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La tragedia de los (bienes) comunes: cómo Elinor Ostrom resolvió uno de los mayores dilemas vitales

Desgraciadamente, los principios básicos son inexistentes en algunos grupos, como barrios desfavorecidos y escuelas públicas

DAVID SLOAN WILSON 10/10/2018

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Como biólogo evolucionista doctorado en 1975, crecí con el ensayo de Garrett Hardin “La tragedia de los comunes”, publicado en la revista Science en 1968. Su parábola de los campesinos que añaden demasiadas vacas al pasto común captaba la esencia del problema que pretendía resolver el trabajo de investigación que realizaba para mi tesis. El granjero que añadía una vaca adquiría ventaja respecto al resto de granjeros de su localidad, pero también provocaba la explotación excesiva del pasto. El mundo biológico está lleno de ejemplos similares en los que individuos que actúan en beneficio del grupo salen perdiendo en la lucha por la subsistencia con otros individuos que actúan más en interés propio y que provocan la sobrexplotación de los recursos y otras tragedias vinculadas a falta de cooperación.

¿La llamada tragedia de los comunes se ha evitado alguna vez en el mundo biológico y podría esta posibilidad proporcionar soluciones a nuestra propia especie? Un escenario verosímil es la selección natural entre los grupos. Un granjero egoísta puede ganar ventaja respecto al resto de granjeros de su localidad, pero una localidad que de alguna forma lograra resolver la tragedia de los comunes ganaría una ventaja decisiva respecto a otras localidades. La mayoría de las especies se subdividen en poblaciones locales a escalas diferentes, al igual que los humanos se subdividen en pueblos, ciudades y naciones. Si la selección natural entre los grupos (que favorece la cooperación) puede oponerse con éxito a la selección natural dentro de los grupos (que favorece la ausencia de cooperación), la tragedia de los comunes puede evitarse del mismo modo en los humanos que en las especies no humanas.

En la época en que Hardin publicó su artículo y yo trabajaba en mi tesis, esta posibilidad se había considerado y en gran medida se había rechazado. Un libro titulado Adaptation and Natural Selection, escrito por el biólogo evolucionista George C. Williams y publicado en 1966, estaba en camino de convertirse en un clásico moderno. Williams describía la selección entre grupos como algo teóricamente posible pero prácticamente siempre débil comparado con la selección dentro del grupo. Según afirmaba, los intentos de explicar las adaptaciones evolutivas “por el bien del grupo” reflejaban un pensamiento poco riguroso e iluso. El artículo de Hardin reflejaba el mismo pesimismo respecto a la posibilidad de evitar la tragedia de los comunes que no fuera mediante la regulación jerárquica. Mi interés en reconsiderar la verosimilitud de la selección de los grupos me situó en un grupo muy pequeño de heréticos (véase Okasha 2006, Sober y Wilson 1998, Wilson y Wilson 2007, y Wilson 2015 para más información sobre la controversia de la selección de los grupos, que en mi opinión hoy en día prácticamente se ha resuelto). 

El giro individualista de la teoría evolutiva coincidió con giros individualistas en otras áreas del pensamiento. La economía de las décadas de posguerra estaba dominada por la teoría de la elección racional, que empleaba el interés propio de los individuos como un gran principio explicativo. Las ciencias sociales estaban dominadas por una postura conocida como individualismo metodológico, que trataba todos los fenómenos sociales como algo reducible a los fenómenos a nivel individual, como si los grupos no fueran unidades de análisis legítimas por derecho propio (Campbell 1990). Y la Primera Ministra del Reino Unido Margaret Thatcher se hizo célebre por decir en un discurso que ofreció en 1987 que “no existe tal cosa como la sociedad; solo individuos y familias”. Era como si la cultura en su totalidad se hubiera hecho individualista y las teorías científicas formales estuvieran siguiendo el mismo camino obedientemente.

Sin yo saberlo, otra herética llamada Elinor Ostrom también estaba retando la creencia popular en su campo de las ciencias políticas. Empezando por su trabajo de investigación para su tesis que versaba sobre la forma en que un grupo de interesados del sur de California pergeñaron un sistema para gestionar sus aguas subterráneas, y culminando con su estudio de alcance mundial sobre grupos que comparten recursos de uso común, el mensaje de su trabajo era que los grupos son capaces de evitar la tragedia de los comunes sin necesidad de recurrir a la regulación jerárquica, al menos si se reúnen ciertas condiciones (Ostrom 1990, 2010). Resumió las condiciones en forma de ocho principios básicos: 1) Definición clara de las limitaciones; 2) Establecimiento de equivalencias proporcionales entre beneficios y costes; 3) Acuerdos consensuados colectivamente; 4) Monitorización; 5) Sistema graduado de sanciones; 6) Resolución rápida e imparcial de conflictos; 7) Autonomía local; 8) Relaciones adecuadas entre los diferentes niveles de autoridad normativa (gobierno policéntrico). Este trabajo fue tan revolucionario que Ostrom recibió el Premio Nobel de economía en 2009. 

Conocí a Lin (como prefería que la llamaran) tan solo unos meses antes de que recibiera el premio en un seminario que tuvo lugar en Florencia, Italia, titulado “¿Evolucionan las instituciones?”, descrito en Wilson 2011a. En 2009 tuvieron lugar eventos similares en todo el mundo para celebrar el 200 aniversario del nacimiento de Darwin y el 150 aniversario de El origen de las especies. La teoría de la selección a varios niveles, que concibe la selección natural funcionando en una jerarquía de unidades a varios niveles, se había aceptado de una forma más generalizada para entonces, especialmente en lo referente a la evolución cultural humana, por lo que fui objeto de gran demanda como conferenciante. Yo también había cofundado un comité de expertos llamado Evolution Institute que formula políticas públicas desde una perspectiva evolutiva, lo que hacía que estuviera muy interesado en el tema del taller. En cierto modo me había familiarizado con el trabajo de Lin, pero tener la oportunidad de hablar con ella largo y tendido tuvo un efecto transformador en mí.

Enseguida me di cuenta de que el enfoque del principio básico esencial de Lin encajaba con la teoría de la selección a varios niveles en la que tanto habíamos trabajado mis colegas heréticos y yo para resucitarla. Su enfoque guardaba especial relación con el concepto de grandes transiciones evolutivas mediante las cuales los miembros de los grupos se hacen tan colaborativos que el grupo se convierte en un organismo de nivel superior por derecho propio. Esta idea la propuso por primera vez la bióloga celular Lynn Margulis (1970) para explicar cómo las células nucleadas evolucionaron a partir de asociaciones simbióticas de bacterias. Después se generalizó durante la década de 1990 para explicar otras transiciones importantes, como el aumento de las primeras células bacterianas, los organismos multicelulares, las colonias de insectos eusociales y la evolución humana (Maynard Smith y Szathmary 1995, 1999). 

Las sociedades de cazadores-recolectores son notoriamente igualitarias, no porque todo el mundo sea bueno, sino porque los miembros de un grupo pueden eliminar de forma colectiva el acoso y otros comportamientos de autoengrandecimiento dentro de sus filas: el criterio para definir una transición evolutiva importante (Boehm 1993, 1999, 2011). Con la competencia disruptiva dentro de los grupos en gran medida bajo control, el éxito como grupo se convirtió en la principal fuerza selectiva de la evolución humana. Todo el conjunto de rasgos considerados propiamente humanos –incluida nuestra capacidad para cooperar en grupos de individuos no emparentados, nuestra capacidad para transmitir información aprendida generación tras generación, y nuestra habilidad para el lenguaje y otras formas de pensamiento simbólico– se pueden considerar formas físicas y mentales de trabajo en equipo que se han hecho posible gracias a una importante transición evolutiva.

Los principios básicos (PB) de Lin tenían todos el sello inconfundible de una “importante transición evolutiva”. La definición clara de las limitaciones (PB1) significaba que los miembros sabían que formaban parte de un grupo y el propósito del grupo (por ejemplo, pescadores con acceso a una bahía o granjeros organizando un sistema de irrigación). La equivalencia proporcional de costes y beneficios (PB2) suponía que los miembros tenían que ganarse los beneficios y no podían simplemente apropiárselos. Los acuerdos consensuados colectivamente (PB3) significaban que los miembros del grupo tenían que ponerse de acuerdo sobre las decisiones de forma que nadie pudiera ser mangoneado. La monitorización (PB4) y el sistema graduado de sanciones (PB5) suponían que los comportamientos disruptivos y egoístas podían ser de detectados y castigados. La resolución rápida e imparcial de conflictos (PB6) significaba que el grupo no se desgarraría por conflictos de interés internos. La autonomía local (PB7) significaba que el grupo tenía espacio suficiente para gestionar sus propios asuntos. Las relaciones adecuadas entre los diferentes niveles de autoridad normativa (PB8) significaba que todo lo que regulara la conducta de los individuos dentro de un grupo determinado también era necesario para regular la conducta entre los grupos en una población de múltiples grupos.

La concordancia entre la estrategia del principio básico esencial de Lin y la teoría de la selección a varios niveles tenía tres implicaciones principales. En primer lugar, situó la estrategia esencial del principio básico en una base teórica más general. El marco del “Institutional Analysis and Development (IAD)” de Lin emanó de la ciencia política y fue una de las primeras personas que adoptó la teoría del juego económico, pero su principal argumento/case para la estrategia del principio básico fue la base de datos empírica que recopiló de los grupos que comparten recursos de uso común por todo el mundo, como describió en su libro más influyente El gobierno de los bienes comunes (Ostrom 1990). La teoría de la selección de varios niveles mostraba el modo en que la estrategia esencial del principio básico deriva de la dinámica evolutiva de la cooperación en todas las especies y de nuestra propia historia evolutiva como especie enormemente cooperativa.

En segundo lugar, a causa de su carácter general teórico, es probable que la estrategia esencial del principio básico se aplique a un espectro mucho más amplio de grupos humanos que los que tratan de gestionar los recursos de uso común. Casi cualquier grupo cuyos miembros deben trabajar juntos para lograr un objetivo común es vulnerable a comportamientos egoístas y debería beneficiarse de los mismos principios. Un análisis de los grupos empresariales, iglesias, asociaciones de voluntarios y vecindarios urbanos deberían arrojar los mismos resultados que el análisis de Lin de los grupos que comparten recursos de uso común.

En tercer lugar, la estrategia esencial del principio básico puede proporcionar un marco práctico para mejorar la eficacia de los grupos en el mundo real. Debería ser posible que cualquier tipo de grupo se evaluara a sí mismo con respecto a los principios básicos, subsanara las deficiencias y, por consiguiente, funcionara mejor. Esta posibilidad me resultó especialmente atractiva como presidente del Evolution Institute, puesto que participaba activamente en la formulación e implementación de políticas públicas desde una perspectiva evolutiva.

Lin me sirvió de estímulo para iniciar varios proyectos en paralelo. Uno fue colaborar con ella y su compañero de doctorado Michael Cox para escribir un artículo académico, “Generalizing the Core Design Principle for the Efficacy of Groups”, que establecía las tres implicaciones principales enumeradas anteriormente para un público académico (Wilson, Ostrom y Cox 2013). Michael fue el autor principal de un artículo de 2010 que evaluaba la estrategia esencial del principio básico para la literatura en grupos que comparten recursos de uso común que había reunido desde el primer análisis original de Lin (Cox et al. 2010). Nuestro artículo se publicó en un número especial del Journal of Economic Behavior & Organization titulado “Evolution as a General Theoretical Framework for Economics and Public Policy”. Tanto el artículo como el número especial pueden consultarse para obtener más información sobre el marco teórico que sustenta la estrategia del principio básico. 

Asimismo, empecé a utilizar la estrategia del principio básico en proyectos que implicaban trabajar con grupos del mundo real en Binghamton, Nueva York. Uno fue una colaboración con la ciudad de Binghamton y United Way del condado de Broome que se llamaba “Diseña tu propio parque”, que aprovechaba la oportunidad de convertir un espacio abandonado en un parque para el vecindario. Los grupos de vecinos que se formaron para crear un parque recibirían asesoramiento sobre los principios básicos y empezarían a gestionar los asuntos de su vecindario en otros aspectos. Este proyecto derivó en la creación de cuatro parques vecinales –y sus grupos– en nuestra ciudad (Wilson 2011b).

El segundo proyecto fue una colaboración con el distrito escolar de la ciudad de Binghamton para crear una “escuela dentro de una escuela” para jóvenes en riesgo llamada Regents Academy (Wilson, Kaufmann y Purdy 2011). Este fue nuestro proyecto más ambicioso y mejor documentado porque fuimos capaces de emplear la norma de oro de la evaluación científica, la prueba de control aleatorio, que asigna aleatoriamente a los participantes en un grupo experimental y un grupo de control para identificar las variables significativas que pueden afectar a los resultados. En la medida de sus posibilidades, Regents Academy implementó los ocho principios básicos esenciales y dos principios básicos auxiliares que se consideran importantes en un contexto de aprendizaje (una atmósfera relajada y lúdica y recompensas acorto plazo para objetivos de aprendizaje a largo plazo). Los alumnos de Regents Academy no solo superaron con creces al grupo de comparación, sino que incluso tuvieron un rendimiento similar al del alumno medio de escuela secundaria en el examen obligatorio del estado (véase Wilson, Kauffman y Purdy 2011 para más detalles). Este es un claro indicio de que la estrategia del principio básico se puede generalizar más allá de los grupos que comparten recursos de uso común y que se puede emplear como marco práctico para mejorar la eficacia de los grupos en nuestra vida cotidiana.

El tercer proyecto fue una colaboración con una serie de congregaciones religiosas de Binghamton para reflexionar sobre los principios básicos esenciales en relación con su fe y su organización social. Estas conversaciones no derivaron en un esfuerzo formal para modificar las prácticas, pero fueron muy valiosos para analizar el modo de entender el éxito de los grupos religiosos en relación con la estrategia de los principios básicos.

Todos estos proyectos fueron muy instructivos y confirmaron ampliamente la relevancia de la estrategia esencial del principio básico para cualquier grupo cuyos miembros deban trabajar juntos para alcanzar un objetivo común. También demostraron que, desgraciadamente, los principios básicos son inexistentes en algunos grupos, como barrios desfavorecidos y escuelas públicas. Es importante recordar que Ostrom fue capaz de derivar los principios básicos esenciales en grupos que comparten recursos de uso común porque variaban en el éxito a la hora de implementar los principios básicos. Algunos lo hacían bien sin necesidad de que los enseñaran, mientras otros lo hacían mal y podían beneficiarse de algún asesoramiento. Basándome en mis propios proyectos, llegué al convencimiento de que todos los grupos se enfrentan a problemas similares a la hora de implementar los principios básicos esenciales.

Tristemente, Lin murió de cáncer en junio de 2012. Estuve con ella tan solo unos meses antes en un seminario, “Normas como genotipos en la evolución cultural”, que organizamos en su Seminario de Teoría Política y Análisis de Políticas, en la Universidad de Indiana. Lin intentaba, de forma simultánea, cuidar de su anciano marido Vincent, satisfacer la demanda mundial de presentaciones, gestionar sus proyectos y cuidar de sí misma. Estoy muy agradecido de encontrarme entre los muchos que recibieron su influencia y orgulloso de contribuir a su legado ayudando a generalice la estrategia esencial del principio básico y ponerlo a disposición de cualquier grupo cuyos miembros deban trabajar juntos para alcanzar objetivos comunes.

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Adaptación de Patterns of commoning, coeditado por David Bollier y Silke Helfrich.

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DAVID SLOAN WILSON

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2 comentario(s)

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  1. Federico Aguilera Klink

    Con todo mi respeto, el autor sigue sin ver que el artículo de Hardin estaba profundamente equivocado pues confundía Bienes comunes con Bienes de libre acceso, en los que nunca habría sido posible hacer lo que sugiere Hardin, por otro lado, se equivoca también sobre la 'influencia nefasta' de Adam Smith. La tragedia, como señalo en mi artículo, consiste en la tragedia de la malinterpretación en economía y en la ausencia de claridad conceptual a la hora de leer, lo que genera más confusión. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=82859

    Hace 3 años

  2. Feministo

    ¡Gracias!

    Hace 3 años

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