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El mundo del trabajo, territorio hostil para las personas LGTBI

Miedo a mostrar la orientación sexual y la identidad de género, discriminación y menores salarios son las principales manifestaciones de la LGTBIfobia en los lugares de trabajo. Las personas trans son las más afectadas

Pablo Castaño 18/07/2018

<p>Manifestación LGTBI en Santiago, 2015. </p>

Manifestación LGTBI en Santiago, 2015. 

Luis Fernando Arellano

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“Vienen llorando ingenieros porque les hacen la vida imposible, les escriben cosas en el baño, les ponen en trabajos infravalorados...”, cuenta Jordi Pilar, coordinador del área laboral de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTBI). El rechazo explícito a la diversidad sexual es muy minoritario en España: poco más del 10 por ciento de la población afirma que la sociedad no debería aceptar la homosexualidad, cifras que alcanzan el 20 por ciento en países como Francia o Reino Unido. Sin embargo, tener una orientación sexual o identidad de género minoritaria sigue siendo un grave obstáculo en todos los ámbitos de la vida, especialmente en el mundo del trabajo.

La mercantilización de la identidad gay ha creado el estereotipo de que los hombres homosexuales son personas adineradas y libres de problemas laborales, una gran mentira que se suele extender al resto del colectivo LGTBI. La realidad es muy distinta: junto al deporte “es en el ámbito laboral donde las personas LGTBI están más discriminadas”, señala Jordi Pilar. En el caso de las personas trans, la situación alcanza proporciones dramáticas: más del 80 por ciento están en paro. Las manifestaciones más graves de la homofobia, la bifobia y la transfobia en el trabajo son la discriminación en la búsqueda de empleo, el acoso y las agresiones (que conducen a la mayoría de trabajadores LGTBI a ocultar su identidad) y una brecha salarial por orientación sexual que todavía ha recibido poca atención en España.

Siete de cada diez personas LGTBI ocultan en algún momento su orientación sexual o identidad de género en el trabajo, según la encuesta de la FRA (Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE). Cientos de miles de trabajadoras y trabajadores reflexionan y calculan a quién mostrar y a quién ocultar quiénes son, en una situación de estrés permanente inimaginable para un trabajador heterosexual. ¿Cuáles son los orígenes de este miedo, qué les impide hablar libremente de sus relaciones afectivas y sexuales? 

La mercantilización de la identidad gay ha creado el estereotipo de que los hombres homosexuales son personas adineradas y libres de problemas laborales, una gran mentira que se suele extender al resto del colectivo LGTBI

Los casos de acoso son “constantes”, denuncia Jordi Pilar, aunque muy pocos se denuncian. Las agresiones leves y la microhomofobia siguen siendo la norma en los lugares de trabajo. Los chistes y comentarios discriminatorios son frecuentes en nuestro país, según el 77 por ciento de las personas encuestadas. Clara, periodista en un medio digital, lo confirma: “Cuando he salido del armario no me he encontrado con una oposición frontal o un ataque personal, pero los comentarios homófobos son frecuentes, incluso cuando se sabe que alguien en la oficina es LGTBI”.

La microhomofobia a veces es particularmente insidiosa, como muestra el caso de Ruth, profesora de música en Madrid: “Mi jefe [en la escuela de música] me decía que él prefería que a los padres no llegara este tipo de ‘información íntima sobre nuestra sexualidad’. Dicho con palabras y tono amable pero creo que es una forma de violencia encubierta. Sin embargo, ahí le tienes a él hablando de su mujer al público de las audiciones de fin de curso. Pero claro, eso no es información íntima sobre su sexualidad. Con los niños, sin embargo, jamás me he sentido discriminada”. El ambiente hostil hacia la diversidad sexual que existe en numerosos puestos de trabajo tiene graves efectos sobre la vida de los trabajadores LGTBI, como relata Jordi Pilar: “Hay gente que se casa y no hace viaje de novios, no pide las vacaciones que le corresponden legalmente para que no se sepa su orientación sexual”. La discriminación es más frecuente en las zonas rurales donde las personas LGTBI “no pueden ocultar su orientación sexual en el trabajo porque en el pueblo se conoce todo el mundo. No los contratan por maricón o por ser trans”, denuncia Pilar.

Tener pluma y la precariedad laboral también agravan la discriminación, como ilustran los testimonios de Marco y Clara. La presión del entorno hace que a veces la plumofobia sea interiorizada incluso por lesbianas, gays y bisexuales, como cuenta Marco, que ha pasado por varios empleos en los últimos años: “En algunos trabajos he visto a gays que dejan claro que no les gustan las ‘locas’, como para no ser vistos como gay”. Clara, que ahora tiene un contrato indefinido, ha acumulado unos cuantos empleos precarios en el sector, incluido una beca sin remuneración en Radio Televisión Española. “Conforme ha ido aumentando mi seguridad laboral, he ido contando con más facilidad que soy lesbiana” –explica– “como becaria o freelance, dependes más de la aceptación del grupo de trabajo y del jefe, y esto afecta a la posibilidad que tienes de salir del armario con un riesgo menor”.

Brecha salarial

Una de las manifestaciones menos conocidas de la LGTBIfobia en el trabajo es la brecha salarial por orientación sexual, que ha sido identificada por diversos estudios en países como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Francia. En Francia, un informe del Defensor de los Derechos (equivalente al Defensor del Pueblo) mostró que los hombres gays ganan un 6,3 por ciento menos que los heterosexuales en el sector privado. Las lesbianas no ganan menos que las mujeres heterosexuales, pero sufren la brecha salarial de género, que es mucho mayor que la de orientación sexual. Además, las lesbianas se enfrentan a la vez a la homofobia y al machismo, que en algunos sectores es más grave que la LGTBIfobia, como cuenta Ruth: “En el teatro hay muchos homosexuales (hombres, eso sí) ocupando puestos de liderazgo. He notado más rechazo por ser mujer que por ser lesbiana. Por ejemplo, las técnicas de luz y sonido tenemos que demostrar saber más que un técnico hombre. Un jefe técnico me lo dijo así literalmente.”.

En Francia, un informe del Defensor de los Derechos mostró que los hombres gays ganan un 6,3 por ciento menos que los heterosexuales en el sector privado

No hay datos oficiales sobre la brecha salarial por orientación sexual en España pero tanto Jordi Pilar como Adela Carrió, secretaria ejecutiva de la UGT, están convencidos de que existe. “Cuando los trabajadores dicen que son gays o lesbianas”, explica Carrió, “a menudo no les permiten promocionar, hay discriminación salarial”. Además, muchas veces “se les atribuyen categorías profesionales inferiores para pagarles menos por el mismo trabajo o se les despide”, precisa Jordi Pilar, una práctica discriminatoria que también sufren muchas mujeres, independientemente de su orientación sexual. La brecha salarial por orientación sexual es mayor en los empleos más masculinizados, como explica Pilar Castañeira, secretaria del área Mujer de la CGT: “Si no te reconocen como igual en un grupo no vas a tener las mismas oportunidades de ascenso y de formación”.

La desigualdad se da también en la búsqueda de trabajo: la han sufrido el 13 por ciento de las trabajadoras y trabajadores LGTBI en España, según la FRA. Raquel Gómez, secretaria técnica de Igualdad de CC.OO., explica alguno de estos casos: “En una entrevista de trabajo les dicen que sí, luego surge en la conversación su orientación sexual y no superan el periodo de prueba”. Las personas LGTBI seropositivas sufren una doble discriminación en la búsqueda de empleo, ya que también se enfrentan a la serofobia. “Algunas personas con VIH tienen certificado de discapacidad y cuando solicitan un trabajo, les piden la segunda hoja del certificado, donde figura la causa de la discapacidad. Es ilegal pedir esta información, pero lo hacen. Entonces temen que si la empresa ve que son seropositivos, no los contraten”, explica Raquel Díaz, de la asociación barcelonesa Stop Sida.

La situación es especialmente grave para las personas trans, sobre todo las mujeres, que sufren una tasa de paro superior al 80 por ciento. “En la mayoría de los casos son despedidas cuando hacen el proceso de transición”, denuncia Jordi Pilar, “y buscar trabajo una vez han hecho el tránsito es difícil”. La llamada Ley de Identidad de Género de 2007, todavía vigente, obliga a estas personas a obtener un diagnóstico de disforia de género y someterse a un tratamiento hormonal de dos años para poder cambiar el sexo en su documentación oficial. “Si no coincide la mención de sexo que aparece en el DNI con la identidad de género de la persona, puede implicar una dificultad en el acceso al trabajo”, explica Rebeca Rullán, activista trans y expresidenta de la asociación Transexualia. “Si ya tiene la documentación puede pasar al revés, que por sus características físicas se le note que es una persona transexual y esto también sea un motivo de discriminación”, denuncia. 

Sindicatos y empresas

Los sindicatos y las empresas son actores fundamentales para luchar contra la LGTBIfobia en el trabajo, pero su implicación es desigual. Las organizaciones de trabajadores mayoritarias han publicado guías para intervenir en casos de discriminación por orientación sexual o identidad de género y promueven la introducción de cláusulas contra la LGTBIfobia en los convenios colectivos y la formación de los delegados sindicales. Sin embargo, un reciente estudio del Instituto de la Mujer muestra que los delegados sindicales no suelen estar informados sobre la situación de las personas LGTBI en sus empresas y la defensa de sus derechos no siempre es una prioridad. “Hay de todo”, afirma Jordi Pilar, “hay delegados que se dedican solo a las subidas de salarios y otros que defienden los derechos de todas las personas”.

La situación es especialmente grave para las personas trans, que sufren una tasa de paro superior al 80 por ciento

En el lado empresarial, la falta de interés por la situación de los trabajadores LGTBI es la actitud más habitual. “El empresario, cuanto menos problemas tenga mejor”, afirma Jordi Pilar, “entonces, si despidiendo a la persona LGTBI se acaba el acoso, la despiden. Y no hay ninguna ley que nos proteja”. El Estatuto de los Trabajadores prohíbe la discriminación por orientación sexual o identidad de género pero no establece medidas específicas para garantizar su cumplimiento. La proposición de Ley de igualdad LGTBII, impulsada por Unidos Podemos y actualmente en trámite parlamentario, incluye diversas medidas para fomentar la igualdad en el ámbito laboral, pero no establece obligaciones directas para las empresas como sí lo hace la Ley de igualdad entre hombres y mujeres de 2007.

El rechazo directo a la diversidad sexual es muy minoritario en España pero el día a día de las trabajadoras y trabajadores LGTBI sigue siendo mucho más difícil que el de los demás. Las formas leves de discriminación siguen siendo la norma en el mundo del trabajo, ante la indiferencia de la mayoría de los empresarios y de muchos trabajadores. Para los activistas y sindicalistas entrevistados, la aprobación de la Ley de igualdad LGTBI será un paso clave, pero solo el primero para conseguir la igualdad real. Los anhelos del movimiento LGTBI en el ámbito laboral podrían resumirse con una frase del manifiesto del pasado 8 de marzo: “Exigimos plena igualdad de derechos y condiciones de vida, y la total aceptación de nuestra diversidad”.

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