos los terrenos y sus enemigos ni siquiera encuentran refugio en ningún cuartel de invierno. La izquierda  cultural-política realmente existente no es rupturista sino reformista, pretende alcanzar un mercado más justo, lo que por desgracia no deja de ser, por imposible, un deseo fariseo y estéril. El mercado hoy tiene el control casi total de los medios de creación de necesidades y por consiguiente de la producción  de los medios de satisfacción de esas necesidades.

Sin tropa y sin batalla ¿es posible la vanguardia o la nostalgia de una vanguardia? Leyendo Literatura de izquierda y El fantasma de la vanguardia, lo que le viene a uno a la cabeza es La Anábasis o la Expedición de los Diez Mil de Jenofonte, una tropa en retirada deseando volver a casa. La vanguardia como un camino de vuelta hacia una Atenas que además no existe porque ya ha sido tomada por los bárbaros. Una especie de regreso al futuro.

¿Por qué hablar, por qué seguir hablando, por qué todavía merodear en torno a la vanguardia?

Se abre el libro con unos interrogantes especialmente significativos: “¿Por qué hablar, por qué seguir hablando, por qué todavía merodear en torno a la vanguardia? Podría dar una primera respuesta ¿por qué no? Pero esa respuesta contiene una excesiva carga de arbitrariedad”.  Plagio aquí al propio libro cuando al reflexionar sobre el inicio de otra obra resalta la necesidad de detenernos en varios aspectos clave de un párrafo de entidad semejante, pues “pocas veces el primer párrafo de un libro adquiere una dimensión tan programática tan cargada de sentido de una dirección que atraviesa el conjunto de preocupaciones de un texto”. Este  comienzo, en efecto, es ya toda una declaración de intenciones. Contiene tres preguntas y dos respuestas, una de las cuales es a su vez una pregunta –“¿por qué no?”– a la que se responde acusando a la pregunta de arbitraria, es decir, negando su entidad de pregunta. Una enunciación de  cuestiones que representa el mejor resumen de lo que el libro  propone como contestación a esos interrogantes: la necesidad de romper la sintaxis para poder obligar a las preguntas a dar luz a esas respuestas que las propias preguntas mantienen encerradas y amordazadas. Este lío de preguntas que son respuestas y respuestas que son preguntas recuerda ese dicho con el que se suele resumir los galimatías retóricos: “Ni sí ni no, sino todo lo contrario”. Lo sorprendente, lo paradójico, es que al leer este libro se comprueba que, en esta ocasión, ese dicho perogrullesco resume elogiosamente el acertado estilo discursivo del libro, su dialéctica, la lógica ilógica de su herramienta instrumental, su capacidad para hablar y nombrar lo que está, lo dado, y lo que ya no está, el fantasma.

Jugando a darle también por nuestra parte otra vuelta de tuerca a la propuesta de Tabarovsky, también nosotros podríamos hacernos otras tres y muy semejantes preguntas: ¿Por qué escuchar? ¿Por qué seguir hablando? ¿Por qué todavía merodear en torno a la vanguardia? Porque se puede hablar por hablar –¿por qué no?–, pero escuchar por escuchar ya es otra cosa. Escuchar es fundamentalmente un intercambio de tiempos, de horas, de minutos, de segundos, es decir de vida. Gastar un tiempo propio –y todos sabemos que nuestro tiempo es un tiempo limitado– en escuchar aquello que gastando también su propio tiempo arguyó el componedor de las palabras que escuchamos. Entiendo que si aceptamos escuchar las palabras ajenas es porque las necesitamos para algo, para un conocer que nos resulta insoslayable. Pues bien, me atrevería a pensar que hay dos posibles motivos que justifican de sobra la lectura de las palabras que Tabarovsky inscribe en este libro: porque ya que vivimos inmersos en un mar de narraciones –la sociedad de la comunicación, le llaman– necesitamos –y con este plural me refiero a las gentes que conformamos eso que llamamos el campo literario y sus alrededores políticos– saber si la literatura forma parte del bien común o bien, y como históricamente ha venido siendo, solo forma parte del supuesto bien común de unos cuantos, más o menos privilegiados, más o menos distinguidos, más o menos cultivados, más o menos endogámicos. En ese sentido este libro trata de averiguar quién se mueve debajo de esa sábana fantasmal que llamamos literatura. ¿Hay alguien debajo de la sábana o simplemente es aire y palabrerío? Sábana  fantasmal... Sábana santa, diría yo, y algo de la vanguardia como sábana santa se especula, se refleja también en este libro.

Hay en El fantasma de la vanguardia un canto a la literatura como despilfarro, como malgasto

Además, este libro, tan paradójico, permite hablar de otro motivo. Frente al leer como gasto del tiempo limitado del que se habló antes, este libro también propone paradójicamente el “perder el tiempo” como modo de disfrutar del tiempo, de conocer “un tiempo otro” que no esté marcado por la sintaxis dominante, es decir, por  la presión de lo rentable, saliéndose así de aquellas literaturas escritas bajo el reloj del mercado. Perder el tiempo como medio de no extraviarse: el escritor como aquel que es dueño de su tiempo y hace con el lo que quiere.  Hay en El fantasma de la vanguardia un canto a la literatura como despilfarro, como malgasto, contra la acumulación: “La sintaxis del capitalismo es la de la acumulación. El fantasma de la vanguardia es ese caballo de Troya que lleva en su interior la indiferencia frente a las pérdidas y las ganancias es decir la indiferencia frente a la acumulación, el despilfarro del capital simbólico”.

Una idea de libertad de ese escritor “que es dueño de su tiempo” resulta, entiendo, difícil de compartir, pero que no deja de ser atractiva, sugerente y compartida dentro del campo literario. Tabarovsky remite, para esa “autoconsideración” de la literatura como resistencia libertaria contra la prosa del mercado, a Flaubert y Baudelaire, a esa época en que, por así decir, la literatura se hace cargo de sí misma e inicia su madurez, su modernidad y estatus de vanguardia: literatura de izquierda frente a la comercial y predecible literatura de derecha.

Comparto esta visión de Baudelaire y Flaubert como precursores o fundadores de esa literatura inconforme con la literatura que el mercado viene propiciando a finales del siglo XIX, pero entiendo que el autor se mueve en una línea de interpretación sobre los orígenes de la vanguardia –de las “literaturas de izquierda”– frente a la que cabe mantener una radical reserva. Si en su interpretación, que no deja de ser la interpretación dominante en la historiografía literaria,  la vanguardia literaria es asumida como esa tendencia que al oponerse al mercado “se adelanta” a su tiempo, desde otras ópticas interpretativas más materialistas se puede mantener una postura totalmente opuesta por entender que el fantasma de la vanguardia responde en realidad a un momento regresivo, en tanto que no dejaría de presentarse como un rechazo de carácter elitista que sería reflejo de  las huellas aristocráticas que sobreviven en el interior de una burguesía que, si bien sale triunfante de la Revolución francesa, lo hace en claves históricas que pasan por una Restauración postnapoleónica en la que la derrotada aristocracia  mantiene su influencia más allá del triunfo de la burguesía, como bien muestra el juego de escala de valores que se dan cita en el Congreso de Viena. Una influencia que en el campo de las artes coadyuvaría a mantener aquella visión de la literatura como instancia de lo “inefable” (“algo difícil de definir, incluso imposible”, escribe Tabarovsky), es decir de las facultades de orden superior de la humana condición, cobijo de las más altas sensibilidades, del más exquisito gusto y del restringido derecho de admisión. Una visión que todavía permanece, sospecho, en nuestros tiempos a modo de inconsciente estético sobre el que la literatura se sigue moviendo.

En ese sentido la vanguardia flaubertiana y, casi me atrevería a decir, todas las vanguardias sucesivas esconden en realidad una posición de retaguardia, de guardián de aquel “inefable” que el prosaísmo burgués desatiende, desprecia y pone en peligro. La vanguardia como distinción, en términos de Bourdieu. Y la burguesía, ya despojada hoy, en medio de la globalización neoliberal, de la necesidad de su aristocrática legitimación estética, todavía como aquella fuerza social –recordemos el Manifiesto Comunista– que, mientras continúa su despliegue, aunque sea crisis tras crisis, va haciendo que todo lo sólido se desvanezca en el aire. ¿Y qué más sólido que lo inefable, lo sagrado, el arte, la literatura?

Esta interpretación de la ruptura entre la literatura de mercado y la literatura de vanguardia que Tabarovsky localiza en el tiempo de Baudelaire y Flaubert, no lejos por consiguiente de Mallarmé y Valéry, permitiría hablar de la literatura  moderna –moderna en el sentido cualitativo del término– más como un fantasma de la retaguardia que de la vanguardia, sin que tal titulación cuestione las categorías estéticas sobre las que discurre el  desestabilizador y fértil concepto de “literaturas de izquierda” que Tabarovsky puso sobre la mesa hace ya más de tres lustros. Cierto, además, que las llamadas vanguardias del siglo XX, empujadas por tiempos de revolución radical, intentarían –sin éxito– alejarse de las imposiciones estéticas del mercado sin necesariamente recaer en “la estética de lo inefable”. Pero en ese caso, en el que no vamos a entrar ahora, quizá sería más oportuno hablar del fantasma de la vanguardia como fantasma del fracaso. Fracaso que indudablemente sigue encerrando la promesa de un mañana ni elitista ni mercantil, acaso revolucionario. Diferente.

CTXT es un medio pequeño pero sus luchas son grandes. Necesitamos tu ayuda para seguir avanzando. Puedes suscribirte en agora.ctxt.es o hacer una donación...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Constantino Bértolo

(Navia de Suarna, 1946) ha sido editor de Debate y de Caballo de Troya y ha ejercido como crítico y agitador cultural en diferentes medios. Es autor, entre otros libros, de 'La cena de los notables' (Periférica) y de '¿Quiénes somos? 55 libros de literatura del siglo XX' (Periférica). Ha publicado sendas antologías de Karl Marx ('Llamando a las puertas de la revolución', Debolsillo) y de Lenin ('El revolucionario que sabía demasiado', Catarata). Es militante del Partido Comunista de España.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. cayetano

    Vanguardia no es avanzadilla sino cabecera en continuidad con la comunidad. El estar todos comprados y satisfechos con el capitalismo parte de la mentalidad de país desarrollado, donde tod@s tienen que perder y no sólo cadenas. Pero incluso en éstos -estados del bienestar- el malestar acrece, sea impotente o no, y toman formas distópicas del propio sistema, neofascistas. La voluntad colectiva o no, se requiere pero sólo es parte de las tan traídas y llevadas condiciones subjetivas-la más de las veces, mundo autorreferenciado de relaciones humanas- . Se requieren también de condiciones materiales, naturales y/o infraestructuras y modos de producción e intercambio para su efectividad. Hoy la posibilidad de valorización monetaria independiente de costes, - yendo a las relaciones sociales- del trabajo, y la marginalización del empleo -en su acepción actual- por el proceso de automatización, transformarán radicalmente las relaciones sociales, el intercambio y la distribución de la riqueza. Este proceso ineludible abre un campo de alternativas que dan juego a nuevas vanguardias, que han de comenzar por dar respuesta inmediata, pero orientadas también en el tiempo a las relaciones e intercambios posibles y también deseados. Fukuyama pese a sus conocimientos y brillantez, el fin de la Historia con el Capitalismo, implicaba desconocerlo. El Capitalismo adopta su significación y significante del Capital que es, o era, el anverso del trabajo. Para Marx las cosas no tienen relaciones entre ellas, sólo el trabajo es relación, aporta valor; las cosas no se intercambian entre sí, intercambiamos nuestro trabajo, que puede estar cosificado - por ello Marx decía que el intercambio entre mercancías de capitalistas no aportaba valor en sí-, por ello hablaba de fetichismo y capitalismo. Si caemos en la cuenta de la valorización emocional de la que nos habla Bruno Estrada, siguiendo la pauta de Stiglitz, el coste o valorización del producto se desvincula de los factores, incluido el trabajo, y pasa a ser un coste emocional, es decir, producto de la carga socio-emocional conseguida por el producto en su comercialización-también gracias al control del mercado-; a fin de cuentas nos hablan de fetichizar el producto, cuyo valor no viniendo determinado por el trabajo, aun fetichizado dependerá lógica y ontológicamente como cualquier valor de la propia relación humana y sus condiciones materiales, sociales y culturales. Insistiendo así que todo valor o medio de vínculo social, ontológicamente es y nace de la relación social, aunque depende de condiciones materiales para su mantenimiento, reproducción y evolución. La semilla de mutación que entraña el Capitalismo podría permitir-no necesariamente- , al liberarnos del trabajo, superar las relaciones de dominio, desfasar el derecho a la exclusión. Al utilizar otros sistemas de valor como medio de relación social diferentes al valor trabajo-capital, podría permitir-no necesariamente- no sólo decrecer la huella ecológica, sino reinvertirnos como proactivos regeneradores, también proactivos decrecentistas demográficos. Pero estas posibilidades no necesariamente desenvolverán el desarrollo actual del capitalismo, son parte de las alternativas dentro del campo evolutivo de medios y modos de producción que posibilitan determinados intercambios o relaciones sociales. De forma que quizás el concepto de vanguardia no sea el de aguerridos y visionarios luchadores, sino el de cabecera en continuidad con los deseos y anhelos anteriores a sus propuestas, que pasarán por encima de las mismas si no conectan. Por tanto, la vanguardia ha de ser cabecera en continuidad, que facilite el tránsito a una alternativa liberadora, proactiva al avance armónico de los ethos que se desarrollen sustentadas en las infraestructuras y sus modos de producción. Pero una cosa es cierta, Sí, Otro es Mundo es Posible, de hecho lo va a ser, sólo que de la voluntad dependerá que sea más o menos distópico. Y por primera vez, desde el Paleolítico la voluntad dispondrá de medios y posibilidad de modos e intercambios que sean radicalmente liberadores. Tan radicales como lo eran las sociedades cazadoras recolectoras del paleolítico, pero con la tecnología y complejidad social del presente milenio. Sería una lástima que cuando lo teníamos tan cerca, la cagáramos. Sí, Otro es Mundo es Posible y Radicalmente Liberador. El Fin de la Historia a muerto. Un cordial saludo.

    Hace 3 años

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí