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Imperios combatientes

Una guerra contra el proyecto chino

La ‘Nueva ruta de la seda’ es el único proyecto abierto, integrador, universalista y no basado en la lógica de la imposición del más fuerte que existe en el mundo de hoy

Rafael Poch 19/09/2018

U.S. Department of State

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Donald Trump ha lanzado esta semana aranceles por valor de 200.000 millones de dólares contra productos chinos que se suman a anteriores medidas. No tiene que ver con aluminio, ni coches, ni acero, como ocurre con Europa, sino que hay que leerlo como una exigencia de que China renuncie a su ascenso al estatus de gran potencia. Y esa exigencia está respaldada militarmente. Es decir, la guerra comercial que Washington ha declarado tiene grandes posibilidades de ser un prolegómeno de una guerra propiamente dicha, una guerra militar. Veamos por qué.

La política china está ganando peso y prestigio en el mundo desde cualquier punto de vista con su llamada “Nueva ruta de la seda” (Belt and Road Initiative). Los desórdenes del presidente broncas colocan a Xi Jinping en el papel de serio y previsible estadista de proyección mundial. Su prudencia y previsibilidad contrastan aún más al lado de la oferta que Estados Unidos viene lanzando al mundo: una oferta basada en la fuerza, mayormente militar, y regida por la fórmula, “o estás conmigo, o estás contra mí”. Al lado de eso, la “Nueva ruta de la seda” es el único proyecto abierto, integrador, universalista y no basado en la lógica de la imposición del más fuerte que existe en el mundo de hoy. ¿Qué significa?

Para China la “Nueva ruta de la seda” es la tercera gran fase desde el establecimiento de la República Popular. La primera fase fue la revolución maoísta que levantó al país del suelo. La segunda, sobre los cimientos de la revolución, fue la modernización económica de Deng Xiaoping y sus sucesores. Esa modernización se hizo en el bien entendido de que China debía ser prudente y humilde en la esfera internacional: no meterse en conflictos ni presentar ambiciones que comprometieran su prioridad de desarrollo interno en una etapa tan delicada. Con Xi Jinping se llega a la tercera gran fase: definir y afirmar el papel de China en el mundo. Tras el impulso económico y modernizador de las últimas décadas, la intervención directa de China en los asuntos mundiales se ha convertido en una condición de la continuidad del ascenso chino. Y eso no solo por la necesidad de estabilizar y garantizar los suministros que alimentan su fábrica global: por una simple cuestión de la escala adquirida por su poderío, la prudente no intervención y discreción internacional pregonada por Deng Xiaoping ha comenzado a quedarse desfasada. Desde el punto de vista de las relaciones entre grandes potencias, China ha iniciado con esta tercera fase el primer movimiento del relevo hacia el papel de superpotencia. Los imperativos del mismo “ascenso chino” que hasta hace poco exigían discreción, exigen ahora una mayor intervención en el mundo.

Tras el impulso económico y modernizador de las últimas décadas, la intervención directa de China en los asuntos mundiales se ha convertido en una condición de la continuidad del ascenso chino

Lanzada en septiembre de 2013, la nueva ruta de la seda es un gran proyecto de integración económica de Asia, África y Europa mediante colosales inversiones en infraestructuras. Una red de corredores energéticos, vías de comunicación y transporte terrestres y marítimas, e integraciones financieras, destinada a afianzar y expandir la economía global. Con su lanzamiento previsto para el 2021 y una perspectiva hasta el año 2049, ya implica, como proyecto, a una sesentena de países –muchos de ellos sin más cálculo que recibir inversiones chinas– que representan el 70% de la población mundial, el 55% del PIB y el 75% de los recursos energéticos globales conocidos. La iniciativa se basa en tres principios; apertura hacia todos los países, carácter integrador basado en el respeto a la idiosincrasia y opciones de desarrollo de cada uno de ellos, y normas de mercado. El resultado implícito de esta iniciativa es crear un nuevo paradigma geopolítico. En Washington lo ven como un verdadero desafío al dominio de Eurasia y de la economía mundial ejercido por Estados Unidos. Y no están dispuestos a permitirlo. Si todo eso funciona, el ascenso de China solo puede ser detenido por la guerra.

De momento ha comenzado como guerra comercial –ignorando el hecho de que el 40% de la exportación china al resto del mundo procede de multinacionales americanas y europeas instaladas en China–, sin embargo el pivot to Asia (el traslado al entorno de China del grueso de la fuerza aeronaval de Estados Unidos) y los incidentes y tensiones en el Mar de la China meridional avisan de una dinámica militar bien concreta. Eso, y no las simplezas del “segundo Mao” publicadas con tanta frecuencia en nuestros medios de comunicación, es lo que explica los poderes ampliados de los que Xi Jinping ha sido dotado: esperando una fase turbulenta que incluye tensión militar en el mejor de los casos y conflicto abierto en el peor, los dirigentes chinos se han puesto un cinturón de seguridad, algo que no tiene nada que ver con Mao, de la misma forma en que la sociedad china actual no es la de entonces.

Con esas previsiones, el objetivo militar chino a medio plazo no es desafiar el dominio militar global de Estados Unidos, un objetivo que sería irreal, agotador y extremadamente peligroso, sino sembrar dudas entre los generales americanos sobre las posibilidades de una victoria de Estados Unidos en un pulso militar regional en el Mar de China meridional, donde se acumulan las tensiones del pivot to Asia.

La estrategia marina de China se dirige a disolver las alianzas de Estados Unidos en Asia Oriental y el Pacífico occidental. Pekín considera esas alianzas reliquias de la guerra fría y confía en que su peso comercial con los países de la región implicados –que ya es superior al de Estados Unidos– sea determinante en ese proceso de disolución. Al mismo tiempo, China fortalece su potencial aeronaval.

Con Xi Jinping se ha realizado un cambio radical en la estructura de las fuerzas armadas chinas y en la doctrina militar de China, constata el ex primer ministro australiano Kevin Rudd, uno de los raros gobernantes occidentales que habla y lee chino. El objetivo es, “sembrar la duda sobre la capacidad de Estados Unidos de vencer en un conflicto militar con China en la región alrededor de las islas en disputa y en el propósito de defender Taiwan”, dice Rudd.  Muy pronto, China podrá desafiar el dominio militar regional (que no global) de Estados Unidos allí. Las primeras salvas de esta guerra están siendo disparadas con munición comercial, pero no hay que engañarse: no tiene que ver con comercio, tiene que ver con dos ofertas para diseñar el futuro.

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Autor >

Rafael Poch

Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona) fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.

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6 comentario(s)

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  1. cayetano

    A Antonio, acabo de releer el comentario, y como lo que te decía. Si lo relees, podrás ver como el sentido de "Pero al menos, sería más igualitario con independencia de la residencia,..." Lo era en sentido irónico sobre lo dicho anteriormente, igualdad ante la muerte o el fin, derivada de que si bien estaría más cerca como decía Uno, al haber llegado África a existir, la distancia de vivencia entre african@s y quienes vivimos en países OCDE sería más igualitaria. Perdona que antes me haya enrollado tanto, y que haya releido después el comentario. Un cordial saludo.

    Hace 4 años 2 meses

  2. cayetano

    A Antonio, no hay contradicción sino mala interpretación o expresión por mi parte. En la Inglaterra de la Revolución Industrial, las condiciones de vida eran paupérrimas para los obreros fabriles y mineros. Pero en su tránsito a obreros, las masas agrarias expulsadas con las políticas de apropiaciones de las tierras comunales y empeoramiento de su vida, eran infinitamente peor. Indudablemente que la teoría del bien común de Christian Felber (que leí cuando el faldón de papel rojo, decía 25.000 ejemplares vendidos en Alemania) es más igualitaria, tanto como las propuestas del socialismo utópico de Saint Simón, o tantas otras propuestas. Pero de lo que he hablado y has recogido bien el término es de existencia, "haber existido". Y claro que es economía, días pasados pensaba en qué ocurriría si el trabajo desapareciera (cosa que creo ocurrirá con la automatización plena) o fuera marginal; qué ocurriría cuando la mayoría de la población no fuera necesaria para adquirir valor de intercambio, lo que ahora todavía es valor pero cada vez menos(trabajo enajenado). De pronto caí en la terrible realidad de que no era necesario fantasear o elucubrar demasiado, ya contaba con una realidad de base actual, donde la mayoría de la población no era necesaria para adquirir el valor que se pretende, o donde no se pretende extracción alguna de valor para el capitalismo globalizado y financiarizado. El panorama estaba constituido por Estados demolidos y fallidos, con poblaciones cuya realidad podía denominarse muerte en vida, zombies. Donde no se llega a existir, y la presión por marcharse del hambre, la violencia y la muerte no es frenada por el riesgo a heridas, lesiones o mutilaciones permanentes, o muerte. Como ya imaginas, estamos hablando de grandes zonas de África y Oriente Medio. Y efectivamente, la desigualdad no desaparecerá, como no ha desaparecido en la Inglaterra de hoy, pero ni la de ayer es la misma que la de hoy, ni tienen nada que ver con la africana. Claro que habrá desigualdad, pero si una potencia requiere de ese espacio para su propio crecimiento, de dotarlos de infraestructuras, de fomentar las condiciones para la construcción de Estados que sean interlocutores, la introducirá en el circuito global de valor y por ende le dará existencia. Sus pueblos podrán ser desiguales, más desiguales y/o miserables que en Europa, pero dejarán de ser zombies. Como vez Antonio, no hay contradicción en asumir la desigualdad del desarrollo impulsado por los intereses particulares de una potencia, y que éste aun siendo desigual, ayude al desarrollo de infraestructuras y Estados, que desde distintas ópticas y con diferencias entre los mismos, contribuyan a que existan los africanos, a que entren dentro del circuito global de valor, que hay más económico que eso. Ahora bien, si me preguntas sobre cuál sería la propuesta con la que me identificaría, eso es harina de otro costal. Aquí simplemente, que no es poco, resaltaba que la Nueva Ruta de la Seda ayudaría a que África existiera, como Soria, o Cuenca, que también para existir pedían infraestructuras, salvando las dramáticas distancias. E igualmente describía los factores estructurales y puntos de partida actuales importantes que juegan en favor de China. Por cierto, no sé si recordaba que la exagerada Deuda (Pública y Privada Norteamericana) se podía sostener sobre el dólar como divisa internacional, y la posibilidad que tenían de reducir su deuda efectiva a través de dicho instrumento y la inflación (te recomiendo LA INFLACIÓN de José Luís Sampedro y Carlos Berzosa). Un cordial saludo Antonio.

    Hace 4 años 2 meses

  3. antonio

    A Cayetano. Les das la razón a Uno pero en tu comentario das a entender que no pillas nada de nada de sus conclusiones. Y no digamos nada de lo que te sugiere el articulo.Dices ‘’ al menos, sería más igualitario con independencia de la residencia, África y su más de 1.200 millones de personas habrían existido’’, afirmación que se corresponde con esta bobada del articulo ‘’La ‘Nueva ruta de la seda’ es el único proyecto abierto, integrador, universalista’’. ¿Cómo va a ser este proyecto más igualitario, abierto, integrador, etc...siendo un proyecto que según Rafael Poch (lo repite varias veces) es visto por la cúpula dirigente China –su adorado Deng-, como una ocasión para que China se alce como superpotencia dominante. ¿Las superpotencias dan lugar a escenarios igualitarios, universalistas etc...? Pobre Africa, y los demas. De coña, absoluta.¡¡ Y todo ello dicho en el mismo articulo¡¡. El único proyecto a día de hoy (a falta de otros – La economía del bien común p.ej) que puede integrar, universalizar , igualar , comunizando y hasta fusionando países e individuos pasa por integrar, primero, sus CUENTAS DE CAPITAL. Su capital productivo.Sin ello no hay igualdad posible. Ni poca, ni mucha. Capitales productivos separados en espacios y tiempos distintos generan rendimientos desigualada, aka DESIGUALDAD. Desigualdad infinita hasta el hundimiento social , como el que esta en curso. Es economia amigo. Que si, es una ciencia de primer orden. Que se los pregunten a los economistas de Amancio Ortega. Tiene un nombre ese proyecto si igualitario, se inicio y avanzo a inicios del siglo XX, esta en una fase de retroceso y regresión desde los años ochenta, y tal proyecto, que tendrá un nuevo impulso llegando al final del hundimiento actual , hace que todos los demás como esta alucinación (había que llenar páginas en un mal Lúnes, se supone, ¿no Poch?)de la Nueva Ruta de la Seda parezcan relatos pastoriles y/o para bebes.

    Hace 4 años 2 meses

  4. cayetano

    A Uno tienes más razón que ..., parece demasiado color de rosa. Pero si se desarrolla África, desde la óptica que sea, al menos existirá. Tienes razón que los tiempos que corren nos asoman al precipicio por muchas razones, y que el borde podría ser mayor con este desarrollo. Pero al menos, sería más igualitario con independencia de la residencia, África y su más de 1.200 millones de personas habrían existido, vivido antes de morir, aunque implique la muerte más temprana de tod@s, la redistribución de los tiempos. A fin de cuentas, lo único conocido que todavía nos hace iguales es el acto de la muerte, ya que la vida no ya entre países, sino en los propios barrios de las grandes urbes cambia en calidad y tiempo, beneficiando al pudiente, que por eso puede mientras vive. Que grande Jorge Manrique, nacido en tan alta peña.

    Hace 4 años 2 meses

  5. Uno

    Que prácticamente cualquier cosa es preferible al proyecto imperial estadounidense, por supuesto. Ahora bien, que la movida esta neoglobalizadora sostenida en el legado de la cuarta espada del neoliberalismo (el buenazo de Deng, para entendernos) sea la repanocha... pues como que no. Es más de lo mismo: más explotación, más comercio, más desregularización, más krezimiento hekonómiko, más mercancía barata innecesaria rodando daquí pallá, más, más ! ! ! Y mientras tanto _el tiempo se acaba_.

    Hace 4 años 2 meses

  6. cayetano

    Compartiendo en gran parte todo lo dicho, quisiera resaltar algunos aspectos diferenciales, y sobre todo incidir no en ofertas distintas (que lo son) sino en las diferentes realidades que las sustentan, unas sintomáticas pese a su trascendencia y otras que son origen estructural de estas y lo por venir, que van más allá de las fases Chinas expuesta en el artículo. Descriptiva o sintomáticamente las mayores diferencias de EE.UU y China se sitúan en el decrecimiento y crecimiento –respectivamente- de sus cuotas en la economía Mundial, a lo largo del tiempo. Igualmente por su situación respecto de la Deuda Pública en 2017, el primero ocupaba la 16ª posición y el segundo la 106ª posición (un cero en medio dice mucho), si atendemos a la Deuda Pública y Privada en relación al PIB, la diferencia es también tremenda, enlazo artículo de este mes sobre estadística del FMI (http://www.elfinanciero.com.mx/economia/los-5-paises-mas-endeudados-del-mundo), en que se resumen las estadísticas de las deudas en relación al PIB. Podréis ver como canta la diferencia en relación al PIB entre China y los demás, quedando muy por detrás de todos los incluidos (lo que me lleva a pensar, no lo he comprobado, que al incluirla no era por esta relación, sino por el peso nominal sobre la deuda nominal mundial, que en cualquier caso con su 7,9% quedaría muy por detrás del 31,8% de EE.UU ., tal y como relata Rafael Poch en éste artículo CTXT). Pero es que estas diferencias en la tendencia sobre % que ocupan ambas en la economía mundial y en su Deuda también, son efectos de realidades y estructuras institucionales, así como relaciones entre las público-privadas muy diferentes. En EE.UU. el paradigma del capitalismo funciona con la economía planificada o intervenida por los intereses de las grandes corporaciones financieras, productivas y comerciales. Como sabemos, sobre todo a partir de la exportación al conjunto corporativo de la financiarización, sus objetivos en el tiempo son muy breves, pues tienen que presentar balances de resultados a los accionistas, y …. En China, incorporando el dinamismo del capitalismo, todavía el Estado reserva la prelación al fijar los objetivos y tiempos en Economía. No pertenecen ni al mercado financiero internacional constituido por sus agentes institucionales y reglas del juego; no sólo por su estructura institucional, sino también por su posición entre los Deudores y Acreedores. Probablemente los EE.UU no tengan propuestas del calado de la Nueva Ruta de la Seda, por incapacidad estructural y situación económica, no por falta de visión de algunos de sus políticos, sino por las resistencias que tendrían que superar en la sociedad Norteamericana. Esa misma resistencia que en el caso de China, al contrario, es sinergia impulsada desde sus instituciones privadas y públicas –dirigidas desde el Estado-, establecen una distancia abismal, como se ha dicho, donde allí hay resistencia, allá hay sinergia. Esta relación también se da en el impulso a la modernización, así China es el país con una robotización más acelerada a pesar de sus costes laborales comparativamente bajos. Y está acelerando su producción y mercado del valor añadido, de exportar robotización y productos tecnológicos, así como bienes de equipo … . Lo que le ha permitido abordar el plan de la Nueva Ruta de la Seda. Así, mientras EE.UU. ha reorientado sus prioridades a Asia, abandonando a Europa y otras prioridades. Su filosofía relacional parte aun más del expolio, de cobrar más tributos imperiales y desposeer sin aportar sinergia alguna. Así vemos como su actual política internacional, consiste en sembrar el kaos, estados demolidos y perduración de los fallidos, para mantener a bajo coste su incapacidad de desarrollo, y otras lindezas. Donde ya no hay capacidad de generar sinergias constructivas, es necesario abaratar los costes de la hegemonía internacional, y dado su retroceso económico, no quedan más que dos estrategias: abaratar los costes atomizando las resistencias (imposibilitando estados modernos), y elevando los tributos allí donde es inviable crear esta atomización kaótica. Incapacidad que parte de la saturación en la especulación financiera como motor de crecimiento, y en su incapacidad para implementar la robotización y automatización más aceleradamente que China (por las resistencias de sus propias instituciones económicas financiarizadas a los cambios sociales que debieran introducir y económicos sujetos a las inversiones en capital fijo, y …sobre todo al cortoplacismo especulativo de la financiarización). Así China, es hoy la potencia que de no superar EE.UU. sus problemas estructurales, se sitúa como quien por interés propio, será la impulsora de las sinergias de crecimiento y desarrollo internacional. Ya que en ese camino necesitará de más desarrollo y crecimiento en sus socios internacionales que coadyuven al propio. Presupuesto este que la actual EE.UU. no está en condiciones de ofrecer, de no realizar un gran pacto nacional de mayor tamaño al impulsado para la redefinición de los Bancos Centrales, en las postrimerías del Siglo XIX. Desgraciadamente estas tensiones, no sólo geoestratégicas entre potencias, sino también sociales en cada país, nos exponen como dice Rafael Poch, ante una posible y próxima Gran Guerra Mundial, aunque ahora se presente en forma de guerra comercial. Y es triste que tan sólo en Guerras Mundiales el capitalismo haya demostrado capacidad de refundación bajo la intervención del Estado, dado que de llegar a ella por dicha incapacidad, nos vemos abocados a contemplar el precipicio de lo que puede ser el fin de la especie. En este sentido, quizás el viejo Imperio tenga que aprender del antes milenario y ahora joven Dragón. Sobre todo, porque tenemos capacidad para acabar con la vida varias veces, y nadie puede asegurarnos que en este tránsito no vaya a ocurrir. Carpe Diem a tod@s l@s espiritrompas del Mundo, Carpe diem.

    Hace 4 años 2 meses

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