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Elecciones en Bosnia-Herzegovina

El envite secesionista de Milorad Dodik

El serbobosnio parece resuelto a dar pasos hacia la independencia de la República Srpska. Pero antes debe imponerse en las elecciones del próximo domingo. Solo entonces se sabrá si va de farol o está lanzando un órdago

Marc Casals Sarajevo , 3/10/2018

<p>Milorad Dodik junto a Vladimir Putin, en una reunión en el Kremlin, en 2014. </p>

Milorad Dodik junto a Vladimir Putin, en una reunión en el Kremlin, en 2014. 

Presidencia Rusia

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“Organizaremos un referéndum y recuperaremos el nombre de Sarajevo Serbio”, tronaba en un mitin electoral Milorad Dodik, el político serbobosnio más influyente desde Radovan Karadzic. Las elecciones que se celebran en Bosnia el próximo 7 de octubre vienen envueltas en una atmósfera crispada, por tratarse del momento más delicado para el país balcánico desde la guerra que lo asoló hace dos décadas y media. Los motivos son la degradación del clima político, las crecientes alusiones de Dodik a una posible secesión y los rumores de que, para ello, podría contar con el apoyo de Rusia. 

El conflicto bélico que ha marcado la Bosnia actual se inició con su declaración de independencia respecto de Yugoslavia, defendida sobre todo por bosniacos [bosnio musulmán] y croatas, mientras la mayoría de serbios quería permanecer en el país. Después de tres años y medio de hostilidades que causaron la muerte de más de 100.000 personas, la comunidad internacional auspició los acuerdos de paz de Dayton, que intentaban conciliar de forma pragmática los intereses de las tres comunidades. 

El encaje de bolillos diplomático incluía la división del país en dos grandes entidades: la Federación, donde conviven bosniacos y croatas, y la República Srpska, de predominio serbio. El enrevesado sistema institucional que se implantó incluye una presidencia tripartita, en la que un bosniaco, un croata y un serbio se reparten la duración del mandato en turnos de ocho meses.

Esta solución provisional, tutelada por las grandes potencias, parecía dar resultados en la primera década de posguerra, durante la que Bosnia efectuó progresos para convertirse en un Estado viable. Sin embargo, el impulso reformista fue desfalleciendo y hoy el país se encuentra estancado, con una preocupante tendencia a la degradación. Los cabecillas nacionalistas de las tres comunidades comparten una misma estrategia, la de aprovechar la polarización que ellos mismos fomentan para pastorear al propio rebaño. De todos ellos, quien mejor ha sabido aprovechar las disfunciones de la Bosnia contemporánea es el líder serbobosnio Milorad Dodik.

En su primera llegada al poder en 1997, Dodik constituía la alternativa moderada en la República Srpska, por lo que se ganó el apoyo entusiasta de la comunidad internacional. Tras la caída de Radovan Karadzic, en busca y captura por el Tribunal de La Haya como responsable de crímenes de guerra, Dodik parecía un soplo de aire fresco en la política serbobosnia. El motivo era que estaba dispuesto a reconocer algunas de las atrocidades cometidas por el propio bando, colaborar en la estabilización de Bosnia-Herzegovina y marcar un perfil propio respecto al presidente de Serbia, Slobodan Milosevic.

La protección de Dodik por parte de la comunidad internacional llegó a tal extremo que, cuando el presidente de la República Srpska, Nikola Poplasen, se negó a nombrarlo primer ministro, fue reemplazado de manera fulminante por decisión del diplomático español Carlos Westendorp, en aquel momento Alto Representante de la comunidad internacional en Bosnia, con poderes plenipotenciarios. En el equipo de Westendorp en la época figuraba un jefe de gabinete veinteañero, prometedor y ambicioso llamado Pedro Sánchez que, con el tiempo, llegaría a la cúspide de la política española. 

La encarnación actual de Dodik empezó a manifestarse a partir del año 2006, en su segundo mandato como primer ministro de la República Srpska. Convertido en el político más poderoso y, a la vez, lesivo para Bosnia-Herzegovina, sus esfuerzos van dirigidos a sabotear cualquier avance hacia la estabilidad. El objetivo es presentar la disolución de Bosnia como algo inevitable, como si la disfuncionalidad fuese algo consustancial al país y no fruto de la tenaz acción socavadora de Dodik. Envalentonado ante la desidia de las potencias extranjeras, el político ahonda cada vez más en sus ofensas a la comunidad musulmana: durante años se ha referido a Sarajevo como “Teherán” y hace poco despreciaba el canto del muecín desde la mezquita como “un aullido”. Según el censo de 2013, en la República Srpska vive un 12,69% de bosniaco-musulmanes, cuyo futuro quedaría en el aire en caso de independencia.

Para separarse de Bosnia y conseguir la anhelada unión con Serbia, que augura para antes del fin del siglo XXI, Dodik necesita aliados internacionales. Por eso estrecha los vínculos de la República Srpska con Rusia, que parece satisfecha con sus agasajos. Desde principios de los años 2000, Rusia ha ido aumentando su presencia en los Balcanes, valiéndose de las inversiones en hidrocarburos, los lazos históricos entre cristianos ortodoxos y el carisma personal de Vladimir Putin.  

Con todo, los expertos discrepan sobre hasta dónde está dispuesta a llegar Rusia en su apoyo a Dodik. El politólogo bosnio-canadiense Jasmin Mujanovic denuncia que el líder de la República Srpska mantiene vínculos con paramilitares entrenados por Rusia en un supuesto “centro humanitario” situado en el sur de Serbia. Por contra, el académico búlgaro Dimitar Bechev, autor del libro Rival Power sobre la presencia rusa en los Balcanes, cuestiona que Putin tenga un interés especial en los Balcanes o una estrategia política elaborada para la región. Según Bechev, Rusia solo se dedica a aprovechar cualquier oportunidad que se le presenta para minar la influencia de la UE en Europa del Este, pero no está dispuesta a emplear grandes recursos para ello, lo cual aleja la posibilidad de un “escenario ucraniano”.

En su estrategia de recabar apoyos internacionales, el equipo de Dodik ha contactado con Steve Bannon, antiguo consejero áulico de Donald Trump, para integrarse dentro de su proyecto The Movement. En esta iniciativa de Bannon, diseñada para agrupar a los partidos populistas contrarios a la UE, Dodik encaja a la perfección tanto por su nacionalismo como por su retórica islamófoba. Animado por las coincidencias ideológicas que mantiene con Bannon, Dodik ha manifestado su convicción de que el segundo mandato de Donald Trump traerá la independencia de la República Srpska. Por su parte, Bannon, atraído por el caladero serbobosnio, ha asegurado a una televisión local que la influencia progresista en Bosnia se revertirá como está ocurriendo en Hungría o Italia.

Milorad Dodik mantiene subyugada a buena parte de la población de la República Srpska con una fórmula mezcla de demagogia nacionalista, redes clientelares y, cuando es necesario, intimidaciones y amenazas. Sin embargo, el  descontento latente por los abusos del poder ha encontrado un catalizador en las protestas para esclarecer la muerte de David Dragicevic, de 21 años de edad. Tras hallar el cadáver del joven en las afueras de Banja Luka, capital de la República Srpska, las autoridades intentaron dar carpetazo al asunto archivando el caso como suicidio. 

Sin embargo, no contaban con la firmeza de Davor Dragicevic, el padre de David. Convencido de que su hijo fue asesinado por individuos a los que encubre el gobierno, este “padre coraje” serbobosnio lidera una concentración diaria en la plaza mayor de Banja Luka que ha ido aglutinando a los descontentos con el régimen. Aunque, con su proverbial bravuconería, Dodik ha afirmado que “la escoba está preparada” para barrer a los manifestantes una vez gane las elecciones, Davor Dragicevic no parece dispuesto a amilanarse. Confrontado por Dodik en pleno centro de Banja Luka, proclamó a los cuatro vientos su determinación alzando la mirada hacia el cielo, mientras le gritaba a su hijo ausente: “¡David, iremos hasta el final!”.

La República Srpska surgió en reacción a un primer secesionismo, como una advertencia al gobierno de Bosnia: si ésta declaraba su independencia de Yugoslavia, se produciría una “secesión dentro de la secesión”. Aunque la entidad se reincorporó a Bosnia en virtud de los Acuerdos de Dayton, este objetivo jamás ha sido abandonado por los sucesivos líderes serbobosnios. De hecho, desde su propio nombre, la República Srpska intenta exhibir los atributos de un Estado, incluidos carteles de bienvenida y la bandera de la entidad para señalar las lindes de su territorio.

Por la mayoría social que se configuró mediante el asesinato y la expulsión de los no serbios durante la guerra, sumada a la llegada de serbios procedentes de la otra mitad de Bosnia, es probable que los resultados de un hipotético referéndum fuesen favorables a la independencia. En un marco geopolítico cambiante por el auge ruso y la imprevisibilidad de la Administración Trump, Milorad Dodik parece resuelto a dar pasos hacia la secesión de la República Srpska. Sin embargo, antes debe imponerse en las elecciones del próximo domingo y solo entonces se podrá comprobar si Dodik va de farol o bien lanza un órdago.

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1 comentario(s)

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  1. Luis Samuel Madrid

    Muy interesantes y de alto sentido critico, me parecen varios de estos articulos por este espacio dinfundido, respecto de la actualidad politica de los Balcanes, y de bosnia en particular. Es mas que util no dejar enterrada la historia anterior y reciente de pueblos, generalmente empujados hacia excluyentes nacionalismos, por la predica demagogica de no pocos de sus dirigentes. Seguire leyendo sus publicaciones seguramente, desde las tierras calientes de Venezuela.

    Hace 1 año 6 meses

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