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JUAN ANTONIO MARÍN / POETA

“Yo acostumbro a buscar la poesía en todo”

Luis Mengs 24/10/2018

<p>Juan Antonio Marín. </p>

Juan Antonio Marín. 

L.M.

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La cita con Juan Antonio Marín (Madrid, 1968) es en la Filmoteca de Madrid a la hora del vermú. Aparece tras un largo retraso, asuntos médicos –que mejor no te cuento, problemas míos, de mal diseño-. Camisa  bien planchada, entre despistado y discreto en sus movimientos, no precisamente felinos, saluda.

Tuve una gata, me la regalaron, pero se volvió loca. Acabé defendiéndome de ella con una silla, como un domador de leones… Vivir conmigo encerrada en un piso y comer kikos no ayudaba. Sonora carcajada. 

La última nos vimos aquí en una cola

Siiiii, yo venía a ver una del de Ciudadano Kane. Duda…ese... ese. Orson Welles. 

El poeta en el cine

Yo acostumbro a buscar la poesía en todo, si te paras a degustar los diálogos, las voces en off, ahí puedes encontrarla, aunque no tenga los versos y las sílabas contadas. El arte lo que hace es buscar el arte donde no pensamos que está. Poesía hay en el lenguaje vulgar, en el conversacional, en el cine, por qué no. En las cosas más cercanas, tan cotidianas que nos parecen obvias. Pero si te paras a verlas como un niño, están llenas de matices que perdemos en nuestra vida autómata.

Así arranca Juan Antonio y se nos presenta

Mis estudios me llevaron hasta FP, por extracción social y azares de la vida y por circunstancias, a trabajar en el metal; rodamientos, blindajes, piezas para la industria. Quería estudiar pero entre el trabajo y la poca fuerza moral que tenía pues no me dio para más, me matriculé en filología inglesa y lo dejé. 

Me gustaba hacer las redacciones que nos mandaban en el colegio, y ya a los 17 o 18 empecé a leer con vocación y pasión y paralelamente a intentar escribir. Walt Whitman, Lorca, Neruda...

Para mi camino en la literatura quise buscar en la vanguardia un lenguaje propio. El primer padre que me busqué fue Andrè Breton y su manifiesto surrealista, de ahí llegué a los españoles, Lorca, Aleixandre, que volcaban en esa corriente de conciencia digamos un cierto control, un esfuerzo por llevar esa anarquía del cerebro hacia un sentido emocional o misterioso. Yo empecé buscando esos abismos del inconsciente y del surrealismo e intentando que ese discurso representara algo de mis emociones, pero como el resultado era tan abstracto pensé que quizás me haría más comprensible si observaba la realidad, si me proyectaba hacia afuera en vez de hacia adentro. Esa es la idea, encontrar ese lirismo en el exterior, tu propia mirada, tu intimidad en los otros, en la realidad.

Marín sabe retratar con emoción actos simples, consuetudinarios.

todos somos insignificantes, poco más que una persona sentada en un bordillo comiéndose una naranja

Hay una cierta deliberación en el sentido de reivindicar esas personas más humildes. Al fin y al cabo esa es la condición humana, todos somos insignificantes, poco más que una persona sentada en un bordillo comiéndose una naranja. Por muchos millones, muchos premios o éxitos que tengas en la vida eres poca cosa. Los humildes me parecen un buen punto de partida para retratar la condición humana, aparte hay un cierto espíritu político en eso.

¿Lo tienes?

Sí, aunque desde la práctica es más difícil defender eso que desde la poesía, donde es más clara esa mirada, donde uno puede identificarse con lo que retrata. Aunque existe el riesgo de utilizar esa postura política como una pose, para señalarse a uno mismo como defensor de los oprimidos, de los débiles, o se cae en la obviedad, en decir lo que todos ya sabemos. A menudo, tras el mensaje pretendidamente social, sentimos al poeta señalándose a sí mismo. O percibimos en el poema intimista una palpitación universal; las cosas no suelen ser tan sencillas como quisiéramos. 

¿Cómo es tu protocolo de trabajo?

Soy bastante anárquico, escribo cuando siento el deseo o la energía necesaria de jugar con las palabras, de evocar cosas. No tengo horarios ni nada parecido. La disciplina la aplico a saber discernir cuándo necesito escribir y cuándo no. Es como los gatos, si no quieren dejarse acariciar hay que dejarlos. Me gusta escribir con estilográfica que es un pequeño lujo al alcance de casi todos.

¿Cuándo das un poema por terminado?

Soy más partidario de la inspiración, lo crucial que es el encuentro con el momento, el trazo. Como cuando alguien hace una firma, la hace de un golpe, de a poquitos y rectificando es imposible. Una vez hecho el poema de un tirón caben siempre las rectificaciones para evitar rimas indeseadas o errores en el ritmo. Me fío más de la inspiración aunque siempre se pueden retocar los poemas, todo es susceptible de ser perfeccionado.

¿Te gusta releer tus poemas?

Sinceramente, no me gustan la mayoría de ellos, aunque después de escribirlos paso una temporada recreándolos en la memoria. El primer libro lo memoricé entero. Pero cuando pasa un tiempo me resultan ajenos y mediocres en general, la verdad.

¡Hombre! ¿mediocres?

Quizá podría rescatar una antología de los seis libros que tengo con algunos poemas que me convencen, pero no sé, no soy condescendiente conmigo mismo, prefiero mirar hacia adelante.

Me parece que la esencia del poeta que eres ya está en tu primer libro, uno encuentra allí todos tus trazos que luego has repartido por los otros cinco.

Sí, para bien y para mal, –vuelve a reír–.

Yo, lo que veo es el dolor como semilla de donde suele surgir mi poesía, pero tengo la sensación de que hay en esos poemas un cierto victimismo, un derrotismo. A la poesía, nada humano le debe ser ajeno. Pero una cosa es describir el dolor y otra rendirse ante él.

Hace unos años decidí que hay que mantener una actitud de afirmación de la vida, aunque estés relatando ese dolor, como dice Valente, 

“Aunque sea ceniza lo único que tengo

 lo proclamo, ceniza.”*

Puedes defender tu poesía por sus buenas imágenes, por sus logros rítmicos o lo que quieras, pero si no hay esa afirmación de la vida lo demás no vale. Intento corregir ese vicio.

Has citado a Valente y también se te ha emparentado con Claudio Rodríguez, para muchos el mejor poeta español de la segunda mitad del XX.

En Valente encuentro dos partes, el de los primeros libros y el de los últimos con dos poéticas muy diferentes. Con los últimos no me identifico mucho, la verdad, sí con los primeros. Y Claudio Rodríguez sea quizá el poeta que más me ha influido, en la concepción del ritmo y en la mirada sobre las cosas, sobre todo.

Las estaciones de tren se repitan mucho en tus obras-¿Qué te resulta en ellas tan inspirador?

Nunca lo había pensado, ahora que lo dices creo que es un espacio público donde a la vez se puede percibir la soledad de una forma especialmente intensa, se puede observar a los demás, entrar en sus vidas, imaginarlas, y al mismo tiempo sentirse uno muy solo. Es un lugar de acogida civil, de soledades que une el azar. Ahí vale todo, todos somos iguales en nuestras diferencias. Estamos igualmente esperando.

Sospecho que no eres muy viajero.

Prefiero el viaje interior, cambiar la mirada antes que el paisaje

Antes más, últimamente soy hasta un poco turismofóbico. Es un horror lo que se hace, tanta energía gastada en aviones, tanta contaminación…la gente cree que está haciendo algo muy importante yendo a Nueva York o a París a tomar un café en un Starbucks. Lo que sí me gusta es la idea del flaneur, el que recorre la ciudad con espíritu contemplativo, y eso se puede hacer muy bien sin salir de Madrid y sus extrarradios. Prefiero el viaje interior, cambiar la mirada antes que el paisaje.

Un verso tuyo dice que el primer viaje en avión lo hiciste a los 40 años

Pues sí, hmmm, solo casualmente. Hay que tener cuidado de no extrapolar lo que se dice en los poemas en primera persona a la vivencia del poeta. Un poco antes de los cuarenta sería.

¿Qué lees, compras muchos libros?

Voy a las bibliotecas, exploro en internet, visito librerías y me dejo aconsejar. Me suscribí a una pequeña editorial, Kriller 71, y mis amigos de Polibea, otra francotiradora, también me aportan cosas nuevas, pero no me siento demasiado bien informado. Es tal la exuberancia de poetas y de poéticas diferentes que uno se siente desbordado, quizá para bien, para no tener la necesidad de seguir ningún canon, ningún criterio hegemónico ni tampoco ir contra él.

¿Cómo vives los premios?

Cuando me concedieron el Adonais pensé que eso sería importante y me daría más presencia en la sociedad literaria o algo así, pero fue bastante poco relevante, aunque me abrió algunas puertas que seguramente han sido cruciales. Desde entonces los tomo como una posibilidad de publicar los libros y poco más. 

Repasamos uno a uno sus libros. A El horizonte de la noche, premio Adonais 1992 ya nos hemos referido. En el 98 publica Como se nombra el agua.

Intenté depurar un poco el estilo del primero, que encuentro un poco inmaduro; no veo gran evolución entre ellos pero estaba ya luchando contra ese vicio derrotista del que he hablado. Con el tercero, El mundo convocado, 2002, Premio Ciudad de Cáceres, sí veo un cambio, aquí intento volcar la mirada hacia fuera y evitar ese solipsismo tan típico del poeta.

Luego vino Ciudad iluminada (2007); aquí me incliné por la prosa poética, que era lo que escribía en mis inicios, escritura automática, y busco esa mezcla entre lo revolucionario del surrealismo y lo revolucionario de lo social, entre lo realista y lo visionario. Poesía social desde la comunión, no desde la distancia del que ve algo ajeno con lo que se solidariza. Es con mucho mi libro más social.

Yo he vivido en la tierra(2011) es una vuelta a la intimidad pero buscando la concisión y la poesía como conocimiento, como destello del lenguaje que sale al encuentro de lo racional, lo reflexivo, asumiendo lo radicalmente personal como parte inalienable de lo social. 

Por último La noche y su perdón, (2014), Premio Nacional de Poesía José Hierro, ¿tal vez tu libro más completo?

Qué va, completo no hay nada.  Intento ir sumando poco a poco e ir haciendo un mapa de mis preocupaciones y mis inquietudes, algunos de este volumen están escritos antes que los publicados en el libro anterior.

¿Cómo pastoreas los poemas entonces, como haces esa selección?

Es que yo me siento más escritor de poemas que de libros, suelo sentarme a escribir sin una idea clara de lo que quiero hacer dejando que sea el momento el que decida lo que surge…muchas veces no surge nada, pero bueno. Luego los agrupo según criterios que veo a posteriori, y que también pueden motivar nuevos textos. También hay poemas, y libros premeditados.

Lo último que me has enviado, inédito…Sonetos para Elena, una comedia romántica. Dices que es un divertimento, ¿y qué más?

Normalmente no hubiera estado tan loco como para competir con Lope de Vega o Quevedo en escribir sonetos. Cambié las normas del soneto para que fuera un poco más fácil y para no medirme con estos caballeros, además de introducir el humor para quitarle seriedad al asunto, para desdramatizar algunos poemas muy dramáticos, como algunos de aquellos autores del siglo de oro, y para desvincularme de aquello sin dejar de recrearlo. Empezó como un juego y luego descubrí algunas cosas muy mías y emocionantes ahí y pensé que sería bueno publicarlo aunque solo sea para los amigos. Pero uno no sabe lo que más va a gustar, a veces los artistas escriben sin pretensiones y logran sus mayores éxitos. Me gusta pensar que Cervantes empezó el Quijote como una gamberrada y eso es lo que es este libro, salvando las distancias.

Don Miguel nos perdone. Cerca de la calle que lleva su nombre y donde al parecer vivió nos vamos hambrientos a comer un buen menú, una olla de algo más vaca que carnero.

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*y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.

Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora

Autor >

Luis Mengs

Luis Mengs es realizador. Algunos de sus trabajos se han proyectado en museos como el Thyssen-Bornemisza de Madrid, Bellas Artes de Bilbao, Fundación Telefónica, Reina Sofía, Nagasaki Prefectural Art Museum, Public Library de Nueva York y el Palacio de Carlos V en Granada. Desde 2015 dirige con mano de hierro una empresa de un solo empleado.

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