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Edurne Pasaban / alpinista

“La montaña es un mundo de hombres pero nunca he sufrido el machismo”

Gorka Castillo 17/10/2018

<p>Edurne Pasaban.</p>

Edurne Pasaban.

E.P.

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Saber que Edurne Pasaban (Tolosa, 1973) regresa al Himalaya ha sido una sorpresa inesperada. Como lo sería la vuelta a la competición de Usain Bolt o que Carolina Marín anunciara su retirada. Pero hay una diferencia: Pasaban representa la aventura y fue una pionera. Cuando el 17 de mayo de 2010 puso sus dos pies sobre la cresta del Shisha Pangma se convirtió en la primera mujer en hollar las 14 cumbres más altas de la Tierra. Pero al bajar de aquel infierno todo cambió. Los fantasmas personales la arrastraban al abismo de la depresión. Ecos de silencio. Desapareció de los focos y desdeñó la fama de su hazaña. Años de reconstrucción por delante para saborear el placer de la maternidad que tanto había soñado. Lo logró y ahora regresa a la cordillera fantástica por otra cuestión vital: difundir la situación en la que viven las mujeres de la región nepalí de Bajhang, un patriarcado hinduista que las trata como ganado cuando tienen la menstruación.  Por eso ascenderá al Monte Saipal, de 7.031 metros. Por eso y por las cuatro jóvenes nepalíes que la acompañan dispuestas a desenmascarar al poder que las humilla. Edurne Pasaban, ojos grandes, sonrisa dulce y físico compacto, está feliz ante su nuevo desafío. 

Vuelve al Himalaya ocho años después de convertirse en la primera mujer en coronar las 14 cimas más altas de la tierra. ¿Por qué tanto tiempo?

En realidad vuelvo con una gran expedición porque al Himalaya he estado yendo estos años aunque a montañas no tan altas, de 6.000 metros. Y el motivo es que he estado disfrutando de otras cosas como ser madre, lo cual me costó mucho porque ha sido todo un reto en mi vida. Pero ya han pasado 18 meses de aquello y cada cosa tiene su tiempo. Es cierto que ha influido mucho el proyecto con las mujeres nepalíes, que es muy interesante, y ante esta conjunción de astros creo que ha llegado el momento de regresar.

¿Cuánto ha cambiado su vida desde que aquel 17 de mayo de 2010 coronó el Shisha Pangma y entró en los libros de historia del alpinismo?

Ha cambiado mucho. Entonces, tenía muy claro el objetivo: convertirme en la primera mujer en subir las 14 montañas más altas de la tierra. Tenía que hacer cumbre. A partir de ahí ha nacido mi hijo Max y eso ha modificado muchas cosas de mi vida. Ya no tengo ambición por las grandes cimas y mi ansia por superar retos se ha rebajado bastante. Quizá me he vuelto más responsable y me han surgido miedos que desconocía. Ya no temo sólo por mi vida sino que quiero ser madre durante mucho tiempo. Tengo tan interiorizada mi maternidad que he llegado a la conclusión de que si hubiera tenido a Max durante el reto de los ochomiles no los hubiera terminado. Las expediciones me aportan una enorme energía pero mi hijo es más importante. Las prioridades han cambiado y voy con otra filosofía a la montaña.

Durante su etapa competitiva llegó a bordear el abismo y necesitó ayuda para superar las contradicciones que le producía la vida que había elegido. 

Tenía 31 o 32 años y mi entorno tenía una vida completamente diferente. Mis relaciones no iban del todo bien porque pasaba casi seis meses al año fuera de casa. Llegué a plantearme si intentar aquello era realmente bueno para mi, si merecía la pena, porque regresaba del Himalaya y me sentía sola. Entré en una depresión bastante grande y tuve que buscar ayuda especializada.

¿Es difícil convivir con la popularidad mientras en soledad se lidia una batalla interna?

Vivimos en una sociedad que sigue siendo tradicional, donde los roles están repartidos

Sí. Es muy contradictorio dedicarte a algo tan diferente a lo que hace el resto de tu pequeño mundo. Todo esto afecta a tus relaciones personales y no sabes cómo gestionar deseos tan fuertes que, en mi caso, era el de ser madre. Desde fuera todos me veían como una persona exitosa, que había cumplido sus sueños pero por dentro pensaba: ¿estoy preparada para asumir todo lo demás? Uff. Vivimos en una sociedad que sigue siendo tradicional, donde los roles están repartidos. A mi me influía mucho. Me costó mucho entenderlo pero ahora estoy muy tranquila con lo que hago y con lo que tengo. 

Y regresa al Himalaya para escalar el Monte Saipal, de 7.000 metros, con cuatro mujeres nepalíes. ¿Cuál es el objetivo?

Que se conozca la situación social que viven las mujeres de la región de Bajhang, en el noroeste de Nepal, una zona aislada y alejada de la frontera del Tíbet. Aquí, la religión dominante es el hinduismo y las mujeres viven completamente discriminadas, sometidas a unas tradiciones ancestrales que sigue practicando el “chaupadi”, una costumbre que obliga a las mujeres a permanecer fuera de casa durante la menstruación para preservar la pureza del hogar. Muchas de ellas son enviadas a cobertizos destinados a los animales, otras directamente a la calle. Algunas fallecen por las bajas temperaturas invernales. Tampoco tienen poder de decisión. Las niñas son entregadas en matrimonio antes de cumplir los 15 años de edad, y aquellas que no traen al mundo un niño varón son repudiadas por la familia. La madre de una de las cuatro chicas de la expedición sufrió este estigma porque tuvo cuatro hijas. Su comunidad decidió desterrarla porque cree que está maldita. 

Pero la fama de los sherpas nepalíes es su afabilidad extrema. ¿Cómo encajan una expedición femenina?

pensamos que subiendo al Monte Saipal con cuatro mujeres de estas comunidades pueda provocar un punto de inflexión social en la región. El cambio deben hacerlo ellas mismas

Los sherpas son de otra zona de Nepal donde se practica el budismo. Allí la mujer tiene reservado un papel vertebrador en la comunidad. Nada que ver con lo que sucede en Bajhang. Aquí, las mujeres tienen prohibido acercarse a la montaña porque es donde habitan sus dioses y pueden enviar un mal presagio a la comunidad si permiten que una de nosotras, impura, se adentre en una escalada. Por eso pensamos que subiendo al Monte Saipal con cuatro mujeres de estas comunidades pueda provocar un punto de inflexión social en la región. El cambio deben hacerlo ellas mismas.

¿Cómo afrontan ellas ese doble reto de escalar un 7.000 y denunciar su discriminación?

Son cuatro mujeres muy especiales. Una perdió a su padre cuando era muy jovencita y su familia no tuvo ninguna ayuda del pueblo. Otra fue guerrillera maoísta. En fin. Son cuatro chicas fuertes que han vivido la discriminación en carne propia. Nuestra gran pregunta es cómo nos recibirán en los pueblos que atravesemos en la ruta hacia el campamento base. Lo digo porque es una remota zona de Nepal que hasta ahora ha estado aislada

¿Cómo conoció la situación de estas mujeres?

A través de mi fundación y de SOS Himalaya, que tiene un hospital en la zona del monte Makalu. Allí conocimos a un nepalí hindú que había desarrollado un proyecto con chicas que jugaban al fútbol. Hizo un equipo femenino en 2010 y a través del deporte se produjo un cambio de mentalidad increíble en las comunidades. Tan importante fue esta transformación que una de las chicas del equipo, Sunakali, es hoy el referente de infinidad de niños. Todos quieren jugar al fútbol como Sunakali, incluidos los varones. Ahí surge la conexión. Y ahora vamos a ver si podemos hacer lo mismo en otra zona del país.

En algunas regiones de Nepal sigue vigente la leyenda de que el montañismo está reservado a los hombres, no a las mujeres.  

Si, recuerdo que cuando fui en 2004 al K-2 me comentaban que esa leyenda era cierta porque las mujeres que habían ascendido y descendido esa montaña habían muerto en otra expedición. Algunos periodistas me las contaban y yo alucinaba. ¡Por dios, pero cómo me podéis contar esto!  ¡A donde voy! (risas) Al Monte Saipal lo identifican con la casa donde vive una de las diosas más importantes de la religión hinduista. Mira qué contradicción: adoran a diosas pero maltratan a las mujeres. Fuerte, ¿no?

Si se repasa la lista de las 40 personas que han hollado las 14 cimas más altas de la Tierra sólo aparecen tres mujeres: la austriaca Kaltenbrunner, la italiana Nives Meroi y usted. ¿Tan machista es la montaña?

Es un mundo totalmente de hombres, es cierto, pero la montaña no entiende de sexos. Somos nosotras las que tenemos que romper esa estadística

Es un mundo totalmente de hombres, es cierto, pero la montaña no entiende de sexos. Somos nosotras las que tenemos que romper esa estadística. Luego hay un factor determinante sobre todo en alta montaña. En este deporte es fundamental la experiencia y una madurez física y mental que se alcanza cuando ya eres algo mayor, con 30 años. A esa edad, las mujeres estamos más influenciadas que los hombres en la necesidad de crear una familia, tener hijos. No es algo impuesto pero sí que, de alguna forma, estamos presionadas para hacerlo. El entorno te atrapa y hace que no sigas en esto. También influye que es un deporte minoritario y que vivir de escalar montañas es muy difícil. Sin embargo, siempre digo que no he sufrido el machismo en la montaña y mis compañeros me han tratado como una más en las expediciones.

¿Conoce a Luo Jing?

¿A quién? ¿A la escaladora china que dice haber completado los 14 ochomiles?

Si. Hay testimonios que aseguran que miente.

Pues no sé qué decir, la verdad. Probablemente lo haya hecho empujada por la presión de su propio país, de sus patrocinadores o por un cúmulo de todo. El día que leí la noticia no sabía ni quién era porque empezó a escalarlos al año siguiente de que yo los terminara. Pero, bueno, con la edad que tiene podía haber reconocido que no había podido esta vez con el Shisha Pangma y que volvería en otra ocasión.  

¿Es otra prueba de que la ética de escalar estas grandes montañas, sin oxígeno artificial ni cuerdas fijas, se está perdiendo?   

Sí. El Manaslu, el Everest, etc, empiezan a perder su esencia por las expediciones comerciales y los turistas. Y eso es irresponsable porque el peligro es total.  Hoy puedes ir al campo base del Everest y encontrarte con gente que no sabe ni ponerse los crampones a la entrada del glaciar de Khumbu. Eso lo he visto yo. 

¿Se siente feliz?

Me siento equilibrada. Si me llegas a preguntar eso hace unos años te hubiera dicho que no pero hoy me siento feliz con mi vida. Creo que lo más importante es elegir lo que hacemos. El hecho de irme un mes a Nepal es un reto que afronto gracias a mi pareja, al padre de mi hijo. Es un trabajo en tándem.

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