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SALA DE DESPIECE

España contra la belleza

Sergio del Molino 31/10/2018

<p>Vista desde el Eurobuilding de Madrid.</p>

Vista desde el Eurobuilding de Madrid.

Imagen promocional

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Hace poco dormí en el hotel del Eurobuilding de Madrid, en una habitación muy alta, y me dediqué a espiar las vidas de los demás. Desde mi ventana se veían muchos salones y dormitorios que exponían al aire vidas de privilegio: un Idealista analógico. Pisos grandes sin muebles de Ikea, con sofás donde podían tumbarse tres familias y pantallas de televisión que competían con las de Piccadilly Circus. Un escaparate aspiracional del sueño español que sólo se puede ver de noche y a cierta altura, desde el interior de otra atalaya de privilegio, como es el Eurobuilding. A pie de calle, lo único que se percibe son bloques altos y feos y calles tristes de una zona ministerial y arisca.

Siempre me ha sorprendido que la clase dominante española (y espero no ponerme muy marxista en los sintagmas), y muy especialmente la madrileña, viva en edificios tan feos. Por fuera, los bloques de pisos de los barrios del norte de la Castellana –y los que están en la misma Castellana–, compiten en espeluzne con los bloques desarrollistas de las periferias más broncas. No es tanto que les avergüence exhibir el lujo, sino proyectar la belleza hacia el exterior. Las viviendas son bonitas sólo por dentro. Hay que entrar (o espiarlas desde un edificio contiguo) para apreciar lo cómodas que son, la calidad de sus materiales y la potencia de sus radiadores, pero las fachadas no transmiten orgullo ni poder, al contrario que el típico edificio de apartamentos burgueses del siglo XIX y principios del XX. Si estos intentaban dignificar a sus vecinos, presentándolos como gente refinada y elegante, los bloques construidos en la segunda mitad del siglo XX transmiten este mensaje al paseante: siga caminando, aquí no hay nada que ver.

Las élites españolas que se hicieron con España a partir de 1950 parecían profundamente peleadas con la belleza y se empeñaron en construir un país feo y halitósico. Como si lo hermoso fuera un pecado, como si no nos lo mereciéramos. La belleza era para los europeos, un vicio de franceses. Un buen español no se perdía en esas mariconeces, como diría una canción de Mecano. Un buen español construía edificios altos y austeros, como el Escorial y como el Pilar. Edificios machos, edificios alféreces provisionales, alcázares donde resistir las miradas impertinentes de los pobres.

A menudo se identifica la fealdad con la miseria, y se explica el mal gusto y la tristura de las ciudades españolas desarrollistas por el PIB per cápita de la época, pero la Castellana, de Nuevos Ministerios para arriba, lo desmiente y demuestra que la fealdad es interclasista, y las torres de Florentino, monstruosidad mayúscula que destruye toda noción de escala y proporción en Madrid, son la penúltima prueba de que las élites siguen teniendo un gusto miserable y cuartelero.

España parece a veces el sueño de un indiano, pero sin la gracia que otorga la ingenuidad. Las casas de indianos, horrorosas y no recomendables para epilépticos por sus combinaciones cromáticas, han acabado por integrarse en el paisaje (todo se integra, a fuerza de costumbre), y hoy casi parecen viviendas típicas del norte. Pero había algo en ellas que las redimía. Su mal gusto y su ostentación parecían infantiles, eran juguetes de niño pobre que un día se vio con dinero para construir sus sueños de plastilina. Pero en esos barrios de Madrid hay algo contrarreformista, algo de dormitorio de Felipe II, que no tiene redención posible. No son el producto del guaje que se hizo rico en Cuba y volvió al pueblo arrojando fajos de billetes por la ventanilla del coche, sino las capillas del Opus Dei y los despachos de los generales. Viviendas para gente enfadada y a la defensiva.

Diez años después de que la última fantasía de abundancia estallase, paseamos por un país lleno de aeropuertos sin aviones y autovías sin coches, con rotondas de urbanizaciones sin construir donde las esculturas de los artistas locales se oxidan al sol y al cierzo de siempre. El país emana cada cierto tiempo el olor de los coches nuevos, pero siempre lucha contra la belleza, y esa querencia por lo feo atraviesa todo y nos convierte en brutos que se gritan. La prueba está ahí, se ve claramente en una noche calma desde las ventanas del Eurobuilding.

Autor >

Sergio del Molino

Juntaletras. Autor de 'La mirada de los peces' y 'La España vacía'.

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  1. Godfor Saken

    "Su efecto no se puede entender sin estar allí. Tampoco se puede entender la belleza de todo ello, y cuando contemplas la belleza en la desolación, algo cambia en tu interior. La desolación intenta colonizarte". Jeff Vandermeer, 'Aniquilación'.

    Hace 2 años 5 meses

  2. Godfor Saken

    Para el autor de "La España vacía. Viaje por un país que nunca fue", un fragmento de un relato del gran escritor Thomas Ligotti: -Damas y caballeros –exclamó el doctor Haxhausen, que apareció en el escenario como por arte de magia-. Damas y caballeros –repitió en voz más baja, y luego volvió a callarse durante un lapso de tiempo bastante largo. Y nadie entre el público susurró; nadie dijo una sola palabra. “Hay lugares sagrados en este mundo, y he estado en alguno de ellos. Lugares donde se puede sentir la presencia de algo sagrado, algo como una meteorología invisible. Estos lugares siempre están en silencio y, con frecuencia, en ruinas. Los que aún no se encuentran en algún estadio de decrepitud, sin embargo, muestran señales y síntomas, la promesa de una decadencia venidera. Percibimos una sensación de divinidad en los lugares ruinosos, los lugares abandonados… en templos destrozados sobre cimas de montañas, en catacumbas destruídas, en islas donde se yergue algún ídolo de piedra casi sin rostro. Jamás experimentamos esas sensaciones en nuestras ciudades o incluso en la naturaleza, donde la flora y la fauna se hacen evidentes. Esta es la razón de que se produzcan tantas expiaciones durante el invierno, cuando una muerte sobrenatural desciende sobre las tierras elegidas de nuestro globo. En efecto, el invierno no es tanto el tiempo como el lugar más sagrado, el locus visible de lo divino. Y tras el invierno, la primavera: así gira el carrusel de nuestro planeta, y todos los demás. Pero, ¿seguro que girará para siempre? No lo creo. Y es que el último invierno se acerca, damas y caballeros: el ciclo de las estaciones, según me contó el propio Creador, está a punto de detenerse. “La primera vez que me habló fue una noche que había pasado vagando por los deteriorados suburbios de una ciudad. Podría haber sido una ciudad como esta, o cualquier otra ciudad. Lo importante es la silenciosa decrepitud que encontré entre unos cuantos edificios condenados y solares vacíos llenos de maleza. Había olvidado todo menos mi propio nombre, quién era y a qué mundo pertenecía. Y no se equivocan aquellos que afirman que mi cordura murió ante el rostro radiante de unos sueños futuros inalcanzables. Sueños falsos, ¡pesadillas! Y entonces, en ese mismo lugar al que había acudido para ahorcarme, escuché una voz entre las sombras y los rayos de la luna. No era una voz tranquila y apaciguadora, sino más bien un suspiro articulado, un gemido fabulosamente elocuente. También observé un bulto con forma humana tirado en un rincón de aquella triste habitación que elegí como mi último refugio. Las piernas de la figura estaban torcidas sobre el suelo, como las de un lisiado, y los rayos de luna las atravesaban dejando el resto del cuerpo en total oscuridad… a excepción de los ojos, que brillaban como cristal tintado a la luz de la luna. Y aunque la voz parecía emanar de múltiples lugares a mi alrededor, sabía que era la voz de aquella pobre criatura que tenía ante mí, y que era la forma terrenal del Creador: un humilde maniquí de gran almacén. “Yo era el elegido, dijo. Yo debía llevar el mensaje que, como cualquier anunciación de las alturas, sería menospreciado o ignorado por la humanidad. Porque, en ese momento, pude leer claramente las señales que habían estado presentes por todas partes en el mundo desde el principio. Ya había percibido muchas de las huellas y presagios, las profecías, y sabía que eran inspiradas pistas que el Creador había dejado, revelando prematuramente la naturaleza de Su mundo y Su verdadero destino. Y sentí el aura sagrada que irradiaba de la contraída figura del rincón, y entendí las escrituras del Gran Diseño. “Estaba escrita con los jeroglíficos de las cosas humildes, humildes hasta el punto de la burla. Todas las cosas desamparadas y patéticas, todas las cosas desoladas y polvorientas, todas las cosas ilegítimas, las cosas arruinadas, las cosas fracasadas, todas las apariencias imperfectas y restos deteriorados de lo que arrogantemente nos dignamos en llamar la Realidad, en llamar… Vida. En resumen, el reino de lo irreal en su totalidad –donde Él habita- es lo que Él ama sobre todas las cosas de este mundo. ¿Y no hemos estado todos en alguna ocasión frente a frente con este reino bendito? ¿No recuerdan ustedes haber viajado por una carretera desierta y encontrar algo como un antiguo parque de atracciones: una colección desolada de cabinas rotas y tiendas de lona hundidas que pudieron ver fugazmente a través de la alta arcada de la entrada, con colores de arco iris desvaído? ¿No les pareció como si hubiera acontecido una gran catástrofe dejando tan sólo materia sin vida enmoheciendo en silencioso anonimato? ¿Y sintieron alguna vez tristeza al ver un lugar de alegría en tiempos pasados ahora yaciendo en su tumba? ¿No intentaron revivir en sus mentes los vivos colores y los rostros sonrientes? Todos hemos hecho estas cosas, todos hemos intentado resucitar a los difuntos. Y es precisamente al hacerlo cuando nos hemos apartado de la ley y la verdad del Creador. Si estuviéramos en armonía con Él, al contemplar una escena de prosperidad tan sólo percibiríamos en ella ruinas y fantasmas de marionetas. Estas cosas, damas y caballeros, son las que alegran Su corazón. También esto me lo ha confiado a mí. “Pero el gusto del Creador por lo irreal precisa que en primer lugar exista algo real que luego se marchite hasta convertirse en ruinas, hasta fracasar gloriosamente. Y de ahí que exista… el Mundo. Extiendan esta premisa hasta su conclusión lógica y ¿qué obtienen? -¡telón!-: el Gran Diseño del Creador”. Thomas Ligotti, ‘Demente velada de expiación. Un cuento del futuro’ (de ‘Noctuario’, editorial Valdemar)

    Hace 2 años 5 meses

  3. Godfor Saken

    “A person who adheres to classical 19th- or 20th-century beliefs about the nature of matter, will not be able, fully, to accept the revisions in building practice that I have proposed, because the revisions will remain, for that person, too disturbingly inconsistent with the picture of the world. The old world-picture will constantly gnaw at our attempts to find a wholesome architecture, disturb our attempts, interfere with them—to such an extent that they cannot be understood or used successfully. Unless our world-picture itself is changed and replaced by a new picture, more consistent with the felt reality of life in buildings and in our surroundings, the idea of life in buildings itself (even with all its highly practical revisions in architectural practice) will not be enough to accomplish change.” -Christopher Alexander, ‘The Luminous Ground’ (Book Four of The Nature of Order. An Essay on the Art of Building and the Nature of the Universe)

    Hace 2 años 5 meses

  4. Godfor Saken

    "Lo primero que me pregunto cuando algo no me parece bello es por qué pienso que no es bello. Y pronto descubro que no hay razón". John Cage.

    Hace 2 años 5 meses

  5. Godfor Saken

    "Como vivimos en una cultura tan dominada por la mente, la mayor parte del arte moderno, la arquitectura, la música y la literatura están privadas de belleza, de esencia interior, con muy pocas excepciones. La razón es que las personas que crean este arte no pueden —ni siquiera por un momento— liberase de sus mentes. Así que nunca están en contacto con ese lugar donde la verdadera creatividad y belleza surgen. La mente abandonada a sí misma crea monstruosidades, y no sólo en las galerías de arte. Miren nuestros paisajes urbanos y nuestros desiertos industriales. Ninguna civilización ha producido tanta fealdad." Eckhart Tolle, ‘El Poder del Ahora’.

    Hace 2 años 5 meses

  6. Godfor Saken

    "esa querencia por lo feo atraviesa todo y nos convierte en brutos que se gritan". Muy bueno eso. Muy bueno todo el artículo. Da en el clavo.

    Hace 2 años 5 meses

  7. Cholo

    Si quieres feismo, vente a Galicia.

    Hace 2 años 5 meses

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